“Hay que acabar con la precariedad de los artistas”

#MAKMAEntrevistas | José Miguel Cortés (IVAM), Rafael Company (MuVIM) y Carlos Reyero (Museo de Bellas Artes de Valencia)
Día Internacional de los Museos
Lunes 18 de mayo de 2020

¿Ya nada será igual o todo volverá a su cauce? ¿Los museos deberán cambiar de modelo expositivo y la forma de mostrarlo? ¿Y, como los museos, el resto de agentes culturales y sociales que, a rebufo de lo que les sucede a estas instituciones más o menos longevas, se ha visto igualmente afectado en su actividad diaria por la inesperada irrupción de la pandemia a causa del coronavirus? A estas y otras cuestiones tratan de dar respuesta los directores del IVAM, José Miguel Cortés, del MuVIM, Rafael Company, y del Museo de Bellas Artes de Valencia, Carlos Reyero, con motivo del Día Internacional de los Museos, que cada 18 de mayo se viene celebrando desde hace ya más de 40 años.

“Yo rara vez entro en un museo de historia natural sin sentirme como si estuviera asistiendo a un funeral”, decía el ensayista John Burroughs. El poeta Jean Cocteau profundizaba en ese carácter funerario: “El Louvre es un depósito de cadáveres. Vas allí a reconocer a tus amigos”. Por el contrario, el literato Jules de Goncourt veía su lado positivo: “Lo que, tal vez, tiene más sentido que cualquier otra cosa en el mundo es un cuadro en un museo”. Para concluir, el escritor Henry James se refería a ellos mediante la siguiente paradoja: “En los museos y los palacios somos radicales y conservadores alternativamente”. Bueno, pues cuando todavía ni tan siquiera se había resuelto el papel de los museos en la sociedad de consumo, viene ahora un virus y zarandea aún más sus frágiles cimientos.

Obras de Jorge Peris. Imagen cortesía del IVAM.

“La pandemia pone de relieve, de forma dramática y en un contexto desolador, que determinados retos se han de abordar con mayor premura de la prevista. Hay generaciones que, aunque pueden estar acercándose al fenómeno museístico por prescripción de los educadores, o de otras personas, quizá no estén interiorizando -o no del todo- el altísimo valor cívico y cultural de estas instituciones”, señala Company, quien plantea que «la respuesta» a las necesidades de las nuevas generaciones “exige, con seguridad, algo más que la filmación de una exposición, por más que esto también deba hacerse”.

En el MuVIM dice haber tenido “experiencias fantásticas con, por ejemplo, la exposición permanente ‘La aventura del pensamiento’: han sido personas muy jóvenes las que han hecho venir al museo a sus amigos de fuera del instituto, a sus padres o abuelos… pero creo que deberemos reflexionar muy mucho. Al fin y al cabo, ya se han publicado libros con títulos tan sugerentes como ‘Por qué no vienen a los museos’, y por más que el MuVIM haya tenido cifras francamente magníficas de asistencia, las nuevas condiciones que la pandemia está creando no pueden obtener la callada por respuesta”.

La artista Julia Galán (dcha) y la comisaria Semíramis González, junto al mural ‘Un grito a voces’. Imagen cortesía del MuVIM.

“Yo hablaría”, afirma Cortés, “de dos tipos de cambios: unos más inmediatos y otros más profundos. De los inmediatos, nos encontramos con una gran paradoja, porque durante mucho tiempo hemos estado luchando porque los museos fueran más participativos, más accesibles, más colaborativos, incluso facilitar por ejemplo a personas invidentes que pudieran tocar determinadas esculturas o el hecho de que hubiera hojas de sala o revistillas para que la gente las cogiera y, de repente, todo esto se ha anulado completamente, y eso ya es de efecto inmediato. Aparte de las distancias, los recorridos, los geles, las mascarillas…”.

“Luego está el hecho”, añade Cortés, “de las exposiciones que podremos o no podremos hacer. Porque no es lo mismo hacer una de artistas valencianos, que las obras que tenemos que recoger están a tres calles, que el 80% de las internacionales que solemos hacer y que ahora estamos pendientes de un hilo, porque igual un correo que tiene que venir de Alemania, pues igual ahora no quiere venir, por no hablar del transporte y del cierre de fronteras”.

Vista de una de las salas del Museo de Bellas Artes de Valencia, por cortesía de la Generalitat Valenciana.

Para el director del IVAM, el museo hay que entenderlo “como una institución vinculada al resto de sectores sociales. Al igual que cuando se dice que de esta pandemia saldremos todos o no saldremos, del museo cabe decir lo mismo. Hay que reconfigurarlo, con los medios digitales, pero al mismo tiempo hay que plantear qué pasa con los otros sectores sociales, qué pasa con el desprecio profesional por los artistas y de las personas que colaboran con los museos, desde los técnicos hasta los que hacen los videos o las visitas guiadas. Hay que acabar ya con esta precariedad absoluta de los artistas, de manera que tengan las condiciones laborales pertinentes. Y esto no se soluciona con subvenciones, sino con programas estructurales de largo alcance y pensados, no con ocurrencias”.

¿En qué sentido ha cambiado la estrategia de los museos la inesperada aparición de la pandemia? Reyero responde que, “fundamentalmente, en tres direcciones”, y las enumera: “En primer lugar, una necesidad de potenciar los fondos propios y la especificidad de cada museo; en segundo lugar, un mayor cuidado por los intereses concretos de los visitantes: y, en tercer lugar, un relanzamiento de las actividades virtuales”.

Rafael Company, en el centro de la mesa, durante la presentación de una de las exposiciones del MuVIM. Imagen cortesía del MuVIM.

Company asegura que hacer conjeturas, con respecto a la tendencia futura del público que acude a los museos, ante un virus del que no conocemos casi nada le parece demasiado arriesgado. “La ‘democratización de la cultura’ tras la Segunda Guerra Mundial no puede ser considerada un fenómeno negativo: al contrario. Otra cosa es la existencia de determinados excesos y de mercantilizaciones abusivas. Pero, desde luego, a mediados de mayo de 2020 no se puede augurar nada concluyente ni sobre las dimensiones y paradojas del turismo de masas ni sobre los aspectos anejos. El tiempo dirá aunque, por desgracia, he de reconocer que alguna cabra siempre querrá tirar al monte”.

“El museo no existe sin público”, señala Reyero. “Será necesario promover experiencias más intimas con la obra de arte. Probablemente cambien las razones por las que se visita un museo”, añade. Company extiende la reflexión más allá de los miembros de la profesión museística: “Creo que debe abrirse mucho el abanico de consultas, que deben ser muchas las experiencias a contrastar, y muchas las ideas a valorar. Si entendemos que somos un servicio público, y lo somos, debemos comportarnos como tal. Y, en la nueva coyuntura, determinados factores no pueden obviarse; quiero que se me entienda bien: antes de la pandemia ya no podían ignorarse, pero es que después de la pandemia sería pura ceguera menospreciarlos. Las plurales necesidades sociales, siempre, en el centro de las iniciativas. E insisto en lo de plurales”. 

‘Radicantes’, ciclo de danza en el IVAM, por cortesía del Instituto Valenciano.

“Tenemos que cambiar la concepción”, subraya Cortés, “no puede ser que la gente entienda venir al museo cada dos o tres meses porque se cambia una exposición. Tenemos que plantear el museo como un lugar en el que uno acude habitualmente. Un museo no puede ser ese lugar sacrosanto, de templo, sino que debe ser un espacio más participativo y colaborativo, en el que la gente tenga el deseo y la necesidad de acudir periódicamente. Es un cambio no tanto de masas, sino de maneras de funcionar. Hay que estar preocupado por el entorno, pero sin dejar de ser un museo internacional”.

¿La percepción de los artistas e incluso del público tendrán igualmente consecuencias a la hora de la creación y del propio consumo? “En los museos de carácter clásico el canon de valoración de las obras depende de muchos factores. El hecho de que sean más o menos visitados no cambiará el prestigio de los artistas ni de las piezas”, apunta Reyero, quien afronta el Día Internacional de los Museos, este año bajo el lema de la igualdad, diversidad e inclusión, con “actividades presenciales restringidas” y el impulso de una pintura colaborativa online “con la ayuda de la artista plástica Tina McCallan”.

Vista de una de las salas del Museo de Bellas Artes, antes de que se desencadenara la pandemia. Imagen cortesía de la Generalitat Valenciana.

“Vamos a proponer a los usuarios, necesitamos 110, para pintar el cuadro ‘El oído’, de Miguel March (València, 1633-1670). Cada uno desde su casa pintará un cuadrado del cuadro y luego la artista unirá los cuadrados. El resultado final se publicará en la web y las redes sociales del museo. Es un proyecto que despierta la creatividad de los usuarios, los hace partícipes de una pintura colectiva y crea interés por la colección del museo”, agrega Reyero.

¿Saldremos de esta pandemia con otra percepción de la vida y del arte? Company se refiere a la inquietud reinante: “Muchas personas de la industria cultural tienen por delante meses, cuanto menos, de grandes zozobras. De reinvenciones perentorias. De cuestionamientos sobre la continuidad de muchas cosas. Y tampoco es, ni será un camino de rosas para los trabajadores de la administración: la vuelta a los despachos, a los espacios de siempre, no está exenta de interrogantes. Así que, resumiendo, en este mayo de 2020 y a pesar de todo, el MuVIM y otros muchísimos museos hemos querido y podido ‘izar el pabellón’ en la medida en que ha sido posible. Todo un logro, francamente”.   

  

Nuria Enguita y José Miguel Cortés. Imagen cortesía del IVAM.

“Los seres humanos somos muy olvidadizos”, proclama Cortés. “Si esto se soluciona de aquí al verano será una cosa, pero si en septiembre se produce un repunte y volvemos a encerrarnos será otra. Con la crisis de 2008 ya se habló de cambiar los sistemas productivos y estamos en 2020 y no ha cambiado nada. Tras los atentados terroristas de Nueva York se escribieron centenares de artículos diciendo que ya jamás se construirían rascacielos por el temor de la gente, y nunca se han construido más rascacielos que desde entonces. En la llamada fiebre española de hace un siglo murieron entre 50 y 100 millones de personas y afectó a la gente de entre 20 y 40 años, y quién se acuerda de todo aquello y qué cambió. No es bueno hacer predicciones en caliente”, subraya el director del IVAM, quien tiene previsto para este Día Internacional de los Museos la exhibición de varios videos sobre el tema de los signos, también un diálogo con Nuria Enguita (directora de Bombas Gens) y, con respecto a lo virtual, “tenemos que dar un paso adelante y, para ello, hace falta tiempo y mucho dinero e imaginación para hacerlo posible”, concluye.

Charlotte, obra del artista Iñaki Torres.

Salva Torres

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