Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus (II)

#MAKMAEntrevistas | Reflexionar la pandemia. Cultura vs coronavirus (II)
Lunes 16 de marzo de 2020

Habituados a cuestionarnos y a convivir con nuestras incertidumbres –no solamente cotidianas–, nuestros respectivos proyectos se materializan, en numerosas ocasiones, a través del gélido teclado y la baja temperatura tras la lente, reconvirtiendo la escarcha instrumental en vibrante, cálido y háptico territorio de la imaginación. Son días convulsos e inusuales y el mundo de la cultura sigue más activo que nunca.

A pesar de vernos confinados y, oficialmente, alarmados, y contemplar cómo las dubitaciones se instalan con notable intensidad en nuestro fuero sacramental, el pensamiento y la creatividad –y por qué no, la bienvenida ironía– nos atemperan frente a la perturbación y a ellos nos asimos.

En consecuencia, desde MAKMA, tras una primera y fecunda toma de contacto, proseguimos invitando a difundir su testimonio a un diverso elenco de profesionales de las artes visuales, escénicas, literarias, cinematográficas, universitarias e institucionales, procurando respuesta a variadas cuestiones que nos ofrecen una interesante y lúcida reflexión acerca de cómo aquellas personas que vivimos y participamos de la cultura afrontamos –ya desde el hogar– la presente pandemia de coronavirus.

1) ¿Dónde y en qué situación te encuentras?
2) ¿Cómo te imaginas el escenario inmediato y cuáles serían, a tu juicio, las consecuencias a medio y largo plazo en lo social, cultural, económico y político?
3) Tras el decreto de estado de alarma, ¿de qué modo prevés afrontar tu confinamiento? ¿Qué lecturas y/u otras actividades llevarás a cabo?
4) Comentarios y conclusiones.

ANA R. LEIVA (ARTISTA Y COEDITORA DE TAPAS DURAS | VALÈNCIA)

Fotografía: Kora Leiva.

1) En casa, con mi hija, que desde hacía meses vivía fuera. Aprovechando el reencuentro para una convivencia más madura. Del taller me he traído el ordenador, un cuaderno y una caja de lápices; con esto pienso sobrevivir.

2) Pues como inmediato veo la oportunidad que se nos brinda para desacelerarnos, para replantearnos nuestros modos, nuestras relaciones, nuestro consumo, nuestra relación con nosotros mismos… A medio y largo plazo se me oscurece un poco más el panorama; solo espero que como sociedad aprendamos algo, y que desde los gobiernos se prioricen las necesidades y el bienestar de los ciudadanos cuando toque salir de la crisis económica que va a venir.

3) De momento estoy encantada. La verdad es que hasta me da un poco de vergüenza decirlo, pero afronto la reclusión con mucha calma y optimismo, muy ajena a la histeria de algunas personas. Tengo muchos libros por leer: ‘Vértigo’, de Eugenia Ginzburg, con el que no avanzaba por falta de tiempo, ahora lo estoy devorando. También he empezado un ‘Diario de los confines’, a modo de cuaderno de artista: imagen+texto. Quiero enfocarme también en los proyectos fotográficos que tengo empezados, sola y con Tapas Duras. Retomar la meditación. Cocinar y ver pelis con Kora… ¡Hay tanto para hacer!

4) Ante la psicosis y el consumo descontrolado, reivindico el uso del bidé y la vuelta al pequeño comercio de alimentación, conversaciones pausadas y empezar a gestar ideas para reinventarse.

ANA SERRATOSA (DIRECTORA DE LA GALERÍA ANA SERRATOSA | VALÈNCIA)

1) Estamos en València, en casa, sin salir y sin dejar de ver las noticias, conmocionados por la situación en que se encuentra el país, nada más cercano a esas películas de ciencia ficción que tantas veces hemos visto. La realidad supera la ficción.

2) Creo que esta situación nos ha sacado de nuestra zona de confort y nos plantea otra forma de vivir, de relacionarnos, de trabajar y de sacrificarnos para un bien de orden superior. En definitiva, nos va a ayudar a estar más pendientes de los otros que de nosotros mismos. Esto va a ser aplicable a todos los niveles, no solo el familiar, sino también en lo cultural y económico.

El aspecto político es algo que está quedando en evidencia cuando estos anteponen sus intereses a los de la comunidad.

3) Nosotros estamos en casa y, gracias a Dios, estamos siempre ocupados: con cosas domésticas, avanzando en temas de la galería o dedicando más tiempo a los hijos que aún tenemos en casa.
Ese libro que siempre empezaba a leer, pero te vencía el sueño, ahora tienes el tiempo para hacerlo. Esas películas pendientes, esas fotos que llevan años pidiendo ser ordenadas y clasificadas dadas por artistas y museos…

4) Se me ocurre decir la famosa frase de “no hay mal que por bien no venga”. Tenemos un reto personal: saber aprovechar este tiempo que antes lo dedicábamos a hacer vida social y a viajar por temas de trabajo o de ocio.

ANTONIO ARIÑO (VICERRECTOR DE CULTURA E IGUALDAD DE LA UV | VALÈNCIA)

1) Me encuentro hoy (sábado 14 de marzo) en casa, practicando el refugio solidario: reducir contactos para evitar contagiarme y contagiar.

2) El escenario inmediato será aprovechar para leer, escribir, compartir las tareas de casa. Al mismo tiempo, pensar cómo podemos producir cultura desde la Universitat online y en red. Esta situación nos debe hacer redefinir nuestras maneras de crear y difundir cultura.

Sin pretender magnificar la experiencia actual, tiene un carácter histórico de acontecimiento inédito y, por tanto, intuyo que vamos a cambiar bastantes cosas. La primera es nuestra experiencia común de humanidad.

Va a poner a prueba nuestras capacidades de organización, nuestras instituciones y, sobre todo, entiendo que debería producir un salto cualitativo hacia las potencialidades de la sociedad digital en todos los terrenos.

Pero también está revelando la cara oscura de cada ser humano: irresponsabilidad, acaparamiento primario, etc.

3) Lecturas tengo tantas pendientes que no las agotaré. Me interesa acabar ‘The Reinvention of Humanity’ (Charles King). Pero, sobre todo, he de aprovechar para sacar adelante un compromiso editorial que tengo, una nueva Sociología de la cultura. Ahora tengo claro cómo comenzará: tratará de los comportamientos ante esta pandemia.

Lo que me resultará más difícil es tener voluntad para hacer ejercicio.

4) Estamos ante una oportunidad para redefinir prácticas de convivencia a distancia y de organización social para seguir defendiendo y ampliando derechos.

ELIA BARCELÓ (ESCRITORA | INNSBRUCK, AUSTRIA)

1) Estoy en Innsbruck (Austria), donde vivo la mitad del año o algo más. Tenía billete para irme a España –a empezar la otra mitad del año– la semana que viene, pero por obvias razones, nos quedaremos aquí. Esta mañana las fronteras de Austria han quedado definitivamente cerradas y se nos ha pedido que no salgamos de casa más que para compras imprescindibles de supermercado o farmacia o para ayudar a alguien que no puede solo.

Estamos bien y, como tenemos mucho trabajo y estamos acostumbradísimos a trabajar en casa, la verdad es que no notamos demasiado el cambio, salvo que nos gusta salir a dar largos paseos, y eso, de momento, no puede ser. Resulta curioso cómo el silencio lo ha invadido todo, ahora que casi no circulan coches y no hay movimiento de personas.

2) Como soy terriblemente optimista, creo que vamos a sacar unas cuantas cosas buenas de esto. Lo peor, lógicamente, va a ser la terrible crisis económica que nos va a afectar a todos, y con todos me refiero a una escala global, planetaria; pero eso quizá sirva, también, para que nos demos cuenta de que ese camino en el que nos habíamos metido –la locura capitalista, neoliberal, de privatización de todo y de amasar dinero– no es el más adecuado. Yo creo que todos vamos a volver a apreciar la solidaridad, la ayuda mutua, el valor de la compañía, de lo bonito que es poder charlar con otras personas cara a cara, caminar juntos, cocinar juntos… Creo, también, que muchas personas van a notar que estar en casa también tiene sus cosas buenas, que estar solo con uno mismo sirve de mucho, que leer es una excelente opción (porque no se puede estar días y días viendo series y jugando a videojuegos).

Pienso que otra consecuencia será que muchos empresarios verán que el teletrabajo funciona, que no es necesario tener a los empleados físicamente presentes. Eso ahorrará mucho tiempo a muchas personas que pasan un tercio de su vida en transportes públicos y ahorra muchas emisiones nocivas que aumentan la polución. De ese modo, nuestra vida se hace más vivible. También nos hemos dado cuenta, como sociedad, de que si bajamos el ritmo de producción fabril, mejoramos el equilibrio ecológico de nuestro planeta. Y hemos visto algo muy importante: que hay que invertir en educación e investigación si queremos tener profesionales preparados que puedan sacarnos de situaciones como la de esta pandemia. No podemos ahorrar en nuestro futuro, como han hecho muchos gobiernos, reduciendo las subvenciones y todo lo que es público. Otra cosa fundamental que estamos viendo es la resiliencia del Estado, que es el único garante de que las cosas funcionen para todos, porque un Estado no está orientado a ganar dinero y repartir beneficios con sus accionistas, olvidando a todos los demás. El Estado es robusto y trabaja para el bienestar social, repartiendo el dinero que recoge de nuestros impuestos y asegurándose de que nadie se quede tirado.

3) Ya digo que a mí el aislamiento no me viene de nuevas. Yo soy muy sociable cuando tengo actos públicos, pero soy muy feliz en mi casa escribiendo, leyendo, haciendo cosas varias. En mi vida normal puedo pasar tres o cuatro días sin salir para nada. En Innsbruk tengo una terracita con plantas, en España tengo jardín. El trabajo con las plantas me permite tomar el aire y el sol y me hace feliz. Yo recomiendo ponerse al día de lecturas que una siempre tuvo apartadas esperando el momento adecuado, releer novelas que nos hicieron felices hace tiempo, ver películas, dibujar, retomar un instrumento o empezar ahora (hay montones de tutoriales en Internet), visitar museos virtuales, oír conferencias de alto nivel como si volviera una a la universidad, hacer yoga aunque sea en el descansillo de la escalera si tienes muy poco espacio en casa, transplantar macetas, arreglar armarios, reparar esas cosas que llevas meses posponiendo, hacer una limpieza a fondo, cocinar recetas nuevas de esas que guardaste hace siglos y nunca has hecho… Se me ocurren mil cosas, en serio. No me cabe en la cabeza que alguien pueda aburrirse en su propia casa.

4) Una sugerencia: podríamos intentar tomarnos esto como una cura, como un periodo de reflexión para que, cuando todo pase, hayamos aprendido que juntos se está mejor que luchando cada uno por su lado para sí mismo. Nos han metido en la cabeza que tenemos que ser competitivos, luchar para ganar. Y cuando alguien gana, alguien pierde, o muchos pierden. Ahora tenemos una oportunidad para darnos cuenta de que podemos hacer una sociedad basada en la solidaridad, la ayuda, la amabilidad, no el odio y el enfrentamiento. Ya he dicho antes que soy muy optimista.

EVA VIZCARRA (CINEASTA | MADRID)

1) Me encuentro en Madrid, en casa… Vine para varias reuniones de trabajo a Madrid y aquí me he tenido que quedar . Estoy bien, con mi familia y mi perra.

2) El escenario inmediato me lo imagino desalentador y triste, la verdad. Pienso en la gente que está sola, que es mayor y que no tiene medios para estar en una situación cómoda; esto me preocupa. No sé, me imagino que, como todo el mundo, ¡no acabo de entender esta locura!

A mi juicio, a medio plazo espero que el medio ambiente se arregle algo y el ser humano reflexione sobre su tiempo y empiece a valorar los pequeños gestos diarios. En el plano social, ¡aprendamos a querernos y cuidarnos más! En el plano económico y político nos daremos cuenta, de una vez, que el excesivo consumo no es necesario. Me reservo mi opinión política: yo ya tiré la toalla hace tiempo. Creo en las personas y en el ser humano y, a veces, no mucho (sorry).

3) Estoy en casa disfrutando de mis lecturas, música, pelis, series, etc. Me encanta cocinar y jugar con mi perra, cuidar la terraza y leer los guiones y proyectos que llegan a Endora. Puedo trabajar desde casa.

Estoy preparando dos pelis, una como productora ejecutiva y otra como directora, y escribiendo un guion con Tolentino (Javier) –hablamos mucho por teléfono–. Tengo que rodar pronto (bueno, cuando nos deje este puto virus ) un corto documental sobre Martin I Soler… Como veréis, no me aburro y son trabajos que puedo hacer desde casa.

Leyendo los diarios de Anne Lister ‘Caballero Jack’, ‘Mira‘m als ulls’ ( quiero preparar una peli basada en los dos libros de Carme Morera y Tona Català ) y escuchando música de mi gran amigo Javier Vercher, una maravilla…

Viendo pelis. ¿Qué tal ‘El ángel exterminador’? Bueno, estoy repasando a Buñuel y ¡deseando daros un abrazo! Eso será buena señal…

Y, queridos, hay algo que no voy ha hacer, y son: ¡planes de futuro!

Besos virtuales para todos.

FARID BENTRIA (ESCRITOR, ARTISTA Y GESTOR CULTURAL | TÁNGER, MARRUECOS)

1) Estoy en Tánger (Marruecos), mi base, sin poder ir a España ni a Bélgica, donde tenía varios actos que se han anulado, al igual que aquí.

2) Dicen que esto va a ocasionar una recesión económica y me lo creo, es lógico; en cierta manera se ha puesto en suspenso el capitalismo. Lo que venga va a afectar a sectores que ya son débiles y en los que se trabaja en precario, como es la cultura, y eso puede ser devastador para muchos profesionales. Sin embargo, como elemento positivo, parece que todo apunta a un refuerzo del Estado del bienestar, de apoyarse más en lo público, empezando por la sanidad, y esto es alentador.

3) En casa, con tranquilidad, Es un buen momento para dedicarme un tiempo que me debo, sin prisas, en el que pienso leer obras pendientes, escribir, pintar al óleo y preparar un par de proyectos que tenía en espera.

4) No hay que entrar en pánico. Es un tiempo para reflexionar sobre los derechos y deberes, ahora que tocan los segundos –no estamos acostumbrados a autolimitarnos, somos una sociedad de consentidos–, y a ser empáticos. Quizá esta crisis nos esté poniendo en bandeja una puesta en valor y un retorno al humanismo.

FELICIA PUERTA (ARTISTA Y PROFESORA DEL DEPARTAMENTO DE DIBUJO DE LA FBBAA DE LA UPV | ALBORAYA, VALÈNCIA)

1) Estoy con mi familia en una antigua alquería en medio de la huerta de Alboraya; de no ser por lo lamentable de la situación, es un buen lugar para aislarse. Aún aquí, sorprende “el silencio del paisaje” y la falta de actividad en el campo.

Después de una semana muy activa de emprender proyectos –un viaje a Cádiz al que nos habían invitado para un seminario, una jornada de ApS que habíamos coordinado, el viaje a Londres de Feli–, todo aplazado, o cancelado. Lo peor, no poder estar con mis padres – de 93 y 87 años– en Murcia; tienen reservas para una semana, dicen.

2) Nadie debería hablar categóricamente sobre lo impredecible (recuerdo los primeros mensajes de los sabios expertos); imposible imaginar escenarios, solo deseos de contención para evitar alargar en el tiempo esta situación. Me gustaría pensar que, enseguida, todos vamos a colaborar para que no sea tan catastrófico a todos los niveles. Todo pasará y se nos llevará a unos cuantos seres queridos, que para algunos siguen siendo solo unos pocos estadísticamente hablando; relativizar, comparando esta con otras crisis humanitarias, no debería haberle restado importancia.

En el plano económico es más fácil acertar. Las consecuencias se evidencian desde el minuto uno: quienes soportarán con mayor dificultad la crisis afrontarán los despidos, cierres, como siempre, las clases más desfavorecidas, pymes, autónomos, los puestos más precarios, evidenciando las desigualdades del sistema.

Sí me gustaría imaginar la mejor consecuencia, y es que después de esta dura experiencia hubiera un aprendizaje, se pusieran en valor las aportaciones de cada individuo, de cada perfil profesional para el bien común. Que hubiera una reflexión más profunda sobre los valores excesivamente individualistas de nuestra sociedad por una concepción más universal sobre el significado de nuestras vidas, ante el cambio climático, conservación de la naturaleza, desigualdades, etc. Afortunadamente, se está viendo un cambio de conciencia, cómo cada uno de nosotros puede y debe actuar. La campaña ‘Quédate en casa’ está funcionando y es el ejemplo de lo que se puede conseguir con civismo y conciencia social. Pero pensemos que mientras algunos podemos desplazarnos a una segunda vivienda, otros siguen sin hogar.

3) Después de unos días de preacondicionamiento, bricolajes y limpieza necesaria, si la enfermedad no nos lo impide, deseando terminar el último libro intervenido para la próxima edición de SINDOKMA: ‘Compra-Venta’, de Christian Boltanski, con texto de José Miguel G. Cortés. Se ha dado la coincidencia, reflexionando mucho estos días sobre la “presencia y la ausencia”, la “memoria del olvido”, recordando a seres queridos a través de los objetos que nos quedan después de su muerte. Ideas que, sin lugar a duda, repensaremos todos en un futuro inmediato: “la pérdida”, “la transformación”; habrá un cambio en la percepción de lo cotidiano.

También me propongo revisar algunos de los libros y publicaciones de arte maravillosos que tengo en casa, para compartir con mis estudiantes de dibujo.

Habitualmente, trabajamos la clase inversa, así que ahora, más que nunca, voy a esforzarme en elaborar nuevos materiales para completar contenidos. La suspensión de las clases es indefinida y la universidad nos ha preparado plataformas para continuar con nuestras clases online.

4) Sin querer, mientras pongo orden en casa, pienso en las rutinas familiares con las niñas, para que puedan aprovechar y hacer algo útil estos días. Me van viniendo a mi cabeza todas y cada una de las actividades sociales que he realizado esta última semana, sin duda he estado expuesta: he ido al hospital a recoger mi tratamiento antimigraña, he acompañado a grupos de estudiantes, hemos visitado tres colegios de València para iniciar proyectos de ‘Aprendizaje Servicio’, visitado una residencia de enfermedades mentales, realizado reuniones docentes, tutorías, he asistido a un curso de formación, impartido docencia a más de cien estudiantes, reuniones de la asociación de vecinos, y qué se yo… Qué duda cabe que somos seres sociales y que cada uno de nosotros afectamos a nuestro grupo. Seguramente nos hemos contaminado, pero no solo del COVID-19, sino del trabajo en equipo.

JOSÉ LUIS CUETO (VICERRECTOR DE ALUMNADO, CULTURA Y DEPORTES DE LA UPV | VALÈNCIA)

1) Hoy (domingo 15 de marzo) en casa y sin moverme; es lo que toca hacer ahora para minimizar el contagio y evitar el colapso de los servicios sanitarios.

2) Es difícil aventurar algo en estos momentos. Estábamos acostumbrados a un mundo complejo y cambiante, pero previsible, al menos en Occidente, y veíamos los conflictos en los informativos o en la ficción, pero, de repente, estamos dentro de las noticias como protagonistas y en una situación excepcional y de escala global. Todo es nuevo y no hay manual de instrucciones, así que se impone sentirnos parte del colectivo y actuar en sintonía, siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias de manera responsable y con disciplina. Nuestros padres y nuestros abuelos quizá estaban más preparados en esa disciplina porque les tocó lidiar con situaciones terribles de precariedad y violencia y hoy somos nosotros quienes debemos dar la talla en este escenario.

En cuanto a la afectación, es también impredecible, pero es seguro que cambiarán cosas. Para empezar, y dependiendo de su duración, la económica se va a resentir y los efectos de la parálisis de estos meses no serán menores. A poco que pensemos la cantidad de trabajos que han desaparecido de manera inmediata es tremendo, en todos los ámbitos.

No sé si es exagerado pensar que será una inflexión en la historia, “un antes y un después”, pero si se alarga en el tiempo es bastante seguro que así sea. Hasta ahora vivíamos las ventajas de la globalización, el acceso a la información, la compra a distancia de casi cualquier cosa o la reserva de viajes o alquileres en cualquier parte del mundo, pero ahora toca ver los inconvenientes y eso incluye también una más que posible recesión global y la necesidad de evaluar los costes de todo este sistema y las prioridades sociales. Más que nunca habrá que proponer la exigencia de igualdad que hasta ahora se aplicaba solo al pequeño entorno conocido, pero sin evaluar que nuestro modo de vida exigía desigualdad y precariedad a miles de kilómetros y, también, fuera de nuestra burbuja y a pocos metros de nosotros. Venga lo que venga, esta exigencia que concilie lo global con la igualdad y el acceso a los recursos deberá ser una prioridad compartida.

3) Bueno, en mi caso no sé todavía cómo serán estos días porque tengo responsabilidades en la universidad y, al menos, esta semana estaré en Rectorado organizando cómo haremos las cosas, ya que debemos poner en marcha procedimientos online en la docencia y también en la gestión, pero en cuanto sea posible me quedaré en casa y, dado el “fondo de armario” que vamos acumulando y la columna de libros pendientes y trabajo atrasado, no tendré tiempo de aburrirme.

Además, practicar el arte de no hacer nada siempre es nutritivo y propicio; de la ociosidad pueden surgir grandes ideas y también nos vendrá bien vernos desde fuera, con un tiempo distinto al habitual, que es una mezcla de velocidad que no conduce a ningún sitio y una dispersión que impide acompasar la vida con la consciencia y con el asombro de lo cotidiano y de la rutina, cosa que en estos momentos tanto añoramos…

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) Poco más que decir, solo que todo esto pasará y, si realmente somos una especie inteligente, habrá que tomar nota y aprender para mejorar lo construido hasta ahora, se lo debemos a los que nos han precedido. La situación tiene mucho de distopía en toda regla. Nos costaría creer en la ficción una historia en la que una enfermedad se llevara del planeta a los más veteranos, los que más han vivido, perdiéndonos su experiencia; ellos nos lo contaron todo y nos dejaron un mundo mejor del que ellos tuvieron. Es una pesadilla horrible este contra-Hamelin que hace desaparecer la memoria del mundo y nos enfrenta a reinventarlo a ciegas. Ojalá no tengamos que hacer ese “ensayo de ceguera” y podamos superar este trance y aprender sin olvidar.

JOSÉ MIGUEL G. CORTÉS (DIRECTOR DEL IVAM | VALÈNCIA)

1) Durante la cuarentena declarada por el estado de alarma decretado por el Gobierno tendré que estar confinado en casa. Como cualquier ciudadano. Voy al museo solo para cuestiones puntuales y para gestiones que necesitan actuación presencial. Por lo demás, gestiono las cuestiones más urgentes desde casa. El museo ha cerrado las puertas al público pero su actividad online y administrativa continúa.

Hemos aumentado nuestra presencia en las redes sociales, ya que el IVAM desea estar abierto el máximo tiempo posible. Asimismo, estamos alentado el teletrabajo en todos los departamentos del museo y las reuniones virtuales.

2) Creo que en estos momento no es tiempo de elucubrar con escenarios futuros. Las consecuencias de esta pandemia en todos los sectores serán duras, pero la prioridad, ahora mismo, son las personas. Los y las trabajadoras del museo son mi primera preocupación.

Tenemos que salir de esta crisis más fuertes, más solidarios y más unidxs. El arte no resuelve los problemas urgentes, pero nos ayuda a entender el mundo y las relaciones entre las personas y nuestro entorno.

3) Como todo ciudadano, mi obligación es quedarme en casa y únicamente salir por motivos absolutamente justificados. La mejor manera de afrontar este aislamiento es mantener la calma y verlo como una oportunidad para hacer cosas para las que habitualmente no tengo tiempo.

Escuchar música, leer, ver cine en casa… Ahora mismo es momento de ver las exposiciones que tenemos en el IVAM, o de casi cualquier museo del mundo, de manera virtual.

A mí, particularmente, me gusta escuchar Radio 3 y Radio Clásica. Escuchar música en Spotify y las noticias en la Cadena Ser.

Un libro que recomendaría para estos días es ‘Frankestein en Bagdad’, de Ahmed Saadawi, o ‘Le lambeau’ (‘El colgajo’, en castellano), de Philippe Lançon. Me parece que son dos libros que, por su temática, nos ayudan mucho a situarnos en el contexto social y político en el que vivimos nosotros y otros muchos pueblos y personas bastante más olvidados.

‘Chernobyl’ o ‘Years and Years’ son dos series que me han gustado mucho últimamente. Me parecen unas grandes series.

Este fin de semana he visto la miniserie ‘Angels in America’, que habla de otra pandemia (la del SIDA) y que nos recuerda nuestra enorme fragilidad y la tremenda importancia de la amistad, la comprensión y el amor.

También es momento de ver arte a través de las distintas webs de los mejores museos del mundo. A parte de los grandes museos de España, yo recomendaría el Stedelijk Musuem de Ámsterdam o el Whitney Museum of American Art.

JOSÉ PEDRO MARTÍNEZ GARCÍA (DIRECTOR DE ACTIVIDADES Y CONSERVACIÓN DE LA COLECCIÓN MARTÍNEZ GUERRICABEITIA DE LA FGUV | VALÈNCIA)

1) Estoy en mi domicilio en València, con mi esposa. Ambos nos encontramos físicamente bien, aunque es imposible aislarse psicológicamente de la presión mediática, lo que hace que estemos demasiado pendientes de síntomas físicos que, en otras circunstancias, no serían dignos de ser considerados. En nuestro caso, la presión se refuerza, positiva o negativamente, por el hecho de que soy catedrático de Microbiología de la Universitat de València. Supongo que se entiende lo que quiero decir.

2) El escenario inmediato es difícil de prever. Las infecciones por virus como el COVID-19 son difíciles de controlar por la forma en que el virus se transmite y disemina. Es un patógeno nuevo y la población humana aún no ha desarrollado una respuesta inmune y no hay vacuna. Yo creo que, a pesar de las medidas de contención (cuya validez es, en algunas casos, discutible, cuando menos), vamos a seguir asistiendo a un incremento notable del número de personas infectadas y, por ende, de fallecidos, en las próximas semanas. Es díficil establecer, con los datos disponibles, cuándo podra tener lugar la inversión de la tendencia.

Afortunadamente, la letalidad del COVID-19 es, de momento, baja. El problema de los virus es su elevada tasa de mutación, que puede dar lugar a la aparición de cepas con mayor virulencia y, en esto, los coronavirus no son una excepción.

Las consecuencias económicas pueden ser catastróficas. No olvidemos que las medidas de contención han afectado a sectores clave en el PIB español, los servicios y los autónomos. Si la crisis se prolonga, los daños pueden tardar muchos años en poder ser reparados. El paro puede crecer de forma incontrolada y desmedida. Y, obviamente, si la economía se resiente, los efectos dañinos a nivel social y cultural seran inevitables y, en principio, de gran calado. A nivel político, en mi opinión, la crisis del COVID-19 pasará factura a todos aquellos que hayan gestionado dicha crisis de forma incompetente e ilógica.

3) No me preocupa el hecho de que tenga que confinarme voluntaria o forzosamente (espero que no sea esta última opción porque ello significará que mi mujer, yo, o los dos, estamos infectados y/o enfermos), porque hay muchos libros que leer, música que escuchar, películas y series que ver. Por otro lado, solo para ojear, seleccionar y descartar toda la información que llega a través de las redes sobre la actual crisis del COVID-19 hay que emplear mucho tiempo. De momento, es imposible aburrirse. Además, por mi profesión tengo que leer mucha información sobre microbiología. Como soy un gran admirador de los romanos, del Imperio Romano, he empezado a leer ‘SPQR’, de Mary Beard, una magnífica historia de la antigua Roma, cuya lectura tenía pendiente.

MAC DIEGO (DISEÑADOR Y EDITOR DE CÓMIC –“CAZARRECOMPENSAS GRÁFICO”– | VALÈNCIA)

1) La misma de los últimos años, y en mi hogar. Perfecto equilibrio entre el mejor lugar donde estar y la economía que dispongo. Tengo mucha suerte.

2) Llevamos tres días confinados y, de momento, es lo mejor que le puede pasar a esta sociedad. Tiempo de reflexión individual por el bien general. Hechos ya constatables: la cultura como vacuna para salir de prejuicios y rutinas; evacuación de lo que cuesta tiempo y dinero por abundancia de lo que nos es gratuito, y una mayor responsabilidad en el escenario político. A saber por dónde salimos, que confío sea para mejor…, y no olvidemos que el Mediterráneo sigue con sus mareas…

3) Llevo años acumulando subcultura. No me queda vida suficiente para devorar lo que ya tengo que aún no he leído. Y no te cuento si encima me da por escribirlo. Por supuesto, poco de pantallas…

4) Lástima que algunos se queden en el camino.

SOLEDAD VILLALBA Y PABLO MACÍAS [CINEASTAS, DIRECTORES DEL DOCUMENTAL ‘LA VIDA PERRA’ (2019) | MÁLAGA]

1) Nos encontramos en casa, en un municipio de la costa malagueña, con pocos vecinos, ya que la mayoría son extranjeros y en las últimas veinticuatro horas están volviendo aceleradamente a sus países. Pero estamos tranquilos y con mucho trabajo por delante, aunque con la mente puesta en la familia y amigos que están en Málaga capital.

2) Tras el debacle todo volverá a la normalidad, aunque con cambios en lo económico y social, como cuando el 11S, cambios sutiles pero profundos. En lo inmediato, viviremos un espejismo de solidaridad, unión y compromiso, pero por desgracia volveremos al mundo que ya conocemos. La rueda que mueve al mundo no va a dejar de girar, con dinero, sangre y humo…

3) Lo nuestro va por temporadas, somos muy caseros, pero no antisociales, nos gusta mezclarnos con la gente. Hay días que los pasamos en casa aislados, casi siempre preparando algún proyecto, porque sabemos que luego vendrán otros días más movidos. Estas últimas tres semanas no hemos parado por casa ni un solo día, ya que hemos estado trabajando en innumerables eventos del MaF (Málaga de Festival). Ahora tenemos mucho trabajo de montaje audiovisual por delante, así que vamos a estar entretenidos en la cueva.

Avanti con la guaracha. Mucho ánimo para todos.

RAFAEL COMPANY (DIRECTOR DEL MuVIM | VALÈNCIA)

1) Ahora mismo, en casa con mi pareja (siempre paciente, siempre al lado), pendiente de lo que dura el cierre del MuVIM y pendiente, igualmente, de las instrucciones que nos puedan dar desde Diputación.

2) No puedo imaginar una resolución rápida. En lo social asistimos estos días al compromiso e, incluso, al heroísmo de muchos profesionales (sanitarios y de otros ramos), y también vemos ejemplos de egoísmo temerario y de «ausencia de cerebro». En el futuro inmediato creo que mucha gente va a padecer estrecheces económicas, y me temo que podemos volver al desánimo y a la ausencia de perspectivas que, entre los años 2008 y 2012, se generaron por la gestión de la crisis –o estafa, si se prefiere– de las hipotecas basura, la deuda soberana y el euro: lejos de haberse «reinventado el capitalismo» (como prometieron), el paradigma neoliberal campa a sus anchas, y me horroriza ver a las personas que llevan las riendas políticas y económicas en el mundo y en Europa.

En el caso de España, de la Comunitat Valenciana y de la ciudad de València, y dado el sesgo actual de sus gobiernos, confío en que se aplicarán medidas paliativas contra el desastre que se augura. No puedo saber hasta qué punto los lobbies mediáticos y políticos de derecha extrema y de extrema derecha serán capaces de imponer su relato de lo que está pasando, pero supongo que no repararán en medios para minar las salidas de tinte social y proceder, nuevamente, a hacer «recortes» y a instaurar restricciones estructurales de libertades. Las inversiones en políticas de difusión cultural pueden quedar gravemente afectadas: como tantas veces a lo largo de las décadas recientes, la cultura puede volver a ser una víctima propiciatoria.

3) En caso de confinamiento futuro, y ahora mismito ya (que a los efectos estoy «confinado»), entra en mis cálculos acabar la crónica de Martin Amis ‘Koba el Temible’, así como leer la biografía escrita sobre Lenin por Stéphane Courtois, ‘Lénine, l’inventeur du totalitarisme’. Además, estoy hipercomunicado –Whatsapp, fundamentalmente, y algo de teléfono– con mis familiares, mis amigos y amigas, mis compañeros y compañeras del museo, etc.

Siempre son buenos tiempos para recibir y dar cariño o, cuando menos, apoyo. Buscaré, igualmente, alguna serie que me enganche: he acabado recientemente las tres temporadas –con algún que otro altibajo de interés– de la muy recomendable ‘Babylon Berlin’, y ante este vacío, tendré que rastrear por las plataformas. También utilizaré Youtube a saco: lo hago regularmente, y más ahora. Y, como tengo el canal Viajar’, me evadiré hacia lugares que, supongo, estarán vedados en bastante tiempo. Roma, por ejemplo, a la que tanto quiero. ¡Ah!, también tendré que hacer pasos por los pasillos de casa para no engordar.

4) Es inevitable, ante un suceso como este, no recordar las películas y telefilmes «de catástrofes» apocalípticas donde, para que la ficción quede supuestamente redonda, siempre hay un señor de Los Ángeles o de Nueva York que, en su afán de rescatar a sus hijos de la amenaza (porque han quedado aislados en el Medio Oeste o similar), acaba salvando a los Estados Unidos y, de paso, al planeta. Es inevitable recordar estas películas, digo, para comparar con lo que sucede en la realidad.

Tengo angustia, claro, por mí, por las personas que quiero y conozco, y por tantas vidas anónimas que pueden ser afectadas e, incluso, perderse. Tengo una sensación de desamparo: a pesar de la pretendida sofisticación humana, de todos es sabido que somos una especie muy expuesta a las contingencias naturales, y todo esto que estamos viviendo –toda esta guerra– lo pone de relieve de una manera palmaria. Los griegos tenían la palabra hybris para designar a la soberbia; creo recordar que, particularmente, se referían a la soberbia que desafiaba a los dioses: esto es una caída del pedestal en toda regla, una especie de nuevo terremoto de Lisboa de 1755, un drama planetario que quienes sobrevivan nunca podrán olvidar. Un aldabonazo.

¡Ah!, por cierto: me importan un pimiento ahora mismo los orígenes concretos de la transmisión a gran escala del virus; si alguna de las teorías conspiratorias fuera cierta ya tomaríamos nota, pero las energías deben concentrarse ahora en seguir las instrucciones del personal médico, que está desgañitándose para que muchas personas dejen de ser cerriles. Como dice una mujer de la localidad valenciana de Titaguas: «No es tan difícil».

RICARDO MARTÍN (PERIODISTA, FOTÓGRAFO Y EDITOR GRÁFICO | MADRID)

1) Estoy con mi mujer en mi domicilio de Madrid, sin salir a la calle desde hace casi una semana. En medio de esta rara experiencia, me encuentro sereno y procuro llenar el día de rutina laboriosa y de cierta actividad física: dibujo, mucha lectura, música, gimnasia… Ordeno mi despacho y mis archivos. También me encanta cocinar.

2) Creo que esta situación de incertidumbre durará más de lo previsto, condicionará nuestras costumbres futuras y sufriremos otra nueva crisis económica devastadora; habrá tiempo de comprobar las consecuencias con más precisión.

3) Mi libro de cabecera es desde hace mucho tiempo, y ahora más que nunca, ‘Los Ensayos’, de Montaigne. Su cordialidad tiene un efecto tónico y sedante en medio de estos tiempos oscuros, parecidos pero menos peligrosos a los que él vivió. Recomiendo vivamente su lectura porque también es un antídoto contra fanatismos y supersticiones. Es como el consuelo de un bien amigo.

TETÉ AMAT (ARQUITECTA, DECORADORA Y CODIRECTORA DE DOCE ISLAS | VALÈNCIA)

1) Estoy en casa, con mi madre y mi sobrino. Estamos bien, la verdad.

2) El escenario inmediato algo incierto, cambia día a día. Respecto de las consecuencias a medio plazo, será interesante hacer un estudio de los comportamientos individuales y colectivos en esta circunstancia. Socialmente, seremos más solidarios (creo yo); económicamente, recesión; culturalmente, todo será más individualizado; y políticamente, sin cambios.

3) Voy a releer a mi querida Jean Austen (la antología completa, je, je) y buscaré y reordenaré la biblioteca. También pienso hacerme algún vestido veraniego, ver pelis, dejar la cocina como los chorros del oro, jugar a las cartas y bailar por la mañana, restaurar mobiliario… y cocinar tranquilamente. Planazos casi todos.

4) Como dijo Machado: “Todo pasa y todo queda…, pero lo nuestro es pasar”. Y ya vendrán tiempos mejores.

Merche Medina

Valencia calibra tener una oficina de festivales

Encontre Festivals a Escena
La Nau de la Universitat de Valencia
C / Universitat, 2. Valencia
Lunes 24 y martes 25 de febrero de 2020

El ‘Encontre Festivals a Escena’, impulsado por Acció Cultural con la colaboración de la Universitat de València, ha reunido durante dos jornadas a festivales privados de artes escénicas de la ciudad – como Cabanyal Íntim, Circuito Bucles, Russafa Escénica o 10 Sentidos – con representantes del servicio técnico de esta concejalía y de otras administraciones como el Institut Valencià de Cultura, Turisme València, la Agència Valenciana de Turisme o gestores venidos de Cataluña, País Vasco, Madrid y Extremadura. 

También han estado presentes iniciativas como Mostra Viva, Contorsions, Sala Off, Volumens, La Cabina, Vociferio o Trueno Rayo, entre otras, enriqueciendo las perspectivas de un diálogo que, en intensas sesiones, ha debatido desde la cuantía hasta el modelo de adjudicación de ayudas públicas. También se han tratado temas como la singularidad del mapa cultural de la ciudad o las trabas administrativas. El objetivo era generar una reflexión común, que identificara tanto las necesidades del ámbito privado y público como sus posibles soluciones. 

Representantes de algunos de los festivales de Valencia y del Ayuntamiento. Imagen cortesía de La Nau.

Desde la organización de los festivales privados de artes escénicas se ha pedido un mayor compromiso del ayuntamiento que se traduzca en financiación, agilidad en los trámites y acompañamiento en la captación de otras colaboraciones y patrocinios. Un clamor común ha sido la urgencia de dignificar unas iniciativas que nacieron y se han desarrollado en la última década marcadas por la precariedad.  

Por su parte, la administración ha reconocido el valor de estos festivales que surgieron entre 2000 y 2010 como reacción al abandono de la cultura dentro de las políticas del gobierno del momento y que se han constituido como un fenómeno único en el panorama escénico nacional. Así mismo, ha manifestado la necesidad de tener una visión global, que vaya más allá de lo económico a fin de valorar otras formas de colaboración y de esfuerzos por parte de la administración para favorecer a estas iniciativas privadas, que han convivir con el resto de la oferta cultural de la ciudad. 

Maite Ibáñez y Antonio Ariño en el Encontre de Festivals a Escena. Imagen cortesía de La Nau.

Maite Ibáñez, concejala de Acció Cultural, y Antonio Ariño, Vicerrector de Cultura y Deporte de la Universitat de València, han presentado un decálogo con las primeras conclusiones del ‘Encontre Festivals a Escena’. Incluye la colaboración entre ambas instituciones para realizar un estudio sobre el impacto cultural, social y económico de estos festivales privados de artes escénicas que han proliferado en la ciudad, cuyos resultados marquen el abordaje de las futuras directrices políticas.  

Y empieza por el reconocimiento de los recursos limitados con que se ha apoyado hasta ahora a estos festivales privados de artes escénicas desde la concejalía, así como su compromiso para el incremento de la cuantía destinada a esta convocatoria de ayudas. 

También se ha anunciado que, en consenso con el sector mediante mesas de trabajo, Acció Cultural va a revisar los criterios y baremos que se aplican en su concesión. Otro aspecto que se pretende modificar es el periodo, en favor de una plurienalidad en las ayudas que permita a las organizaciones trabajar a medio plazo. 

De izda a dcha., Santiago Ribelles (Russafa Escènica), Isabela Alfaro (Circuito Bucles), Maite Ibáñez (Acció Cultural), Antonio Ariño (Universitat de València), César García (Contorsions) e Isabel Caballero (Cabanyal Íntim). Imagen cortesía de La Nau.

La concejalía aspira a tener una visión más amplia del fomento de la cultura, extendiendo las mejoras en la relación con los festivales privados de artes escénicas a la parte administrativa. Se abre un periodo de consulta con los técnicos del servicio para ver la viabilidad de fórmulas como la ventanilla única (donde se puedan gestionar todo tipo de trámites y permisos, aunque no dependan directamente de este servicio) o la creación de una oficina de festivales, con recursos humanos destinados únicamente a la gestión de estas iniciativas, a pesar de que uno de los problemas claramente identificados por la concejalía ha sido la falta de personal administrativo. 

Uno de los compromisos que se pide a los festivales es la búsqueda de fórmulas para garantizar una coordinación interna que evite duplicidades programáticas y solapamiento en el calendario, además de promover sinergias y facilitar la interlocución con la administración estableciendo portavocías. Y se recoge la demanda a la hora de visibilizar a estas iniciativas. AC va a analizar fórmulas para difundir la programación de los festivales mediante canales como apps o publicaciones, tanto digitales como impresas. 

Representantes de los festivales e institucionales en el Encontre Festivals a Escena. Imagen cortesía de La Nau.

Por último, el Encontre Festivals a Escena sirve para constatar la necesidad de una implementación efectiva de la Ley de Mecenazgo, que permita ofrecer vías de financiación alternativa a estas iniciativas culturales privadas. También incluye en sus primeras conclusiones la conveniencia de una mayor transversalidad a la hora de buscar soluciones, dada la variedad de administraciones que se ven relacionadas y beneficiadas por la actividad cultural. Por lo que AC cultural ha tendido puentes para colaborar con otras instituciones como Agència Valenciana de Turisme o Turisme València.  

“Esto es solo un trabajo preliminar. En unos días presentaremos un documento con las conclusiones finales de este encuentro, que servirán para marcar la remodelación de la relación con los festivales privados de artes escénicas de la ciudad que, tanto desde los gestores privados como los públicos, somos conscientes de que hay que abordar”, señala Ibáñez, adelantando que es consciente de que habrá críticas porque “siempre a todos nos gustaría llegar a más, poder incentivar al máximo un bien tan importante como es la cultura”. 

La concejala remarca el cambio de actitud que supone reunirse con el sector privado para compartir inquietudes e involucrarlo en la toma de decisiones que van a afectarle directamente, como es la orden de ayudas. “Creemos que, si trabajamos unidos, podremos comprender mejor los condicionantes de cada uno y ser más empáticos a la hora de proponer soluciones que inciden directamente en los profesionales de la cultura, pero también en los ciudadanos que disfrutan de ella”, concluye Ibáñez.  

Maite Ibáñez y Antonio Ariño en el Encontre Festivals a Escena. Imagen cortesía de La Nau.

Contra las muletas, cultura universitaria

MAKMA ISSUE #01
Opinión | Antonio Ariño (vicerrector de Cultura e Igualdad de la UV)
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2018

Cuando llegué por primera vez al Vicerrectorado de Cultura se me preguntó, desde un medio de comunicación, que cuál era el proyecto que traía para La Nau y en qué medida iba a suplir las carencias de otras administraciones –estoy hablando del año 2011–. No dudé ni un segundo (creo) en la respuesta: la misión cultural de la Universidad viene regulada en la legislación universitaria, por tanto, no entra en competencia con otras administraciones ni debe adoptar una función supletoria.

¿Cuál es el planteamiento que debe seguir la Universidad en relación con la cultura? Al menos hay que remontarse al último cuarto del siglo XIX cuando, entre otros, Rafael Altamira puso en marcha la extensión universitaria, para encontrar un enfoque certero. Su planteamiento era muy claro. En una universidad elitista, había que sacar el saber a las calles, a los barrios obreros, a las clases populares. Por otro lado, decía que toda persona es siempre “más que su profesión”, el químico también se ha de formar como ser humano (y, añadiríamos hoy, como ciudadano).

Página inicial del artículo publicado en MAKMA ISSUE #01.

Así pues, la misión cultural de la Universidad se bifurca en dos dimensiones: la democratización del saber que se genera en sus espacios de investigación y se transmite en sus aulas, y la formación integral para quienes forman parte de la comunidad universitaria y, en especial, para el estudiantado.

Esta misión no ha perdido vigencia, aunque en una sociedad digital y del aprendizaje han cambiado (o deben cambiar) los medios, los programas y las formas de llevarlos a cabo. La cultura que debe transmitir y/o crear la Universidad no es cualquier cultura. Hay muchas formas culturales aborrecibles. El sello “cultura” no es garantía de nada. La cultura que compete a la Universidad ha de ser, en primer lugar y sin género de dudas, una cultura científica y crítica, que se basa en el conocimiento más sólido y se orienta a desmontar prejuicios y mitos de toda clase que proliferan y abundan en cualquier sociedad.

Puede resultar sorprendente, pero hay que afirmarlo con rotundidad: nuestra sociedad da pábulo y crédito a toda clase de prejuicios y mitos. Los estamos viendo apoderarse de gobiernos y gobernantes estos días, en la Europa post-ilustrada, como si retornáramos a épocas nefastas. Miles de millones de personas murieron y mataron en las dos guerras mundiales por mitos y prejuicios. Ahora estos pueden sustentarse en un ropaje científico o incluso revestirse con los argumentos de que se actúa por el bien general y el bien público, pero no hay tal y la función de la Universidad debe seguir siendo la de desenmascarar y la de provocar.

Portada de MAKMA ISSUE #01, a partir de una de las obras del proyecto ‘Caminos del deseo’, del artista y miembro de MAKMA Ismael Teira.

Desenmascarar. Cuando se dice que vivimos en la era de la posverdad se da pábulo a un mito. ¿Ha existido alguna era de la verdad? ¿Cuándo no han intentado todos los poderes existentes legitimarse más allá del cimiento democrático? ¿Cómo defender sin sonrojo que la educación nos hace libres? ¿Qué educación? ¿Qué libertad?

Provocar. Porque es muy fácil acomodarse a clichés explicativos y parece tarea ardua cambiarlos por otros más convincentes si alguien no sacude nuestro sopor. Conviene recordar el poema de Brecht sobre el hombre con muletas que fue a visitar al médico. Este le preguntó: ¿por qué llevas muletas? Porque estoy tullido, respondió el paciente. El médico le invitó a caminar, aunque fuera a cuatro patas; le quitó las muletas y se las rompió en la espalda. “Ahora estoy curado. Ando. Me curó una carcajada. Tan sólo a veces, cuando veo palos, camino algo peor por unas horas”.

La cultura que proponemos en exposiciones, seminarios, conferencias, talleres, debería provocar nuestros modos de pensar y quitarnos las muletas. Cultura crítica, pero también cultura inclusiva y democrática.

Claustro y deambulatorio del Centre Cultural La Nau. Fotografía: Miguel Lorenzo.

Antonio Ariño

El paseo. Cultura en València

Hace unos días acompañé a mi hijo a un cumpleaños al Bioparc. Es un lugar bonito en el que puedes llegar a tener la sensación de que los animales son privilegiados que disfrutan de unos ecosistemas hechos a su medida. No puedo evitar recordar al lobo de Tasmania, al sapo dorado, a la foca monje o al tigre de Java, todos ellos extinguidos, en mayor o menor medida, por la acción humana.

Dejé a mi hijo con sus amigos y seguí con la bicicleta por el cauce que recorre el río Turia, hasta que llegué a Manises. Bajo unos puentes de madera vi familias de patos; las madres protegían a los polluelos de los ruidos de la autovía y de los adolescentes que disfrutaban tirándoles piedrecitas. Me acerqué hasta la orilla: plásticos, latas y envoltorios de Hacendado se mimetizan entre el verde eléctrico de los arbustos. El hombre ha sido capaz de generar 8.300 millones de toneladas de plástico de los que 6.300 millones de toneladas se convirtieron en residuos. Algunos patos volaron asustados por mi presencia e intuyo que indiferentes a mis ensoñaciones. Tuve el impulso de volver a por mi hijo y marcharnos a casa, pero ¿qué culpa tiene él?

Había pedaleado media hora pensando en los proyectos que tengo en la cabeza, pero al llegar al final del trayecto me asaltó una noticia leída en prensa: “La galería Pepita Lumier echa el cierre en València”. Cristina Chumillas y Lucía Vilar intentarán seguir con el proyecto, pero dándole un giro, eliminando el espacio físico. También Librería Dadá cierra de forma temporal; Inma Pérez buscará nuevas fórmulas que le permitan seguir peleándose con el día a día. Espacios, librerías, galerías, revistas, editoriales, teatros, todos ellos forman parte del tejido cultural valenciano. No quiero recordar a los que ya no están –cada uno tuvo, en su momento, razones para no continuar–, pero creo que es obligado pensar en qué está ocurriendo con la cultura en València. Tenemos Feria del Libro, festivales de barrio, La Mostra, Cinema Jove… Tiene que ser difícil gestionarlo todo y no puede ser producto de la casualidad que se reproduzcan los comportamientos.

A fin de cuentas, ¿qué es la cultura? Edward B. Tylor, en 1871, la definió como todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y los hábitos y capacidades adquiridas por el hombre como miembro de la sociedad.

Ya, eso está bien, pero ¿qué piensan los políticos de la cultura? Como acabamos de vivir un proceso electoral largo, es fácil indagar en cuáles son sus ideas acerca de este tema, me refiero a aquello que se vea reflejado en sus programas electorales:

PSOE: hacer un pacto de Estado por la cultura (suena bien, pero si no son capaces de pactar para ocupar los sillones del Congreso… No acabo de creerlo), Ley de Mecenazgo, financiación para la RAE, destinar parte de la recaudación de la lotería para la producción de cine; PP: Plan Nacional de Tauromaquia (ahí tenemos a la cultura), fiscalía especializada en la protección de la propiedad intelectual (quizá ya no sea necesaria dentro de unos pocos años), blindar el archivo de Salamanca, Ley de Mecenazgo; Unidas Podemos: plan de reforma de RTVE, Estatuto del Artista (ocurre lo mismo que con la fiscalía del PP), potenciar la producción de cine en las lenguas del Estado; Ciudadanos: difusión de la Historia de España, Ley de Mecenazgo (parece que ahí todos coinciden, que paguen otros), rebaja del IVA cultural, plan estratégico del patrimonio cultural; VOX: favorecer el arraigo a la tierra y las tradiciones folclóricas (cómo te quedas al leer su programa…).

Según sus programas parece que la solución política al problema cultural está en aplicar deducciones fiscales a aquellos que se animen a actuar como mecenas (financiar y proteger a los artistas).

En un reciente estudio de la Generalitat de la Comunitat Valenciana, elaborado por Antonio Ariño y Ramón Llopis, se concluye que el 33 % de los valencianos pasa de la cultura, aunque el 56 %, no obstante, piensa que la cultura es importante. Según Ariño, “la revolución digital ha hecho que los bienes culturales pasen a estar en nuestro bolsillo”. Carmen Amoraga se encuentra “satisfecha” de alguna de las iniciativas puestas en marcha desde la Conselleria de Cultura. Hemos de entender que las ayudas a una Feria del Libro que cada año pierde más el pulso con la ciudadanía, o el fomento de Cinema Jove, con un contrato a su director Carlos Madrid que sugiere una apuesta cortoplacista, llenen de “orgullo y satisfacción” a la actual secretaria autonómica de Cultura y Deporte. Serán estos unos años fértiles para la cultura valenciana, pensaron muchos de los agentes culturales hace cuatro años.

Se han hecho cosas, por ejemplo, el Ayuntamiento de València ha generado ayudas de 150.000 € destinados a la programación de proyectos culturales sin ánimo de lucro y con carácter asociativo; Glòria Tello hace un llamamiento a la participación. Se recupera, también desde el Ayuntamiento de València, La Mostra, después de estar suspendida desde 2011 (en la 33ª edición se destinaron 40.000 € en premios, 72.170 € para la directora gerente Rosa Roig y 65.000 € más para Eduardo Guillot (vicedirector y responsable de programación).

Entonces, ¿por qué el ánimo de los personajes que forman el entramado cultural: artistas, escritores, galeristas, programadores, etc., está tan bajo? ¿Falla algo? ¿Qué haría falta?

ARÍSTIDES ROSELL. GALERÍA IMPREVISUAL

Siento la necesidad de preguntar a alguno de esos personajes cuál es su percepción, no quiero dejarme influir por mi escéptica visión del vaso medio vacío mientras escucho el aleteo de los patos y entiendo que ese ruido de pluma contra pluma lo emiten a modo de queja. Es por eso que me he acercado hasta la Galería Imprevisual (c/Doctor Sumsi, 35) y, además de disfrutar de una maravillosa exposición de carteles de cine cubanos, aprovecho para hablar con Arístides Rosell.

Arístides Rosell posa junto a una de sus obras y el volumen ‘El cartel. Revolución’. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

Lo encuentro hablando con el artista Vicent Marco sobre el seminario impartido en el Sporting Club Russafa por Marta Pérez Ibáñez “El artista y la autogestión: emprender en el mundo del arte”. ¿Es la cultura un comercio?, comentan. Arístides me dice que no le gusta hablar de datos económicos, así que comienza haciéndolo sobre los movimientos culturales que se generaron en los barrios a partir de 2006-2008:

–Había desidia y silencio cultural, desde 2008, y, concretamente, en el barrio del Cabanyal se genera una barricada cultural que no quiere dejar morir la arquitectura o la cultura; se genera una revolución cultural que llena de eventos la ciudad. A partir de la crisis emergen los movimientos culturales en los barrios (siguiendo la inercia del Cabanyal), los artistas se instalan en esos barrios y se generan interconexiones. Sin embargo, no existe comunicación directa con la Administración. No existe apoyo, que es algo que no tiene que ver con las subvenciones. Podríamos decir que hay una desidia cultural política.

No obstante –prosigue Arístides–, esos movimientos emergentes contra la voluntad política continúan con fuerza (Russafart, Russafa Escénica, Cabanyal Íntim, Ciutat Vella Oberta…). Creo que los políticos no han amparado a estos movimientos (por cierto, esto no es original de València, más bien es una dinámica internacional). Se han sacado subvenciones y líneas de actuación, pero en ningún caso se ha acompañado. Pienso que los políticos no estaban preparados. Solo se ha hecho un diagnóstico, pero nunca se vio a esos movimientos como aliados –Arístides acaba de hacerme de espejo. En su frente he visto volar también esos patos del Turia–.

Tiene que marcharse a una reunión en Buñol para preparar un festival. Me queda preguntarle si ve el futuro con escepticismo o con ilusión. Él responde rápido mientras recoge su bolso y se prepara para salir conmigo de su galería:

–Con ilusión, siempre hay que dejar un margen de actuación. Ya están los diagnósticos. Ahora,¿actuamos?

DANIEL GASCÓ. VIDEOCLUB STROMBOLI

Me alejo con la bicicleta y recorro migratoriamente la calle Centelles hasta mi nueva parada: el Videoclub Stromboli. Allí espero encontrarme a Daniel Gascó. Le abordo directamente; casi sin darle las buenas tardes, le pregunto su impresión sobre los logros culturales en estos últimos años. Comienza diciendo que no cree que haya un buen reparto de los recursos y que también se han producido situaciones injustas (como en el caso de La Mostra).

Daniel Gascó en las dependencias de su Videoclub Stromboli. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

–Parece que a veces lo social y lo democrático no tenga que ver con la cultura –continúa hablándome de la gran cantidad de acontecimientos que hay en València–. Estoy de acuerdo con Maite Ibañez en que hay mucha dispersión de la cultura en cuanto a número de festivales. Falta cohesión o recortar su número.

Le interrumpo diciéndole que quizá eso significaría ir a una política de grandes acontecimientos, de fotografía para artículo de prensa.

–Por ejemplo, el número de acontecimientos cinematográficos del año no se corresponde con la infraestructura. Creo que faltan salas. No todo puede ir a la Filmoteca, porque afecta a su normal funcionamiento –responde Gascó.

Mi hijo me enseña la película que quiere que alquilemos y me apremia a que acabe con mi charla, así que le pregunto directamente sobre cómo ve el futuro:

–València es una ciudad muy culta, por encima de los políticos que haya. Está dentro de la médula de la ciudad: gente que trabaja porque sí, una especie de voluntariado no remunerado, gente muy generosa. No creo tanto en los políticos. No pienso que dos o tres personas con poder puedan organizar culturalmente la ciudad. Son estas personas las que en ocasiones desestiman proyectos muy importantes. Lo hacen por miopía o por incapacidad, o porque sí.

Acaba con una frase que me deja pensando mientras pedaleo hasta mi nuevo destino:

–Hay militancia cultural.

INMA PÉREZ. LIBRERÍA DADÁ

Muevo los pedales con menos ganas que hace solo unas horas y no es que esté cansado, más bien es una especie de nube gris que ha comenzado a envolverme y que ha dejado un ambiente un poco pegajoso que no me permite pedalear libremente, aunque sigo haciéndolo hasta la calle del poeta Monmeneu, 18. Allí se encuentra el Espacio Paco Bascuñán y, de forma temporal, Inma Pérez ha desplazado dadaístamente parte de sus libros y de la Librería Dadá, en esa especie de éxodo forzado en el que se encuentra inmersa. La terraza interior rodeada de plantas es un lugar magnífico para conversar.

Inma Pérez durante un instante de la entrevista en el Espacio Paco Bascuñán. Fotografía cortesía de Ximo Rochera.

No dejo pasar muchos minutos antes de abordar a Inma con la primera pregunta:

–Después de muchos años con gobiernos que no parecía que favoreciesen demasiado a la cultura, se recibió con mucha ilusión el cambio político en la Comunitat y en la ciudad; sin embargo, parece que la sensación entre aquellos que se dedican a la gestión cultural es que tampoco han cambiado mucho las cosas. ¿Cuál es tu percepción?

–(Sonríe antes de comenzar a hablar) Quizá esperábamos demasiado, teníamos muchas ganas de que los nuevos gestores, que conocían y nos conocían, pudieran cambiar las cosas –yo tengo la intención de no interrumpir su discurso, así que permanezco callado–. Han puesto en marcha iniciativas necesarias, pero, para mí, algunas cosas se han hecho sin contar con muchos de los que ya estábamos. No todos estamos agremiados o asociados, no todos tenemos la misma visibilidad ni los mismos medios, pero estamos trabajando también cada día en el sector y nos hubiese gustado formar parte de la elaboración de estrategias puntuales o de la redacción de diagnósticos sobre el estado de la situación, por ejemplo, pues nos afecta lo que ellos decidan.

(Asiento con la cabeza y dejo que continúe). Si queremos fortalecer el sector cultural, se debe abordar detectando los problemas desde la diversidad y la realidad de todos, teniendo en cuenta que lo que vale para uno no vale, seguramente, para los demás. Deberíamos dejar también de pensar en términos cortoplacistas y establecer medidas destinadas a que podamos crecer y consolidarnos, a medio y a largo plazo, teniendo en cuenta también que lo que vale para hoy quizá no valga para mañana. Muchos llevamos algunos lustros sobreviviendo– asevera.

Me gustaría hablar sobre los museos, concretamente sobre las librerías albergadas en el interior de los museos, así que comienzo diciéndole que cuando alguien viaja a diferentes ciudades de Europa y recorre sus museos se da cuenta de lo que significa tener una librería dentro de uno de ellos. Creo que su opinión es una de las más válidas en la Comunitat Valenciana para desvelarnos por qué, en València, independientemente del color político, no tenemos librerías de ese tipo. Inma, seguramente, ha tenido que contestar esta pregunta muchas veces (incluso a ella misma), por esa razón su respuesta salta como accionada por un mecanismo de muelles:

–Es algo complejo de explicar y daría para una charla –sonríe, nuevamente, y continúa con una explicación que intuyo será clarificadora–. En primer lugar, porque no hay demanda real. La mayoría de la gente que visita un museo espera comprar algún souvenir o merchandising, esperan encontrar eso porque es lo que ven en todos los lados. Este material cuesta mucho de producir y mucho más de vender porque las cifras reales de visitantes, que no asistentes, no mantienen un negocio vendiendo solamente postales o lápices, que es lo que casi todo el mundo quiere, algo que no sea caro. El gasto por visitante es muy reducido y el gasto que genera el negocio es más elevado, por eso se termina cerrando.

La venta de catálogos –revela–, además, es también reducida; se siguen regalando bastantes ejemplares, otros tantos terminan en algunas librerías a precios reducidos…, así que por una parte o por otra tampoco se genera demanda, salvo momentos puntuales y eso tampoco da para mantenerte. No olvidemos que, muchas veces, estos visitantes de museos se encuentran con puntos de información donde tienen de forma totalmente gratuita revistas, carteles…; y el paso por una tienda, o librería, es para mirar, porque ya han cargado previamente sin tener que pagar nada por ello –indica Inma Pérez.

Habla con rapidez y con fluidez. Pienso que cuando alguien ha vivido de cerca problemas similares se genera cierta empatía instantánea. No puedo dejar de pensar en el cierre de Le Petit Canibaal o en el necesario giro del proyecto Canibaal. Entiendo perfectamente de qué está hablando Inma y sé que no necesita que le diga que comprendo cada una de sus palabras. En ocasiones nos podemos permitir hablar con las miradas.

–En segundo lugar –prosigue–, porque la institución, la que sea, no siempre cree en la librería, en una librería. Se debe sacar rédito económico (totalmente de acuerdo y nada que objetar) con una licitación, atendiendo al negocio que alguien abrirá y los supuestos beneficios que éste obtendrá, por eso se licita con un precio que va al alza. Suele ser una licitación de duración muy reducida que, muchas veces, no permite amortizar inversión alguna, pues no solo compras material, también mobiliario, equipamiento diverso y quizá debes contratar personal; siempre está el riesgo de que cuatro años después decidan que, una vez terminado el contrato, quieran otro modelo de negocio y tú te puedes quedar compuesto y con una librería/tienda en marcha.

No hay estudios rigurosos –continúa– sobre el impacto económico de los visitantes, lo que no ayuda al que arriesga su capital, que se debe guiar por lo que pide la institución, o lo que le dicen los que allí trabajan, mayormente en las oficinas, pero que luego resulta que puede que no sea totalmente cierto. Se trabaja sobre expectativas, pero no sobre la realidad –asevera.

Mi hijo da vueltas por el patio y husmea entre las plantas, me pregunta si puede sacar la bolsa con sus piezas de Lego para entretenerse. Inma le mira de reojo y sigue contestándome:

–Una librería en un museo es un valor añadido, no debería ser sólo una tienda de souvenirs o un espacio que todo el mundo espera; y no es el mismo modelo de negocio, las librerías tienen márgenes comerciales prácticamente invariables y los precios de los libros son fijos y están regulados por ley, cuesta mucho producir beneficio económico. La librería genera comunidad, que se une a la del propio museo.

Apostar por un espacio así en las instituciones –mantiene– supondría cambiar los pliegos, para que fueran más ajustados a la realidad y más flexibles, pues todas y cada una de las decisiones que además se toman en estas instituciones repercuten directamente en el devenir de la implantación y consolidación de la librería. En un sólo año puede cambiar muchísimo el panorama, y por muchas razones.

Yo he estado 12 años en un museo –recuerda Inma Pérez–, durante un tiempo en dos, y los retrasos en la publicación de los catálogos, los cambios de dirección, la subida del precio de las entradas, la modificación del horario de apertura y hasta el cierre de la cafetería pueden repercutir directamente en tu negocio. Montar una librería en un museo debería ser una gran y magnífica oportunidad, pero en estos momentos es una auténtica locura –concluye.

Recuerdo las palabras de Arístides Rosell sobre los tiempos de diagnosis, así que decido hacerle una última pregunta a esta librera incansable:

–¿Crees que nos esperan otros cuatro años de diagnosis o quizá se pongan a trabajar en serio? Me refiero a si ves el futuro de la cultura con escepticismo o con cierta ilusión (Inma levanta la mirada con cierta pereza por responder a una pregunta que quizá se haya formulado demasiadas veces en las calles y en algunos espacios culturales).

–Ahora mismo tengo ante mí una situación muy complicada y solamente pienso en cómo salir adelante, así que quizá no esperaré nada de nadie para no sentirme defraudada o decepcionada.

Ojalá que lo nuevos gestores lo tengan claro esta vez y que lo podamos ver, porque ya no habrá margen para excusas y quizá no más oportunidades –confiesa.

Ha sido un día intenso: he recorrido carriles bici que antes no existían y me he podido acercar a espacios naturales, librería, galería y videoclub sin apenas salir de ellos. He estado en contacto con la naturaleza y disfrutado viendo a mi hijo pasarlo bien. He podido ver una València más amable para las familias y los niños y, para ser justos, cierta predisposición hacia la cultura, pero no puedo dejar de hacerme la siguiente pregunta: ¿es suficiente con tener una buena predisposición hacia la cultura después de haber cubierto una legislatura?

Puede que la política cultural sea como un elefante: grande y majestuoso, pero con movimientos muy lentos.

Detalle de un paseo elefantiásico por Bioparc. Fotografía: Ximo Rochera.

Ximo Rochera

Escuchar música supera a la televisión

La participación cultural en la Comunitat Valenciana
Centre Cultural La Nau
C / Universitat, 2. Valencia
Martes 26 de febrero de 2019

“La práctica más generalizada de todas es escuchar música, más que incluso ver la televisión”, porque según explicó el vicerrector de Cultura de la Universitat de València, Antonio Ariño, «está vinculado a Internet y a la revolución digital: escuchar música puede llevarse en el bolsillo a través del teléfono». En cambio, añadió que había prácticas que, «aun siendo gratuitas, continuarán siendo minoritarias, como por ejemplo ir a la ópera por la imagen social elitista que comporta”.

Esta es una de las conclusiones que recoge el libro ‘La participación cultural en la Comunitat Valenciana’, presentado el pasado martes 26 de febrero en el Centre Cultural La Nau, en el que se ofrecen datos de la primera encuesta sobre prácticas culturales de la Generalitat. En este sentido esta primera radiografía permite implementar políticas para cambiar tendencias.

De izda a dcha, Fernando Delgado, Carmen Amoraga y Antonio Ariño. Imagen cortesía de La Nau.

De izda a dcha, Fernando Delgado, Carmen Amoraga y Antonio Ariño. Imagen cortesía de La Nau.

“El objetivo de la encuesta no es la comparación, sino el análisis de los datos. Queríamos conocer la relación de la sociedad valenciana con la cultura a través de sus prácticas teniendo en cuenta diferentes enfoques de edad, género, idioma, poder adquisitivo, temática y otros componentes”, explicó la directora general de Cultura y Patrimonio, Carmen Amoraga, que resaltó la importancia de lo que es la primera radiografía que permitirá implementar políticas para cambiar tendencias.

Es una encuesta pionera, porque nunca antes se había preguntado de forma específica sobre los hábitos culturales a 2.000 valencianos y ha estado realizado por los profesores de la Universitat de Valencia, Antonio Ariño y Ramón Llopis.

La directora general indicó que, como conclusión general, la encuesta ratifica que las mujeres son más participativas en la vida cultural valenciana: son las que leen más, van más al teatro y a la ópera y visitan más los museos. También señaló que la encuesta de prácticas culturales junto con el Observatorio Valenciano Cultural son dos herramientas muy útiles que se han puesto en funcionamiento para poder planificar mejor las políticas culturales.

“Hemos cumplido con el objetivo de ampliar la información y el conocimiento de dotar de mayor inteligencia al diseño y a la implementación de las políticas culturales. Ha sido uno de los grandes retos silenciosos de la legislatura y cuyos efectos se harán sentir en los próximos años”, subrayó.

Fernando Delgado. Imagen cortesía de La Nau.

Fernando Delgado. Imagen cortesía de La Nau.

Antonio Ariño explicó que el libro estaba estructurado en cuatro partes. La primera parte aborda qué entiende la ciudadanía por cultura; la segunda describe las prácticas culturales; una tercera analiza los factores que explican los tipos de público y un cuarto capítulo en el que se retoman todas las variables de la encuesta desde la perspectiva de género.

La encuesta se presentó dentro de las jornadas ‘Un país de culturas’ que inauguró el escritor Fernando Delgado. Estas jornadas, organizadas por la Generalitat y la Universitat, analizarán las experiencias y proyectos culturales que favorecen la inclusión social y como las buenas prácticas en las que se estimula la creatividad y la innovación alientan al diálogo, la cooperación y la construcción del bien común.

Una joven escuchando música. Foto: N. Caizas (Flickr).

Una joven escuchando música. Foto: N. Caizas (Flickr).

Radiografía de la sociedad valenciana

La sociedad valenciana en transformación (1975-2025)
Universitat de València
Centre Cultural La Nau
Martes 15 de enero de 2019

¿Cómo ha evolucionado la sociedad valenciana en las últimas cuatro décadas? ¿Cómo se ha transformado el territorio, el modelo laboral y familiar, o las prácticas de consumo y ocio? ¿Qué ha sucedido y qué está sucediendo? Un total de 50 docentes de universidades públicas valencianas han participado en el exhaustivo volumen ‘La sociedad valenciana en transformación (1975-2025)’. Este libro es fruto de la colaboración de un nutrido grupo de especialistas provenientes de la Sociología, la Economía, la Geografía, la Antropología o la Ciencia Política y tiene como objetivo ofrecer una radiografía actualizada de la sociedad valenciana que sirva para comprender de forma pormenorizada los aspectos básicos de su estructura y las dinámicas de las últimas décadas.

El libro se ha presentado en el Centre Cultural La Nau y ha contado con las intervenciones de Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València y director del volumen; Pedro García Pilán, coordinador del volumen y Vicent Flor, director de la Institució Alfons El Magnànim. Estructurada en 14 capítulos y a lo largo de casi 600 páginas, se abordan cuestiones tan fundamentales como las tendencias demográficas, el modelo territorial ecológico y económico, la estructura laboral, las desigualdades socioeconómicas, los modelos familiares, las transformaciones de las relaciones de género, la situación de las políticas sociales y educativa, la cultura, los valores, las dinámicas del sistema político y -lo que representa una absoluta novedad respecto a trabajos anteriores- el estado del sistema judicial.

Portada del libro

Portada del libro ‘La sociedad valenciana en transformación’.

‘La sociedad valenciana en transformación’ es un informe de la situación socioeconómica y político-cultural de la Comunidad Valenciana que sigue la línea de los estudios y publicaciones de Estructura Social que se han venido realizando durante el siglo pasado, siendo la última de similares características la obra coordinada por el profesor Manuel García Ferrando, catedrático de sociología, ‘La sociedad valenciana de los 90’ (publicada en 1992 por Alfons el Magnànim).

En este sentido, de acuerdo con los directores de este proyecto, puede decirse que durante casi 30 años ha habido una carencia de investigación de estas características y ha sido necesario una reinvención de Alfons el Magnànim para que fuera posible este proyecto. Durante tres años un equipo de investigación interuniversitario e interdisciplinar ha estado trabajando en el informe que ahora se presenta.

A modo de síntesis, el volumen concluye con unas reflexiones sobre autogobierno y Estado de bienestar, que suponen también una llamada de atención acerca de la necesidad de conseguir una mayor implicación ciudadana en la acción política y democrática.

El libro concluye que la sociedad valenciana es demográficamente madura (caída de la natalidad y aumento de la esperanza de vida), urbana y volcada en el litoral, económicamente abierta e internacionalizada, centrada en los servicios, digitalizada en la vida cotidiana pero con una insuficiente relevancia de la economía del conocimiento, con cambios en la composición interna de la estructura social, multicultural e individualizada en sus valores, con diversidad de formas familiares, que valora la democracia, al tiempo que recela de su funcionamiento e incluso lo critica.

La tasa de paro y el fracaso escolar se sitúan por encima de la media española y la distribución de la renta ha empeorado en las últimas décadas, de manera que la tasa de población en riesgo de pobreza es elevada. La crisis de la economía valenciana también ha sido más intensa que la del resto de España y el retroceso del PIB ha puesto de manifiesto las debilidades del modelo precedente de crecimiento. De hecho, en los últimos 25 años el PIB per cápita de la Comunidad ha crecido un 25% mientras que el del resto de España lo ha hecho en un 36%, la industria ha reducido su participación en el PIB y ha caído su peso en el empleo y la productividad del trabajo es baja y ha crecido poco, situándose en un 4% por debajo de la media española.

Por otra parte, de acuerdo con los autores, en este momento de la salida de la crisis no son los servicios avanzados los que lideran la recuperación del crecimiento y la modificación de la estructura productiva, sino los tradicionales ligados al comercio, el transporte y la hostelería, hecho que explica que la Comunidad Valenciana ofrezca unos salarios más bajos que la media española.

Vicent Flor, Antonio Ariño. Foto de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau de la Universitat de València.

De izda a dcha, Vicent Flor, Miguel Ángel García Calavia, Antonio Ariño y Pedro García Pilán. Foto de Miguel Lorenzo por cortesía de La Nau de la Universitat de València.

En el conjunto del Estado, de acuerdo con uno de sus autores, el profesor Joaquín Azagra, la Comunitat Valenciana, se sitúa en una posición intermedia, con algunas fortalezas en su modelo productivo, pero con tantas o más debilidades: un peso razonable de la agricultura con alto nivel comparativo de productividad, una industria en retroceso, una especialización constructora y una reducida importancia del sector público por su endeudamiento.

Por otra parte, el nivel de vida de los hogares valencianos se ha deteriorado de forma importantes desde 2007 y este deterioro ha sido mayor que el experimentado en el ámbito nacional. Si entre 2007 y 2014 los hogares españoles vieron disminuir su renta familiar en un 20% de promedio, en la Comunidad Valenciana está caída fue de un 24%. Estas cifras reflejan el impacto negativo que la crisis ha tenido sobre las economías domésticas. En 2019, la renta por habitante se sitúa en el 89% de la media española.

En el libro también se analizan las valoraciones de diversas esferas vitales destacando el aprecio de la familia, situándose como el ítem mejor valorado. A continuación y con valores cercanos a 8 se ubican los ámbitos del trabajo, los amigos y el tiempo libe. En un tercer escalón, muy inferior se halla el asociacionismo, la política y religión con un 5,06, 4,35 y 4,25, respectivamente. Eso sí, el concepto de familia ha cambiado sustancialmente, de una familia nuclear heterosexual a una pluralidad de formas de vida, donde tienen cabida no solo las familias reconstruidas después de las separaciones sino también la constitución de hogares homoparentales.

Cañada Blanch presenta su programa de actividades

Fundación Cañada Blanch
Avance de programación
De septiembre a noviembre de 2018

Fundación Cañada Blanch comienza su programación de actividades con el Encuentro Cañada Blanch, ‘Teatro y compromiso’, con el actor y autor Juan Diego Botto. La cita tendrá lugar el próximo 19 de septiembre a las 19:30 horas en el Centre Cultural La Nau. El acceso para el público será libre hasta completar aforo.

El comprometido actor charlará con la periodista Mariola Cubells sobre su trayectoria profesional y su último proyecto: la nueva pieza teatral, ‘Una noche sin luna’, un texto sobre Federico García Lorca y la fatídica noche de su asesinato, que se estrenará a mediados de enero. También hablarán sobre su recorrido cinematográfico con algunas de sus piezas más significativas.

Fundación Cañada Blanch. MAKMA

La fundación empieza así una temporada más con nuevas energías y una agenda repleta de actividades para los próximos meses. Ejemplo de ello es la XVII edición del curso de Especialización en Turismo Cultural que se desarrollará hasta diciembre y que comenzará en breve. Una edición especial que forma parte del Año Europeo del Patrimonio Cultural y que cuenta con la colaboración de la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte; Turisme Comunitat Valenciana y la Federació Valenciana de Municipis i Províncies.

El próximo 27 de septiembre a las 19:30 horas en el Paraninfo de La Nau volverán los Diálogos Cañada Blanch, charlas de debate y reflexión con profesionales de distintos sectores que en esta ocasión se centrará en el liderazgo, bajo el título ‘Necesidad de un nuevo liderazgo para humanizar la empresa’.

Caterina Ruiz de Ojeda se encargará de conducir la tarde con José María Guibert, rector de la Universidad de Deusto e Irma Jiménez Guler, Directora de asuntos corporativos Hewlett Packard.

Un año más se abre la convocatoria de candidaturas para obtener la beca Fundación Cañada Blanch-LSE. Un premio de 7.000 euros que se otorga para financiar una estancia formativa y de investigación a titulados superiores de la Universitat de València en la universidad inglesa LSE, a través de Cañada Blanch Centre for Contemporary Spanish Studies.

Fundación Cañada Blanch. MAKMA

Los Diálogos Cañada Blanch continuarán en octubre con el escritor Antonio Orihuela y Ana Santos Aramburo, Directora General de la Biblioteca Nacional. Una ocasión que servirá para hablar sobre el futuro de las pequeñas editoriales, conducido por el Vicerrector de Cultura y Deportes, Antonio Ariño, dentro del marco del Festival del libro SINDOKMA, que un año más se celebrará en las instalaciones de La Nau, del 25 al 28 de ese mes.

Ya en noviembre la fundación acogerá la presentación de Susana Chillida que hablará de la película sobre su padre, el artista Eduardo Chillida y del escritor Eduardo Iglesias quien dará a conocer su nueva novela. Además, para finales de ese mismo mes se están ultimando los detalles del Concierto Berklee-Cañada Blanch en Burriana, ciudad natal del fundador Vicente Cañada Blanch.

Y en noviembre también volverá a celebrarse el ciclo de divulgación Ciencia Cañada Blanch, conocido como ‘Conect Talks’, un interesante conjunto de charlas distendidas que sirven para introducir a la sociedad en los últimos avances en el campo de la ciencia.

Sobre Fundación Cañada Blanch

Fundación Cañada Blanch es una entidad independiente y sin ánimo de lucro que acerca la educación y la cultura a la sociedad. Promueve la innovación social a través del diálogo, la transmisión de valores y conocimiento, y la apuesta por el talento. Su actividad se extiende al Reino Unido donde su fundador, D. Vicente Cañada Blanch, inició su mecenazgo pionero y labor social.

Fundación Cañada Blanch. MAKMA

 

Joan Verdú, lo que el silencio esconde

Joan Verdú. Bonus Track
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. Valencia
Hasta el 30 de septiembre de 2018

Joan Verdú: “No me gusta el arte político”.
Enrique Carrazoni: “¿Te refieres a las malas artes de los políticos?”
JV: “Soy apolítico”.
EC: “¿Piensan por ti los políticos?”
JV: “Los políticos no tienen ese don, sólo dan problemas y luego dicen que los resuelven”.
EC: “No sé por qué me he acordado de Groucho”.
JV: “¡Otro apolítico y pentapolitano!”

Esta conversación con Joan Verdú (Alzira, 1959-2017) la recoge tal cual el propio Carrazoni en el catálogo de la exposición que La Nau le dedica al artista valenciano bajo el título de Bonus Track. En ella, cuando al nombrar Verdú a los políticos su amigo se acuerda de Groucho Marx, se está haciendo alusión a esta frase del genial actor: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Human touch, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Human touch, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Que Carrazoni se hiciera eco de Groucho para referirse a Verdú no es casual. Su  humor “corrosivo, ácido, irónico y mordaz”, adjetivos empleados por José Pedro Martínez, responsable de la Colección Martínez Guerricabeitia, atraviesa toda la obra de quien huía de la política, para cebarse con ella. “Toda su obra es política, en el sentido fuerte del término”, puntualizó Antonio Ariño, vicerrector de Cultura de la Universitat de València, durante la presentación de la muestra que hasta el 30 de septiembre sirve de homenaje a su figura.

Groucho, por seguir tirando del hilo que une al actor con el artista, dijo en cierta ocasión: “Inteligencia militar son dos términos contradictorios”. Verdú, por mucho que en su obra las alusiones a la política estuvieran muy presentes, también entendía como contradictorios los términos arte político, de ahí que no le gustara, tal y como aclara al comienzo de su conversación con Carrazoni. Y no le gustaba porque esa política de trincheras no iba con su carácter abierto, jovial, interrogativo y siempre ocurrente.

Rabbit 007, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Rabbit 007, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Así lo recuerda también Sebastián Nicolau, otro de los artistas pertenecientes al grupo Cazadoras Asociados que Verdú impulsó, y para quien el artista era un derroche de imaginación: “Sebaaas se me ha ocurrido una cooosaaa…”. Prorrumpía de esa forma, tras dar una buena calada al cigarro, porque “Joan fumaba mucho; mucho”, apostilla Sebastián Nicolau. Fumaba y dibujaba: “Pintaba sin parar. Podía sentarse y estar horas y horas pintando”, señala Mavi Escamilla, comisaria de Joan Verdú. Bonus Track. Una “pista adicional” que le ofrece La Nau con la exposición que reúne una treintena de obras desde sus inicios en 1988 hasta la actualidad.

José Pedro Martínez aclaró que la muestra estaba prevista con antelación. “Hace tres años que contactamos con él para que la hiciera, porque aunque no tenemos obra suya en la Colección Martínez Guerricabeitia, encaja perfectamente por su discurso plástico”. Algunas obras están inacabadas por culpa de una muerte que se lo llevó antes de lo previsto. “En la vida le había visto trabajar tanto. La cabeza le iba a mil por hora”, recuerda su hijo Tomás Verdú, quien explica la exposición como un chorro de energía: “Entras y genera vida”.

Una vida, como su obra, repleta de “subtextos e hipertextos que resuenan en la sociedad contemporánea”, a modo de juegos de palabras, iconos pop trasladados a su universo mordaz y colorista, y advertencias como ésta: “Lea las instrucciones de esta obra de arte y consulte a algún crítico”. A esta se refirió Ariño en los siguientes términos: “Es la crítica más mordaz que he visto al arte contemporáneo”. O esta otra: “En este local está permitido el consumo de sueños y otras sustancias inconscientes”.

MonsterCard, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

MonsterCard, obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

El calendario Dailyland, al que se le han arrancado algunas hojas para llegar al mes de noviembre de 2017 en el que ocurrió su muerte, recoge a una pin up erótica, bajo la cual se puede leer: “Viajes El Corte en las Ingles”. Una tarjeta Master Card se convierte a sus ojos en una Monster Card, flanqueada por los famosos monstruos teleñecos. Y hasta el famoso James Bond se transforma en Rabbit 007, conejo que atraviesa igualmente la obra de Verdú. Preguntado su hijo por esta circunstancia, aseguró que se trataba de “uno de sus símbolos, que lleva a su estilo pop; en el conejo no hay maldad”.

Ariño alude a cierta doblez en su trabajo: “Lo que tus ojos ven esconde otra realidad oculta”. Por eso el vicerrector de Cultura habla de una “apuesta por descubrir esa dimensión de trastienda”. Dimensión a la que se llega sin las prisas y azoramientos que impone la sociedad consumista de la que, paradójicamente, dio también buena cuenta Verdú: “Estas obras no necesitan libro de instrucciones, sino calma para ver lo que oculta”, insiste Ariño.

Obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Obra de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

En Swissh (2017), el artista juega con la cruz roja, la farmacia, Suiza y una enfermera pidiendo silencio, para alertarnos de cierta evasión bancaria. Mavi Escamilla se refiere a ello revelando una vez más otro juego de palabras: “Botín quin y el silencio bancario”. Y en la instalación de hierro pintado, Verdú realiza un matamoscas con la forma del mapa de España, “que tiene una fuerza extraordinaria por el momento en que vivimos”, subraya Ariño.

Su filosofía fundamental, título de una de sus piezas, viene a resumir el talante de Joan Verdú. En ella, aludiendo a los personajes del cómic Snoopy, dice en cuatro viñetas: “¿Cómo ha ido hoy el cole?” “¡Bah!” “Solo preguntaba” “Es mi nueva filosofía…¡Bah! De ahora en adelante nada me preocupa. ¡Bah, bah, bah!”. Tomás Verdú señaló que trabajó hasta el último momento como si la enfermedad no fuera con él. “¡Bah!”. Y es así, con su obra de cuerpo presente en La Nau y a rebufo del aire “marxista” aludido, como Joan Verdú exclamaría para acabar: “Perdonen que no me levante”. Ahí está su obra para lo que gusten.

Swisshh, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Swisshh, de Joan Verdú. Imagen cortesía de La Nau.

Salva Torres

Armengol, Heras e Yturralde donan cinco obras

Donación de obras a la Universitat de Valéncia
Cinco piezas de los artistas Artur Heras, José María Yturralde y Rafael Armengol
Sala Acadèmia de La Nau
Miércoles 28 de marzo de 2018

La Sala Acadèmia de La Nau ha acogido este miércoles 28 de marzo la donación a la Universitat de València de cinco obras de los artistas contemporáneos Artur Heras, José María Yturralde y Rafael Armengol. El acto ha contado con la presencia del rector de la Universitat, Esteban Morcillo; la rectora electa, Mavi Mestre; el vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño; y los tres artistas. Todas las obras donadas son de gran formato y han formado parte de exposiciones temporales realizadas recientemente por la Universitat de València, lo que demuestra el reconocimiento de la institución con los artistas valencianos contemporáneos.­­

El artista setabense Artur Heras ha donado dos de las obras de su serie ‘Executats’: ‘S.P.A. 2.3.74’, que corresponde al retrato de Santiago Puig Antich, el último ejecutado por el franquismo por medio de garrote vil en esa fecha, y ‘AOE 27.9.1975’, que ilustra a Ángel Otaegui Extebarria, uno de los últimos militantes de ETA fusilado por el régimen franquista. Ambas obras (150 x 120 cm) fueron producidas en 2016 y formaron parte de la exposición organizada por la Universitat de València en La Nau ‘Artur Heras. No ficció. Obsolescència i permanència de la pintura’. En esta muestra el artista reflexionaba sobre los conceptos de la no ficción en la pintura a través de más de 400 obras.

Durante el acto también se ha formalizado la donación de la obra de Artur Heras, ‘Diálogo recóndito’ (140,5×170 cm), un óleo sobre lienzo, tierra y papel, que se encontraba depositada en la Universitat desde 1965, fecha en la que el artista participó en un concurso de pintura.

‘Diphda’ (acrílico sobre lienzo, 170 x 187 cm, 2015) es la obra legada por el artista José María Yturralde en esta donación que enriquecerá el ingente patrimonio de arte contemporáneo de la Universitat de València. Esta pieza se mostró en la exposición ‘Yturralde. Cartografies del sublim’, una muestra organizada por la Universitat de València para visibilizar la producción más reciente de este referente de la abstracción contemporánea a través de once obras de gran formato que apelaban a la sensibilidad del público.

El artista Rafael Armengol ha donado la obra ‘Luis Vives II’. La pieza es un óleo sobre lienzo de 162×130 cm realizada ex profeso y se expondrá en la instalación ‘El juego del Color’, que ocupará el Claustro de La Nau a partir del día 12 de abril. En la actualidad, la Sala Martínez Guerricabeitia de La Nau acoge la exposición ‘Rafael Armengol. Parelles de Tiepolo’.

De izda a dcha, Antonio Ariño, Artur Heras, Mavi Mestre, Esteban Morcillo, Rafael Armengol y José María Yturralde, durante el acto de donación de las obras a la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

De izda a dcha, Antonio Ariño, Artur Heras, Mavi Mestre, Esteban Morcillo, Rafael Armengol y José María Yturralde, durante el acto de donación de las obras a la Universitat de València. Imagen cortesía de La Nau.

La Nau se hace eco de la escuela y sus maestros

Escoles i Mestres: dos siglos de historia y memoria en Valencia
La Nau
C / Universitat, 2. València
Hasta el 18 de marzo de 2018

El Centre Cultural La Nau de la Universitat de València acoge ‘Escoles i Mestres: dos siglos de historia y memoria en Valencia’, una exposición que supone un homenaje a la figura de la escuela y sus maestros a lo largo de los casi dos siglos de existencia de la escuela pública y que podrá visitarse en la Sala Academia de La Nau hasta el próximo 18 de marzo.

La exposición tiene mucho de homenaje y pretende “honrar a la escuela y a sus maestras y maestros, procurando que quien la visite, y quien lea el catálogo, recupere en su memoria los recuerdos de su escolaridad”, según explicó Óscar Barberá, comisario de la muestra, quien subrayó la importancia de la escuela, de la que puntualizó que constituye “muy posiblemente la experiencia compartida más universal”.

La exposición parte desde las primeras escuelas en el germen de nuestro sistema educativo, hasta las actuales del siglo XXI: “Mis dos hijos no pueden ni figurarse muchas de las cosas de la escuela segregada y confesional a la que yo asistí, al igual que a mí me cuesta imaginar cómo habría sido mi estancia en un aula compartida con compañeras en presencia de maestras, y uno de los objetivos de la exposición es que todos los públicos se reconozcan en sus propias escuelas”, señaló Barberá.

El vicerrector de Cultura Antonio Ariño destacó que “la escuela es un patrimonio intangible que se ha convertido en la principal herramienta para combatir la desigualdad y como elemento de integración” que refleja la diversidad social. La Universitat complementa esta exposición con un amplio programa formativo que contempla seis talleres gratuitos para todas las edades.

En la exposición también se puede encontrar una mirada reflexiva a los contextos, los procesos y los recursos que han concurrido en el desarrollo histórico de la escuela. A través de materiales y objetos muy diversos (fotografías, documentos, obras de arte, instrumentos científicos, libros, cuadernos, mobiliario, audiovisuales…), se ilustra su construcción social durante más de 200 años, ofreciendo una oportunidad para contemplar, poniendo distancia, esas experiencias escolares personales y situarlas en el contexto histórico y social que les proporciona sentido, mostrando de dónde proceden y a dónde conducen, exponiendo las carencias que impidieron que fueran mejores, y las virtudes que corrigieron algunas de las insuficiencias heredadas.

Vista de la exposición

Vista de la exposición ‘Escoles i mestres. dos siglos de historia y memoria en Valencia’. Imagen cortesía de La Nau.

El recorrido se ha estructurado mediante seis etapas: ‘Los orígenes’ en el siglo XIX; ‘Las exigencias de dignificación profesional’ con la llegada del siglo XX; ‘El impulso democratizador y modernizador de la II República’; ‘Los efectos y realidades de la postguerra’; ‘La nueva racionalidad del desarrollismo y la tecnocracia’; y ‘El tiempo de la transición democrática’.

La exposición está organizada por el Vicerrectorado de Cultura e Igualdad y la Facultad de Magisterio de la Universitat de València y cuenta con las colaboraciones de la Diputación de Valencia, el Ayuntamiento de Valencia, el Archivo Fílmico del Institut Valencià de Cultura, la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte, y la Fundació General de la Universitat de València.