Ahora sí, Salto en George Best

Germán Salto
George Best Club
Carrer d’Alzira nº 12 de València
12 de enero del 2919 a las 20:00 horas
Entradas 5 € en Movingtickets

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Imagen extraída del muro de Facebook de G.Salto.

Esta vez sí. El pasado mes de Noviembre se suspendía el concierto de Germán Salto en el flamante garito valenciano George Best Club. Lo prometido es deuda y dos meses después se va a celebrar el mencionado evento.

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Imagen extraída del muro de Facebook de G.Salto.

Se trata de una grandísima oportunidad de ver a uno de los artistas nacionales de mayor crecimiento y calidad en un período corto de tiempo, concretamente en los últimos tres años. Buena culpa de ello tiene su recomendable discografía, compuesta por el álbum homónimo conocido como «el gallo» por la portada (2015), el single «Sings/Love (keeps dying in you)» (2015) y el más reciente álbum «Far from the echoes» (2017).

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Cartel del concierto de Salto en George Best

Para este directo acústico, el madrileño vendrá acompañado de habituales de su banda como Manu Garaizabal y quizás también de Willie Planas a los teclados.

Entre influencias que van desde Chris Bell y Big Star a Badfinger, pasando por Neil Young o The Jayhawks, es, indudablemente una gran ocasión para escuchar buenas muestras de las tres obras arriba mencionadas por parte de un talento cada vez más asentado entre la música popular de calidad.

Juanjo Mestre

“Trato el desfase entre lo masculino y lo femenino”

‘Ninguna mujer ha pisado la luna’, de Kike Parra (Relee. Red Libre Ediciones, 2018)
Entrevista con el escritor con motivo de su cuarta publicación

Hay narradores que necesitan muchas páginas para desarrollar su idea. A otros, en cambio, les basta con unas líneas. Entre la novela caudalosa y el microrrelato (aunque también lo practica) se encuentra Kike Parra (Alzira, 1971), que acaba de publicar ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’ (Relee. Red Libre Ediciones, 2018), su cuarto libro de cuentos, con prólogo de Jon Bilbao.

Ocho relatos de temas muy diversos inspirados en noticias publicadas en 2014 y 2015, que formaban parte de un proyecto literario realizado por el autor valenciano en el taller de escritura de Isabel Cañelles. “Esas noticias tan solo sirvieron de arranque, pues ningún cuento es una crónica de lo sucedido”, matiza Parra. “Quería alejarme de este género, pues prefiero inventar, trabajar las historias desde la imaginación, puesto que lo que me interesa es el tema que se esconde detrás de lo sucedido o, al menos, el tema que más me atrae o incomoda”.

¿Cómo surgen sus peculiares títulos?

Cuando me pongo a escribir un cuento opto por la primera palabra que se me ocurre; está ahí, en el borrador del cuento, por simple referencia. Es en la etapa última de corrección y revisión cuando le asigno el definitivo. Casi siempre suele ser por una especie de combustión espontánea. En el caso del libro, fue mi editora, Isa Cañelles, quien dio con él.

¿De qué habla en ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’?

Fue también Isa quien detectó en estos cuentos una preocupación mía que ya estaba presente en mi anterior libro, ‘Me pillas en mal momento’, y que tiene que ver con el desequilibrio entre lo masculino y lo femenino. Los personajes masculinos de mis historias necesitan, para encauzar o solucionar sus problemas, que esa parte femenina esté presente, tanto lo femenino que puede haber en el hombre, como lo propio que aportan las mujeres de los relatos. El hombre —ya hablo de la vida— tiene el poder en casi todos los aspectos y, sin embargo, el mundo, la sociedad, sigue siendo injusta e imperfecta. Pienso que hasta que no se dé ese equilibrio entre mujeres y hombres, seguirá existiendo esa imperfección.

Kike Parra. Makma

Un crucero por el Mediterráneo, la caída del Muro, Las Vegas, Nueva York… Se diría que el cosmopolitismo y el afán viajero es otro común denominador.

No he pisado ni Berlín, ni Las Vegas, ni Nueva York, ni Islandia, ni siquiera he hecho un crucero por ningún mar. Me pasa como a las mujeres, que no han pisado la luna. Como el punto de partida de los relatos fueron noticias periodísticas, mantuve la ambientación originaria. Creo que, actualmente, hay mucho cosmopolitismo de salón. Nuestra cabeza puede serlo e ir donde quiera, pero no por eso tiene que concordar con nuestro yo viajero.

¿Cree que hay escritores más propicios a los cuentos que a las novelas? ¿Tiene alguna empezada?

Si pienso en mi caso, así es. La inmensa mayoría de historias que se me han ocurrido tienen a un personaje haciendo o diciendo algo. Es una acción tan concreta, un instante tan perfectamente condensado, que no me hace falta explayarme mucho para intentar darle un sentido. Además, soy compulsivo y, a la hora de escribir, impaciente. Aunque, al final, la disciplina me ha ayudado a controlar más o menos mis imperfecciones. En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta es sí, estoy escribiendo una historia que tiene cuerpo de novela.

Ha participado en varios talleres literarios y también los imparte. ¿Qué es lo que se puede y no se puede enseñar en ellos?

Se puede enseñar todo, pero no todos los que se inscriban a un taller van a llegar al mismo punto. Mi idea es que en un taller literario se incida sobre tres pilares fundamentales: el trabajo, la técnica y el talento. Al alumno se le puede dar pautas para que planifique mejor el tiempo que dedica a escribir. Se le puede hablar, por ejemplo, de cómo mejorar la verosimilitud en una historia; y se le dice que la inspiración y el talento no sirven, aisladamente, para hallar el texto que buscan. Trabajar estos tres aspectos le ayuda a mejorar lo que escriba.

¿Por qué el cuento es un género minoritario en España?

Tiene que ver con dos razones: la primera es que no hay tantos lectores de relatos como de novela. La segunda viene dada por la propia iniciativa editorial, que apuesta, mayoritariamente, por novelas. En ningún caso pienso que sea porque no haya colecciones de relatos con una gran calidad. Podría hacerte en un par de minutos una lista extensa de escritoras y escritores españoles que tienen libros de cuentos que son una maravilla. Pero esto es porque llevo toda mi vida leyendo libros de cuentos al mismo ritmo que de novelas.

Me he planteado la pregunta que me hace a lo largo de mi vida y suelo responderme con otras preguntas: ¿Por qué en Latinoamérica el cuento está tan bien considerado? ¿Por qué en Estados Unidos los relatos tienen tantos lectores? Sé que es una anécdota dentro de todo el contexto, pero el último premiado en uno de los más prestigiosos concursos literarios, el Concurso Internacional de Cuento Gabriel García Márquez, es español y ha sido publicado por una editorial española.

Imagen del autor alcireño Kike Parra. Fotografía cortesía del escritor.

Imagen del autor alcireño Kike Parra. Fotografía cortesía del escritor.

Bel Carrasco

 

Frontera, en directo antes de que llegue el rey

Frontera en directo
Sábado 17 de septiembre a partir de de las 20:00 horas
George Best Club
c/ Alzira nº 12 de Valencia

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Fotografía de Juan Terol

Volvemos a la carga recomendando un concierto que nos parece muy interesante. Podríamos decir que se trata del aperitivo de Juanjo Frontera antes de la presentación oficial del inminente nuevo álbum que llevará por título “Ha llegado el rey”.

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Fotografía de Juan Terol

El compositor valenciano, conocido principalmente por pertenecer a la banda valenciana Lülla, tiene previsto publicar nuevo material tras el interesantísimo Ep autoeditado «Agua verde» del 2014. Buen pop en castellano del que ya se puede confirmar la participación en el próximo trabajo como productor de Ramón Mira, de Rubén Marqués al bajo y de José Montoro a la batería.

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Tanto Juanjo Frontera como Rubén Marqués completarán la celebración pinchando un puñado de buena música.

Juanjo Mestre

Pérez Contel, anticipado a su tiempo

Rafael Pérez Contel, precursor en la educación de las artes visuales en Valencia
En el año del 25 aniversario de su fallecimiento

Rafael Pérez Contel nace un 24 de octubre en el pueblo de Villar del Arzobispo (Valencia), municipio de la comarca de los Serranos cuyos habitantes hablaban el castellano con una importante variedad de valencianismos. Segundo hijo de una familia de origen humilde: su padre era minero. Su abuelo materno, Marcos Contel Aparicio, herrero del pueblo, es quien descubre y promueve las habilidades artísticas del niño. Su madre le enseña a leer y a reconocer los números. Es su primer maestro, Demetrio Gil de Boix, quien lo alienta a que ingrese en la escuela antes de tiempo. Sus progresos son tan prematuros que sin haber cumplido la edad reglamentaria sus padres lo matriculan en la escuela pública.

La obra de Pérez Contel es la de un creador íntimamente comprometido con el arte, la educación, el pensamiento, la cultura y la democracia. Un artista y docente que, dotado de una personalidad multifacética, renueva el panorama artístico y educativo en España.

Tres grabados de Linoleografía, de Rafael Pérez Contel.

Tres grabados de Linoleografía, de Rafael Pérez Contel.

En 1928 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, allí  conoce a los artistas con quienes renueva el paisaje artístico de los años treinta. En el año 1933 se presenta en el primer cursillo convocado por el Ministerio de Instrucción Pública con el fin de seleccionar al profesorado de Enseñanza Media; actividad que hasta entonces impartían en exclusividad las órdenes religiosas.

En la primera eliminatoria madrileña sólo tres valencianos son seleccionados: Antonio Ballester, Francisco Carreño y Rafael Pérez Contel, los cuales al final del cursillo son nombrados profesores de los institutos de Valencia, Xàtiva y Alzira respectivamente. Es pues, en el Instituto de Alzira, donde Rafael Pérez Contel inicia su labor docente.

Portada actual de la revista Nuestro Instituto.

Portada actual de la revista Nuestro Instituto.

En 1933 le es concedida por oposición una pensión de escultura para España y el extranjero de la Diputación de Valencia, siendo también becario del gobierno francés. Como Catedrático de Dibujo, amplia sus estudios en el extranjero residiendo temporalmente en Francia, Bélgica, Holanda, Italia y Portugal, países en los que conoce a los artistas y museos más importantes del momento.

Al acabar la Guerra Civil la dictadura lo encarcela como represalia por defender la democracia y lo despoja de su plaza docente. A partir de ese momento, Rafael Pérez Contel se ve obligado a empezar de cero e iniciar alguna actividad remunerada que le permita vivir y mantener a su familia. Es una de las etapas más duras la que tiene que afrontar en estos años de su vida adulta.

“Cuando estuve encarcelado en la Cárcel Modelo de Valencia, atrapado por los ‘liberadores’ fascistas, por aquello de redimir Penas por el Trabajo, el Director de la cárcel nos permitía tener en los talleres, herramientas para la práctica del oficio de escultor. Tallaba figuras femeninas, la mayoría de ellas representando maternidades -mi primer hijo nació a los tres meses de estar encarcelado-, figuras que vendía mi mujer a los amigos o forofos de mis esculturas”.

Portadas de la revista Nuestro Instituto, de Rafael Pérez Contel.

Portadas de la revista Nuestro Instituto, de Rafael Pérez Contel.

En 1950, recupera su plaza docente y se le destina al Instituto José de Ribera de Xátiva. Se vincula entonces durante más de veinte años a una ciudad y a una institución que llega a amar profundamente. Es en Xàtiva, pues, la ciudad donde hallará el ambiente académico, intelectual y humano que estaba buscando desde hacía tiempo. El 6 de noviembre de 1983 es nombrado «Hijo Ilustre de la Ciudad de Xàtiva» junto a Francisco Carreño Prieto, Carmen Gómez Carbonell y Francisco Lozano Sanchis.

Las clases de dibujo de Rafael Pérez Contel no se limitan sólo a su asignatura, sino también a diversas actividades curriculares y extracurriculares; entre ellas, realizar salidas para investigar el patrimonio arqueológico de la región fomentando el conocimiento del arte íbero, las pinturas rupestres, los abrigos y las cuevas. También se preocupa porque sus alumnos conozcan la cerámica y las diversas técnicas que se pueden aplicar al barro, como el «socarrat», técnica en la cual se especializa. La música, las fallas, los juegos infantiles y el folklore también ocupan un lugar importante en su labor pedagógica.

Portada y contrapartida de Arte Infantil, de Rafael Pérez Contel.

Portada y contrapartida de Arte Infantil, de Rafael Pérez Contel.

Entre los años 1958 y 1971 se implica en reforzar la presencia de la revista Nuestro Instituto. Con un formato novedoso, crea un diseño con la idea de que estas publicaciones representen los movimientos artísticos que se desarrollan en ese momento en Europa.

Uno de sus trabajos más importantes como profesor y editor es Linoleografía, expresión gráfica con linóleo, un libro que se compone de aproximadamente doscientas páginas con ciento diez estampas originales realizadas por sus alumnos, un libro dedicado a su mujer e hijos. En su inicio, Pérez Contel escribe: “El arte es la piedra de toque de la cultura de una época y de un pueblo, y puede medirse por la comprensión del arte del momento en que se vive. El arte es también un medio educativo del que no podemos prescindir en los planes de la educación general de los hombres de mañana”.

Portada y contraportada de Linoleografía, de Rafael Pérez Contel.

Portada y contraportada de Linoleografía, de Rafael Pérez Contel.

Las estampas se encuentran organizadas en diferentes apartados que ilustran los diversos temas propuestos en sus clases: «Bodegones», «Paisajes de Játiva», «Animales», etcétera. Además de esta práctica docente de grabado, su innovación pedagógica supone que el trabajo de sus alumnos se vea destacado al ocupar la parte central de un libro o de una revista escolar dedicados a la enseñanza de las artes plásticas y visuales. Para su trabajo como editor contaba con el apoyo de las imprentas de los hermanos Bellver, y Ricardo Mateu de la ciudad de Xàtiva y Manuel Soler de la ciudad de Valencia.

Aunque su influencia en el ámbito educativo es importante, tiene una trascendencia limitada debido al rigor ideológico y a la censura impuestos en los años de una España sin democracia. Pese a estas dificultades, trabaja incansablemente para desarrollar su labor docente, investigadora y artística, lograda en gran medida gracias a su esfuerzo personal y el apoyo de sus amigos y compañeros de Xàtiva y Valencia.

Rafael Pérez Contel ha sido un profesor comprometido con su tierra, su cultura y su historia con una destacada trayectoria artística y una apasionada labor educativa. Su deseo cumplido fue aportar a sus alumnos una visión del mundo que en ese momento no existía.

Ilustración de Rafael Pérez Contel, con motivo de su capacitación en 1933.

Ilustración del propio Rafael Pérez Contel, con motivo de su capacitación en dibujo en 1933.

Alejandro Macharowski

Joan Verdú: «En el fondo soy muy superficial»

Joan Verdú: «En el fondo soy muy superficial»

Descifrar el último código iconográfico de Joan Verdú (Alzira, Valencia-1959) pasa por entrar en muy diversas materias y técnicas: el problema energético a través del fenómeno electrostático; el psicoanálisis, Jung, Freud, el yo y el ello, la muerte; la recuperación de las lenguas clásicas a través del griego; el surrealismo, la fotocomposición, el dibujo, el collage o los nuevos materiales. Todo y nada es del interés de Verdú, sencillamente se somete a sus inquietudes y las expresa con un lenguaje particular no exento de vocación crítica, aunque confiesa que su obra no tiene intención política.

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La manera de proceder y comunicarse responde a un ser humano humilde y preocupado por no rebasar la línea del engreimiento, lo describiría muy bien Juan Finot, “La bondad no exige nada de nadie, porque se basta a sí misma y encuentra recompensa en su propia grandeza” (La ciencia de la felicidad, ed. Prometeo, Valencia 1966. Pág. 103).

La creación de los monstruos, Joan Verdú. 2011

La creación de los monstruos, Joan Verdú. 2011

Como referentes específicamente citados por él, Goya, John Heartfield, y Grosz, aunque cabría añadir otros nombres como el de Max Ernst, y Andy Warhol. Para quién no conozca su trayectoria como artista ha expuesto –por citar algunas- en Galería L’Eixam, (1979) y Galería Canigó, (Alcoy, 1980) con Solbes en ambas; en Galería Punto  (1980), en Galería Cànem,  (1998) Paz y Comedias (2007) y Mr. Pink (2012), y su obra está presente en colecciones como Michelín, Luis Bassat, IVAM, Caixa de Pensions, Universitat de València, Diputaciò de València o Tomás Ruiz Company por citar algunas.

La creación de los Monstruos, Joan Verdú. 2011

La creación de los Monstruos, Joan Verdú. 2011

Cabe destacar su actividad como columnista en el Diario Levante EMV y diversos medios digitales, y también su debilidad por el cómic y diseño de carteles, actividades que practica desde muy tierna edad. En el año 2005, en pleno auge económico criticó los planteamientos y excesos de la Bienal de artes plásticas de Valencia, de aquel tiempo, cabe rescatar un rimado lleno de gracejo y sátira, que por su sencillez y razón citaremos:

A do fueron las bienales que iban a asombrar al mundo.
Eran bienales mortales.
Hoy son bienales veniales por pequeñitas y punto.
A do fue tanto poder canapé y metacrilato.
Todo es cosa del ayer…

Viñeta crítica de Verdú sobre los desfases de la Bienal

Viñeta crítica de Verdú sobre los desfases de la Bienal

Tras 14 años haciendo referencia a la moda en sus portadas, el magazine sociocultural Hello Valencia rompe y se inspira en un trabajo de Verdú para la portada.

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¿Cómo empezó tu amor por la pintura?

Me recuerdo de pequeñito siempre dibujando. También jugaba con mis indios, el mecano… Pero si echo la vista atrás me veo siempre pintando en casa, en el colegio, en el instituto… y alguna vez me expulsaron de clase por ello.

¿Cuándo viste que esa afición infantil podría convertirse en algo serio?

 Empecé a hacer algún trabajo profesional sobre los 15 ó16 años. Pero hacía cosas indiscriminadamente. Igual pintaba cuadros, que dibujaba cómics, que hacía logotipos… A los veintitantos me di cuenta de que si me quería tomar en serio la pintura no podía dedicarme a dibujar cómics, y viceversa. Porque compaginar las dos cosas es imposible. Estuve unos años dudando hasta que un amigo, el profesor Pablo Ramírez, me dijo: “no elijas tú, deja que el medio te elija a ti”. No le hice mucho caso al principio, pero así acabó siendo. Me eligió a mí el arte. Y dejé de dibujar cómics.

Cerebrémonos, Joan Verdú. 2011

Cerebrémonos, Joan Verdú. 2011

Curiosamente, tus últimos trabajos se relacionan con el mundo del cartelismo y se mueven entre la pintura, el cómic, la ilustración, el diseño…

Como pintor soy bastante pop. Ahora mismo, el cuadro con el que estoy trabajando es una tira de Peanuts, una tira de cómic. Pero digamos que me dedico al cómic de forma muy tangencial.

Se te relaciona más a la figuración narrativa que al pop, por estar asociado a las críticas políticas y las reivindicaciones sociales, mientras que al pop se le asocia más popularmente con la frivolidad.

Es posible que mi trabajo se asocie estéticamente a la figuración narrativa, pero mi obra no es nada política. No me interesa mucho la política. Aunque por supuesto me gusta mucho Goya, Grosz, John Heartfield o Daumier.

En cambio sí te has posicionado cuando ha habido algo relacionado con los problemas del IVAM.

Si atendemos a esa formulación por la cual todo es política, mi arte también es político y yo, lógicamente, soy político de alguna manera.

Alguno de los artículos que escribes para el diario Levante son bastante reivindicativos. ¿Eres más político de palabra que de obra?

Mis columnas son comprometidas políticamente, pero en mi obra me interesan más los temas psicológicos que los políticos. En los últimos años he estado trabajando en base a las formulaciones de Freud, el ego, el superego, el ello -hello sin h-. De hecho, esa serigrafía que he hecho para la portada de Hello Valencia para éste mes de julio, trata del ello en combinación con temas de física y energía, en este caso, la eléctrica. La palabra griega electrón significa ámbar. Y el ámbar se electriza, y si te lo acercas al pelo se te planta. En este caso, la mano de la mujer simboliza el ámbar que electriza el pelo del conejito. Y de la palabra electrón viene la palabra electricidad, electrón. Pero su significado original es ámbar, porque el ámbar tenía esa facultad eléctrica.

En este juego sobre las energías, ¿hay alguna reivindicación en tu obra sobre las energías renovables, las grandes multinacionales…

No, en absoluto. Trata sobre la energía eléctrica. En otros cuadros es la energía cinética o la eólica, precisamente protagonizado también por un conejito al que le vuelan las orejitas al viento y grita: “al vent”. Así es como entiendo las energías, porque yo en el fondo soy muy superficial.

¿Eso es una contradicción preparada o real?

Para nada. En el fondo soy muy superficial.

¿Y en la superficie?

Igualmente. No querrás que en la superficie sea “superintelectual”. Eso quedaría fatal. (Rie)

Inconsciente cleaner, Joan Verdú. 2011

Inconsciente cleaner, Joan Verdú. 2011

El conejo es una figura que se repite bastante en tu obra, ¿tiene algún significado? ¿Es porque te gusta cazar?

No, cazador solo en el arte. Pero ojo, respeto mucho los movimientos ecologistas y también respeto el mundo de la caza. Eso sí, no me provoca ningún respeto un mamarracho que va a cazar rinocerontes.

Tras exponer en Valencia, en Cádiz, Madrid o Barcelona ¿dónde dirías que se entiende mejor tu trabajo?

Eso depende de cómo lo veas, porque por ejemplo a Rita Barberá se la entiende mucho mejor dentro de Valencia. Entonces a mí a lo mejor me pasa lo mismo (rie)

¿Dónde encuentras mayor respaldo, a nivel coleccionista, a nivel críticas, a nivel popular?

 Noto mayor respaldo a nivel coleccionista y, sobre todo, en Valencia.

¿Qué opinas de la relación entre artista y galería?

Es una relación que tiene que ser correcta y si no lo es ya vamos mal. La reglas del juego están establecidas, entonces si todos las seguimos, nos irá mejor.

¿Qué galerías de Valencia te gustan más?

Me gustan Rosa Santos, Mr. Pink, Charpa y Luis Adelantado.

¿Cómo ves Valencia posicionada en el mundo del arte contemporáneo?

Mucho ruido y pocas nueces.

¿Y España a nivel internacional?

Muchísimo más ruido y poquísimas nueces.

Y todo ese ruido, ¿depende tal vez de que en las grandes metrópolis hay más marchantes, más galerías, más capital Y más ciudadanos? ¿En una pequeña ciudad con  menos habitantes puede emerger un gran artista?

Eso es independiente. Puede salir un gran artista de una aldea perdida del bajo Aragón.

¿Y ser reconocido?

Bueno, eso es otro asunto. Pero lo cierto es que marchantes, al menos en Valencia, no hay.

¿A qué se debe la desconexión entre el arte y el gran público?

Eso ha pasado siempre. A las galerías han ido cuatro gatos. Pero luego de repente en Galería Punto expone Eduardo Naranjo- y de esto hace treinta y tantos años- y hay overbooking. O expone Penck y la inauguración estaba petada y la verdad es que lo que presentaba era bastante malo.

Con lo que confirmas que el trabajo de la galería consiste en convocar al público, atraerlo y hacer que el artista tenga visibilidad.

¿Tú te has dado cuenta de lo que acabas de decir? El trabajo de cualquiera es hacer bien su trabajo.

¿Y lo están haciendo las galerías?

Seguramente no. Habrá alguna que sí, pero en general no.

 

Vicente Chambó, transcripción Toni Vivó

Fotografía de portada Carmen Luján

 

El ingenioso hidalgo Joan Verdú

Mini, midi, maxi. Joan Verdú

Galería Mr. Pink

Avda. Guillem de Castro, 110. Valencia

Hasta finales de mayo

Antes de nada conviene aclarar lo de hidalgo. Joan Verdú (Alzira, 1959), aunque pueda llegar a confundir en su obra gigantes con molinos de viento, lo cual no andaría descaminado con su modo de proceder, no tiene nada de Quijote, ni por aspecto, ni por deshacedor de entuertos. Pero sí tiene, sin duda, mucho del ingenio que se le atribuye al ilustre caballero manchego. Pero está esa otra acepción de hidalgo, que a Joan Verdú, ahora sí, le viene que ni pintado: aquella que habla del color entre castaño y caoba. Esa indefinición, que ni es una cosa ni la otra, o ambas a la vez, permite dibujar un perfil más exacto de este ingenioso hidalgo de la Ribera.

Playbeuys, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Playbeuys, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Su ingenio, repleto de ironía, y esa manera que tiene de transitar entre dos mundos, para reunirlos en su trabajo mediante sucesivas transformaciones, es la marca estilística de Joan Verdú. No es de extrañar que entre sus proyectos de futuro se encuentre su particular visión de Las metamorfosis de Ovidio. Y es que la mitología, junto al arte y el erotismo, es una de sus constantes referencias. Como puede verse en la exposición Mini, midi, maxi que acoge estos días la galería Mr. Pink: un conjunto de 12 trípticos en los que Verdú establece una cadencia formal para sus juegos reunidos…

Joan Verdú toma una misma imagen para, descomponiéndola en tres tamaños distintos, trazar cierto recorrido narrativo. De hecho, en su origen la exposición iba a llevar por título Relatos cortos. Título que el propio Verdú explica: “Un amigo me dijo que muchas exposiciones son un conjunto de imágenes desplegadas como si fueran una novela, pero que en mi obra él veía una serie de relatos cortos”. Como la serie que desarrolla en la galería Mr. Pink, donde esos relatos giran en torno a la mitología (Leda y el cisne), el arte (Candy Warhol o Playbeuys) o de su carpeta de imágenes (Mano-cerebro).

Brain. Joan Verdú. Galeria Mr. Pink

Brain. Joan Verdú. Galeria Mr. Pink

Los juegos de palabras y esa transformación de la imagen tomando ciertos referentes conocidos son la base de su creación. Por ejemplo, la palabra cisne. “En valenciano, cigne y signe se pronuncian igual, de manera que el cisne se convertía en un interrogante”. Cuestión que abarca el conjunto expositivo, donde los juegos de palabras son constantes, al igual que constantes son las alusiones irónicas. Esa manipulación de imágenes para lograr las metamorfosis que incitan a la interpretación de sueños freudiana, también está explícitamente enunciada en su obra. Hay piezas que aluden a la manipulación de cerebros, cuyo repertorio Mini, midi, maxi parece ciertamente orquestada.

Relatos, entonces, cortos. Relatos que transmiten una sensación nada kafkiana, por cuanto Verdú alude a Las metamorfosis de Ovidio en lugar de a La metamorfosis del escritor checo. Ningún trasunto metafísico atraviesa el conjunto expositivo y sí, en cambio, una alusión directa al juego, la ironía, la fiesta de imágenes y palabras que pueden remitir al sueño, pero nunca a la pesadilla. Ni siquiera cuando alude a esa manipulación cerebral, aparentemente dolorosa por la sensación de vacío y alienación a la que apunta, ni siquiera entonces la obra de Verdú adquiere tintes dramáticos, sino jocosos, surrealistas, festivos. Diríase que Joan Verdú, una vez lanzados sus tentáculos sobre el mundo exterior, haya preferido recogerlos en su trabajo amortiguando lo real de ese mundo mediante la ironía. Más que molinos de viento, lo que este ingenioso hidalgo de La Ribera busca son motivos para seguir riéndose de su propia sombra, ya sea ésta Mini, midi, maxi.

Cerebro-mano, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

Cerebro-mano, de Joan Verdú. Galería Mr. Pink

 Salva Torres

Domesticando la mística

Café Malvarrosa

Joan Verdú

Valencia

C/Historiador Diago, 20

Hasta el 5 de marzo

La manera que tiene Joan Verdú (Alzira, 1959) de tomarse en serio el arte es recreándolo en quince pizarras. Sobre ese fondo negro de nuestra más tierna infancia, el artista va depositando el óleo a modo de tiza para ir revelando distintas caras, todas ellas humorísticas, de la relación entre el arte y la vida. 

Ha titulado el conjunto Mystique doméstique, que es su manera de que la obra de arte aterrice en lo cotidiano, después de andarse por las ramas de lo trascendental. El motivo del perro Snoopy no deja de ser otra forma de tocar con los dedos lo que de natural tiende a perderse por los vericuetos del pensamiento intelectual. Mística doméstica o cómo domesticar esa mística del arte que a veces se va por los cerros de Úbeda. 

Joan Verdú ha realizado este trabajo con pizarras que ha ido comprando en las tiendas chinas. No es, paradójicamente, un trabajo de chinos, sino la más libertaria manera de dejarse llevar por lo que esas quince pizarras le iban susurrando tiernamente.