Ruina, transformación y estética del abandono

‘Deu mirades a l’abandó (Diez miradas al abandono)’, VV.AA.
Centre Cultural La Misericòrdia de Palma de Mallorca
Plaça d l’Hospital 4, Palma
Hasta el 25 de frebrero de 2017

El Centre Cultural La Misericòrdia de Palma de Mallorca acoge, hasta el 25 de febrero de 2017, la exposición ‘Deu mirades a l’abandó (Diez miradas al abandono)’, un recorrido de 33 imágenes donde el paisaje es el principal protagonista.

La muestra, que ya se pudo ver hace unos meses en el Museo de Almería, itinera ahora a Palma de Mallorca. Reúne a 10 fotógrafos contemporáneos de diferentes nacionalidades que reflexionan, desde diversas posiciones, acerca del abandono y sus consecuencias dentro del amplio abanico que abarca la ruina, la transformación o la estética de lo degradado. La muestra, comisariada ahora por Joan Forteza, ya se pudo ver también en 2016 en el Palacio Quintanar de Segovia, donde comenzó su itinerancia.

Los fotógrafos que exponen son: Xavier Ferrer Chust, Fotolateras (Marinela Forcadell y Lola Barcia), Joan Forteza, Rubén García, Juan Carlos Gargiulo, Vicente Greus, Rui Morão, Manel Quiros, Cristian Rodríguez Agudelo y Ramón Siscart.

Con motivo de esta muestra, el Centre Cultural La Misericòrdia ha editado un catálogo impreso (edición bilingüe español-catalán) que incluye unas 30 imágenes de la exposición. Con un prólogo de Fran Murcia, periodista de el Diario de Almería. La tirada ha sido de 400 ejemplares. La vida y el alma de los edificios abandonados y en ruinas se acumula a través de las sucesivas imágenes de estos fotógrafos y son por tanto distintas de sus «meros cuerpos», o de la inerte mampostería diseñada por el arquitecto. Las ruinas ofrecen «una doble exposición al pasado y al presente» y señalan la ausencia de utopía, «la negativa a la plenitud y al cierre clásico».

Imagen perteneciente a la serie sobre Manshiyat Naser, de Manel Quiros. Fotografía cortesía del museo.

Imagen perteneciente a la serie sobre Manshiyat Naser, de Manel Quiros. Fotografía cortesía del museo.

Manel Quiros presenta un trabajo documental realizado a las afueras de El Cairo (Egipto), una ciudad de más de 16 millones de personas sin un sistema de recolección de basura organizada, donde se asienta la ciudad de basura más grande del mundo, Manshiyat Naser, más conocida como ‘La Ciudad Basura’. Su visión del abandono es el de una ciudad fundada en 1976 para almacenar basura.

El trabajo fotográfico de Xavier Ferrer Chust  se titula ‘Abandonar sin estrenar’. Según explica el autor, llega un momento en el que los bienes dejan de ser útiles para la sociedad, por obsolescencia, por falta de mantenimiento, por dejadez o por la economía. A partir de aquí empieza a contar el tiempo con que el abandono comienza a devorar poco a poco las entrañas de las cosas, regurgitando todo aquello que estaba muy adentro, dejando visible lo invisible. Su trabajo se ha realizado en unas instalaciones industriales cuando éstas se han abandonado antes de ser utilizadas, es decir, vírgenes en cuanto al motivo por el que fueron construidas y olvidadas antes de su inauguración.

Rui Moräo, fotógrafo portugués, muestra «el abandono en tres temas recurrentes en su fotografía. Sea causado por el tiempo, sea por negligencia o por maldad».

La problemática generada a raíz de la antropización desmesurada es fotografiada por Cristian Rodríguez Agudelo, creando en él una obsesión y una necesidad por poner de manifiesto la fotografía como medio conservacionista de los espacios en situación de abandono.

Imagen de obra 'Hotel Biarritz N-340', de Fotolateras. Fotografía cortesía del museo.

Imagen de obra ‘Hotel Biarritz N-340’, de Fotolateras. Fotografía cortesía del museo.

Fotolateras, un dúo de fotógrafas compuesto por Marinela Forcadell y Lola Barcia, exiben su serie ‘Un país disponible’, iniciada en 2015. Las ideas de renovación, traspaso de utilidad y comienzo de una nueva etapa son las que intentan reflejar en sus fotografías tomadas «en el camino», durante sus viajes fotográficos en busca de las diferentes luces de las ciudades.

A través del desnudo Rubén García explora el «abandono» desde una mirada artística, decorando con el cuerpo al natural los famosos edificios almerienses en ruinas, como el Cortijo del Fraile de Níjar o la Iglesia de Las Salinas de Cabo de Gata, o las abandonadas casas en deterioro del Paraje del Chorrillo de Sierra Alhamilla. En sus fotografías muestra la desnudez humana en perfecto contraste y armonía, con las paredes agrietadas de viejos edificios en ruinas -en ocasiones, iglesias o capillas religiosas en las que el artista crea unos desnudos artísticos religiosos que parecen haber resurgido de otra época-. El trabajo que presenta en esta exposición recoge una selección de cuatro fotografías que pertenecen a sus series ‘Corpus religiosus (cuerpos religiosos)’ y ‘Ruinas’, fruto del trabajo de sus primeros años de trayectoria.

Imagen perteneciente a la serie 'Casa Rota', de Juan Carlos Gargiulo. Fotografía cortesía del museo.

Imagen perteneciente a la serie ‘Casa Rota’, de Juan Carlos Gargiulo. Fotografía cortesía del museo.

‘Casa Rota’ es el título del trabajo fotográfico que Juan Carlos Gargiulo realizó en 1999. Una emblemática casa de Segovia cerrada durante 20 años se abre ante la mirada del fotógrafo tal como fue abandonada.

Los abandonos y las ruinas son parte del paisaje fotográfico que conforma la obra de Ramón Siscart. En este caso, la decadencia y el olvido se convierten en objeto de reflexión-creación sobre las costumbres de transformar, construir y habitar. De este modo, Ramón construye la memoria sobre la huella, fijando todo su interés en las paredes, objetos, viviendas en ruinas, deshechos que el hombre ha considerado inservibles e inútiles y que se convierten en naturalezas muertas espontáneas.

Joan Forteza fotografía el abandono con la mirada del arqueólogo, como quien se deja seducir por ese primer descubrimiento, que la luz revela en los espacios abandonados. Una mirada precisa, pulcra, de economía de recursos, que potencia la máxima expresividad.

Por último, la obra de Vicente Greus, un fotógrafo al que le fascinan los lugares abandonados, las escenas olvidadas y esas huellas que deja el paso del tiempo sobre lugares otrora habitados, qye muestra la belleza donde a menudo sólo se contempla decadencia. Grietas, herrumbre, desperdicios y óxidos son el centro de su melancólico universo fotográfico.

Detalle de una de las imágenes pertenecientes a la serie 'Abandonar sin estrenar', de Xavier Ferrer Chust. Fotografía cortesía del museo.

Detalle de una de las imágenes pertenecientes a la serie ‘Abandonar sin estrenar’, de Xavier Ferrer Chust. Fotografía cortesía del museo.

 

‘Desgraciados’ muy a su pesar en Zircó

Desgraciados, de Fernando Ballesteros y Jesús Cristóbal
Teatro Zircó
C / Joaquín Navarro, 11. Valencia
Viernes 8 de abril, 2016, a las 20.30 y 22.45h

‘Desgraciados’ es un espectáculo creado e interpretado por Fernando Ballesteros y Jesús Cristóbal. La comedia es la clave fundamental del montaje protagonizado por dos mendigos que han hecho de un viejo muro de una ciudad cualquiera, su hogar. El tono, en ocasiones cercano a la farsa y a lo bufonesco, permite a los personajes opinar sobre temas universales; pero en otros momentos se aproxima más al mundo clown, desarrollando pequeños conflictos cotidianos con una intensa carga emocional. El espectáculo oscila entre lo exagerado y lo sutil, teniendo muy presente en su creación que la realidad supera siempre y con creces a la ficción.

Partiendo de unos personajes muy elaborados y habiendo generado una sólida relación entre ellos, los actores afrontan cada función sin un texto fijo. Serán los propios personajes los que resuelvan las situaciones teniendo a su disposición cualquier recurso y basándose, eso sí, en un argumento, un tiempo y un espacio concretos. El espectáculo está salpicado de pequeños números cerrados, que sirven de referencia a los actores. Este concepto, exige una alta concentración, buenos reflejos y una trabajada cartera de recursos.

Cartel de la obra 'Desgraciados'. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Cartel de la obra ‘Desgraciados’. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Antonio y Manuel, los personajes de ‘Desgraciados’, han sido puestos en juego en diversos formatos teatrales con estas mismas condiciones. El microteatro fue su origen y después han hecho incursiones en eventos, galas y presentaciones. La aceptación y el cariño del público fueron la clave decisiva para que Teatro Atópico decidiera crearles un espectáculo a su medida. Durante una hora y diez minutos aproximadamente, se enfrentan a la que según uno de ellos es la noche del fin del mundo.

Antonio y Manuel son en la obra dos mendigos que comparten cartones, cerveza e interminables horas de discusión sobre los temas más transcendentales de la existencia. Hace tanto tiempo que viven juntos cobijados únicamente por un viejo muro de una ciudad cualquiera, que la única desgracia que podría acabar con ellos sería la separación. Todo lo demás son simplemente las cosas de la vida. Y ellos han aprendido a vivir la suya sin poner los ojos en el mañana.

Escena de 'Desgraciados'. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Escena de ‘Desgraciados’. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Con el tiempo como única posesión, observan el mundo desde afuera, como meros espectadores de una sociedad que les rechaza. Nunca están de acuerdo en nada, sus jornadas se centran en profundas batallas dialécticas, se ladran constantemente mientras esperan nadie sabe qué… pero se necesitan, se apoyan incondicionalmente y no sabrían qué hacer con sus vidas el uno sin el otro.

Antonio terminó en la calle por no dar la talla, por ser bruto, impulsivo, derrochador y desafortunado en sus decisiones. Manuel por adelantarse a su tiempo, por ser demasiado observador, por ser un visionario incomprendido. Los años de calle les han curtido la piel y el carácter, pero también les han abierto las mentes y les han otorgado un particular punto de vista. Sin posesiones, sin esperanzas, sin futuro y cargados de sinsabores y desprecios, si les preguntas quienes son, ellos entre risitas cómplices, te dirán que solo son unos desgraciados.

Escena de 'Desgraciados'. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Escena de ‘Desgraciados’. Imagen cortesía de Teatro Zircó.

Ángel Gil: «El crimen siempre atrae»

Pez en la hierba, de Ángel Gil Cheza
Editorial Suma

Escribe de lo que conoces, se les dice a los escritores bisoños, un consejo de puro sentido común. Ángel Gil Cheza no es precisamente un novato, ha publicado tres novelas, pero en la tercera, ‘Pez en la hierba’ (Suma) sigue fielmente esa pauta. Ambienta la historia en su pueblo natal, Vila-real, y su protagonista se dedica a la edición como él mismo.

Aparte de eso todo es ficción, una investigación sobre la desaparición de unas adolescentes ocurrida varios años antes de cuando arranca la acción. Gil utiliza sabiamente los recursos que le ofrece un paisaje que conoce muy a fondo, túneles en parte inexplorados o acequias diabólicas para crear una atmósfera opresiva que evoca los paisajes nórdicos.

‘La lluvia es una canción sin letra’, un relato histórico ambientado en parte en Irlanda y ‘El hombre que arreglaba bicicletas’, una novela de personajes son sus anteriores títulos. Con ‘Pez en la hierba’ publicada en pleno Festival Valencia Negra se sitúa dentro de este género tan en boga.

Portada de 'Pez en la hierba', de Ángel Gil Cheza. Editorial Suma.

Portada de ‘Pez en la hierba’, de Ángel Gil Cheza. Editorial Suma.

¿Ha convertido su ciudad en escenario literario con la idea de que pongan su nombre a una calle o plaza?  

No creo que me otorguen ese honor por mi pasado revolucionario. (Risas). Me apetecía sumergirme en el Vila-real que yo recuerdo, el que está bañado de nostalgia. Cada uno tiene una imagen propia de su ciudad, o su pueblo, pero pocas veces tiene la oportunidad de compartirla. Es un riesgo, pero también una suerte poder hacerlo. Además, estaba el reto de transformar un pueblo como Vila-real en el escenario de una novela de género, ver hasta qué punto podía transformarlo todo, pero siendo fiel a mi recuerdo, a ese pueblo donde crecí y donde me siento arropado. Esto también me servía para plasmar la situación local después de la gran burbuja inmobiliaria, con los huertos a medio abandonar, y una sociedad muy particular.

Editor, músico, escritor, hortelano, padre y amante de los perros. ¿Cómo combina esas múltiples facetas? 

Supongo que es una cuestión troncal, hay un hilo conductor en todas ellas. Mi forma de escribir está impregnada de mi forma de ver la vida. Una vida que considero que hay que vivir mirando a la tierra, a las personas. Cuando uno tiene algo que decir, utiliza cualquier medio a su alcance. Y yo no sé si tengo algo muy importante que decir, pero sí tengo una necesidad vital desde niño de contar cosas, de crear mundos. Y no es por una cuestión mercantilista, acabo de terminar mi primer guión de cine y no creo que tenga la suerte de verlo hecho filme, pero necesitaba contar algo con imagen, sonido y palabra y eso hice.

Se nota que la música se plasma en el texto. ¿Cómo consigue impregnar las palabras de sonidos?

Creo que la música está por todas partes en esta novela, aunque no cito ni una canción en todo el libro, ni hago alusión explícita a ninguna pieza. Pero es algo que muchos lectores están detectando, la música subyacente en la narración. Creo que es por la cadencia del texto, hay un ritmo y una distribución armónica de los tiempos, de los silencios. Hay un runrún regular y melodioso en toda la novela. ¿Cómo se consigue? Ni idea, supongo que narrando la acción desde dentro, viviendo la ficción que cuentas a otros.

¿Cómo surgió el título que trasmite la idea de una agonía?

El pez me ayudaba a crear una bonita y terrible metáfora con una de las chicas asesinadas. Pero poco se puede hablar de ello sin peligro de destripar la trama.

¿Qué piensa de esta eclosión de novela negra que vivimos? ¿Llevará a algo interesante o acabará muriendo de éxito?

Bueno, yo he aterrizado en el género casi por casualidad. Me interesan tanto los aspectos sociales y costumbristas, el testimonio antropológico como las tramas en sí. El crimen, el delito y sus variables, es un tema que siempre ha atraído la atención del consumidor de ficción. Eso no es algo nuevo. Sí que hay un interés comercial en el sector desde hace unos años, y esto a la fuerza propicia que se escriba más novela negra, pero cuando se auto-regule el mercado la oferta y la demanda se ajustarán.

Ángel Gil Cheza. Cortesía del autor.

Ángel Gil Cheza. Cortesía del autor.

Bel Carrasco

Pilar Pequeño deja sus Huellas en Railowsky

Huellas, de Pilar Pequeño
Fotolibrería Railowsky
C / Grabador Esteve, 34. Valencia
Inauguración: jueves 5 de febrero, a las 20.00h
Hasta el 5 de abril, 2015

‘Huellas’, a juicio de su autora, Pilar Pequeño, «es un trabajo sobre la acción del hombre en la naturaleza, el paso del tiempo, el abandono, la memoria y la recuperación por la propia naturaleza de los lugares que el hombre ha abandonado».

Y agrega: «A esta serie, que comienzo con fotografías en blanco y negro, incorporo en el año 2003 imágenes de un edificio construido en el siglo XIX a orillas del río Miño, muy cerca de su desembocadura, donde un jardín enmarañado en su abandono lo invade entrando por  los huecos de sus puertas y ventanas. Un lugar que para mí tiene el valor añadido de ser el colegio donde estudió mi padre en sus primeros años».

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Después de casi diez años, Pilar Pequeño ha querido volver para fotografiarlo otra vez, «ahora en color», subraya la artista, cuya obra presenta Railowsky hasta el 5 de abril.

Pilar Pequeño (Madrid, 1944) empezó a interesarse por la fotografía en 1980, tras algunos años en los que se dedicó al dibujo. Toda su obra está relacionada con la naturaleza, con series muy ligadas entre sí.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Siempre utilizó imágenes en blanco y negro hasta que en 2009 ha dado cabida al color en su obra, yendo más allá del cromatismo tradicional. Invernaderos, paisajes y plantas, son objeto ineludible de su objetivo, y con ellas, el agua, la luz, la vida, la muerte.

Su obra se expone en numerosas galerías y se encuentra en diversas colecciones públicas y privadas. Museo Reina Sofía, IVAM, Tenerife Espacio de las Artes, Comunidad de Madrid, Colección Cualladó o Colección EXIT. En abril de 2011 le fue otorgada la Medalla de Oro Al Mérito en las Bellas Artes.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie 'Huellas'. Imagen cortesía de Railowsky.

Fotografía de Pilar Pequeño de su serie ‘Huellas’. Imagen cortesía de Railowsky.

Retratistas de animales

¿Quién rescató a quién?, de Fotopets
Proyecto de la Asociación Nacional de Amigos de los Animales

El objetivo de un buen retratista es captar el alma del retratado a través de su mirada, la expresión del rostro, la actitud e incluso su indumentaria. ¿Y cuándo se trata de animales? Animales que, además han sufrido maltratos, abandono y penalidades hasta ser rescatados por alguna sociedad protectora.

“El truco es paciencia, mucha paciencia”, dice Andrés López uno de los miembros del equipo de Fotopets. “Hay que esperar ese gesto, esa mirada que muestre su carácter. A veces el animal es muy expresivo y en la primera foto lo solucionas, y otras cuesta más. Hay que tener en cuenta que muchos han sido maltratados y les cuesta posar con tranquilidad en un entorno que les resulta extraño, con focos, fondos de tela y varias personas intentando llamar su atención”.

En plena sesión fotográfica. Imagen cortesía de Fotopets, retratistas de animales.

En plena sesión fotográfica. Imagen cortesía de Fotopets, retratistas de animales.

López es el autor de las 65 magníficas imágenes que ilustran  ‘¿Quién rescató a quién?’, proyecto de  la Asociación Nacional de Amigos de los Animales (ANAA), con una dedicatoria de la Reina emérita Doña Sofía, un emotivo relato de Mamen Sánchez, nieta del fundador de la revista ¡Hola!, y las historias de cada animal escritas por Mercedes Alonso.

Creada en 1992, ANAA atiende en la actualidad 300 animales, la mayoría perros y gatos, repartidos entre su centro de adopción y una red de casas de acogida.  A lo largo de 22 años de existencia ha logrado encontrar un hogar a 24.000 mascotas. Cuenta con  124 voluntarios que realizan tareas de atención y cuidado de los animales, seguimiento de los adoptados, eventos, mesas informativas, charlas en colegios, etcétera.

Para la elaboración del libro se fotografiaron más de 70 ejemplares entre perros, gatos, caballos y conejos, aunque finalmente fueron seleccionados 65 por motivos de paginación. “Las fotografías se realizaron en tres sesiones durante tres días, en jornadas maratonianas poniendo a prueba nuestros equipos”, explica López. “Hubo que fotografiar a todos los animales en tiempo récord para cumplir los plazos. La redactora Mercedes Alonso escribió la historia de cada retratado, que aparece junto a su nombre y fotografía.  Ha sido un trabajo duro pero muy satisfactorio”.

En plena sesión fotográfica. Imagen cortesía de Fotopets, retratistas de animales.

En plena sesión fotográfica. Imagen cortesía de Fotopets, retratistas de animales.

El equipo de Fotopets cuenta con una larga experiencia en  fotografiar la naturaleza y vinculación con el mundo de la conservación del medio ambiente. “Estamos muy concienciados con el tema del bienestar de los seres vivos, y crear Fotopets fue una consecuencia lógica de esa preocupación”, dice López. “Queríamos participar de una forma directa en la protección de animales de compañía abandonados. Con nuestras fotografías intentamos que sean más visibles y atractivos de cara a posibles adoptantes. Como espectadores de las campañas de difusión de protectoras y asociaciones, observábamos que las fotos que suelen usar son poco atractivas. Por esto decidimos poner nuestra experiencia y creatividad al servicio de estas asociaciones. Nuestro proyecto #adoptaunperro cuenta con más de 250  fotografiados y muchos han sido adoptados gracias a esas imágenes”.

Pilar del Cañizo, miembro de ANAA, constata que la sensibilidad de la sociedad hacia el respeto a los animales ha mejorado, así como  el número y motivación de las personas que optan por adoptar un animal en vez de comprarlo. Sin embargo, el número de adopciones sigue siendo claramente insuficiente para compensar el número de abandonos. “Sí que ha cambiado el perfil del adoptante”, señala del Cañizo. “Ya no se adopta por un motivo económico, sino por la convicción de que un animal de compañía no se debe comprar. Que es mejor optar por la adopción a la hora de integrar un miembro más en la  familia”.

La mala noticia es que el número de abandonos no ha disminuido sensiblemente en estas dos últimas décadas. “Con la crisis económica se han reducido las adopciones, al no querer las familias asumir nuevos gastos”, añade del Cañizo.

En plena sesión fotográfica. Cortesía de Fotopets, retratistas de animales.

En plena sesión fotográfica. Cortesía de Fotopets, retratistas de animales.

Bel Carrasco

Hugo Martínez-Tormo. Arde, dispara, golpea

Hugo Martínez-Tormo. Interlinks
Sala de Exposiciones del edificio Rectorado y Consejo Social del campus de Elche de la Universidad Miguel Hernández (UMH)

La desesperación es una realidad que se ha instalado en nuestro entorno más cercano. No son ya cuestiones subjetivas las que argumentan ese estado, sino circunstancias reales que los gobernantes tratan de disolver ante la opinión pública, a través de la narración estadística y la argumentación macroeconómica. Durante demasiado tiempo la sociedad adoptó una actitud pasiva y finalmente las consecuencias corren a su cargo, recayendo el mayor peso sobre las ramas más débiles.

Hugo Martínez-Tormo reúne en Interlinks siete instalaciones audiovisuales en las que aborda, de diferentes modos, la destrucción y la autodestrucción como reflejo del abandono y la desesperanza de una parte creciente de la ciudadanía. Cada uno de los proyectos desarrollados por el artista llevan consigo un código autorreferencial que toma al autor como medida de representación de la masa, como eslabón de una cadena que se hunde y arrastra tras de sí al resto de eslabones. La reflexión se conduce hacia la singularidad del individuo, como proyección de una constante relación de causa-efecto, que proporciona a su vez un espejo en el que verse reflejado.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El arte moderno ha llevado a cabo un proceso de transfiguración de lo banal, desacralizando la obra clásica, la escultura, el lienzo, con la incorporación de objetos y materiales más humildes que arranca del uso cotidiano para someterlos al extrañamiento en el territorio del arte. Martínez-Tormo huye de lo rico y lo pomposo, para elevar lo desechado a una categoría en la que corresponde al artista mostrarnos que lo cotidiano es cualquier cosa menos corriente. Cada una de las instalaciones audiovisuales que el artista presenta en esta muestra parte de experimentaciones realizadas en primera persona, a partir de acciones o elementos cercanos que tienen el objetivo simbólico de representar diferentes formas de llevar a cabo un suicidio.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Broken bubble, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Broken Bubble (2014) aborda la desesperación de millones de personas tras el estallido de la burbuja económica, causada en parte por la sobredimensión del sector inmobiliario y por las ansias de enriquecimiento veloz. El artista comienza por realizar una pintura mural sobre el lateral de una construcción semiderruida, creando la escena de un tren de alta velocidad que se aproxima mientras sobre las vías yace en espera el propio autor. Una vez finalizada la pintura, desde la parte interior de la construcción, el artista echa a bajo a mazazos los 230 x 230 cm. de pared que ocupa el mural. Todo el proceso de creación y destrucción, costoso en ambos casos, es registrado en vídeo y reproducido en la sala, junto a diez sacas de escombros con 250 k. de los restos del muro.

Hugo Martínez-Tormo. Just passing through, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Just passing through, 2014. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El ser humano posee una gran capacidad para inventar y crear, a la vez que parece proyectar la misma energía en sentido inverso, siendo capaz de hacer saltar por los aires cualquier lógica que garantice el equilibrio. Con Just Passing Through (2014) el artista muestra cinco autorretratos de grafito sobre papel, en los que ejemplifica –literalmente- cinco manera de pegarse un tiro. Se plantea un símil del suicidio con la acción destructora de la especie humana sobre el planeta. Sucesivamente cada uno de los dibujos acaba roto en numerosos pedazos, dentro de cinco urnas de metacrilato, mientras una proyección de video nos hace testigos silenciosos del proceso. Testigos silenciosos de la tragedia, durante nuestro paso.

Partiendo de la Teoría del Todo, que unifica desde la ciencia todas las teorías hasta ahora formuladas, simplificando la complejidad de la naturaleza y sus leyes, Hugo Martínez-Tormo lleva a la práctica su investigación a través de un juego físico en torno a las dimensiones. Hace converger distintas disciplinas artísticas, que habitualmente se emplean por separado, para romper la artificialidad de unas fronteras que no existen. La cuarta dimensión aportada por el tiempo, a través de la acción, modifica las dos dimensiones del plano o las tres dimensiones del volumen. El diálogo entre disciplinas y dimensiones es una seña de identidad de esta serie de trabajos, que relaciona metafóricamente la forma en la que las tecnologías de la comunicación y la velocidad en los medios de transporte han fulminado las tradicionales barreras de tiempo y espacio, haciéndonos cargar con todo lo que la globalización lleva consigo.

Hugo Martínez-Tormo. Dimensional game, 2013. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Dimensional game, 2013. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

En Dimensional Game (2013) el artista se representa en una pintura sobre poliestireno expandido, tras ingerir una sobredosis de cápsulas. En el vídeo vemos como lleva a cabo la destrucción del material que sirve de soporte al autorretrato, hasta quedar desmigado, esparcido sobre una superficie en una disposición que recuerda a la imagen –ahora deshecha- de las cápsulas caídas alrededor del personaje. Una acción tan letal como los efectos que el uso indiscriminado de ciertos materiales tiene sobre el equilibrio ambiental.

Unos moldes de arcilla, colgados de la pared, han servido para reproducir los brazos del artista en ese débil material. Una fotografía sobre aluminio nos muestra la imagen de esos brazos cubiertos de cortes, en tentativa suicida. Dialogo & Materia (2012) se completa con una plataforma que sostiene el mazo con el que se ha llevado a cabo la destrucción y los restos de arcilla. La pieza When X cuts Y (2012) relata cuando X corta con Y. En este caso Hugo Martínez-Tormo opta por un arma blanca para mostrar una nueva manera de autodestrucción, cortando consigo mismo. Un cristal transparente pintado con su retrato, en el que se refleja él mismo mientras cae a pedazos tras una serie de golpes secos. La acción, reproducida a cámara lenta, tiene a sus pies los restos afilados del cristal. En cada uno de los casos, la intervención del artista tiene efectos en el estado dimensional de los materiales, así como en su función y la interpretación que nos brinda.

Hugo Martínez-Tormo. When X cuts Y, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. When X cuts Y, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

El artista, dibujado con un kimono sobre papel negro, lleva a cabo un harakiri como forma ceremonial de buscar la muerte. Global Sepukku (2012) se compone de ese mismo dibujo, tras sufrir los efectos de las cuchillas de una trituradora de papel, mientras la proyección documenta el proceso de fragmentación del dibujo. El tiempo, y su capacidad de triturar la vida, se confronta con el afán devorador del fuego en Trialogue (2010). Un individuo, siempre sintetizado en la figura del autor, aparece sentado ardiendo junto a una garrafa de combustible. La acción, el tiempo, se ocupa de hacer arder la propia pintura hasta dejar a la vista el esqueleto chamuscado del bastidor. Las cenizas, reunidas en una urna, reposan como testimonio.

Hugo Martínez-Tormo. Global Seppuku, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Global Seppuku, 2012. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo viene desarrollando desde 2005 esta serie de trabajos, de los que aquí se muestra una selección, en los que la fragilidad del individuo y la fugacidad de la vida se brindan a la determinación del ser humano por llevar a cabo aquello que se propone. El resultado de los trabajos rebosa serenidad, a pesar de la dureza de las narraciones. La capacidad transformadora que nos caracteriza como especie encuentra sus sombras en los extremos, en los polos que hacen tambalear nuestro equilibrio.

Hugo Martínez-Tormo. Trialogue, 2010. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

Hugo Martínez-Tormo. Trialogue, 2010. Instalación audiovisual. Cortesía del artista.

José Luis Pérez Pont

Becas Hábitat 2014: Agustín Serisuelo

Becas Hábitat 2014: Agustín Serisuelo
Espai d’art contemporani de Castelló (EACC)
C/ Prim, s/n
Hasta el 31 de agosto de 2014

Agustín Serisuelo participa en Becas Hábitat 2014 con un trabajo con el que transita entre los espacios intermedios “terrains vagues” de la ciudad, lugares vacíos que se han quedado entre la ronda de circunvalación y la ciudad de Castellón. El proyecto nace del estudio fotográfico de estos lugares desde unas intenciones formales, objetuales y escultóricas.

Se parte de un callejero de la ciudad datado en junio del 2013 donde estos lugares aparecen con ordenación pormenorizada, así hacer ver el estado actual de abandono en los que se encuentran realmente. Y hacer así reflexionar sobre la manipulación institucional de esta representación ficticia de la ciudad. El resultado final es el que se muestra en la exposición: tres piezas escultóricas.

«Basura» son imágenes desde la ronda Norte de la ciudad, la parte de la ciudad más olvidada, imágenes que se solapan unas a otras, conformando una vista panorámica de la ciudad, en la que vemos un vertedero escondido detrás de los árboles.

Agustín Serisuelo, "Camino" (fotografía de estudio de Juan Vicent). Imagen cortesía del artista.

Agustín Serisuelo, «Camino» (fotografía de estudio de Juan Vicent). Imagen cortesía del artista.

La pieza que lleva por título “Camino” se presenta de una forma “publicitaria”, las imágenes muestran los espacios de la ronda Este, al contrario que la ronda Norte, éstos son los más utilizados.

Por último, la pieza “vista institucionalizada” se compone de 8 cajas que emiten imagen, componiendo entre todas una vista panorámica desde un edificio institucional. A la izquierda vemos cómo la ciudad llega a su límite, mientras que en la parte derecha vemos estos lugares abandonados.

Finalmente, la muestra expositiva integra una mesa de trabajo, en la que aparecen el callejero señalando estos lugares de trabajo, la información del taller que se llevará a cabo este sábado 10 de mayo de 2014, unos blocs con unas series fotográficas, y elementos encontrados en los espacios intermedios.

Agustín Serisuelo, "Basura" (fotografía de estudio de Juan Vicent). Imagen cortesía del artista.

Agustín Serisuelo, «Basura» (fotografía de estudio de Juan Vicent). Imagen cortesía del artista.

El ‘Abandono’ de Carlos Sebastiá en Beijing

Abandono, de Carlos Sebastiá
Jiali Art Gallery
4 Beijixiang hutong, Dongcheng. Beijing
Hasta el 24 de junio

La exposición fotográfica ‘Abandono’, de Carlos Sebastiá, pretende dar a conocer el significado implícito a menudo visto en imágenes de abandono y deterioro. Cuando se ve a través de la lente del fotógrafo, las escenas de fachadas rotas y espacios abandonados traen a la mente las vidas pasadas de estos lugares y sus habitantes ya desaparecida. La aparente muerte de estos entornos contrasta marcadamente con la vida percibida que aún contienen.

'Abandono', de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

‘Abandono’, de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

Pese al carácter roto, las escenas contienen todavía el recuerdo imborrable del pasado, proporcionando una sensación de la presencia eterna y la protección de sus respectivos habitantes. Es de esta manera que el edificio tambaleante y las cosas que nos rodean nunca morirá —cada edificio, con el tiempo, adquiere características humanas. Cada lugar es una persona, que comparte emociones, sentimientos y recuerdos.

'Abandono', de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

‘Abandono’, de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

Su personalidad se convierte en tangible e inseparable de la situación. Nuestro propio descuido y abandono de estos espacios no disminuye en nada sus recuerdos; simplemente afecta la capacidad del espectador de compadecer y conectarse con el pasado. No importa cómo preocupados con el pasado estemos, la representación visual del decaimiento nos obliga a enfrentarnos con una verdad áspera.  En última instancia, siempre seremos incapaces de volver a conectar a los lugares y personas del pasado.

'Abandono', de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

‘Abandono’, de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

Lo que se ha ido para siempre permanecerá fuera, y nuestras acciones pueden  prevenirnos acerca de cómo comprendimos a las personas y los lugares mientras que todavía existían. Aunque esta es una experiencia lamentable, podremos sin embargo alegrarnos merced a los recuerdos agradables, experiencias y personas de nuestro pasado que han encontrado una manera de vivir para siempre.

'Abandono', de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

‘Abandono’, de Carlos Sebastiá, en Jiali Gallery, Beijing. Imagen cortesía del autor.

Los conceptos y el impulso emocional que hay detrás de ‘Abandono’ provienen de los sentimientos de pérdida, de la nostalgia y la conectividad del artista. Carlos Sebastiá presenta por primera vez un examen detallado de sus propias experiencias acerca de la distancia y el abandono. Trabajar lejos de su natal Castellón, le permite relatar las cosas y la gente que dejó y a los entornos con los cuales está intentando establecer conexiones. En definitiva, esta exposición muestra la singular idea de que el intercambio entre el abandono y el recuerdo supone una experiencia universal.

Fotografía de Carlos Sebastiá. Exposición 'Abandono', en Jiali Gallery. Beijing. Imagen cortesía del autor.

Fotografía de Carlos Sebastiá. Exposición ‘Abandono’, en Jiali Gallery. Beijing. Imagen cortesía del autor.

Bradley D. Roberts

Tactelgraphics. Lost Boys

Tactelgraphics. Lost boys
Galería Mister Pink
C/ Guillem de Castro, 110, Valencia
Hasta el 15 de octubre de 2013

Paul Ricoeur compara las visiones de la vida buena a una nebulosa. Las nebulosas están llenas de estrellas, tan llenas que no seremos capaces de contarlas, y las incontables estrellas brillantes y parpadeantes cautivan y tientan. Entre ellas, las estrellas podrían mitigar suficientemente la oscuridad para permitir a los errantes trazar algún tipo de camino, pero ¿qué estrella debería guiar sus pasos? ¿Y en qué momento debería uno decidir si la selección de una determinada estrella como guía entre la multitud de estrellas ha sido una decisión acertada o desafortunada? ¿Cuándo  debería uno llegar a la conclusión de que el camino elegido no lleva a ninguna parte y que ha llegado el momento de abandonarlo?[1] En una de esas encrucijadas se encuentra nuestro sistema económico y político. Los brillos y destellos que se superponían a la realidad habían logrado generar una máscara que ocultaban la verdad tras cada resplandor. Tanta luz artificialmente generada, administrada a ráfagas estertóreas sobre la población, produjo un efecto más pernicioso que la propia oscuridad, causando una ceguera general.

Tactelgraphics. La piscine (suite) 1, 2010. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. La piscine (suite) 1, 2010. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics, integrado por Ismael Chappaz (Valencia, 1982) y Juanma Menero (Vila-real, 1982) presentan en la galería Mister Pink de Valencia su nuevo proyecto, titulado Lost boys (2013). Un trabajo que enlaza con Somewhere Over Summer (S.O.S.) (2012), iniciado con la serie La Piscine (2010), en el que se toma como escenario espacios residenciales y de ocio construidos en la época de la transición española, que muestran hoy un estado de decrepitud y abandono similar al de tantos ideales que se han visto mancillados en el proceso desarrollado en estas décadas democráticas. De las expectativas de desarrollo al desarrollismo, de la universalización de los derechos a la precarización generalizada, de la exaltación materialista de los grandes eventos a la amenaza de quiebra. Esa es, en cuatro palabras, la fisonomía de una sociedad que se dejó seducir por el fragor oportunista que prendió los estómagos de norte a sur y de este a oeste, sin hacer escala en otros órganos vitales que dictaran la oportunidad, o no, de tantos fuegos fatuos.

Tactelgraphics. Le Chemin, 2012. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Le Chemin, 2012. Serie SOS (SOMEWHERE OVER SUMMER). Fotografía montada sobre forex, vinilo blanco de corte sobre metacrilato. 130 x 100 cm. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Chappaz y Menero superponen a las imágenes formas geométricas realizadas en vinilo que actúan a modo de trama, de filtro que turbia la razón, para evidenciar la interferencia que tiene en la memoria y en las emociones nuestra percepción de los acontecimientos, así como en nuestra capacidad para procesar e interpretar la información encriptada que construye el relato social. Un relato del que nosotros, nuestras vidas, forman parte desde la autonomía de nuestras decisiones, a partir de la intensidad con la que deseemos que se produzcan cambios y nuestra capacidad para traducir esos deseos en potencialidades.

Tactelgraphics. Lost boys, 2013. Pieza única, fotografía sobre bastidor de madera, rótulo de neón y metacrilato. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Lost boys, 2013. Pieza única, fotografía sobre bastidor de madera, rótulo de neón y metacrilato. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Son numerosas las referencias cinematográficas y musicales que estimulan algunos de los proyectos de Tactelgraphics, que se definen como cinéfagos más que cinéfilos. En esta ocasión toman prestado el título de la película Lost boys (1987), dirigida por Joel Schumacher y traducido en España como Jóvenes ocultos, a partir del cual desarrollan un proyecto con varias series fotográficas. La pieza que da acceso a la exposición es una fotografía en blanco y negro que ha sido intervenida con un texto en neón superpuesto, en el que puede leerse Lost boys. Se trata de una imagen encontrada, datada en los años 1980, que reproduce un paisaje de camping próximo a Valencia, junto a un río, en el que se mezcla la sensación vintage como efecto del tiempo detenido y la superposición de capas como resultado de un sistema acumulativo.

Para la pieza We are phanthoms (2013), compuesta por una secuencia de fotografías polaroid, se ha elegido un espacio natural de cruising, en el que el personaje aplica la idea de disfraz –de ser otro- para escenificar un rol “fantasmal” con el que se evidencia la todavía persistente necesidad de ocultar la preferencia sexual. El uso de la máscara se hace más explícito en la serie Meshes of the afternoon (2013), título tomado de la película experimental dirigida y protagonizada por Maya Deren y Alexander Hammid en 1943. Para este trabajo realizan una serie de autorretratos en los que la identidad queda negada, para representar el momento de ocultación, en los que la complementariedad de los colores y su relación con títulos de canciones y grupos musicales juega el papel de definir las personalidades y reforzar la individualidad grupal del carácter.

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Chemical Brothers - Orange Wedge - 1999. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Chemical Brothers – Orange Wedge – 1999. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

El trabajo de vídeo Deconstructing lost boys (2013) reafirma el signo apropiacionista marcado en el proyecto. Ha sido compuesto a partir de fragmentos del film Lost boys –esa versión hardcore de Peter Pan– en los que no existe presencia humana, convirtiéndose en una sucesión de ambientes, elementos y encuadres en movimiento sobre la que se extiende en loop el resultado sonoro de la pieza principal de la película tras eliminar la intervención vocal de la misma. Podría decirse que se ha procedido a un proceso de higienización que conlleva la inevitable extinción de todo signo de vida, enlazando con los ambientes siniestros mostrados en Somewhere Over Summer (S.O.S.).

El uso de la superposición de capas en la construcción de la imagen, es empleado por los autores como referencia a las máscaras y los parches con los que los individuos ocultan aspectos personales socialmente problematizados. Si en Somewhere Over Summer (S.O.S.) centran su atención en el entorno y en el espacio como escenografía simbólica, en Lost boys abordan la representación del sujeto, de un modo autorreferencial, en el desarrollo de la identidad sexual desde la infancia y la adolescencia. Los condicionantes de un entorno hostil a las diferencias y con los diferentes han generado y genera elevados niveles de presión personal. La necesidad de pasar desapercibido es observada como una herramienta de superviviencia por algunos individuos en esos momentos incipientes, a la vez que supone una actitud de negación de la propia identidad. El asunto de la infancia es tratado aquí desde el territorio de la no-felicidad, rompiendo el estereotipo algodonado de un tiempo vital sin aristas, pues la realidad de los diferentes es dura en los primeros años de vida, un tiempo en el que la crueldad azota con dureza a quienes exceden los márgenes de lo estereotipado, aún hoy.

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Soft Pink Truth - Soft Pink Missy - 2001. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. The Soft Pink Truth – Soft Pink Missy – 2001. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. Aphex Twin - Yellow Calx - 1996. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

Tactelgraphics. Serie MESHES OF THE AFTERNOON, 2013. Aphex Twin – Yellow Calx – 1996. 50 x 70 cm. Fotografía montada sobre forex, serie de 3. Imagen cortesía Galería Mister Pink

José Luis Pérez Pont


[1] Bauman, Zygmunt. El arte de la vida. De la vida como obra de arte. Paidós, Barcelona, 2009.