Luz Broto, Ocupar una tribuna, 2013. Imagen cedida por la Fundació Suñol.

La disfuncionalidad del edificio

ACTE 25: Luz Broto, Ocupar una tribuna

Nivell Zero
Rosselló, 240, Barcelona
Del 22 de marzo al 18 de mayo de 2013

Comisariado: Luz Broto y Fundació Suñol

 

El Nivell Zero de la Fundació Suñol presenta el ACTE 25: Luz Broto, Ocupar una tribuna, proyecto ganador de la quinta edición (2012) de la beca convocada por el centro de creación Can Xalant de Mataró y la Fundació Suñol, destinada a la producción y exposición de un proyecto de vídeo.

Ocupar una tribuna es un trabajo videográfico que documenta la acción organizada por Luz Broto el pasado 1 de diciembre de 2012 en el antiguo Canódromo Meridiana de Barcelona. Unas 300 personas, convocadas en colaboración con entidades y asociaciones del barrio de Congrés y zonas vecinas, llenaron la tribuna de este espacio cerrado y en desuso desde 2006. La acción proponía revivir una situación del pasado: devolver al Canódromo su uso como lugar de encuentro y con ella poner de manifiesto la disfuncionalidad de la grada y del edificio —tanto social como arquitectónica— en su contexto actual. Un espacio cerrado al público fue ocupado por una heterogénea multitud movilizada por la historia reciente del edificio.

La videoproyección muestra cómo durante 45 minutos la tribuna se llena de gente y se acaba vaciando de nuevo. El sonido ambiente de la plaza, que se escucha como un murmullo de fondo en la sala, acompaña a la imagen. Una fila de bancos, situada en la pared opuesta a la proyección, invita al espectador a sentarse y desde allí escuchar también el sonido registrado desde la tribuna —algunos comentarios y conversaciones de las personas que participaron en la acción—, creando así un paralelismo entre los bancos de la tribuna y la plaza del canódromo, y la fila de bancos y el espacio expositivo del Nivell Zero.

La publicación editada con motivo de la exposición contiene dos imágenes de la acción y un texto de Sonia Fernández Pan (historiadora del arte y escritora), quien, habiendo asistido a la misma sin conocer a priori lo que iba a suceder, construye una crónica que comienza con la descripción de lo que se vivió aquel sábado 1 de diciembre de 2012 en el antiguo Canódromo Meridiana y acaba haciendo un relato de los motivos que llevaron a centenares de personas a sentarse de nuevo en una tribuna, que ofrecía un lugar privilegiado desde donde mirar un paisaje urbano —un espacio público— como espectáculo.

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