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bibrramblabookburning en Granada

Rogelio López Cuenca. Bibrramblabookburning
Plaza de Bibarrambla, Granada
De noviembre 2014 a marzo 2015

La plaza de Bibarrambla (Birrambla o Bib-rambla: de Bab-ar-ramla[1], Puerta del Arenal) ocupa un espacio central en el imaginario de Granada –de la propia ciudad acerca de sí misma más que de aquel construido hacia afuera y marcado por una visualidad cargada de exotismo romántico y de preferencia orientalizante–.

Tras la conquista cristiana, Bib-rambla sería escogida, a pesar de sus reducidas dimensiones pero a causa de su excelente ubicación –al lado del mercado y la Madraza y la Mezquita Mayor– como espacio idóneo para ejercer el papel de plaza mayor, por lo que conocerá sucesivas ampliaciones ya desde 1495, en que se derribaron casas y se construyeron en ella nuevos edificios.

El modelo de plaza mayor castellana constituye el núcleo fundamental de la vida urbana, un espacio emblemático en el que se concentran elementos clave de los poderes civiles, como la residencia del corregidor –el representante de la Corona en la ciudad–, o la de destacadas familias de la élite local, así como las casas del cabildo –símbolo de la autoridad de esa oligarquía–, o del poder eclesiástico. En Bibarrambla se van a encontrar el edificio consistorial de la Casa de los Miradores, otra casa de la Universidad y el Palacio Arzobispal junto a edificios más explícitamente vinculados al control y la represión, como una casa de la Inquisición o la Cárcel Real.

La plaza, rodeada de ventanas y miradores privilegiados, se convierte en el teatro principal de las más importantes manifestaciones públicas, celebraciones sacras o profanas de exhibición, de ostentación, de propaganda y de fomento de fidelidades: juegos ecuestres, de toros y cañas, procesiones, el Corpus, recibimientos de arzobispos, proclamaciones regias, ejecuciones públicas y autos de fe. Es el espacio ritual por excelencia, un dispositivo capital de difusión del programa ideológico de la monarquía católica y las élites locales.

Uno de los más célebres autos de fe celebrados en Bibarrambla tiene lugar en una imprecisa fecha entre finales de 1499 y principios de 1500, cuando el cardenal Cisneros, en palabras de su amigo y biógrafo Juan de Vallejo, «para desarraygarles del todo de la sobredicha su perversa y mala secta, les mandó á los dichos alfaquís tomar todos sus alchoranes y todos los otros libros particulares, quantos se pudieron aver, los quales fueron más de IIII ó V mill volúmines, entre grandes y pequeños, é hazer muy grandes fuegos é quemarlos todos».

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

La destrucción por el fuego, de entre «tres o cinco mil volúmenes», no fue ni de lejos el más cruel de los acontecimientos de que fue testigo Bibarrambla –que se llamó también arco de las Orejas y puerta de las Manos, porque en ella se exhibían, según se dice, los miembros mutilados de los ajusticiados–, ya que era el escenario preferido para el ahorcamiento público. La pena de muerte se aplicaba con largueza, y el patíbulo reunía a verdaderas masas de curiosos espectadores. En todo ello hay una correlación; dejó escrito Heinrich Heine que «donde se queman libros, pronto acabarán quemando también a seres humanos», casi cien años antes de que, en pleno ascenso del nazismo, en 1933, su propias obras ardieran, junto a otros veinte mil volúmenes, en Berlín, primero en la Opernplatz, delante de la Universidad Humboldt, e inmediatamente en más de veinte universidades más a lo largo de toda Alemania. El gesto, que sería repetido luego en el Madrid del año 39 y en el Chile del golpe militar de Pinochet, provocaría un comentario irónico de Freud, cuyas obras también ardieron en la pira: “Cómo ha avanzado el mundo, en la edad media me habrían quemado a mi”. No se puede evitar la imagen de los hornos crematorios y los campos de exterminio. Tampoco el primer emperador y unificador de China, Quin Shi Huang (el mismo que enterró para que vigilaran su mausoleo a miles de guerreros de terracota) se paró en demasiadas distinciones a la hora de quemar sean libros, sean personas. Algo en que alcanzará, como es sabido, eminencia la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, y donde destaca la especial persecución de las mujeres, que Silvia Federici relaciona con la aparición en Europa, en los albores de la Edad Moderna y los inicios del capitalismo, de una nueva división del trabajo que condenó a las mujeres al confinamiento en el dominio del trabajo reproductivo; uno de los periodos más sangrientos de la historia más sórdida de Europa: cuando para escapar a la tortura, las condenadas se suicidaban, los cadáveres eran igualmente quemados en la pira.

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

Proyecto Bibrramblabookburning, en Granada

El siglo XX ha sido especialmente devastador en cuanto a destrucción de libros y bibliotecas (las últimas, la de Sarajevo, la de Bagdad, la de el Cairo) pero en esto no hace sino continuar una estela de infamia en la que se destacan la falò delle vanità de Savonarola o la quema de códices mayas y aztecas por los piadosos frailes españoles. A lo largo de esta historia de vergüenza han sido condenados a la hoguera desde libros religiosos y novelas, a ensayos y tratados políticos, y hasta tebeos. O bibliotecas enteras. Atribuye la leyenda –sin mucho fundamento, la verdad- al califa Omar la decisión de quemar la biblioteca de Alejandría (que ya había sido incendiada anteriormente por Julio Cesar, en el 48 a. C.) con el siguiente argumento: “si se trata de libros que coinciden con lo que dice el Corán, son inútiles puesto que lo repiten, y si dicen otra cosa, serán malos, luego quemémoslos todos”.

La quema de libros hoy nos repugna como algo abominable, lo mismo que un degüello o una lapidación. Solo minorías de fanáticos celebran tales actitudes. El secuestro o la desaparición forzada de la memoria, su depauperación, su desprecio y su trivialización, la deliberada construcción sesgada de las identidades, la invención de la tradición, su mixtificación, el control y la manipulación del archivo, el culturicidio, se ejecutan mediante otros procedimientos menos aparatosos. Los planes de exterminio no arrasan y exterminan sino en casos extremos, en los límites, en las fronteras donde se levantan –como la Gran Muralla de Quin Shi Huang- las murallas de la fortaleza de la banalidad. Como ha dicho Ray Bradbury, el autor del personaje del bombero pirómano en su novela distópica Fahrenheit 451: «No es necesario quemar libros para destruir una cultura. Basta con que la gente deje de leer».

 «No es necesario quemar libros para destruir una cultura. Basta con que la gente deje de leer»

«No es necesario quemar libros para destruir una cultura. Basta con que la gente deje de leer» Ray Bradbury en Fahrenheit 451

No hay piras en las plazas, ni cadalso; el orden se impone por otros medios, por otros miedos: la lógica neoliberal aplicada a la ciudad provoca la mutación de la plaza. Un espacio intermedio, de mezcla, de usos múltiples, pasa a serlo de uso único; privatiza un recurso público, lo homogeniza para su explotación mercantil y lo tematiza en torno al tópico. Las marcas comerciales se adueñan del espacio. No hay más que una elección: pasar de largo o consumir. Muy revelador de la restricción de usos a que Bibarrambla ha sido sometida es el hecho de que el más significativo acto de recuperación del espacio público por parte de la ciudadanía en los tiempos recientes, el movimiento del 15-M en 2011, un espacio de tan marcado valor simbólico no fuera elegido ni utilizado como lugar de acampada.

Salvo interrupciones como la señalada, la ciudad, integrada en la industria del consumo cultural, se reduce a su imagen, a sólo imagen, y a una ajustada a las pautas de simplificación del tópico como objeto del turismo de masas, especializada y sintetizada en su peculiaridad, y a la vez sometida a las exigencias de estandarización del consumo masivo: la ciudad, mero espacio comercial. Los excluidos globales y los locales son uno y el mismo: los desconectados del consu(mis)mo disciplinante, los insolventes.

Rogelio López Cuenca MAKMA

Con bibrramblabookburning planteamos un proyecto de intervención temporal en este significativo espacio público, en este depósito de memorias, con la intención de hacer hablar al lugar, de introducir el debate e introducirnos en él, insertándonos en la tradición otra de la plaza, la de su tráfago cotidiano –la de su condición de múltiple y poliédrica–; en su polifonía disonante que en ningún momento se ha logrado someter a la univocidad, al sueño unísono del control absoluto; incluso en el corazón de las celebraciones oficiales –el carnaval, las sátira irreverente de las carocas, el latido de la sumisión fingida del discurso subalternizado.

El proyecto se desarrollará entre los meses de noviembre de 2014 y marzo de 2015, mediante la inserción de una cartelería específicamente concebida para ocupar los espacios originariamente destinados a albergar publicidad comercial de un kiosco central de Bib-rambla. Proponemos crear una suerte de monumento efímero que, a lo largo del tiempo de duración del proyecto y a través de la cambiante, intermitente  instalación de imágenes y textos –como un libro también, una especie de novela por entregas– plantee un diálogo con los lectores, habituales o esporádicos, con los paseantes, con los vecinos y con los turistas, y con el lugar mismo, con su pasado y con su actualidad, con nuestro inevitablemente compartido tiempo presente.

Rogelio López Cuenca 2 MAKMA

Rogelio López Cuenca / Elo Vega

 


[1] Vamos a utilizar indistintamente una u otra denominación, como reflejo de la diversidad de transcripciones y pronunciaciones a partir del nombre árabe original.
También como alusión a la multiplicidad de valores, usos y significados de la plaza.Integrando en el título el inglés, como lengua patrón global de la experiencia turística.Y en minúscula, en referencia a la dimensión cotidiana, doméstica, del espacio.Y de corrido, como de ordinario se habla.

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