#MAKMALibros
Linka Babecka: la mujer real tras la Ena de ‘Nada’ y su amistad con Carmen Laforet
En muchas ocasiones, el éxito de la publicación de un libro y la fama del autor logran eclipsar a las personas y escenarios que le sirvieron de apoyo e inspiración para poder contextualizar la historia literaria. El hecho de que dicho libro se convierta en un clásico dentro de la misma generación literaria del escritor ya se convierte en la máxima culminación de una obra que podría ir más allá de las altas expectativas o ambiciones de su creador.
Así se ha podido comprobar en el caso de ‘Nada’, de Carmen Laforet. Tras obtener el primer Premio Nadal en 1944 y la publicación de su primera edición en 1945, la novela y su autora alcanzan un sitial muy especial en la literatura española contemporánea, quedando como trasfondo histórico el escenario barcelonés y aquellos personajes que en la vida real le sirvieran de inspiración a la joven escritora.
Pero al considerar a Linka Babecka como musa literaria para la creación y proyección de Ena como coprotagonista dentro de la prima ópera de Laforet, habría que analizar las dimensiones de la amistad y las vivencias que ambas compañeras universitarias experimentaron a largo plazo. Aunque Linka vivió para siempre un poco a la sombra de Ena, la estrecha relación y el apoyo que le brindó a Carmen Laforet rebasaron la importante creación de aquella imagen novelesca de su querida amiga.
El haber tenido la oportunidad de conocer y tratar en persona a Linka, desde la primavera de 2003 (con motivo de mi publicación y la presentación de ‘Puedo contar contigo. Correspondencia‘, las cartas cruzadas entre Laforet y Ramón Sender) hasta su fallecimiento en enero de 2009, fue un verdadero descubrimiento. Aparte de saber a quién le había dedicado la novelista su obra maestra ‘Nada’, pude aprender todos los detalles o piezas para terminar de armar el rompecabezas.
Pude también descubrir la intrahistoria de los libros y la mayoría de la producción literaria de su amiga Carmen. Pero, sobre todo, comprender la importancia de aquella amistad que se extendía mucho más allá de la dedicatoria y de la creación de Ena. Linka, cuyo verdadero nombre era Karolina Babecki, además de amiga, sería la interlocutora ideal y fuente de inspiración en muchas otras ocasiones.
La cronología de eventos y aventuras compartidas entre ambas se extendió por unas seis décadas. Por ejemplo, la búsqueda de hogares clandestinos por toda Barcelona donde poder ocultar a los emigrantes refugiados que venían huyendo de la invasión nazi, desde Polonia y otros países europeos, encabeza la lista de las muchas experiencias que le servían de estímulo a la joven Laforet a comienzos de la década de los años 40, como estudiante en la universidad, para su futuro libro.
Todo lo que escribió en referencia a este tema como asistente de Linka, escondiendo a estos refugiados por toda la ciudad, resumido en dos capítulos de ‘Nada’, fueron eliminados por sugerencia editorial de Manuel Cerezales (primer lector del manuscrito y futuro marido de Carmen) por temor a la censura del Régimen. Décadas más tarde, la novelista se lamentaría de haberlo hecho.
Carmen, en compañía de su alma gemela, recorrería toda la ciudad (en ruinas), pero contando con el cariño y la adopción de una nueva familia, Babecki-Pons, recién llegados de Polonia y ajenos a todo lo que acontecía en la posguerra. Y todo muy al estilo de lo que describía la autora cuando narraba la relación entre Andrea, Ena y su familia.
Ya establecidos todos en Madrid, a partir de 1942, como en ‘Nada’, Carmen redactaba su historia de todo lo vivido en Barcelona durante los últimos tres años. Después de clase, como estudiante de Derecho, e instalada en la casa de su tía Carmen, se iba por las noches a la biblioteca del Ateneo a trabajar en su manuscrito.
Una vez terminado, fue precisamente Linka quien, en 1943-44, trabajando en el Consulado de Polonia a cargo del área de comunicaciones, le presentó a Carmen un editor para que le brindara orientación y su opinión profesional. El editor sería Manuel Cerezales, que así lo hizo. Lo demás es historia.
Díez años más tarde (1953-54), fue Linka quien le cuenta a Carmen una historia real y romántica entre un jefe y una secretaria conocidos de ella. La narración literaria, sublime y magistral, por parte de la novelista queda plasmada para siempre como literatura de posguerra, titulada ‘Un noviazgo’ , dentro de su nuevo libro ‘La llamada’ (1954).

No todo fue comprensión y cordialidad entre ambas amigas. Como es natural en todas las relaciones, también hubo diferencias y fricciones en algunos momentos. Un año más tarde, para 1955, meses antes de la publicación de ‘La mujer nueva’, Linka terminó echándole de su casa por su fanatismo religioso/católico durante esos días. Algo que superaron gracias a la intervención de Cerezales.
Siempre continuarían en contacto, compartiendo viajes, vacaciones, y experiencias cotidianas, dignas de una redacción literaria, que Carmen, por supuesto, no perdería la ocasión. Ya entrando en la década de los años 60, el recuerdo de tantos años de una profunda y genuina amistad, y de tantas anécdotas vividas, también le servirían a la novelista de combustible para escribir sobre aquella amistad tan entrañable entre los personajes-protagonistas de ‘La insolación’, primera entrega de una trilogía que, por muchos motivos, nunca llegaría a terminar. Un tema literario que requiere tiempo y espacio, y que queda pendiente para una próxima ocasión.
Linka y su hermano Andrés serían reflejados en los hermanos Corsi, aquellos personajes excéntricos y cruciales en la trilogía literaria de Laforet, cuando intentaba alejarse de lo autobiográfico, que tanto daño le había causado.
Por el momento, con orgullo les confirmo y recuerdo a los lectores de Laforet mi labor, en función de agente literario y editor, de haber logrado la negociación y el acuerdo de publicación de la segunda parte de esta trilogía en la editorial Destino, finalmente, en la primavera de 2004, bajo el título de ‘Al volver la esquina’.

Como editor del libro, y a cargo del proyecto gracias a Destino, pude aunar las fuerzas y talentos de todo un equipo de trabajo, incluyendo e incorporando, desde la acuarela en la portada del libro, como un pedido especial a Manuel Cerezales, la extensa y cuidadosa revisión de aquellas galeradas (corregidas parcialmente y abandonadas por la autora hacía ya treinta años) en compañía del profesor y experto en manuscritos Jordi García, de la Universidad de Girona, Agustín Cerezales y este servidor. En agradecimiento por la conservación de aquel manuscrito, también incluí el nombre de Cristina Cerezales en la sección editorial.
Finalmente, fue Linka Babecka quien le sirvió de guía y enlace para aquel recorrido que la novelista haría por Polonia en la primavera de 1967. Cruzando el Telón de Acero, Carmen Laforet escribiría y publicaría cuatro entregas sobre este viaje en compañía de Linka a la revista Blanco y Negro.

Como un detalle íntimo y muy valioso, convalidando lo que aquí les narro, incluyo adjunto una copia de una pieza inédita, vestigio de aquella larga amistad y un preciado regalo que recibí de Linka un par de años antes de su fallecimiento.
Se trata de un telegrama que le envió a Laforet en 1971, donde se percibe todo el apoyo y el cariño de hermana a su querida amiga, precisamente durante uno de los periodos más difíciles de la novelista, meses después de su separación matrimonial de Cerezales en 1970. La multifacética y emprendedora amiga, Karolina Babechi, le extiende una vez más la mano, su empatía y la comprensión incondicional a su querida amiga Carmen Laforet.
- Linka Babecka y Carmen Laforet: la intrahistoria de una complicidad literaria - 6 abril, 2026
- Bad Bunny, el abogado de la cultura hispana en el corazón de Estados Unidos - 11 febrero, 2026
- Carmen Laforet y la censura - 4 mayo, 2020


