La reflexión contemporánea de Casasola en Juan Gil-Albert

‘De ida y vuelta’, de Juan Carlos Rosa Casasola
Comisaria:  Andrea Brotons
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
San Fernando 44, Alicante
Del 11 de julio al 1 de septiembre de 2017

‘De ida y vuelta’, exposición de Juan Carlos Rosa Casasola, comisariada por Andrea Brotons, seleccionada en el concurso Arte en la Casa Bardín que se inaugura el próximo 11 de julio a las 20h en el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, presenta obras de gran riqueza conceptual cargadas de un alto impacto visual. A través de piezas site-specific – realizadas gracias a la ropa donada en el proyecto colaborativo ‘Dona tu ropa al arte’- el artista benidormense crea nuevas columnas que ensalzan la arquitectura del centro para sumergimos en un entorno ficticio.

Las instalaciones de Casasola inundan la antesala de la Casa Bardín generando una búsqueda hacia reflexiones sobre temas profundamente contemporáneos, como son el choque de las nuevas tecnologías con nuestra percepción de la realidad, el distanciamiento y la añoranza en la escena digital, o la necesidad de una apariencia visible ante el espionaje juicioso de unas extrañas vecinas cotillas.

Imagen de 'BestSeller. HorrorVacui. Bildung ropa', de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de ‘#BestSeller #HorrorVacui #bildung’, de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

El recorrido de Juan Carlos Rosa Casasola (Alicante, 1988) alberga desde 2010 numerosas exposiciones de las que destan aquellas que mostraron piezas que la comisaria Andrea Brotons rescata del estudio. Como es el caso de  ‘División del espacio – tiempo I,’ que fue expuesto en el IVAM en 2011 por el XXXVII Premio Bancaja de Pintura, Escultura y Arte Digital; ‘#BestSeller XVIII’, que fue seleccionado para el III Premio Mardel, en el Centro Cultural Las Cigarreras de Alicante en 2015; ‘Everybody wants an iPhone’, que formó parte de EMERGE 2014, en la Galería Rafael Pérez Hernando de Madrid; y ‘#Smartpaint, Lección de anatomía’, que fue expuesto en la colectiva de 2015 del Premi de Pintura Fundació Guasch Coranty de Barcelona. Además, se han seleccionado proyectos relacionados con los últimos años de su estancia en Nueva York y Berlín, donde reside desde hace ya dos años, produciendo sus obras tanto en el estudio de la capital alemana como en el de Benidorm, su ciudad natal.

Tanto el documento audiovisual proyectado en bucle, ‘#Show #WaitingTime’ -que refleja los conceptos hipnóticos de inmersión/emersión propios de la expectación ante el paso del tiempo-, como una de sus piezas más destacas por su componente crítico hacia la industria textil, ‘#WorldFlags’ -en la que da visibilidad a los principales países productores de ropa-, son dos de las obras inéditas en las que el material de archivo reutilizado, tanto videos privados como ropa donada, evidencian la existencia de historias anónimas para remarcar dos caras de una misma moneda.

“Como el que emigra con la mente ya fijada en regresar, De ida y vuelta, - back and forth-, de aquí para allá, genera una nueva dimensión inclusiva que, desde el afecto que une la trayectoria personal del artista con el espectador implicado, crea un feedback entre lo conocido y lo novedoso. Un éxtasis que brota de los rincones más remotos como la naturaleza misma, desdibujando la línea divisoria entre realidad y ficción, entre lo privado y lo público, exterior e interior, el antes y el después, sujeto y objeto (Marta Gili, ‘Las lágrimas de las cosas’, 2014). Una invitación a la intervención contributiva del imaginario colectivo a idealizar otros mundos. Una escena en la que la personalidad del yo real y la del yo avatar puedan bailar desatados sin importar el omnipresente enfoque de las cámaras” (texto deAndrea Brotons, comisaria de la muestra, extraído del catálago).

Imagen de 'Show Artistoftherugs', de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

Imagen de ‘#Show #Artistoftherugs’, de Juan Carlos Rosa Casasola. Fotografía cortesía de los organizadores.

 

Pablo Bellot: estudio de mancha negra

No sé qué pasa que lo veo todo negro, de Pablo Bellot
Casa Bardín
C / San Fernando, 44. Alicante
Hasta el 30 de junio
Actividades
27 de mayo: visita guiada
10 de junio: encuentro con el artista y la comisaria de la muestra
17 de junio: visita guiada

El Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert, junto el programa Arte en la Casa Bardín, iniciativa que pretende conocer y acercar las artes visuales los martes en la ciudad de Alicante, presentan la obra de Pablo Bellot (Alicante, 1976), una exposición individual que reúne su serie de tránsito entre el Mini yo y los nuevos proyectos titulada ‘No sé que pasa que lo veo todo negro’, un estudio sobre la mancha negra, sus percepciones y sus descomposiciones que nos transportan a un mundo de reminiscencias barrocas y goyescas, donde lo gore es perceptible a través de unas manos y de unos ojos camuflados por la violencia gráfica de la escena.

El mundo mínimal de Pablo Bellot, mucho más minimalista que sus Mini-yo anteriores, se reduce a la expresión única del negro, color que representa lo antivisual (1). Pero no por ello este color deja de ser un color expresivo, porque gracias a lo que intuimos frente a las imágenes, vislumbramos un mundo que nos sitúa en un espacio determinado y ante una acción concreta que permite la posibilidad de reconocer un cuerpo.

Obras de Pablo Bellot, en la exposición 'No sé qué pasa que lo veo todo negro'. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

Obras de Pablo Bellot, en la exposición ‘No sé qué pasa que lo veo todo negro’. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

La negación nihilista, la cual reside en la base de su trabajo, nos adentra en un itinerario cuya línea de la vida es el vehículo expresivo a través del cual se representa el caos y con ello la complejidad, una línea de la vida que por otra parte alberga sus seres deformes insertos en una crisis global, negra, al igual que nuestro futuro.

Estas formas oscuras, por otra parte, nos acercan al concepto freudiano de lo siniestro como experiencia abrumadora de lo desproporcionado. Generan atracción y repulsión, a la vez que miedo y familiaridad, comodidad e incomodidad, porque lo monstruoso, como apunta Pablo Bellot, también es real, también nos es familiar, y por ello nos perturba y nos angustia.

Obra de Pablo Bellot, en la exposición 'No sé qué pasa que lo veo todo negro'. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

Obra de Pablo Bellot, en la exposición ‘No sé qué pasa que lo veo todo negro’. Imagen cortesía de la comisaria Irene Ballester.

Sus manchas negras son historias que se están narrando dentro de un contexto complejo, pero no por ello dejando de ser chistoso, pues su guiño al metalenguaje yeyé de los años sesenta desdramatiza la realidad llena de violencias y de injusticias.

De ahí su objetivo de rodear con una línea negra el interior del espacio que sus trabajos habitan en la casa de arte Bardín, los cuales, a pesar de estar colocados en un orden cronológico, nos invitan a una reflexión dentro de una obra en la que el título ha desaparecido para dar paso sólo a las manchas numeradas, generando de esta manera un estudio más racional, donde la continuidad negra genere un proceso de creación pseudoanárquico cuyo resultado desemboque en un proyecto vivo y mutante.

(1) Hernández-Navarro, Miguel Á: “El arte contemporáneo entre la experiencia, lo antivisual y lo siniestro”, Observaciones filosóficas, nº 3, 2006 http://www.observacionesfilosoficas.net/elartecontemporaneo.html 16-4-2014

Obras de Pablo Bellot, en la exposición 'No sé qué pasa que lo veo todo negro' en Casa Bardín. Imagen cortesía de la comisaría Irene Ballester.

Obras de Pablo Bellot, en la exposición ‘No sé qué pasa que lo veo todo negro’ en Casa Bardín. Imagen cortesía de la comisaría Irene Ballester.

Irene Ballester Buigues

 

El reencuentro del Arte con la Naturaleza

Cristina Ferrández. Bio-logical Degrowth
Casa Bardín. Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
C/ San Fernando, 44. Alicante
Hasta el 5 de diciembre 2013

La artista multidisciplinar Cristina Ferrández trabaja la idea del arte como reencuentro con la naturaleza. Desde una ética y estética ecológica, desarrolla un trabajo crítico y reflexivo que pone en valor el territorio, planteando revisiones y cuestiones entre el ser humano y su relación con el paisaje a escala mundial.

El proyecto de investigación y creación artística BIO-LOGICAL DEGROWTH que la artista plantea para Arte en la Casa Bardín en Alicante, explora las fronteras entre las ciencias y las artes, enlazando parámetros biológicos y las teorías del decrecimiento económico. Algunos procesos de los seres vivos elementales como la simbiogénesis (creación del liquen a través de la unión de hongo-alga para formar otro ser más adaptado y capaz) y la transmisión bacteriológica de información como sistema polifacético casi instantáneo, en red y de forma horizontal, se conforman en este trabajo como significantes silenciosos de los cuales tomar ejemplo en nuestra sociedad contemporánea. Los líquenes toman un gran protagonismo como modelo de co-evolución entre especies y su papel de crecimiento en el territorio para generar novedad evolutiva.

La obra se dispone en dos ambientes expositivos diferentes que conforman ambas plantas del bello palacete alicantino. En un primer escenario de gran luminosidad cuelgan varios lienzos de tamaño medio que muestran unos mapas antiguos rusos de navegación con imágenes grabadas por impresión digital de fotografía y gráficos sobre poliéster. La escultura móvil Territorios Volátiles conformada por piezas de papiroflexia representa la vulnerabilidad actual de los territorios por sus rápidas transformaciones paisajísticas y sociales, con la sutileza del vuelo de las aves migratorias y la abstracción de los mapas como representación gráfica de la tierra y sus océanos.

Cristina Ferrández. Territorios Volátiles. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

Cristina Ferrández. Territorios Volátiles. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

En el otro entorno expositivo se respira un cierto aire de misterio y misticismo a la naturaleza ambientado en la oscuridad y el sonido de las videoproyecciones.  Realizado con aire sutil e intimista el vídeo La Caverna nos incita a un paisaje interior donde las sombras humanas se proyectan desde un mundo exterior de ideas universales. A través de una secuencia de imágenes, en el vídeo Propagación vemos al ser humano fusionado con la naturaleza en una simbiosis natural, donde el liquen se muestra como significante y vehículo transmisor. Naturaleza y ser humano formando parte eterna del paisaje. Para completar este proyecto nos referimos a un mural de gran tamaño Prospectiva y el reino del siempre más realizado con material orgánico de varios tipos de líquenes barbudos, que generan un atlas o representación de un mundo en simbiogénesis, en el que los seres que lo cohabitan existen y crecen en armonía.

Inmersos en nuestra sociedad de desgaste, esta interesante propuesta entendida de manera general como paradigma interpretativo que concibe la frontera como la zona en la que se producen los encuentros fecundos entre dos realidades, nos invita a una reflexión, a una armonía con el medio natural y la esencia de nuestro origen, a través de un trabajo artístico de gran belleza, calidad y compromiso con el mundo que habitamos.

Cristina Ferrández. Propagación. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

Cristina Ferrández. Propagación. 2013. Imagen cortesía de la Casa Badín

Javier Romero. Código compartido

Javier Romero. Código compartido
Comisario: Jordi Navas
Arte en la Casa Bardín
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert
C/ San Fernando, 44, Alicante
Inauguración: 14 de mayo, 20h.
Hasta el 25 de junio de 2013

Javier Romero. S/t. Serie Still Lifes, 2012. Grafito sobre panel, 41 x 51 x 2 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero. S/t. Serie Still Lifes, 2012. Grafito sobre panel, 41 x 51 x 2 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero se expresa con una voz cadenciosa y trémula. Sus ideas se van desplegando en los oídos del interlocutor como hilos muy leves, puntadas en las que se entrecruzan la memoria personal, el conocimiento de los referentes artísticos, la búsqueda de la experiencia y una aguda conciencia reflexiva de su propia obra.

De este modo, con aparente indiferencia y sin alardes formales o conceptuales, este artista, capaz de prescindir de las cartelas y hasta del título en sus exposiciones, va tejiendo desde el lenguaje una malla tan sutil y heterogénea como los trazos de lápiz y alambre que se confunden en alguna de sus esculturas.

El juego consiste en envolver al espectador de la obra con sugerencias casi imperceptibles. La memoria familiar se congela a través de unos paisajes exteriores proyectados en las estancias del hogar a punto de ser demolido (Crepúsculo). Dibujos con una estética significante propia del grabado se difuminan mediante un borrado gestual, como si un golpe de mar arrastrara a su paso toda la carga histórica y sentimental de la tradición representativa del arte occidental.

Morandi paga un alto precio por la apropiación de sus silencios. Una capa de grafito vela la luz de sus cuadros y traiciona el misterio del color (Still lifes). La arquitectura se convierte en territorio explorado por el arte a través de los tejados (Collage Roofs) que el arquitecto alicantino Francisco Fajardo diseñó para su proyecto de viviendas en Ciudad Jardín.

De nuevo, la imagen coloniza una arquitectura. En esta ocasión las fotografías de jardines anónimos sirven de materia prima para formalizar geometrías ajenas y el fruto de esta meticulosa alquimia entre fotografía y arquitectura deviene en hallazgo pictórico.

Apropiación, deslizamiento de sentido, solapamiento de planos de significación. Recursos que renuncian a la comunicación explícita y abordan una pléyade de vías de revelación para que la mirada sólo atisbe. Nada de deslumbramientos innecesarios.

Las series que confluyen en esta exposición para el proyecto Arte en la Casa Bardín representan un apunte de los trabajos que Javier Romero viene desarrollando en The Elizabeth Foundation of Arts de Nueva York, donde el artista alicantino tiene su estudio. Esta institución desarrolla un programa pionero en Estados Unidos. Se trata de Open Studios, una iniciativa que permite el contacto directo de público y galeristas con el entorno de los creadores. Más de tres mil personas pasan al año por el estudio de Romero y del resto de artistas vinculados a la institución, lo que confiere a estas obras un ámbito de difusión internacional que llega ahora hasta Alicante.

La más antigua de las series, Crepúsculo, enlaza con la exposición realizada en 2007 en la galería Evelyn Botella y tiende un puente entre el discurso que Romero fue urdiendo durante su etapa anterior. Un periodo en el que el artista compaginó su labor creativa con el trabajo como técnico de la Fundación de la Universidad de Alicante. Por aquellos años, su investigación transitaba por los territorios de la memoria, con un constante ir y venir a través de lenguajes y recursos expresivos. La pérdida, la ausencia o el silencio constituían los ejes de un itinerario plástico con parada en las exposiciones que, a principios y mediados de la pasada década, protagonizó en las galerías Aural y Evelyn Botella y en el Centre Municipal d’Exposicions d’Elx.

El mito de Cipariso, convertido en ciprés tras matar por equivocación al ciervo favorito de Apolo, ocupaba por aquel entonces un lugar central en el relato artístico y las formas de aprehensión del motivo introducían un abanico de dispositivos formales, que iban de la fotografía manipulada (cipreses de la Toscana) hasta las proyecciones o la instalación objetual.

De esa etapa, sobreviven las obsesiones, la prolífica búsqueda expresiva, el dominio del lenguaje artístico y la persistente querencia exploratoria hacia la memoria, tan frágil y tan relevante a la vez. Por el camino se han ido quedando los argumentos narrativos que se imponían a la idea y forzaban una cohesión conceptual, a la que el artista ha decidido renunciar. Las series actuales son más abstractas y esquemáticas. La obra se ha ido desnudando para quedarse en meros perfiles insinuantes, que se ofrecen a modo de delgadas pasarelas para liberar al arte de la retórica comunicativa y al espectador del incómodo papel de destinatario. Gana el artista capacidad de experimentación, gana la obra autonomía, gana, en definitiva, el ojo atento.

El título de esta exposición, Código compartido, responde a esta búsqueda de un itinerario libre a disposición del viajero dispuesto a adentrarse en la ruta que se propone. La urdimbre expositiva puede desorientar o guiar por diferentes caminos. No hay certezas. Cada uno dispone de un equipaje que ojalá no se pierda en el camino. Solo resta disfrutar del vuelo.

Jordi Navas

Javier Romero. S/t. Serie Crepúsculo, 2006-07. Fotografía color Lambda, 80 x 120 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert

Javier Romero. S/t. Serie Crepúsculo, 2006-07. Fotografía color Lambda, 80 x 120 cm. Imagen cortesía del Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil Albert