#MAKMALibros
‘Cuestión de fe’ (Editorial Milenio), de Juan Vicente Piqueras
En conversación con Carlos Marzal
Llibreria Ramon Llull
Calle de la Corona 5, València
10 de julio de 2026
La librería Ramon Llull acogió el pasado 10 de julio la presentación del poemario ‘Cuestión de fe’, de Juan Vicente Piqueras: el autor estuvo conversando con Carlos Marzal, director de la colección de poesía de la Editorial Milenio. En la obra, podemos encontrar un modus vivendi honesto y muy particular, donde el amor es un acontecimiento en esa realidad compartida que es también el paso del tiempo.
Juan Vicente Piqueras, que destaca por su devoción por la palabra, es director del Instituto Cervantes en Tánger, donde continúa dedicándose a la promoción de la lengua y la cultura españolas. Además, como poeta, ha obtenido numerosos reconocimientos, entre ellos, el premio José Hierro en 1991 por ‘La palabra cuando’, el premio Antonio Machado en 1999 por ‘La latitud de los caballos’, o el premio internacional Fundación Loewe en 2012 por ‘Atenas’.

¿Cómo fue el proceso creativo de ‘Cuestión de fe’?
‘Cuestión de fe’ es un libro de poemas de amor y, más concretamente, de amor conyugal, cotidiano. Escrito a lo largo de los diez años que duró mi matrimonio. Me casé en Roma, en el Campidoglio, en 2005. En 2007 nos mudamos a Atenas. Y en 2012 a Argel, donde nos esperaba el final.
Los poemas de este libro fueron escritos entre 2004 y 2014. Desde entonces, han dormido en una carpeta el sueño de los justos o han reposado como el vino en la bodega, hasta que Carlos Marzal me dijo que quería publicar algo mío en Milenio, cuya colección de poesía dirige.
Le mandé el libro, le encantó, me ayudó a podarlo, hizo una estupenda labor como lector-editor y, por fin, me atreví a sacarlo a la luz.
¿Qué papel consideras que tiene la ironía o el sarcasmo en tu escritura? ¿Y el humor?
Creo que uno de los peligros de la poesía contemporánea es, a menudo, el tono solemne, sesudo, excesivamente intelectual. Quiero que mis poemas se parezcan a la vida, que sean vida. Y que haya en ellos de todo, risa y llanto, lo trágico y lo cómico, que el lector se emocione y se ría, como en la vida misma.
Creo que el humor hace la vida más llevadera y la poesía, más digerible. Para mí, la función poética y la función cómica del lenguaje son hermanas.

¿Cómo concibes la fe en tiempos posmodernos?
Creo que en la vida todo es cuestión de fe. Especialmente el amor. Y el matrimonio, ya ni te cuento. No hablo de fe religiosa, en un sentido ortodoxo, sino de fe en la vida, en los milagros que la vida depara a los que tienen fe en ella.
Ni hablo de amor en un sentido estricto, de pareja, sino del amor che muove il sole e le alte stelle, como dijo Dante.
¿Cómo abordas el paso del tiempo en poemas como ‘Lo eterno se acabó’ o ‘Cosas de la edad’?
Somos edad. Somos tiempo. El tiempo nos trae y nos lleva, nos amasa, nos cambia, nos hace y nos deshace. La poesía y el arte nacen de nuestra conciencia de finitud y fugacidad. Como somos fugaces inventamos lo eterno, la palabra siempre, el amor eterno.
Pero el amor solo es eterno mientras dura, y luego se acaba. Lo eterno se acaba. Todo pasa. Panta rei. El paso del tiempo y el final del tiempo son los grandes temas humanos.
¿Qué lugar tiene ese amor que se sostiene a lo largo del tiempo en el poemario?
El amor necesita sentirse duradero, necesita decir te amaré siempre. Aspira a durar en el tiempo. Luego acaba y, una vez acabado, solo el amor puede salvar del olvido lo vivido, lo amado. El amor es más fuerte que la muerte. Solo el amor nos salva. Ama y sal de ti mismo. Ama y haz lo que quieras.
¿Cómo concilias tu trabajo en el Instituto Cervantes con la poesía?
Comprendí muy joven que era poeta, que necesitaba escribir para vivir, que las palabras iban a ser mi hogar. Y que la poesía no me daría nunca dinero. Así que me puse a trabajar y acabé dando clase de español a extranjeros y, en el extranjero, a difundir mi lengua y mi cultura a quienes no las conocían.
Y convertí ese trabajo en mi modus vivendi. La poesía para mí no es un oficio. Es mi manera de vivir, mi manera de estar solo, de rezar, de preguntarle al cielo por los misterios del mundo, es mi pasión cotidiana.
¿Y cómo es eso de ser agente cultural en Requena?
Soy agente cultural en Tánger, en el Instituto Cervantes de Tánger, pero en Requena, no. En Requena organizo una vez al año una ‘Velada de vino y versos’donde invito a 4 ó 5 poetas a leer sus textos en la villa medieval, ante la fachada gótica de la Iglesia de Santa María.
A propósito de fe, la gente llena la plaza y escucha con un respeto y un silencio religiosos. Es una maravilla. Y por eso sigo haciéndolo. Este año llegamos a la XIII edición. Será el viernes 31 de julio, y tendremos una poeta iraní, Shole Wolpé; una rumana, Corina Oproae; dos poetas españoles, Jorge Pérez Cebrián y Antonio Moreno, y la cantante Sheila Blanco.
¿Hay alguna otra obra en camino?
Yo siempre estoy escribiendo sin rumbo ni premeditación y, solo a posteriori, me doy cuenta de que ya he escrito, sin apenas percatarme, un libro. Escribo cada día, a mano: soy cuadernícola. Y solo lo que creo que podría servir a posibles lectores lo paso a limpio y lo guardo en el ordenador.
No sé si será mi origen viticultor y vinícola, pero dejo reposar los poemas mucho tiempo antes de publicarlos. Tengo pendientes de ultimar, trasegar y editar, si procede, los poemas escritos en Argel, en Lisboa y en Ammán. Y lo que estoy escribiendo en Tánger. Para mí los lugares son dioses.

- Juan Vicente Piqueras: “La poesía para mí no es un oficio. Es mi manera de vivir, de estar solo, de preguntarle al cielo por los misterios del mundo” - 21 julio, 2026
- Elvira Smeke: “La cerámica es el material que me ha hecho vivir el presente” - 4 mayo, 2026
- Vicente Ferrer: “El agresor es un personaje, pero el libro no va sobre él, sino sobre una familia y una época” - 11 abril, 2026

