‘Tierna es la noche’, de Sakiko Nomura

#MAKMAArte
‘Tierna es la noche’, de Sakiko Nomura
Comisario: Enrique Juncosa
Fundación MAPFRE
Museu de Belles Arts de Castelló
Del 18 de junio hasta el 11 de octubre de 2026

«El maestro y yo entramos en ese sendero oculto
para regresar al mundo luminoso;
y sin preocuparnos por descansar,
ascendimos, él primero y yo después,
hasta que vimos algunas de las cosas hermosas
que el cielo alberga, a través de un agujero redondo.
Y desde allí emergimos para ver las estrellas de nuevo»

Dante Alighieri, ‘Divina Comedia’, Infierno, Canto XXXIV

Las imágenes de Sakiko Nomura (Yamaguchi, Japón, 1967) hacen escala en Museu de Belles Arts de Castelló, hasta el 11 de octubre, tras su paso por el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón durante la primavera de 2026.

Cada año, la Fundación MAPFRE nos invita a embarcarnos en fantásticos viajes espaciales y temporales gracias a la fotografía. En esta ocasión, nos brindó también la oportunidad de conocer a Sakiko Nomura, a su paso por Asturias, y la música de sus palabras nos guio en el recorrido por su obra antes de emprender ruta al Mediterráneo.

Tras finalizar sus estudios especializados en fotografía, Nomura comenzó a trabajar en Tokyo como asistente de Nobuyoshi Araki. Estuvo con él durante veinte años, al tiempo que comenzaba su carrera como fotógrafa. Los temas de sus fotografías –desnudos, paisajes, naturalezas muertas– y el interés por los fotolibros pueden remitirnos a la influencia de todos esos años junto a Araki. Pero en su trayectoria, descubrimos una personalidad propia que nos va interpelando en cada trabajo.

De este modo, la exposición ‘Tierna es la noche‘, comisariada por Enrique Juncosa, es un sutil poema sinfónico de miradas, sonidos y silencios que nos van llevando de Oriente a Occidente, de la tierra al cielo; hasta que nos damos cuenta de que no necesitamos coordenadas geográficas para la travesía por nuestro interior.

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Sus fotografías nos transportan de inmediato a obras destacadas de la literatura universal, desde el romanticismo hasta el siglo XX; pero también a la época medieval o renacentista, que bebe de la antigüedad clásica para reflejar “la noche oscura del alma”.

El título hace referencia a la novela del norteamericano Francis Scott Fitzgerald ‘Tender is the Night’, publicada en 1934, que surge de los versos de John Keats ‘Ode to a Nightingale’, de 1819. Ambos nos hablan de la oscuridad, la transitoriedad de la naturaleza y los seres humanos, la intimidad y el atractivo de la juventud que se va desvaneciendo con el paso del tiempo. Y ese deseo de fijar en la memoria la luz de los momentos felices, con la conciencia de que la muerte, nos acompaña y espera.

Continuando con las referencias literarias, sus imágenes nos transmiten una sensación de irrealidad, parecen mostrar un placentero o melancólico estado de duermevela, de espera y silencio, de tiempo detenido y fugaz. A veces, aparecen premeditadas marcas temporales y en otras obras se desdibujan toda indicación de espacio y tiempo.

Aunque nunca se pierde totalmente la relación con la existencia objetiva, estas características nos hablan de una cierta subversión de la realidad que recuerda al surrealismo. Las sábanas blancas nos recuerdan a ‘Los amantes’, de René Magritte. Pero en algunas series de fotografías, como ‘Naked Time’, ‘Fate in Spring’ o ‘Naked Room’, las sábanas no envuelven ni ahogan.

'Tierna es la noche', de Sakiko Nomura. Fundación Mapfre
Una de las fotografías de ‘Tierna es la noche’, de Sakiko Nomura. Imagen cortesía de la Fundación Mapfre.

En apariencia, son simplemente un marco de luz para los cuerpos, sin ocultarlos con el pudor de los desnudos clásicos. Sus pliegues nos transmiten cierta inquietud, porque no aclaran el momento en el que se produce la escena y nos preguntamos si nos están mostrando el momento anterior o posterior de un acto de amor o del sueño. Entre las sábanas descubrimos miradas que nos llenan de incertidumbre.

Así, la temática de las diferentes series que se presentan en esta exposición retrospectiva nos evoca todos y cada uno de estos conceptos; reforzados por el empleo consciente de juegos de luces y sombras, así como de antiguas técnicas fotográficas que buscaban obtener la luz desde la oscuridad. Sakiko Nomura recurre, también, a la imagen en movimiento que acompañada de las improvisaciones musicales de Joel Ribeiro nos sumerge entre las nubes de la remembranza.

¿Es su propósito que leamos las imágenes como si fueran los versos de un poema o los capítulos de una novela o un diario?

Más que desear que se comprendan mis propios poemas o historias, me gustaría que mis fotografías pudieran convertirse en las historias o los diarios de quienes las miran. Ojalá mis fotografías puedan mezclarse con los recuerdos de cada espectador y alejarse hacia algún lugar lejano.

Sakiko Nomura
La fotógrafa Sakiko Nomura. Imagen cortesía de la Fundación Mapfre.

¿La exposición podría pensarse también como un fotolibro que se despliega sobre las paredes para que podamos descubrir las nuevas imágenes, texturas y composiciones que surgen?

Sí, así lo siento. Me hace muy feliz que cada exposición en un nuevo espacio pueda ir creando, como un fotolibro, una historia nueva y diferente.

El catálogo de la exposición comienza con una dedicatoria de su maestro, Nobuyoshi Araki, que la define como “una ninfa celestial de la fotografía”. Las ninfas celestiales encarnan un ideal de belleza y representan la unión entre lo terrenal y lo ultraterrenal. ¿Se siente identificada con esta visión de su personalidad y su trabajo? ¿Dónde considera que está situada su fotografía: en lo terrenal, lo espiritual o en un territorio ignoto entre ambos?

Fotografío mientras voy y vengo entre aquello que puede tocarse, lo visible y lo invisible, el registro y la memoria. Y sigo fotografiando mientras dudo y me pierdo en ese camino.

¿Cómo se aprende a mirar lo que otros miran?

Creo que la relación de mirar comienza no tanto al criticar o interpretar lo que tenemos delante de nosotros, sino al aceptarlo primero.

¿Y cuándo decide emprender su propio viaje personal?

Probablemente, desde el principio no he podido ser otra cosa que yo misma. Pero, al estar cerca de Araki, fui comprendiendo lentamente y con claridad que la fotografía podía ser algo mucho más libre y más profundo. Aun así, creo que ese viaje ya había comenzado cuando tomé una cámara por primera vez, a los 18 años.

‘Naked Time_025’, de Sakiko Nomura. Imagen cortesía de la Fundación Mapfre.

¿La elección de fotografiar el desnudo masculino responde a un deseo de rebelión contra lo establecido y los estereotipos e incluso contra todo lo aprendido?

Fotografiar el desnudo masculino no nace de un sentimiento de rebelión ante la sociedad. Simplemente, no siento ni aprobación ni rechazo hacia ello. Yo fotografío un tiempo íntimo y privado compartido con la persona retratada. Por eso, nunca pensé en la fotografía como un medio para transmitir un mensaje.

¿Existe un deseo de incomodar al público que no radica en la observación de los cuerpos desnudos, sino en la invasión de una intimidad a la que no ha sido convocado? ¿O el propósito es que nuestra mirada reconstruya la escena para encontrarse y participar junto con las miradas de la fotógrafa y las personas retratadas?

Quizás sean ambas cosas. El tiempo que comparto con las personas que retrato no se compone solo de momentos placenteros; también incluye inquietud, resonancias, presencias y desencuentros. Existen pequeñas oscilaciones que ni siquiera el modelo ni yo comprendemos del todo. Y me siento atraída por todo ello.

La Fundación MAPFRE le propuso en 2024 un proyecto específico para esta exposición y escogió la ciudad de Granada para realizar una serie de fotografías. ¿Cómo suele abordar este tipo de encargos? ¿Qué motivó la elección de Granada y cuál era su búsqueda?

En 2015, participé en una exposición colectiva en el Centro Federico García Lorca. En aquel momento, fotografié en Granada mientras pensaba en los lugares donde vivió Lorca. Esta vez, gracias al encuentro con Enrique Juncosa, Carlos Gollonet y Eva M. Vives Jiménez de Fundación MAPFRE, tuve la oportunidad de volver a Granada. Más que buscar algo en Granada, fue un tiempo de permanecer allí, afinando el oído y la mirada. Fue verdaderamente un tiempo de felicidad profunda.

Cuando alguien me dice: “¿Te gustaría fotografiar en este lugar?”, siento que ya existe allí una especie de vínculo. Tal vez mi manera de trabajar consista en ir desentrañando ese vínculo con cuidado y lentamente.

Federico García Lorca fue poeta, dramaturgo y símbolo de la juventud y la libertad arrebatada. Decía que el teatro era un instrumento útil para la construcción de un país. Las mujeres de Lorca viven, sueñan y luchan por ser dueñas de sus propios destinos.

Ha vivido su juventud en una época que en Japón se denomina “los años perdidos”, dentro de una sociedad que dictaba el papel que debían desempeñar las mujeres. Aunque pertenece a una generación de jóvenes fotógrafas que pronto alcanzaron reconocimiento, su trabajo se consideraba “la fotografía de las chicas”. ¿Cree, como pensaba Lorca, que la fotografía puede ser una buena herramienta de transformación social para la construcción colectiva?

Para mí, incluso hoy, es algo precioso que en la época de Lorca existiera el teatro de Lorca. No creo que mis fotografías sean una herramienta para cambiar la sociedad. Pero quizás puedan tocar silenciosamente la memoria o las emociones de alguien. Y espero que, a través de ello, algo pueda suavizarse o disolverse.