Perfect blue

#MAKMAAudiovisual
‘Perfect blue’, de Satoshi Kon
Guion de Sadayuki Murai, a partir de la novela de Yoshikazu Takeuchi
Animación
Japón, 1997, 81 min.

La palabra ídolo tiene un significado curioso: normalmente es utilizada para referirnos a esas personas adoradas, alabadas por el resto de los mortales que vivimos en el mundo. Ya sea en el terreno artístico, deportivo… Los tenemos descaradamente idealizados.

Pero, a veces, ser el foco de todas las miradas también puede tener un significado más siniestro. Entonces, la palabra ídolo comienza a deteriorarse y empieza a perder su brillo y vigor para oscurecerse y resquebrajarse su significado.

Es aquí donde entra en juego la protagonista de ‘Perfect blue’, una cantante de corta edad llamada Mima. Ella es lo que se llamaría en Japón un idol, una pequeña artista haciéndose un camino en el mundillo musical.

Repentinamente decide cambiar de dirección artística y, a través de sus representantes, intenta entrar en el mundo de la actuación por medio de una pequeña teleserie, decisión que no sentará profundamente bien a muchos de sus llamados fans.

Fotograma de ‘Perfect blue’, de Satoshi Kon.

Esta película de animación, que cumple ahora 25 años desde su estreno en España, sería la ópera prima del decididamente rebosante de talento Satoshi Kon, quien luego nos regalaría más joyas de la animación como ‘Millennium actress’ (2001) o ‘Paprika’ (2006).

Nuestra protagonista es una chica muy especial: es guapa, buena artista y tiene ese rostro por el que parece que vaya a tener una vida regalada, aunque la realidad diste de ser así.

La vida le supera en muchos sentidos y se ve tan sobrecargada que empieza a imaginarse a ella misma en una versión distinta; se imagina una parte de ella cantando, haciendo lo que todo lo que el mundo espera de ella, aunque haya tomado otro rumbo, sintiéndose insegura de sus decisiones y pudiéndole la presión.

Satoshi Kon no se anda con medias tintas y juega de forma desatada con la psicología de Mima, tratándola como si fuera un pequeño cachorrito. La mente de nuestra protagonista se convierte en su peor enemiga, perseguida constantemente por su propio yo, en una batalla en la que las voces de los demás serán su talón de Aquiles, viéndose constantemente acorralada por visiones que ni ella misma entiende.

Fotograma de ‘Perfect blue’, de Satoshi Kon.

Se trata de un juego mental impredecible en el que el propio espectador deja de distinguir entre lo real y lo imaginario y se ve tan absorto y desprotegido como la propio Mima.

Pero más allá de este entretenimiento psicológico del que nos hace partícipes Satoshi Kon, ‘Perfect blue’ tiene varios puntos clave. Por una parte, la desmesurada presión a la que están sometidos los ídolos, a través del personaje de esta joven sensible que se ve atacada tanto mental como físicamente.

También la obsesión de los más fanáticos, como podemos ver reflejado en el que se considera el mayor fan de Mima dentro del filme. Pero, sobre todo, se nos habla del gran peso que nos ponemos nosotros mismos convirtiéndonos en nuestros mayores enemigos.

Para darnos cuenta de lo peligrosas que son las heridas infligidas por nosotros mismos fruto de la propia falta de autoestima y de las presiones sociales, basta acudir a esas fantásticas escenas en las que el reflejo del personaje principal le comienza a hablar en el Metro o a las increíbles persecuciones de una Mima idealizada y falsa, arma en mano y con un semblante y energía angelical contrastando con la realidad de una asesina rabiosa.

Incluso en escenas tan simples como la de Mima gritando debajo del agua de su bañera, podemos fijarnos perfectamente en la densidad del problema al que nos estamos refiriendo como núcleo central de ‘Perfect blue’.  Escena que Darren Aronofsky -director de ‘Cisne negro’ (2010)- utilizaría en su película ‘Requiem for a dream’, teniendo que comprar los derechos de esta.

También se nos muestra la clara obsesión por la fama, cosa de la que será partícipe nuestra protagonista en menor medida, pero que sí alcanzará a su antagonista, una dulce sorpresa de la que apenas esbozaremos algún detalle. Por ejemplo, el instante en que los focos de un camión, a punto de atropellar a alguien, guardan paralelismo con esos otros focos que iluminan a la artista al salir al escenario, ejerciendo de maravillosa metáfora entre la locura por la fama contra la falta de miedo por la muerte.

Hay que reiterar también que el filme de Satoshi Kon ha servido de referencia para otras películas más conocidas como puede ser ‘Cisne negro’ del ya mencionado Aronofsky, guardando cierta similitud en su forma de desdibujar la realidad y su ya vista obsesión por la fama.

Pero ‘Perfect blue’ trabaja de una manera más articulada el delirio imaginario de nuestra protagonista, utilizando muchas imágenes superpuestas, el uso de los reflejos, la incógnita de si todo lo que nos rodea puede ser un sueño, o diversos giros argumentales a través de tramas secundarias que nos hacen replantearnos lo que está ocurriendo.  Se trata de un juego mucho más denso, que, sin valerse de la actuación de Natalie Portman en ‘Cisne negro’, es más efectivo.

Definitivamente, ‘Perfect blue’ es un lujoso rompecabezas que, por más que lo veas, siempre te sigue sorprendiendo, sacando algo nuevo de él. ¿Quién será la verdadera Mima? ¿La que todos quieren que sea o la que se mueve al fin libremente? Cuestión que, sin duda, compete a la propia Mima, porque, si ni nosotros mismos podemos decidir lo que somos, cómo superar la presión del semblante perfecto que nos oprime.