Panayiotou y los límites de la marginación

‘Act II: The Island’, Christodoulos Panayiotou
Camden Arts Centre, Londres
Hasta el 5 de enero de 2020

El Camden Arts Centre, situado en el epicentro del barrio de Hampstead, en Londres, acoge la mayor exposición de Christodoulos Panayiotou en Reino Unido. En la muestra confluyen además de sus últimos trabajos, algunas de las obras realizadas en la última década y otras nunca vistas por el público inglés. Sin duda, una propuesta atrevida y atractiva que desde el 27 de septiembre de 2019 lleva recibiendo a un gran número de visitantes, que se aproximan a sus instalaciones con curiosidad y asombro, para participar del diálogo que las obras de Panayiotou establecen con el visitante, interpelándolo para reflexionar sobre todo aquello que negamos, lo marginal o pasado por alto. Aquello único y, al mismo tiempo, imperfecto.

Fachada principal del Camden Arts Centre. Fotografía: Andrés Herraiz.

Nacido en 1978 en Limassol, Chipre, Christodoulos Panayiotou ha realizado su obra entre París y Limassol. Su meteórica carrera profesional lo llevó en 2015 a la quincuagésimo sexta edición de la Bienal de Venecia como representante del pabellón nacional de Chipre. Entre sus exposiciones en solitario se encuentran la realizada en 2017 para la Casa Luis Barragán en México o la elaborada en Kitakyushu, Japón, en el mismo año, pasando por exposiciones en Estados Unidos (2012), Estocolmo (2013) o Bangladesh (2018), llegando hasta ‘Act II: The Island’, exposición que el artista presenta al mismo tiempo que ‘Dying on stage: chapter one, two and three’, actualmente en el Musée D’Orsay de París.

La obra de Christodoulos Panayiotou aúna tradición y vanguardia, adueñándose de cada superficie del Camden Arts Centre, transformando sus espacios e invitando al espectador a participar en una “yincana artística” donde las obras le interrogan y, a través de la cual, se aventura sobre mosaicos de inspiración greco-latina, pasando por improvisadas fontanas, zapatos de confección artesana y algún que otro cuarto invadido por las tinieblas, donde se proyectan juegos de fotografías tomadas por el artista, generando diálogos personales que satisfacen el placer escópico del visitante.

‘Bastardo’, obra de Christodoulos Panayiotou. Fotografía: Andrés Herraiz.

Sin duda, una de las obras que primero impactará al visitante será el imponente bloque de mármol que el artista adquirió directamente de la cantera de donde se extrajo y que, posteriormente, singularizó con la palabra ‘Bastardo’. A través de este sugerente título, el artista nos invita a repensar nuestra escala de valores y, para ello, remite al sistema de catalogación de los bloques marmóreos cuando estos son adquiridos. Improntados con marcas que verifican su calidad, procedencia y destino, Panayiotou subvierte este canon y rubrica con espray la pieza como espuria, poniendo, así, de relieve la impureza y lo imperfecto del material, motivo por el cual fue rechazado en su origen.

De lo sólido a lo fluido, la reflexión en torno a la practicidad en los límites de la marginación continua más allá de la pieza marmórea para acontecer en los márgenes de la fuente improvisada, que Christodoulos Panayiotou ha dispuesto en la sala número dos del Camden Arts Centre. Bajo el título prestado del dramaturgo Bertolt Brecht, ‘L’Achat du cuivre’ (‘The Price of Copper’), reflexiona en torno al valor añadido de las cosas. En su obra ‘Messingkauf Dialogues’ Brecht narra la historia de un hombre que se adentra en una tienda de instrumentos musicales, mostrando especial interés en una de las trompetas expuestas. Para el cliente, quien admite que no sabe ni tiene interés en aprender a tocar la trompeta, el precio del instrumento le parece bajo, mostrando tan solo atención al metal del cual esta compuesto. Con ello el relato del escritor alemán versa, al igual que la fontana de Panayiotou, sobre el valor añadido que el individuo infunde sobre los objetos, tan recurrente en el mundo del arte. La instalación, compuesta únicamente por una hoja de cobre en su estado más puro y una simple manguera, cobra un sentido totalmente diferente dependiendo del momento en que la visitemos. Si el agua corre por la superficie atezada de la pieza, esta será una fuente, mientras que en el momento que el agua deje de manar, tan solo una simple hoja de cobre.

‘The Price of Copper’, instalación de Christodoulos Panayiotou . Fotografía: Andrés Herraiz.

Texturas y materiales se dan cita en las diferentes salas del Camden Arts Centre, pasando de lo inhóspito a lo cotidiano, como atestigua la instalación ‘Independence Street’El artista irrumpe sobre el espacio museístico trayendo consigo los antiguos postes que conducían la electricidad en una de las calles más transitadas de su ciudad natal. Desechados y sustituidos por los actuales, los cinco pilares lígneos fueron víctimas del proceso de embellecimiento que algunas calles de la ciudad sufrieron en 2012. Con su caída desaparecieron también los carteles, las reivindicaciones políticas, los anuncios y los mensajes de amor. Todo ello ecos de la antigua Limassol que hoy reposan sobre el suelo de la sala número seis de la galería, donde el artista decide suprimir la presencia de luz artificial para que, con la penumbra del ocaso, el luto cubra todo el espacio.

‘Independence Street’, obra de Christodoulos Panayiotou. Fotografía: Andrés Herraiz.

La propuesta de Christodoulos Panayiotou se suma a la más que activa vida del barrio de Hampstead, donde contrasta con las pintorescas casas inglesas que acogen galerías de arte y anticuarios. El variado elenco de vendedores y vendedoras consiguen que salir un domingo se vuelva toda una aventura, en la que, sin duda, vale la pena dejarse llevar, ya sea tomando ‘Act II: The Island’ como punto de partida o como destino. En un mundo en el que Google Maps nos indica la mejor ruta a seguir, los espacios generados por la obra de Christodoulos Panayiotou nos enseñan que, en ocasiones, conviene perderse.

Fitzjohn’s Avenue, Londres. Fotografía: Andrés Herraiz.

Andrés Herraiz Llavador

El arte y el diseño, en el Festival de Cine Infantil

Festival Internacional de Cine Infantil (FICIV)
Exposiciones de ESAT
Diferentes espacios de la ciudad de Valencia
Del 23 de septiembre al 8 de octubre de 2019

La Escuela Superior de Arte y Tecnología (ESAT) de Valencia colabora, un año más, con el Festival Internacional de Cine Infantil de Valencia (FICIV) comisariando tres exposiciones que se expondrán al público en diferentes espacios públicos de la ciudad, como la estación del AVE de Joaquín Sorolla, el Aeropuerto de Manises y la Estación del Norte. 

Obra de Garsón. Imagen cortesía de ESAT.

La fotografía, el diseño gráfico, la ilustración y los audiovisuales expuestos son trabajos de los alumnos de las diferentes asignaturas de la carrera de Arte&Diseño, una formación de tres años de estudios inmersa en un sistema modular que permite al estudiante profundizar en una materia a partir de una full inmersión. 

De este modo, el alumno extrae de un trabajo intensivo unos resultados muy superiores a los obtenidos con el clásico sistema de asignaturas transversales. La muestra también expone dos audiovisuales con dispositivos tecnológicos reproducidos en una gran pantalla. 

Cartel de Zima. Imagen cortesía de FICIV.

En ESAT, los estudios de Arte&Diseño pertenecen al sistema educativo británico por el que el estudiante obtiene una Higher National Diploma (HND) de 120 créditos. Algunas de las asignaturas que se imparten en la carrera son narración audiovisual, packaging, fundamentos, desarrollo web, animación 2D y 3D, ilustración, publicación interactiva, etc. 

La exposición de los trabajos de los alumnos de ESAT, en el marco del festival FICIV, estará a la vista del público a partir del 23 de septiembre prolongándose hasta el 8 de octubre.

Una de las obras de la exposición de ESAT, por cortesía de la Escuela Superior de Arte y Tecnología.

«Hay que abrirse a otros mercados y coleccionistas”

MAKMA ISSUE #01
Entrevista | Sara Joudi (directora de Shiras Galería)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

En el panorama galerístico de València se concitan propuestas tan específicas como heterodoxas, cuyo fin último se revela, intencionadamente, como un altavoz visible de creación e interacción entre los distintos agentes que intervienen en el ámbito del arte contemporáneo.

Con este propósito se erigía, a finales de 2015, Shiras Galería, comandada por Sara Joudi (doctora en Medicina, artista e investigadora del arte), quien, tras un proceso previo de exhaustiva propedéutica y análisis de la realidad del momento, decide poner en valor «un modelo de galería que entonces no existía; además, el mercado del arte había dejado de funcionar por la crisis y el coleccionista habitual estaba más resentido económicamente», afirma su directora. «Las galerías son el último eslabón del mercado del arte y junto a los comisarios, un punto clave», por ello Joudi apuesta por «una galería cercana al público, entendida como un punto de encuentro donde prima la calidad y la trayectoria de los artistas». En Shiras, «los creadores renuevan sus propuestas al menos cada dos o tres años».

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

La formación en arte antiguo y dibujo, junto a su trayectoria como artista y coleccionista de obra gráfica, entre otras, confieren a Sara Joudi una educación visual determinante en la selección de artistas escogidos; «tengo un criterio muy práctico», esboza. Por ello y gracias a conocer a todos los agentes que se concitan en torno del orbe artístico, Joudi hace especial hincapié «en la recuperación de los coleccionistas habituales, así como en el fomento de nuevos a los que intento trasmitir amor hacia el arte”, tarea extensible al público en general. «Afortunadamente, en estos tres años de trabajo, los resultados han superado las expectativas», confiesa.

Shiras Galería se ubica en pleno centro neurálgico de la ciudad y consta de dos espacios definidos y estructurados para albergar las diferentes propuestas que conforman su cronograma. A pie de calle posee un área generosa en la que se muestra obra inédita de artistas consolidados; «actualmente, coincide que está compuesta por valencianos», atendiendo, según la galerista, al hecho de que «hay mucha calidad» entre la vasta nómina de creadores de la Comunidad Valenciana. Bajo la Sala Principal se encuentra la Sala Refugio, que acoge las propuestas site specific de artistas jóvenes del panorama nacional e internacional.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Creadores de la talla de Miquel Navarro, Horacio Silva, Sebastiá Nicolau, Rosa Torres, José Saborit, Juan Fabuel, Nuria Rodríguez Borges y, recientemente, la incorporación de Juan Olivares, entre otros, integran el listado de artistas que colaboran habitualmente con la galería. En la actualidad, se encuentra en pleno proceso de selección e incorporación de «artistas emergentes de media carrera” y óptima “proyección».

A tenor de la participación en Drawing Room, Art Madrid, Art Marbella y Stampa, Shiras Galería pretende solidificar su apuesta ferial, en tanto que «hay que abrirse a otros mercados, darse a conocer a nuevos coleccionistas”, con el fin de difundir y visibilizar las propuestas, así como «ampliar la red de contactos». Bruselas y Amsterdam, junto con Miami, son algunas de las apuestas que sitúa en el horizonte para las temporadas venideras.

Dirigir una galería requiere, por tanto, mucho esfuerzo y, a pesar del apoyo institucional para participar en ferias, Sara Joudi recalca la importancia tanto de elevar la cuantía, como de regular el IVA, por considerarlo “un handicap en las ferias internacionales respecto de otros países», amén de vindicar la elaboración y puesta en marcha de una Ley de Mecenazgo que facilite y permita ser competitivo en las gestiones. La galerista destaca, en definitiva, la importancia de fomentar y situar a Shiras Galería entre las comisiones de compra institucionales, en tanto que nómina de artistas y calidad son su sello.

Sara Joudi, directora de Shiras Galería.

Merche Medina

València/Bolonia: conexión underground

Festival de Arte Urbano VLC Barris en Moviment
Poblados Marítimos de València
Del 25 al 29 de septiembre de 2019

En la ciudad de València florecen los festivales entendidos como encuentros artísticos y culturales, al igual que en el pasado florecían los naranjos o los cultivos de la huerta. A diferencia de las plantas, estos encuentros no dependen del ciclo de las estaciones, aunque tienden a concentrarse en los periodos de buen tiempo, primavera y otoño.

Al intenso calendario de eventos se suma el Festival de Arte Urbano VLC Barris en Moviment, que se celebrará por primera vez del 25 al 29 de septiembre de 2019 en los barrios del Grau y el Cabanyal/Canyamelar, con el objetivo de abrir un diálogo entre la cultura underground valenciana y la italiana poniendo en valor las disciplinas relacionadas con aspectos urbanos de la cultura independientes de las corrientes mainstream, como las experiencias nacidas en las calles y en los centros sociales, y los movimientos underground conectados entre sí y en continua evolución.

El Instituto Cultural Italiano de Barcelona, el Ayuntamiento de València y la EMT (Empresa Municipal de Transportes) de València organizan esta apuesta para emprender un viaje desde el writing al streetart, del hip-hop al rap, de la publicación independiente al poster art, de la danza urbana a competiciones de breakdance y trial bike. La dirección artística está a cargo de Eleonora Battiston, crítica y comisaria de arte italiana residente en València, que ha colaborado anteriormente con museos y galerías en China, Italia y España.

La idea inicial es que el festival se celebre con periodicidad anual cada vez en una zona distinta de la ciudad, pero la elección de los barrios marítimos para acoger la primera edición no es fortuita. Se ha tenido en cuenta su tejido urbano intrincado y colorido, capaz de evolucionar de situaciones periféricas de marginalidad a reinventarse y alimentar un sustrato cultural e intelectual, que se encuentra entre los más ricos e interesantes de València.

Así, las realidades locales de estos barrios de València estarán involucradas y dialogarán con quienes son y quienes han sido los protagonistas de la cultura independiente y alternativa en una de las ciudades italianas más importantes en relación a este tipo de movimientos: Bolonia.

En los últimos treinta años, Bolonia, importante ciudad universitaria, ha sido para los artistas que han nacido o se han establecido allí un centro de inspiración y creatividad. Gracias a la presencia del DAMS (Departamento universitario dedicado a las Disciplinas de Arte, Música y Espectáculo), de la Academia de Bellas Artes y de varias asociaciones culturales y centros sociales, han surgido en la ciudad algunos de los primeros movimientos urbanos, como las primeras posse del hip-hop italiano, las primeras tags reconocidos internacionalmente como Cane K8 y la icónica Pea Brain y los primeros estudios académicos de un arte de frontera en los que se analizaban por primera vez en Europa el fenómeno de los graffitis estadounidenses.

Estas formas de arte han recibido un justo reconocimiento, asomándose a la cultura mainstream, manteniendo, sin embargo una distancia con ella y reafirmando la voluntad de permanecer en el anonimato, en esa sombra donde nacen las ideas, se forman crews, y se crean redes que van más allá de los límites institucionales.

El Festival se iniciará el 25 de septiembre en la biblioteca de Las Naves con la inauguración de Fruit, la feria de publicaciones de arte de Bolonia que por primera vez llega a València. Acogerá charlas, presentaciones de libros y dos documentales: ‘Numero Zero. Alle origini del Rap Italiano’, de Enrico Bisi y ‘I am not alone anyway’, de Veronica Santi, sobre la historia de Francesca Alinovi, comisaria y visionaria del street art, hasta que apareció misteriosamente asesinada.

La zona del Cabanyal se convertirá en escenario de una serie de actividades relacionadas con el streetart, el rap y la cultura urbana. Artistas reconocidos internacionalmente pintarán las paredes de algunos edificios del Cabanyal y los locales de la Fabrica del Hielo, la Batisfera, la Pilona y Drassen 52, patrocinados por Tyris, organizarán talleres, djsets y actividades paralelas. El nuevo hotel/Kitchen Bar Lindala, ubicado en el corazón de estos barris en moviment será también un punto de encuentro del festival.

El sábado 28 se dedicará a la música, con la presencia de grupos de rap/hip hop valencianos e italianos que se alternarán desde las 18 horas hasta la 1 de la madrugada en Las Naves. La entrada a todas las actividades es gratuita y el programa completo puede consultarse en la página web: www.vlcbarrisenmoviment.es y en sus redes sociales.

Bel Carrasco

La danza del arte

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Meritxell Barberá (codirectora de Taiat Dansa y del Festival 10 Sentidos)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

En los inicios del siglo XX la que hoy conocemos como Danza Moderna aparece gracias a coreógrafas y bailarinas como Isadora Duncan, que se enfrenta a los cánones clásicos del Ballet Romántico, o Loïe Fuller, que experimenta con la luz y el movimiento. En los años veinte Josephine Baker explosiona, ante el estupor de muchos, con su danza sensual, una actitud feminista y un decidido estilo que defiende el nuevo rol que quiere ocupar la mujer en el mundo. Un poco más avanzados en el siglo XX, figuras como Mary Wigman, Martha Graham o Doris Humphrey irrumpen con un nuevo estilo de danza que apela al sentimiento, la necesidad de expresar diferentes estados de ánimo a través del cuerpo, en íntima relación con los acontecimientos que convulsionan al mundo entero ante la Segunda Guerra Mundial.

La aparición, a principios de los años 60 en la Judson Church de Nueva York, de una generación de bailarines –tales como Lucinda Childs, Trisha Brown, Steve Paxton o Yvonne Rainer–, conocida como Nueva Danza, propone un rechazo total a la formación dancística clásica. Utilizan movimientos cotidianos para realizar coreografías, diferencian la presentación de la representación y apuestan más por obras inacabadas, por mostrarlas en proceso de creación. Se trata de una generación que comienza a trabajar con artistas de otras disciplinas. Todas las experimentaciones entre cuerpo, espacio y tiempo que tuvieron lugar en la Judson Church de Nueva York constituyen una nueva estética de danza, nuevas motivaciones, nuevos objetivos donde, a partir de ahora, la danza empieza una carrera, desde nuestro punto de vista, por querer formar parte de eso llamado arte, de la historia del arte.

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Esta generación de la Judson Church apuesta por lo no espectacular, por el no al virtuosismo, no a la representación y no a la emoción. A partir de aquí, coreógrafos como Anne Teresa De Keersmaeker o Wim Vandekeybus crean otra revolución en los años ochenta. Su danza parte de un movimiento no académico y en sus obras la relación entre danza y otras disciplinas como el cine, la música… es fundamental. Pero ellos, de manera muy original, apuestan por un estilo más sofisticado en relación a la generación anterior, conjugan la plasticidad de la escena y una cuidada estética, sin perder de vista lo cotidiano y humano.

En los últimos veinticinco años Ohad Naharin ha supuesto un nuevo paradigma, el nuevo escenario de movimiento y composición coreográfica a partir del cual trabajan (y trabajamos) una gran mayoría de coreógrafos y coreógrafas en la actualidad, aunque desde lugares, intereses, inquietudes y universos muy diferentes. La habilidad física, la formación en danza clásica se recupera para luego cada creador transformar el cuerpo con cualidades diferentes y extremas que puedan poner en relación a la danza y el discurso de una obra, a la necesidad de comunicar diferentes estados o situaciones.

La relación entre placer y esfuerzo son importantes para Naharin. “Se trata sobre todo del porqué, por qué se baila. He visto bailarines que tienen una gran habilidad física pero que no escuchan a su cuerpo, sino que se mueven solo en pos de la forma”, apunta. Y añade: “lo importante es escuchar la gama de sensaciones del cuerpo para poder danzar. La danza es una escucha del cuerpo”, afirma el coreógrafo.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

La magia reside, en los últimos años, en buscar universos coreográficos que propongan algo diferente, una estructura corporal nueva, códigos de movimiento diferentes que sorprendan pero que, sobre todo, no estén solo al servicio de la forma y la virtuosidad, sino más bien en estrecha relación con el discurso de la obra. El intercambio con otras disciplinas ofrece un juego más colectivo de expresión y, con el protagonismo sabido que ofrece la danza y el movimiento, es una manera interesante de trabajar en la creación coreográfica actual para compartir ideas, opiniones y emociones a través del cuerpo.

El riesgo actual puede estar en la excesiva importancia que está tomando el movimiento virtuoso, una imponente técnica dancística, que pueda poner en peligro la relación entre una obra de danza y su contexto. Es decir, que el soporte expresivo que supone la danza para reproducir el mundo que le rodea esté más atento a la forma.

El arte es la llave para abrir fronteras y fusionar culturas. La danza, una forma de expresión ancestral, natural en el ser humano desde la infancia, parece que sea la disciplina menos comprometida, pero no es así, la expresión corporal tiene mucha fuerza y su lenguaje no tiene en cuenta las fronteras. En los últimos años la transmisión de los significados culturales que nos construyen como seres humanos, utilizando el cuerpo como herramienta fundamental para cuestionar o proponer nuevos valores, como la diferencia, conceptos nuevos de belleza y perfección, diferentes capacidades o temas de denuncia que afectan a nuestra sociedad, son fundamentales en la creación coreográfica actual.

‘Canvas of bodies’, de Taiat Dansa.

Meritxell Barberá

El paseo. Cultura en València

Hace unos días acompañé a mi hijo a un cumpleaños al Bioparc. Es un lugar bonito en el que puedes llegar a tener la sensación de que los animales son privilegiados que disfrutan de unos ecosistemas hechos a su medida. No puedo evitar recordar al lobo de Tasmania, al sapo dorado, a la foca monje o al tigre de Java, todos ellos extinguidos, en mayor o menor medida, por la acción humana.

Dejé a mi hijo con sus amigos y seguí con la bicicleta por el cauce que recorre el río Turia, hasta que llegué a Manises. Bajo unos puentes de madera vi familias de patos; las madres protegían a los polluelos de los ruidos de la autovía y de los adolescentes que disfrutaban tirándoles piedrecitas. Me acerqué hasta la orilla: plásticos, latas y envoltorios de Hacendado se mimetizan entre el verde eléctrico de los arbustos. El hombre ha sido capaz de generar 8.300 millones de toneladas de plástico de los que 6.300 millones de toneladas se convirtieron en residuos. Algunos patos volaron asustados por mi presencia e intuyo que indiferentes a mis ensoñaciones. Tuve el impulso de volver a por mi hijo y marcharnos a casa, pero ¿qué culpa tiene él?

Había pedaleado media hora pensando en los proyectos que tengo en la cabeza, pero al llegar al final del trayecto me asaltó una noticia leída en prensa: “La galería Pepita Lumier echa el cierre en València”. Cristina Chumillas y Lucía Vilar intentarán seguir con el proyecto, pero dándole un giro, eliminando el espacio físico. También Librería Dadá cierra de forma temporal; Inma Pérez buscará nuevas fórmulas que le permitan seguir peleándose con el día a día. Espacios, librerías, galerías, revistas, editoriales, teatros, todos ellos forman parte del tejido cultural valenciano. No quiero recordar a los que ya no están –cada uno tuvo, en su momento, razones para no continuar–, pero creo que es obligado pensar en qué está ocurriendo con la cultura en València. Tenemos Feria del Libro, festivales de barrio, La Mostra, Cinema Jove… Tiene que ser difícil gestionarlo todo y no puede ser producto de la casualidad que se reproduzcan los comportamientos.

A fin de cuentas, ¿qué es la cultura? Edward B. Tylor, en 1871, la definió como todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y los hábitos y capacidades adquiridas por el hombre como miembro de la sociedad.

Ya, eso está bien, pero ¿qué piensan los políticos de la cultura? Como acabamos de vivir un proceso electoral largo, es fácil indagar en cuáles son sus ideas acerca de este tema, me refiero a aquello que se vea reflejado en sus programas electorales:

PSOE: hacer un pacto de Estado por la cultura (suena bien, pero si no son capaces de pactar para ocupar los sillones del Congreso… No acabo de creerlo), Ley de Mecenazgo, financiación para la RAE, destinar parte de la recaudación de la lotería para la producción de cine; PP: Plan Nacional de Tauromaquia (ahí tenemos a la cultura), fiscalía especializada en la protección de la propiedad intelectual (quizá ya no sea necesaria dentro de unos pocos años), blindar el archivo de Salamanca, Ley de Mecenazgo; Unidas Podemos: plan de reforma de RTVE, Estatuto del Artista (ocurre lo mismo que con la fiscalía del PP), potenciar la producción de cine en las lenguas del Estado; Ciudadanos: difusión de la Historia de España, Ley de Mecenazgo (parece que ahí todos coinciden, que paguen otros), rebaja del IVA cultural, plan estratégico del patrimonio cultural; VOX: favorecer el arraigo a la tierra y las tradiciones folclóricas (cómo te quedas al leer su programa…).

Según sus programas parece que la solución política al problema cultural está en aplicar deducciones fiscales a aquellos que se animen a actuar como mecenas (financiar y proteger a los artistas).

En un reciente estudio de la Generalitat de la Comunitat Valenciana, elaborado por Antonio Ariño y Ramón Llopis, se concluye que el 33 % de los valencianos pasa de la cultura, aunque el 56 %, no obstante, piensa que la cultura es importante. Según Ariño, “la revolución digital ha hecho que los bienes culturales pasen a estar en nuestro bolsillo”. Carmen Amoraga se encuentra “satisfecha” de alguna de las iniciativas puestas en marcha desde la Conselleria de Cultura. Hemos de entender que las ayudas a una Feria del Libro que cada año pierde más el pulso con la ciudadanía, o el fomento de Cinema Jove, con un contrato a su director Carlos Madrid que sugiere una apuesta cortoplacista, llenen de “orgullo y satisfacción” a la actual secretaria autonómica de Cultura y Deporte. Serán estos unos años fértiles para la cultura valenciana, pensaron muchos de los agentes culturales hace cuatro años.

Se han hecho cosas, por ejemplo, el Ayuntamiento de València ha generado ayudas de 150.000 € destinados a la programación de proyectos culturales sin ánimo de lucro y con carácter asociativo; Glòria Tello hace un llamamiento a la participación. Se recupera, también desde el Ayuntamiento de València, La Mostra, después de estar suspendida desde 2011 (en la 33ª edición se destinaron 40.000 € en premios, 72.170 € para la directora gerente Rosa Roig y 65.000 € más para Eduardo Guillot (vicedirector y responsable de programación).

Entonces, ¿por qué el ánimo de los personajes que forman el entramado cultural: artistas, escritores, galeristas, programadores, etc., está tan bajo? ¿Falla algo? ¿Qué haría falta?

ARÍSTIDES ROSELL. GALERÍA IMPREVISUAL

Siento la necesidad de preguntar a alguno de esos personajes cuál es su percepción, no quiero dejarme influir por mi escéptica visión del vaso medio vacío mientras escucho el aleteo de los patos y entiendo que ese ruido de pluma contra pluma lo emiten a modo de queja. Es por eso que me he acercado hasta la Galería Imprevisual (c/Doctor Sumsi, 35) y, además de disfrutar de una maravillosa exposición de carteles de cine cubanos, aprovecho para hablar con Arístides Rosell.

Arístides Rosell posa junto a una de sus obras y el volumen ‘El cartel. Revolución’. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

Lo encuentro hablando con el artista Vicent Marco sobre el seminario impartido en el Sporting Club Russafa por Marta Pérez Ibáñez “El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte”. ¿Es la cultura un comercio?, comentan. Arístides me dice que no le gusta hablar de datos económicos, así que comienza haciéndolo sobre los movimientos culturales que se generaron en los barrios a partir de 2006-2008:

–Había desidia y silencio cultural, desde 2008, y, concretamente, en el barrio del Cabanyal se genera una barricada cultural que no quiere dejar morir la arquitectura o la cultura; se genera una revolución cultural que llena de eventos la ciudad. A partir de la crisis emergen los movimientos culturales en los barrios (siguiendo la inercia del Cabanyal), los artistas se instalan en esos barrios y se generan interconexiones. Sin embargo, no existe comunicación directa con la Administración. No existe apoyo, que es algo que no tiene que ver con las subvenciones. Podríamos decir que hay una desidia cultural política.

No obstante –prosigue Arístides–, esos movimientos emergentes contra la voluntad política continúan con fuerza (Russafart, Russafa Escénica, Cabanyal Íntim, Ciutat Vella Oberta…). Creo que los políticos no han amparado a estos movimientos (por cierto, esto no es original de València, más bien es una dinámica internacional). Se han sacado subvenciones y líneas de actuación, pero en ningún caso se ha acompañado. Pienso que los políticos no estaban preparados. Solo se ha hecho un diagnóstico, pero nunca se vio a esos movimientos como aliados –Arístides acaba de hacerme de espejo. En su frente he visto volar también esos patos del Turia–.

Tiene que marcharse a una reunión en Buñol para preparar un festival. Me queda preguntarle si ve el futuro con escepticismo o con ilusión. Él responde rápido mientras recoge su bolso y se prepara para salir conmigo de su galería:

–Con ilusión, siempre hay que dejar un margen de actuación. Ya están los diagnósticos. Ahora,¿actuamos?

DANIEL GASCÓ. VIDEOCLUB STROMBOLI

Me alejo con la bicicleta y recorro migratoriamente la calle Centelles hasta mi nueva parada: el Videoclub Stromboli. Allí espero encontrarme a Daniel Gascó. Le abordo directamente; casi sin darle las buenas tardes, le pregunto su impresión sobre los logros culturales en estos últimos años. Comienza diciendo que no cree que haya un buen reparto de los recursos y que también se han producido situaciones injustas (como en el caso de La Mostra).

Daniel Gascó en las dependencias de su Videoclub Stromboli. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

–Parece que a veces lo social y lo democrático no tenga que ver con la cultura –continúa hablándome de la gran cantidad de acontecimientos que hay en València–. Estoy de acuerdo con Maite Ibañez en que hay mucha dispersión de la cultura en cuanto a número de festivales. Falta cohesión o recortar su número.

Le interrumpo diciéndole que quizá eso significaría ir a una política de grandes acontecimientos, de fotografía para artículo de prensa.

–Por ejemplo, el número de acontecimientos cinematográficos del año no se corresponde con la infraestructura. Creo que faltan salas. No todo puede ir a la Filmoteca, porque afecta a su normal funcionamiento –responde Gascó.

Mi hijo me enseña la película que quiere que alquilemos y me apremia a que acabe con mi charla, así que le pregunto directamente sobre cómo ve el futuro:

–València es una ciudad muy culta, por encima de los políticos que haya. Está dentro de la médula de la ciudad: gente que trabaja porque sí, una especie de voluntariado no remunerado, gente muy generosa. No creo tanto en los políticos. No pienso que dos o tres personas con poder puedan organizar culturalmente la ciudad. Son estas personas las que en ocasiones desestiman proyectos muy importantes. Lo hacen por miopía o por incapacidad, o porque sí.

Acaba con una frase que me deja pensando mientras pedaleo hasta mi nuevo destino:

–Hay militancia cultural.

INMA PÉREZ. LIBRERÍA DADÁ

Muevo los pedales con menos ganas que hace solo unas horas y no es que esté cansado, más bien es una especie de nube gris que ha comenzado a envolverme y que ha dejado un ambiente un poco pegajoso que no me permite pedalear libremente, aunque sigo haciéndolo hasta la calle del poeta Monmeneu, 18. Allí se encuentra el Espacio Paco Bascuñán y, de forma temporal, Inma Pérez ha desplazado dadaístamente parte de sus libros y de la Librería Dadá, en esa especie de éxodo forzado en el que se encuentra inmersa. La terraza interior rodeada de plantas es un lugar magnífico para conversar.

Inma Pérez durante un instante de la entrevista en el Espacio Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

No dejo pasar muchos minutos antes de abordar a Inma con la primera pregunta:

–Después de muchos años con gobiernos que no parecía que favoreciesen demasiado a la cultura, se recibió con mucha ilusión el cambio político en la Comunitat y en la ciudad; sin embargo, parece que la sensación entre aquellos que se dedican a la gestión cultural es que tampoco han cambiado mucho las cosas. ¿Cuál es tu percepción?

–(Sonríe antes de comenzar a hablar) Quizá esperábamos demasiado, teníamos muchas ganas de que los nuevos gestores, que conocían y nos conocían, pudieran cambiar las cosas –yo tengo la intención de no interrumpir su discurso, así que permanezco callado–. Han puesto en marcha iniciativas necesarias, pero, para mí, algunas cosas se han hecho sin contar con muchos de los que ya estábamos. No todos estamos agremiados o asociados, no todos tenemos la misma visibilidad ni los mismos medios, pero estamos trabajando también cada día en el sector y nos hubiese gustado formar parte de la elaboración de estrategias puntuales o de la redacción de diagnósticos sobre el estado de la situación, por ejemplo, pues nos afecta lo que ellos decidan.

(Asiento con la cabeza y dejo que continúe). Si queremos fortalecer el sector cultural, se debe abordar detectando los problemas desde la diversidad y la realidad de todos, teniendo en cuenta que lo que vale para uno no vale, seguramente, para los demás. Deberíamos dejar también de pensar en términos cortoplacistas y establecer medidas destinadas a que podamos crecer y consolidarnos, a medio y a largo plazo, teniendo en cuenta también que lo que vale para hoy quizá no valga para mañana. Muchos llevamos algunos lustros sobreviviendo– asevera.

Me gustaría hablar sobre los museos, concretamente sobre las librerías albergadas en el interior de los museos, así que comienzo diciéndole que cuando alguien viaja a diferentes ciudades de Europa y recorre sus museos se da cuenta de lo que significa tener una librería dentro de uno de ellos. Creo que su opinión es una de las más válidas en la Comunitat Valenciana para desvelarnos por qué, en València, independientemente del color político, no tenemos librerías de ese tipo. Inma, seguramente, ha tenido que contestar esta pregunta muchas veces (incluso a ella misma), por esa razón su respuesta salta como accionada por un mecanismo de muelles:

–Es algo complejo de explicar y daría para una charla –sonríe, nuevamente, y continúa con una explicación que intuyo será clarificadora–. En primer lugar, porque no hay demanda real. La mayoría de la gente que visita un museo espera comprar algún souvenir o merchandising, esperan encontrar eso porque es lo que ven en todos los lados. Este material cuesta mucho de producir y mucho más de vender porque las cifras reales de visitantes, que no asistentes, no mantienen un negocio vendiendo solamente postales o lápices, que es lo que casi todo el mundo quiere, algo que no sea caro. El gasto por visitante es muy reducido y el gasto que genera el negocio es más elevado, por eso se termina cerrando.

La venta de catálogos –revela–, además, es también reducida; se siguen regalando bastantes ejemplares, otros tantos terminan en algunas librerías a precios reducidos…, así que por una parte o por otra tampoco se genera demanda, salvo momentos puntuales y eso tampoco da para mantenerte. No olvidemos que, muchas veces, estos visitantes de museos se encuentran con puntos de información donde tienen de forma totalmente gratuita revistas, carteles…; y el paso por una tienda, o librería, es para mirar, porque ya han cargado previamente sin tener que pagar nada por ello –indica Inma Pérez.

Habla con rapidez y con fluidez. Pienso que cuando alguien ha vivido de cerca problemas similares se genera cierta empatía instantánea. No puedo dejar de pensar en el cierre de Le Petit Canibaal o en el necesario giro del proyecto Canibaal. Entiendo perfectamente de qué está hablando Inma y sé que no necesita que le diga que comprendo cada una de sus palabras. En ocasiones nos podemos permitir hablar con las miradas.

–En segundo lugar –prosigue–, porque la institución, la que sea, no siempre cree en la librería, en una librería. Se debe sacar rédito económico (totalmente de acuerdo y nada que objetar) con una licitación, atendiendo al negocio que alguien abrirá y los supuestos beneficios que éste obtendrá, por eso se licita con un precio que va al alza. Suele ser una licitación de duración muy reducida que, muchas veces, no permite amortizar inversión alguna, pues no solo compras material, también mobiliario, equipamiento diverso y quizá debes contratar personal; siempre está el riesgo de que cuatro años después decidan que, una vez terminado el contrato, quieran otro modelo de negocio y tú te puedes quedar compuesto y con una librería/tienda en marcha.

No hay estudios rigurosos –continúa– sobre el impacto económico de los visitantes, lo que no ayuda al que arriesga su capital, que se debe guiar por lo que pide la institución, o lo que le dicen los que allí trabajan, mayormente en las oficinas, pero que luego resulta que puede que no sea totalmente cierto. Se trabaja sobre expectativas, pero no sobre la realidad –asevera.

Mi hijo da vueltas por el patio y husmea entre las plantas, me pregunta si puede sacar la bolsa con sus piezas de Lego para entretenerse. Inma le mira de reojo y sigue contestándome:

–Una librería en un museo es un valor añadido, no debería ser sólo una tienda de souvenirs o un espacio que todo el mundo espera; y no es el mismo modelo de negocio, las librerías tienen márgenes comerciales prácticamente invariables y los precios de los libros son fijos y están regulados por ley, cuesta mucho producir beneficio económico. La librería genera comunidad, que se une a la del propio museo.

Apostar por un espacio así en las instituciones –mantiene– supondría cambiar los pliegos, para que fueran más ajustados a la realidad y más flexibles, pues todas y cada una de las decisiones que además se toman en estas instituciones repercuten directamente en el devenir de la implantación y consolidación de la librería. En un sólo año puede cambiar muchísimo el panorama, y por muchas razones.

Yo he estado 12 años en un museo –recuerda Inma Pérez–, durante un tiempo en dos, y los retrasos en la publicación de los catálogos, los cambios de dirección, la subida del precio de las entradas, la modificación del horario de apertura y hasta el cierre de la cafetería pueden repercutir directamente en tu negocio. Montar una librería en un museo debería ser una gran y magnífica oportunidad, pero en estos momentos es una auténtica locura –concluye.

Recuerdo las palabras de Arístides Rosell sobre los tiempos de diagnosis, así que decido hacerle una última pregunta a esta librera incansable:

–¿Crees que nos esperan otros cuatro años de diagnosis o quizá se pongan a trabajar en serio? Me refiero a si ves el futuro de la cultura con escepticismo o con cierta ilusión (Inma levanta la mirada con cierta pereza por responder a una pregunta que quizá se haya formulado demasiadas veces en las calles y en algunos espacios culturales).

–Ahora mismo tengo ante mí una situación muy complicada y solamente pienso en cómo salir adelante, así que quizá no esperaré nada de nadie para no sentirme defraudada o decepcionada.

Ojalá que lo nuevos gestores lo tengan claro esta vez y que lo podamos ver, porque ya no habrá margen para excusas y quizá no más oportunidades –confiesa.

Ha sido un día intenso: he recorrido carriles bici que antes no existían y me he podido acercar a espacios naturales, librería, galería y videoclub sin apenas salir de ellos. He estado en contacto con la naturaleza y disfrutado viendo a mi hijo pasarlo bien. He podido ver una València más amable para las familias y los niños y, para ser justos, cierta predisposición hacia la cultura, pero no puedo dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿es suficiente con tener una buena predisposición hacia la cultura después de haber cubierto una legislatura?

Puede que la política cultural sea como un elefante: grande y majestuoso, pero con movimientos muy lentos.

Detalle de un paseo elefantiásico por Bioparc. Fotografía: Ximo Rochera.

Ximo Rochera

«La forma es un medio para expresar lo que pinto»

Moving Target, de Oliver Johnson
Galería Punto
C / Burriana, 37. Valencia
Hasta el 14 de julio de 2019

Decía el sociólogo Jesús Ibáñez, hablando de las paradojas de la investigación, que no se puede determinar, a la vez, la posición y el estado de movimiento de una partícula. Si se determina la posición, indeterminamos el estado de movimiento, y si determinamos el estado de movimiento, indeterminamos la posición. Oliver Johnson, que hasta el 14 de julio exhibe su Moving Target en Galería Punto, lo explica así con respecto a su obra artística: “La doble rendija [experimento de Thomas Young realizado en 1801] era un experimento para explorar la dualidad de la luz [para discernir su naturaleza corpuscular u ondulatoria]. Una onda no tiene cuerpo, pero una partícula sí. Todo es luz rebotando y nuestro cerebro es el que da sentido a lo que nos rodea”.

Esa luz que no para de rebotar hasta que el espectador la captura y, movido por su curiosidad, se desplaza de un punto a otro sin poder apresarla del todo, es lo que Johnson muestra a través de una serie de piezas escultóricas tan imponentes como esquivas. “En ciencia, el acto de observar el experimento cambia el resultado. De la misma manera, en el arte se dice que el espectador termina la obra en su cerebro. El color cambia dependiendo de dónde te coloques. De ahí lo de Moving Target, porque el espectador es la diana. Tu realidad va cambiando según cómo percibas la obra”, explica el artista londinense afincado desde hace años en Valencia.

Vista de la exposición ‘Moving Target’, de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Galería Punto.

“El tres se repite, no sé exactamente por qué. Tres piezas grandes, tres más pequeñas, tres hélices. El color también es fundamental. De hecho, la forma es un medio para expresar lo que pinto. Creo un objeto que no es siempre plano, porque es una escultura que invade el espacio. Tiene un carácter tridimensional”, señala quien entiende el color como “un medio de comunicación”, por cuanto “recoge todo el espectro de la luz, que queda atrapada o reflejada ahí”. Así, podemos ver ondas de la gama del amarillo, mientras todo lo demás queda absorbido por la superficie. 

Oliver Johnson es inglés, pero llevo 25 años aquí. “Cuando pintaba en Londres, lo hacía en blanco y negro, porque era un color que acompañaba al sitio, y al llegar aquí me encontré con la tierra de Sorolla y la luz de Valencia. Lo que tiene Londres es una gama de grises impresionante, pero aquí es todo diferente”. En Moving Target muestra una selección de las últimas obras realizadas, jugando con la armonía y la disonancia. “En este caso, quería tener las piezas grandes al principio, que te atrapen nada más entrar, y luego las demás, porque todas tienen que convivir”. 

Vista de la exposición ‘Moving Target’, de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Galería Punto.

Trabaja primero la forma, porque la estructura dice que es algo “complicadísimo”. Y una vez que tiene la forma, cuya raíz ubica en las composiciones sagradas que utilizan en las iglesias y en las mezquitas, pasa al color, que guarda también unas proporciones, “para que produzca esa vibración”. “Juegas con la composición del color y las formas de las piezas”, añade. ¿Formas sagradas, religiosas? “Bueno, a ver, esas reglas sagradas son sacadas de la naturaleza. Encontramos belleza en las personas porque sus facciones caen dentro de las mismas reglas de proporción. Eran piezas sagradas porque tenían esa función, estaban prohibidas a las masas”.

Moving Target es una exposición compuesta por diez piezas, entre ellas una de cristal adobado con el color construido desde atrás y que, depende cómo la mires, tiene un color u otro. “Todo lo que viene a partir de ahí es sobre una base inestable. Volvemos otra vez a lo mismo: el modo en que tú interactúas con la pieza es la manera en que la ves. La pieza casi está viva. Cualquier movimiento interrumpe o destruye la percepción. Yo siento que la pieza está acabada cuando se detiene para mí y adquiere independencia propia”.

Vista de la exposición ‘Moving Target’, de Oliver Johnson. Imagen cortesía de Galería Punto.

A Johnson le sucede también que pintando encima de una obra encuentra otra pieza, de ahí que diga que el proceso de crear le resulta “angustioso, incluso violento”. “Parece sencillo llegar a esto, pero es tremendamente difícil y cuando lo logras, lo digo en confianza, es casi orgásmico. Hay cuadros que los peleas y no quieren ser lo que tú proyectas, ofrecen mucha resistencia. Entonces los dejas ahí y vas viendo cómo avanza la relación. Parece una locura, pero es así. Mark Rothko decía que lanzar una obra al público era un acto muy sensible”.

Para Oliver Johnson, cada obra vive o muere en el ojo del espectador que tiene simpatía. “Volvemos al título de la exposición: el objetivo es llegar a tener esa conexión. No es necesariamente el comprador. Esto es también comunicación, es lenguaje visual, no es verbal ni escrito. Los cuadros hay que mirarlos como se escucha la música, sentirlos. Yo puedo acercarme a un piano y tocar las teclas, pero es el feeling que tiene un pianista, a través de los vacíos de las notas, quien comunica esa emoción”. 

Moving Target, puestos a traducirlo de forma literal, sería diana en movimiento. “La ciencia va buscando ese moving target porque, cuando descubrimos algo, no se soluciona nada, simplemente complica más las cosas, el abanico se abre más, porque si resuelvo todas mis inquietudes en una pieza eso es muy peligroso. La pieza la termino, eso sí, pero la conversación continúa con la siguiente”. Una especie de bucle, tan angustioso como orgásmico, en el que se debate la obra de este londinense que dejó el blanco y negro, para sumergirse en este color vibrante y esquivo que ahora le caracteriza.

Oliver Johnson, junto a una de sus piezas. Foto: Makma.

Salva Torres

Antonio Barroso deja Ciutat Vella Oberta

IV Bienal de las Artes de Valencia Ciutat Vella Oberta
Del 12 al 17 de noviembre de 2019

Antonio Barroso ha decidido abandonar, después de tres ediciones, la dirección y, con ello, la presidencia de la Bienal de las Artes de Valencia Ciutat Vella Oberta. Alega motivos “sobre todo personales” que le han empujado a tomar esta determinación en un momento en el que le ha sido difícil, apunta, “dar este importante paso en mi trayectoria profesional”.

Para la tranquilidad de los artistas, la Bienal Ciutat Vella Oberta sigue adelante merced al impulso de un equipo de profesionales que ya está trabajando en la convocatoria de 2019, “una edición cada vez más importante, al convertirse en la cuarta edición de la Bienal de Valencia”, señala Barroso.   

“Desde hace unos 25 años”, continúa diciendo en el comunicado enviado a los medios para anunciar su decisión, “me dedico en cuerpo y alma a los artistas y al mundo del arte, desde mi proyección como artista multidisciplinar hasta la gestión cultural, dirigiendo espacios expositivos, comisariado de exposiciones, críticas de arte, diseño gráfico, etcétera, pero la falta y escasez de remuneración en este sector me han obligado a dar un giro que espero sea definitivo y enriquecedor, tanto a nivel personal como para seguir apoyando al arte y a la cultura”.

“Estoy agotado de trabajar prácticamente gratis año tras año y que una larga trayectoria profesional no tenga validez para acceder a remunerados e interesantes puestos de trabajo por falta de diplomatura. Actualmente soy socio de la Asociación Valenciana de Críticos de Arte (AVCA) y como crítico de arte seguiré actuando y abierto a propuestas”, añade.

Barroso finaliza el comunicado diciendo que, por todo ello, “y más vale tarde que nunca”, ahora está volcado en sus estudios de Historia del Arte, “solo una línea más en mi curriculum, con los que espero que me encuentren y pueda hallar muy pronto nuevas ventanas abiertas para desarrollar y aplicar profesionalmente lo aprendido, lo que aprendo y lo que aprenderé”.

Antonio Barroso. Imagen cortesía del autor.

La obra de Van Gogh en un lienzo de 800 m2

Van Gogh Alive
Ateneo Mercantil
Plaza del Ayuntamiento, 18. Valencia
Del 27 de julio al 20 de octubre de 2019

La exposición multimedia itinerante de más éxito del mundo llega a la capital del Túria tras haber batido récord de visitantes en más de medio centenar de ciudades de cuatro continentes. Procedente de Málaga y después de pasar por Sevilla, Alicante y Madrid, desembarca en València, donde desde el 27 de julio y hasta el 20 de octubre, el público tiene al alcance la oportunidad de sumergirse en la personalidad y la obra del pintor holandés Vincent Van Gogh. 

‘Van Gogh Alive’ es la propuesta pionera que presenta la obra y esencia de este artista como nunca antes se había visto y puede visitarse en el Ateneo Mercantil de Valencia. Nomad Art, representante exclusivo de la exposición en España, está determinado en seguir logrando batir récords de audiencia en cada ciudad por la que pasa. La combinación de arte y tecnología de vanguardia para acercar la cultura a un nuevo público son los ingredientes de esta receta original que ya ha encontrado sucedáneos. 

Vista de la exposición ‘Van Gogh Alive’. Imagen cortesía del Ateneo Mercantil de Valencia.

La tecnología SENSORY4™, un sistema envolvente multicanal creado por Grande Exhibitions para introducirnos en la obra de Van Gogh como nunca antes se había hecho, convierte la obra del pintor en un universo de color donde las sensaciones son protagonistas absolutas. Cuarenta proyectores de alta definición y gráficos en movimiento con sonido envolvente multicanal de calidad cinematográfica ofrecen un espectacular entorno inmersivo en pantallas de seis metros de altura distribuidas por toda la superficie. Más de 3.000 imágenes cubren paredes y suelos hasta transformar la tercera planta del Ateneo en un enorme lienzo de 800 metros cuadrados.

La tecnología multidimensional de ‘Van Gogh Alive – The Experience’ es un puente para acercar el mundo de arte al gran público. Esta propuesta, basada en el dinamismo y la tecnología multimedia, se convierte en un reclamo absoluto para las nuevas audiencias, habituadas a este tipo de formatos. Huye del concepto estático de las exposiciones propias de los museos tradicionales. Esta muestra está dirigida a todos aquellos que quieren experimentar el arte desde una nueva perspectiva. Es la primera vez que se puede pasear por La noche estrellada o perderse en los detalles de los autorretratos hasta el punto de ver las pinceladas y las mezclas de color.

Vista de la exposición ‘Van Gogh Alive’. Imagen cortesía del Ateneo Mercantil de Valencia.

La exposición estará abierta al público en el Ateneo Mercantil de Valencia  de 09h a 22h ininterrumpidamente de lunes a domingo. Las entradas pueden ya adquirirse a través de la página oficial de la exposición, www.vangogh.es y en breve estarán a la venta en las Oficinas de Información y Turismo de la capital. 

El Ateneo Mercantil de Valencia es en la actualidad la entidad civil más numerosa de València. Cuenta con más 3.800 socios y en su edificio de la Plaza del Ayuntamiento se suceden a diario conferencias, conciertos, obras de teatro, exposiciones y actividades que lo han convertido en un punto ineludible de la vida cultural valenciana.   

Vista de la exposición ‘Van Gogh Alive’. Imagen cortesía del Ateneo Mercantil.

Emprender en el mundo del arte

#EncuentrosCañadaBlanchEnElSporting
Seminario ‘El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte’, impartido por Marta Pérez Ibáñez
Sporting Club Russafa Carlos Moreno Mínguez
Sevilla 5, València
Viernes 7 (de 16:00 a 20:00) y sábado 8 (de 10:00 a 14:00) de junio de 2019

La Fundación Cañaba Blanch, el Sporting Club Russafa Carlos Moreno Mínguez y MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, organizan los #EncuentrosCañadaBlanchEnElSporting, cuya primera edición concluirá el próximo fin de semana con la realización del seminario ‘El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte’, impartido por Marta Pérez Ibañez, historiadora, investigadora especialista en el mercado del arte y gestora cultural, miembro del Instituto de Arte Contemporáneo (IAC) y que ha sido docente en la Universidad de Nebrija, entre otras instituciones.

Los contenidos fundamentales del curso se aproximarán a la figura del artista profesional mediante la intercesión de conceptos como branding, mercado del arte, comunicación offline (objetivos y estrategias, imagen, composición curricular, etc.) y autogestión (administración y economía,aspectos legales y derechos del artista, entre otros), así como perfilarán un mapa del artista “ante el reto del nuevo mercado global”, en términos de autogestión sostenible y nuevos modelos de negocio, sustentados por razones de “equilibrio y coherencia para conseguir los mejoresresultados”.

La participación en el seminario ‘El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte’, destinado a un máximo de 40 alumnos y con un coste de 20€ por participante, se llevará a cabo mediante inscripción previa a través del correo convocatorias@makma.net, indicando en el asunto “Seminario Encuentros CañadaBlanch en el Sporting” e incluyendo en el cuerpo del mail los siguientes datos: nombre completo, NIF y teléfono de contacto.

El criterio de selección final de alumnos se implementará por orden estricto de recepción de solicitudes. El equipo de organización de los #EncuentrosCañadaBlanchEnElSporting se pondrá en contacto directo con la nómina definitiva de participantes para proceder con los trámiteseconómicos correspondientes al pago del seminario.

CONTENIDOS

1. Definiendo conceptos: el artista emprendedor.
-¿Quién es el artista? Hablemos de branding.
– El mercado del arte en la actualidad: agentes, circuitos…
-La relación entre el artista y el mercado.

2. El artista y la comunicación offline.
– Marcando objetivos: hacia dónde queremos dirigirnos.
– Diseñando estrategias: vías de acceso a los agentes del mercado.
– El artista como producto: nuestra imagen, nuestro curriculum, nuestros objetivos.
-La obra de arte como producto: nuestro dosier, la visita al estudio.

3. El artista y la autogestión.
– De nuevo, definiendo objetivos: relaciones con los agentes del mercado.
– Aspectos administrativos y económicos de la autogestión.
– Aspectos legales a tener en cuenta: los derechos del artista.
– El artista como empresario.

4. Consideraciones finales: el artista ante el reto del nuevo mercado global.
– El globalizado mercado actual del arte.
– Propuestas para tiempos de crisis: la autogestión sostenible y los nuevos modelos de negocio.
– Casos de éxito: los artistas en el mercado.

5. Colofón: equilibrio y coherencia para conseguir los mejores resultados.

MAKMA