Concluye la escuela de verano Aula de Artes

Aula de Artes
Fundación Bancaja
Plaza de Tetuán 23, Valencia
Julio de 2018

El pasado 27 de Julio de 2018 concluyó la escuela de verano Aula de Artes realizada en la Fundación Bancaja junto a Cruz Roja y el Espai Obert. Aula de Artes es un proyecto de integración social a través de la Terapia del Arte, con ella se ayuda a los pequeños a saber transmitir sus emociones y sentimientos.La escuela de verano es un espacio lúdico que permite a los niños evadirse y conocer nuevos entornos enfocados en el arte, fomentando el aprendizaje y la comunicación a través de las distintas disciplinas. El surrealismo, la abstracción, el arts&crafts y el arte povera son la vía que conecta la expresión de los pequeños con sus manos, creadoras de lo que sienten.

El estado de ánimo, sus vivencias, etc., quedan reflejados en su arte, siendo una vía de escape a través de la expresión artística. Esta liberación supone un soplo de aire fresco dentro de su día a día, comprendiendo, así, que existen otras formas de amar, sentir y compartir. La originalidad que demuestran los pequeños es desbordante y la forma con la que transmiten sus cavilaciones muestra que de niños todos somos artistas.

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesia de la Fundación Bancaja

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesia de la Fundación Bancaja

La vía que toma la escuela de verano para que comprendan el arte contemporáneo es la práctica y no la teoría. Los conceptos, aunque complejos, son aprendidos a partir de la técnica junto a la utilización materiales reciclados. La facilidad con la que asimilan estilos tan complejos como el surrealismo o la abstracción es impresionante, hecho que pude observar durante la sesión sobre el arte povera.

Dimitris Tzikopoulos fue el artista elegido para esta sesión. Natural de Grecia y afincado en la Comunidad Valenciana, practica la escultura y el land art, analizando, a partir de estas disciplinas, la estructura social y los individuos junto a nociones como el equilibrio-desequilibrio, fuerzas conflictivas, gestos-impresiones y espacio negativo-positivo. En esta ocasión, utilizó el arte povera, una disciplina que utiliza elementos reciclados y de fácil obtención, surgido a finales de la década de 1960.

Dimitris enfoca el arte povera en torno al tema de la escuela y cómo las niñas y los niños la perciben. El objetivo marcado era deconstruir la escuela, formando una nueva a través de la expresión artística, basándose en un concepto esencial: aprender es más importante que estudiar. Los pequeños realizaron desde futbolines, cohetes, coches e incluso una performance que trataba a la escuela como una cárcel, representada por un par de niñas, todo ello con objetos reciclados.

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja

La conclusión que quedó sobre la percepción que tienen sobre la escuela fue más que negativa. No existe ningún elemento positivo dentro de sus creaciones, sino frustración, tristeza y atadura, elementos que no compaginan con la infancia. Las aulas son una prisión más que un lugar de aprendizaje y convivencia y la presión de los deberes y notas no ayuda. En cambio, en la Aula de Artes se observa todo lo contrario, los niños pasan la mayoría de tiempo sonriendo, compartiendo y, sobre todo, divirtiéndose. Aula de Artes tiene como bandera las palabras libertad, límite y amor.

La ayuda que supone esta escuela de verano para los niños es crucial y, dicho por ellos mismos, les cambia vida. A título personal, creo que se debería de incentivar más este tipo de escuelas de verano donde se desarrolle la capacidad creativa de los niños. En cuanto al sistema escolar, creo que ha quedado demostrado que los deberes y las clases teóricas han quedado más que desfasadas y hay que promover un sistema más práctico donde se desarrollen todas las capacidades, incluidas las artes, que andan algo abandonadas.

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesia de la Fundación Bancaja

Fotografía tomada durante la sesión de Arte Povera junto a Dimitris Tzikopoulos. Imagen cortesía de la Fundación Bancaja

La retórica carniforme de Julio César en 10 Sentidos

‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci
Festival 10 Sentidos
Monasterio de San Miguel de los Reyes
Avenida de la Constitución 284, Valencia
Miércoles 16 y jueves 17 de mayo de 2018

“Amigos, romanos, compatriotas, escuchadme: vengo a sepultar a César, no a loarlo”

Aproximarse a la figura del conspicuo dictador de la Antigua Roma, Gaius Iulius Caesar, requiere transitar, de un modo inexcusable, por los vestigios preludiares del drama shakesperiano ‘La tragedia de Julio César’, rescoldo literario de ineludibles vigencias a partir de las que procurar un ejercicio de revisitación como el que rubrica el multidisciplinar dramaturgo cesenati Romeo Castellucci.

Dos décadas después de su estreno, este heterodoxo Giulio Cesare prosigue su internacional singladura escénica y recala su magistratura enl monasterio jerónimo y renacentista de San Miguel de los Reyes –actual sede la Biblioteca Valenciana Nicolau Primitiu–, erigido en justificado adalid programático de la presente edición del Festival 10 Sentidos, mediante una adaptación de pezzi staccati (fragmentos de repuesto) que sintetiza la configuración original ideada por Castellucci.

Imagen del elenco actoral de  'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Imagen del elenco actoral de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

“No tengo ni el ingenio, ni las palabras, ni la capacidad, ni los gestos, ni la elocuencia, ni el poder de revolucionar la sangre de los hombres”

Y, sin embargo, henchida de visajes y prédicas, de potestad y vigor, de virtuosas y epatantes facultades cobra forma trágica esta lacerante oda escénica que clama insurrecta y literalmente por la palabra hecha músculo y herida, el verbo convertido en carne.

De este modo, ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’ se sirve de cámaras endoscópicas, movimientos sonoros, hiperbolizados ademanes, litúrgicos sacrificios y alocuciones laringectomizadas para exhumar los orígenes de la prosodia, vislumbrar la morfología laringítica del lenguaje y desentrañar la retórica carniforme que habita en lo corruptible.

Frente al retablo de José Cavaller y bajo el cimborrio cupular se concitan los conspiradores Flavio y Marulo, vertebrados por el aparato fonador de ‘…vskji’ (¿Jerzy Grotowski? ¿Konstantín Stanislavski?) –encarnado por Sergio Giuseppe Scarlatella–, el inapelable destino de un decadente Julio César –eminente y sobrecogedor Gianni Plazzi– y el discurso fúnebre de Marco Antonio el Triunviro –traqueostómicamente oralizado por Maurizio Cerasoli–, amén de un ingenio lumínico cuyo quebrantador funcionamiento, a modo de garrote, reporta obscuridad y epílogo a la representación.

Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, y el director escénico Silvano Voltolina, en compañía de Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de 'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, y el director escénico Silvano Voltolina, en compañía de Meritxell Barberá e Inma García, directoras del Festival 10 Sentidos, durante la presentación de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Durante la presentación a los medios, Silvano Voltolina, ayudante de dirección y responsable escénico de la presente adaptación para el Festival 10 Sentidos, hubo manifestado que ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’ “funciona como una cirugía, con el fin de contemplar qué es lo que sigue vivo” del cuerpo de la pieza original y aquello que atesorase “una mayor carga de significado para el público y para los propios actores”, atendiendo a su línea artística de trabajo; “en este caso, nosotros recuperamos cuatro fragmentos esenciales de la representación completa”, como son “el comienzo y el más poderoso monólogo (quizás de la historia del teatro), como es el monólogo de Antonio (Marco) frente al cuerpo de César (Julio), unido al sacrifico de Julio César e, igualmente, el final de la representación original, con el funcionamiento de este garrote”.

Por su parte, el corpus arquitéctonico y acústico del interior de la iglesia del Monasterio de San Miguel de los Reyes se incorpora a la presente compostura como un elemento decisivo para la acción; por ello, para Voltolina “la idea es intervenir lo menos posible en el espacio en el que se va a representar la obra. La pieza no va con escenografía, sino que su función es hacer uso del lugar”.

Un lugar visibilizado, en tanto que “este tipo de propuestas ponen este espacio a disposición de la ciudadanía y les da la oportunidad de disfrutar de algo que les pertenece”, apuntó Carmen Amoraga, Directora General de Cultura y Patrimonio, en explícita sintonía con el horizonte conceptual de ‘Invisibles’, lema de la séptima edición del Festival 10 Sentidos.

Un instante de la escenificación de 'Giulio Cesare. Pezzi Staccati', de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Un instante de la escenificación de ‘Giulio Cesare. Pezzi Staccati’, de Romeo Castellucci. Fotografía: Merche Medina.

Jose Ramón Alarcón

 

 

La energética armonía de Cristina Jaquín

Espacio Lateral
C / San Fernando 16-A Entresuelo (Plaza de las Cervezas). Santander
Del 6 de abril al 3 de mayo de 2018

El viernes 6 de abril Espacio Lateral inauguró la exposición de la artista Cristina Jaquín. Desde que el pasado 2 de febrero abriera sus puertas, el estudio continúa trabajando para acercar el arte al público y esta exposición solo es una muestra más de esa labor.

Obra de Cristina Jaquín. Fotografía de Néstor Navarro.

Obra de Cristina Jaquín. Fotografía de Néstor Navarro.

La artista plástica comparte una pequeña selección de su obra, en donde destacan los lienzos de marcadas flores y formas abstractas, con el color como punto en común. Toda la exposición parecía escogida con el propósito de paliar el hambre de primavera que, aquí en el Norte,  parece que aún no se afianza.

Si por algo destaca toda la obra de Cristina Jaquín es por la facilidad con la que crea  un ambiente sencillo que nos permite viajar a un oasis de tranquilidad y armonía y, si me permitís la expresión culinaria, todo ello rehogado con un toque de energía consecuencia directa de la perfecta combinación de colores fríos y cálidos utilizados por la autora.

Obra de Cristina Jaquín. Fotografía de Néstor Navarro.

Obra de Cristina Jaquín. Fotografía de Néstor Navarro.

La exposición de Jaquín permanecerá en el estudio Espacio Lateral hasta el 3 de mayo y, como adelantó uno de los responsables, este evento es solo el principio de una serie de exposiciones que tendrán lugar a principios de cada mes. Tendremos que esperar al mes que viene para saber con qué nos sorprenden.

Obra de Cristina Jaquín. Fotografía de Néstor Navarro.

Obra de Cristina Jaquín. Fotografía de Néstor Navarro.

Video de la inauguración realizado por Néstor Navarro:

Espacio Lateral (Cristina Jaquín) from Makma on Vimeo.

Danae N

La belleza puede cambiar: ‘L’ECLOSIÓ DE L’ABSTRACCIÓ’

L’eclosió de l’abstracció – Línia i color en la colección del Ivam
Instituto Valenciano de Arte Moderno – IVAM
C/Guillem de Castro, 118. Valencia
Inauguración: 20 de julio del 2017, Clausura: 16 de septiembre del 2018

Hasta el siglo XX nos encontramos frente un arte racional, figurativo, coherente y que cumple con todos los cánones establecidos, conocido por clásico. Esto cambia a raíz del gran conflicto militar que tantos horrores introdujo a la sociedad, la 2ª GM. Donde a partir de este momento empiezan a surgir propuestas alternativas y transgresoras entorno a las artes plásticas. ¿Qué motivos llevaron a los artistas a establecer este nuevo concepto estético?, ¿Por qué seguir imitando la naturaleza?, ¿Por qué no centrarse en una nueva manera de representar, donde las formas y colores sean los intermediarios del mensaje? Sigue la incertidumbre.

La exposición, comisariada por José Miguel G. Cortés, María Jesús Folch, y Josep Salvador, y dirigida por el mismo G. Cortés, a través de sus 10 salas, establece un interesante paseo sobre la evolución consecutiva temporal del arte abstracto mediante la combinación entre pintura y escultura, diversidad de colores y opacidad, técnica y esencia. Abriendo, -desde el primer momento- la puerta de la confusión al espectador.

Manuel Millares. Cuadro 97, 1960. Técnica mixta sobre arpillera, 163 x 260 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Manuel Millares. Cuadro 97, 1960. Técnica mixta sobre arpillera, 163 x 260 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

“Los primeros agujeros no son la destrucción del cuadro, se trata verdaderamente de una dimensión más allá del cuadro, la libertad de concebir el arte a través de cualquier medio, a través de cualquier forma.”

- Lucio Fontana, 1947

¿Hasta qué punto se considera que la obra adquiere significado? No lo tiene, está abierto a la mente.

Antoni Tàpies. Superfície gris rosáceo con marcas negras, 1962. Técnica mixta sobre lienzo, 193 x 130 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Antoni Tàpies. Superfície gris rosáceo con marcas negras, 1962. Técnica mixta sobre lienzo, 193 x 130 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

En este sentido, autores como Antonio Saura, Manuel Millares, James Turrell, Antoni Tàpies, Jorge Oteiza, Elizabeth Munray y Richard Serra, nos presentan diversas propuestas ideológicas a lo largo de esta exposición.

Todo un conjunto de 150 obras diferentes las unas de las otras, con esencia propia. Donde se mezclan diversas técnicas artísticas formando un todo, un conjunto inexplicable que únicamente tiene sentido en el inconsciente. ¿Con qué finalidad realizan estas obras, que en realidad, no presentan ningún mensaje específico? Quizás nos hemos acostumbrado a tener siempre explícito el mensaje, y cuando este se presenta de manera implícita o simplemente no está, nos perdemos. Tal vez este nuevo concepto de arte no quiera centrarse en aquello evidente que es posible captar a primera vista. Ir más allá. Que cada espectador le encuentre su propio sentido. Y esto precisamente, es lo que se quiere alcanzar con esta exposición. Conseguir que el espectador establezca un vínculo entre obra y mente, dónde el último papel lo tiene la razón.

Gilberto Zorio. Letto, 1967. Caucho, tubos de metal y lámina de plomo, 82 x 209,5 x 240 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Gilberto Zorio. Letto, 1967. Caucho, tubos de metal y lámina de plomo, 82 x 209,5 x 240 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Y es que el arte abstracto no precisa ni de color ni de forma. Es un concepto, la obra transformada en idea.

Luis Gordillo. Serie Limo, 1921. Acrílico y lápiz sobre papel Canson, 363 x 626 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Luis Gordillo. Serie Limo, 1921. Acrílico y lápiz sobre papel Canson, 363 x 626 cm. Fotografía de Lucía Cajo Ferrando.

Lucía Cajo Ferrando

Vicent Marco: La realidad imaginaria

Realidad imaginada, de Vicent Marco
Comisariada por Arístides Rosell
Atarazanas
Plaza Juan Antonio Benlliure, s/n. Valencia
Hasta el 10 de septiembre de 2017

La primera sensación que experimentamos al adentrarnos en una exposición de Vicent Marco es la de un hondo sosiego. Afuera queda el bullicio exterior, la vida nerviosa y agitada, el estrés del tráfico, la impronta sonora de la ciudad ajetreada y ruidosa. Dentro, en cambio, en el interior del recinto expositivo, la pintura armónica, equilibrada y racional de Vicent Marco nos infunde de inmediato un sentimiento de calma, de expectación tranquila, como si fuéramos los destinatarios de una invitación exclusiva al silencio y al goce estético.

Sin embargo, esa impresión inicial, provocada por la radicalidad del tránsito, irá modificándose poco a poco, conforme el espectador vaya entrando, paso a paso, en el universo pictórico que tiene delante. A la calma estética le sucede invariablemente una cierta inquietud. Los cuadros se dirigen ahora al espectador con cierta educada inquisición: le interrogan, ponen en evidencia verdades incómodas, afean actitudes que tal vez le molesten… en medio del silencio irrumpe un grito. Un aire de nítida denuncia puebla de pronto la atmósfera. Tras la regularidad y la aparente simplicidad de las formas se abre paso la lógica de un cierto desgarro. La realidad pictórica misma aparece disociada. Figuración y abstracción conviven en un escenario en el que se dirime una lucha… un combate que atañe directamente al espectador.

Visita al Museo, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Visita al Museo, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Llegados a este punto es necesario decidir. Es la hora de saber si uno está allí para hacerse una selfie y partir, o si uno acepta el reto del artista. Pues lo que va a ver no es un discurso complaciente, una galería de imágenes bonitas e inocuas, sino una radical impugnación de todo el sistema actual del arte. Ese es el propósito, ese es el reto que lanza el artista… y nosotros somos los jueces inapelables llamados a dictaminar si Vicent Marco ha alcanzado el blanco con su arco y sus flechas, con su inteligencia y su talento.

Pero ¿cómo se ha forjado ese propósito en la voluntad del pintor? ¿Cómo ha llegado el artista hasta aquí?

Vicent Marco (l´Alcúdia, 1956) es un artista que viene de lejos, de muy lejos. Ya a los ocho o nueve años, en su Alcúdia natal, tenía el impropio y absurdo deseo de ser pintor, pese a que nadie en su entorno familiar se dedicaba a ello. A los once años le presentaron a Manuel Boix, en cuyo taller se formó como si fuera (sin serlo) un verdadero aprendiz. Allí aprendió todo lo que puede enseñarse sobre técnica pictórica, sin necesidad de pasar por una academia. No es un caso extraordinario en su época: tampoco pasaron por ellas Manolo Valdés o Andreu Alfaro. Luego, en su tiempo libre, pintaba en casa sus propios cuadros. A los 14 años ganó su primer premio de pintura: un Premio Nacional, que lo llevó de golpe a Madrid. En 1974, con 18 años, hizo su primera exposición individual en la Galería Amadís de la capital de España.

Art Fair, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Art Fair, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Desde esa exposición hasta hoy (de 1972 a 2017) han pasado la friolera de 45 años. Pues bien, en esas cuatro décadas y media, Vicent Marco ha sido pintor a full time, artista a tiempo completo, no ha tenido otra actividad que crear su obra, en paralelo a una reflexión cada vez más honda y serena sobre la historia del arte y a una vivencia cada vez más crítica y descarnada de la realidad (incluida esa singular realidad que es el sistema contemporáneo del arte).

Descontando los trabajos de ilustración, llevados a cabo tanto en la Valencia de los años 80 (tan prometedora en expectativas culturales, tan cicatera en sus logros) como en su largo periplo mexicano (de 1990 a 2004), el trabajo artístico de Vicent Marco ha sido esencialmente pictórico. Un trabajo que discurre por la senda de una cierta pintura figurativa, no necesariamente ortodoxa, bastante influenciada por el pop art de los sesenta, pero también por las formas de realismo pictórico y social que en ese momento imperan en Valencia de la mano de los los equipos Crónica y Realidad. Tanto en lo formal como en lo temático, esa impronta se mantendrá de manera constante en la obra de Vicent Marco, y es como un hilo de acero que engarza todas sus épocas y sus distintas series y colecciones.

No Mirar, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

No Mirar, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Este ADN está ya tan impreso en su genética pictórica, que no cambia siquiera durante su extensa etapa mexicana, pese al poderoso atractivo que allí ejerce la gran escuela muralista de los Orozco, Rivera y Siqueiros. Respecto al poder real de esa escuela conviene no olvidar que hasta Jackson Pollock, el influyente pintor estadounidense y figura emblemática del expresionismo abstracto, se formó en el taller de Siqueiros. Era difícil sustraerse a ese influjo, pero el Vicent Marco que viaja a México en 1990 y permanece allí 14 años, ya iba con su “mochila” muy hecha, con un bagaje propio muy definido, y decidió serle fiel. No obstante, el distanciamiento le permitió pensar a fondo sobre el valor de esa “mochila”, de ese bagaje propio, al tiempo que iba asimilando elementos nuevos: la importancia de lo matérico y, sobre todo, el tema del color.

De vuelta a España, el artista maduro inicia una reflexión aún más exigente sobre su trabajo y sobre el momento del arte.  Ante las interrogantes sobre ¿dónde estamos?  y ¿cómo seguir?, van emergiendo nuevas respuestas plásticas inspiradas por la contradicción entre “lo que se ve” (lo real objetivo) y “lo que no se ve” (lo que uno imagina). La realidad, a partir de ahora, va a enfrentarse a su “doble” imaginario. Ello conduce a un división material del cuadro en dos espacios, que funcionan como un contrapunto: uno figurativo (pictórico o, a veces, reproducción fidedigna de trozos de periódicos, fotografías, etc.) y el otro abstracto o configurado por trazos que remiten a una elaboración más inconsciente que racional.

Observación, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Observación, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Nace así lo que podríamos llamar un “realismo imaginario”, que prolongando los logros de su trabajo anterior, irá dando lugar a las distintas series y colecciones que se integran ahora en esta exposición antológica que reúne algunas piezas seleccionadas de los últimos diez años de trabajo del pintor.

En esta década, dos grandes temáticas van a ser decisivas. De un lado, un trabajo “deconstructivo”, de crítica, de demolición, de impugnación del “sistema moderno del arte”. De otro, un homenaje cálido a la tradición pictórica, de la que se siente deudor, a través de la serie denominada “el museo imaginario”.

¿Qué entiende Vicent Marco por “sistema del arte”? Todo ese complejo entramado de determinaciones (económicas, culturales, sociales, mediáticas…), que no tiene a priori nada que ver con la creación y la calidad artística, pero que sin embargo dominan e imponen sus leyes en el “mercado del arte”. Ya en “Mediática del arte” (exposición de 2011), el pintor desnuda la falacia con que los medios de masas convierten el arte en una mercancía desprovista de toda “aura” artística, que se “vende” al público con las categorías habituales de cualquier otro producto: precio de venta, objeto de lujo, compraventa, robo, subastas, exposiciones-espectáculo, etc.

Y, en esa misma muestra, inicia ya la impugnación de eso que empieza a evidenciarse como la “relación imposible” del espectador con el cuadro, y que culminará con la muestra “INvidenteS” (Galería Imprevisual, 2014-2015), donde Vicent Marco despliega toda la potencia de su plástica para alertar de la completa “ceguera” que viene. Distraídos con el móvil, paseando por la sala como turistas ensimismados y ajenos, fotografiando los cuadros en vez de mirarlos, bostezando de hastío… los espectadores del arte actual, los visitantes masivos de museos, galerías y exposiciones, ya son completos “invidentes”. Apenas miran y no saben lo que ven.

Mediática del arte, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Mediática del arte, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Para Vicent Marco el arte está hoy “secuestrado” por instancias que amenazan su propia supervivencia. Los medios hace tiempo que han reducido el arte a espectáculo y dinero. Las exposiciones aspiran a ser cada vez más “lúdicas”. Las ferias de arte, ¿son eventos culturales o comerciales? Los artistas se jerarquizan por el valor de sus obras en las subastas. Un artista puede alcanzar la “gloria” solo porque lo respalda un político. El “sistema del arte” ahoga el arte. Lo expulsa. Lo mata.

Vicent Marco recorre todo el escenario de este crimen combinando la explicitud con la sutileza y el grito airado con la denuncia serena. La simplificación del color (apenas tres colores: magenta, escarlata y azul, junto a todos los matices de blancos y grises, y un leve apunte verde) no produce monotonía, sino que da fuerza al discurso interno, por la sabia conjunción de reiteración cromática y variaciones plásticas. También los cambios formales nutren esa sensación: se juega cartesianamente con las variaciones de arriba y abajo, izquierda y derecha, adentro y afuera… e incluso el propio marco interno está a veces roto, añadiendo puntos de fuga inéditos. La singular dialéctica de esta pintura entre lo que se ve y lo que no se ve, entre lo real y lo imaginario, entre lo figurativo y lo abstracto, hacen que el recorrido por las 80 piezas de esta exposición resulte un paseo instructivo, un campo de variaciones lleno de estímulos y sabiduría.

Y algo parecido ocurre con la serie “El museo imaginario”, fruto de la última etapa del pintor. Allí vemos “escondidas”, a partir de unos trazos aparentemente caóticos, algunas de las figuras canónicas de la historia del arte (arlequines y madonas), deslizándose libremente por el espacio de un lienzo liberado de sus límites. El autor invita al espectador a buscar y reconocer esas figuras, en un juego muy serio, donde las imágenes de la tradición pictórica reivindican, en su simplicidad y armonía, su eterna belleza indestructible. Es como si Vicent Marco elevara tenuemente la voz para recordar: “Podéis matar el arte, pero el arte es inmortal”.

¿Arte sobre el arte? ¿Un discurso meta-artístico? ¿Acaso la literatura actual, en su mejor versión (citemos, por ejemplo, a Enrique Vila-Matas, Mario Levrero o Sergio Chejfec), no adopta a la propia literatura como tema central? ¿No es acaso este punto de vista uno de los más avanzados del momento presente?

80 cuadros y una instalación pictórica componen esta merecida muestra antológica de diez años (2006-2016) de la obra de Vicent Marco. El niño que quería ser pintor contra toda evidencia, y que hoy pone en evidencia con su pintura la verdad madura de su reflexión y su obra. ¿Cabe mayor coherencia?

Viaje pictórico al interior de su pintura y de su alma, esta muestra hace justicia a un artista que ha hecho justicia, durante décadas, al arte y a la pintura. En Valencia y fuera de aquí.

Ver, Mirar, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Ver, Mirar, de Vicent Marco. Imagen cortesía del autor.

Manuel Turégano
Escritor y editor de Contrabando

Tres artistas convergen en Adelantado

‘Modalidades de lo visible’, ’Un Dos One Two’ y ‘Anganxada’ de Irma Álvarez-Laviada, Camila Oliveira Fairclough y Clarence Guéna
Galería Luis Adelantado y Boiler Room
C/ Bonaire, 6 Valencia
Inauguración: jueves 24 de noviembre a las 20h

Noviembre finaliza con mucha fuerza en la galería Luis Adelantado donde vamos a poder disfrutar de la obra de tres artistas que inaugurarán al mismo tiempo y por primera vez en un mismo espacio.

Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978) presenta ‘Modalidades de lo visible’, su primera exposición en la galería Luis Adelantado. La artista gallega desarrolla su tesis en la Universidad de Vigo, bajo el siguiente título; El vacío como despliegue autorreflexivo de la propia obra. Sin duda, este trabajo de investigación dota de un carácter teórico a su obra y esto, se aprecia en la solvencia formal de las mismas. También supone toda una declaración de intenciones en torno a su trabajo plástico en el que la pintura traspasa los propios límites de la materia, acercándose a los modos de hacer y pensar, propios de la escultura y la instalación. Dentro de esta idea, cabe destacar el interés de Irma por la noción de vacío, que es punto de partida de algunas de sus obras más representativas.

En ‘Modalidades de lo visible’, podemos encontrar una serie de piezas que nos interpelan sobre los propios límites de la percepción. Un guiño que alude al intelectual John Berger y su Modos de ver. La mirada, no es inocente, siempre emana conciencia y decide aquello que es visible. La elección es también, por lo tanto, un modo de lo visible.

Las obras de Irma, muestran vacíos susceptibles de ser completados por la mirada. Otros trabajos, nos hablan de lo cotidiano reconvertido en obra gracias a una mirada que les dota de sentido a través de la transitoriedad del presente.

En segundo lugar, ‘Un Dos One Two’ de la artista Camila Oliveira Fairclough. Camila trabaja en torno a la idea de pintura, entendida de un modo amplio. Reflexiona a través de sus lienzos —más de quince telas, todos ellas de diverso formato— en los que plasma superficies de color envolventes, con frases que emanan de su día a día, sus vivencias, sus intereses y su experiencia. La artista entiende el lenguaje como forma, como algo objetual que trasciende las dos dimensiones que le otorga el lienzo. Le interesa mucho la relación entre las palabras como objeto, y el contenido que encierran.

Obra de Camila Oliveira Fairclough. Imagen cortesía Luis Adelantado.

Obra de Camila Oliveira Fairclough. Imagen cortesía Luis Adelantado.

Para la exposición ‘Un Dos One Two’ la artista posa su atención sobre una serie de frases que hacen relación al cuerpo en movimiento. Estas frases evocan movimiento, un imaginario etéreo en el que la danza tiene una presencia latente. Las palabras se convierten por lo tanto en una especie de imágenes con autonomía propia, y que como destaca la artista están relacionadas entre sí. De hecho, le interesa mucho el diálogo que se crea entre ellas, tanto a nivel de contenido como formal.

Citando palabras de la propia artista «Mi acercamiento a la abstracción,
está muy ligada al movimiento neoconcreto brasileño. Con artistas como Hélio Oiticica y Lygia Clark, que parten de la geometría y el color, como camino natural hacia la concepción espacial, el objeto y la performance. Ellos absorbieron las vanguardias de un modo muy intuitivo. Me siento próxima a esta actitud no-dogmática, más experimental».

Por último, ‘Anganxada’ de Clarence Guéna se alimenta de un imaginario que modifica a modo de palimpsesto o grabado de nuevo. A través de diferentes técnicas como el escariado industrial, el punto de cruz o la pintura como medio que trasciende entre lo clásico y lo contemporáneo. Su práctica se visibiliza como un juego entre el know-how y la ejecución mecánica y fabril.

Obra de Clarence Guéna. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Obra de Clarence Guéna. Imagen cortesía de Luis Adelantado.

Se puede afirmar pues que, estas pinturas se componen de sucesivas cubiertas. El milhojas resultante de este proceso, se graba y superpone con representaciones arquetípicas, desvelando en su propia sutileza una abstracción latente.

El proyecto que se muestra en Boiler Room, pone en relación sus trabajos, híbridos entre pintura, grabado y capas superpuestas con el propio espacio de la galería, que se convertirá en un lienzo más sobre el que exponer sus ideas. De hecho, dos de los muros estarán cubiertos con papel pintado que, siguiendo la retórica de las piezas de Guéna, dejará entrever su interior a través de capas sucesivas.

Llegado este punto, las múltiples capas emergentes de la propia exposición, se convertirán en algo único. Haciéndose eco del gesto de la pintura, en un diálogo entre el gesto propio de lo ornamental, en contraste con la crudeza del gesto.

Sebastián Nicolau, ¿sin trampa ni cartón?

Duplum, de Sebastián Nicolau
Galería Shiras
C / Vilaragut, 3. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

“No hay voluntad de engañar; no hay nada oculto”, insiste una y otra vez Sebastián Nicolau, cuyos últimos trabajos se muestran en la Galería Shiras de Valencia hasta finales de julio. Y sin embargo… Sucede que su obra invita a la duda, a la interrogación: ¿son planchas metálicas lo que el espectador ve o reproducciones infográficas que dan esa impresión? “Yo no hago trampantojo, todo es muy evidente”, recalca.

Y lo que resulta evidente en su obra, que muestra en Shiras bajo el título de Duplum, es su intención de “llevar las cosas al extremo”, de tensar el diálogo entre “lo que es real y lo que no lo es”, explica el artista. De manera que esa mezcla de planchas de aluminio que parecen ser lo que son y esas otras que simulan su carácter metálico, cuando en realidad son impresiones digitales, forma parte del juego al que nos convoca Sebastián Nicolau y para el que cuenta “con la buena voluntad del espectador”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo”

Por eso el artista no esconde nada, sino que pone sus cartas boca arriba para todo aquel que quiera saber en qué consiste el juego, cómo está hecho. Ahí lo tienen, delante de sus ojos: chapas de aluminio manipuladas, cortadas y dobladas sobre las que trabaja Sebastián Nicolau para convertirlas en soporte de sus dibujos y pinturas que terminan comportándose como esculturas. “Es todo muy tradicional: pintura al óleo sobre metal”. Y añade: “Yo no he dejado nunca de ser pintor figurativo y realista, porque más realismo que lo que es físico no hay; yo diría que casi es hiperrealismo”.

Ese carácter escultórico tiene, no obstante, su viaje de vuelta, en forma de imagen plana que evoca el volumen original. “A la pieza tridimensional luego le doy una vuelta de tuerca y la convierto en objeto bidimensional, al que el ollado y cosido le da volumen”. Ese juego del prestidigitador cuya actuación sabemos que se sustenta en el engaño del ojo, en la trampa, al que aún así le demandamos el más verosímil de los engaños, está sin duda en el trabajo de Sebastián Nicolau.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obras de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“En mi obra no hay truco, todo es dibujo, pintura, escultura”

De nuevo el espectador y su complicidad. “Sí, es como en los trucos de magia, que aunque sepas que lo son y busques la explicación te siguen maravillando”. Dicho lo cual, insiste en que, en su caso, “no hay truco, todo es dibujo, pintura y escultura”, para concluir que, después de todo, “es el espectador el que se oculta a sí mismo”. Podría decirse, al hilo de los pliegues y dobleces que conforman su Duplum, que es el propio artista también el que se oculta, para dejar que sea la ambigüedad de la realidad y la ficción la que reclame para sí toda la emoción.

Conviene destacar la importancia del juego, del artificio y del doble sentido en la obra de Sebastián Nicolau. Siempre que lo entendamos no como mentira, sino como la manera de producir una emoción interrogativa en el espectador. Arte y artificio colocados en el mismo registro. “Es como salir del cine y pensar lo bien construido que está el guión”. Porque de eso se trata: de construir una ficción que emocione, que sacuda la percepción y “te lleve a preguntarte por el modo en que está hecha la maquinaria”.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

Obra de Sebastián Nicolau. Imagen cortesía de Galería Shiras.

“Yo siempre he trabajo en espiral, más que en línea recta”

El análisis sería en su caso otra vuelta de tuerca más en el deleite de la emoción, nunca la forma de aniquilarla. De hecho, se acuerda de un espectador inquieto que le demandaba conocer la “verdad” del trampantojo, las tripas del artificio, para mejor degustarlo. “Yo no he sido pintor abstracto nunca, porque empecé haciendo una especie de realismo mágico y, en el fondo, continúo jugando con la realidad y la ficción”. Por eso destaca su trayectoria como un camino alejado de la “somnolencia” rectilínea: “Yo siempre he trabajado en espiral, más que en línea recta”. Y la espiral adquiere resonancias manieristas, por ser una de las figuras señeras de ese movimiento artístico. Espiral que a Sebastián Nicolau le lleva a entender su trabajo repleto de “cambios paulatinos, sin grandes saltos”. Más que concebido como un despliegue lineal, preñado de pliegues.

La veintena de piezas que integra Duplum revela ese carácter espiral, sinuoso, ondulante, por el que las luces y las sombras, lo rígido y lo dúctil, van dialogando. “Hay cierta tensión dramática”, dice. “La cuerda parece tensionar el metal, que se comporta como una tela que al principio coses con mimo y luego avanza en agresividad con el dibujo”. Puro artificio mediante el cual Sebastián Nicolau provoca emociones en un espectador que puede hacer de todo menos aburrirse. Como el propio artista, que ya está pensando en su siguiente serie, en nuevos pliegues y dobleces: “No me gusta dormirme”.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Sebastián Nicolau delante de algunas de sus obras en la galería Shiras.

Salva Torres

No sé qué pasa que lo veo todo negro

Black is Back, de Luis Rivera
Galería Alba Cabrera
C / Félix Pizcueta, 20. Valencia
Hasta finales de julio de 2016

La versión al castellano que muchos grupos han hecho del ‘Paint it black’ de The Rolling Stones, ahora que se cumplen 50 años de su grabación, comienza así: “No sé qué pasa que lo veo todo negro”. Entonces sabíamos que se debía al racismo y la ausencia de ciertos derechos civiles por los que Rosa Parks, una década antes, luchó negándose a ceder su asiento a un blanco en un autobús. ¿Hay razones ahora para verlo todo negro? Sí, pero desde otro punto de vista: el que muestra Luis Rivera en la galería Alba Cabrera mediante la exposición Black is back.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

“El machismo y el racismo son dos grandes atrocidades”, exclama Rivera. Y a lomos de esas dos grandes lacras va dando rienda suelta a su imaginación en forma de siluetas, figurativas y abstractas. Siluetas que parecen devolver la vida, a partir de sombras y viceversa, a quienes hicieron del jazz un enorme acto creativo y reivindicativo por su discriminado color. El propio Rivera lo subraya al pie del retrato de James Brown, cuando este canta orgulloso: “Say it loud, I’m black I’m proud” (Dílo alto, soy negro y estoy orgulloso).

Y orgulloso exhibe Luis Rivera el centenar de piezas, 22 más grandes y móviles, 80 pequeñas y 11 compuestas, que conforman su Black is back visual y sonoro. Visual, porque mediante una aplicación de móvil con linterna saltan a la vista esas siluetas como prolongación de sombras ilustres: Billie Holiday, Duke Ellington, Ella Fitzgerald, Miles Davis, Louis Armstrong, B.B. King, Ray Charles, Aretha Franklin o Jimi Hendrix. Y sonoro, porque mediante la aplicación de lector QR se puede escuchar la música incorporada en las piezas.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Black is Back, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Así es como Black is back convierte la galería Alba Cabrera en Nueva Orleans o Nueva York, para que Valencia destile autenticidad negra. “Juego a la abstracción desde la figuración y viceversa en un acto reivindicativo de la negritud”. Una negritud que Rivera rescata de su lectura peyorativa en torno a lo oscuro y negativo, para que resalten y brillen los astros del jazz. Desde el “grito de protesta” con el que arranca la exposición con Billie Holiday y su “saxo preferido” Lester Young, al puñetazo con el que cierran el recorrido Malcom X, Martin Luther King o Cassius Clay, del que Rivera recuerda su famoso “vuelo como una mariposa, pico como una abeja”.

“A mí en la facultad me decían que el negro es la ausencia de color. Bueno, pues yo aquí digo que el negro es color”. Dicho y hecho. A partir de numerosas sombras, Rivera ha ido dando forma a esos rostros del jazz, algunos fácilmente reconocibles y otros reducidos a unos cuantos trazos minimalistas.  “Se crea un lenguaje con el espectador que se contagia de la idea de descubrir quién es quién”. Todos esas siluetas poblando la sala como si de una jam session antológica se tratara. Mezcla de pintura, escultura, efectos de luz y sombras y evocaciones sonoras. “Es una proyección, un léxico que va más allá, creando incluso cierto espacio arquitectónico”.

Jimi Hendrix en 'Black is back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Jimi Hendrix en ‘Black is back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de la galería Alba Cabrera.

Luis Rivera dice en el propio texto de la exposición que en la sala se pueden “escuchar canciones con sus teléfonos móviles, despertar sensaciones, descubrir recuerdos”. No es un ejercicio de nostalgia, sino la condensación de una vitalidad que el artista exhibe como muestra del poder energético que rezuma cierta memoria. “Es una reivindicación de la sombra”. Cómo desde el fondo inconsciente que el arte da forma, ese negro que está detrás, al que alude el título, puede transformarse en el blanco de la mirada. “Investigando sobre el negro, yo voy complicando el ojo”, que salta de una estructura a otra a modo de notas musicales de las primeras big bands a los sonidos más pop, pasando por el be bop, el rhythm and blues, el funk o el rock.

Por si cabía alguna duda, Luis Rivera explica que en Black is back  hay “música negra”, en un viaje que va “desde el origen del jazz con olor a algodón y libertad, hasta la rebeldía y el desafío, todo entre la luz, el color y las sombras, la expresividad, lo abstracto y lo figurativo”. Porque basta un ligero movimiento de la luz de la linterna del móvil para que Chuck Berry, Stevie Wonder, Bob Marley o la andrógina Grace Jones muden su expresión. Ahora ya se sabe por qué Luis Rivera lo ve todo negro.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición 'Black is Back', de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Francisco Blanco Latino, de Sedajazz, con sus jóvenes músicos, interviniendo con motivo de la exposición ‘Black is Back’, de Luis Rivera. Imagen cortesía de Alba Cabrera.

Salva Torres