Relato contra la claustrofobia

#MAKMAOpinión #MAKMALibros | ‘Bajo los montes de Kolima’ (1994), de Lionel Davidson (Ediciones Salalmandra, 2016)
21 de abril de 2020

Los primeros días de confinamiento tuve la suerte de contar con un excelente aliado contra la claustrofobia, ‘Bajo los montes de Kolima’, de Lionel Davidson, un trepidante relato de viajes y aventuras que deja sin aliento. Lo compré sin conocer al autor, lo que siempre es un riesgo, seducida por el topónimo Kolima y con la garantía del sello Salamandra. Un libro muy adecuado para estos tiempos extraños. Un relato de estructura clásica, la búsqueda de un objeto de poder, pero, al mismo tiempo, singular por su rareza.

La primera y más acusada es la figura del protagonista, Jean-Baptiste Porter, un indio canadiense de etnia gitksan, originaria de la región del río Skeena, la Columbia Británica. Un tipo excepcional que domina a la perfección distintas lenguas y dialectos, amén de desarrollar una brillante carrera como biólogo. Alto y fuerte, un rostro de rasgos marcados como las figuras talladas en los tótems, Porter aúna las cualidades del Agente 007 y la destreza manual de MacGyver. Por ende, posee amplios conocimientos tecnológicos, es capaz de montar sin ayuda un todoterreno a prueba de ventiscas, dotes de actor y un atractivo irresistible para las mujeres. Se podría decir que roza lo inverosímil, que se asemeja más al típico superhéroe de cómic que al protagonista de una novela realista. Sin embargo, el talento de Davidson hace que no pongamos en duda su humanidad y compartamos con gusto sus múltiples vicisitudes y peripecias.

Si alguien se anima a emprender este viaje, le sugiero que consiga un atlas o una de esa esferas terrestres que antes se regalaban a los niños en su primera comunión. Los referentes geográficos son esenciales, porque nuestro héroe cubre una travesía kilométrica desde su país natal, Canadá, hasta el noroeste de Siberia, donde se encuentran los montes y el río llamados Kolima, pasando por Japón.

Ese remoto lugar cercano al Ártico –largas noches y temperaturas extremas–, Kolima, encierra un oscuro pasado, pues fue el gélido infierno al que Stalin mandaba a los disidentes del régimen soviético. Explotados hasta la extenuación en minas de oro excavadas bajo capas de nieve y hielo, se distribuían en distintos campos de trabajo integrados en el temible gulag del que muy pocos lograron salir indemnes.

Pero volvamos a la ficción. El relato de Davidson se inicia en Oxford, donde un profesor recibe un mensaje cifrado escrito en papel de fumar. Alguien desde los confines del mundo se ha tomado muchas molestias para reclamar la presencia de una persona que resulta ser el infatigable Porter.

Lionel Davidson.

En la zona más inhóspita de la estepa siberiana hay un tesoro enterrado que la humanidad debe conocer. El lugar es un centro de investigación, donde durante la Guerra Fría se llevan a cabo experimentos genéticos. Gracias a sus rasgos, similares a los de los natativos siberianos y usando diversas estratagemas y disfraces, Porter logra colarse en este lugar ignoto, sujeto a extremas medidas de seguridad, y adueñarse del tesoro. Y, en un más difícil todavía, escapar, aunque algo maltrecho durante la frenética persecución que desencadena su huida tras ser descubierto.

La singularidad y el talento de Davidson reside tanto en la originalidad del argumento (imposible imaginar la naturaleza del tesoro que descubre Porter) como en su forma de surfear ágilmente entre realidad y ficción. En algunos pasajes y detalladas descripciones el lector profano en temas científicos se pierde. En otros, no sabe si lo que describe es fruto de una prolija documentación o de su facunda imaginación. No importa. La tarea del buen novelista es crear trampantojos mentales que despierten el interés y la curiosidad por averiguar qué pasa a continuación. Y Davidson lo consigue plenamente.

Lionel Davidson (1922-2009) fue el noveno hijo de una familia de judíos polacos emigrada a Londres y su vida tiene rasgos novelescos. Se forjó como escritor en las agencias de noticias, fue reportero por Europa y cosechó éxitos con sus libros de aventuras y espionaje al estilo de Eric Ambler o John le Carré. Tras un silencio literario de 16 año, publicó, en 1994, ‘Bajo los montes de Kolima’, su canto del cisne.

Bel Carrasco

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