La habitación oscura e inquietante de Greta Alfaro

Premio Col·lecció Cañada Blanch
‘Tempus Quietare. Voluntat contemplativa i art’, comisariada por Ricard Silvestre
La Nau de la Universitat de València
C / Universitat, 2. València
Hasta el 27 de octubre de 2019

El tiempo sereno y contemplativo frente a ese otro tiempo convulso de las prisas. Ricard Silvestre, como comisario de la exposición elocuentemente titulada Tempus Quietare, ha seleccionado obras de 18 artistas pertenecientes a otras tantas galerías valencianas de arte contemporáneo que conforman LaVAC, con el fin de someter a juicio esa temporalidad en sus dos registros opuestos. “El objetivo fundamental de la exposición es poner de manifiesto la necesidad de una voluntad contemplativa en el espectador, cuyo ejercicio se inscribe en la vivencia de un tiempo sereno frente a la inquietud del tiempo fugaz y consumible”, subraya Silvestre.

European Dark Room, de Greta Alfaro.

Y como símbolo de esa quietud inquietante, nadie mejor que Greta Alfaro, en quien ha recaído precisamente el Premio Col·lecció Cañada Blanch, que la Fundación homónima concede desde hace seis años a artistas que exponen sus trabajos en alguna de esas 18 galerías. Un premio de adquisición que la entidad presidida por Juan Viña otorga como muestra de su “firme compromiso con el futuro de la promoción artística, al dinamización del arte contemporáneo y el pensamiento crítico”. 

Un pensamiento crítico que Silvestre sintetiza en ese título de ‘Tempus Quietare’ por oposición a ese otro tempus fugit, al que se refirió el vicerrector de Cultura, Antonio Ariño, y sobre el que profundiza el propio comisario: “El del arte no es un tiempo utilitario, sino un tiempo por sí mismo y al cual se abandona el espectador”. La obra con la que Alfaro ha logrado el premio Cañada Blanch, correspondiente a la Galería Rosa Santos, ahonda en esta percepción, mostrando una oscura habitación bañada en un marrón oscuro, que parece detenida en el tiempo para observar con calma la parálisis a la que nos convoca esa estancia inquietantemente vacía.

Miembros del jurado, comisario de la exposición y responsables de Fundación Cañada Blanch y Centre Cultural La Nau. Imagen cortesía de La Nau.

“Fotografía y video, sin aditamentos formales, recuerdan lóbregos episodios, deteniéndose desde un encuadre fijo de brillos pringosos”, tal y como describe la obra el propio Silvestre, quien reclama del espectador “un pensar activo”, que subraya mediante la palabra con-templación. Un tiempo “liberado” y en el cual “se sucedan las ideas y sus relaciones para que la habitación no sea una mera caja oscura”. Tiempo detenido por efecto de ese color pringoso con aroma a chocolate, que mezcla lo dulce y lo amargo de un espacio inmóvil de tan viscoso.

El resto de piezas seleccionadas para la exposición ‘Tempus Quietare. Voluntad contemplativa y arte’, dialogan en este mismo sentido. Así lo hace ver Silvestre, que invita a surcar las obras y los artistas reunidos en la Sala Estudi General de La Nau, con el fin de acceder a ese “tiempo aquietado que entendemos dilata y prolonga la duración” de cada una de las piezas, ensanchando “su belleza a través del recogimiento estético más ocioso”. Artistas como Anna Bella Geiger, Antoni Tàpies, Helga Grollo, Nacho Carbó, Victoria Santesmases, Claudio Zirotti, Hamish Fulton, Cristina Almodóvar o Hugo Martínez-Tormo, por citar algunos de los seleccionados, se hacen eco de ese tiempo agitado de la contemporaneidad, ofreciéndose como resistentes del mismo a través de su obra como vehículo del sosiego contemplativo.

Dos de las obras finalistas del Premio Col·lecció Cañada Blanch. Foto: Makma

La exposición, organizada por la Fundación Cañada Blanch, el vicerrectorado de Cultura de la Universitat de València y LaVAC (Asociación de Galerías de Arte Contemporáneo de la Comunidad Valenciana), en colaboración con la Universitat Politècnica de València, reúne tanto la obra ganadora de Greta Alfaro, cuyo galardón está dotado de 7.000 euros, como las de los 17 artistas restantes, permaneciendo en La Nau hasta el 27 de octubre. Seis ediciones de un premio que este año cuenta con la novedad de la identidad gráfica creada por Antonio Ballesteros, basada en una serie de puntos rojos, símbolos de la compra de obras en las galerías, agrupados “a modo de mecano” con el que poder jugar para crear diferentes composiciones. Una identidad “duradera, versátil, que transmita confianza y que no resulte aburrida”, según explicó el propio autor.

La Col·lecció Cañada Blanch, que viene creándose desde hace varios años, ahora en torno a los artistas que exponen en LaVAC, pretende fundamentarse en el criterio de los propios comisarios y las galerías, según dio a entender Juan Viña. De esta manera, frente a la más ecléctica selección de obras, se impone en los dos últimos años la argumentación de los comisarios, empezando por Ricardo Forriols, encargado en la pasada edición de dicha selección, y continuando con Ricard Silvestre, quien se refirió al “carácter reivindicativo” de las obras en el marco de esa temporalidad sosegada: “Que sea la contemplación la que te lleve a eso”.

European Dark Room, de Greta Alfaro.

Salva Torres

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