#MAKMAArte
‘El siglo de Gehry (O século de Gehry)’
Comisario: António Choupina
Fundación Serralves
Dom Joao de Castro 210, Oporto
Hasta el 30 de diciembre de 2026
La Fundación Serralves de Oporto acoge hasta el 30 de diciembre la exposición retrospectiva ‘El siglo de Gehry (O século de Gehry)’. Aunque el desarrollo de esta muestra empezó a realizarse hace dos años, esta se puede entender como el primero de los homenajes que muy probablemente sucederán próximamente tras la muerte del arquitecto en diciembre de 2025.
Comisariada por António Choupina –director de arquitectura de la institución– en estrecha colaboración con Gehry Partners y el respaldo de Gehry, la exposición logra desvestir su figura para revelar aspectos poco conocidos de su proceso de trabajo. Un proceso totalmente artesanal que desemboca, paradójicamente, en edificios construidos con una precisión milimétrica y con los recursos más avanzados de la alta tecnología.
El visitante descubre así que la distancia entre el garabato espontáneo, la maqueta de cartón y la fachada de titanio del Guggenheim de Bilbao forman parte de una manera de hacer que es mucho más interesante de lo que cabría imaginar.
La muestra está instalada en las nuevas galerías diseñadas por el arquitecto portugués Álvaro Siza Vieira, y esta circunstancia añade una dimensión profundamente emotiva al evento. La íntima y duradera amistad entre Gehry y Siza convierte la visita en un encuentro nada casual entre dos de las figuras más influyentes de la arquitectura contemporánea.

Aunque a primera vista sus arquitecturas puedan parecer radicalmente diferentes –una orgánica y expresionista, la otra depurada y esencial–, ambas compartían una obsesión común: el dibujo a mano alzada y el modelado físico de maquetas como herramientas primarias de ideación. Un proceso intuitivo, propio de las disciplinas artísticas, que en su inicio no precedía la conceptualización espacial definitiva.
Las maquetas espontáneas y los bocetos enérgicos del creador canadiense-americano dialogan armónicamente con las líneas depuradas y el movimiento geométrico del contenedor de Siza, y nos acompañan en un recorrido en donde se encuentran dos arquitecturas que armonizan perfectamente.
La exposición, con una estructura muy clara, se articula a través de ocho capítulos temáticos que condensan diecinueve proyectos clave del maestro. Destaca especialmente la exhibición de las maquetas de trabajo: piezas de aspecto artesanal, deliberadamente imprecisas, sobre las que Gehry trabajaba directamente con sus manos, arrugando, cortando, pegando y superponiendo materiales hasta encontrar la forma deseada.
Este material viene acompañado de otras piezas de gran valor documental, como sus dibujos a mano, fotografías de las obras en construcción y vídeos con entrevistas. Lejos de ser una simple cronología de sus proyectos, la exposición se adentra en el interior de una mente que disolvió las fronteras entre en arte, la escultura y la fluidez espacial de un estilo que podíamos llamar Barroco contemporáneo.
El punto de partida de la exposición nos sumerge en los orígenes de su universo formal, destacando la célebre intervención de su propia residencia en Santa Mónica en 1978. Una obra muy polémica que curiosamente le dio su primer reconocimiento mundial. Allí, mediante el uso de materiales industriales de bajo coste –malla de acero, madera contrachapada y chapa ondulada–, Gehry abandonó definitivamente los cánones estéticos del Movimiento Moderno.
A través de los bocetos preliminares expuestos, trazos espontáneos que casi emulan la caligrafía gestual del expresionismo abstracto, el espectador comprende de inmediato que el motor del arquitecto siempre fue la emoción y la libertad creativa sin prejuicios. La casa se convirtió en un manifiesto construido: la arquitectura podía ser frágil, provisional y, sobre todo, profundamente personal.
El núcleo central de la muestra aborda, inevitablemente, los monumentos que redefinieron el horizonte urbano global, incluso social, a finales del siglo XX. Destacan las maquetas a gran escala y los estudios tridimensionales del Museo Guggenheim Bilbao y del Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles. Es un verdadero deleite visual observar de cerca las numerosas maquetas de madera, cartón y láminas metálicas.
Estas piezas atestiguan cómo las formas sinuosas de Gehry, surgieron de una experimentación puramente intuitiva y física antes de ser procesadas por el software digital CATIA aplicado en su origen al diseño aeroespacial. El titanio y el acero, tradicionalmente percibidos como materiales rígidos y fríos, se revelan aquí como lienzos maleables capaces de capturar la volatilidad del tiempo y el entorno.

Cabe celebrar la decisión del comisariado de incluir proyectos menos conocidos o nunca ejecutados, que refuerzan la visión y comprensión del hilo conductor sobre el que se desarrollaba el trabajo de Gehry. Destaca de manera notable el espacio dedicado al Parque Mayer de Lisboa, un ambicioso plan maestro concebido entre 2003 y 2004 que, lamentablemente, quedó sobre el papel.
Para Gehry, este proyecto realizado en la cúspide de su madurez creativa y el hecho de que se exponga con tal despliegue de documentación técnica y maquetas inéditas en suelo portugués son un acto de reconocimiento de su figura que vincula permanentemente su legado al país ibérico.
La museografía consigue transmitir que la arquitectura de Gehry no se limita a grandes envoltorios icónicos, sino que presta atención a la riqueza del espacio interior y a la escala humana. Cada sala invita a reflexionar sobre cómo los edificios pueden funcionar como organismos vivos, donde los vacíos monumentales no aíslan, sino que propician momentos de íntima conexión social y contemplación.
‘El siglo de Gehry’ en la Fundación Serralves es una exposición que trasciende la mera catalogación arquitectónica. Se presenta como una experiencia que nos desvela por qué Frank Gehry transformó la arquitectura en un arte vivo, capaz de convertir lo ordinario en una experiencia espacial diferente. Para cualquier amante del arte, el diseño y la arquitectura, la experiencia de recorrer estas salas disfrutará de una arquitectura que ha entrado con fuerza en el siglo XXI.
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