La Otra Cantinela: cultura de barrio

La Otra Cantinela
Espacio multicultural
Señor de Azagra 8, València

Cuatro gestores culturales con experiencia previa han unido sus fuerzas para embarcarse en un estimulante proyecto, La Otra Cantinela, un nuevo espacio multicultural en la zona del Cedro (Señor de Azagra, 8), que abrió hace mes y medio sus puertas con vocación de contenedor cultural y artístico para crear sinergias con el barrio y sus diversos colectivos, sumando diversidad y un componente lúdico que se hace patente en su variada programación. “La Otra Cantinela es todo lo contrario de la misma cantinela de siempre”, proclama el equipo gestor. “Es barrio y cultura popular, es música y arte, es pasión y baile, es street art y buen rollo, es aventura y puertas abiertas, un espacio para ti y tus amigos, es tu lugar en el barrio para compartir.”

Para comenzar esta nueva andadura trajeron de regreso al barrio del Cedro el Circuito Café Teatro, con actuaciones los jueves a las 20:30, comenzando con el show cómico y musical de Paco Enlaluna y siguiendo con Patricia Espejo, Miki Dkai, Eva Cabezas y como gran colofón, Xavi Castillo, que actuará el 31 de enero de 2019.

Junto con el show humorístico del circuito, La Otra Cantinela abre sus puertas a actividades y actuaciones de todo tipo, ya sea gestionadas por su equipo de programación o a propuesta de asociaciones y colectivos para los que ponen el espacio a su disposición, siempre que la actividad esté acorde al concepto de barrio compartido.

Imagen propedéutica de  ‘Intruders’, una creación de Ana Rosa Manzanera y la compañía Manzanera. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen propedéutica de ‘Intruders’, una creación de Ana Rosa Manzanera y la compañía Manzanera. Fotografía cortesía de los organizadores.

Además de los monólogos humorísticos con artistas de la talla de Xavi Castillo o Patricia Espejo, se organizan batallas de gallos de hip hop, mercados vintage de moda coordinados por Núcleo Base, Jams de Blues y Psicodélicas, charlas de adiestramiento de perros, sesiones de DJs de prestigio como Dave Hang, exposiciones de tatuajes, cuadros e ilustraciones, o la intervención de su fachada en colaboración con la Asociación de Arte Urbano Zedre.

La danza contemporánea es otra de las apuestas de este nuevo espacio cultural, que presenta el domingo, 30 de diciembre de 2018, como celebración adelantada del fin del año, ‘Intruders’, una creación de Ana Rosa Manzanera, cuya trayectoria se caracteriza por colaborar con otros profesionales de las artes e investigar la creación artística, el movimiento, el contexto, el cuerpo y la performance.

Tres músicos y dos bailarines intervienen en esta coreografía creada por la compañía Manzanera para espacios no convencionales, en la que se invita al público a que forme parte de la obra de forma activa, y que destaca por su música inédita y su formato dinámico, social y experimental. La compañía Manzanera nació en Valencia a partir de un encuentro, en septiembre de 2016, de dos mujeres, artistas de la música y de la danza contemporánea, recién retornadas de unos proyectos artísticos realizados en el extranjero, que apostaron por mantener su actividad profesional en el lugar en la que residen.. La pianista Laia Bernad y la bailarina Ana Rosa Manzanera crearon su primera obra en base a esta idea de “vuelta a casa” e identidad, con un dúo titulado ‘Anatomía ‘Emocional, en el año 2016, y el desarrollo natural de dicha pieza, dio pie a la formación de la Compañía Manzanera.

Imagen general de La Otra Cantinela, nuevo espacio multicultural en el barrio del Cedro de València. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen general de La Otra Cantinela, nuevo espacio multicultural en el barrio del Cedro de València. Fotografía cortesía de los organizadores.

Bel Carrasco

 

Intriga con música de fondo

Las óperas perdidas de Francesca Scotto
Elena Casero
Talentura Libros. 2018

La aparición de una partitura presuntamente atribuida a una compositora italiana que vivió entre los siglos XVI y XVII es el detonante de una intriga en la que se ven atrapados un puñado de personajes. Tras el súbito fallecimiento del último propietario del valioso documento, un director de orquesta argentino residente en Valencia, su secretario inicia una investigación para desenmarañar una red de complicidades, mentiras, traiciones y venganzas. En ‘Las óperas perdidas de Francesca Scotto’ (Talentura) la escritora valenciana Elena Casero rinde homenaje a lo que es su gran pasión junto a la literatura, la música, reivindicando al mismo tiempo la memoria de las mujeres víctimas del olvido que en el pasado  se dedicaron a componerla e interpretarla. Casero, que aprendió a tocar el oboe con más de 40 años, interpretó una pieza musical en la presentación de su novela en la librería Ramón Llull, el 17 de noviembre.

¿Existió realmente en la Italia del siglo XVII una compositora llamada Francesca Scotto?

No, nunca existió. Es una invención mía. Su vida está basada en otra real, la de la compositora, cantante y poeta Francesca Caccini, que vivió entre los siglos XVI y XVII. Al no ser una novela histórica, me he permitido algunas licencias. La intención es reflejar la invisibilidad de las mujeres en la música, especialmente de las compositoras. Aunque me temo que esta circunstancia se da en cualquier época. Incluso en la nuestra.

Elena Casero durante la presentación de su libro. Imagen cortesía del autor.

Elena Casero durante la presentación de su libro. Imagen cortesía del autor.

¿Cómo fue surgiendo en su cabeza y cuánto tiempo le ha dedicado?

Desde hace tiempo quería escribir alguna novela que tuviera la música como fondo. Mi relación con este arte es muy cercana.  Desde la infancia, la música siempre ha sonado en casa. Mis hijas tienen titulaciones musicales y yo, a pequeña escala, también aunque más por el placer de tocar, por la curiosidad que por tener una formación. La idea de la novela surgió al preguntarme qué pasaría si se encontrara un manuscrito inédito, que perteneciera a una mujer, que fuera una ópera. Esto me ha permitido hablar del nacimiento de la ópera y de la producción de las óperas actuales. Tengo la suerte de contar con mi sobrino Juan Andreu, jefe de regiduría del Palau de les Arts, que me ha asesorado con suma paciencia.

¿Por qué eligió la primera persona y un narrador masculino?

Podía haber elegido una narradora, el ama de llaves de Ricardo Rothenfeld, por ejemplo, pero quería un personaje que pudiera narrar la historia con cierta distancia, sin el apego de la relación que tenían. Alguien que, como dice, el narrador pudiera ser imparcial, aunque sea complicado. Y la primera persona por comodidad, por cercanía para la historia.

Los desmanes de la dictadura de Videla en Argentina aparecen en el trasfondo. ¿Por qué eligió este oscuro episodio histórico?

Al crear un personaje como Ricardo, el director de orquesta y situar su nacimiento en Argentina pensé que, para explicar una parte de su comportamiento con la gente que le rodea, podría ser una buena idea que su ama de llaves fuera también del mismo país y que tuvieran algo en común. De esa manera, podría desarrollar una parte de la novela, una de las subtramas y justificar el odio, el perdón y la reconciliación. La dificultad de las relaciones humanas, en resumen.

Portada de 'Las óperas perdidas de Francesco Scotto', de Elena Casero. Talentura Libros.

Portada de ‘Las óperas perdidas de Francesco Scotto’, de Elena Casero. Talentura Libros.

En ésta, su quinta novela, parece que su trayectoria traza un giro en cuanto a temática y tono.

Es una novela menos ligera, si se puede aplicar el calificativo, que las dos anteriores, con menos ironía y por, supuesto, con un trabajo de documentación que no he hecho hasta ahora. La que más tiempo me ha llevado escribir y corregir.

Antes de este libro publicó una colección de microrrelatos. ¿Cómo cambia de chip para pasar del breve al largo recorrido?

No es fácil. Al escribir microrrelatos te habitúas a podar constantemente, a tratar de resumir en pocas palabras toda una historia y la novela, sin embargo, casi te exige lo contrario. Los microrrelatos se convierten en una obsesión. Hay muchos concursos semanales, mensuales que te mantienen con la mente en vilo. De todas maneras, yo no me siento capaz de escribir una novela de más de doscientas páginas. Escribo lo que me gusta leer. Soy lectora habitual de novelas cortas y libros de relatos. Y en mis novelas intento ir siempre al meollo de la historia, sin excesivas divagaciones que puede hacer que el lector pierda el hilo de lo que estoy intentando contar.

Es evidente que se encuentra a gusto en la editorial Talentura, donde ya tiene cinco títulos.

Estoy muy a gusto. Es una editorial independiente, lo que significa, que sus medios no son, ni de lejos, los de cualquier grupo editorial, que nuestros libros no aparecen en la mesa de novedades de los grandes almacenes. Sin embargo, es una editorial honrada. El editor, Mariano Vega, es un incansable trabajador, empeñado en publicar lo mejor que le llega a sus manos. Una persona que trata muy bien a sus autores. En vista de todo ello no me planteo cambiar de editorial, si lo que yo le envío le parece adecuado.

Bel Carrasco

Derechos humanos en viñetas

Creadores valencianos por los derechos humanos
70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
Centre Cultural La Nau
C / Universitat, 2. València
Hasta el 24 de febrero de 2019

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de Naciones Unidas publicó en París la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como un ideal común para todos los pueblos y naciones. Se apelaba así a un sentido de responsabilidad y de compromiso para establecer un hito histórico trascendental en la construcción y el reconocimiento del valor singular de cada vida humana. Un proceso que sigue vivo, pues esta Declaración de intenciones es sólo una etapa dentro de un largo camino.

Un texto singular que plasma un ideal de convivencia entre las personas que habitan el planeta tierra. Una relación de 30 artículos que expresan la aspiración a que todas ellas disfruten de una serie de libertades y posibilidades para realizarse plenamente. Han pasado 70 años desde su promulgación y es obvio que muchos de los derechos recogidos pertenecen todavía al terreno de lo utópico. Sin embargo, siguen siendo un desafío, un horizonte que marca el futuro de la humanidad.

Vista de la exposición

Vista de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

Con motivo de este 70 aniversario la Universitat de València y Amnistía Internacional Valencia presentan en el Centre Cultural La Nau la exposición ‘Creadores valencianos por los derechos humanos. 70 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos’, que reúne las imágenes de 30 diseñadores e ilustradores vinculados a la Comunidad Valenciana. Cada uno de los artistas ilustra, desde una visión optimista, los 30 principios recogidos en el documento. Fieles a su estilo y personalidad cada uno utiliza su propio discurso y técnica (fotografía, pintura manual, pintura digital, gráfica de tintas planas, tipografía, etcétera) por lo que el conjunto constituye un mosaico de viñetas que da constancia de viejo proverbio: una imagen vale más que mil palabras.

Mosaico de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

Mosaico de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

El diseñador Boke Bazán, al frente del taller Nociones Unidas, es el comisario de esta muestra, que reúne una selección de distintas generaciones de ilustradores y diseñadores entre los que se encuentran varios Premios Nacionales. “Cuando Norberto Piqueras, responsable de las exposiciones de La Nau, me propuso el proyecto me enfrenté a la difícil tarea de elegir solo a 30 autores cuando tenemos aquí tantísimo talento. El criterio se basó en que estuvieran representadas las tres provincias, fuera una nómina paritaria y de las diferentes generaciones, desde los creadores ya consagrados de esa primera generación activa actualmente como los Gimeno y Sento o los premios nacionales Nebot y Mariscal, donde también habría estado el gran Paco Bascuñán, que nos dejó hace un tiempo. Una segunda generación, con Calpurnio, Lina Vila o Carmen García, y sucesivas con los también premios nacionales Paco Roca y Pablo Auladell, que junto a otras figuras de su generación como Cristina Durán, Ibán Ramón, Malota, Sento o Dídac Ballester preceden a una promoción joven y muy potente: Lawerta, Clara-Iris, Demano, Riaza, Tamarit, Herreros, Antelo, Cachetejack, Yinsen o Mir”.

Valencia es el común denominador de este colectivo que incluye, tanto a  quienes han nacido y trabajan aquí, como los que han salido fuera y los que han venido de otros sitios a nuestra comunidad. “Fue muy gratificante tener la respuesta afirmativa de los autores a quienes convoqué incluso antes de saber las condiciones”, dice Bazán. “Una causa así es preciosa y es bien sabido que ilustradores y diseñadores estamos históricamente muy comprometidos con los temas sociales”.

Vista de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

Vista de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

El enfoque de la exposición es justo el contrario a los antecedentes existentes hasta ahora. “Mi propósito no ha sido ilustrar la vulneración de los derechos humanos, que desgraciadamente ya vemos todos los días, sino conmemorar y celebrar que esta carta existe”, dice Bazán. “Son 30 artículos que proclaman un texto positivo de reconocimiento de los derechos, por lo tanto celebremos que hay un derecho que asiste mi libertad de expresión, de asociarme, de igualdad, de casarme con quien quiera… De ahí una exposición con metáforas positivas y muy didáctica, dado que cada ilustración va acompañada de su artículo por lo que además de disfrutar del arte nos ponemos al día de un articulado que a pesar de sus 70 años tienen una importancia y vigencia vital hoy en día”.

La exposición tiene vocación itinerante y ya hay varias salas y citas confirmadas como el Festival Internacional de San Sebastián, y también es muy probable que viaje a otros países de la mano de Amnistía Internacional.

Vista de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

Vista de la exposición. Imagen cortesía de La Nau

Bel Carrasco

Un Chéjov del siglo XXI

El jardí de les cireres, de Antón Chéjov, adaptación de Manuel Molins dirigida por Joan Peris
Teatre El Micalet
Guillen de Castro, 73. València
Del 7 de noviembre al 2 de diciembre de 2018

La compañía Teatre Micalet estrenó el 7 de noviembre El jardí de les cireres (El jardín de los cerezos) obra póstuma de Antón Chéjov escrita en 1903, un año antes de su muerte, que sintetiza las inquietudes y temáticas de este autor universal. Adaptada por el dramaturgo Manuel Molins, Premio de Honor de las Artes Escénicas de la Generalitat, y dirigida por Joan Peris, forman parte del reparto: Pilar Almeria, Josep Manel Casany, Cristina García, Berna Llobell, Laura Romero, Ximo Solano y Guille Zabala.

No es la primera vez que el público puede ver esta obra en valenciano. Juli Leal, en 1974 y 1984, hizo sendos montajes con la compañía Carnestoltes. Pero esta primera versión de  Chéjov para el sigo XXI es una aportación muy personal de la compañía Teatre Micalet que bajo la dirección de Peris ha reducido el elenco a siete personajes enfatizando las similitudes entre los albores del siglo XX y la actualidad como dos momentos claves de cambios de ciclo histórico. “Teníamos este título en cartera hace mucho tiempo pero El Jardí... requiere madurez tanto de edad como profesional”, dice Pilar Almeria. Una madurez que tras 23 años de vida y una veintena de producciones  la compañía ha alcanzado plenamente.

El jardí de les cireres. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

El jardí de les cireres. Imagen cortesía de Teatre Micalet.

A través de las vicisitudes de una familia de la aristocracia obligada a desprenderse de un precioso jardín improductivo, símbolo de su status, Chéjov retrata la encrucijada entre la agonía del zarismo y la revolución soviética. Describe la transición desde el protagonismo absoluto de la aristocracia al nacimiento de una nueva casta formada por los descendientes de los antiguos siervos liberados que se han enriquecido, a costa muchas veces de la debilidad de sus antiguos amos ociosos.

Nobles decadentes, los nuevos arribistas y los que sueñan con el cambio social. “Los personajes de la obra representan estos tres prototipos sociales que coinciden en un tiempo y espacio”, comenta Almeria. Gran conocedor del alma humana y compasivo siempre con sus personajes, Chéjov presenta una galería de seres humanos que asisten al destino que les ha tocado vivir. “Lo que les ocurre, salvando las distancias, es parecido a la situación actual”, señala la actriz. “Se percibe una sensación de derrota y la gente anda desorientada porque se producen cambios muy rápidos y el futuro se vislumbra incierto”.

Una de las dificultades que encuentran los intérpretes en este texto es ser capaces de expresar lo que se lee entre líneas, lo que subyace en los diálogos. “Los personajes parecen personas vulgares y da la impresión de que en sus vidas no pasa nada interesante pero por debajo palpitan intensos sentimientos y grandes cambios que en este caso giran en torno al amor y el dinero”, añade Almeria.

Aunque ha pasado más de un siglo desde que Chéjov escribió este texto, “hoy se empiezan a ver síntomas de un mundo en descomposición”, dice Molins. “Un ultraliberalismo que hace peligrar las conquistas sociales conseguidas con tanto esfuerzo  e incluso se habla de un retorno a la esclavitud por las reformas laborales de la derecha en complicidad con el FMI. Crecen los partidos xenófobos y homófobos, mientras el electorado mayoritario se distrae con pantallas, móviles, tabletas y la televisión. Estamos en un cambio de época y eso es también lo que presenta nuestra versión de Chéjov”, concluye Molins.

La puesta en escena refleja el carácter simbólico presente en la obra de autor ruso. El vestuario recuerda al de principios del pasado siglo pero sin rigor histórico. Aprovechando las posibilidades de la sala, se ha creado un espacio trasversal que sumerge al espectador en la casa donde ocurren los hechos y en los laterales se insinúan unas sombras que recuerdan las ramas de los árboles. Tras dos meses de ensayos la veterana compañía cumple el sueño de sumar a su repertorio este gran clásico universal.

El jardi de les cireres

El jardi de les cireres. Imagen cortesía de Teatre Micalet

Bel Carrasco

Carme Teatre en Dansa

Primer Ciclo Carme Dansa
Carme Teatre
C / Gregorio Gea, 6. València
De octubre a diciembre de 2018

La  danza es un poco la Cenicienta de las Bellas Artes por su carácter minoritario. Pero este otoño se vestirá con sus mejores galas para bailar en el Primer Ciclo Carme Dansa que se celebra en el teatro del mismo nombre a lo largo de los últimos meses del año con la exhibición de diez espectáculos, talleres gratuitos y encuentros para la reflexión y el debate. Su objetivo, informan los organizadores, es “generar sinergias reales entre espectadores, alumnos y profesionales de la danza contemporánea, darle a la danza difusión y visibilidad, poner en valor las artes del movimiento entre la sociedad y reivindicar su gran potencial educativo, creativo y constructor de subjetividades críticas”.

Además de los espectáculos, habrá cinco talleres gratuitos impartidos por algunos de los creadores participantes: Roberto Torres, Mamen Agüera, Marta Carrasco, David Climent y Cristina M. Gómez. Talleres destinados a dar a conocer los procesos creativos y facilitar herramientas técnicas a alumnos y alumnas de esta disciplina. El ciclo también apuesta por el debate y la reflexión en torno a la danza contemporánea con diversos encuentros  coordinados por Sandra Gómez y Noelia Liñana.

Dulces bestias, de Nómada Danza. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Dulces bestias. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Los niños tienen su propio espacio, con siete espectáculos de teatro, circo, títeres y clown. Son las  propuestas de las compañías Ultramarinos de Lucas y Títeres de María Parrato, ambas Premio Nacional de las Artes Escénicas para la Infancia, el poeta sonoro Jesús Ge y Bagatelas Teatro.

El pasado fin de semana la Compañía Provisional Danza Nómada presentó ‘Una vez más’, creación de Carmen Werner y Roberto Torres.  Del 12 al 14 octubre regresa Torres con ‘Dulces Bestias’, una producción del  Instituto de las Artes Escénicas de Tenerife del Cabildo insular inspirada en la animalidad del hombre y en la nostalgia de la naturaleza. “El hombre se viste con tributos animales para trascender su condición de hombre”, escribe Torres.

“Mis ganas de volar me dan ganas de ser pájaro, poder ver en la noche los misterios que esconde, algo que voy perdiendo como ser, lejos de la naturaleza a la que pertenezco y de la cual cada día estoy más ajeno. Me reconozco en los dientes de carnívoros que arrancan la carne de otros en mi venganza y mi odio. Me reconozco en otras bestias que con uñas, garras o cuernos se defienden cuando como víctima me siento acorralado. (…) Hoy vivo en una jungla de ruidos y asfalto, en un mundo de encuentros y desencuentros, añorando un aire limpio, un cielo repleto de estrellas y olor a tierra que me despierte los sentidos y me devuelva a la naturaleza a la que pertenezco y renuncio a ella como dueño”.

Cuerpos y números, The Little Queens. Imagen cortesía de Carme Teatre

Cuerpos y números, The Little Queens. Imagen cortesía de Carme Teatre

Del 26 al 28 de octubre la compañía The Little Queens residente en La Puerta Estrecha de Madrid presenta ‘Cuerpos y números’, una creación de Mamen Agüera que reflexiona sobre la violencia machista. Ocho piezas-documento y un epílogo, que denuncian un «problema de salud global con proporciones epidémicas», según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La coreografía integra seis solos y dos piezas corales que denuncian una realidad que afecta a un tercio de las mujeres del mundo. Ocho piezas de danza documento ponen cuerpos, números y movimiento a la lapidación, la ablación, la feminización de la pobreza, el maltrato, la cárcel, la trata, el abuso sexual como arma de guerra o el feminicidio de Ciudad Juarez (México). Esta pieza es fruto de cinco años dedicados por Agüera a un proceso de documentación e investigación, que convierte en danza los datos y los testimonios más conmovedores y brutales. Con influencias de Pina Bausch y el Tanz Theater, la coreógrafa toma como base para este trabajo la Logomotion de Simone Forti.

Go Wild, de Cristina M. Gómez y Sebastián Rowinsky. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Go Wild, de Cristina M. Gómez y Sebastián Rowinsky. Imagen cortesía de Carme Teatre.

La compañía Marta Carrasco estará el primer fin de semana de noviembre con ‘Perra de nadie’, finalista de los Premios Max 2018, que puede considerarse le canto del cisne de esta creadora barcelonesa y que cierra una etapa iniciada con ‘Aiguardent’ (1995), su debut en solitario, al que siguió años después ‘Blanc d’Ombra’ (1998), su homenaje a Camille Claudel.

En esta ocasión Carrasco se transforma en ocho mujeres distintas o perras, como las llama con afecto; perras listas, maltratadas algunas, que van a su bola, pues como dice: “Siempre he tenido debilidad por las mujeres más que por los hombres, porque nosotras somos complejas, interesantes, contradictorias, listas, fuertes, vulnerables, rompedizas. Pueden caer, y ha ocurrido a lo largo de la historia, pero las mujeres siempre se vuelven a levantar».

Gesto, música y potentes imágenes se funden en una impactante creación «no apta para avestruces», como escribió la realizadora Isabel Coixet. «Un espectáculo lleno de emoción, amor y humor, que puede leerse de muchas maneras, dependerá de cómo te haya tratado la vida», puntualiza Carrasco.

Marta Carrasco Llovet culmina una dilatada carrera profesional como directora y creadora escénica, pedagoga teatral, bailarina, intérprete y coreógrafa. Tras pasar por varias compañías de danza, en 1995 emprendió su camino en solitario, y crea su primer solo de danza/teatro. Desde entonces  ha acumulado más de una treintena de premios y realizado más de otra treintena de colaboraciones.

(www.carmeteatre.com)

Perra nadie, de la compañía Marta Carrasco. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Perra nadie, de la compañía Marta Carrasco. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Bel Carrasco

«He recreado un mundo en el que me gustaría vivir»

La grandeza de las cosas sin nombre, de Enrique Arce
La Esfera de los Libros
Agosto de 2018

Samuel Palacios acaba de recibir en Nueva York un prestigioso premio teatral cuando su vida da un giro inesperado. Una llamada de su padre, al que no ve desde hace 30 años le impulsa a regresar a España, un viaje hacia su pesado que es también un camino de redención.  Las relaciones familiares y afectivas, la profesión de actor, la dependencia a las adicciones y los peligros que rondan el éxito son algunos temas que aborda Enrique Arce (Valencia, 1972) en su primera novela, ‘La grandeza de las cosas sin nombre’ (La Esfera de los Libros), un relato ameno que invita al optimismo. Su salto a la literatura coincide con el triunfo a nivel internacional por la serie La Casa de Papel y el filme Terminator 6 tras una larga trayectoria profesional en el cine y televisión que inició en 1996.

Ha dicho que su novela es fruto de una crisis personal. ¿Escribirla le sirvió de terapia?

Estaba en un mal momento. Eso me dio la serenidad, el tiempo y el sosiego para poner la antena y escribir una historia que transitara por donde estaba transitando yo. Comencé a hacerme preguntas y a beber de muchas fuentes en el tema del crecimiento personal y la espiritualidad. Me di cuenta de que eso era lo realmente importante para encontrar la plenitud y creé una historia que envolviera o diera un marco a todo eso que yo empezaba a vislumbrar en el horizonte. En ese aspecto sí fue terapeútica, pues escribía cosas a través de mis personajes, cosas realmente profundas que iba descubriendo al mismo tiempo que las volcaba sobre el papel. Fue una especie de catarsis, como si fuera una mera antena de radio que transmitía lo que se le iba dictando desde lo incognoscible.

Portada de 'La grandeza de las cosas sin nombre', de Enrique Arce.

Portada de ‘La grandeza de las cosas sin nombre’, de Enrique Arce.

Uno de los personajes afirma el trabajo del actor no es actuar, sino buscar trabajo; que actuar es la recompensa. 

En una profesión donde el 92% de sus miembros gana menos de mil euros al mes, actuar y vivir de ello no es una recompensa, sino más bien una bendición o un milagro. Además, una gran cantidad de actores trabaja por amor al arte en proyectos sin dinero, así que algo de recompensa debe de haber para que la gente entregue tan generosamente su tiempo y su talento a cambio de nada.

En una primera novela es inevitable volcar la propia experiencia. ¿Hay algo de usted en Samuel Palacios?

Aparte de ser dos actores en la mediana edad, Samuel Palacios no podría ser más diferente a Enrique Arce. Lo único que sí nos ocurrió a ambos es algo que cuento en el libro. Una profesora calificó una redacción mía de fin de curso con S/C (Sin Calificar) porque consideró que se trataba de literatura y no de un mero un ejercicio. En un momento dado ambos decidimos dedicarnos profesionalmente a una cosa cuando nuestro talento natural mas innato radicaba en otra.

El libro plantea el tema del alcoholismo y los estragos que causa. ¿Le preocupa especialmente esta adicción?

Me preocupa la adicción en general, al éxito, al alcohol, a las drogas, al juego, a tuiter e Instagram, a la preservación de la identidad propia por encima de todo… Cualquier cosa que suponga perder el control, no cederlo voluntariamente. Tengo una relación moderada con el alcohol pero fui a reuniones de Acoholicos Anónimos en Londres para documentarme y el panorama es desolador.

Ha dicho que el éxito le hubiera destruido de haberle llegado a los 21 años. 

A esa edad es difícil gestionar estas cosas, porque rara vez has hecho un trabajo interno. Te sueles proyectar en lo que los demás perciben de ti y cuando ese éxito se difumina, porque  siempre lo hace, tu valoración propia cae en picado.  La Casa de Papel me ha pillado muy currado, lo recibo con gratitud, como si una Navidad me toca el gordo, pero no cambia ni un ápice mi concepto de mí mismo. Me ha permitido no tener que mirar a diario mi cuenta del banco, y viajar por todo el mundo gratis, eso es todo.

¿Esta novela es el comienzo de una buena relación con la literatura o algo puntual?

Difícil responder. Primero porque esta historia no la busqué, me buscó ella a mí y cuando un método funciona, mejor no tocarlo. No sé si habrá otra historia que me utilice para ser contada, pero yo, desde luego, no la voy a buscar. Si siento la pulsión y tengo el tiempo y la paz mental para hacerlo, la escribiré. Pero siempre será una historia con los mismos parámetros que esta: tratar de desentrañar al ser humano y sus mimbres a nivel celular. Y que dé respuestas a preguntas que puedan tener los lectores. Prefiero un lector al que mi novela le encienda la bombilla y le dé herramientas para enfrentar sus dudas y sus miedos, que cien ocasionales. Y alguien que ame la buena literatura, alguien para quien el cómo sea tan importante como el qué, ya que soy  realmente obsesivo en lo relacionado con el estilo y la prosa cuidada. No lo puedo evitar. Prefiero una frase brillante literariamente, un diálogo preciso o una metáfora acertada a un giro sorprendente de la historia.

Enrique Arce. Foto: Nicholas Dawkes.

Enrique Arce. Foto: Nicholas Dawkes.

Bel Carrasco

Todos contra Esparta

Enemigos de Esparta, de Sebastián Roa
Ediciones B
Año 2018

Año 380 a.C. La antigua Grecia es un puzle de ciudades Estado bajo la hegemonía de Esparta. Educados exclusivamente para la guerra desde los siete años, con sus barbas puntiagudas y sus escudos adornados con la letra lambda (‘L’ de Laconia), los guerreros espartiatas causan pavor a sus vecinos. Pero un grupo de demócratas tebanos está dispuesto a liberarse de su yugo que ha esclavizado a pueblos enteros. En plenas fiestas Afrodisias un grupo de ellos desterrados en Atenas se infiltra en la ciudad y mata a los oligarcas que la gobiernan bajo la férula de Esparta. Es el principio de una guerra por tierra y mar que culmina en la batalla de Leuctra (371 a.C.)  en la que los tebanos se imponen por fin.

Es en síntesis el argumento de ‘Enemigos de Esparta’ (Ediciones B), la última novela del escritor valenciano Sebastián Roa, un relato que combina con maestría las escenas bélicas, las intrigas políticas y el amor. Personajes históricos como Epaminondas y Platón se mezclan con otros imaginarios en un mosaico que refleja la imagen de un pasado remoto en el que se reconoce el presente: la pulsión por el poder, el afán de venganza, el amor y el desamor…

Fotograma de '300', de Zack Snyder.

Fotograma de ‘300’, de Zack Snyder.

El protagonista y conductor de la historia es Prómaco, un guerrero mestizo tebano-tracio que admira a Esparta y desea unirse a su ejército, hasta que uno de los jefes espartanos secuestra a Veleka, el amor de su vida. Ansioso de recuperar a su amada y vengarse, inicia un largo camino de sangre y muerte junto a las tropas tebanas al mando de los pelastas, infantería ligera armada sólo con escudos de mimbre o madera recubiertos de piel, jabalinas o lanzas.

Tras más de veinte siglos, sus conversaciones con Platón sobre el amor y la democracia mantienen plena vigencia. El Batallón Sagrado compuesto por 150 parejas de amantes tebanos que luchaban codo con codo por amor antes que por la gloria, la patria o el dinero es otro elemento histórico que Roa utiliza con habilidad, así como el influjo de los dioses, desde Ares a Eros en la vida de unos hombres que vivieron al límite en aras de la conquista de su libertad.

Después de documentarse a fondo sobre el siglo XII en España para elaborar su Trilogía Almohade, Roa se traslada todavía más atrás en el tiempo a una de las épocas que más le atraen. “El periodo final de la Grecia clásica, justo entre la Guerra del Peloponeso y el ascenso de Macedonia, me parece un momento desconocido y con mucho jugo y hacía tiempo que quería situar una novela en este contexto”, dice. “Centrarme en la Grecia clásica en vez del medievo me ha supuesto contar con mucha más documentación. Solamente consultando la Biblioteca Gredos tienes medio trabajo hecho. En total he dedicado a esa fase previa unos seis meses, con la ventaja de que ya tenía cierto conocimiento sobre la época y, sobre todo, de que en el pasado leí bastante a autores como Platón y Jenofonte”.

Sebastián Roa. Fotografía de Castarnado.

Sebastián Roa. Fotografía de Castarnado.

Aunque en su novela los espartanos son los malos, odiados por los pueblos sometidos a su poder, Roa admira de ellos “su capacidad de entrega por las leyes de su ciudad, especialmente en el caso de las madres. Por contra, aborrezco la consideración institucional de superioridad de todo espartano de pleno derecho, con lo que implicaba en cuanto a desprecio, servidumbre e incluso esclavización de pueblos enteros”.

¿Cómo podemos librarnos de los demócratas tiranos?, le pregunta el protagonista del relato a Platón. “Ojalá tuviera la respuesta infalible. Platón ya nos dio la pauta al señalar la ignorancia como embrión del mal, así que me inclino a pensar que la clave reside en la educación. Convivo con personas, algunas de ellas supuestamente instruidas, que ignoran totalmente el marco jurídico básico en el que viven. Gente sin conciencia democrática real, que se indigna por inercia o que exige derechos en cuanto se aburre. Y la gente se aburre mucho. Con una ciudadanía tan endeble, lo raro es que no nos gobiernen más tiranos disfrazados de demócratas o que no reclamen la independencia cuatro aldeas por comarca”, concluye Sebastián Roa.

Portada de 'Enemigos de Esparta' (Ediciones B), de Sebastián Roa.

Portada de ‘Enemigos de Esparta’ (Ediciones B), de Sebastián Roa.

Bel Carrasco

“Es una mirada crítica de lo valenciano desde el humor”

La forastera, de Óscar Bernácer
Albena Produccions en colaboración con Nakamura Films para À Punt Media
Agosto de 2018

El pasado mes de julio los habitantes del pequeño pueblo de Segart, donde en invierno apenas residen unas 30 personas, cercano a Gilet y Albalat dels Tarongers  en plena Calderona, se vieron sorprendidos por la invasión de un grupo de peliculeros que ocuparon sus calles, plazas y la farmacia. Casi un centenar de personas, entre el  equipo técnico y  los 17 actores y actrices que,  bajo la dirección del  cineasta Óscar Bernácer intervienen en una de las series estrella de ficción que veremos la próxima temporada en À Punt.

La Forastera es un producción para Àpunt Mèdia de Albena Produccions en colaboración con Nakamura Films, firma  integrada por Jordi Llorca y el propio Bernácer, autor de varios cortos y documentales como  El hombre que embotelló el sol en torno a la figura de Pedro Zaragozá, el legendario alcalde de Benidorm. También es el realizador de Cuineres i cuiners, una serie gastronómica en la que el chef Ricard Camarena recorre las mejores cocinas de la Comunidad Valenciana.

La forastera, de Óscar Bernácer. Fotografía de Laura Amado.

La forastera, de Óscar Bernácer. Fotografía de Laura Amado.

“La Forastera cuenta la historia de Lola, la actriz María Maroto, que regresa a Valencia tras una larga estancia en Barcelona en compañía de su pareja, un catalán de pura cepa interpretado por Ángel Figol y descubre que su madre se ha ido a vivir a un pueblo, Serrabella”, dice Bernácer. “Allí conoce a José, interpretado por Jordi Ballester, con el que surge una relación de amor-odio. Su llegada desencadena una serie de situaciones y conflictos a través de los cuales el argumento plantea los contrastes entre los urbanitas y el ambiente rural, y también una mirada crítica sobre la identidad de los valencianos desde la ironía y el humor”.

María Mínguez, Patricia Pardo y Rafa Ferrero participan como guionistas junto a Bernácer en esta comedia de peripecias entre romántica y de tópicos inspirada en un hecho histórico que los productores prefieren mantener en secreto. A lo largo de cinco semanas se rodaron ocho capítulos de entre 45 y 50 minutos de duración. Los campos de cerezas de Gátova fueron otro de los escenarios elegidos. Intervienen en el reparto: Victoria Salvador, Enric Benavent, Jordi Ballester, Àngel Figols, María Juan, Silvia Valero, Raquel Piera, Juansa Lloret, Álvaro Báguena, Talia Bohoyo, Manuel Climent, Sergi Giménez, Teresa Soria, Neus Agullò, César Tormo, Juli Disla, Pep Sellés, Amparo Bàguena, Juli Cantó, María Zamora, Jordi Aguilar.  Los más jóvenes debutan como profesionales en esta serie.

La forastera, de Óscar Bernácer. Imagen cortesía del autor.

La forastera, de Óscar Bernácer. Imagen cortesía del autor.

Lola, la protagonista es una joven y ambiciosa empresaria con un osado proyecto en mente. Un desafortunado incidente la deja en el paro y acaba en un pequeño pueblo del interior sin cobertura ni gimnasios, donde es recibida con cierta suspicacia. Es la forastera. Aunque al principio le cuesta adaptarse al ambiente acaba descubriendo los encantos de la vida rural y sobre todo el verdadero amor representado por un joven agricultor con el que acabará encontrando una segunda oportunidad.

“Nuestro objetivo es conseguir un producto que guste a todos los públicos y sirva para normalizar algunos temas que se han convertido casi en tabú”, comenta Bernácer. “Aunque el ambiente es rural, la serie no tiene nada que ver con L’Alqueria Blanca. La acción se desarrolla en plena actualidad con referencias a la cuestión del Procés y el independentismo catalán”.

Sobre el efecto revitalizador que À Punt puede tener sobre el audiovisual valenciano, Bernácer se muestra cauto: “Todo el mundo está remando a favor pero hay que mejorar el proceso de producción. Hay que luchar para que se estabilicen las cosas”, concluye el cineasta, que ya tiene en proyecto su primer largometraje.

Óscar Bernàcer (1978) es guionista, director y productor. Es coguionista  del largometraje Reset y el documental Las dos orillas. Dirigió los cortometrajes Las zapatillas de Laura y Desayuno con diadema ,que cuenta el despertar de dos cincuentones tras una noche loca, que suman más de cincuenta premios y menciones entre las que destacan la candidatura al Goya y la nominación al Meliés d’Or. Como guionista también ha trabajado en la serie  Bon dia, bonica. Su penúltimo trabajo  de ficción, Bikini abre las puertas a Benidorm y el hombre que embotelló el sol, documental acerca del boom turístico en España a través de la figura de su polémico alcalde Pedro Zaragoza.

Óscar Bernácer, en el centro, director de La forastera. Imagen cortesía del autor.

Óscar Bernácer, en el centro, director de La forastera. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

‘Distintos’, camino a los Óscar

‘Distintos’, de Josevi García Herrero
Entrevista con el director del cortometraje

El verano de 2018 es un tiempo de buena cosecha para el guionista y cineasta valenciano Josevi García Herrero por la buena acogida que ha tenido su último proyecto, el cortometraje ‘Distintos’, que lleva más de cincuenta selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Ha recibido catorce premios, además de conseguir la preselección a los Goya 2019 y la selección en el Festival Indy Shorts de EEUU, calificador de los Óscar de la Academia de Hollywood, que podría ser la antesala para lograr esa meta el año próximo.

‘Distintos’ es una iniciativa de Fundación Asindown, que eligió a un director sensibilizado con temas de trasfondo social, como acreditan sus anteriores cortos, ‘¡Se vende varita mágica!’ y ‘Contando estrellas’. Lo que hace a este filme especial es haber sido protagonizado por dos chicos con síndrome de Down, Pablo Molina y Salva Albert –sin experiencia actoral previa– y la participación altruista de Alejandro Sanz. La historia cuenta el viaje de los chicos para asistir a un concierto de su ídolo musical. En el reparto: Carlos Olalla, Ventura Rodríguez, Llum Barrera, Sandra Cervera, María De Paco y Guillermo Montesinos. La banda sonora es del compositor valenciano Josué Vergara.

Distintos. MAKMA

“Esta experiencia ha sido un auténtico y enriquecedor aprendizaje para mí”, dice García Herrero. “He tenido la oportunidad de conocer de cerca y en profundidad cómo es la vida con síndrome de Down. Tuve que investigar y explorar para escribir el guión y poder hablar de ello, y entendí mejor las dificultades que podían llegar a tener los chicos, así como sus virtudes y capacidades. Tanto Pablo como Salva me han demostrado que querer es poder, que con sus ganas y su esfuerzo podíamos llegar adonde nos propusiéramos”.

Entre las numerosas anécdotas del rodaje que tuvo lugar en Valencia y Madrid, recuerda el divertido y entrañable encuentro de los chicos con Alejandro Sanz –la primera escena que se rodó– y hasta los doce donuts que tuvo que comer Salva, pues su personaje comía uno en una secuencia, y con las repeticiones de planos y tomas se convirtieron en una docena. También memorable la escena de la lluvia, “era el último día, había nervios, tristeza porque todo llegaba al final y eso de mojarse completamente no resulta muy agradable en octubre”.

 

Desde su estreno en la Seminci (Valladolid) el pasado octubre, ‘Distintos’ ha emprendido un camino de éxitos. “Lo más difícil es acertar con el tono de la historia, y creo que he dado en el clavo. Es una historia fresca, desenfadada, nada condescendiente, lejos de un tono dramático y empalagoso que hubiera hundido esta película. También he acertado en el modo de contarla, el humor es la otra clave. Decir las cosas sin miedo, con libertad, con verdad y con corazón; y que los protagonistas fueran conscientes de su realidad y los primeros que se identificaran, y que eso no fuera un freno para contarlo y mostrarlo. Tenía que ser un discurso valiente que se alejara del todos somos iguales para decir todos somos distintos. Es la única forma real de conseguir que esta sociedad compuesta de personas distintas, reconociéndonos todos distintos, nos ofrezca el modo de encontrar y entender la igualdad”.

Fiel a su vocación solidaria y social, el cineasta hace un llamamiento a los directores, guionistas y creadores en general: “Tenemos la suerte de poder contar historias para que muchas personas disfruten y se entretengan y, además, podemos y debemos pensar que  también pueden ayudar a muchas otras personas invisibles por algún motivo. Hagámoslo. Incluyamos en nuestros guiones esas historias necesarias”.

García Herrero no se duerme en los laureles. Tiene entre manos tres proyectos de series de ficción, mientras revisa el guión de su primer largo. Al mismo tiempo, prepara una campaña de sensibilización con la Asociación Esperanza y Sonrisa, que apoya  la investigación del cáncer infantil, y dirige el Ficticia, el festival de ficción online de Aranjuez.

Distintos. MAKMA

Bel Carrasco

 

Arquitectura caduca, naturaleza perenne

‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño
Librería Railowsky
Gravador Esteve 34, València
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Los artificios creados por la mano del hombre están condenados a sucumbir al deterioro si son abandonados a su suerte. La naturaleza circundante, sin embargo, se regenera a sí misma y permanece incólume, aunque sufra cambios al ritmo de las estaciones y alguna baja. Lo caduco y lo perenne son las manecillas de un reloj metafórico que marca la evolución del paisaje y de quienes lo contemplan con mirada calma y profunda.

Imagen de la arquitectura deshabitada perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de la arquitectura deshabitada perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Es el mensaje que transmite ‘Huellas/Traces», la sugerente exposición de la fotógrafa Pilar Pequeño, compuesta por 27 piezas en blanco y negro y color, que se puede ver en la librería Railowsy hasta el 9 de septiembre de 2018. Se trata de un trabajo realizado por Pequeño en dos etapas distintas –la primera entre los años 2000 y 2005, y la segunda entre 2012 y 2016–, en torno a un par de edificios de un significado muy especial para ella –uno situado en la desembocadura del río Miño y otro en el Mar Menor–.

Un trabajo sobre la acción del hombre en el paisaje, el paso del tiempo, la memoria y la recuperación de la naturaleza de los lugares abandonados. Situados ambos a la orilla de dos mares –-el Atlántico y el Mediterráneo–, representan dos tipos muy diferentes de arquitectura y de clima que reflejan cómo el entorno geográfico condiciona el carácter de las ruinas. La imagen de la palmera enmarcada en el pórtico –correspondiente a la serie sobre el Mar Menor–, primero viva y años después decapitada, es paradigmática de ese tratamiento de la mutación temporal: Tempus fugit.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

“Las ruinas me fascinan”, afirma Pequeño, que disfruta de sus vacaciones familiares en Altea (Alicante). “Empecé a fotografiarlas en 1975, en concreto las del Balneario de Mondariz. A estas les dediqué un estudio más profundo a lo largo de varios años, con un intervalo de tiempo”.

El edificio del Bajo Miño, en Pontevedra, está situado cerca del lugar donde pasó su infancia, en la frontera con Portugal. “A finales del siglo XIX fue construido por los Jesuitas para albergar un selecto centro de enseñanza donde iban a estudiar los hijos de la burguesía de la época. Una cuna del saber, germen de las universidades de Deusto y Comillas. Allí estudió mi padre. Luego se le dio otros usos y hoy se encuentra en estado ruinoso”.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

El otro espacio que cautivó a la fotógrafa, en el extremo  opuesto de la península, tiene también su historia. Era la vivienda de Ramón Franco, el héroe del Plus Ultra y hermano del dictador, que fue  durante una época jefe de la base militar de Murcia. “Lo descubrí por casualidad cuando fui al Mar Menor con mi marido, que es muy aficionado a los deportes náuticos”, recuerda Pequeño. “Entonces se podía acceder libremente a él y me gustaba ir allí a pasear y a leer, a observar con calma los cambios de la luz a lo largo de las horas”.

Pequeño utilizó imágenes en blanco y negro hasta que, entre 2009 y 2016, fue adoptando el color, yendo más allá del cromatismo tradicional. Invernaderos, paisajes y plantas son motivo ineludible de su objetivo y, con ellas, el agua, la luz, la vida y la muerte. “Me gusta controlar todo el proceso de elaboración de la fotografía y antes eso era imposible trabajando con color”, comenta. “Con las cámaras digitales ya es posible y por eso me pasé al color”. En ‘Huellas/Traces’ está muy presente esa dualidad, blanco y negro versus color, que enfatiza la sensación del paso del tiempo, al resaltar su efecto transformador tanto sobre la piedra como en el paisaje.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

“La diferencia entre la ruina y el escombro es la memoria”, escribe Rosa Olivares en el libro catálogo editado con motivo de la exposición. “La vida que albergó ayer lo que hoy es piedra; estas paredes que ya no protegen a nadie ni a nada fueron colegio, casa, universidad, campo de concentración, albergaron no solo a personas, a niños, a hombres, sino a sus sueños y a sus miedos (…) Pilar Pequeño realiza un trabajo casi de estudio arqueológico volviendo a los mismos lugares abandonados, que no parecen interesar a nadie, repletos de historias de otros tiempos”.

Por su parte, María Teresa Gutiérrez Barranco señala: “Huellas es un relato visual sobre la poética del paso del tiempo. En él confluyen avatares de dos recorridos. Dos escenarios que se funden en una única narración personal (…), un profundo y conmovedor diálogo con dos edificios que van muriendo lentamente. Transformación del fin en un nuevo comienzo”.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Bel Carrasco