“La gente no busca lo bueno, busca un libro de Tweets”

Del Silencio, Lara Peiró Agüera
Ilustraciones de Mebekha
Ediciones En Huida

El mundo de la poesía está en constante cambio, lejos quedan ya los enmudecidos ecos de la obra de Rosalía de Castro o de Zenobia Camprubí poetisas hoy olvidadas por una sociedad que ansía la inmediatez y opta por las frases breves y los mensajes claros. Hoy por hoy, todo lo que ha de ser dicho parece caber en un Tweet. En las antípodas de estas realidades, jóvenes poetisas como la valenciana Lara Peiró Agüera (Valencia, España 1994) son paradigma de una poesía intimista, y en muchas ocasiones desgarradora que ahonda en las complejidades del estar, el vivir y el callar.

Redactora Jefa de Le Miau Noire, Lara es autora de “Los días no vividos” su primer poemario y termina de publicar “Del Silencio”, su segunda obra que ya ha presentado en Valencia y que pasará por Málaga y Madrid en los próximos meses. Poetisa y traductora literaria asentada en Valencia con la mitad de su corazón en Berlín, atesora una prometedora trayectoria en la que destacan diversas publicaciones en revistas digitales y portales web.

Lara Peiró. Fotografía de Javier Gincas

Lara Peiró. Fotografía de Javier Gincas

¿Por qué en poema ?

La poesía es personal, para mi es un modo de alivio. La poesía me viene puede que sea porque leo más poesía que narrativa, aunque estoy intentando cambiarlo. Yo desde muy pequeña he leído poesía, en especial la del siglo de oro. Cuando vivía en Berlín conocí a Fany Rubio que cogió esa “libretita” que yo no enseñaba a nadie, leyó mis poemas y me motivó a seguir redactando, ahí pensé que aquello que escribía era poesía.

¿Podríamos admitir entonces que la poesía es tu medio?

Si, estoy más a gusto en poesía que en narrativa por supuesto. Escribo mucho de noche, a veces me levanto, comienzo el verso y no me voy a dormir hasta que no acabo el poema. Hay poesía y “poesía”, la gente cree que lo que se vende hoy es “poesía” y cultura, pero no se vende poesía. No es que sea crítica sino que en muchas ocasiones los libros no tienen poemas, sino frases, tweets, si cuentas los caracteres son los mismos de un tweet. La poesía la estamos matando nosotros. Me considero una afortunada de tener dos libros publicados.

¿En qué se distingue “Del silencio” de tu primer poemario?

Con “Los días no vividos” yo estaba viviendo en Berlín, vine lo presenté y todo se tramitó desde Berlín, era algo nuevo y yo no era consciente de lo que estaba pasando. Ediciones En Huida fue la única editora a la que le presenté el manuscrito y no se planteó si tenía un numero determinado de seguidores en Instagram. “Los días no vividos” fue algo más espontáneo, “Del silencio” ha sido todo lo contrario, son poemas que he dejado reposar, los he leído y vuelto a leer, los he reescrito en muchas ocasiones.

Los días no vividos hacen referencia a Berlin, yo allí era feliz pero me comía mucho la cabeza en plan: yo estoy aquí soy feliz pero siento que me estoy perdiendo un montón de cosas en Valencia. Pensaba: “me estoy perdiendo un montón de cosas por estar haciendo aquí lo que yo quiero en realidad”.

La diferencia entre ambos poemarios radica en la madurez, en “Los días no vividos” yo no era consciente de que estaba haciendo un libro. “Del silencio” es un libro maduro producto de muchas lecturas e influencias, los poemas están mucho mejor estructurados, guardan un lenguaje más cuidado, aunque convino partes con un lenguaje más vulgar que pretenden despertar al lector. En sí es un libro para el que he trabajado mucho, ha sido el producto de un año entero en el cual algunas partes del libro han permanecido en un cajón, sin que las leyera nadie.

Yo he cambiado mucho, si lees los dos libros te das cuenta de que son dos poetisas totalmente distintas. El primero es una poesía más adolescente, son voces distintas, una más infantil y otra más madura, supongo que eso es lo bonito de seguir escribiendo.

“Del silencio” y “Los días no vividos”. Fotografía cortesía del autora.

“Del silencio” y “Los días no vividos”. Fotografía cortesía del autora.

¿A quién van dirigidos los poemarios?

Hoy por hoy, considero que los poemas de “Los días no vividos” pueden agradar a los más jóvenes que se pueden sentir identificados con algunos poemas. Mi poesía no es difícil de leer, “Del silencio” va dirigido tanto a jóvenes como adultos pero no a un nivel adolescente, de hecho casi nunca escribo del amor, si escribo del amor hablo de un amor maduro.

¿Qué motivó la redacción de este segundo libro de poemas?

Empecé a escribir muchos poemas hasta que me di cuenta de que sí que había como una temática en torno a la casa y el silencio. Estaban muy estructurados aunque no me considero metódica para escribir poesía. Los poemas guardaban una temática parecida, dentro de una estructura que parecía seguir una historia. Al juntarlos me salieron las tres partes del libro en torno a la casa, la habitación y el silencio. Aun así yo no era consciente de que tenía un libro para mi, yo tengo poemas. Cuando envié el manuscrito a Ediciones En Huida les encantó y decidieron publicarlo ese mismo año.

¿Las redes sociales definen la publicación de libros?

Desgraciadamente si, osea da igual lo que escribas, si tienen 10.000 seguidores en Instagram te publican en muchos sitios y en algunas ocasiones sin haber leído el manuscrito. Yo no me muevo por decir: “voy a vender libros o quiero ser famosa”, yo sencillamente escribo. Creo que el 60% del éxito en este mundo es lo que nosotros llamamos el postureo, es muy triste pero es así, prima más el poder que tengas en las redes que la calidad de tu texto como escritora. Cuando anuncié por Instragam “Del silencio” unas chicas me preguntaron si mi libro era de frases y al decirles que era de poesía dejó de interesarles. La gente no busca lo bueno, la gente busca un libro de Tweets. Yo hablo de poesía no de poetweets.

¿Por qué “Del silencio”?, ¿Por qué esos lugares? ¿Qué son “Casa” y “Habitación” para ti?

El libro en un principio se iba a llamar la casa del silencio, pero no terminó de convencerme y se quedo en “Del silencio” ya que todos los poemas giran en torno a esa palabra. La temática del libro gira en torno a esas cosas que no dices, que te callas ya sea porque no te atreves o por las posibles consecuencias que puedan tener lo que vas a decir, al final he dicho lo que tenía que decir, quizás sabiendo que esas personas no se van a leer el libro en la vida.

El libro esta muy relacionado con la familia, la amistad y en cierta medida con el futuro. La casa remite a la familia, habitación es como mi espacio, el espacio abstracto en el que yo estoy a gusto y en el que me puedo expresar sin miedo a ninguna represalia, en donde digo aquello que siento. No es un espacio físico ni la proyección de mi misma sobre un espacio concreto.

En el apartado de “Casa” los poemas tienen titulo; en el apartado de “Habitación” tienen números; en el apartado “Del silencio” es como un poema muy largo, una sucesión de versos que cobran sentido a modo de historia. Casa y silencio guardan una carga más dramática mientras que habitación es más relajado y positivo ya que habla de donde estoy a gusto, lo que me gustaría ser. En casa se plasman muchas añoranzas de la infancia, aquellas cosas que no van a volver, como la voz de un ser querido que ya no está.

“Del silencio”, es un libro que hace daño, algunas personas que vienen a los recitales terminan llorando. La gente cuando coge el libro se piensa que es una poesía muy happy porque yo soy una persona muy risueña, pero “Del silencio” es todo lo que no digo, aquello que no se ve. Es muy autobiográfico y está escrito desde la tristeza. Yo no era consciente de que este libro hacia daño hasta que lo presenté al público.

¿Háblanos de las Ilustraciones?

En “Los días no vividos”, la imagen de la portada remite a las flores de los cerezos que en Berlín florecían en primavera por una calle concreta cercana a donde vivía. Esa imagen a mi me impactó.

En “Del silencio”, yo quería que fuera una revolución para mi “yo” escritora, quería que fuera un libro cuidado que se notara que llevaba trabajo detrás. Yo seguía en Instagram a una ilustradora conocida en redes sociales por Mebekha, hablaba con ella porque me encantaban sus ilustraciones y le pedí que realizara la ilustración de la portada y de una pasamos a 5 más. Ella leyó el manuscrito, le encantó y realizó unas ilustraciones de algunos de los poemas, el proceso duró unos 6 meses y hoy por hoy somos amigas.

Por último ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Voy por el capítulo décimo de mi primera novela, llevaba tiempo que necesitaba dar un paso más allá de la poesía. Tenía una idea en la cabeza basada en una historia real, una estructura planteada que huye de las novelas al uso. He hecho lo que me ha dado la gana, escribo y decido el modo en que quiero contar la historia, necesito sentirme a gusto. Estoy muy contenta con lo que llevo escrito.

Ejemplares de “Del silencio”. Fotografía cortesía de la autora.

Ejemplares de “Del silencio”. Fotografía cortesía de la autora.

Andrés Herraiz Llavador

Punto quebrado, las huellas del éxodo

Punto quebrado, las huellas del éxodo
Museum Jorge Rando
C/Cruz del Molinillo, 12-14, Málaga
Desde el 4 de abril, hasta el 4 de junio de 2016

El Museum Jorge Rando alberga desde el 4 de abril la exposición Punto Quebrado. Los más destacados representantes en el Arte de la Fibra de España convergen en la Sala 4 del museo con el arte textil como medio de expresión artística.

La exposición organizada por la World Textile Art, la asociación de gestión cultural ID arte en un trabajo conjunto con el Museum Jorge Rando ha sido comisariada por Carmen Pallarés y María Ortega, coordinada por Amalia Campos y con la colaboración de Antonio Jurado, Publicitarios Implicados y Proactiva Open Arms.

El arte textil contemporáneo español destaca en la escena artística actual por su capacidad de aunar la tradición que reside en la elaboración artesanal y una búsqueda conceptual. En palabras de la comisaria Carmen Pallarés, « punto quebrado, sujeto y adjetivo, no designa aquí procedimiento de costura alguno. Ni una puntada de tal modalidad aparece en ninguna de estas obras, pero sí está en ellas su sentido, rastro tocado por un anhelo de cobijo, amparo, dignidad y altruismo frente a la destrucción y las desgarraduras que provocan las crisis inhumanas».

Detalle de la exposición.  “Triada” de Cristina Gaméz 167 x 130 cm 2014. Cortesía del Museum.

Detalle de la exposición. “Triada” de Cristina Gaméz 167 x 130 cm
2014. Cortesía del Museum.

El resultado es una muestra de diez artistas con gran fuerza expresiva en el que la potencia estética de las fibras y el tramado crean nuevos lenguajes y sinergias con otras técnicas artísticas coetáneas como el video-arte, fotografía, instalaciones, collage, esculto-pintura, escritura o impresión digital. En la presente exposición la poética personal nos permite recorrer el ‘grito ahogado’ de los chalecos falsos de la Isla de Lesbos como testimonios mudos de la tragedia del éxodo, de abrazos metálicos, de vidas que se tejen sobre la propia piel, de apariencias errantes, de invitaciones a perdernos entre bosques de lino y algodón.

Esta exposición de obras firmadas por creadores del arte de la fibra, artistas tan singulares como variados, experimentan una misma vivencia sustancial que puede definirse de esta forma: sus mimbres creadores, sus dones y recursos, se hermanan con la esencia del acto de tejer. En sus manos, se reúnen y encuentran, se acercan y se anudan materiales, materias y texturas que en muchos de los casos no son únicamente los de fibras y telas habituales: imbricados en el arte contemporáneo y actual. Hilos, papeles, fotos y palabras, objetos, luces, lienzos y tejidos naturales, ramas, raíces y mallas metálicas son urdimbre y son trama, son diseños, son hebras de este tiempo.

Punto quebrado es, como demandaba la Bauhaus, un retorno a la unidad perdida entre artesanía y arte, tanto desde los ámbitos teóricos como de sus implicaciones sociales. Una exposición que nos permite recorrer las emociones coetáneas, las realidades del siglo XXI, a través de una las manifestaciones artísticas mas ancestrales, el tejido. 

Detalle de la exposición. "Apariencias Errantes" de Román Iglesias. 75 x 100 cm 2016. Cortesía del Museum

Detalle de la exposición. “Apariencias Errantes” de Román Iglesias.
75 x 100 cm
2016. Cortesía del Museum

Originals/ Inèdits: Les dues cares de la il·lustració

Originals / Inèdits. Il·lustradors D’Osona
Comissariat de l’exposició a càrrec de Ramon Ricart
ACVIC Centre d’Arts Contemporànies
C/ Sant Francesc, 1. Vic
Fins al 30 d´abril de 2016

ACVic Centre d’Arts Contemporànies és un equipament cultural públic per a la promoció de la creació, la investigació, la producció i la difusió de propostes vinculades a les pràctiques artístiques contemporànies. És un centre compromès amb el seu entorn immediat que treballa amb el context nacional i internacional, per difondre la seva pròpia activitat, per acollir i interactuar amb experiències, artistes i actors culturals externs, en una lògica de coparticipació en l’esdevenir global de les pràctiques artístiques contemporànies.

ACVic Centre d’Arts Contemporànies es posiciona amb una línia d’acció centrada en la relació entre l’activitat educativa, el territori i la interacció social. L’art creuat amb l’educació faciliten espais de producció que s’obren a l’experimentació. S’entén la pràctica artística com una pràctica que incideix, interactua i transforma l’espai social. Des d’aquest plantejament es persegueix generar una àmbit de confluència entre la producció artística i l’acció educativa, de manera que el fet educatiu esdevé una activitat emprenedora que incorpora elements de recerca, dinamitza aspectes de producció, incentiva la participació i necessita desplegar mecanismes de visibilitat i comunicació.

Exterior del ACVic Centre d'arts contemporànies. Cortesia del ACVic.

Exterior del ACVic Centre d’arts contemporànies. Cortesia del ACVic.

Tal com indica el seu nom, ‘Originals / Inèdits’ és una exposició, en dos espais, d’il·lustradors d’Osona, que mostra dues cares de la pràctica professional de la il·lustració.

D’una banda, s’han seleccionat il·lustracions originals que s’han reproduït en llibres o revistes (que s’exposen al costat de la Biblioteca Joan Triadú, a l’Espai Romeu). Els suports i les tècniques que utilitzen els il·lustradors per realitzar aquestes obres són diversos; sempre ha estat així, però actualment es poden establir dues categories molt evidents que es defineixen pel suport final de l’original en paper (en la seva rica i estimulant varietat) o en versió digital.

Encara que sembli que el concepte d’original, a primera pensada, només tingui sentit en les il·lustracions acabades sobre paper i que en les il·lustracions digitals aquest concepte perdi sentit, en la reproducció d’aquestes darreres il·lustracions també es produeixen unes transformacions que ens permeten mantenir vigent d’alguna manera la idea de l’original: la il·lustració feta o acabada a l’ordinador, en ser reproduïda també –igual que la finalitzada sobre paper– canvia de context, d’escala i sovint de color (per la mateixa impressió i el tipus de paper on s’imprimeix).L’il·lustrador –en molts casos– manté intacta l’estima per aquesta peça anomenada original (encara que a vegades “només” sigui el dibuix a llapis que escaneja per pintar a l’ordinador).

Tot això sempre amb el benentès que mantenim una certa fidelitat a la tradició parlant dels conceptes d’original i de la seva reproducció. A més de mostrar aquestes il·lustracions tal com van sortir de l’estudi del seu autor (que ja seria suficient), aquesta part de l’exposició també vol posar en evidència que els dibuixos dels contes, abans d’arribar a les mans del lector, viuen un procés que normalment no es fa evident als ulls del receptor final.

L’altra part de l’exposició Originals / Inèdits recull una tria d’il·lustracions que, per una raó o altra, no s’han publicat i que ara podem treure a la llum a ACVic Centre d’Arts Contemporànies. No hi ha cap més pretensió que conèixer obra desconeguda, il·lustracions que s’han quedat al calaix o a la carpeta, de projectes estroncats, inacabats, personals…, en definitiva, inèdits dels quals ara podrem gaudir. Cal destacar que, en conjunció amb una tendència que també es dóna a la resta del nostre país, a Osona hi ha una gran efervescència en el món de la il·lustració: als noms històrics de referència hi podem sumar un bon grapat d’il·lustradors en actiu de gran qualitat i un gruix considerable de dibuixants que cobreixen amb riquesa la diversitat estilística i de gèneres pròpia de la il·lustració.

Feraz reivindicación de la armonía esencial

Secret Garden. Perceval Graell y Hans Some
Casa del Cable
Av. Marina Española. Xàbia, Alacant
Hasta el 8 de mayo de 2016

En consecuencia la influencia de otras disciplinas en el proceso de creación es fundamental desde el inicio para establecer la relación entre la emoción y la técnica, entre la estructura y lo poético”

José Manuel López López

Cuando contemplamos dos obras de arte relacionadas por un marco de contigüidad espacio-temporal, inmediatamente no deslizamos hacia convenciones argumentales. ¿Existe una influencia recíproca? ¿Cabe desentrañar una intención dialógica? Parece que la tarea del espectador consiste en construir algún tipo de sentido al binomio y por ello recurre a las estructuras de pensamiento que tenga más a mano. Un poco de analogía de la forma, pequeñas gotas de conceptualismo curatorial, una dosis de posicionamiento artístico, de dialéctica y exploración de la materia. Fuegos de artificio, tan banales como irrelevantes. Casi tanto como las rocambolescas explicaciones que el galerista despliega ante el coleccionista en una feria de arte. Allí se legitiman transacciones financieras, aquí discursos para engrasar el sistema del arte.

Y sin embargo, algo en las tripas nos dice que estamos ante una manifestación veraz cuando dos artistas, desde estructuras de lenguaje diferentes, se entienden. Hans Some y Perceval Graells lo hacen. Su acorde suena. Da igual que el humus del jardín secreto tenga una composición esencialmente distinta. Tampoco importa que los procesos artísticos transcurran por rutas paralelas. El resultado rima porque el receptor reconstruye lo que no existe o lo que existiendo no puede trascender, pues es efímero y contingente.

La poesía reverbera, dibuja ecos en el tiempo y coloniza los espacios. Esa poesía polifónica puede nacer del microtiempo o del macroespacio, componer un valor tímbrico o melódico, estallar en la forma o negarla. Pero cada jardín tiene sus flores y el polen vuela como los sueños hasta la vigilia del que mira. Sencillamente, dos artistas y sus obras titilando en el firmamento escrutado por la mirada estereoscópica.

Uno de ellos, Hans Some, trabaja la escultura y, por tanto, el combate entre la materia y la forma, la energía resultante y las consecuencias expresivas de todo ello: tiempo, espacio, volumen, velocidad, vacío, calor, frío, etc. Nuestra mirada resbala por las piezas como una mano acariciadora. La percepción visual y háptica marcan itinerarios para recorrer todas las tensiones que estallan en cada obra, salpicando al que observa y dejándolo impregnado de placenta primigenia.

Empezando por la forma anguloesférica o cudrancircular, siguiendo por las secuencias disruptivas, la organicidad entrópica o la arqueología del futuro. Toda divergencia es conciliable cuando el fuego alcanza la temperatura necesaria. Otra más: la anulación del tiempo que congela la forma es también supresión del espacio. El magma interior coloniza la superficie, la transfiguración de la materia crea nuevos paisajes tras el vómito y el desvelamiento de la carne.

La belleza en sus sphids y otras series y piezas está más allá del sujeto, porque éste renuncia al control y admite la genialidad del caos. Reside más bien en la libertad con que se desafían los límites. Es de otro orden. Estriba en el coraje del mensajero y en la valentía del que mira. Un juego mágico, que reconoce la cualidad de lo ancestral y la mediación del artista.

Pero esta mediación no se fundamenta en la inspiración sino en la desfiguración. El poder de lo arcaico cobra carta de naturaleza a través de la experiencia volitiva que compromete la corporeidad misma del objeto y del sujeto. Verdades a martillazos, entender a golpes, experimentar el dolor. Lugares del lenguaje, pero también ideas-fuerza a las que asirnos.

Tal vez por ese radical ensimismamiento antrópico, las esculturas de Hans Some tienen algo de ingenioso, aletean como aves fénix despidiendo y atrayendo fuerzas telúricas. Una gravitación que las modula sobre el plano terrestre y las plasma a modo de amebas de hielo o las proyecta hacia el espacio, desintegradas en mil formas punzantes o arborescentes. A veces la tensión se resuelve en fractura y la fractura se restaña, como la vida misma cura las heridas.

Esta desconcertante sinfonía se macera en crudo, a través de las recetas del inconsciente y por eso alimentan el alma mejor que los platos racionales, aliñados con certezas y servidos al punto de consciencia. Paradojas del arte, nada puede ser si parece.

Serenamente disonantes, las pinturas de Percevall Graells lanzan sus mensajes emotivos a través del color y la forma. Indiferentes y coherentes al mismo tiempo, interpelan al ojo atento desde su aparente ensimismamiento. La atonalidad de la forma escultórica encuentra la réplica tímbrica de la pintura. El lienzo es un puro aliento expresivo que conecta el gesto con la emoción y trabaja desde el color y la forma, a veces apropiándose del signo, una dimensión poética.

Detalle de la exposición "Secret Garden" 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “Secret Garden” 2016. Cortesía de la galería.

Tampoco aquí hay treguas significantes, ni la certidumbre de una conexión con el sujeto. Es pintura y dejaría de serlo si buscara referentes. Funciona como invitación a observar el fruto sensible de lo vivido. Es la antítesis del mapa, una no-cartografía. Inextricable e in-significante, su falta de pretensión la dota de fuerza.

Como la poesía o la música, hay distintos elementos a considerar. Pero no se atienen a las reglas perceptivas ni buscan el aplauso desde los palcos o el patio de butacas. Su razón de ser reside en la capacidad de revelar nuevas combinaciones de la forma, el color y la materia, no por azarosas menos concluyentes. Resulta normal que lo intangible solo pueda encontrar su cauce expresivo a través de lo ininteligible. El ritmo y la seriación se alternan con el apunte o la deriva. El estallido de la forma puede resultar equivalente a una implosión afectiva. No hay itinerarios ni rutas, porque cada obra es la hoja del diario íntimo del artista que el aire vuela y modela hasta depositarla sobre la piel desnuda del que yace en la mirada.

¿Y todo esto cómo combina? Muy sencillo: La energía es trabajo, el trabajo se expresa por el movimiento y la variación solo se entiende de modo relacional. A fin de cuentas, armonía

Jordi Navas

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas en JosédelaFuente

The stuff that surrounds us. Ángela Cuadra y Eva Fàbregas
Galeria JosédelaFuente
C/ Daoiz y Velarde, 26 Santander
Hasta el 7 mayo de 2016

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas con The stuff that surrounds us, nos presentan una exposición flotante como un barco lanzado a la aventura, donde desprenderse de lo estancado para ahondar en una aporía organizada alrededor de obras esparcidas, como si de restos de una deflagración controlada se tratara.

Las pequeñas tablas que Ángela Cuadra instala presentan franjas de color, negras y amarillas, yuxtapuestas a una acumulación de gotas diminutas y errantes de colores vivos. Manchas erráticas que en su elogio al anacronismo, Didi-Huberman individuaba en los frescos que Fra Angélico pintó en el Convento de San Marcos en Florencia en el siglo XV, y que al acercarlos con el drippingde Pollock, inesperadamente, se iluminan de otros posibles relatos y percepciones. El anacronismo fructuoso aflora justamente en la experiencia del desfase.

Una vez superada la aparente confusión del primer vistazo, observando la heterogeneidad azarosa que nos rodea, quizás aflore la experiencia del distanciamiento, a través de una mirada caleidoscópica adulterada.

A través de A shell, many shells, Eva Fàbregas muestra una serie de imágenes del hueco de una concha que, escaneado periódicamente, alterna situaciones de estasis con ligeros movimientos del escáner. A las imágenes así obtenidas, la artista añade capas flotantes de vinilo coloreado que, como un relámpago caído sobre el objeto representado, incrementa el desplazamiento de la luz. El hueco de la concha detuvo en su interior todos los tiempos de su lento desarrollo orgánico y ahora se abre frente al espectador bajo la semblanza de una acumulación de estratos de luces, aire, distancias y cercanías.

Algo pasó y sucesivos movimientos de asentamiento incumben ahora en la sala. Las imágenes dialécticas producen un destello de tiempos heterogéneos que revividos entre pliegues no se dejan reducir a una coherencia domesticada. Las obras de Ángela Cuadra y Eva Fàbregas funcionan como mundos en miniatura, su exposición como una aldea de singularidades donde la vida en común es organizada según rituales que ensalzan el trance procesual. Este proyecto expositivo desplaza nuestro punto de vista increpándonos a re-plantearnos aquello que nos rodea.

Detalle de la exposición "The stuff that surrounds us", 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “The stuff that surrounds us”, 2016. Cortesía de la galería.

En los nuevos lienzos de Ángela Cuadra, emerge un verde que poco tiene de naturaleza y que apunta decididamente hacia el mundo del diseño, posicionandose con cierta aparente vehemencia en el centro de la composición, sin embargo sólo aguarda abdicar en favor de unos elementos decorativos que ya lo rodean y, calladamente belicosos, se acercan para destronarlo. La artista organiza sus pinturas desde los bordes; sin apresurarse tras un esquema compositivo previo, se entrega gozosamente a una parte del cuadro para luego alejarse y volver a dedicarse enteramente a otro fragmento. Aparecen detalles que bien podrían pertenecer a trozos de paredes o suelos, fragmentos de un grutesco en ruinas medio oculto bajo la vegetación. Restos que, juntos al verde artificial, configuran una especie de columpio para el espectador, un montaje de singularidades que nos lleva hacia delante y hacia atrás.

Las malas hierbas, también errantes, que Eva Fàbregas dispone en el espacio de la galería se esparcen bajo la semblanza de una ‘ecología entrópica’ transformando el terreno por el que transitan. La artista instala en los intersticios del suelo unos diminutos ensamblajes de material heterogéneo con un componente táctil que parece contagiar sus alrededores.

Detalle de la exposición "The stuff that surrounds us" 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “The stuff that surrounds us” 2016. Cortesía de la galería.

 Las dos artistas de The stuff that surrounds us organizan sus obras desde los rincones, se aventuran por andamios formales y conceptuales que remiten al grutesco, como hierbas salvajes que por medio del ornamento acaban dominando el espacio. Y por medio de estrategias de suspensión temporal, rodean y cautivan aquel espectador que se asome a la exposición. 

 

Los espacios íntimos de Cristina Alabau

Galería Alba Cabrera
Félix Pizcueta número 20, bajo. Valencia
Hasta el 20 de mayo de 2016

La galería Alba Cabrera expone hasta el 20 de mayo la obra de Cristina Alabau (Valencia, 1963) en cuya trayectoria artística se entremezcla lo natural con lo abstracto, en un trasfondo en el que la luz mediterránea cobra el mayor de los protagonismos. Cristina Alabau utiliza un lenguaje abstracto para mostrarnos sus espacios íntimos llenos de intensidad visual y poética, donde las formas presentes en su trabajo, captadas principalmente a través de la acuarela, permanecen en movimiento, cobrando vida entre texturas rodeadas de cromatismos fríos.

Para llegar a ellas, Cristina Alabau se sirve en unas ocasiones de la estética del apropiacionismo a través de la cual fotografía texturas de otras fotografías, y en otras, son sus mismas fotografías las que captan la realidad para volverla a descomponer, convertida finalmente en irreconocible. Aparentemente lo irreconocible crea confusión, pero el universo abstracto de Cristina Alabau, tras atraparnos, nos rodea y nos introduce en una iconografía que nos lleva hacia una estética de lo natural, donde las formas abstractas cobran vida y con ellas surge el movimiento. Su trazo personal y sutil, recuerda la pulsión de los surrealistas, donde los ritmos y las estructuras conectaban y conectan un fondo y una figura que permanecen atrapados y enclaustrados en el mismo juego simbólico del collage, como punto de partida para componer.

Su universo simbólico también atrapa a las esculturas y no por ello elige cualquier material, sino el cristal de Murano, cuya forma de trabajar refinada y artesanal, está en consonancia con sus pinturas y sus abstracciones emotivas, las cuales están llenas de vida y de transparencia. Las capas y las veladuras nos introducen en un mundo de luz natural en movimiento en el que las líneas vegetales y orgánicas cobran vida, mientras que sus formas vegetales se reconstruyen en base a otras formas y estructuras que quedan abiertas, a pesar de haber sido atrapadas en espacio y tiempo.

Detalle de la exposición "Los espacios íntimos de Cristina Alabau" 2016. Imagen cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “Los espacios íntimos de Cristina Alabau” 2016. Imagen cortesía de la galería.

Cristina Alabau nos expone su mundo interior a través de unas obras en las que los personajes son figuras abstractas que se repiten, una abstracción expresiva y pura que también nos habla de una necesidad interior, cuyos colores, tienen efectos físicos y cuyas formas penetran en nuestra conciencia a través de la cual se produce una reacción estética, cuya expresividad surge de la forma. El mismo Kandinsky así lo consideró al mantenerse fiel al “principio de la necesidad interna” en el que aflora la subjetividad del arte abstracto. La misma subjetivad presente en la obra de Cristina Alabau, cuya exploración pictórica nos habla de lo sutil, lo delicado, lo poético o lo lírico a través de composiciones en las que el elemento melódico junto con el personal, son la fuente de inspiración.

Irene Ballester Buigues

Michelangelo Pistoletto y el teorema de la Trinámica

La Trinámica en la nueva fase de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Estimados Raúl Castro y Barack Obama,

El 16 de diciembre de 2014, la Embajada Cubana del Renacimiento y Galleria Continua, en colaboración con el artista Alexis Leiva “Kcho” y los pescadores de La Habana, lograron dibujar en las aguas próximas a las costas de Cuba el símbolo Renacimiento- Tercer Paraíso. Al día siguiente se anunció el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Gobierno de Cuba y el Gobierno de los Estados Unidos de América. Esta coincidencia de eventos ha puesto de manifiesto la congruencia entre el símbolo del Renacimiento y la emergencia de nuevos escenarios geopolíticos, los cuales tienen un impacto directo no solo en estos dos países, sino también en el resto del orbe.

El 23 de noviembre de 2015 fui recibido por Raúl Castro en el Palacio de la Revolución, junto con el artista Kcho. Durante una extensa conversación el Presidente dejó claro su pleno acuerdo con la importación del símbolo Renacimiento-Tercer Paraíso, agregando su convicción de que este podría servir como guía en el establecimiento de un nuevo equilibrio político, tanto a escala local como global. Un equilibrio que resulta indispensable para superar los conflictos que dividieron al mundo durante la Guerra Fría y que ahora resurgen bajo una nueva forma en todo el planeta. En lo personal creo que Cuba es, desde un punto de vista simbólico y práctico, el lugar justo para comenzar de nuevo.

Desde el día siguiente y hasta el 26 de noviembre, se celebró en La Habana el 1er. Foro del Renacimiento — Geografías de la Transformación. En ese evento mostramos que a través del arte se pueden echar a andar prácticas de un cambio responsable para reconciliar posturas diferentes y opuestas que condicionan la sociedad y la política.

El método de trabajo adoptado posibilita la creación de entidades capaces de promover intercambios interculturales e interdisciplinarios, así como el diálogo y la interacción entre las estructuras públicas y privadas. Se trata del método de la Trinámica, desarrollado por nuestra organización, Cittadellarte Fondazione Pistoletto, cuyo propósito es estimular el progreso y la paz en el mundo.

El teorema de la Trinámica está representado por el círculo triple: dos círculos opuestos que se entrelazan en el centro, dando lugar a un tercero, como una unidad completamente nueva y distintiva. Este es el símbolo de la creación, del nacimiento y renacimiento, que ocurre mediante la combinación fortuita o deliberada de dos sujetos, objetos o conceptos, como los polos positivo y negativo que producen electricidad o como el totalitarismo y la anarquía, de la que se desarrolló la democracia.

Queremos adoptar este principio en la reformulación de las relaciones políticas y en todas las áreas de la sociedad: deseamos ver su aplicación, específicamente, en la nueva fase de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de América. Nos proponemos establecer talleres prácticos enfocados en la creación de una red de proyectos encaminados a promover un cambio en la sociedad, de conformidad con el Objetivo 17 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la Organización de Naciones Unidas.

Estamos listos y dispuestos para trabajar con vuestras organizaciones gubernamentales y ofrecer nuestro Taller del Renacimiento, instalado en Cuba tras el Foro, como un medio para alimentar las actividades que persiguen alcanzar resultados reales dentro de un cambio equilibrado y responsable.

Mis mejores saludos,
Michelangelo Pistoletto

 

Las CAAC, patrimonio e identidad

Jornadas internacionales de las CAAC
Sede de la UIMP
C/ Palafox , 1. Cuenca
21 y 22 de abril de 2016

En un contexto de retroceso de políticas culturales estratégicas, no sólo en el ámbito nacional sino regional y local, a finales de 2013 distintos profesores de la Facultad de Bellas Artes se reunieron con el objetivo principal de revisar en profundidad el alcance y naturaleza de sus trabajos y actividades. Se trataba de galvanizar esas corrientes culturales que dan un sentido identitario y de pertenencia a la ciudad, esta vez en un contexto de crisis económica y social. Urgía repensar las funciones de las colecciones de la Facultad de Bellas Artes y articularlas en el marco de los museos de la ciudad como parte de una estrategia de recuperación y puesta en valor de un patrimonio artístico, en primera instancia, y de la propia ciudad de Cuenca, en definitiva, como centro cultural.

Una de las primeras decisiones fundamentales que se tomó fue la de reunir todo el trabajo realizado y las obras de vanguardia acumuladas para ponerlo todo en valor de forma conjunta y así poder darlo a conocer y permitir el acceso público a sus fondos permanentes. Se trata de fortalecer los lazos de interdependencia entre obras radicadas en Cuenca y los circuitos de discusión artística internacionales.

Asi pues, a finales de 2013, varios profesores de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca se reunieron con el objetivo principal de revisar en profundidad el alcance y naturaleza de los trabajos y actividades de investigación en torno a las prácticas artísticas de vanguardia que habían estado desarrollando en el ámbito del centro desde su creación, en 1986. Se trataba de repensar las funciones de las colecciones que habían ido construyendo desde y para el centro y articularlas en el marco de los museos de la ciudad como parte de una estrategia de recuperación y puesta en valor de un patrimonio artístico, en primera instancia, y de la propia ciudad de Cuenca, en definitiva, como centro cultural.

En noviembre de 2013 los miembros de la Junta de Centro de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha deciden por unanimidad crear el proyecto de las Colecciones y Archivos de Arte Contemporáneo de Cuenca, con el propósito principal de reunir todo el trabajo realizado de investigación y las obras de vanguardia acumuladas para ponerlo todo en valor de forma conjunta y así poder darlo a conocer y permitir el acceso público a sus fondos permanentes. Se trata de fortalecer los lazos de interdependencia entre obras radicadas en Cuenca y los circuitos de discusión artística internacionales. El proyecto partía del ejercicio de memoria colectiva que permitía el inventario de los bienes artísticos producidos y atesorados, para proceder a su correcta organización y clasificación. Los primeros resultados, obtenidos a mediados del año 2014, mostraban un valioso conjunto de obras, piezas, archivos y documentos relacionado con las prácticas artísticas de la vanguardia reciente, entre las que se encuentran: Colecciones de arte electrográfico y digital del Museo Internacional de Electrografía, Colecciones editoriales de arte sonoro y otros comportamientos artísticos del Centro de Creación Experimental o Archivos Documentales Pedro Almodóvar de la cinematografía de El Deseo S.A., entre otras.

La fortaleza más significativa de este conjunto de colecciones era la radicalidad y el carácter innovador de sus contenidos. Las prácticas más vanguardistas habían conducido a sus artistas a producir en un contexto alternativo y de orientación contra-cultural refractario al circuito tradicional del museo-galería de arte. El carácter experimental y transgresor de las obras ha producido la curiosa situación de que, a pesar de la repercusión mediática que todas estas prácticas habían generado, resulta muy complicado en la actualidad encontrarlas entre las numerosas colecciones de arte contemporáneo que se han ido construyendo durante la segunda mitad del siglo pasado y comienzos del presente. En este contexto, los fondos permanentes de las CAAC, centran su atención y actividad en facilitar el acceso y la divulgación de estas obras.

Las colecciones del Museo Internacional de Electrografía (MIDE) comenzaron como un esfuerzo sin precedentes en la producción experimental de obras de copy-art; con el tiempo, sin embargo, este centro de investigación se ha ido convirtiendo –más allá de los registros museísticos habituales- en un lugar no solo de conservación, sino de producción de trabajos vinculados a las nuevas tecnologías de la imagen digital y del arte multimedia. Posee un carácter eminentemente experimental, junto con una permanente atención a los nuevos medios y tecnologías para la creación artística. La cuantificación de obra se estima en 1850 piezas tangibles y unas 70 intangibles.

Los Fondos de Obra Gráfica Galería Juana Mordó, cuya donación, en 2011, a la Facultad de Bellas Artes de Cuenca es debida también a la generosidad de la galerista Helga de Alvear. Consta de cuarenta y dos carpetas de obra gráfica de muchos de los artistas fundamentales que fueron trabajando con la galería Juana Mordó desde 1964 hasta su muerte en 1984, y que su sucesora, Helga de Alvear, siempre interesada en aproximar el arte a la sociedad, ha deseado poner al disposición de los estudiantes y del público en general cediéndolas a la Facultad. El hecho de que entre esos artistas figurasen también los miembros del grupo El Paso y otros abstractos coetáneos nos devuelve, y no por azar, al comienzo de la historia que todavía estamos relatando.

Las colecciones editoriales de arte sonoro y otros comportamientos artísticos del Centro de Creación Experimental (CDCE), dirigido de manera autónoma por José Antonio Sarmiento y que, aun cuando en estos momentos no forme explícitamente parte de las CAAC, participa plenamente del mismo espíritu que preside sus archivos y colecciones. Este centro se creó para aglutinar las diferentes actividades que se han ido generando desde 1989 en la asignatura “Otros comportamientos artísticos” que se imparte en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. Desde sus inicios, su objetivo ha sido la difusión de la obra de artistas que han formado parte de la vanguardia de este siglo y de los que en la actualidad siguen fieles a estos principios de ruptura y de organización de nuevos espacios de creación. Asimismo, ha sido un lugar abierto a los alumnos interesados en desarrollar su trabajo de investigación. Durante estos años esta actividad se ha realizado a través del Taller de Ediciones y el Taller de Sonido.

Finalmente, dentro de este bosquejo de colecciones y fondos, se ha de hacen hinca pie en Los Archivos Documentales Pedro Almodóvar, que tienen su origen en la investidura como Doctor Honoris Causa por la UCLM a Pedro Almodóvar, a instancias de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. Agradecido, el director manchego cedió en exclusiva a nivel mundial la gestión de los fondos documentales de las producciones cinematográficas de El Deseo S.A.

En conjunto, este panorama de archivos y colecciones es testimonio de una actitud y una trayectoria de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca como institución académica, y, en concreto, de quienes en ella trabajan, claramente determinada por la conciencia del abierto pluralismo que desde hace tiempo viene caracterizando a eso que llamamos arte contemporáneo y que, además de en la pintura y la escultura, el dibujo o el grabado y la literatura, también se juega su presente y su porvenir en ese abierto campo de juego configurado por los nuevos medios digitales, así como por la fotografía y el vídeo, el cine, las artes escénicas y el nuevo arte sonoro, entre otras infinitas posibilidades.

Treinta y nueve pintores, un solo tema

En un silenci quiet. Paisatges
Llotja de Sant Jordi
Plaça Espanya, Alcoi, Alicante
Inauguración el 7 de abril a las 20h
Hasta el 29 de mayo de 2016

“Hay otros mundos, pero están en este”
Paul Éluard

En torno al paisaje contemporáneo hemos reunido obras de treinta y nueve pintores que han tratado este tema tan clásico. En algunos autores ha sido de manera puntual, como es el caso de Gerardo Aparicio, Víctor Cámara, Eutiquio Estirado, Lidó Rico o Ramón Urbán. Para otros ha sido una investigación constante: Calo Carratalá, Dis Berlin, Damián Flores, Emilio González Sainz o Joan Hernádez Pijuan.

En la muestra En un silenci quiet. Paisatges, están representados artistas de larga trayectoria, como Francisco Farreras o Ramón Cascado. Y autores jóvenes como Albano, Elena Alonso o Rafa Macarrón.

La datación de las obras va desde 1961 (el óleo de Manuel H. Mompó), hasta 2015 (el aluminio de Marlon de Azambuja). También es muy variado el estilo pictórico: el lirismo de Salvador Victoria, la geometría de Robert Ferrer, la objetualidad de Guillermo Lledó, la espacialidad de José María Yturralde.

Para esta ocasión hemos contado con los fondos de la Colección Ars Citerior de la Comunidad Valenciana. De ella hemos escogido paisajes sosegados y tranquilos, aunque en alguna de las obras haya quien encuentre elementos que puedan inquietarle.

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José Agulló. En su obra, de carácter abstracto, cabe destacar el estrecho contacto con la Naturaleza, tanto que hay elementos orgánicos animales y vegetales que forman parte de su obra, rebosante de lirismo. José Agulló, en Mercurio I, nos muestra una manera muy personal de ver el cosmos. Una visión tranquila y lírica de un universo lleno de energía y en constante evolución. El elemento geométrico ayuda a contener y controlar las fuerzas del planeta Mercurio. El crítico José Ramón Danvila definió a José Agulló “Como el pintor más visceral y también como el más geométrico, aunque bien es verdad que nunca están ambas opciones totalmente independizadas. Se trata más bien de ofrecer la contraposición de las mismas, de establecer un equilibrio basado en desequilibrios entre dos oportunidades expresivas, pero conservando al mismo tiempo ese punto de fricción entre la pasión que da el color o la postura matérica y la organización del propio espacio pictórico”.

Albano. Pintor de desiertos, como ya se definió hace años cuando comenzaba a pintar grandes lienzos con pintura expandida. En un silenci quiet. Paisatges, nos presenta las dunas de arena blanca y los manglares del Parque Nacional de los Lençóis Maranhenses en Brasil. Paisaje que recuerda una sábana blanca cuando es visto desde el aire, de donde recibe su nombre ¨lençóis¨. Es un desierto que en la estación húmeda se llena de lagunas, y ese es el momento en que esa barcaza varada vuelve a deslizarse por las aguas, que sirven de espejo mágico a un cielo azul. En la tabla Lençois maranhenses, no faltan los verdes quebrados que envuelven la atmósfera de este paisaje y que son tan característicos del autor.

Elena Alonso. La presencia de la escuadra en la base de la obra crea el equilibrio necesario entre todas las piezas presentes en la composición. No en vano su título Composición de lugar nos predispone a poner orden en una superficie arqueológica, donde tendremos que determinar los estratos donde van surgiendo los diferentes objetos. Hugo Castignani al hacer referencia a esta serie creada por Alonso, hace referencia a la cuestión espacio-lugar con las palabras: “se establece en esta serie un contraste muy marcado entre la figura negra en primer plano – oriental, trazada como una caligrafía, a pulso – y el fondo claro – occidental, trabajado, difuminado – que podemos interpretar como un tenso diálogo entre la cosa y el espacio al que ella da lugar, y del que es algo así como su precursor oscuro y ciertamente inquietante”.

Gerardo Aparicio. En Hecatombe y Tormenta en Vallecas Sur, el autor nos muestra un mundo existente a las afueras de una gran ciudad como Madrid a mediados los años ochenta. Con elementos a modo de collage pegados individualmente sobre el papel, elabora la historia de un paisaje que va dejando su aspecto agrícola para pasar a ser industrial, despojado de cualquier elemento estético.

Marlon de Azambuja. Artista multidisciplinar, en cada una de sus obras reconocemos su impronta. Trabaja en series que toma y retoma, según cree oportuno. Piensa en una idea que quiere expresar y entonces busca los materiales y técnica más adecuados para llevarla a cabo. Pueden ser las etiquetas adhesivas desplazadas, la cinta que envuelve un banco público o una parada de autobús, las líneas trazadas  con tinta china que unen dos trapas del alcantarillado, o los trazos realizados con rotulador permanente sobre una fotografía impresa en aluminio con los que oculta unas partes de un paisaje urbano y resalta otras, como es el caso de Cerqueira Cesar, dedicada a la avenida Paulista de la ciudad de São Paulo.

Tania Blanco. Pintora preocupada por el mundo que le rodea y  su devenir, no escapa a los miedos y esperanzas del ser humano. Así lo plasma en sus tondos, formato habitual en su producción, donde las alteraciones neurológicas como sufrimiento y los avances científicos como esperanza de su solución, son el contraste no solo entre naturaleza y tecnología, sino entre éxito y fracaso de las facultades humanas. En Tree lab, de pinturas planas, nos muestra el punto de contraste, y a la vez de obligada convivencia, entre la naturaleza y la arquitectura casi futurista, donde existe el peligro de que la tecnología llegue a transformar y destruir el mundo tal y como lo hemos conocido.

Alejandro Botubol. A través de una ventana abierta al horizonte, Botubol nos muestra la gama de colores que conforman su mundo plástico, lleno de luz. Es una apertura que nos invita a ser traspasada no solo con la mirada, sino físicamente, pues nos crea el deseo de formar parte de un nuevo paisaje que nos espera. Una de las características de su obra es la exploración constante y perseverante de los fenómenos espaciales

Joan Boy. En su obra el paisaje es una constante. Lugares habitados por personajes solitarios que se encuentran perdidos entre la naturaleza onírica, sin un destino predeterminado. El pintor ve reflejada su obra en el texto “Volverás a región” de Juan Benet:”Toda la vegetación que la naturaleza ha negado a la montaña y economizado en la meseta, la ha prodigado en los valles transversales donde se extiende y multiplica, se comprime, magnifica y apiña transformando esas someras y angostas hondonadas en selvas inextricables donde crecen los frutales silvestres –los cerezos bravíos, el maíllo, los piruétanos, el arraclán y el avellano– entre salgueros y mirtos, acebos arborescentes y abedules susurrantes, robles y hayas centenarios, confundidos todos bajo el abrazo común del muérdago y del loranto. Y, sin embargo, esos estrechos y lujuriantes valles también están desiertos, más desiertos incluso que el páramo porque nadie ha sido lo bastante fuerte para fijarse allí. Porque si la tierra es dura y el paisaje es agreste es porque el clima es recio: un invierno tenaz que se prolonga cada año durante ocho meses y que sólo en la primera quincena de junio levanta la mano del castigo no tanto para conceder un momento de alivio a la víctima como para hacerle comprender la inminencia del nuevo azote.”

Víctor Cámara. Heredero del pop, trata con humor e inteligencia los temas populares de la función de las imágenes en la cultura.
Rememorando los inconfundibles cuadros de una enorme carga kitsch que se encontraban en los salones de muchas casas españolas en los años sesenta y setenta, Víctor Cámara plasma a modo de cartón goyesco una de las imágenes frecuentes en los años de prosperidad económica en nuestro país.

Lourdes Castro Cerón. Paisajes que la pintora interioriza, naturaleza que hace íntima y donde olvida la dicotomía figuración-abstracción. Pinceladas con trazos seguros y rítmicos que transforman la imagen en algo más, lo que la convierte en arte. Naturaleza, ritmo, música, frescura, todo está en la obra de Castro Cerón.

Calo Carratalá. Tras un viaje a Brasil, y provisto de muchos dibujos, Calo Carratalá se dispuso, ya en su tranquilo estudio de Valencia, a pintar Selvas, una de sus mejores series. En sus cartones, como Chambeando con paraguas azul, nos muestra, a través de un catalejo, una selva con multitud de verdes que inundan y se apropian de toda la superficie. Solo alguna barcaza y los personajes que viajan en ellas dan un respiro a nuestra mirada.

Ramón Cascado. De formación autodidacta, Ramón Sánchez Cascado, tras unos años de juventud en Madrid, se traslada a París en la década de los sesenta, hecho que el autor califica como su “segundo nacimiento”. Será en la capital francesa donde conocerá el mundo del teatro, la literatura y la pintura contemporáneas. La referencia hacia el tema de la infancia en su obra es una constante, con trabajos en blanco y negro, para más tarde, llegar a realizar la serie denominada “ventanas”, donde solo existe el color blanco del propio soporte. Logra, sin la utilización del collage, sacar “el alma” del papel. Al papel de 28 x 38 cm utilizado como soporte, el autor le aplica el grabado metódico por incisión y las “no pinturas” (pigmentos con los que colorea). En un silenci quiet. Paisatges, podemos observar una de sus obras,  donde la Luna ilumina un fondo marino lleno de vida. Es el resultado de un trabajo metódico, donde ningún elemento técnico se ha dejado al azar.

Dis Berlín. Su universo procede de la literatura (Lewis Carroll), el cine clásico (Ciudadano Kane, Vértigo, Escrito en el viento, Mi tío…) y la publicidad, la estética y el diseño en la sociedad norteamericana de los cincuenta. No de la pintura de esa época.

Entre las obras que podemos ver en la presente muestra esta Paisaje para Glend Gould, donde el autor imagina al músico sentado en la misma silla a la que hace unos años acortó las patas, quedando así el teclado casi a la altura de su nariz. En esta tarde de invierno, en este paisaje tranquilo y silencioso, de colores fríos, muy lejos de la gama habitual empleada por Dis Berlin, el pintor quiere que escuchemos al maestro interpretando las Variaciones Goldberg, la música que la sonda Voyager 1 mandó al espacio como carta de presentación de la humanidad.

Eutiquio Estirado. Las imponentes edificaciones sin aberturas que nos presenta en Espacios para los que olvidan, son grandes contenedores de donde nada puede escapar, en un intento de proteger y salvaguardar la memoria de aquellos que han entrado en su interior. Pero el viento exterior seguirá, queramos o no, erosionando esas construcciones realizadas por el hombre. La naturaleza llegará a borrar todo intento humano de salvaguardar la memoria, llevando con ella el olvido.

Juan Manuel Fernández Pera. Por su lirismo abstracto fue definido por Juan Manuel Bonet como “Poeta de la pintura”. Sus cielos castellanos, deudores del maestro Díaz Caneja, sus ríos y charcos, son los elementos que conforman los paisajes despojados de Fernández Pera. Pinturas melancólicas y machadianas, donde la quietud en una mañana de primavera invita al paseo.

Francisco Farreras. Maestro del collage y de las composiciones realizadas mediante el ensamblaje de maderas que transforma en puro lirismo. Aunque sus obras están alejadas de cualquier referencia figurativa, carentes de título y solo tienen una simple identificación numérica, en ocasiones, las formas resultantes asemejan a grandes bloques pétreos o a formas morfológicas subacuáticas, como es el caso del collage nº 069 B de 1994, donde las estructuras irradian luz propia sobre un fondo oscuro. Ya en 1989 José María Iglesias escribió al respecto: “Hay, en ocasiones, algo de antropológico y visceral en estas configuraciones de bordes difusos, de modulaciones y tonalidades infinitas. Las superficies aparecen como dotadas de una respiración, de una palpitación que las hace vivas y vibrantes.”
En las obras de Farreras prima la proporción y el orden plástico. Los diferentes elementos compositivos se emplazan tras una reflexión detenida, en busca del equilibrio deseado. Y cuando esto se consigue, el autor sabe que la obra está terminada.

Robert Ferrer i Martorell. Las huertas valencianas y su sistema de riego “a portón” proveniente de las acequias de origen árabe, son el punto de partida para la serie que el autor denominó El Rec. En el presente caso, con una visión nocturna del mismo, los campos vienen referidos por trozos de papel blanco y negro, suspendidos como en una visión aérea. Solo la presencia de un elemento industrial como la chincheta, nos recuerda la presencia e intervención del hombre.

Damián Flores. Los paisajes urbanos, especialmente la arquitectura racionalista, están entre los motivos principales que interesan al pintor, ilustrador y grabador Damián Flores. Sus paisajes transmiten tranquilidad y nos dan la sensación de estar en un entorno familiar. Jesús Marchamalo la califica de pintura “llena de perspectivas y ángulos insólitos que muestran sus paisajes, lugares apacibles… y luminosos fidedignamente recreados, al menos en apariencia. Porque ante sus cuadros se acaba siempre teniendo la sospecha de que lo que se contempla es una realidad fabulada, figurada, repleta de invenciones, a veces, inquietamente inapreciables.”

Diana García Roy. En Pasadizo se mezclan las luces y las sombras, lo claro con lo oscuro, la mancha con el trazo gestual. Todo para disponer un paso que da lugar a un lugar desconocido, aunque mejor que el que hemos dejado atrás. Una esperanza para la humanidad.

Pep Garro. Con la técnica del collage ha creado un mundo de identidad propia. En contadas ocasiones, como En Construcción, recurre a un formato mayor para dar sensación de magnitud en el espectador. La pieza en blanco monocromo y la utilización de elementos geométricos que nos recuerdan el interior de las cajas de cerillas, ha bebido de las fuentes de uno de nuestros grandes collagista, Gerardo Rueda, al que le ha querido rendir este bello homenaje.

Gerardo Gimona. Artista que nunca ha abandonado sus referencias figurativas, aún a pesar de que sus lienzos se nos muestren bajo la forma de la abstracción, en la que sabe combinar las manchas y el grafismo para ofrecernos un nuevo concepto de paisaje. Capa tras capa va superponiendo la pintura, por la que deja pasar la luz. Tal vez de ahí el título de esta obra: Donde la luz penetra directamente.

Emilio González Sáinz. En su obra apreciamos primero una vista general del paisaje, pero al acercarnos a pocos centímetros vamos observando y contemplando los pequeños detalles que conforman el conjunto: un pájaro en una rama seca, una persona durmiendo a los pies de las ruinas, etc. González Sainz, al igual que nuestro admirado Gustavo Torner, es un admirador del paisajista romántico Caspar David Friedrich, con quien comparte la observación detenida de la naturaleza. Fija su atención tanto en lo microscópico como en lo macroscópico, para crear sus característicos paisajes rocosos de colores armoniosos, surcados por aguas que le confieren un carácter melancólico y de espera contemplativa.

Joan Hernández Pijuan. “El pintor del paisaje en la memoria” realizó desde principios de los años setenta, y durante tres décadas una profunda investigación plástica del espacio pictórico desde una interiorización del paisaje de Folquer.

A mediados de los ochenta, dedicó una serie a la catedral de Lleida. En ella se observan ondulaciones que nos recuerdan los arcos góticos del claustro, y la presencia central del ciprés, figura que le sirve para marcar diferentes ritmos en las obras. La visión es como a través de una ventana, un encuadre frecuente en su posterior producción.

A partir de 1993, tras viajar a Granada y Marruecos, comienza a aparecer en sus lienzos y papeles el signo de la “trama”, donde realiza el ejercicio de  mostrar y ocultar al mismo tiempo el óleo, que escapa entre los huecos de esta malla, resaltando la profundidad del surco.
En la trayectoria de Hernández Pijuan hay que destacar la importancia del papel como soporte, lo que él denominaba “la piel de la pintura”, gouaches y óleos con una mayor calidez, sobre papeles Japón, Archés y Corea. La mayoría obras sin título, pero siempre con una iconografía identificable: el árbol, los surcos, la morera, el patio…

En palabras del propio pintor: “Es un paisaje que está más en la memoria que en el recuerdo. El recuerdo es nostálgico, pero la memoria es más profunda.”

José Leguey. Con una larga trayectoria, dejó hace diez años de lado la abstracción para adentrarse en el mundo del collage y la figuración. Lleva casi diez años investigando en las asociaciones plásticas de la figura humana y de los insectos y pequeños reptiles, que en ocasiones los agrupa creando mundos paralelos dentro de la misma obra, sin llegar a explicarnos si existe una conexión entre estas diferentes dimensiones. En El dilema, el paisaje es un difuminado de color ceniza, donde un grupo de hombres desnudos parecen buscar una salida, que tal vez sea la apertura negra y profunda que Leguey les muestra a su derecha.

Lidó Rico. Nos presenta uno de sus bloques de resina en el que introduce elementos propios de su mundo, como es el caso de la ficha de rompecabezas, elemento con una fuerte carga conceptual. Dentro de su intensa trayectoria, tal vez las obras realizadas entre los años 2002 y 2005, época a la que pertenece este collage, son las de mayor sentido poético, al fijarse en la cultura oriental, a la que dedicó una serie donde predomina el color amarillo y las manchas rojas a modo pétalos de una gran flor.

Guillermo Lledó. Artista creador de esculturas realizadas con materiales industriales que nos recuerdan a objetos funcionales de la vida cotidiana, a los que dota de mensajes y de vacíos, de poesía. Tras conocer la obra de Guillermo Lledó y en nuestro deambular por las ciudades, es muy difícil dejar de ver la obra del artista, como si el propio Lledó hubiese ido disponiendo objetos por cada lugar: tapas de alcantarillado, palets de madera o perfiles de metal que mantienen cristales armados…

Guillermo LLedo, Tapa, 19. 1978. Acrílico sobre tabla 40 x 40 x 5. Cortesía de Ars Citerior

Guillermo LLedo, Tapa, 19. 1978. Acrílico sobre tabla 40 x 40 x 5. Cortesía de Ars Citerior.

Rafa Macarrón. Con una corta pero meteórica trayectoria, Rafa Macarrón sigue en un proceso creador en el que intercala la obra tridimensional, basada en estructuras áureas, con la obra más plana, como es el caso de Camino interior, donde el tema tratado suele ser cotidiano, lleno de personajes corrientes que buscan en el ocio los placeres honestos de la vida, dejando de lado problemas existenciales que parecen haber resuelto de una manera sencilla, sin grandes preguntas pero con unas claras respuestas. La amistad, la familia y las creencias en una vida sin traumas hacen de los habitantes de este paisaje unos seres felices.

Antoni Miró. Es un artista del que es imposible separar su pintura y escultura de sus creencias en una lengua y en una cultura propia, en una sociedad más tolerante y ética. De ahí una de sus últimas series: Mani-festa.
El paisaje de una u otra manera ha estado presente durante más de cincuenta años de su pintura, en las diferentes etapas. En la Serie Vivace, que data de la década de los noventa y llega hasta principios del dos mil, los mares, árboles o cielos sirven de fondo a elementos como la bicicleta o la excavadora. Pocos años más tarde comenzó con la serie dedicada a paisajes arquitectónicos, el de los edificios de los museos que previamente había visitado: Museo de Arqueología de Atenas, el Solomon G. Museum de Nueva York o el Gulbenkian de Lisboa. Obras donde la geometría y los elementos constructivistas están presentes. Para esta exposición se han seleccionado el Museo Serralves de Oporto, diseñado por el arquitecto Siza Vieria, y una panorámica de su ciudad natal, Alcoi, titulada Muntanya Roja 2015, en la que se perfila el Barranc del Cint y una parte del pueblo con un primer plano de las terrazas de colores violeta, amarillo y rojo. A Antoni Miró siempre le ha seducido más el paisaje interior humano, que la belleza externa.

Manuel H. Mompó. Se ha dicho muchas veces de Mompó que parte de la pureza de las pinturas infantiles, a las que sumerge en su propio universo transformándolas, creando, en sus propias palabras, “un mundo sano y positivo”.

Esta obra de 1961, junto a otras sobre cartón, viajó ese mismo año a Lisboa para una exposición. Eran momentos complicados en el país vecino debido a la guerra de Angola. Su primera esposa, Catalina Postma, pensaba “que no se vendería nada”, pero fue un éxito que ayudó al joven matrimonio en unos difíciles momentos económicos.

De una de las mejores épocas creativas del pintor, este cartón se caracteriza por la combinación abigarrada de masas de color azul, que se irán segmentando en sus obras con el paso del tiempo. En su posterior evolución irá apareciendo la línea, terminando por convivir mancha y línea. La coherencia en toda su producción es indiscutible, fue fiel al mundo que creó, un universo vivo y animado. Interesado en la vida bulliciosa, dijo Mompó: “Me gustaría pintar el ruido”.

Pedro Muiño. Desde el 2006 Pedro Muiño ha ido desarrollando la amplia serie denominada Pinturas Negras, a la que pertenece Geografía de la seducción I, que podemos ver en la presente exposición. En ella seguimos observando los iconos con los que Muiño realiza sus composiciones sobre fondos planos grises y negros, cada vez más limpios. “Los tiempos, la reflexión, la intención, son elementos que aquí viajan juntos; es una obra alejada del ruido de la palabra y aunque no sea su única finalidad, se diría que están destinadas a la contemplación”. De este modo define el autor esta obra.

Amadeo Olmos. Su obra comenzó siendo realista, pero poco a poco investigó nuevos caminos, siempre dentro de la figuración.  La presencia en sus lienzos de dos imágenes distintas, obliga al espectador a que, además de percibirlas, tenga que pensar en su relación. Alejado de cualquier corriente, ha buscado su propio camino, donde siempre espera la compañía del espectador. Según Gustavo Martín Garzo, la intención en la pintura de Amadeo Olmos es la de “crea un espacio que dé cabida a las imágenes de la realidad, pero también a las que pueblan nuestras fantasías y sueños”.

Sara Quintero. Pintora de paisajes inquietantes como ha sido definida en varias ocasiones, en la obra Encerrad la hierba, nos habla de libertad y de espacios protegidos, de lugares visibles pero no habitables, donde la hierba no osará esparcirse, pues sabe que fuera no hay nada, y que sólo mientras esté protegida por esos muros blancos seguirá viva y verde.

Alberto Reguera. En sus obras siempre hay una referencia a la naturaleza, y sabe unir como pocos abstracción y naturaleza. Estos paisajes los construye sobre el lienzo con acrílico y pinturas metálicas que va superponiendo, produciendo efectos de arrastre, girando en ocasiones la posición del lienzo para seguir depositando nuevas capas, para luego raspar y que de este modo vayan saliendo a la luz los colores más profundos y, al mismo tiempo, se vayan creando las sombras. También utiliza las resinas y los pigmentos, soplados o arrojados sobre el lienzo.

En el diccionario interno de la obra de Alberto Reguera podríamos citar, entre otras, las palabras paisaje, nubes veloces, espacios atmosféricos, lirismo, armonía de colores, terciopelo, limpieza, orden, imaginación del espectador… y en todas ellas encontramos la presencia de un lírico misterio.

Rex Weil, crítico de arte de la revista americana Art News, escribió: “Reguera utiliza su cuerpo y su aliento, moviéndose alrededor de un cuadro, soplando pigmento seco sobre una superficie mojada. Como una tormenta de polvo, el pigmento se entierra y exagera los contornos de las capas originales de la pintura y de la tela. Es una danza de accidentes controlados, como la naturaleza”.

Beatriz Saenz. Ceramista de vocación, actividad que desarrolló durante varias décadas, se sumergió en el collage en sus últimos años. Obras en las que buscaba la parte amable y sencilla de la vida, los colores y la luz del Mediterráneo, del que no quiso despegarse tras haberlo vivido.

Señor Cifrián. Como en un herbario, el colectivo formado por Esther Señor y Carmen Cifrián, han ido realizando la catalogación de diferentes plantas que dejan su impronta en un papel de algodón, tras haber sido tiznado con el humo de una vela. En el caso de Dibujo de Humo # 67 se trata de la Tovomitopsis paniculata.
A Señor Cifrián les atrajo la relación plástica que podían tener estas obras con los orígenes de la fotografía: “su gama de grises y cálidos nos recuerdan a los orígenes fotográficos en las placas de Daguerre o Fox Talbo….A través del uso de elementos precarios, nos interesa la huella y su perdurabilidad en el tiempo; una búsqueda por apresar en un papel la fugacidad de un material etéreo. Se vende humo.”

Ramón Urbán. En 2013 el artista dio un paso más en su investigación plástica, abandonando en parte los trabajos con la forma del círculo, llegando a adentrarse en un nuevo paisaje. Los tituló “Paisajes…en tránsito”. Maderas superpuestas con una geometría estudiada, pero sin dejar la parte de “gesto”, donde materia y soporte se encuentran ensamblados formando un único conjunto. Ramón Urbán reconoce que en sus obras conviven “calladas arqueologías, sombras de silencios ancestrales que desprenden misticismo, serenidad, belleza…”

Salvador Victoria. La esfera como forma perfecta, como figura geométrica de lo eterno, estará presente en la obra de Victoria durante más de una década.

La formación humanista de este pintor queda plasmada en sus inquietudes pictóricas. Los colores con sus transparencias, nos ofrecen una contemplación serena. La esfera suspendida en el espacio alberga en su interior el gesto contenido de la brocha, y todo ello enmarcado dentro del cuadrado, como “un cuadro dentro del cuadro”.

La pintura de Salvador Victoria bebe del lirismo informalista más colorista y alegre. Su obra destaca por los colores apastelados, tonos naranjas, azulados, amarillos; colores cálidos y fríos en conjunción. Ahonda en la abstracción incorporando en su obra círculos, tangentes, secantes, geometrías envueltas en una nebulosa de suaves y dinámicas pinceladas, cosmologías que evolucionan hacia búsquedas sutiles del espacio.

En su última etapa, de geometrías áureas, tal vez la más lírica de todas, se ocupará de la temática cósmica. A través de la esfera va mostrando todo un mundo lleno de espacios infinitos, de colores difuminados y veladuras que transmiten armonía y sensación de tranquilidad.

José María Yturralde. En 1995 comienza la serie de los Eclipses, caracterizada por la investigación plástica de la luz y la forma del cuadrado, pero en esta ocasión no se trata de un cuadrado exacto, sino una forma cuadrada al estilo Malévich, en la que las paredes verticales son menores que las horizontales y que, además, se mueve. La serie de los Eclipses no será desarrollada y completada hasta años más tarde, quedando solo en un conjunto de bocetos.

La serie Postludios, que abarca desde 1998 a 2007, es una continuación de la lógica evolución de las dos series anteriores, denominadas Preludios e Interludios. Partiendo de un profundo estudio de la forma geométrica del cuadrado y su interacción con el color en los Preludios, va desembocando hacia una obra donde la luz y el color, equivocadamente interpretado como monocromo, son los únicos protagonistas, llegando así a los Postludios.

Como en un big-bang cromático, los Postludios de Yturralde se nos presentan como superficies pictóricas en expansión, donde ha dejado de existir la estructura sustentante, con ausencia de casi todo. Pero no es el vacío, la materia está ahí porque la luz está presente, y la luz, que es energía, puede transformarse en materia.Los bordes de esta eclosión de color no son los límites del bastidor, lo que vemos es tan sólo una pequeña parte de todo ese universo en expansión.

José María Yturralde, Eclipse.1995-1996. Acrílico sobre lienzo. 16 x 24. Cortesía de Ars Citerior.

José María Yturralde, Eclipse.1995-1996. Acrílico sobre lienzo. 16 x 24. Cortesía de Ars Citerior.

Al ver estas obras nos sumergimos en una zona silente donde no dejan de suceder cambios que, no siendo percibidos, ocurren en el interior de esa masa oscura rodeada de un estallido de energía. El hipnotismo creado por estas piezas transmiten al espectador un espíritu sereno. Citando al propio Yturralde “El negro sobre azul que restablece la armonía perturbada, la inquietud compensada por la armonía”.
Jesús Zurita. En su producción están presentes el dibujo, la pintura y la instalación, esta última denominada por el autor “pintura mural”. Hay quien ha visto en las obras de Zurita una narración, donde el artista nos ofrece unos pocos elementos reconocibles y son los espectadores quienes los aúnan y crean una historia, diferente para cada uno de nosotros. Jesús Zurita define su obra como “crónicas de lo que sospecho ha sido y será, con el somos entre medias. Como un garbanzo alcanzando la singularidad de un agujero negro; inverosímil, estúpido e irrelevante pero sé que ha ocurrido. Y va a ocurrir”. En el lienzo Otra podemos ver una Anunciación, con los rayos provenientes de un creador que, entre magmas de color rojo, hace surgir la naturaleza pura, verde y luminosa.

Javier Martín

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje

Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje
Fundación Museo Salvador Victoria
Calle Hospital, 13, Rubielos de Mora, Teruel
Inauguración el 9 de abril de 2016, a las 20h.

Tanto para Joan Hernández Pijuan como para Eusebio Sempere, el paisaje siempre estuvo fuertemente unido a su trayectoria artística. Durante sus primeras etapas figurativas, el pintor barcelonés realizó obras como Paisatge d´Horta de 1950; el de Onil paisajes de palmeras y en 1949 la acuarela Paisaje, con claras influencias de Paul Klee.

En la década de los sesenta, ya dentro de la abstracción lírica, Sempere profundiza en el tema del paisaje, castellano principalmente. También hizo referencia a las tierras aragonesas, como consecuencia de sus visitas veraniegas a la población turolense de Mosqueruela, lugar de origen de Abel Martín, pintor, amigo y serigrafísta de la obra gráfica de Sempere. Paisaje Aragonés, de 1964, sería un ejemplo. Solo en 1962 llegó a realizar más de veinte paisajes. Tres años más tarde pintó Paisaje lluvioso, Paisaje de junio y Campo de mimbre, donde podemos apreciar la bella gama cromática utilizada, esos verdes de los que habló el pintor Fernando Zóbel:”Sempere consigue unos verdes saturados, húmedos, que no tienen precedente en toda la historia de la pintura”. Es la época de sus viajes a la ciudad de la Casas Colgadas, de los preparativos para la inauguración del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, y de la adquisición de una casa en la parte alta de la ciudad natal de su buen amigo Gustavo Torner. También en 1965 ingresó en la galería Juana Mordó, y para ella realizó su primera carpeta de serigrafías: Las cuatro estaciones, estampada por Abel Martín, quien llegó a realizar para el pintor cinético más de doscientas serigrafías durante toda su trayectoria artística. La carpeta, editada por Mordó, estaba acompañada por textos de Pedro Laín Entralgo.

A partir de 1966 comenzó una larga etapa en la que la geometría toma posesión de la obra, en detrimento de aspectos más líricos y poéticos, aunque con paréntesis como el de 1969 con la carpeta Cuando estuvo en Cuenca D. Luis de Góngora, donde podemos apreciar los colores del paisaje conquense. En los años setenta realizó una decena de obras de carácter paisajista, todas ellas sobre tabla, en las que predomina el formato cuadrado, dividido ópticamente en cuatro cuadrantes delimitados por las rayas finas del gouache; son composiciones con líneas de horizontes claros, colores terrosos y cálidos en la parte inferior, y claros en la superior, en las que en ocasiones aparecen formas que recuerdan el Sol, la Luna o el Arco Iris, un buen ejemplo son Paisaje amarillo (1976); Horizontes y El día, la noche, la tierra (1978); y El día y la noche (1979). También vemos las líneas del horizonte en composiciones monocromas, como en Espacio Ocre de 1977, donde nos sugiere un paisaje más geometrizado.

Hernández Pijuan, tras dejar atrás una etapa de investigación pictórica basada en la relación entre el espacio y el objeto, en la que convirtió en imagen elementos como el huevo, las tijeras, la regla o la cinta métrica, llegó al paisaje a principios de los setenta. Realizó la serie Acotacions, obras monocromas de sutiles gradaciones verdes, paisajes de la población de Folquer que el autor interiorizó y plasmó sobre la tela de manera minuciosa, con pinceladas cortas y sucesivas, llegando a provocar la sensación de la insignificancia que tiene del hombre ante la naturaleza. En alguna de las composiciones pintó en su centro una centenaria encina, la que podía ver desde su estudio a través de la pequeña ventana que daba a la Sierra de Comiols. En 1976 estampó Proyectos para un paisaje y diez aguafuertes y aguatintas para La Polígrafa, donde el color es capaz de crear una atmósfera cálida y profunda, al igual que en el aguafuerte y aguatinta Doble paisatge de 1977.

Detalle de la exposición: "Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje." 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria

Detalle de la exposición: “Hernández Pijuan-Sempere, signo y línea en el paisaje.” 2016 Cortesía del Museo Salvador Victoria.

En el verano de 1980, en su estudio de la Casa Gran de Folquer, realizó dos pequeños óleos preparatorios para el gran formato Tríptic de Montargull, a los que tituló Colors per tríptic de Montargull, piezas que hacen clara referencia al paisaje de la pequeña localidad leridana del mismo nombre. Paisajes de pinceladas de óleo en tonalidades ocre, como los campos de cereales presentes en esta comarca de la Noguera, que nos hipnotizan hasta hacer difícil apartar la mirada.

Si para Sempere los primeros años de la década de los ochenta son el fin de su carrera debido a su enfermedad y fallecimiento en 1985, para Hernández Pijuan es el arranque de una nueva etapa, tal vez la más conocida por el gran público. El pintor de Folquer en los veranos de principios de los ochenta desplazó su estudio a una de las plantas inferiores de la Casa Gran, donde ya no le era posible observar el paisaje de manera directa. Desde este nuevo emplazamiento nos habló de la memoria de un paisaje sintetizado en signos. Las mallas, los caminos, la morera, el ciprés o las nubes serán sus referentes.

Con la llegada de los noventa, el pintor de silencios trabajó sobre grandes superficies y sin apenas elementos iconográficos. A partir de una masa central de óleo y esmaltes industriales, el autor esparcía la materia y la modulaba sobre la tela, dejando zonas muy densas en el centro y otras sin apenas textura, en los bordes del lienzo. La luz y la oscuridad se disputan el espacio ocupado y el vacío. Toda esta superficie es surcada por líneas que se entrecruzan a modo de malla metálica o de caminos encontrados.

Hernández Pijuan en sus últimos óleos utilizó el color blanco como fondo, y sobre éste extendió una mancha negra, rotunda y dramática, como presagio de un final próximo. En una de sus últimas reflexiones escribió: “podría decir también que se trata de convertir el paisaje en algo que uno mira“.