Disgraceland, The Orwells

Disgraceland, THE ORWELLS, 2014

Lo avalaban su disco anterior “Remember when” del 2012 (quien no haya escuchado «Mallrats la la la» se está perdiendo un temazo punk-rockero de un par de cojones) y los EP’s del pasado 2013 “Other voices” y “Who needs you”. Las expectativas creadas hacia estos jovenzuelos de Illinois (Chicago) han sido superadas. Se puede decir ya alto y claro que estamos ante uno de los discazos de guitarras más interesantes de este 2014, uno de esos escasos artefactos sonoros que consiguen regenerar la media juvenil del panorama roquero internacional con calidad, dignidad, actitud e incluso algún brote de originalidad que los identifica a base de potencia y de un desparpajo tan natural como inusual. Bendita esta “Disgraceland” que lo veo muy, muy por encima de abundantes y cacareados productos indies con alguna connotación similar pero que al final resultan dichos productos para cuatro telediarios, es decir, material de usar y tirar, pan para hoy y hambre para mañana.

Portada completa del disco

Portada completa del disco

Lo tienen todo, desde un carismático y extravagante líder Mario Cuomo hasta cuatro fieras de mozalbetes acompañantes que consiguen dotar a la banda de un sonido implacable, energético, sin misericordia, con un potencial enorme, a mi gusto, insisto, de lo mejorcito que ha salido en las últimas hornadas de los últimos años, se dice pronto.

Entre los temas que se incluyen conocíamos algunos como ese trallazo descomunal titulado “Blood bubbles”, incluido en el mencionado “Other voices”, o la irresistible “Who needs you”, a medio camino ambas entre Kings of Leon, Weezer, Black Lips, los primeros Strokes o The Vaccines pero que por supuesto son herederas de clásicos del pop-rock alternativo, del garage o del punk.

El anticipo oficial del nuevo disco de THE ORWELLS fue en marzo del año en curso con el videoclip de “Let it burn”, un tema que posee ese cautivador sonido que rememora lo más granado del punk-rock con ramalazos que podrían recordar a Stiv Bators y sus Dead Boys entre otros. Todo hacía presagiar que se avecinaba algo grande. Un mes después se presentaba el tema con el que abren fuego en el disco, “Shoutern confort”, auténtico pelotazo de punk, de underground americano y de new wave ochentera, y que nos evoca lo más selecto de las guitarras noventeras pero que a buen seguro tiene la bendición de los fans de Buzzcocks, de los de Long Ryders o de los de Dream Syndicate.

La contudencia y el ímpetu se ve rubricada además en un paseo por las catacumbas del rock. “The righteous one” ha sido elegida como primer single, se trata de un latigazo que podría contar con el visto bueno de Kurt Cobain o de Black Francis. Idem de lo mismo ha sido para “Dirty sheets”, obús sónico seleccionado como segundo representante promocional del álbum.
Más desaliñados himnos guitarreros que golpean el cerebelo son “Bathroom tile blues” y su pop adictivo, “Gotta get down» como la mejor descendiente de los duendes malévolos del rock (los Pixies, claro), “Norman” cuyas guitarras me recuerdan y mucho el “Psychocandy” de los hermanos Reid, la arrolladora “Always n forever” o ese insuperable cierre vertiginosamente powerpopero de “North ave”.

No es más de lo mismo, no es un coñazo aburrido y repetitivo, es punk-rock alternativo muy bien ejecutado. Beber, follar y rocanrolear, la típica mierda de siempre que nunca muere. “Disgraceland” posee ingenio, homogeneidad y mucha consistencia.

The Orwells

The Orwells

Señoras y señoras, jóvenes, jovenzuelos y jovenzuelas del mundo, atención a The Orwells y a su flower-punk porque llegan dispuestos a regenerar el circuito neuronal, tan necesitado de verdadera renovación como de certera rehabilitación. Aquí se podría evocar aquella frase de Ruben Darío que decía «juventud, divino tesoro…»

Juanjo Mestre

http://woody-jagger.blogspot.com.es/

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