Marco

#MAKMAArte
‘Rhiza’, de María José Marco
CLC Arte
Carrer d’en Sala 6, València
Inauguración: miércoles 3 de junio de 2026, a las 19.00

En las últimas décadas, la reflexión sobre la naturaleza en el arte contemporáneo ha dejado de ser una mera representación paisajística para instalarse en el núcleo mismo de la experiencia identitaria, corporal y existencial. Este desplazamiento señala una transformación profunda en las formas en que entendemos el territorio que habitamos y en las estructuras emocionales que nos sostienen en tiempos de constante incertidumbre.

La exposición ‘Rhiza’, de la artista María José Marco, presentada en el espacio de CLC Arte, se sitúa precisamente en ese punto de inflexión, proponiendo una inmersión visual y sensorial sobre el lugar que el origen y lo oculto ocupan hoy en la configuración de nuestra intimidad.

A través de una cuidada selección de obras, la figuración orgánica funciona aquí como un espacio de pensamiento crítico y filosófico. En estas piezas, el elemento vegetal no aparece como un motivo decorativo secundario ni como un recurso simbólico cerrado, sino como una presencia rotunda y central que reorganiza la escena, altera la perspectiva y desplaza la mirada del espectador.

Más que describir el entorno natural, las propuestas de Marco abordan de manera directa el tipo de vínculo primario que se establece con él, revelando hasta qué punto las ramificaciones y los sistemas invisibles forman parte activa de nuestra propia arquitectura afectiva y de nuestros mecanismos de supervivencia.

Tomando como punto de partida el término griego rhiza –raíz, rizoma o expansión subterránea–, la muestra se despliega como una gran metáfora de aquello que sostiene la vida y nos ancla al mundo, precisamente en un momento donde todo lo que nos rodea parece efímero y mudable.

Rhiza. María José Marco. CLC Arte
‘Origins’, de María José Marco. Imagen cortesía de CLC Arte.

Como señala Carla Alabau, directora de CLC Arte, “el término funciona aquí como metáfora de aquello que sostiene la vida, aunque permanezca oculto. En la obra de María José Marco, las raíces no son únicamente elementos biológicos: son huellas emocionales, vínculos afectivos, mapas de memoria y sistemas de supervivencia que se extienden y se bifurcan revelando la complejidad de nuestra identidad”.

Esta idea medular atraviesa cada rincón de la exposición, donde las formas evocan de manera constante tejidos internos, ramificaciones vegetales y territorios en mutación, articulando un diálogo donde la materia se vuelve pura emoción y lo visible se conecta con lo soterrado.

El formalismo de la exposición despliega una amplia gama de registros matéricos que ponen de manifiesto la tensión permanente que existe entre el arraigo y el desplazamiento. Las superficies de las piezas parecen responder a ciclos vitales propios: crecen, se erosionan, se quiebran o se regeneran ante la mirada atenta de quien las observa, convirtiendo el espacio expositivo en un organismo vivo y cambiante.

Las estructuras dinámicas que protagonizan las obras se muestran en una búsqueda constante de alimento o atravesando obstáculos físicos, desprovistas de cualquier artificio anecdótico, para concentrar toda la atención en una poética que celebra, al mismo tiempo, la extrema vulnerabilidad y la capacidad de resistencia del ser humano.

En este sentido, la propuesta de la artista huye de lecturas superficiales para adentrarse en un plano existencial donde la memoria se entiende como un territorio en continua disputa y reconstrucción.

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Como señala la propia artista, María José Marco, su investigación plástica nos invita de manera directa a “pensar el acto de habitar –un cuerpo, una memoria, un lugar– como un proceso continuo de transformación. Bajo la superficie de cada imagen late una pregunta esencial que nos interroga profundamente: ¿qué nos sostiene cuando todo parece desplazarse?”.

Al eliminar los elementos accesorios de su entorno, las obras nos obligan a entablar una relación directa y sin filtros con lo esencial, situando la materia en un lugar de absoluta trascendencia.

Así, ‘Rhiza’ puede leerse, en última instancia, como una cartografía sensible de todo aquello que permanece invisible a los ojos pero que rige nuestras vidas. La exposición no busca la complacencia estética del espectador, sino activar su conciencia crítica, transformando las salas de la galería en un ecosistema que invita a reconsiderar con urgencia las formas en que habitamos, sentimos y construimos nuestras relaciones más íntimas.

La muestra propone una mirada lúcida sobre aquello que forma parte de nuestra base cotidiana pero que, precisamente por su carácter subterráneo y familiar, a menudo permanece sin ser interrogado. Al situar la raíz en el centro del debate artístico, María José Marco no solo redefine su potencia visual, sino que nos recuerda que aquello que permanece enterrado es, al fin y al cabo, lo que determina por completo nuestra manera de existir en el mundo.