Abel Azcona: «El verdadero insulto sería hijo de putero”

‘Los pequeños brotes’, de Abel Azcona
Editorial Dos Bigotes, 2020
La Primera Libros
Guillem de Castro 106, València
20 de febrero de 2020

Invitado por el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos Humans Fest Valencia, en el que presentó el documental ‘Serás hombre’ de Isabel de Ocampo del que es uno de los protagonistas en una lucha incansable contra la prostitución, Abel Azcona presentó su libro Los pequeños brotes, en La Primera Libros. Se trata de una obra directa, agria, que se pierde entre los sentimientos y el propio pasado sin aparente orden, como si el libro fuera reflejo de su mente.

Entre sus páginas vemos una infancia muy dura, una falta de entorno familiar, una búsqueda permanente por entender mejor la situación de su madre y continuos abandonos que le han pasado factura; se entreven momentos sumergidos en droga y alcohol, amores queridos y perdidos, un constante renacer desde sus cenizas, un espíritu lleno de ideas claras y tajantes, un deseo por cambiar la sociedad y el sistema que nos envuelve y apresa. El autor nos relata historias personales sin la emoción del momento, vistas desde una perspectiva más objetiva. Es un libro que puedes llegar a devorar en unas cuantas horas, pero que puede causar indigestión a personas sensibles.

Portada del libro ‘Los pequeños brotes’, de Abel Azcona.

Incómodo por los halagos, remarcando que se desenvuelve mejor en un ambiente hostil, Abel Azcona nos devuelve la mirada mientras se desnuda (esta vez, figuradamente) ante nosotros en un pequeño y acogedor espacio, pudiendo comprobar como su vida y obra se entrelazan hasta no saber diferenciar la una de la otra.

“No busco la belleza, busco la identidad”

En la entrevista nos habla de sus primeros pasos en el mundo creativo, de sus inicios egoístas, preocupándose por su identidad, por entender su entorno y, así mismo, hasta que se consideró un objeto político, dándose cuenta de que era capaz de crear un arte útil, social y crítico, que, además, no guardaba vinculación con el mercado, pues es él quien tiene un control absoluto sobre su obra. Nunca ha sentido frustración por no ser entendido, sabe que su obra impacta en la sociedad; siempre consigue interactuar con las personas que se paran a observar, consiguiendo una reacción que termina formando parte de un todo.

Fotografía de la performance ‘Memoria’, de Abel Azcona. Fotografía cortesía del autor.

“El binarismo o Dios no son conceptos a deconstruir, son conceptos a destruir”

Este artista no sueña con utopías, sabe que la prostitución no va a quedar en el olvido, al igual que la religión continuará existiendo a lo largo de los siglos, y el machismo se mantendrá en nuestra sociedad años hasta ser finalmente erradicado. Pero para él cada grano de arena cuenta y asegura querer luchar por lo que piensa que podría ser un mundo mejor.

Esta determinación, en ocasiones, le ha causado algún que otro problema, pudiendo hablar de la conocida performance de ‘Amén’, obra que inició de forma casual, al verse forzado a comulgar, terminando en 242 eucaristías, con sus respectivas hostias consagradas, que formaron la palabra “pederastia”.

“… Siempre que ella volvía, un nuevo pájaro blanco estaba esperando en el armario en el que ella guardaba su ropa”

Por último, hablamos del cuerpo, del placer y del significado de amar. Es una palabra compleja que Abel la termina explicando como un trastorno de apego aceptado por la humanidad. Dice haber amado y haberse sentido amado, como también abandonado. Sus relaciones siempre han sido complejas por un pasado lleno de abusos y maltrato, que ya desde pequeño le causaron terrores nocturnos y camas húmedas. Su cuerpo ha acabado siendo arte, participando en sus propias performances como en empatía y prostitución”, siendo una forma más de empatizar con su madre, pues mi madre, mi obra y yo somos algo indisoluble”.

Fotografía de Abel Azcona simulando estar en el vientre materno.

Ana Yturralde: la vida en un rectángulo

“Como si fuera un juego, cogí ese rectángulo y vi la vida a través de él, después empecé a interesarme por la fotografía”. Estos son los primeros pasos de Ana Yturralde, fotógrafa reconocida nacional e internacionalmente, con exposiciones, libros, proyectos y premios a su espalda, que nos muestran muchas de sus motivaciones y su manera de ver el mundo. Desde pequeña ha estado ligada al arte por su padre, pero su primer camino fue la abogacía, dedicándose más tarde a su mayor hobby, sintiendo una debilidad por la cámara analógica, pero teniendo presente la utilidad de la digital.

Viaja con el deseo de aventura, de introducirse en las diferentes culturas y sorprenderse. Con sus fotos intenta tanto informar como remover el interior de las personas, perseguir la verdad como causar una emoción y reacción. Para ella, la fotografía tiene una gran capacidad documental, congela un momento y lo perpetua; el medio y el fotógrafo logran que no se nos escape un “efímero” de nuestras manos, mientras que “el instante decisivo” acuñado por Henry Cartier Bresson y muy presente en Ana Yturralde, consigue crear un momento mágico, donde todos los elementos que componen la imagen logran comunicar lo que está pasando de una forma creativa y organizada; Ana Yturralde es consciente de que la perspectiva que utilice el fotógrafo puede hacer que nosotros recibamos un mensaje u otro, por lo que analiza aquello que ocurre en el paisaje y establece una conexión con los sujetos, evitando así una mirada fría, fotos que podría hacer un turista. Además, casi siempre trabaja en blanco y negro, evitando distracciones.

Fotografía en picado de Ana Yturralde

Todas las obras de Ana Yturralde nos llevan a la fotografía documental humanitaria, pasando la cámara a ser una herramienta de cambio. Fotógrafos tan grandes como Josef Koudelka, Gerda Taro, Dorothea Lange, Kevin Carter… comparten esta concepción; pero las imágenes son peligrosas y, cuando unimos las ganas de cambiar el mundo con las desgracias, tenemos que tener mucho cuidado en cómo representarlas. Un fotógrafo tiene que saber como impactar, asustar, remover… al espectador, tiene que lograr llegar al sentimiento de este, informarle de lo que está pasando y no debería pasar, todo con un gran respeto hacia el retratado o el paisaje.

Fotografía de Ana Yturralde

Sus proyectos intentan ser siempre completos, compuestos por una serie de fotografías que entre ellas tienen un significado. Son muy personales, data a cada fotografía de una narración y elige las que ella considera mejor, tras un proceso de investigación.

A day with an african family, de Ana Yturralde

Si de algo se conoce a Ana Yturralde es de su concienciación con el albinismo. Hace unos años, Ana estaba por ir a Senegal para continuar realizando fotografías que captaban el alma de las personas, para estar con gente que era feliz con lo poco que tenían. Cuando ya estaba preparada para partir, la llamaron para proponerle un nuevo reto: hacer un libro con imágenes que hicieran visible al mundo una enfermedad que muchos no saben exactamente en qué consiste, el albinismo. Esta se caracteriza sobre todo porque quién la padece tiene una visión reducida, pudiendo presentar una evidente falta o ausencia de pigmentación en la piel, en los ojos y en el pelo. A todo esto sumamos el hecho de que, depende de dónde hayas nacido con dicha enfermedad, tendrás menos o más posibilidades de vivir. En el caso de África, las personas con albinismo sufren acoso, persecuciones, secuestros, mutilaciones y asesinatos; muchas de las creencias africanas presuponen que aquellos que tengan partes del cuerpo de un albino tendrán buena fortuna, creándose así un mercado negro de fragmentos humanos. De esta forma, Ana Yturralde se lanzó a esa nueva aventura para comparar el albinismo sufrido en Europa y el sufrido en África. Empezó un proyecto que seguramente le persiga en toda su carrera profesional, entrando desde el primer momento en su corazón, pues a ella también le impresionaron sus propias fotografías y se le instauró en la cabeza la idea de ayudar a partir de su arte. Entre las diferentes imágenes vemos heridas en el cuerpo por el sol, labios en carne viva, arrugas, manchas precancerígenas, deformaciones… Son imágenes duras tratadas con máximo cuidado y elegidas a conciencia. Además, en cada una vemos una historia, una frase, una anécdota del día.

Fotografía hecha para el proyecto de Casa África y la Fundación por los Derechos Humanos

Las fotografías de Ana Yturralde son pura poesía, cada una tiene una mirada, una esencia, una historia que la hace única. Las imágenes que más impresionan son las del albinismo, con esos rostros que parecen más mayores, llenos de heridas y manchas por el sol al no poseer cremas; pero su trabajo llega más allá que los proyectos relacionados con esta enfermedad: conecta diferentes culturas con niños que juegan o pintan, nos enseña las sonrisas más sinceras en un blanco y negro espectacular y consigue captar el esplendor del mundo cuando le deja espacio a los demás colores; retiene las notas de los músicos, los gritos en medio de un concierto, así como las pausas y los silencios. Ana Yturralde vive cada una de las fotografías que realiza, consiguiendo que nosotros también seamos partícipes de ellas.

Fotografía de una cantante por Ana Yturralde

SET ESPAI D’ART y sus actividades

SET ESPAI D’ART
Plaza Miracle del mocadoret
46001 Valencia (Spain)

SET ESPAI D’ART participó en la feria JUSTMAD, que tuvo lugar entre el 27 de febrero y el 1 de marzo, con una propuesta centrada en la sostenibilidad, con los artistas Cristina Almodóvar (Madrid, 1970), Chingsum Jessye Luk (Hong Kong, 1982) y Janek Zamoyski (Varsovia, 1978).

Fotografía frontal de JUSTMAD

En el marco de EX6, 6ª muestra de arte electrónico y experimental, nos encontramos con la exposición «E scap ES» en la Sala de José Luis Sampedro del Centro Cultural Galileo, Madrid. Dentro de ella, hasta el 15 de marzo, está la obra «Les Dessins Automatiques» de Rubén Tortosa, comisariada por Nilo Casares. La instalación guarda relación con los dibujos de André Masson de 1925, y surge por la mirada de la máquina, quien registra y dibuja las siluetas sobre la pared.

Detalle de la instalación de Ruben Tortosa

Por otra parte, Alberto Gil Cásedas participará en la exposición «Escrituras ácratas» que se sitúa en el Centro Párraga, Murcia. Se trata de un proyecto comisariado por Teresa Calbo que gira en torno al lenguaje, los modos de decir y el sentido del discurso. La exposición se inaugurará el 13 de marzo y finalizará el 31 de mayo.

En SET SPAI D’ART, hasta el 28 de marzo, está la exposición «Diálogos en equilibrio» de Leo Matiz y Lukas Umi, comisariada por Rosa Ulpiano. Aquí se establece un diálogo entre dos miradas diferentes en espacio y tiempo, ambas en equilibrio dentro del paradigma indisoluble de una misma realidad: la abstracción.

Fotografía de la exposición «Diálogos en equilibrio»

Por otro lado, Cristina Almodóvar participa en la exposición «Herbarios imaginados. Entre el arte y la ciencia», que tiene cabida hasta el 31 de marzo en el Centro de Arte Complutense, Madrid. La muestra, comisariada por Toya Legido y Luis Castelo, reúne la obra de 25 artistas contemporáneos relacionada con la botánica y establece un diálogo con los fondos de los museos científicos de la Universidad Complutense de Madrid.

En Segovia, en el Palacio Quintanar, hasta el 19 de abril, la exposición «Esto no es un cartel» reúne una selección de 170 carteles y un centenar de esculturas que componen una muestra del desarrollo creativo de Isidro Ferrer a lo largo de veinte años.

En México, concretamente en el Centro Cultural de España, Ana H. del Amo participa en la exposición «La cuestión es ir tirando», comisariada por Ángel Calvo Ulloa. La muestra reúne el trabajo de 27 artistas imprescindibles dentro del panorama actual de arte contemporáneo español y podrá ser visitada hasta el 24 de mayo.

Un recorrido por las diversas tendencias de la pintura actual.

Premio de Pintura “Ciutat d’Algemesí”
XXV Edición
Sala d’Exposicions Municipal
Hasta el 1 de marzo de 2020

Algemesí vuelve a insistir en su compromiso con el arte contemporáneo con la exposición de las obras finalistas y ganadoras de la XXV edición del Premio de Pintura “Ciutat d’Algemesí”, certamen que se ha convertido en una de las citas más importantes de la pintura contemporánea a nivel estatal, y que cuenta con el patrocinio de la Diputación de Valencia.

De las más de doscientas obras presentadas a concurso el jurado ha seleccionado las 21 pinturas de esta exposición y que «son un claro exponente de las derivaciones estéticas y técnicas de la pintura actual», afirma Álex Villar, gestor de la Sala de Exposiciones y Cordinador de Premio.

En esta ocasión el jurado ha estado integrado por la crítica de arte Irene Ballester y los artistas Francisco Sebastián Nicolau, Darío Basso, Josep Esteve Adam y Javier Palacios, que han tenido la ardua labor de analizar y valorar la calidad de cada una de las propuestas en el contexto de la cultura visual contemporánea.

Adentrarse por la Sala d’Exposicions d’Algemesí es darse de bruces con diversas maneras de entender la pintura como representación, simulacro, expresión, delimitación de un área formal inédita y abstracta; gesto, materia o denuncia. Todo ello está vigente en esta exquisita exposición que abrimos con la deseada provocación de Tomás López que transforma el lienzo en un muro de arte urbano, un trampantojo expresivo y vital que entra como oxígeno en el alma equilibrada del espacio expositivo.

«199» de Tomás López. Imagen Cortesía de Óscar Vázquez Chambó

La exploración del espacio postpíctórico nos llega con la abstracción excéntrica de Juan Carlos Forner, con las pinceladas horizontales sobre blanco de Lorena Domingo o las estructuras fragmentadas sobre negro de Almudena Fernández. Precisamente el blanco y negro y la visión proyectada de la imagen centra la obra de Josep Tornero en un juego entre distintos niveles de realidad que elaboran hasta el impacto Eduardo Serrano, Miguel Borrego y Ana Chacón.

«Futuros que se hicieron presente» de Eduardo Serrano. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

También en negro, pero derivando al paisaje inquietante, encontramos la obra de Ricard Obra que inicia el capítulo del gesto y la expresión en el que se hallan las pinceladas arrebatadas de Rebeca Plana o los drippings de Vicent Marco. El espacio mínimal y monocromático, expansivo o ritual nos llega de la mano de Manuel Blázquez, Norberto Álvarez, José Luís Cremades y la técnica solar subtractiva de Salvador Mascarell. El realismo se declina en pintura jugosa, enérgica y naturalista de Isabel Valle, en efecto hiperreal y fotográfico de la pintura de Cristina Megía y en dibujo impactante sobre collage de Alexis Hernández.

«Coral Romput» de Rebeca Plana. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

La fuerza de estas obras nos conduce a las piezas premiadas. En primer lugar, se libraron dos accéstis. El jurado destacó el tratamiento óptico de la luz y el color en una instantánea distorsionada de la realidad por una potencia visual de impecable técnica en la obra Esperia de Mery Sales y, subrayó el realismo festivo de efecto sonoro y nocturno con toques de luz magistrales que definen a la multitud sobre un paisaje asombroso en Delval de Diego Vallejo.

«Esperia» de Mery Sales. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

El primer premio se entregó a la obra de Álex Marco, un Sin Título de tintas chinas y spray que homenajean a Henri Michaux en las sombras expansivas y aparentemente libres sobre el lienzo, superficie que se entreabre como una luz sugerente, poética y enigmática.

Todo ello hace de esta exposición una oportunidad única para descubrir los diversos lenguajes y tendencias de la pintura actual.

«Sin título» de Álex Marco. Obra premiada. Imagen cortesía de Óscar Vázquez Chambó

Imagen de portada, cortesía Ayuntamiento de Algemesí

Panayiotou y los límites de la marginación

‘Act II: The Island’, Christodoulos Panayiotou
Camden Arts Centre, Londres
Hasta el 5 de enero de 2020

El Camden Arts Centre, situado en el epicentro del barrio de Hampstead, en Londres, acoge la mayor exposición de Christodoulos Panayiotou en Reino Unido. En la muestra confluyen además de sus últimos trabajos, algunas de las obras realizadas en la última década y otras nunca vistas por el público inglés. Sin duda, una propuesta atrevida y atractiva que desde el 27 de septiembre de 2019 lleva recibiendo a un gran número de visitantes, que se aproximan a sus instalaciones con curiosidad y asombro, para participar del diálogo que las obras de Panayiotou establecen con el visitante, interpelándolo para reflexionar sobre todo aquello que negamos, lo marginal o pasado por alto. Aquello único y, al mismo tiempo, imperfecto.

Fachada principal del Camden Arts Centre. Fotografía: Andrés Herraiz.

Nacido en 1978 en Limassol, Chipre, Christodoulos Panayiotou ha realizado su obra entre París y Limassol. Su meteórica carrera profesional lo llevó en 2015 a la quincuagésimo sexta edición de la Bienal de Venecia como representante del pabellón nacional de Chipre. Entre sus exposiciones en solitario se encuentran la realizada en 2017 para la Casa Luis Barragán en México o la elaborada en Kitakyushu, Japón, en el mismo año, pasando por exposiciones en Estados Unidos (2012), Estocolmo (2013) o Bangladesh (2018), llegando hasta ‘Act II: The Island’, exposición que el artista presenta al mismo tiempo que ‘Dying on stage: chapter one, two and three’, actualmente en el Musée D’Orsay de París.

La obra de Christodoulos Panayiotou aúna tradición y vanguardia, adueñándose de cada superficie del Camden Arts Centre, transformando sus espacios e invitando al espectador a participar en una “yincana artística” donde las obras le interrogan y, a través de la cual, se aventura sobre mosaicos de inspiración greco-latina, pasando por improvisadas fontanas, zapatos de confección artesana y algún que otro cuarto invadido por las tinieblas, donde se proyectan juegos de fotografías tomadas por el artista, generando diálogos personales que satisfacen el placer escópico del visitante.

‘Bastardo’, obra de Christodoulos Panayiotou. Fotografía: Andrés Herraiz.

Sin duda, una de las obras que primero impactará al visitante será el imponente bloque de mármol que el artista adquirió directamente de la cantera de donde se extrajo y que, posteriormente, singularizó con la palabra ‘Bastardo’. A través de este sugerente título, el artista nos invita a repensar nuestra escala de valores y, para ello, remite al sistema de catalogación de los bloques marmóreos cuando estos son adquiridos. Improntados con marcas que verifican su calidad, procedencia y destino, Panayiotou subvierte este canon y rubrica con espray la pieza como espuria, poniendo, así, de relieve la impureza y lo imperfecto del material, motivo por el cual fue rechazado en su origen.

De lo sólido a lo fluido, la reflexión en torno a la practicidad en los límites de la marginación continua más allá de la pieza marmórea para acontecer en los márgenes de la fuente improvisada, que Christodoulos Panayiotou ha dispuesto en la sala número dos del Camden Arts Centre. Bajo el título prestado del dramaturgo Bertolt Brecht, ‘L’Achat du cuivre’ (‘The Price of Copper’), reflexiona en torno al valor añadido de las cosas. En su obra ‘Messingkauf Dialogues’ Brecht narra la historia de un hombre que se adentra en una tienda de instrumentos musicales, mostrando especial interés en una de las trompetas expuestas. Para el cliente, quien admite que no sabe ni tiene interés en aprender a tocar la trompeta, el precio del instrumento le parece bajo, mostrando tan solo atención al metal del cual esta compuesto. Con ello el relato del escritor alemán versa, al igual que la fontana de Panayiotou, sobre el valor añadido que el individuo infunde sobre los objetos, tan recurrente en el mundo del arte. La instalación, compuesta únicamente por una hoja de cobre en su estado más puro y una simple manguera, cobra un sentido totalmente diferente dependiendo del momento en que la visitemos. Si el agua corre por la superficie atezada de la pieza, esta será una fuente, mientras que en el momento que el agua deje de manar, tan solo una simple hoja de cobre.

‘The Price of Copper’, instalación de Christodoulos Panayiotou . Fotografía: Andrés Herraiz.

Texturas y materiales se dan cita en las diferentes salas del Camden Arts Centre, pasando de lo inhóspito a lo cotidiano, como atestigua la instalación ‘Independence Street’El artista irrumpe sobre el espacio museístico trayendo consigo los antiguos postes que conducían la electricidad en una de las calles más transitadas de su ciudad natal. Desechados y sustituidos por los actuales, los cinco pilares lígneos fueron víctimas del proceso de embellecimiento que algunas calles de la ciudad sufrieron en 2012. Con su caída desaparecieron también los carteles, las reivindicaciones políticas, los anuncios y los mensajes de amor. Todo ello ecos de la antigua Limassol que hoy reposan sobre el suelo de la sala número seis de la galería, donde el artista decide suprimir la presencia de luz artificial para que, con la penumbra del ocaso, el luto cubra todo el espacio.

‘Independence Street’, obra de Christodoulos Panayiotou. Fotografía: Andrés Herraiz.

La propuesta de Christodoulos Panayiotou se suma a la más que activa vida del barrio de Hampstead, donde contrasta con las pintorescas casas inglesas que acogen galerías de arte y anticuarios. El variado elenco de vendedores y vendedoras consiguen que salir un domingo se vuelva toda una aventura, en la que, sin duda, vale la pena dejarse llevar, ya sea tomando ‘Act II: The Island’ como punto de partida o como destino. En un mundo en el que Google Maps nos indica la mejor ruta a seguir, los espacios generados por la obra de Christodoulos Panayiotou nos enseñan que, en ocasiones, conviene perderse.

Fitzjohn’s Avenue, Londres. Fotografía: Andrés Herraiz.

Andrés Herraiz Llavador

El arte y el diseño, en el Festival de Cine Infantil

Festival Internacional de Cine Infantil (FICIV)
Exposiciones de ESAT
Diferentes espacios de la ciudad de Valencia
Del 23 de septiembre al 8 de octubre de 2019

La Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia colabora, un año más, con el Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia (FICIV) comisariando tres exposiciones que se expondrán al público en diferentes espacios públicos de la ciudad, como la estación del AVE de Joaquín Sorolla, el Aeropuerto de Manises y la Estación del Norte. 

Obra de Garsón. Imagen cortesía de ESAT.

La fotografía, el diseño gráfico, la ilustración y los audiovisuales expuestos son trabajos de los alumnos de las diferentes asignaturas de la carrera de Arte&Diseño, una formación de tres años de estudios inmersa en un sistema modular que permite al estudiante profundizar en una materia a partir de una full inmersión. 

De este modo, el alumno extrae de un trabajo intensivo unos resultados muy superiores a los obtenidos con el clásico sistema de asignaturas transversales. La muestra también expone dos audiovisuales con dispositivos tecnológicos reproducidos en una gran pantalla. 

Cartel de Zima. Imagen cortesía de FICIV.

En ESAT, los estudios de Arte&Diseño pertenecen al sistema educativo británico por el que el estudiante obtiene una Higher National Diploma (HND) de 120 créditos. Algunas de las asignaturas que se imparten en la carrera son narración audiovisual, packaging, fundamentos, desarrollo web, animación 2D y 3D, ilustración, publicación interactiva, etc. 

La exposición de los trabajos de los alumnos de ESAT, en el marco del festival FICIV, estará a la vista del público a partir del 23 de septiembre prolongándose hasta el 8 de octubre.

Una de las obras de la exposición de ESAT, por cortesía de la Escuela Superior de Arte y Tecnología.

«Hay que abrirse a otros mercados y coleccionistas”

MAKMA ISSUE #01
Entrevista | Sara Joudi (directora de Shiras Galería)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

En el panorama galerístico de València se concitan propuestas tan específicas como heterodoxas, cuyo fin último se revela, intencionadamente, como un altavoz visible de creación e interacción entre los distintos agentes que intervienen en el ámbito del arte contemporáneo.

Con este propósito se erigía, a finales de 2015, Shiras Galería, comandada por Sara Joudi (doctora en Medicina, artista e investigadora del arte), quien, tras un proceso previo de exhaustiva propedéutica y análisis de la realidad del momento, decide poner en valor «un modelo de galería que entonces no existía; además, el mercado del arte había dejado de funcionar por la crisis y el coleccionista habitual estaba más resentido económicamente», afirma su directora. «Las galerías son el último eslabón del mercado del arte y junto a los comisarios, un punto clave», por ello Joudi apuesta por «una galería cercana al público, entendida como un punto de encuentro donde prima la calidad y la trayectoria de los artistas». En Shiras, «los creadores renuevan sus propuestas al menos cada dos o tres años».

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La formación en arte antiguo y dibujo, junto a su trayectoria como artista y coleccionista de obra gráfica, entre otras, confieren a Sara Joudi una educación visual determinante en la selección de artistas escogidos; «tengo un criterio muy práctico», esboza. Por ello y gracias a conocer a todos los agentes que se concitan en torno del orbe artístico, Joudi hace especial hincapié «en la recuperación de los coleccionistas habituales, así como en el fomento de nuevos a los que intento trasmitir amor hacia el arte”, tarea extensible al público en general. «Afortunadamente, en estos tres años de trabajo, los resultados han superado las expectativas», confiesa.

Shiras Galería se ubica en pleno centro neurálgico de la ciudad y consta de dos espacios definidos y estructurados para albergar las diferentes propuestas que conforman su cronograma. A pie de calle posee un área generosa en la que se muestra obra inédita de artistas consolidados; «actualmente, coincide que está compuesta por valencianos», atendiendo, según la galerista, al hecho de que «hay mucha calidad» entre la vasta nómina de creadores de la Comunidad Valenciana. Bajo la Sala Principal se encuentra la Sala Refugio, que acoge las propuestas site specific de artistas jóvenes del panorama nacional e internacional.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Creadores de la talla de Miquel Navarro, Horacio Silva, Sebastiá Nicolau, Rosa Torres, José Saborit, Juan Fabuel, Nuria Rodríguez Borges y, recientemente, la incorporación de Juan Olivares, entre otros, integran el listado de artistas que colaboran habitualmente con la galería. En la actualidad, se encuentra en pleno proceso de selección e incorporación de «artistas emergentes de media carrera” y óptima “proyección».

A tenor de la participación en Drawing Room, Art Madrid, Art Marbella y Stampa, Shiras Galería pretende solidificar su apuesta ferial, en tanto que «hay que abrirse a otros mercados, darse a conocer a nuevos coleccionistas”, con el fin de difundir y visibilizar las propuestas, así como «ampliar la red de contactos». Bruselas y Amsterdam, junto con Miami, son algunas de las apuestas que sitúa en el horizonte para las temporadas venideras.

Dirigir una galería requiere, por tanto, mucho esfuerzo y, a pesar del apoyo institucional para participar en ferias, Sara Joudi recalca la importancia tanto de elevar la cuantía, como de regular el IVA, por considerarlo “un handicap en las ferias internacionales respecto de otros países», amén de vindicar la elaboración y puesta en marcha de una Ley de Mecenazgo que facilite y permita ser competitivo en las gestiones. La galerista destaca, en definitiva, la importancia de fomentar y situar a Shiras Galería entre las comisiones de compra institucionales, en tanto que nómina de artistas y calidad son su sello.

Sara Joudi, directora de Shiras Galería.

Merche Medina

València/Bolonia: conexión underground

Festival de Arte Urbano VLC Barris en Moviment
Poblados Marítimos de València
Del 25 al 29 de septiembre de 2019

En la ciudad de València florecen los festivales entendidos como encuentros artísticos y culturales, al igual que en el pasado florecían los naranjos o los cultivos de la huerta. A diferencia de las plantas, estos encuentros no dependen del ciclo de las estaciones, aunque tienden a concentrarse en los periodos de buen tiempo, primavera y otoño.

Al intenso calendario de eventos se suma el Festival de Arte Urbano VLC Barris en Moviment, que se celebrará por primera vez del 25 al 29 de septiembre de 2019 en los barrios del Grau y el Cabanyal/Canyamelar, con el objetivo de abrir un diálogo entre la cultura underground valenciana y la italiana poniendo en valor las disciplinas relacionadas con aspectos urbanos de la cultura independientes de las corrientes mainstream, como las experiencias nacidas en las calles y en los centros sociales, y los movimientos underground conectados entre sí y en continua evolución.

El Instituto Cultural Italiano de Barcelona, el Ayuntamiento de València y la EMT (Empresa Municipal de Transportes) de València organizan esta apuesta para emprender un viaje desde el writing al streetart, del hip-hop al rap, de la publicación independiente al poster art, de la danza urbana a competiciones de breakdance y trial bike. La dirección artística está a cargo de Eleonora Battiston, crítica y comisaria de arte italiana residente en València, que ha colaborado anteriormente con museos y galerías en China, Italia y España.

La idea inicial es que el festival se celebre con periodicidad anual cada vez en una zona distinta de la ciudad, pero la elección de los barrios marítimos para acoger la primera edición no es fortuita. Se ha tenido en cuenta su tejido urbano intrincado y colorido, capaz de evolucionar de situaciones periféricas de marginalidad a reinventarse y alimentar un sustrato cultural e intelectual, que se encuentra entre los más ricos e interesantes de València.

Así, las realidades locales de estos barrios de València estarán involucradas y dialogarán con quienes son y quienes han sido los protagonistas de la cultura independiente y alternativa en una de las ciudades italianas más importantes en relación a este tipo de movimientos: Bolonia.

En los últimos treinta años, Bolonia, importante ciudad universitaria, ha sido para los artistas que han nacido o se han establecido allí un centro de inspiración y creatividad. Gracias a la presencia del DAMS (Departamento universitario dedicado a las Disciplinas de Arte, Música y Espectáculo), de la Academia de Bellas Artes y de varias asociaciones culturales y centros sociales, han surgido en la ciudad algunos de los primeros movimientos urbanos, como las primeras posse del hip-hop italiano, las primeras tags reconocidos internacionalmente como Cane K8 y la icónica Pea Brain y los primeros estudios académicos de un arte de frontera en los que se analizaban por primera vez en Europa el fenómeno de los graffitis estadounidenses.

Estas formas de arte han recibido un justo reconocimiento, asomándose a la cultura mainstream, manteniendo, sin embargo una distancia con ella y reafirmando la voluntad de permanecer en el anonimato, en esa sombra donde nacen las ideas, se forman crews, y se crean redes que van más allá de los límites institucionales.

El Festival se iniciará el 25 de septiembre en la biblioteca de Las Naves con la inauguración de Fruit, la feria de publicaciones de arte de Bolonia que por primera vez llega a València. Acogerá charlas, presentaciones de libros y dos documentales: ‘Numero Zero. Alle origini del Rap Italiano’, de Enrico Bisi y ‘I am not alone anyway’, de Veronica Santi, sobre la historia de Francesca Alinovi, comisaria y visionaria del street art, hasta que apareció misteriosamente asesinada.

La zona del Cabanyal se convertirá en escenario de una serie de actividades relacionadas con el streetart, el rap y la cultura urbana. Artistas reconocidos internacionalmente pintarán las paredes de algunos edificios del Cabanyal y los locales de la Fabrica del Hielo, la Batisfera, la Pilona y Drassen 52, patrocinados por Tyris, organizarán talleres, djsets y actividades paralelas. El nuevo hotel/Kitchen Bar Lindala, ubicado en el corazón de estos barris en moviment será también un punto de encuentro del festival.

El sábado 28 se dedicará a la música, con la presencia de grupos de rap/hip hop valencianos e italianos que se alternarán desde las 18 horas hasta la 1 de la madrugada en Las Naves. La entrada a todas las actividades es gratuita y el programa completo puede consultarse en la página web: www.vlcbarrisenmoviment.es y en sus redes sociales.

Bel Carrasco

La danza del arte

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Meritxell Barberá (codirectora de Taiat Dansa y del Festival 10 Sentidos)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

En los inicios del siglo XX la que hoy conocemos como Danza Moderna aparece gracias a coreógrafas y bailarinas como Isadora Duncan, que se enfrenta a los cánones clásicos del Ballet Romántico, o Loïe Fuller, que experimenta con la luz y el movimiento. En los años veinte Josephine Baker explosiona, ante el estupor de muchos, con su danza sensual, una actitud feminista y un decidido estilo que defiende el nuevo rol que quiere ocupar la mujer en el mundo. Un poco más avanzados en el siglo XX, figuras como Mary Wigman, Martha Graham o Doris Humphrey irrumpen con un nuevo estilo de danza que apela al sentimiento, la necesidad de expresar diferentes estados de ánimo a través del cuerpo, en íntima relación con los acontecimientos que convulsionan al mundo entero ante la Segunda Guerra Mundial.

La aparición, a principios de los años 60 en la Judson Church de Nueva York, de una generación de bailarines –tales como Lucinda Childs, Trisha Brown, Steve Paxton o Yvonne Rainer–, conocida como Nueva Danza, propone un rechazo total a la formación dancística clásica. Utilizan movimientos cotidianos para realizar coreografías, diferencian la presentación de la representación y apuestan más por obras inacabadas, por mostrarlas en proceso de creación. Se trata de una generación que comienza a trabajar con artistas de otras disciplinas. Todas las experimentaciones entre cuerpo, espacio y tiempo que tuvieron lugar en la Judson Church de Nueva York constituyen una nueva estética de danza, nuevas motivaciones, nuevos objetivos donde, a partir de ahora, la danza empieza una carrera, desde nuestro punto de vista, por querer formar parte de eso llamado arte, de la historia del arte.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Esta generación de la Judson Church apuesta por lo no espectacular, por el no al virtuosismo, no a la representación y no a la emoción. A partir de aquí, coreógrafos como Anne Teresa De Keersmaeker o Wim Vandekeybus crean otra revolución en los años ochenta. Su danza parte de un movimiento no académico y en sus obras la relación entre danza y otras disciplinas como el cine, la música… es fundamental. Pero ellos, de manera muy original, apuestan por un estilo más sofisticado en relación a la generación anterior, conjugan la plasticidad de la escena y una cuidada estética, sin perder de vista lo cotidiano y humano.

En los últimos veinticinco años Ohad Naharin ha supuesto un nuevo paradigma, el nuevo escenario de movimiento y composición coreográfica a partir del cual trabajan (y trabajamos) una gran mayoría de coreógrafos y coreógrafas en la actualidad, aunque desde lugares, intereses, inquietudes y universos muy diferentes. La habilidad física, la formación en danza clásica se recupera para luego cada creador transformar el cuerpo con cualidades diferentes y extremas que puedan poner en relación a la danza y el discurso de una obra, a la necesidad de comunicar diferentes estados o situaciones.

La relación entre placer y esfuerzo son importantes para Naharin. “Se trata sobre todo del porqué, por qué se baila. He visto bailarines que tienen una gran habilidad física pero que no escuchan a su cuerpo, sino que se mueven solo en pos de la forma”, apunta. Y añade: “lo importante es escuchar la gama de sensaciones del cuerpo para poder danzar. La danza es una escucha del cuerpo”, afirma el coreógrafo.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

La magia reside, en los últimos años, en buscar universos coreográficos que propongan algo diferente, una estructura corporal nueva, códigos de movimiento diferentes que sorprendan pero que, sobre todo, no estén solo al servicio de la forma y la virtuosidad, sino más bien en estrecha relación con el discurso de la obra. El intercambio con otras disciplinas ofrece un juego más colectivo de expresión y, con el protagonismo sabido que ofrece la danza y el movimiento, es una manera interesante de trabajar en la creación coreográfica actual para compartir ideas, opiniones y emociones a través del cuerpo.

El riesgo actual puede estar en la excesiva importancia que está tomando el movimiento virtuoso, una imponente técnica dancística, que pueda poner en peligro la relación entre una obra de danza y su contexto. Es decir, que el soporte expresivo que supone la danza para reproducir el mundo que le rodea esté más atento a la forma.

El arte es la llave para abrir fronteras y fusionar culturas. La danza, una forma de expresión ancestral, natural en el ser humano desde la infancia, parece que sea la disciplina menos comprometida, pero no es así, la expresión corporal tiene mucha fuerza y su lenguaje no tiene en cuenta las fronteras. En los últimos años la transmisión de los significados culturales que nos construyen como seres humanos, utilizando el cuerpo como herramienta fundamental para cuestionar o proponer nuevos valores, como la diferencia, conceptos nuevos de belleza y perfección, diferentes capacidades o temas de denuncia que afectan a nuestra sociedad, son fundamentales en la creación coreográfica actual.

‘Canvas of bodies’, de Taiat Dansa.

Meritxell Barberá

El paseo. Cultura en València

Hace unos días acompañé a mi hijo a un cumpleaños al Bioparc. Es un lugar bonito en el que puedes llegar a tener la sensación de que los animales son privilegiados que disfrutan de unos ecosistemas hechos a su medida. No puedo evitar recordar al lobo de Tasmania, al sapo dorado, a la foca monje o al tigre de Java, todos ellos extinguidos, en mayor o menor medida, por la acción humana.

Dejé a mi hijo con sus amigos y seguí con la bicicleta por el cauce que recorre el río Turia, hasta que llegué a Manises. Bajo unos puentes de madera vi familias de patos; las madres protegían a los polluelos de los ruidos de la autovía y de los adolescentes que disfrutaban tirándoles piedrecitas. Me acerqué hasta la orilla: plásticos, latas y envoltorios de Hacendado se mimetizan entre el verde eléctrico de los arbustos. El hombre ha sido capaz de generar 8.300 millones de toneladas de plástico de los que 6.300 millones de toneladas se convirtieron en residuos. Algunos patos volaron asustados por mi presencia e intuyo que indiferentes a mis ensoñaciones. Tuve el impulso de volver a por mi hijo y marcharnos a casa, pero ¿qué culpa tiene él?

Había pedaleado media hora pensando en los proyectos que tengo en la cabeza, pero al llegar al final del trayecto me asaltó una noticia leída en prensa: “La galería Pepita Lumier echa el cierre en València”. Cristina Chumillas y Lucía Vilar intentarán seguir con el proyecto, pero dándole un giro, eliminando el espacio físico. También Librería Dadá cierra de forma temporal; Inma Pérez buscará nuevas fórmulas que le permitan seguir peleándose con el día a día. Espacios, librerías, galerías, revistas, editoriales, teatros, todos ellos forman parte del tejido cultural valenciano. No quiero recordar a los que ya no están –cada uno tuvo, en su momento, razones para no continuar–, pero creo que es obligado pensar en qué está ocurriendo con la cultura en València. Tenemos Feria del Libro, festivales de barrio, La Mostra, Cinema Jove… Tiene que ser difícil gestionarlo todo y no puede ser producto de la casualidad que se reproduzcan los comportamientos.

A fin de cuentas, ¿qué es la cultura? Edward B. Tylor, en 1871, la definió como todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y los hábitos y capacidades adquiridas por el hombre como miembro de la sociedad.

Ya, eso está bien, pero ¿qué piensan los políticos de la cultura? Como acabamos de vivir un proceso electoral largo, es fácil indagar en cuáles son sus ideas acerca de este tema, me refiero a aquello que se vea reflejado en sus programas electorales:

PSOE: hacer un pacto de Estado por la cultura (suena bien, pero si no son capaces de pactar para ocupar los sillones del Congreso… No acabo de creerlo), Ley de Mecenazgo, financiación para la RAE, destinar parte de la recaudación de la lotería para la producción de cine; PP: Plan Nacional de Tauromaquia (ahí tenemos a la cultura), fiscalía especializada en la protección de la propiedad intelectual (quizá ya no sea necesaria dentro de unos pocos años), blindar el archivo de Salamanca, Ley de Mecenazgo; Unidas Podemos: plan de reforma de RTVE, Estatuto del Artista (ocurre lo mismo que con la fiscalía del PP), potenciar la producción de cine en las lenguas del Estado; Ciudadanos: difusión de la Historia de España, Ley de Mecenazgo (parece que ahí todos coinciden, que paguen otros), rebaja del IVA cultural, plan estratégico del patrimonio cultural; VOX: favorecer el arraigo a la tierra y las tradiciones folclóricas (cómo te quedas al leer su programa…).

Según sus programas parece que la solución política al problema cultural está en aplicar deducciones fiscales a aquellos que se animen a actuar como mecenas (financiar y proteger a los artistas).

En un reciente estudio de la Generalitat de la Comunitat Valenciana, elaborado por Antonio Ariño y Ramón Llopis, se concluye que el 33 % de los valencianos pasa de la cultura, aunque el 56 %, no obstante, piensa que la cultura es importante. Según Ariño, “la revolución digital ha hecho que los bienes culturales pasen a estar en nuestro bolsillo”. Carmen Amoraga se encuentra “satisfecha” de alguna de las iniciativas puestas en marcha desde la Conselleria de Cultura. Hemos de entender que las ayudas a una Feria del Libro que cada año pierde más el pulso con la ciudadanía, o el fomento de Cinema Jove, con un contrato a su director Carlos Madrid que sugiere una apuesta cortoplacista, llenen de “orgullo y satisfacción” a la actual secretaria autonómica de Cultura y Deporte. Serán estos unos años fértiles para la cultura valenciana, pensaron muchos de los agentes culturales hace cuatro años.

Se han hecho cosas, por ejemplo, el Ayuntamiento de València ha generado ayudas de 150.000 € destinados a la programación de proyectos culturales sin ánimo de lucro y con carácter asociativo; Glòria Tello hace un llamamiento a la participación. Se recupera, también desde el Ayuntamiento de València, La Mostra, después de estar suspendida desde 2011 (en la 33ª edición se destinaron 40.000 € en premios, 72.170 € para la directora gerente Rosa Roig y 65.000 € más para Eduardo Guillot (vicedirector y responsable de programación).

Entonces, ¿por qué el ánimo de los personajes que forman el entramado cultural: artistas, escritores, galeristas, programadores, etc., está tan bajo? ¿Falla algo? ¿Qué haría falta?

ARÍSTIDES ROSELL. GALERÍA IMPREVISUAL

Siento la necesidad de preguntar a alguno de esos personajes cuál es su percepción, no quiero dejarme influir por mi escéptica visión del vaso medio vacío mientras escucho el aleteo de los patos y entiendo que ese ruido de pluma contra pluma lo emiten a modo de queja. Es por eso que me he acercado hasta la Galería Imprevisual (c/Doctor Sumsi, 35) y, además de disfrutar de una maravillosa exposición de carteles de cine cubanos, aprovecho para hablar con Arístides Rosell.

Arístides Rosell posa junto a una de sus obras y el volumen ‘El cartel. Revolución’. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

Lo encuentro hablando con el artista Vicent Marco sobre el seminario impartido en el Sporting Club Russafa por Marta Pérez Ibáñez “El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte”. ¿Es la cultura un comercio?, comentan. Arístides me dice que no le gusta hablar de datos económicos, así que comienza haciéndolo sobre los movimientos culturales que se generaron en los barrios a partir de 2006-2008:

–Había desidia y silencio cultural, desde 2008, y, concretamente, en el barrio del Cabanyal se genera una barricada cultural que no quiere dejar morir la arquitectura o la cultura; se genera una revolución cultural que llena de eventos la ciudad. A partir de la crisis emergen los movimientos culturales en los barrios (siguiendo la inercia del Cabanyal), los artistas se instalan en esos barrios y se generan interconexiones. Sin embargo, no existe comunicación directa con la Administración. No existe apoyo, que es algo que no tiene que ver con las subvenciones. Podríamos decir que hay una desidia cultural política.

No obstante –prosigue Arístides–, esos movimientos emergentes contra la voluntad política continúan con fuerza (Russafart, Russafa Escénica, Cabanyal Íntim, Ciutat Vella Oberta…). Creo que los políticos no han amparado a estos movimientos (por cierto, esto no es original de València, más bien es una dinámica internacional). Se han sacado subvenciones y líneas de actuación, pero en ningún caso se ha acompañado. Pienso que los políticos no estaban preparados. Solo se ha hecho un diagnóstico, pero nunca se vio a esos movimientos como aliados –Arístides acaba de hacerme de espejo. En su frente he visto volar también esos patos del Turia–.

Tiene que marcharse a una reunión en Buñol para preparar un festival. Me queda preguntarle si ve el futuro con escepticismo o con ilusión. Él responde rápido mientras recoge su bolso y se prepara para salir conmigo de su galería:

–Con ilusión, siempre hay que dejar un margen de actuación. Ya están los diagnósticos. Ahora,¿actuamos?

DANIEL GASCÓ. VIDEOCLUB STROMBOLI

Me alejo con la bicicleta y recorro migratoriamente la calle Centelles hasta mi nueva parada: el Videoclub Stromboli. Allí espero encontrarme a Daniel Gascó. Le abordo directamente; casi sin darle las buenas tardes, le pregunto su impresión sobre los logros culturales en estos últimos años. Comienza diciendo que no cree que haya un buen reparto de los recursos y que también se han producido situaciones injustas (como en el caso de La Mostra).

Daniel Gascó en las dependencias de su Videoclub Stromboli. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

–Parece que a veces lo social y lo democrático no tenga que ver con la cultura –continúa hablándome de la gran cantidad de acontecimientos que hay en València–. Estoy de acuerdo con Maite Ibañez en que hay mucha dispersión de la cultura en cuanto a número de festivales. Falta cohesión o recortar su número.

Le interrumpo diciéndole que quizá eso significaría ir a una política de grandes acontecimientos, de fotografía para artículo de prensa.

–Por ejemplo, el número de acontecimientos cinematográficos del año no se corresponde con la infraestructura. Creo que faltan salas. No todo puede ir a la Filmoteca, porque afecta a su normal funcionamiento –responde Gascó.

Mi hijo me enseña la película que quiere que alquilemos y me apremia a que acabe con mi charla, así que le pregunto directamente sobre cómo ve el futuro:

–València es una ciudad muy culta, por encima de los políticos que haya. Está dentro de la médula de la ciudad: gente que trabaja porque sí, una especie de voluntariado no remunerado, gente muy generosa. No creo tanto en los políticos. No pienso que dos o tres personas con poder puedan organizar culturalmente la ciudad. Son estas personas las que en ocasiones desestiman proyectos muy importantes. Lo hacen por miopía o por incapacidad, o porque sí.

Acaba con una frase que me deja pensando mientras pedaleo hasta mi nuevo destino:

–Hay militancia cultural.

INMA PÉREZ. LIBRERÍA DADÁ

Muevo los pedales con menos ganas que hace solo unas horas y no es que esté cansado, más bien es una especie de nube gris que ha comenzado a envolverme y que ha dejado un ambiente un poco pegajoso que no me permite pedalear libremente, aunque sigo haciéndolo hasta la calle del poeta Monmeneu, 18. Allí se encuentra el Espacio Paco Bascuñán y, de forma temporal, Inma Pérez ha desplazado dadaístamente parte de sus libros y de la Librería Dadá, en esa especie de éxodo forzado en el que se encuentra inmersa. La terraza interior rodeada de plantas es un lugar magnífico para conversar.

Inma Pérez durante un instante de la entrevista en el Espacio Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

No dejo pasar muchos minutos antes de abordar a Inma con la primera pregunta:

–Después de muchos años con gobiernos que no parecía que favoreciesen demasiado a la cultura, se recibió con mucha ilusión el cambio político en la Comunitat y en la ciudad; sin embargo, parece que la sensación entre aquellos que se dedican a la gestión cultural es que tampoco han cambiado mucho las cosas. ¿Cuál es tu percepción?

–(Sonríe antes de comenzar a hablar) Quizá esperábamos demasiado, teníamos muchas ganas de que los nuevos gestores, que conocían y nos conocían, pudieran cambiar las cosas –yo tengo la intención de no interrumpir su discurso, así que permanezco callado–. Han puesto en marcha iniciativas necesarias, pero, para mí, algunas cosas se han hecho sin contar con muchos de los que ya estábamos. No todos estamos agremiados o asociados, no todos tenemos la misma visibilidad ni los mismos medios, pero estamos trabajando también cada día en el sector y nos hubiese gustado formar parte de la elaboración de estrategias puntuales o de la redacción de diagnósticos sobre el estado de la situación, por ejemplo, pues nos afecta lo que ellos decidan.

(Asiento con la cabeza y dejo que continúe). Si queremos fortalecer el sector cultural, se debe abordar detectando los problemas desde la diversidad y la realidad de todos, teniendo en cuenta que lo que vale para uno no vale, seguramente, para los demás. Deberíamos dejar también de pensar en términos cortoplacistas y establecer medidas destinadas a que podamos crecer y consolidarnos, a medio y a largo plazo, teniendo en cuenta también que lo que vale para hoy quizá no valga para mañana. Muchos llevamos algunos lustros sobreviviendo– asevera.

Me gustaría hablar sobre los museos, concretamente sobre las librerías albergadas en el interior de los museos, así que comienzo diciéndole que cuando alguien viaja a diferentes ciudades de Europa y recorre sus museos se da cuenta de lo que significa tener una librería dentro de uno de ellos. Creo que su opinión es una de las más válidas en la Comunitat Valenciana para desvelarnos por qué, en València, independientemente del color político, no tenemos librerías de ese tipo. Inma, seguramente, ha tenido que contestar esta pregunta muchas veces (incluso a ella misma), por esa razón su respuesta salta como accionada por un mecanismo de muelles:

–Es algo complejo de explicar y daría para una charla –sonríe, nuevamente, y continúa con una explicación que intuyo será clarificadora–. En primer lugar, porque no hay demanda real. La mayoría de la gente que visita un museo espera comprar algún souvenir o merchandising, esperan encontrar eso porque es lo que ven en todos los lados. Este material cuesta mucho de producir y mucho más de vender porque las cifras reales de visitantes, que no asistentes, no mantienen un negocio vendiendo solamente postales o lápices, que es lo que casi todo el mundo quiere, algo que no sea caro. El gasto por visitante es muy reducido y el gasto que genera el negocio es más elevado, por eso se termina cerrando.

La venta de catálogos –revela–, además, es también reducida; se siguen regalando bastantes ejemplares, otros tantos terminan en algunas librerías a precios reducidos…, así que por una parte o por otra tampoco se genera demanda, salvo momentos puntuales y eso tampoco da para mantenerte. No olvidemos que, muchas veces, estos visitantes de museos se encuentran con puntos de información donde tienen de forma totalmente gratuita revistas, carteles…; y el paso por una tienda, o librería, es para mirar, porque ya han cargado previamente sin tener que pagar nada por ello –indica Inma Pérez.

Habla con rapidez y con fluidez. Pienso que cuando alguien ha vivido de cerca problemas similares se genera cierta empatía instantánea. No puedo dejar de pensar en el cierre de Le Petit Canibaal o en el necesario giro del proyecto Canibaal. Entiendo perfectamente de qué está hablando Inma y sé que no necesita que le diga que comprendo cada una de sus palabras. En ocasiones nos podemos permitir hablar con las miradas.

–En segundo lugar –prosigue–, porque la institución, la que sea, no siempre cree en la librería, en una librería. Se debe sacar rédito económico (totalmente de acuerdo y nada que objetar) con una licitación, atendiendo al negocio que alguien abrirá y los supuestos beneficios que éste obtendrá, por eso se licita con un precio que va al alza. Suele ser una licitación de duración muy reducida que, muchas veces, no permite amortizar inversión alguna, pues no solo compras material, también mobiliario, equipamiento diverso y quizá debes contratar personal; siempre está el riesgo de que cuatro años después decidan que, una vez terminado el contrato, quieran otro modelo de negocio y tú te puedes quedar compuesto y con una librería/tienda en marcha.

No hay estudios rigurosos –continúa– sobre el impacto económico de los visitantes, lo que no ayuda al que arriesga su capital, que se debe guiar por lo que pide la institución, o lo que le dicen los que allí trabajan, mayormente en las oficinas, pero que luego resulta que puede que no sea totalmente cierto. Se trabaja sobre expectativas, pero no sobre la realidad –asevera.

Mi hijo da vueltas por el patio y husmea entre las plantas, me pregunta si puede sacar la bolsa con sus piezas de Lego para entretenerse. Inma le mira de reojo y sigue contestándome:

–Una librería en un museo es un valor añadido, no debería ser sólo una tienda de souvenirs o un espacio que todo el mundo espera; y no es el mismo modelo de negocio, las librerías tienen márgenes comerciales prácticamente invariables y los precios de los libros son fijos y están regulados por ley, cuesta mucho producir beneficio económico. La librería genera comunidad, que se une a la del propio museo.

Apostar por un espacio así en las instituciones –mantiene– supondría cambiar los pliegos, para que fueran más ajustados a la realidad y más flexibles, pues todas y cada una de las decisiones que además se toman en estas instituciones repercuten directamente en el devenir de la implantación y consolidación de la librería. En un sólo año puede cambiar muchísimo el panorama, y por muchas razones.

Yo he estado 12 años en un museo –recuerda Inma Pérez–, durante un tiempo en dos, y los retrasos en la publicación de los catálogos, los cambios de dirección, la subida del precio de las entradas, la modificación del horario de apertura y hasta el cierre de la cafetería pueden repercutir directamente en tu negocio. Montar una librería en un museo debería ser una gran y magnífica oportunidad, pero en estos momentos es una auténtica locura –concluye.

Recuerdo las palabras de Arístides Rosell sobre los tiempos de diagnosis, así que decido hacerle una última pregunta a esta librera incansable:

–¿Crees que nos esperan otros cuatro años de diagnosis o quizá se pongan a trabajar en serio? Me refiero a si ves el futuro de la cultura con escepticismo o con cierta ilusión (Inma levanta la mirada con cierta pereza por responder a una pregunta que quizá se haya formulado demasiadas veces en las calles y en algunos espacios culturales).

–Ahora mismo tengo ante mí una situación muy complicada y solamente pienso en cómo salir adelante, así que quizá no esperaré nada de nadie para no sentirme defraudada o decepcionada.

Ojalá que lo nuevos gestores lo tengan claro esta vez y que lo podamos ver, porque ya no habrá margen para excusas y quizá no más oportunidades –confiesa.

Ha sido un día intenso: he recorrido carriles bici que antes no existían y me he podido acercar a espacios naturales, librería, galería y videoclub sin apenas salir de ellos. He estado en contacto con la naturaleza y disfrutado viendo a mi hijo pasarlo bien. He podido ver una València más amable para las familias y los niños y, para ser justos, cierta predisposición hacia la cultura, pero no puedo dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿es suficiente con tener una buena predisposición hacia la cultura después de haber cubierto una legislatura?

Puede que la política cultural sea como un elefante: grande y majestuoso, pero con movimientos muy lentos.

Detalle de un paseo elefantiásico por Bioparc. Fotografía: Ximo Rochera.

Ximo Rochera