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Compromiso, igualdad y arte en Mislata

“Premios de adquisición Mislata 2017. Compromiso social en las artes visuales”
Biennal de Mislata Miquel Navarro. Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Mislata
Artistas participantes: Rosalía Banet, Gabriela Bettini, María Carbonell, Diego Diez, Manuel Antonio Domínguez Gómez, Sandra Paula Fernández, María Gimeno, Andrea Hauer, Sonia Navarro y Gema Rúperez.
Comisariada por Alba Braza.

Hasta el 31 de enero de 2018 en la Sala de exposiciones del Centro Cultural de Mislata
Abierto de lunes a viernes, de 16 a 21 h.

La exposición reúne las diez obras seleccionadas en la convocatoria “Premios de adquisición Mislata 2017. Compromiso social en las artes visuales” organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Mislata dentro del ámbito de la Biennal de Mislata Miquel Navarro. Dos de ellas, “El banquete hambriento 3” de Rosalia Banet y “Enfermera” de Sandra Paula Fernández, han recibido el premio de adquisición con 7.000 y 6.000 euros respectivamente. El resto de obras han recibido 250 euros en concepto de honorarios de artista.

Siguiendo el tema establecido en la convocatoria, el compromiso social vinculado a la igualdad de género, la exposición tiene como objeto ser una muestra representativa de los planteamientos actuales en torno a esta cuestión y ofrecer una mirada inclusiva y provocadora. Se resaltan así situaciones de desigualdad social, la lucha por la igualdad real que desde diferentes colectivos activistas se está llevando a cabo en el mundo, y una visión crítica y reflexiva sobre los estereotipos de género, tanto femenino, como masculino.

María Gimeno (Zamora, 1970) introduce la situación de desigualdad en el campo profesional del mismo contexto artístico. Queridas viejas, editando a Gombrich, es un libro intervenido durante una performance realizada anteriormente, la cual se muestra en forma de vídeo junto con éste. El libro en cuestión es la conocida Historia del Arte de Ernst Gombrich, un manual de referencia que desde su primera edición en 1950, ha vendido más de 8.000.000 ejemplares en todo el mundo, y en el que no se menciona a ni una sola mujer artista en toda la historia. A golpe de cuchillo, Gimeno engorda el libro incluyendo las mujeres creadoras invisibilizadas tanto en la edición, como en la transmisión de conocimientos de la historia.

María Carbonell (Molina del Segura, 1980) muestra con Our Body, our Fight (Nuestro cuerpo, nuestra lucha) la lucha activa de las mujeres por conseguir sus derechos. La pintura al óleo narra tres componentes del grupo feminista y activista FEMEN en plena carrera atlética. Dicho grupo se caracteriza por utilizar su propio cuerpo como forma de protesta en el que escribir consignas de protesta, buscando con ello el impacto social y simbolizar la liberación femenina. Una lucha por la igualdad de género real que, si bien ha permitido adquirir derechos elementales, manifiesta que tiene aún un largo camino por recorrer.

Gabriela Bettini (Madrid, 1977), refleja con Paisajes de excepción una investigación centrada en desapariciones y asesinatos de mujeres defensoras de la naturaleza, fundamentalmente en América Latina. Representa una esquina del estudio de la artista donde hay dispuestos distintos paisajes pintados a partir de imágenes encontradas en Internet de lugares donde han matado a mujeres defensoras de la tierra. Otras imágenes aparecen en portadas de páginas web de empresas transnacionales extractivistas que explotan los recursos naturales en esos lugares y que publicitan una actitud de respeto a la naturaleza y de colaboración con las comunidades.

Gema Rúperez. Missed call, 2016-2017. instalación: hojas de periódico intervenidas, teléfono, vídeo-registro, Medidas variables (vista parcial). Foto: Kike Sempere

Gema Rúperez. Missed call, 2016-2017. instalación: hojas de periódico intervenidas, teléfono, vídeo-registro, Medidas variables (vista parcial). Foto: Kike Sempere

Las diferentes luchas por los derechos narradas por estas tres primeras obras conviven con otros relatos en los que el cuerpo actúa como sujeto de la tensión. Gema Rupérez (Zaragoza, 1982) contrapone en Missed call la poesía, inmortalizada en libros, con su contrario simbólico en el imaginario colectivo, la prostitución, sometida a la invisibilidad.

La artista publica en la sección de contactos de un diario local versos extraídos de poemas de amor escritos por mujeres reconocidas documentando con una cámara oculta e incluyendo dicho vídeo en la instalación. Los anuncios están asociados a un número de teléfono, un móvil activo que se expone, recibiendo y registrando las llamadas de números desconocidos, en tiempo real.

Asimismo, Sandra Paula Fernández (Oviedo,1972) con Enfermera, obra que forma parte del proyecto Arte Público: la vida no sólo es coser y cantar, hace uso de labores tradicionales como coser, tejer o bordar, tradicionalmente asociadas a lo femenino y ligadas al ámbito de lo privado y lo doméstico, produciendo anuncios de periódicos y de páginas web de contactos reales en gran formato. Respetando ortografía y el formato el texto, que se caracteriza por su ironía, y mostrándolo en gran tamaño se intensifica la carga sexista de los mensajes.

El cuerpo cosificado que invita a la reflexionar sobre los estereotipos de género, tal y como Manuel Antonio Domínguez Gómez (Huelva, 1976) trata en Más adelante. Su obra es una acuarela que ofrece nuevas lecturas sobre entornos sociales y culturales estableciendo mediante la diversidad vínculos con el otro y consigo mismo. Se cuestionan actitudes dominantes respecto a la sexualidad y se reconsidera la educación y su importancia en la formación de las identidades sexuales y de género. La utilización del traje de chaqueta, de la uniformidad en algunos sectores o el poder constructor de la vestimenta, plantea una revisión de las formas de poder que se ejercen directamente sobre los cuerpos y que desencadenan comportamientos de inculcación y asimilación.

Igualmente Diego Diez (Barcelona, 1994) aborda en Prendas del poder I un análisis a través de la moda de la posición que adopta la mujer ante los cánones de belleza y estilo esperados por una sociedad heteropatriarcal como la actual. Así, mediante cincuenta fotografías extraídas de Internet de mujeres que, según Forbes, son las más importantes y poderosas del mundo, muestra sus poses encuadrando sus piernas y enseñando, sobretodo, su falda. Toda una reflexión sobre la figura de la mujer en un mundo económico y político frecuentemente dominado por hombres.

La labor de coser y bordar aparece desde diferentes enfoques en la exposición. Sonia Navarro (Puerto Lumbreras, 1975) propone Luci in the Escai 1, una obra realizada a base de collage de PVC cosidos. Las formas reunidas recuerdan tanto posibles recorridos en planos de ciudades, espacios urbanos plasmados cartográficamente, como patrones de costura elemento muy presente en la obra de la artista y encuadrado en un discurso de género que liga íntimamente la práctica del coser a los femenino y doméstico.

Por otro lado, Andrea Hauer (Concepción, Chile, 1974) hace uso de la misma técnica en Living, obra que pertenece a la serie Hogar Dulce Hogar y que nace como reacción al cambio vital que vive la artista al ser madre y tener que quedarse en casa y al cuidado de sus hijos. Estas nuevas obligaciones le hacen tomar conciencia de cómo ha sido delimitado el papel como mujer en la sociedad, de cómo la educación ha considerado “naturales” unos comportamientos subjetivos fruto de la construcción social. De cómo la mujer es usada por el sistema como mano de obra no remunerada y cómo ese trabajo diario es invisibilizado e infravalorado. A nivel plástico, utiliza la costura como técnica por cuestiones prácticas (no huele, no es peligrosa para niños, se puede hacer en cualquier parte) y por sus connotaciones de género, que la inscriben como un método tradicional femenino y casero. Así, asume la costura como un lenguaje propio, pues la artista aprendió a coser y a escribir casi al mismo tiempo, y la utiliza como un acto de transgresión y resistencia frente a técnicas tradicionales dentro de las bellas artes.

Rosalía Banet. El banquete hambriento 3, 2010. Óleo sobre lienzo. 180 x 130 cm

Rosalía Banet. El banquete hambriento 3, 2010. Óleo sobre lienzo. 180 x 130 cm

La transgresión y la voluntad por mostrar los conflictos surgidos fruto de los convencionalismos sociales creados está patente en la obra de Rosalía Banet (Madrid, 1972), El banquete hambriento 3. La pieza, realizada en óleo sobre lienzo, pertenece a un proyecto que narra la vida de dos hermanas siamesas a través de diferentes rituales sociales relacionados con la comida (cumpleaños, navidad, meriendas y cenas con amigos, etc.). Este personaje duplicado representa una identidad doble, significa la diferencia entre lo que la sociedad nos dice que debemos ser y lo que en realidad somos y queremos ser. Sobre la mesa de este banquete no encontramos fruta ni verdura, sino fragmentos humanos. Cabeza, corazón y huesos que simbolizan la fractura, el conflicto que esta diferencia genera; el dolor y el miedo que produce; pero también funcionan como purga, sacando al exterior el interior, las vísceras se exponen ante nosotros como forma de mostrar la herida, de curarla. A pesar de la crudeza de su contenido, la obra tiene una estética dulce y alegre, pues refleja la sociedad de consumo como un sistema caníbal que bajo la apariencia de felicidad e hiper-abundancia genera y esconde desigualdades, prejuicios y otros horrores. Más allá de lo puramente nutricional, los alimentos que ahora nos llevamos a la boca están cargados de ideologías, identidades, creencias, etc. que manipulan nuestros deseos y nuestros miedos, condicionando y confundiendo nuestro pensamiento, de tal forma que cuando comemos un producto también ingerimos grandes una forma de pensar, una visión unidireccional e intencionada de nuestro entorno y de cómo debemos comportarnos. El banquete hambriento 3 se ha desarrollado a partir de una pequeña maqueta con personajes y comida de plastilina, fotografiada y posteriormente ampliada sobre la tela.

Imagen de portada: María Carbonell. Our Body, our Fight, 2017. óleo sobre lienzo, 195 x 195 cm Foto: Kike Sempere

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