Carme Teatre en Dansa

Primer Ciclo Carme Dansa
Carme Teatre
C / Gregorio Gea, 6. València
De octubre a diciembre de 2018

La  danza es un poco la Cenicienta de las Bellas Artes por su carácter minoritario. Pero este otoño se vestirá con sus mejores galas para bailar en el Primer Ciclo Carme Dansa que se celebra en el teatro del mismo nombre a lo largo de los últimos meses del año con la exhibición de diez espectáculos, talleres gratuitos y encuentros para la reflexión y el debate. Su objetivo, informan los organizadores, es “generar sinergias reales entre espectadores, alumnos y profesionales de la danza contemporánea, darle a la danza difusión y visibilidad, poner en valor las artes del movimiento entre la sociedad y reivindicar su gran potencial educativo, creativo y constructor de subjetividades críticas”.

Además de los espectáculos, habrá cinco talleres gratuitos impartidos por algunos de los creadores participantes: Roberto Torres, Mamen Agüera, Marta Carrasco, David Climent y Cristina M. Gómez. Talleres destinados a dar a conocer los procesos creativos y facilitar herramientas técnicas a alumnos y alumnas de esta disciplina. El ciclo también apuesta por el debate y la reflexión en torno a la danza contemporánea con diversos encuentros  coordinados por Sandra Gómez y Noelia Liñana.

Dulces bestias, de Nómada Danza. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Dulces bestias. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Los niños tienen su propio espacio, con siete espectáculos de teatro, circo, títeres y clown. Son las  propuestas de las compañías Ultramarinos de Lucas y Títeres de María Parrato, ambas Premio Nacional de las Artes Escénicas para la Infancia, el poeta sonoro Jesús Ge y Bagatelas Teatro.

El pasado fin de semana la Compañía Provisional Danza Nómada presentó ‘Una vez más’, creación de Carmen Werner y Roberto Torres.  Del 12 al 14 octubre regresa Torres con ‘Dulces Bestias’, una producción del  Instituto de las Artes Escénicas de Tenerife del Cabildo insular inspirada en la animalidad del hombre y en la nostalgia de la naturaleza. “El hombre se viste con tributos animales para trascender su condición de hombre”, escribe Torres.

“Mis ganas de volar me dan ganas de ser pájaro, poder ver en la noche los misterios que esconde, algo que voy perdiendo como ser, lejos de la naturaleza a la que pertenezco y de la cual cada día estoy más ajeno. Me reconozco en los dientes de carnívoros que arrancan la carne de otros en mi venganza y mi odio. Me reconozco en otras bestias que con uñas, garras o cuernos se defienden cuando como víctima me siento acorralado. (…) Hoy vivo en una jungla de ruidos y asfalto, en un mundo de encuentros y desencuentros, añorando un aire limpio, un cielo repleto de estrellas y olor a tierra que me despierte los sentidos y me devuelva a la naturaleza a la que pertenezco y renuncio a ella como dueño”.

Cuerpos y números, The Little Queens. Imagen cortesía de Carme Teatre

Cuerpos y números, The Little Queens. Imagen cortesía de Carme Teatre

Del 26 al 28 de octubre la compañía The Little Queens residente en La Puerta Estrecha de Madrid presenta ‘Cuerpos y números’, una creación de Mamen Agüera que reflexiona sobre la violencia machista. Ocho piezas-documento y un epílogo, que denuncian un “problema de salud global con proporciones epidémicas”, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La coreografía integra seis solos y dos piezas corales que denuncian una realidad que afecta a un tercio de las mujeres del mundo. Ocho piezas de danza documento ponen cuerpos, números y movimiento a la lapidación, la ablación, la feminización de la pobreza, el maltrato, la cárcel, la trata, el abuso sexual como arma de guerra o el feminicidio de Ciudad Juarez (México). Esta pieza es fruto de cinco años dedicados por Agüera a un proceso de documentación e investigación, que convierte en danza los datos y los testimonios más conmovedores y brutales. Con influencias de Pina Bausch y el Tanz Theater, la coreógrafa toma como base para este trabajo la Logomotion de Simone Forti.

Go Wild, de Cristina M. Gómez y Sebastián Rowinsky. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Go Wild, de Cristina M. Gómez y Sebastián Rowinsky. Imagen cortesía de Carme Teatre.

La compañía Marta Carrasco estará el primer fin de semana de noviembre con ‘Perra de nadie’, finalista de los Premios Max 2018, que puede considerarse le canto del cisne de esta creadora barcelonesa y que cierra una etapa iniciada con ‘Aiguardent’ (1995), su debut en solitario, al que siguió años después ‘Blanc d’Ombra’ (1998), su homenaje a Camille Claudel.

En esta ocasión Carrasco se transforma en ocho mujeres distintas o perras, como las llama con afecto; perras listas, maltratadas algunas, que van a su bola, pues como dice: “Siempre he tenido debilidad por las mujeres más que por los hombres, porque nosotras somos complejas, interesantes, contradictorias, listas, fuertes, vulnerables, rompedizas. Pueden caer, y ha ocurrido a lo largo de la historia, pero las mujeres siempre se vuelven a levantar”.

Gesto, música y potentes imágenes se funden en una impactante creación “no apta para avestruces”, como escribió la realizadora Isabel Coixet. “Un espectáculo lleno de emoción, amor y humor, que puede leerse de muchas maneras, dependerá de cómo te haya tratado la vida”, puntualiza Carrasco.

Marta Carrasco Llovet culmina una dilatada carrera profesional como directora y creadora escénica, pedagoga teatral, bailarina, intérprete y coreógrafa. Tras pasar por varias compañías de danza, en 1995 emprendió su camino en solitario, y crea su primer solo de danza/teatro. Desde entonces  ha acumulado más de una treintena de premios y realizado más de otra treintena de colaboraciones.

(www.carmeteatre.com)

Perra nadie, de la compañía Marta Carrasco. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Perra nadie, de la compañía Marta Carrasco. Imagen cortesía de Carme Teatre.

Bel Carrasco

“He recreado un mundo en el que me gustaría vivir”

La grandeza de las cosas sin nombre, de Enrique Arce
La Esfera de los Libros
Agosto de 2018

Samuel Palacios acaba de recibir en Nueva York un prestigioso premio teatral cuando su vida da un giro inesperado. Una llamada de su padre, al que no ve desde hace 30 años le impulsa a regresar a España, un viaje hacia su pesado que es también un camino de redención.  Las relaciones familiares y afectivas, la profesión de actor, la dependencia a las adicciones y los peligros que rondan el éxito son algunos temas que aborda Enrique Arce (Valencia, 1972) en su primera novela, ‘La grandeza de las cosas sin nombre’ (La Esfera de los Libros), un relato ameno que invita al optimismo. Su salto a la literatura coincide con el triunfo a nivel internacional por la serie La Casa de Papel y el filme Terminator 6 tras una larga trayectoria profesional en el cine y televisión que inició en 1996.

Ha dicho que su novela es fruto de una crisis personal. ¿Escribirla le sirvió de terapia?

Estaba en un mal momento. Eso me dio la serenidad, el tiempo y el sosiego para poner la antena y escribir una historia que transitara por donde estaba transitando yo. Comencé a hacerme preguntas y a beber de muchas fuentes en el tema del crecimiento personal y la espiritualidad. Me di cuenta de que eso era lo realmente importante para encontrar la plenitud y creé una historia que envolviera o diera un marco a todo eso que yo empezaba a vislumbrar en el horizonte. En ese aspecto sí fue terapeútica, pues escribía cosas a través de mis personajes, cosas realmente profundas que iba descubriendo al mismo tiempo que las volcaba sobre el papel. Fue una especie de catarsis, como si fuera una mera antena de radio que transmitía lo que se le iba dictando desde lo incognoscible.

Portada de 'La grandeza de las cosas sin nombre', de Enrique Arce.

Portada de ‘La grandeza de las cosas sin nombre’, de Enrique Arce.

Uno de los personajes afirma el trabajo del actor no es actuar, sino buscar trabajo; que actuar es la recompensa. 

En una profesión donde el 92% de sus miembros gana menos de mil euros al mes, actuar y vivir de ello no es una recompensa, sino más bien una bendición o un milagro. Además, una gran cantidad de actores trabaja por amor al arte en proyectos sin dinero, así que algo de recompensa debe de haber para que la gente entregue tan generosamente su tiempo y su talento a cambio de nada.

En una primera novela es inevitable volcar la propia experiencia. ¿Hay algo de usted en Samuel Palacios?

Aparte de ser dos actores en la mediana edad, Samuel Palacios no podría ser más diferente a Enrique Arce. Lo único que sí nos ocurrió a ambos es algo que cuento en el libro. Una profesora calificó una redacción mía de fin de curso con S/C (Sin Calificar) porque consideró que se trataba de literatura y no de un mero un ejercicio. En un momento dado ambos decidimos dedicarnos profesionalmente a una cosa cuando nuestro talento natural mas innato radicaba en otra.

El libro plantea el tema del alcoholismo y los estragos que causa. ¿Le preocupa especialmente esta adicción?

Me preocupa la adicción en general, al éxito, al alcohol, a las drogas, al juego, a tuiter e Instagram, a la preservación de la identidad propia por encima de todo… Cualquier cosa que suponga perder el control, no cederlo voluntariamente. Tengo una relación moderada con el alcohol pero fui a reuniones de Acoholicos Anónimos en Londres para documentarme y el panorama es desolador.

Ha dicho que el éxito le hubiera destruido de haberle llegado a los 21 años. 

A esa edad es difícil gestionar estas cosas, porque rara vez has hecho un trabajo interno. Te sueles proyectar en lo que los demás perciben de ti y cuando ese éxito se difumina, porque  siempre lo hace, tu valoración propia cae en picado.  La Casa de Papel me ha pillado muy currado, lo recibo con gratitud, como si una Navidad me toca el gordo, pero no cambia ni un ápice mi concepto de mí mismo. Me ha permitido no tener que mirar a diario mi cuenta del banco, y viajar por todo el mundo gratis, eso es todo.

¿Esta novela es el comienzo de una buena relación con la literatura o algo puntual?

Difícil responder. Primero porque esta historia no la busqué, me buscó ella a mí y cuando un método funciona, mejor no tocarlo. No sé si habrá otra historia que me utilice para ser contada, pero yo, desde luego, no la voy a buscar. Si siento la pulsión y tengo el tiempo y la paz mental para hacerlo, la escribiré. Pero siempre será una historia con los mismos parámetros que esta: tratar de desentrañar al ser humano y sus mimbres a nivel celular. Y que dé respuestas a preguntas que puedan tener los lectores. Prefiero un lector al que mi novela le encienda la bombilla y le dé herramientas para enfrentar sus dudas y sus miedos, que cien ocasionales. Y alguien que ame la buena literatura, alguien para quien el cómo sea tan importante como el qué, ya que soy  realmente obsesivo en lo relacionado con el estilo y la prosa cuidada. No lo puedo evitar. Prefiero una frase brillante literariamente, un diálogo preciso o una metáfora acertada a un giro sorprendente de la historia.

Enrique Arce. Foto: Nicholas Dawkes.

Enrique Arce. Foto: Nicholas Dawkes.

Bel Carrasco

Todos contra Esparta

Enemigos de Esparta, de Sebastián Roa
Ediciones B
Año 2018

Año 380 a.C. La antigua Grecia es un puzle de ciudades Estado bajo la hegemonía de Esparta. Educados exclusivamente para la guerra desde los siete años, con sus barbas puntiagudas y sus escudos adornados con la letra lambda (‘L’ de Laconia), los guerreros espartiatas causan pavor a sus vecinos. Pero un grupo de demócratas tebanos está dispuesto a liberarse de su yugo que ha esclavizado a pueblos enteros. En plenas fiestas Afrodisias un grupo de ellos desterrados en Atenas se infiltra en la ciudad y mata a los oligarcas que la gobiernan bajo la férula de Esparta. Es el principio de una guerra por tierra y mar que culmina en la batalla de Leuctra (371 a.C.)  en la que los tebanos se imponen por fin.

Es en síntesis el argumento de ‘Enemigos de Esparta’ (Ediciones B), la última novela del escritor valenciano Sebastián Roa, un relato que combina con maestría las escenas bélicas, las intrigas políticas y el amor. Personajes históricos como Epaminondas y Platón se mezclan con otros imaginarios en un mosaico que refleja la imagen de un pasado remoto en el que se reconoce el presente: la pulsión por el poder, el afán de venganza, el amor y el desamor…

Fotograma de '300', de Zack Snyder.

Fotograma de ’300′, de Zack Snyder.

El protagonista y conductor de la historia es Prómaco, un guerrero mestizo tebano-tracio que admira a Esparta y desea unirse a su ejército, hasta que uno de los jefes espartanos secuestra a Veleka, el amor de su vida. Ansioso de recuperar a su amada y vengarse, inicia un largo camino de sangre y muerte junto a las tropas tebanas al mando de los pelastas, infantería ligera armada sólo con escudos de mimbre o madera recubiertos de piel, jabalinas o lanzas.

Tras más de veinte siglos, sus conversaciones con Platón sobre el amor y la democracia mantienen plena vigencia. El Batallón Sagrado compuesto por 150 parejas de amantes tebanos que luchaban codo con codo por amor antes que por la gloria, la patria o el dinero es otro elemento histórico que Roa utiliza con habilidad, así como el influjo de los dioses, desde Ares a Eros en la vida de unos hombres que vivieron al límite en aras de la conquista de su libertad.

Después de documentarse a fondo sobre el siglo XII en España para elaborar su Trilogía Almohade, Roa se traslada todavía más atrás en el tiempo a una de las épocas que más le atraen. “El periodo final de la Grecia clásica, justo entre la Guerra del Peloponeso y el ascenso de Macedonia, me parece un momento desconocido y con mucho jugo y hacía tiempo que quería situar una novela en este contexto”, dice. “Centrarme en la Grecia clásica en vez del medievo me ha supuesto contar con mucha más documentación. Solamente consultando la Biblioteca Gredos tienes medio trabajo hecho. En total he dedicado a esa fase previa unos seis meses, con la ventaja de que ya tenía cierto conocimiento sobre la época y, sobre todo, de que en el pasado leí bastante a autores como Platón y Jenofonte”.

Sebastián Roa. Fotografía de Castarnado.

Sebastián Roa. Fotografía de Castarnado.

Aunque en su novela los espartanos son los malos, odiados por los pueblos sometidos a su poder, Roa admira de ellos “su capacidad de entrega por las leyes de su ciudad, especialmente en el caso de las madres. Por contra, aborrezco la consideración institucional de superioridad de todo espartano de pleno derecho, con lo que implicaba en cuanto a desprecio, servidumbre e incluso esclavización de pueblos enteros”.

¿Cómo podemos librarnos de los demócratas tiranos?, le pregunta el protagonista del relato a Platón. “Ojalá tuviera la respuesta infalible. Platón ya nos dio la pauta al señalar la ignorancia como embrión del mal, así que me inclino a pensar que la clave reside en la educación. Convivo con personas, algunas de ellas supuestamente instruidas, que ignoran totalmente el marco jurídico básico en el que viven. Gente sin conciencia democrática real, que se indigna por inercia o que exige derechos en cuanto se aburre. Y la gente se aburre mucho. Con una ciudadanía tan endeble, lo raro es que no nos gobiernen más tiranos disfrazados de demócratas o que no reclamen la independencia cuatro aldeas por comarca”, concluye Sebastián Roa.

Portada de 'Enemigos de Esparta' (Ediciones B), de Sebastián Roa.

Portada de ‘Enemigos de Esparta’ (Ediciones B), de Sebastián Roa.

Bel Carrasco

“Es una mirada crítica de lo valenciano desde el humor”

La forastera, de Óscar Bernácer
Albena Produccions en colaboración con Nakamura Films para À Punt Media
Agosto de 2018

El pasado mes de julio los habitantes del pequeño pueblo de Segart, donde en invierno apenas residen unas 30 personas, cercano a Gilet y Albalat dels Tarongers  en plena Calderona, se vieron sorprendidos por la invasión de un grupo de peliculeros que ocuparon sus calles, plazas y la farmacia. Casi un centenar de personas, entre el  equipo técnico y  los 17 actores y actrices que,  bajo la dirección del  cineasta Óscar Bernácer intervienen en una de las series estrella de ficción que veremos la próxima temporada en À Punt.

La Forastera es un producción para Àpunt Mèdia de Albena Produccions en colaboración con Nakamura Films, firma  integrada por Jordi Llorca y el propio Bernácer, autor de varios cortos y documentales como  El hombre que embotelló el sol en torno a la figura de Pedro Zaragozá, el legendario alcalde de Benidorm. También es el realizador de Cuineres i cuiners, una serie gastronómica en la que el chef Ricard Camarena recorre las mejores cocinas de la Comunidad Valenciana.

La forastera, de Óscar Bernácer. Fotografía de Laura Amado.

La forastera, de Óscar Bernácer. Fotografía de Laura Amado.

“La Forastera cuenta la historia de Lola, la actriz María Maroto, que regresa a Valencia tras una larga estancia en Barcelona en compañía de su pareja, un catalán de pura cepa interpretado por Ángel Figol y descubre que su madre se ha ido a vivir a un pueblo, Serrabella”, dice Bernácer. “Allí conoce a José, interpretado por Jordi Ballester, con el que surge una relación de amor-odio. Su llegada desencadena una serie de situaciones y conflictos a través de los cuales el argumento plantea los contrastes entre los urbanitas y el ambiente rural, y también una mirada crítica sobre la identidad de los valencianos desde la ironía y el humor”.

María Mínguez, Patricia Pardo y Rafa Ferrero participan como guionistas junto a Bernácer en esta comedia de peripecias entre romántica y de tópicos inspirada en un hecho histórico que los productores prefieren mantener en secreto. A lo largo de cinco semanas se rodaron ocho capítulos de entre 45 y 50 minutos de duración. Los campos de cerezas de Gátova fueron otro de los escenarios elegidos. Intervienen en el reparto: Victoria Salvador, Enric Benavent, Jordi Ballester, Àngel Figols, María Juan, Silvia Valero, Raquel Piera, Juansa Lloret, Álvaro Báguena, Talia Bohoyo, Manuel Climent, Sergi Giménez, Teresa Soria, Neus Agullò, César Tormo, Juli Disla, Pep Sellés, Amparo Bàguena, Juli Cantó, María Zamora, Jordi Aguilar.  Los más jóvenes debutan como profesionales en esta serie.

La forastera, de Óscar Bernácer. Imagen cortesía del autor.

La forastera, de Óscar Bernácer. Imagen cortesía del autor.

Lola, la protagonista es una joven y ambiciosa empresaria con un osado proyecto en mente. Un desafortunado incidente la deja en el paro y acaba en un pequeño pueblo del interior sin cobertura ni gimnasios, donde es recibida con cierta suspicacia. Es la forastera. Aunque al principio le cuesta adaptarse al ambiente acaba descubriendo los encantos de la vida rural y sobre todo el verdadero amor representado por un joven agricultor con el que acabará encontrando una segunda oportunidad.

“Nuestro objetivo es conseguir un producto que guste a todos los públicos y sirva para normalizar algunos temas que se han convertido casi en tabú”, comenta Bernácer. “Aunque el ambiente es rural, la serie no tiene nada que ver con L’Alqueria Blanca. La acción se desarrolla en plena actualidad con referencias a la cuestión del Procés y el independentismo catalán”.

Sobre el efecto revitalizador que À Punt puede tener sobre el audiovisual valenciano, Bernácer se muestra cauto: “Todo el mundo está remando a favor pero hay que mejorar el proceso de producción. Hay que luchar para que se estabilicen las cosas”, concluye el cineasta, que ya tiene en proyecto su primer largometraje.

Óscar Bernàcer (1978) es guionista, director y productor. Es coguionista  del largometraje Reset y el documental Las dos orillas. Dirigió los cortometrajes Las zapatillas de Laura y Desayuno con diadema ,que cuenta el despertar de dos cincuentones tras una noche loca, que suman más de cincuenta premios y menciones entre las que destacan la candidatura al Goya y la nominación al Meliés d’Or. Como guionista también ha trabajado en la serie  Bon dia, bonica. Su penúltimo trabajo  de ficción, Bikini abre las puertas a Benidorm y el hombre que embotelló el sol, documental acerca del boom turístico en España a través de la figura de su polémico alcalde Pedro Zaragoza.

Óscar Bernácer, en el centro, director de La forastera. Imagen cortesía del autor.

Óscar Bernácer, en el centro, director de La forastera. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco

‘Distintos’, camino a los Óscar

‘Distintos’, de Josevi García Herrero
Entrevista con el director del cortometraje

El verano de 2018 es un tiempo de buena cosecha para el guionista y cineasta valenciano Josevi García Herrero por la buena acogida que ha tenido su último proyecto, el cortometraje ‘Distintos’, que lleva más de cincuenta selecciones en festivales de cine de todo el mundo. Ha recibido catorce premios, además de conseguir la preselección a los Goya 2019 y la selección en el Festival Indy Shorts de EEUU, calificador de los Óscar de la Academia de Hollywood, que podría ser la antesala para lograr esa meta el año próximo.

‘Distintos’ es una iniciativa de Fundación Asindown, que eligió a un director sensibilizado con temas de trasfondo social, como acreditan sus anteriores cortos, ‘¡Se vende varita mágica!’ y ‘Contando estrellas’. Lo que hace a este filme especial es haber sido protagonizado por dos chicos con síndrome de Down, Pablo Molina y Salva Albert –sin experiencia actoral previa– y la participación altruista de Alejandro Sanz. La historia cuenta el viaje de los chicos para asistir a un concierto de su ídolo musical. En el reparto: Carlos Olalla, Ventura Rodríguez, Llum Barrera, Sandra Cervera, María De Paco y Guillermo Montesinos. La banda sonora es del compositor valenciano Josué Vergara.

Distintos. MAKMA

“Esta experiencia ha sido un auténtico y enriquecedor aprendizaje para mí”, dice García Herrero. “He tenido la oportunidad de conocer de cerca y en profundidad cómo es la vida con síndrome de Down. Tuve que investigar y explorar para escribir el guión y poder hablar de ello, y entendí mejor las dificultades que podían llegar a tener los chicos, así como sus virtudes y capacidades. Tanto Pablo como Salva me han demostrado que querer es poder, que con sus ganas y su esfuerzo podíamos llegar adonde nos propusiéramos”.

Entre las numerosas anécdotas del rodaje que tuvo lugar en Valencia y Madrid, recuerda el divertido y entrañable encuentro de los chicos con Alejandro Sanz –la primera escena que se rodó– y hasta los doce donuts que tuvo que comer Salva, pues su personaje comía uno en una secuencia, y con las repeticiones de planos y tomas se convirtieron en una docena. También memorable la escena de la lluvia, “era el último día, había nervios, tristeza porque todo llegaba al final y eso de mojarse completamente no resulta muy agradable en octubre”.

 

Desde su estreno en la Seminci (Valladolid) el pasado octubre, ‘Distintos’ ha emprendido un camino de éxitos. “Lo más difícil es acertar con el tono de la historia, y creo que he dado en el clavo. Es una historia fresca, desenfadada, nada condescendiente, lejos de un tono dramático y empalagoso que hubiera hundido esta película. También he acertado en el modo de contarla, el humor es la otra clave. Decir las cosas sin miedo, con libertad, con verdad y con corazón; y que los protagonistas fueran conscientes de su realidad y los primeros que se identificaran, y que eso no fuera un freno para contarlo y mostrarlo. Tenía que ser un discurso valiente que se alejara del todos somos iguales para decir todos somos distintos. Es la única forma real de conseguir que esta sociedad compuesta de personas distintas, reconociéndonos todos distintos, nos ofrezca el modo de encontrar y entender la igualdad”.

Fiel a su vocación solidaria y social, el cineasta hace un llamamiento a los directores, guionistas y creadores en general: “Tenemos la suerte de poder contar historias para que muchas personas disfruten y se entretengan y, además, podemos y debemos pensar que  también pueden ayudar a muchas otras personas invisibles por algún motivo. Hagámoslo. Incluyamos en nuestros guiones esas historias necesarias”.

García Herrero no se duerme en los laureles. Tiene entre manos tres proyectos de series de ficción, mientras revisa el guión de su primer largo. Al mismo tiempo, prepara una campaña de sensibilización con la Asociación Esperanza y Sonrisa, que apoya  la investigación del cáncer infantil, y dirige el Ficticia, el festival de ficción online de Aranjuez.

Distintos. MAKMA

Bel Carrasco

 

Arquitectura caduca, naturaleza perenne

‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño
Librería Railowsky
Gravador Esteve 34, València
Hasta el 9 de septiembre de 2018

Los artificios creados por la mano del hombre están condenados a sucumbir al deterioro si son abandonados a su suerte. La naturaleza circundante, sin embargo, se regenera a sí misma y permanece incólume, aunque sufra cambios al ritmo de las estaciones y alguna baja. Lo caduco y lo perenne son las manecillas de un reloj metafórico que marca la evolución del paisaje y de quienes lo contemplan con mirada calma y profunda.

Imagen de la arquitectura deshabitada perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen de la arquitectura deshabitada perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Es el mensaje que transmite ‘Huellas/Traces”, la sugerente exposición de la fotógrafa Pilar Pequeño, compuesta por 27 piezas en blanco y negro y color, que se puede ver en la librería Railowsy hasta el 9 de septiembre de 2018. Se trata de un trabajo realizado por Pequeño en dos etapas distintas –la primera entre los años 2000 y 2005, y la segunda entre 2012 y 2016–, en torno a un par de edificios de un significado muy especial para ella –uno situado en la desembocadura del río Miño y otro en el Mar Menor–.

Un trabajo sobre la acción del hombre en el paisaje, el paso del tiempo, la memoria y la recuperación de la naturaleza de los lugares abandonados. Situados ambos a la orilla de dos mares –-el Atlántico y el Mediterráneo–, representan dos tipos muy diferentes de arquitectura y de clima que reflejan cómo el entorno geográfico condiciona el carácter de las ruinas. La imagen de la palmera enmarcada en el pórtico –correspondiente a la serie sobre el Mar Menor–, primero viva y años después decapitada, es paradigmática de ese tratamiento de la mutación temporal: Tempus fugit.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

“Las ruinas me fascinan”, afirma Pequeño, que disfruta de sus vacaciones familiares en Altea (Alicante). “Empecé a fotografiarlas en 1975, en concreto las del Balneario de Mondariz. A estas les dediqué un estudio más profundo a lo largo de varios años, con un intervalo de tiempo”.

El edificio del Bajo Miño, en Pontevedra, está situado cerca del lugar donde pasó su infancia, en la frontera con Portugal. “A finales del siglo XIX fue construido por los Jesuitas para albergar un selecto centro de enseñanza donde iban a estudiar los hijos de la burguesía de la época. Una cuna del saber, germen de las universidades de Deusto y Comillas. Allí estudió mi padre. Luego se le dio otros usos y hoy se encuentra en estado ruinoso”.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Mar Menor, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

El otro espacio que cautivó a la fotógrafa, en el extremo  opuesto de la península, tiene también su historia. Era la vivienda de Ramón Franco, el héroe del Plus Ultra y hermano del dictador, que fue  durante una época jefe de la base militar de Murcia. “Lo descubrí por casualidad cuando fui al Mar Menor con mi marido, que es muy aficionado a los deportes náuticos”, recuerda Pequeño. “Entonces se podía acceder libremente a él y me gustaba ir allí a pasear y a leer, a observar con calma los cambios de la luz a lo largo de las horas”.

Pequeño utilizó imágenes en blanco y negro hasta que, entre 2009 y 2016, fue adoptando el color, yendo más allá del cromatismo tradicional. Invernaderos, paisajes y plantas son motivo ineludible de su objetivo y, con ellas, el agua, la luz, la vida y la muerte. “Me gusta controlar todo el proceso de elaboración de la fotografía y antes eso era imposible trabajando con color”, comenta. “Con las cámaras digitales ya es posible y por eso me pasé al color”. En ‘Huellas/Traces’ está muy presente esa dualidad, blanco y negro versus color, que enfatiza la sensación del paso del tiempo, al resaltar su efecto transformador tanto sobre la piedra como en el paisaje.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

“La diferencia entre la ruina y el escombro es la memoria”, escribe Rosa Olivares en el libro catálogo editado con motivo de la exposición. “La vida que albergó ayer lo que hoy es piedra; estas paredes que ya no protegen a nadie ni a nada fueron colegio, casa, universidad, campo de concentración, albergaron no solo a personas, a niños, a hombres, sino a sus sueños y a sus miedos (…) Pilar Pequeño realiza un trabajo casi de estudio arqueológico volviendo a los mismos lugares abandonados, que no parecen interesar a nadie, repletos de historias de otros tiempos”.

Por su parte, María Teresa Gutiérrez Barranco señala: “Huellas es un relato visual sobre la poética del paso del tiempo. En él confluyen avatares de dos recorridos. Dos escenarios que se funden en una única narración personal (…), un profundo y conmovedor diálogo con dos edificios que van muriendo lentamente. Transformación del fin en un nuevo comienzo”.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición 'Huellas/Traces', de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Imagen perteneciente a la serie realizada en el Bajo Miño, incluida en la exposición ‘Huellas/Traces’, de Pilar Pequeño. Fotografía cortesía de la artista.

Bel Carrasco

 

 

 

 

 

 

 

 

Las otras reinas de África

‘Malkia Afrika’, de Miguel Márquez
Entrevista con el fotógrafo con motivo de su reciente publicación

Gambia y Namibia, dos países de África Occidental. Los mandingas y los himbas, un par de etnias africanas con distinta cultura y religión: el islam y el animismo. El fotógrafo valenciano Miguel Márquez reúne en su libro, ‘Malkia Afrika’ una galería de potentes imágenes de la vida cotidiana de estos pueblos. Su trabajo, sus rituales y celebraciones. Belleza, dolor, magia y bailes. Lo que hay más allá de la tragedia diaria de las pateras.

Consumado viajero por países del Tercer Mundo, Márquez, junto a Lorna Arroyo, publicó hace años ‘Missions and World Civilizations’, un libro de fotografías de algunas de las misiones cristianas que funcionan en la India, Tailandia, Haití y Malí. Fascinado por África, regresó allí en solitario para captar su faceta más insólita y desconocida, en concreto el Kankurang, un rito de iniciación de los niños bundigas, de tránsito de la niñez a la vida adulta que coincide con el fin del Ramadán, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, en 2008.

Convivió también con los wölof y fulas tras ser aceptado por el jefe de la etnia mandinga y fue acreditado para documentar una parte de la intimidad sagrada de su pueblo. En un segundo viaje se sumergió en la cultura himba de Namibia, un pueblo seminómada que vive del pastoreo en el que, a diferencia de la sociedad bundiga, la mujer recibe un trato más igualitario.

Una de las imágenes que forman parte de ‘Malkia Africa’, de Miguel Márquez. Fotografía cortesía del autor.

Una de las imágenes que forman parte de ‘Malkia Africa’, de Miguel Márquez. Fotografía cortesía del autor.

“’Malkia Afrika’, que significa en swahili Reina África, reivindica el status que merece este maravilloso continente”, dice Márquez. “La interpretación dual a nivel social estructural va proyectada al símbolo femenino en África. Desde la relevancia  de la mujer mandinga, hasta la jerarquía destacada en la estructura social matrilineal de la etnia himba”.

La ceremonia del Kankurang posee una inquietante belleza plástica centrada en la figura de los hechiceros o chamanes revestidos de ramas y cortezas de árboles, y armados de machetes que persiguen a los niños y entablan una simbólica lucha con ellos. Pero esta fiesta tiene también un lado oscuro, la ablación que sufren las niñas púberes al término de esta. Los niños son circuncidados, pero, a diferencia de la ablación genital, esta práctica no afecta a su salud ni a su vida sexual.

“Con todo el respeto, pongo en tela de juicio el propósito de este culto solemne, pues la transmisión de los valores, las reglas de conducta, la ley y la justicia o igualdad que en teoría representa, según me instruyó uno de los mandingas mas influyentes, pierde efecto con la bárbara mutilación que padecen esas criaturas”, comenta Márquez.

La segunda parte del libro se centra en los himba, que ocupan la región de Kunene, al norte de Namibia y sur de Angola, una escisión de los hereros. “La mujeres himba disfrutan de mayor relevancia social y autonomía que las mandingas sometidas a los reglas del islam”, señala Márquez. “Aunque a veces las casan de niñas, luego pueden elegir a su pareja por amor y las relaciones sexuales son abiertas. Cuando los hombres se marchan de pastoreo a otras zonas tienen allí otras mujeres, al igual que sus esposas pueden cohabitar con quienes visitan el poblado”.

Una de las imágenes que forman parte de ‘Malkia Africa’, de Miguel Márquez. Fotografía cortesía del autor.

Una de las imágenes que forman parte de ‘Malkia Africa’, de Miguel Márquez. Fotografía cortesía del autor.

Las himba solo se lavan con agua una vez en la vida, antes de casarse. Su escasez les ha hecho desarrollar un método de higiene  muy peculiar. Usan plantas aromáticas para sahumarse las partes íntimas y se cubren la piel con una untura hecha con manteca procedente de leche de vaca y tierra rojiza de arcilla. Así se protegen de los insectos y del sol. También la usan, a veces mezclada con ceniza, para elaborar sus sofisticados peinados.

“Después de haber recorrido Malí, Gambia, Tanzania y Namibia, es mi obligación captar con mi cámara los entresijos que alberga este continente, las curiosidades, las adversidades y la controversia sobre lo que es política, social y éticamente correcto, y también, por supuesto, documentar sus maravillas”, apunta Márquez. “Cuando se ha viajado mucho por África se entienden muchas cosas que los europeos ignoramos. El poder extraordinario de ese continente a nivel de pueblo y comunitario. Darse cuenta de lo sencillo que es vivir despojado de lujos y, al mismo tiempo, tenerlo todo. Reivindicar los derechos humanos en defensa de la integridad de la mujer africana, esta es la visión global y experiencia personal, traducida en el contenido de ‘Malkia Afrika’”, concluye Márquez.

La extraordinaria colección de fotografías incluye un prólogo de la antropóloga Mercedes Montero y una presentación de la profesora de Historia del Arte María Gómez, textos que acreditan el valor antropológico y artístico del libro. Se puede encontrar en las librerías Railowsky, Soriano y Patagonia.

Una de las imágenes que forman parte de ‘Malkia Afrika’, de Miguel Márquez. Fotografía cortesía del autor.

Una de las imágenes que forman parte de ‘Malkia Afrika’, de Miguel Márquez. Fotografía cortesía del autor.

Bel Carrasco

 

“Trato el desfase entre lo masculino y lo femenino”

‘Ninguna mujer ha pisado la luna’, de Kike Parra (Relee. Red Libre Ediciones, 2018)
Entrevista con el escritor con motivo de su cuarta publicación

Hay narradores que necesitan muchas páginas para desarrollar su idea. A otros, en cambio, les basta con unas líneas. Entre la novela caudalosa y el microrrelato (aunque también lo practica) se encuentra Kike Parra (Alzira, 1971), que acaba de publicar ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’ (Relee. Red Libre Ediciones, 2018), su cuarto libro de cuentos, con prólogo de Jon Bilbao.

Ocho relatos de temas muy diversos inspirados en noticias publicadas en 2014 y 2015, que formaban parte de un proyecto literario realizado por el autor valenciano en el taller de escritura de Isabel Cañelles. “Esas noticias tan solo sirvieron de arranque, pues ningún cuento es una crónica de lo sucedido”, matiza Parra. “Quería alejarme de este género, pues prefiero inventar, trabajar las historias desde la imaginación, puesto que lo que me interesa es el tema que se esconde detrás de lo sucedido o, al menos, el tema que más me atrae o incomoda”.

¿Cómo surgen sus peculiares títulos?

Cuando me pongo a escribir un cuento opto por la primera palabra que se me ocurre; está ahí, en el borrador del cuento, por simple referencia. Es en la etapa última de corrección y revisión cuando le asigno el definitivo. Casi siempre suele ser por una especie de combustión espontánea. En el caso del libro, fue mi editora, Isa Cañelles, quien dio con él.

¿De qué habla en ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’?

Fue también Isa quien detectó en estos cuentos una preocupación mía que ya estaba presente en mi anterior libro, ‘Me pillas en mal momento’, y que tiene que ver con el desequilibrio entre lo masculino y lo femenino. Los personajes masculinos de mis historias necesitan, para encauzar o solucionar sus problemas, que esa parte femenina esté presente, tanto lo femenino que puede haber en el hombre, como lo propio que aportan las mujeres de los relatos. El hombre —ya hablo de la vida— tiene el poder en casi todos los aspectos y, sin embargo, el mundo, la sociedad, sigue siendo injusta e imperfecta. Pienso que hasta que no se dé ese equilibrio entre mujeres y hombres, seguirá existiendo esa imperfección.

Kike Parra. Makma

Un crucero por el Mediterráneo, la caída del Muro, Las Vegas, Nueva York… Se diría que el cosmopolitismo y el afán viajero es otro común denominador.

No he pisado ni Berlín, ni Las Vegas, ni Nueva York, ni Islandia, ni siquiera he hecho un crucero por ningún mar. Me pasa como a las mujeres, que no han pisado la luna. Como el punto de partida de los relatos fueron noticias periodísticas, mantuve la ambientación originaria. Creo que, actualmente, hay mucho cosmopolitismo de salón. Nuestra cabeza puede serlo e ir donde quiera, pero no por eso tiene que concordar con nuestro yo viajero.

¿Cree que hay escritores más propicios a los cuentos que a las novelas? ¿Tiene alguna empezada?

Si pienso en mi caso, así es. La inmensa mayoría de historias que se me han ocurrido tienen a un personaje haciendo o diciendo algo. Es una acción tan concreta, un instante tan perfectamente condensado, que no me hace falta explayarme mucho para intentar darle un sentido. Además, soy compulsivo y, a la hora de escribir, impaciente. Aunque, al final, la disciplina me ha ayudado a controlar más o menos mis imperfecciones. En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta es sí, estoy escribiendo una historia que tiene cuerpo de novela.

Ha participado en varios talleres literarios y también los imparte. ¿Qué es lo que se puede y no se puede enseñar en ellos?

Se puede enseñar todo, pero no todos los que se inscriban a un taller van a llegar al mismo punto. Mi idea es que en un taller literario se incida sobre tres pilares fundamentales: el trabajo, la técnica y el talento. Al alumno se le puede dar pautas para que planifique mejor el tiempo que dedica a escribir. Se le puede hablar, por ejemplo, de cómo mejorar la verosimilitud en una historia; y se le dice que la inspiración y el talento no sirven, aisladamente, para hallar el texto que buscan. Trabajar estos tres aspectos le ayuda a mejorar lo que escriba.

¿Por qué el cuento es un género minoritario en España?

Tiene que ver con dos razones: la primera es que no hay tantos lectores de relatos como de novela. La segunda viene dada por la propia iniciativa editorial, que apuesta, mayoritariamente, por novelas. En ningún caso pienso que sea porque no haya colecciones de relatos con una gran calidad. Podría hacerte en un par de minutos una lista extensa de escritoras y escritores españoles que tienen libros de cuentos que son una maravilla. Pero esto es porque llevo toda mi vida leyendo libros de cuentos al mismo ritmo que de novelas.

Me he planteado la pregunta que me hace a lo largo de mi vida y suelo responderme con otras preguntas: ¿Por qué en Latinoamérica el cuento está tan bien considerado? ¿Por qué en Estados Unidos los relatos tienen tantos lectores? Sé que es una anécdota dentro de todo el contexto, pero el último premiado en uno de los más prestigiosos concursos literarios, el Concurso Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, es español y ha sido publicado por una editorial española.

Imagen del autor alcireño Kike Parra. Fotografía cortesía del escritor.

Imagen del autor alcireño Kike Parra. Fotografía cortesía del escritor.

Bel Carrasco

 

¿Dentro o fuera de las redes?

#Seguidores
Iván Fernández de Córdoba

A pesar de su juventud, 28 años, o quizá debido a ella, el cineasta valenciano se ha atrevido a entrar a saco en uno de los temas sociales de más candente actualidad. ¿Vivir a tope dentro de las redes sociales o mantenerse ajenos, de espaldas a ellas? Lo hace en su último filme, #Seguidores, a través de dos parejas que encarnan las actitudes más extremas en el arco social que tras un encuentro casual se ven obligadas a enfrentar sus divergencias y antagónica visión del asunto. Sara y Erik, influencers pendientes de la pantalla y del último hashtag, y Julia y Pep, un matrimonio de bohemios instalados en un bosque de modo autosuficiente.

“No estoy enganchado a las redes sociales pero las uso con regularidad”, dice Fernández de Córdoba. “Creo que un uso responsable puede ser ventajoso. En mi caso, por mi oficio, parece casi una obligación estar, ser visible, mantenerte activo, y más cuando no estás del todo posicionado. Al mismo tiempo y por distintos motivos, desde que era pequeño he tenido contacto con la naturaleza. Entiendo ambas formas de vida y eso ha hecho que pueda comunicar la trama desde dentro, que es como creo que se deben contar la mayoría de las historias. En todo caso #Seguidores no intenta posicionarse, sino hacer una reflexión. Esto puede generar rechazo hacia ciertos personajes, pero siempre dependiendo del punto de vista. Una de las cosas interesantes que tiene la película es que se percibe totalmente distinta dependiendo de qué generación seas”.

Iván Fernández de Córdoba. Imagen cortesía del autor

Iván Fernández de Córdoba. Foto: Noelia Martínez.

Sara Sálamo, Jaime Olías, Rodrigo Poisón, María Almudéver, Norma Ruiz y Aroa Ortigosa integran el reparto, “que se ha dejado la piel para que un proyecto como este llegue a buen puerto”, dice Fernández de Córdoba. “Es una producción independiente, y ello ha conllevado sacrificios, tanto por su parte como por la de todo el equipo técnico. Hay secuencias duras, de conflicto físico entre los personajes, a las que nos enfrentamos con menos tiempo del que nos hubiera gustado. Esa era la tónica general, rodar cine a ritmo de TV y conseguir un buen resultado”.

La película se rodó en Navarra porque el director “buscaba un lugar natural, de apariencia virgen y con una atmósfera opresiva. Vimos muchos sitios por el interior de Castellón, pero cuando llegamos a los embalses de Leurtza y a sus hayedos, sentimos todas esas características que queríamos para la película”.

“Desde el principio quería que la película tuviera un título en español, al menos aquí, pero también se utilizan muchos anglicismos a lo largo del filme. Todas estas decisiones van conectadas con el contraste de ideologías que cuenta la historia”.

En su trabajo como director lo que Fernández de Córdoba más disfruta es  “imaginar cómo voy a plantear una secuencia, el previo. También me lo paso bien creando en el set, construyendo algo nuevo cuando lo que tenías pensado no funciona. En general, me siento seguro y a gusto improvisando la puesta en escena”.

Fotograma de Seguidores

Fotograma de Seguidores, con María Almudéver, Aroa Ortigosa y Rodrigo Poisón. 

La faceta más ingrata de su trabajo es buscar financiación . Su primera película fue posible gracias al crowdfunding y ésta a Fernando Ramia de la productora Nautilus. “Siempre que haces un nuevo proyecto, si es mejor que el anterior, tienes más posibilidades a encontrar nuevos colaboradores. Espero que este sea el caso, y sinceramente creo que lo es. De todas formas, mi intención es seguir haciendo cine, con más o menos presupuesto, e ir mejorando con cada película”.

#Seguidores es el primer filme valenciano que participó en la Sección Oficial del Festival Cinema Jove 2018 en la última década. “Para mi es un honor, es mi ciudad. Encuentro positivo que se valore tu trabajo en tu tierra antes que fuera, y no al revés, que es lo que pasa en muchas ocasiones como yo mismo he podido comprobar. Esto le da más carácter al lugar en el que vives. También tengo que decir que la dirección y organización del festival está consiguiendo volver a sus orígenes, convocar a gente joven que hace películas”, concluye el joven director.

Su fulgurante carrera es muy prometedora. Su primera película, Cruzando el sentido de 2015, historia de un skater que atraviesa España desde Valencia a Galicia y su cortometraje, Un lugar, estrenado el año siguiente han merecido  alrededor de 35 premios, un centenar de selecciones en muestras nacionales e internacionales y más de 10 candidaturas a los premios Goya, entre las que destacan categorías como mejor película, mejor director novel o mejor guion original.  Es autor de tres cortos, un mediometraje y dos largos de ficción, además de un par de  videoclips y dos documentales. También ha hecho bastante publicidad y una serie que se emite en la actualidad.

Cartel de Seguidores, de Iván Fernández de Córdoba.

Cartel de Seguidores, de Iván Fernández de Córdoba.

Bel Carrasco

“El acoso escolar es ahora más sofisticado y humillante”

Tigres de cristal, de Toni Hill
Editorial Grijalbo
Mayo de 2018

El bullying es la médula espinal de la última novela de Toni Hill, Tigres de cristal, título que hace referencia a la fragilidad de cierta fiereza. Pero Hill va mucho más allá para hacer un fiel retrato de los habitantes de un barrio obrero en las postrimerías del franquismo, los setenta, el cinturón rojo de Barcelona, donde transcurren los avatares de tres familias marcadas por un trágico suceso. Dos niños que sufren abuso y un tercero que los vigila se ven involucrados en un trágico incidente, y casi 40 años después el destino los reúne de nuevo. La novela habla de la familia, de la amistad y del amor pero sobre todo de la necesidad de responsabilizarnos de nuestros actos y de cómo éstos determinan el futuro. El relato avanza a un ritmo sostenido y firme y, al final da un doble giro que deja al lector sin aliento. También el autor da un giro con esta obra pasando de la novela negra y gótica a la psicológica sin por ello renunciar a la intriga. “Tigres de cristal se ciñe menos a un género concreto, es más híbrida, pero creo que mis novelas negras tampoco fueron nunca exactamente canónicas”, dice Hill.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

En este libro se habla de muchas cosas entre ellas de la buena y mala suerte. ¿Somos juguetes del destino?

Un poco sí, aunque también creo que el destino puede alterarse si uno posee la fuerza necesaria para ello. El problema es que a un personaje como Juanpe, la vida lo ha golpeado demasiado pronto y demasiado fuerte, y él está casi convencido de que a lo único que puede aspirar es a sobrevivir.

¿Influye más la familia que el medio social en el desarrollo de la personalidad?

Somos fruto de todo ello sin olvidar los rasgos genéticos de personalidad. La familia es nuestro primer referente y si este falla en su labor de educarnos, querernos y protegernos sin duda tendremos que hacer un esfuerzo mayor para llevar una vida mentalmente sana. El entorno condiciona también nuestra educación y las oportunidades, incluso ahora, cuando vivimos tiempos más igualitarios que en el siglo pasado. Pero somos seres únicos, y por ello encontramos gente que ha salido adelante en condiciones que a priori eran muy adversas y gente que se hunde pese a haber tenido un entorno acomodado y una familia ‘normal’.

¿Le preocupa especialmente el bullying? ¿Cómo ha cambiado en las últimas décadas?

En la novela hay dos casos, uno que se cuenta a posteriori, el de los años setenta, y otro que se vive en directo. Me preocupa porque hasta hace poco era algo que se vivía en la infancia o adolescencia y a lo que nadie hacía demasiado caso. El ‘cosas de críos’ eran expresiones habituales, como si fuera la víctima del bullying la que tenía que cambiar de aspecto, de maneras, de lo que sea, en lugar de corregir a los agresores. La evolución del acoso escolar es muy evidente: de un acoso cara a cara, físico y de contacto hemos pasado al virtual, que no tiene por qué renunciar a lo anterior, y que amplifica la amenaza y aumenta la difusión. Es más sofisticado y más humillante porque consigue congregar a más público, y el afectado o afectada se siente más indefenso, a pesar de que las políticas han cambiado y ahora se ve como un problema real. En cualquier caso, los efectos a largo plazo son bastante graves: desconfianza, dificultad de relacionarse, soledad, depresión…

Portada de 'Tigres de cristal', de Toni Hill. Editorial Grijalbo.

Portada de ‘Tigres de cristal’, de Toni Hill. Editorial Grijalbo.

El narrador muestra un gran amor hacia los personajes. ¿Se debe a que usted conociera el escenario que describe?

Supongo que si abordas un tema en serio y creas unos personajes que son de carne y hueso acabas tomándoles cariño. Yo intento siempre empatizar con todos ellos, incluso con los más negativos: ponerme en su lugar y comprender, que no justificar por qué hacen lo que hacen. No me gusta juzgar a los personajes ni las novelas que intentan enviar un mensaje que esté exento de dudas. Es el lector quien debe sacar conclusiones, no el autor imponer sus tesis. El escenario era muy importante, pero no necesariamente me inspiraba amor hacia los personajes o los hechos, quizá sí cierta nostalgia y el deseo de contar una vida de barrio que ya no existe tal y como la vivimos en los setenta.

¿Para trazar el retrato de los adolescentes se ha basado en sus recuerdos o en los chicos de hoy?

Ambos. Es evidente lo mucho que han cambiado los adolescentes, sobre todo en su relación con sus padres, pero hay algunos elementos que se mantienen porque forman parte de esa edad: la inseguridad, la necesidad de ser aceptado, arrebatos que pasan del desafío a las reglas a la búsqueda de consejo y protección. En eso no son tan distintos a los adolescentes del siglo pasado.

¿La intriga es esencial para enganchar al lector?

Ayuda mucho, aunque el lector puede engancharse también a una manera de contar, a un estilo, a una historia… Pero toda novela debe proponer un conflicto, y la resolución de ese conflicto genera necesariamente una cierta cantidad de intriga. En Tigres de cristal el misterio no pivota tanto en ‘quién lo hizo’ sino en los detalles que rodearon al crimen, cuyos autores conocemos desde casi el inicio de la novela. Nos interesa eso y también lo que harán luego, treinta y siete años después, cuando sus destinos vuelven a cruzarse. En realidad, mi objetivo era que nos interesaran ellos, los personajes, sus actos y sus decisiones, buenas o malas, y a los hechos que provocan en las vidas ajenas.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

Toni Hill. Imagen cortesía del autor.

Bel Carrasco