«Lo de Valencia no es enfermedad, es pandemia»

Desayunos Makma en Lotelito
Entrevista a Joaquín Leguina, por el equipo de dirección de Makma (José Luis Pérez Pont, Vicente Chambó y Salva Torres)
Presentación en Valencia de su libro ‘Historia de un despropósito’
Editorial Temas de Hoy

A Joaquín Leguina, un molesto Zapatero, le llegó a decir: “Leguina escribe muy buenas novelas…pero, la verdad, últimamente en política no atina demasiado”. ¿Y quién lo hace? A tenor de lo ocurrido en los últimos años, diríase que la sentencia de Zapatero bien pudiera ser el reflejo, no de Leguina, sino de los sucesivos gobiernos que han creado la burbuja económica, la han explotado y siguen, erre que erre, traspasándose las culpas. Para dar cuenta de tamaño agujero político, Joaquín Leguina ha escrito Historia de un despropósito, cuyo subtítulo ofrece elocuentes pistas de por dónde van los tiros: Zapatero, el gran organizador de derrotas.

Joaquín Leguina. Fotografía: Biel Aliño.

Joaquín Leguina. Fotografía: Biel Aliño.

Entre bocado y bocado de una tostada de pan con tomate y sorbos de caña, Leguina va tejiendo con sus palabras el descosido producido por las políticas de Zapatero. Bueno, más que políticas…”A Zapatero le gustaba levantarse por la mañana y tener una ocurrencia, para salir luego en los periódicos”. Porque, como dice el que fuera durante doce años presidente de la Comunidad de Madrid, la “trivialidad ideológica” de Zapatero consiste precisamente en eso, en la “falta de sustancia, de basamento”. Para que semejante insustancialidad haya calado dentro del PSOE, ha sido necesario pasar “de la confrontación de ideas, al comentario”.

Joaquín Leguina, en un momento de los 'Desayunos Makma'. Fotografía: Biel Aliño

Joaquín Leguina, en un momento de los ‘Desayunos Makma’ en Lotelito. Fotografía: Biel Aliño

“ES NECESARIA UNA LIMPIEZA DEMOCRÁTICA”

“En los orígenes del partido se discutía y no pasaba nada, pero ahora sólo hay comentarios elogiosos hacia los mandos”. En Historia de un despropósito va incluso más lejos: “La prensa ha ayudado mucho”, confundiendo “interesadamente la confrontación de ideas con la división interna”. De ahí la “obsesión por la imagen” de Zapatero, que redujo el debate al lema: “Vale más un gramo de imagen que un kilo de acciones”. Concepción que muestra, en opinión de Leguina, el “camino hacia ninguna parte” de la sociedad reflejo de esa política descafeinada.

Joaquín Leguina. Fotografía: Biel Aliño.

Joaquín Leguina. Fotografía: Biel Aliño.

Leguina, que arrastra las frases empujadas por un deje socarrón, se enerva cuando piensa en la solución a tamaño despropósito. “Es necesario hacer una limpieza democrática, que pierda el PP, y me da igual quién gane, porque esto está lleno de mierda”. Y como está al tanto de lo que sucede en Valencia, no duda en hacer extensible ese tufo maloliente. “Esto de Valencia no es una enfermedad, sino una pandemia, porque lo de aquí ocurre en muchos otros sitios”. Recuerda, sin ir más lejos, que él estuvo en la inauguración del IVAM hace 25 años (“aquél era un proyecto hermoso”), pero desde que “esta señora [Consuelo Císcar] se casó con quien se casó, se ha ido llenando de mierda”. Y apela, de nuevo, a la limpieza democrática.

Joaquín Leguina, en un momento de los 'Desayunos Makma' en Lotelito. Fotografía: Biel Aliño.

Joaquín Leguina, en un momento de los ‘Desayunos Makma’ en Lotelito. Fotografía: Biel Aliño.

“ESTAMOS EN UN CAPITALISMO SIN CAPITALISTAS”

Limpieza para sanear la economía. “Estamos en un capitalismo sin capitalistas”, porque quienes manejan la Bolsa “son tiburones”, cuya fuerza consiste en “poder largarse en cualquier momento”. En su blog, Leguina pone el caso de César Alierta, presidente de Telefónica con un sueldo anual de 14 millones, que se llevará otros 6,2 en acciones por sus desvelos a favor de la empresa. Es decir, lo que ganará un funcionario de grado alto en 400 años de trabajo. ¿Cómo se corrige esto? “Con medidas políticas que nadie termina de tomar”. Un despropósito más. Suma y sigue.

De Elena Salgado, única ministra que estuvo durante todos los años de gobierno Zapatero, dice, a rebufo de lo apuntado, que “trató bien a los de arriba y mal a los de abajo”. En el contexto valenciano, cita a Ciprià Císcar, hermano de la directora del IVAM, “uno de los tíos más cultos que conozco, aunque no le sirva de nada”, para dejar constancia del cúmulo de despropósitos que va desgranando en las 280 páginas del libro. Entre ellos ( y van…), el reparto del pastel de las televisiones privadas. Eso sí, Leguina subraya el acierto de Zapatero a la hora de despolitizar Televisión Española. “Pero, ¿por qué no despolitizó todas las televisiones, incluidas las autonómicas? Pues porque no se atrevió con los nacionalistas”.

Joaquín Leguina, en un momento de los 'Desayunos Makma' en Lotelito. Fotografía: Biel Aliño

Joaquín Leguina, en un momento de los ‘Desayunos Makma’ en Lotelito. Fotografía: Biel Aliño

“TÚ DICES LEY DE MECENAZGO EN HACIENDA Y TE SACAN EL REVÓLVER”

Y aquí Leguina coge aire. “¡Qué necesidad tenía Zapatero de meterse en el juego perligrosísimo que le propuso Maragall! Además, ¿qué quiere decir una España plural? Porque si es plural, entonces Cataluña también debe ser plural. Zapatero abrió un melón que llevó a la frustración y a una reforma estatutaria que, como en el camarote de los Hermanos Marx, termina siempre con la frase ‘y además dos huevos duros’. Eso fue un desastre, que llevó a la ruina al PSC [Partido Socialista de Catalunya] y a despertar los instintos de los separatistas”.

Y la cultura, ¡ay, la cultura! “La concepción de [Cristóbal] Montoro y sus muchachos es que la cultura es entretenimiento y si lo es, pues toma 21%”. Y si al dinero público no se le espera, tampoco caben muchas esperanzas con la entrada de ingresos por la vía privada. “Tú dices Ley de Mecenazgo en Hacienda y te sacan el revólver”. Total, que el despropósito continúa, a falta de esa limpieza democrática que el autor de Tu nombre envenena mis sueños estima de rigurosa necesidad. Porque “apretarse el cinturón puede ser bueno, pero es incompatible con –a la vez- bajarse los pantalones”. Y de eso nada. Palabra de Joaquín Leguina.

Joaquín Leguina. Fotografía: Biel Aliño

Joaquín Leguina. Fotografía: Biel Aliño

Salva Torres

La obscenidad del dinero

El lobo de Wall Street, de Martin Scorsese
Con Leonardo Dicaprio, Margot Robbie, Jonah Hill y Matthew McConaughey
Estrenada en cines

“La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga jamás la avaricia” (Plutarco)

Leonardo Dicaprio en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Leonardo Dicaprio en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Blue Jasmine, de Woody Allen, La gran estafa americana, de David O. Russell y El Lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, han sido estrenadas este invierno en nuestras pantallas cinematográficas. Tres películas valoradas por el público y por los críticos. Tres películas con una estética y narrativa diferentes, pero igual de estimulantes para la mirada del espectador. Tres películas con un tema en común en la estructura de la trama: la avaricia. Uno de los siete pecados capitales que, ya en el siglo XV, el pintor El Bosco representó en su cuadro titulado Mesa de los pecados capitales, con un juez aceptando soborno de las dos partes en litigio.

Margot Robbie en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Margot Robbie en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Tres películas que hablan de la avaricia en su componente de la usura. La usura, ese  modo de utilizar el dinero para obtener más dinero, sin ningún límite ético. Un intercambio monetario que nuestra sociedad nihilista y relativista de alguna manera ha incentivado. Sólo hay que ver cómo se enriquece la banca, la Bolsa y las grandes corporaciones.

De las tres películas, El lobo de Wall Street, basada en la autobiografía del broker-estafador Jordan Belfort,  es la que mejor refleja ese ansia ilimitada de un personaje que vive para hacer dinero, caiga quien caiga.  Un personaje, Belfort, al igual que todos los que trabajan con él, con un solo objetivo en su vida: hacer dinero, para consumir, para gastar, para derrochar. Y, en principio, para eso sirve el dinero, para que fluya creando  lazos sociales. El problema surge cuando ese fluir monetario, como ha ocurrido en nuestra época, se ha convertido en una especulación financiera obscena, donde unos se enriquecen de manera impúdica arruinando a otros.

Margot Robbie y Leonardo Dicaprio en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Margot Robbie y Leonardo Dicaprio en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

La cámara de Martin Scorsese nos muestra, con el mismo ritmo pulsional que actúa el protagonista, a esos millonarios usureros que viven contentísimos de sí mismos al margen de cualquier problema de conciencia. Esos personajes que nuestra sociedad ha colocado como héroes, “ falsos héroes”, -recordemos a Mario Conde, Jesús Gil, Jaume Matas, Francisco Correa…-,  que sin ningún tipo de honestidad muestran su poder económico.

El lobo de Wall Street describe esa vidas de obscenidad monetaria, donde el dinero es un fin, para convertir todo y a todos en objetos de cambio. Una vida donde lo humano se escora hacia la jauría animal y el sálvese quien pueda. El hombre como lobo para el hombre. Aullidos alrededor del becerro de oro.

Leonardo Dicaprio, como Jordan Belfort, en 'El lobo de Wall Street', de Martin Scorsese.

Leonardo Dicaprio, como Jordan Belfort, en ‘El lobo de Wall Street’, de Martin Scorsese.

Begoña Siles

Crisis o la avaricia que rompió el saco

Crisis. Exposición colectiva

Centre Cultural La Nau

C/ Universidad, 2. Valencia

Hasta el 1 de septiembre

Si usted, en tiempos de bonanza económica, fue a pedir un crédito y se lo dieron, estuviera o no por encima de sus posibilidades, ahora seguramente lo estará pagando con creces. Aquellos que se lo prestaron, siguiendo las directrices del manirroto sistema bancario, olvidan su responsabilidad en la crisis, colocándola toda en la ciudadanía y en sus tristes gobiernos. De manera que nos vemos de nuevo inmersos en la vieja dinámica: “Privatización de los beneficios, socialización de las pérdidas”. O lo que viene a ser lo mismo: la banca, como en los casinos, siempre gana.

Fotografía de Rober Solsona para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Fotografía de Rober Solsona para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Si usted, al frente de su pequeña empresa, no puede hacerse cargo de ciertos pagos, seguramente lo pagará con el cierre. Si usted, en cambio, dirige un gran banco, ya puede acumular pérdidas que alguien le rescatará sin tener, por ello, que dar explicaciones. La responsabilidad, como los balances, tiene sus escurridizos activos y sus paganos pasivos. O lo que viene a ser lo mismo: la irresponsabilidad se paga, siempre y cuando seas objeto de contabilidad y no el contable.

Para ponerle imágenes a todo ese despropósito que se ha dado en llamar crisis económica, el III Festival Internacional de Fotoperiodismo PhotOn ha reunido en el claustro del Centre Cultural La Nau de Valencia la obra de un puñado de reporteros gráficos. Alberto Di Lolli, Olmo Calvo, Juan Carlos Barberá, Bernardo Pérez, Rober Solsona y Andrea Comas, entre otros, ilustran con sus respectivos trabajos esa deriva del sistema financiero, de aquellos que lo amaron tanto y de quienes lo están pagando en injusta proporción al dinero que supuestamente obtuvieron en pleno vendaval económico.

Imagen de Olmo Calvo para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Imagen de Olmo Calvo para la exposición Crisis. PhotOn. La Nau

Con la cara pintada, como se les ha quedado a muchos, aparece la joven que Di Lolli recoge en una de sus fotografías, aquella que sirve de protesta contra los recortes en sanidad, esta última palabra escrita en la frente de la joven protagonista. Su palidez y perplejidad refleja el malestar extendido entre la ciudadanía, que asiste atónita a la alegría de los dirigentes de Bankia que allí mismo recoge Rober Solsona en su imagen. En el centro, Rodrigo Rato y José Luis Olivas, junto a otros responsables, celebran la presentación en el Palau de les Arts de la nueva entidad bancaria. Mientras por un lado se recortaba, por el otro se anunciaba una próxima y venturosa salida a Bolsa, cuya avariciosa operación terminó rompiendo el saco de Bankia.

Y así hasta las cargas policiales, los desahucios, las ventas al mejor postor, en fin, la economía sumergida y sumergiéndose en un océano de calamitosas decisiones gubernamentales, bajo la luz y taquígrafos del abstracto mercado. Todos los nombres y apellidos vienen de abajo, mientras por encima se extiende una densa bruma. Crisis, tal es el título de la exposición colectiva. Y, puestos a recortar, bien pudiera decirse: Crisis colectiva. Eso sí, por muy colectiva que sea, en tanto la avaricia se extendió por la sociedad como un virus, algunos ya la están pagando, mientras otros se limitan a seguir echando cuentas.

Fotografía de Alberto Di Lolli para la exposición Crisis. PhotOn Festival. La Nau

Fotografía de Alberto Di Lolli para la exposición Crisis. PhotOn Festival. La Nau

Salva Torres