El hombre que susurraba a la Garbo

Clarence Brown, de Carmen Guiralt
Ediciones Cátedra

¿A quién le suena el nombre de Clarence Brown? Incluso los más avezados cinéfilos desconocen a este director estadounidense que vivió el tránsito del cine mudo al hablado cuya trayectoria ha recuperado Carmen Guiralt en la única monografía que existe en el mundo sobre él publicada por Cátedra. Fascinada por el aura de misterio que rodea a este artista, Guiralt le dedicó su tesis y, tras muchos años de ardua investigación debido a la escasez de fuentes, culminó su estudio que abarca toda su producción fílmica,desde 1915 a 1953, y que lleva por título ‘Clarence Brown’.

Clarence Brown con Greta Garbo, del libro 'Clarence Brown', de Carmen Guiralt, por cortesía de la autora.

Clarence Brown con Greta Garbo, del libro ‘Clarence Brown’, de Carmen Guiralt, por cortesía de la autora.

Descendiente de una estirpe de caballeros sureños, era hijo de un productor de algodón, Brown fue un apasionado de los coches y de la mecánica, estudió ingeniería, pero después fue atrapado por la gran máquina de los sueños en la que se inició de la mano de Maurice Tourneur. «Uno de sus méritos es que fue el cineasta que más veces dirigió a la mítica Greta Garbo», dice Guiralt. «En los años del cine mudo los directores solían comportarse en el plató como auténticos tiranos vociferantes y la Garbo, que era muy tímida y sufría ciertos complejos por sus dificultades con el inglés, agradecía la consideración sureña de Brown, que le susurraba discretamente al oído las instrucciones en vez de gritarle».

Brown fue el artífice de títulos clásicos del cine americano: ‘Flesh and the Devil’ (1926), ‘Anna Karenina’ (1935), ‘National Velvet’ (1944) y ‘The Yearling’ (1946). Además de dirigir a Greta Garbo más veces que ningún otro director, consiguió la interpretación más veraz de Rudolph Valentino en el que está considerado por muchos su mejor film, ‘The Eagle’ (1925). También dio su primera gran oportunidad a Clark Gable en ‘A Free Soul’ (1931) y a James Stewart en ‘Wife vs. Secretary’ (1936). Realizó la película que convirtió en estrella a Elizabeth Taylor, ‘National Velvet’. Asimismo, está acreditado por la adaptación más fiel y sobresaliente de William Faulkner en la pantalla con ‘Intruder in the Dust’ (1949), uno de los primeros largometrajes antirracistas de Hollywood.

Carmen Guiralt. Imagen cortesía de la autora.

Carmen Guiralt. Imagen cortesía de la autora.

«El objetivo de mi libro es doble», dice Guiralt. «Por un lado, subsanar numerosas ideas preconcebidas y erróneas que existen sobre la obra de Brown, pero también descubrir al ‘otro Brown’, al de sus modestas realizaciones en Universal y al de sus desconocidas cintas de Americana. Su vigencia hoy día es plena, por numerosos aspectos y en más de un sentido. Su asociación con las grandes estrellas de su época constituye un gran atractivo. Como ya he señalado, fue el cineasta que más veces dirigió a Greta Garbo, pero también a Joan Crawford, a la que guió en el mismo número de ocasiones que a Garbo. Ambas actrices representaron siempre papeles de mujeres fuertes e independientes, mujeres de gran valentía y determinación, caracterizadas por su sinceridad, fortaleza y capacidad de enfrentarse a la adversidad. En contraste, los personajes masculinos de sus filmes son a menudo cobardes, débiles, egoístas, mentirosos, insignificantes o simplemente mezquinos. Podemos afirmar que su obra refleja  un fuerte posicionamiento feminista».

Portada del libro.

Portada del libro.

Otros aspectos interesantes de su filmografía son las técnicas novedosas de sus películas con las que se anticipó a otros pioneros del séptimo arte, pues su cine presenta abundantes dispositivos considerados insólitos para la época. Licenciado por The University of Tennessee, Knoxville, con una doble titulación en ingeniería, Brown fue un apasionado de la maquinaria, la técnica y las innovaciones tecnológicas. Esto no solo garantizó su éxito en la transición del mudo al sonoro, sino que con anterioridad, desde su época silente, sus películas se caracterizan por un gran virtuosismo técnico. Fue proclive a la realización de largos y complicados movimientos de cámara, generalmente travellings, con maquinaria diseñada por él mismo. Son especialmente significativos ‘The Eagle’ (1925) y ‘Anna Karenina’ (1935), filmes de los que Brown explicó cómo ideó la maquinaria específica para lograr determinadas tomas largas en encuadres móviles.

Clarence Brown. Imagen del libro que lleva su nombre, escrito por Carmen Guiralt. Imagen cortesía de la autora.

Clarence Brown. Imagen del libro que lleva su nombre, escrito por Carmen Guiralt. Imagen cortesía de la autora.

Bel Carrasco

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