El academicismo pasional de Vicente Rodes

Vicente Rodes. El estudio del natural
Museo de Bellas Artes San Pío V
Calle San Pío V, 9. Valencia
Hasta el 8 de septiembre de 2019

“Su fama es brutal como retratista”, subraya Pilar Tébar, comisaria junto a Sergio Pascual de la exposición Vicente Rodes. El estudio del natural. El Museo de Bellas Artes acoge la muestra, casi un siglo después de la única monográfica dedicada a su pintura realizada en Valls (Tarragona) en 1926. “Ha pasado desapercibida su obra”, recalca Tébar, empeñada en relanzar el trabajo de Rodes, cuyo busto figura en la fachada del Parlamento de Cataluña, donde goza de gran consideración, a pesar del extensible vacío expositivo de su producción. Castellón, ahora Valencia y después Alicante empiezan a llenar ese vacío con esta muestra itinerante.

Un total de 75 obras, en su mayoría retratos, integra la exposición organizada por el Consorcio de Museos de la Comunitat Valenciana, en la que colaboran diversos museos e instituciones públicas. La muestra tiene un elocuente subtítulo: De la Academia al Romanticismo. Denominación que viene a subrayar ese trasvase de estilos en la producción de Rodes: “Es más valiente en los retratos, más libre, que en los óleos”, señala Tébar, sin dejar de subrayar su enorme talento para el dibujo. Talento que iba unido a la rapidez y calidad con la que trabajaba.

Vista de la exposición de Vicente Rodes. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Valencia.

De hecho, la exposición recoge en el fragmento de un artículo de Maurici Serrahima la siguiente e ilustrativa anécdota: “Corría por Valencia durante la guerra de los franceses, y cuentan que se valía de su prodigiosa facilidad para hacer retratos al minuto de los oficiales del ejército, que cobraba a tres pesetas”. Tébar recuerda que Rodes fue de los primeros que tuvo una cámara de daguerrotipo: “Pienso que se debía a que le gustaba captar la inmediatez, por eso las obras en pastel son para mí mucho mejores que los óleos. Esa inmediatez del pastel es lo que le atrae luego de la fotografía”.

Hay referencias a Dominique Ingres (“era un admirador” del pintor francés) y a Théodore Géricault, que la comisaria ve claramente en el cuadro de una de las grandes damas retratadas. Esa “captación del complaciente orgullo burgués de los retratados”, junto a “la introspección psicológica de los personajes” es lo que acerca su obra “a los retratos de Géricault”. También a Ingres, de quien se recoge una cita sin duda próxima al sentir del propio Rodes: “Consigamos unos ojos que miren bien, que miren con sagacidad… El arte nunca llega a un grado de perfección más elevado que el que alcanza cuando se parece a la naturaleza y por el que se le puede confundir con ella misma”.

Una de las obras de Vicente Rodes. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Valencia.

Vicente Rodes, en una carta a su alumno Claudio Lorenzale, diríase que prosigue por su cuenta esa reflexión de Ingres cuando dice: “Bueno es oír y ver, pero hacer lo que la abeja, que saca la miel de la flor amarga”. Y añade: “Fórmese usted original por lo que le sugiera la verdad, que es esto el verdadero camino, lo demás son cavilaciones y la perdición de muchos talentos”. Su dedicación al dibujo y a extraer de él esa verdad aludida fue constante a lo largo de una producción ahora rescatada del olvido por Pilar Tébar y Sergio Pascual: “Ahora hay gente que se ha enterado de la exposición y está dando lugar a la aparición de nuevos Rodes”, remarca la comisaria.

Vicente Rodes, El estudio del natural muestra óleos sobre lienzo, tintas y aguadas sobre papel y, sobre todo, sus prodigiosos pasteles. “Primero hacía el pastel y luego, aunque no siempre, los óleos, que son de formato más grande y que coge ya al retratado en tres cuartos. Los pasteles son cabezas de frente y no incluían por lo general las manos. Y muchas veces el fondo es seda, de manera que el pastel sobre seda es ya muy delicado”, explica Tébar. En los bocetos de Rodes dice que hay “un interés por conseguir el dominio de los tejidos, las posturas, las expresiones gestuales y faciales que roza lo obsesivo”.

Uno de los desnudos académicos de Vicente Rodes. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Valencia.

Esa obsesión adquiere rasgos diferentes cuando se trata de un desnudo académico que cuando se lanza en busca de una mayor hondura expresiva. “En los desnudos académicos el trazo es fino y continuo”, que viene a guardar relación con la “finitud de los cuerpos”, mientras que en las obras de corte más religioso “el movimiento de las composiciones determina una ocupación menos continua del trazo”, ligado en este caso con la “estética tardo barroca”. Según Tébar, “es más romántico al final” de su obra.

Rodes fue alumno de Vicente López [pintor español del neoclasicismo], recuerda la comisaria, lo cual se ve en “las carnaciones y en cómo trabaja la mirada”. El desnudo, aunque aparece en la muestra, fue algo que, sin embargo, no trabajó tanto, “quizás en sus años de formación, de ahí que los hayamos reunido bajo el título de Academia, y donde aparecen esas extrañas bolsas escrotales que estaban entonces de moda”.

Las obras de Rodes, aunque todavía insuficientemente conocidas, salen a subasta “y se venden bastante bien”, destaca Tébar, para señalar a continuación que dos de las últimas las ha comprado el Museo del Romanticismo [de titularidad estatal y ubicado en Madrid] “que no tenía obra de Rodes”. La exposición del Museo de Bellas Artes ayuda, en este sentido, a seguir impulsando su trabajo y a ofrecerlo de una forma atractiva. “Hemos hecho un montaje como muy elegante. No te aburres de ver los retratos”, concluye la comisaria.

Una joven ante algunas de las obras de Vicente Rodes. Imagen cortesía del Museo de Bellas Artes de Valencia.

Salva Torres

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