Javier Valenzuela. MAKMA

Entre rejas: Javier Valenzuela

‘Pólvora, tabaco y cuero’, de Javier Valenzuela
Huso, 2019
XXXII Semana Negra de Gijón

Debido a los inquietantes testimonios que referían virulentos encomios, siniestras soflamas y ácratas exhortaciones recogidos durante el desenlace crepuscular de la segunda jornada de la trigésimo segunda edición de la Semana Negra de Gijón, MAKMA se ve impelida a interrogar al escritor y periodista garnatí Javier Valenzuela, con motivo de su laringítica e incendiaria presentación de ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019), novela de umbilicales acentos republicanos asentados, “con plomo en las entrañas”, en el luctuoso, gélido y sombrío Madrid de la Navidad de 1936.

Huérfano de flexos y bajo el fulgor desocupado e indulgente de los neones feriales, Valenzuela se persona sardónico y donoso, con paso de hechuras vívidas y bélicas, a media voz de nicotinas pretéritas y corresponsalías comanches, provisto con la osadía rotativa de todos los enveses y el denuedo ineludible de la obra literaria sapiente y joven. Impleméntese preventivo control sobre el subversivo discurso de este individuo aventurado y expuesto.

¿Dónde estaba usted durante la tarde-noche de autos del sábado 6 de julio de 2019?

Se lo confieso, señor comisario, estaba en la Semana Negra de Gijón, pero le juro por la salud de mis hijas que me pagué todos los libros que compré y todas las cervezas que bebí, y, además, también se lo aseguro, todas las cervezas que ingerí eran sin alcohol (contrastar con los encargados vespertinos de la Carpa del Encuentro).

Jose Ramón Alarcón y Javier Valenzuela durtante la presentación de ‘Pólvora, tabaco y cuero’ (Huso, 2019) en la XXXII Semana Negra de Gijón. Fotografía: Mayda Bustamante.

¿Era aún a la luz del día y ante el inquieto público esa presentación de ‘Pólvora, tabaco y cuero’?

Era a la luz del día y no sé si había sido autorizada o no por los responsables gubernativos pertinentes (alzamiento de hombro diestro y siniestro).

¿Confiesa usted haber perpetrado un hallazgo literario ambientado en la Guerra Civil Española?

Sí. Sí, señor comisario, pero yo creía que el delito de decir que los republicanos tenían razón en 1936 estaba prescrito, porque hace ya más de ochenta años del final de la Guerra Civil (tono instructivo y cáustico).

Yo creía que escribir que aquella era gente leal y valiente que defendía la capital de España frente a las fuerzas del general Franco y sus aliados, Hitler y Mussolini, yo creía, se lo juro, que ese delito estaba ya prescrito (reitera, jadeante).

Si hubiera sabido que no se puede hacer, no lo hubiera hecho (contrición dubitativa. Revisar prosodia de la grabación).

¿Mantiene que le han auxiliado en este crimen noir Miguel de Cervantes Saavedra y Benito Pérez Galdós?

Lo confieso. Pero los dos están muertos, señor comisario. Don Miguel –ya sé, ya sé–, no se me escapa que pudo ser un judío converso, y don Benito Pérez Galdós también, que era un liberal republicano, y en el ejemplo de ambos me inspiré. Sí, lo reconozco. Pero, bueno, es gente que ya está muerta, que no hace daño a nadie (parece reportar periferia anacrónica a sus responsabilidades).

¿Ha insinuado en algún momento que es Madrid, de nuevo, ciudad sitiada, como asevera que lo fue en el 36?

No. Ahora la ciudad ha sido tomada desde dentro por los que quizás sean herederos de aquel general Franco y de sus aliados. Han conquistado el poder sin necesidad de bombardearla por tierra, mar y aire, sino ganando unas elecciones. Pero intuyo que vienen a ser más o menos los mismos, solo que en versión 2019, claro. Ahora ya no se lleva lo de las camisas negras y azules y los correajes paramilitares (desliza quebrantado y febril).

¿Ha encontrado usted sospechosos en la presente Semana Negra de Gijón, de la que pretendía huir ahora por ferrocarril?

Sí, estaba llena de sospechosos, de gente que tendría un gran interés para las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y los servicios de inteligencia. Todo gente que escribe un periodismo y novelas negras que son críticas con el sistema y que, verdaderamente, pertenecen a ese gremio que son calificados como «sospechosos habituales».

Ahí estaba, por ejemplo, Alberto Arce, un periodista gijonés que cubrió las guerras y las matanzas de Centroamérica y que, al parecer, en sus artículos y crónicas periodísticas de aquellos sucesos era muy crítico con las organizaciones capitalistas y derechistas que dominan el continente (ufana delación).

¿Corrobora haber escrito usted, y solo usted, un artículo titulado ‘Una España negra como el carbón’ en la revista MAKMA en papel de 2018? En caso afirmativo, ¿suscribe ahora sus palabras?

De haber sabido que eso podía molestar a los que llevan con tanta maestría nuestro país no lo hubiera escrito (analizar en este punto fonética y gesto de aparente contrición). Pero en aquel momento estaba muy impresionado por la cantidad de casos de corrupción que gangrenan nuestra vida política, económica y cultural.

Lo escribí en lo que llamaríamos un arrebato de indignación; así que, aunque tenga que ser condenado en forma de multa e, incluso, de cárcel por esos hechos, creo que tengo el atenuante y hasta el eximente, reitero, del arrebato de ira y de indignación.

El escritor y periodista Javier Valenzuela en la Semana Negra de Gijón. Fotografía: Jose Ramón Alarcón

Jose Ramón Alarcón

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