Camuflages. 2014 (1) - copia

Lidó Rico, el cuerpo como herramienta

Cuando el cuerpo quiere quedarse, Lidó Rico
Del 19 de diciembre hasta 15 febrero 2015
Palau de Altea

“CUANDO EL CUERPO QUIERE QUEDARSE” es el título de una nueva exposición individual que el artista murciano Lidó Rico inaugura el próximo 19 de diciembre en el Palau de Altea, esta es, la primera de una serie de exposiciones que se celebrarán durante el próximo año en dicha sede.

Si el trabajo de Lidó Rico (Yecla 1968), siempre ha girado en torno a la utilización de su propio cuerpo como una herramienta y un elemento  más dentro de su obra, en esta ocasión el artista establece unos nuevos parámetros dentro de su singular trayectoria al desarrollar nuevos conceptos que hacen referencia no sólo al propio cuerpo, también al entorno, en estas últimas obras, nuevas naturalezas surgen y se adaptan al espacio.

Estiramiento (2014), Lidó Rico. Bronce, medidas variables. Imagen cortesía de la organización

Estiramiento (2014), Lidó Rico. Bronce, medidas variables. Imagen cortesía de la organización

La naturaleza no está simbolizada a modo de referencia o planteada de una manera distante, sino todo lo contrario, son naturaleza, un ejemplo lo observamos con  las propias hojas que el artista ha recogido en su entorno durante años y son las que esta vez  van a integrarse en algunos de sus trabajos, a veces,  a modo de una epidermis que recubre toda la superficie de las piezas, en otras ocasiones las hojas son literalmente trituradas y amasadas dentro de la propia materia, hojas que el terrible aire arranca de los árboles, las arremolina y las seca colocándolas año tras año en un mismo lugar donde son metódicamente “cosechadas” por el artista.

Soplador de esquinas (2013), Lidó Rico. Imagen cortesía de la organización

Soplador de esquinas (2013), Lidó Rico. Imagen cortesía de la organización

De los vientos de Yecla han dicho que es barredor, furioso y endemoniado, cuando a Azorín le preguntaron  con el paso de los años,  que era lo que más recordaba de su pueblo, no dudaba en decir que el viento, su sonido, su fuerza, su frenesí y no dudaba en afirmar que los enloquecidos “vientos de brujas” de Yecla eran casi escatológicos. Es más que nunca latente  como el contexto influye en estas últimas creaciones de Lidó Rico, el autor murciano obsesionado, buscaba desde hace tiempo poder definir a través de su trabajo ese acercamiento a la naturaleza y ese contacto con la difícil meteorología  que le acompaña en su día a día, como el terrible frío y el perturbador viento que azota su estudio durante meses, de hecho, en Yecla siempre se ha hablado de la relación existente entre el viento y el gran número de suicidios.

Vemos en esta muestra que la pieza titulada “Eolos” nos habla precisamente de ese diálogo que el artista establece con ese perturbador elemento de la naturaleza, donde su propio rostro se multiplica en una secuencia casi infinita sobre la pared, rostros que giran sobre sí mismos, rostros  formados por hojas que se soplan unos a otros en una suerte de encuentros, dando como resultado una especie de nuevo código de isobaras de una sola pero perturbadora línea.

Camuflajes (2014), Lidó Rico. Imagen cortesía de la organización

Camuflajes (2014), Lidó Rico. Imagen cortesía de la organización

Otra de las nuevas  piezas que podremos ver en la muestra es la titulada “La isla”, donde su cuerpo aparece centrado en un tondo y esta vez, toda la obra está cubierta por una epidermis realizada con minúsculos trozos de planos de carreteras, miles de partes iguales que se organizan a modo de un gran rompecabezas y forman una inquietante isla central donde se ubica el cuerpo del artista, posiblemente,  la anécdota de esta obra sea la técnica que Lidó Rico ha utilizado, lo verdaderamente importante es la carga conceptual que la obra nos sugiere, porque nos habla de soledad, de incomunicación, de supervivencia pero también  y porqué no decirlo, de esperanza, de cómo es posible que puedan emerger nuevos espacios donde convivir.

Tragedias, torsos que se vacían, besos imposibles, inestables paisajes que gritan, conversaciones insoportables, cuerpos que se querellan en busca de una doctrina rastreando respuestas, planteamientos todos que emergen de la espectacular arquitectura del edificio del Palau Altea.

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