#MAKMALibros
‘Cómo terminó la guerra civil española’, de Gutmaro Gómez Bravo
Editorial Crítica, 2026
‘Cómicos en guerra’, de Pedro Corral
La Esfera de los Libros, 2026
‘La guerra que cambió España’, de Miguel Ángel Santamarina
Ediciones B, 2026
‘España partida en dos’, de Julián Casanova, Carles Esquembre y Miguel Casanova
Editorial Crítica, 2026
‘Con nadie’, de Lorenzo Silva
Ediciones Destino, 2026
90 aniversario de la Guerra Civil
La victoria de los nacionales se atribuye al factor militar y a la ayuda táctica de Hitler y Mussolini, pero como en todas las guerras modernas también jugaron un importante papel en el tablero los servicios de información, los espías.
Un aspecto poco conocido que revela Gutmaro Gómez Bravo en ‘Cómo terminó la guerra civil española‘ (Crítica), donde demuestra que, si bien la victoria franquista se decidió en el frente, la caída final de la Segunda República fue el resultado de una estrategia cuidadosamente dirigida desde el Cuartel General del generalísimo, donde el Servicio de Información y Policía Militar (SIPM) controló la propaganda, la diplomacia y la descomposición del enemigo desde dentro.
Frente el relato tradicional de traiciones y caos, Gómez Bravo reconstruye esta decisiva —y hasta ahora desconocida— operación de inteligencia planificada hasta el último detalle. Basada en documentación inédita procedente de los principales archivos españoles e internacionales, su ensayo saca a la luz cómo el desenlace de la contienda se preparó entre la ocupación de Barcelona y la rendición de Madrid.
Este libro replantea los últimos meses del conflicto y ofrece una nueva interpretación del nacimiento de la dictadura. El coronel Ungría fue un elemento clave en esta operación; un hombre de mundo, agregado en embajadas de varias capitales europeas, que manejaba los hilos en la trastienda de los campos de batalla.

Como jefe de contrainformación tuvo un papel esencial para evitar cualquier manifestación de derrotismo, infiltración o fragmentación en sus filas sabiendo utilizar, a su favor la del bando contrario. Tenía una gran obsesión por la codificación de los mensajes, a diferencia de los republicanos como demuestra que Juan Negrín durante una etapa envió cables al descubierto sin ninguna precaución.
Mientras los espías actúan en las sombras, los protagonistas del siguiente libro lo hacen ante el público y bajo la luz de los focos. ‘¡Ay, Carmela!’, ‘Las cosas del querer’, ‘La niña de mis ojos’… son algunas películas que reflejan la vida de los miembros de la farándula en ese periodo en el que, además de los rigores de la guerra, debían lidiar con la competencia de los cines, aunque algunos jugaban en ambos bandos.

También en el terreno político más de uno cambió de chaqueta, al albur de sus circunstancias y su situación geográfica como Jacinto Benavente. Lo cuenta Pedro Corral en ‘Cómicos en guerra‘ (La Esfera de los Libros), donde relata sus vivencias, junto a nuevas revelaciones en torno a Federico García Lorca y Pedro Muñoz Seca.
Corral reúne historias de lucha por la supervivencia, compromiso bélico y pasión artística de dramaturgos y compositores, actores y cantantes, vedetes y coristas, payasos y ventrílocuos, tramoyistas y maquilladores. Describe los viajes del grupo teatral La Barraca convertido en tapadera de la quinta columna; la peripecia como miliciano y después policía del famoso Don Cicuta; las actuaciones de los célebres payasos Aragón en el frente de batalla; la detención en una checa de Enrique Jardiel Poncela y Pedro Larrañaga; o el alistamiento de un batallón de cómicos para la defensa de Madrid.
En los años 30, los artistas, pese a vivir muchos de ellos en la incertidumbre laboral y la precariedad económica, eran considerados de derechas, tal vez por no tener que madrugar como los obreros y por su vida bohemia.
Los que vivían en la zona republicana estaban controlados por los sindicatos, CNT y UGT, y en los cines y teatros, incautados por la Junta de Defensa, parte de los beneficios se destinaban al frente y todos los trabajadores cobraban lo mismo, diez pesetas, fueran actrices, tramoyistas o maquilladoras. Rafaela Aparicio, Pepe Isbert, Celia Gámez o Estrellita Castro son algunos de los famosos que desfilan por estas páginas.
Pedro Corral habla del cainismo exacerbado que caracterizó a este sector en el que Lorca y Muñoz Seca fueron los más perjudicados. Ninguno de ellos eligió bando y ambos fueron asesinados.

«Podéis quitarme mi hacienda, mi patria, mi fortuna e incluso mi vida: pero hay una cosa que no podéis quitarme: ¡el miedo que tengo ahora mismo!». Estas palabras atribuidas a Pedro Muñoz Seca horas antes de su asesinato en Paracuellos es una de las citas que abre ‘La guerra que cambió España‘ (Ediciones B), un ensayo en el que Miguel Ángel Santamarina repite la fórmula de su anterior trabajo, ‘La guerra que cambió Europa’, sobre la Segunda Guerra Mundial.
Una estructura fragmentada en la que, con orden cronológico va ensartando acontecimientos relevantes con otros menos conocidos, la letra pequeña, el pie de página de la historia. Personajes famosos y otros poco conocidos cuya actuación en determinado momento fue decisiva.
Una visión a vista de pájaro muy apropiada para aquellos que tienen una noción del tema, pero desean apuntalar ciertas grietas. El lenguaje ágil y directo de Santamarina, periodista editor de Zenda, da a la lectura el tono de una novela de aventuras.
Su libro recupera historias curiosas poco conocidas, como las de la mujer del teniente Casillo, el presidente comunista del Real Madrid o la vedete que envió una foto en bikini a Franco para salvar a su marido de la pena de muerte. O la sorprendente creación de unas rutas turísticas para extranjeros por ‘España liberada’, un proyecto de Luis Antonio Bolín jefe del Servicio Nacional de Turismo.
«Siguen saliendo documentos que nos ayudan a conocer cómo el final de la guerra fue diferente al que conocíamos», dice Santamarina. «También hay muchas historias silenciadas que salen a la luz gracias a la literatura. Lo más importante es abrir la visión a 360 grados para intentar comprender nuestra Guerra Civil sin sesgos, sin instrumentalizarla ideológicamente, buscando preguntas en lugar de respuestas».
Santamarina piensa abordar en el futuro la Primera Guerra Mundial, que supuso la desaparición de varios imperios. «Escriba lo que escriba, lo haré con ese estilo que mezcla el hecho histórico con la crónica periodística y la literatura; siempre con el foco en los personajes menos conocidos y las pequeñas historias, que son las que mejor vertebran los grandes relatos», concluye.

Otra forma de acceder de forma rigurosa y amena a ese intrincado laberinto de personajes y sucesos que fue la guerra es la versión cómic de ‘España partida en dos‘ (Crítica), de Julián Casanova, ilustrada por Carles Esquembre y Miguel Casanova.
En el terreno de la ficción destaca ‘Con nadie‘ (Destino), novela en la que Lorenzo Silva recrea la figura del general Miguel Campins que al principio de la guerra fue fusilado por Queipo de Llano, aunque Franco gran amigo suyo intercedió con insistencia por él.
Un gran misterio envuelve ese episodio hasta ahora prácticamente inédito. Resulta curioso que Franco llorara a su amigo y, al término de la guerra, no dudara en fusilar, «aunque fuera en camilla», al general de la guardia civil José Aranguren, que también fue compañero suyo en la Academia, claro que este luchaba en el otro bando. Y todavía más curioso que en su novela ‘Recordarán tu nombre’, Silva también recuperara su trayectoria y fidelidad a la República.

En ‘Con nadie’, rescata del olvido la figura de otro militar culto, íntegro y valiente que atravesó las guerras de Marruecos, la dictadura de Primo de Rivera y los años convulsos de la República sin traicionarse jamás. Huérfano de madre desde niño y marcado por una soledad que ni la gloria ni el amor lograron disipar, Campins hizo del deber su única patria.
Desde los barrancos del Rif hasta el verano de 1936, cuando el alzamiento militar lo condenaría a perder la vida, Silva reconstruye la trayectoria de un hombre que eligió la conciencia antes que la sumisión, la lealtad a la palabra dada antes que la conveniencia. En sus manos, la historia se convierte en destino: el de quien supo permanecer entero cuando las pasiones dividían y arrastraban al resto.


