Perdernos y encontrarnos a través de lo salvaje

‘Judith Egger. Lost in Shrubland’ 
Comisaria: Laura Sánchez Serrano
Galería Aural
Labradores 17, Alicante
Hasta el 28 de junio de 2019

Lo natural, lo salvaje, aquello intrínsecamente asociado al ser humano, es un pauta que se puede observar en una gran cantidad de artistas actuales. La preocupación por el medio genera en la actualidad una serie de corrientes, preocupaciones, si se prefiere, cuyo transporte se convierte en el hecho artístico interpretado a través de la multidisciplinariedad que le caracteriza. En el caso de Judith Egger, se puede rastrear a lo largo de su producción cómo coloca en el mismo eje analítico naturaleza, arte, ciencia y humanidad; radicando en la experiencia observativa y en el resultado en clave de humor su originalidad. Por lo tanto, aunque no sea la primera vez que la naturaleza y el arte se encuentran, ‘Lost in Shrubland’ (o perdida entre matorrales) desgrana esta relación con el objeto al ir descubriendo poco a poco la forma en la que la sociedad contemporánea se vincula con su propio sentido de lo salvaje, como una manera de reconectar con lo natural propio del ser humano, incluso en el entorno sintético que le rodea. Egger introduce, así, su relación con la naturaleza creando una imagen que implica lo físico y lo espiritual en un mismo formato, y que se transmite a través de su interpretación de la sociedad vigente.

La idea de lo “salvaje” se ha asociado en Historia del Arte a estudios relacionados con el fenómeno de los primitivismos de la primeras vanguardias. Paul Gauguin, los artistas de la Worpswede, expresionistas, fauvistas y, por supuesto, Pablo Picasso, reinventaron el sentido de lo “salvaje”, una mezcolanza de tradiciones y estéticas procedentes del colonialismo decimonónico, donde la definición poseía numerosas connotaciones peyorativas derivadas del contexto social del momento. Egger recoge, en una publicación muy cuidada, su propio concepto de lo “salvaje”; esta publicación-caja recoge material fotográfico de archivo, impresos de formas vegetales, registros, apuntes y todo tipo de material que ayudan al observador a adentrarse en su propio imaginario. Un libro abierto a la iconografía de la artista.

Judith Egger, documentación de performance, 2010. Imagen cortesía de Galería Aural.

En las primeras piezas de ‘Lost in Shrubland’ ya se puede identificar un personaje central que actúa de enganche: la artista mimetizada entre ramas y matorrales; un personaje divertido que, sin duda, conecta con el espectador y que genera cuestiones sobre la implicación y el esfuerzo continuo que realizamos por encajar. Otro de los ejes transversales, y relacionados con esa necesidad de complicidad, es, sin duda, la sobreinformación que recae sobre nuestras mentes y que la artista trata de materializar a través de un audiovisual, donde carga en su cabeza diversos cuencos unidos por una estructura casi imposible; dichos cuencos van llenándose de agua de lluvia hasta que su cuello no aguanta más peso. 

Así es cómo lo orgánico se convierte en el sello en los diversos materiales utilizados. Un ratón real proyectado en queso, grabado y posteriormente perpetuado en escultura, o los hoteles de lujo para insectos son algunas de las pistas que la artista va dejando sobre su línea investigativa y que se complementan a través de dibujos y estudios inherentes al proceso creativo. Judith Egger parte del concepto del filósofo francés Henri Bergson élan vital, ese impulso hipotético que genera el comienzo de la transformación, del crecimiento e, incluso, de la evolución. Esa fuerza vital, reformulada por la artista como ‘Schwellkraft’ –palabra alemana que, literalmente, significaría la capacidad de agrandar o enriquecer–, es la que trata de perseguir en su producción. Mayoritariamente performática, pero también interesada en propuestas colaborativas, en ‘Lost in Shrubland’ Judith Egger muestra el estado anímico en el que nos encontramos los seres humanos: desorientados en la naturaleza, a la que al final, por falta de entendimiento, tratamos de doblegar para destruir. Por lo tanto, esa conexión, que incluso ella trata de alcanzar usando ramas como antenas por las calles de París en la pieza ‘Transmission wood’, se convierte en el camino de la certidumbre, un atisbo de lucidez que tratamos de alcanzar en la búsqueda de nuestra particular naturaleza. 

Judith Egger, detalle de la performance ‘Transmission wood’, 2018. Imagen cortesía de Galería Aural.

María Ramis.

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