“Siempre intento juntar morbo y elegancia”

‘God is Queer’
Mamut Concept Store
Carrer del Pintor Salvador Abril, 48, 46005 València
Del 23 al 15 de diciembre de 2018

De las redes y para las redes, así es el Arte hoy, un cúmulo de me gustas, hashtags y retos que han transformado al artista en objeto de deseo de las miradas escópicas del individuo posmoderno. Subsumidos por el capitalismo imperante, muchos artistas optan hoy por realizar sus obras basándose en las preferencias de sus seguidores en las redes, lanzando preguntas e interactuando con los que habrán de convertirse en sus futuros compradores. Esta nueva dinámica entre los agentes artísticos se deja ver en propuestas como el Inktober, un reto lanzado desde 2009 por el ilustrador Jake Parker que apuesta por “exprimir” la creatividad de los jóvenes artistas. Una vez pasado octubre, podemos disfrutar de los resultados de esta iniciativa en exposiciones como ‘God is Queer’ de TheHugo, una serie de dibujos realizados a tinta en los cuales el joven ilustrador ha plasmado las complejidades que alberga el género en sus diversas manifestaciones. Ilustraciones donde morbo, transgresión y elegancia se funden para fascinar al público a través de las redes.

Hugo Díaz (TheHugo) comenzó su carrera como ilustrador realizando una autoedición de su primer libro que, a modo de cuento infantil, reelaboraba los dibujos de su infancia bajo el título ‘Mira que dibujo más bonito he hecho mamá’. Su periplo lo llevó a moverse por eventos relacionados con el manga y el anime, centrándose en el cómic a partir del cual empezó a interesarse por el dibujo. Durante la educación secundaria cambió sus intereses en torno a la biología marina por los lápices, y comenzó a orientar su futuro hacia el bachillerato artístico. Tal como apunta el artista, desde niño le encantaba crear personajes, siempre estaba dibujando y creando historias entre ellos.

En enero de 2016 se publicó ‘El fuego en el que ardo’ de Mike Lightwood ilustrado por TheHugo y que supondría su primer contrato en el mundo de la ilustración editorial. Un año después, y a raíz del éxito del primer libro se publica ‘El hielo de mis venas’, la segunda entrega del escritor sevillano editada por Plataforma Editorial e ilustrada por este prolífico artista. Entre sus proyectos se encuentra el cómic ‘Living la vida loca’ inspirado por la manera de contar historias de Paco Roca, en el cual realizó una serie de microrelatos que narraban de manera gráfica las experiencias vividas tras su paso por el grado superior en Segovia.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

TheHugo, fotografía realizada por Francesco Visone.

¿Qué es God is Queer? ¿De dónde surge la idea de esta exposición?

El proyecto en sí nació del reto viral Inktober, una propuesta del ilustrador Jake Parker. Consiste en hacer un dibujo al día a tinta durante el mes de octubre y subirlo a las redes con el hashtag #Inktober.

¿Parten esta exposición y la serie de dibujos de las redes sociales?

Sí, esto nació sí o sí de las redes. El año pasado participé en el Inktober y conseguí hacer una serie completa de 31 retratos con tinta negra y con detalles en azul, un color que aplico en todo, y la verdad es que gustó bastante.

Este año me lo preparé con más tiempo y en agosto ya estaba pensando en qué serie de ilustraciones podría hacer. Todo surgió a partir de una ilustración de Hermes, que hice con un estilo más detallista y anatómico, no tan royo “comiquero”, como lo que suelo hacer. Tuvo una muy buena recepción en redes, y pensé ¿por qué no hacer 31 dioses para el Inktober?

En cuanto al tema elegido he de decir que la mitología me ha acompañado a  toda mi vida. Tengo libros infantiles más didácticos y algunos más de adultos que tratan la mitología griega, egipcia, nórdica, etc. Es algo que me hacia mucha ilusión ilustrar.

La idea era hacer 31 dioses diferentes, completamente desnudos con algunos detalles de la iconografía propia de cada dios. No quería limitarme a hacer cuerpos academicistas, clásicos o normativos y me sentía en la casi obligación de visibilizar el colectivo LGBTI, algo que me motivaba desde un principio. Quería hacerlo desde un punto de vista reivindicativo, de ahí que hayan dioses transexuales, más gordos, más delgados, con más pelo, con menos, más amanerados o masculinos, etc. He jugado con todo el espectro que nos ofrece el género y el cuerpo humano.

¿Cómo elegiste a las divinidades?

Fue algo básico, busqué dioses que tuvieran algo atractivo a la hora de representarlos. También me guié por lo que iba leyendo sobre las mitologías y por lo que la gente me iba proponiendo por las redes. Quería hacerlos humanos. Podría hacer incluso alguno con cuatro brazos, pero no quería hacerlos con cabezas de animales. Prefería humanizarlos. Por eso, y pensando en ese toque de ilustración de moda que siempre tengo en mente, basándome en la figura animal hice detalles en algunos personajes como la nariz puntiaguda, o un peinado que tenga unas orejas de chacal, etc. En el caso del dios romano Jano, al cual se le suele representar con dos caras, la suya y otra en la nuca, como no quería alejarme tanto de lo humano, decidí hacerlo como un persona de a pié que usa dos máscaras diferentes, una joven y otra anciana.

¿Por qué las máscaras de Jano no llevan el lunar, tan representativo de tu obra?

No tienen el lunar porque lo tendría debajo de la máscara. En realidad cuando lo dibujaba pensaba en el Inktober del año pasado en el cual todos los retratos tenían el lunar excepto uno, “Venenoso”, que represntaba a un chico quitándose la máscara y dejando ver que debajo solo tenía serpientes. Era una manera de representar a las personas tóxicas. De algún modo, tanto la máscara de Venenoso como las de Jano no son reales, simbolizan aquello que se quiere exponer, es como si yo por estética quisiera quitarme el lunar.

Detalle de la ilustración "Venenoso" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración “Venenoso” de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Háblanos de la estética homoerótica tanto de esta serie como la de tus obras previas

Yo siempre intento juntar morbo y elegancia por amor a la estética. Esta fusión la plasmo en toda mi obra. Me gusta darle a lo banal, a lo pornográfico ese toque de elegancia. Al principio me pregunté ¿por qué si soy gay tengo que hacer ilustraciones gays? Luego me lo propuse y me di cuenta que salía solo, que es parte de mí. Me encanta la estética del hinduismo y budismo pero por cautela, al ser una religión y una cultura aún vivas, no quería ponerme a representar a los dioses desnudos, aunque los hindúes, por ejemplo, veneran la androgínia. Pensé que esto podría llegar a ofender.

¿Entiendo qué has hecho un ejercicio de autocensura?

Sí, hay un ejercicio de autocensura. Por ejemplo, en las redes me preguntaron si iba a hacer a Cristo. La verdad es que respeto las creencias de la gente y si hacerlo a mi manera atentaba contra estas, prefería centrarme en los mitos y leyendas. Ofender por ofender me parece demasiado gratuito.

¿Crees que esta fusión entre estética y porno determina el público al que va dirigida tu obra?

Siempre he pensado que hacer obras de carácter homoerótico quizás me cerrara puertas para ilustrar algún día un cuento infantil. El público al que llego no es intencional. Hago lo que siento, y de esa manera llego a gente con inquietudes y gustos similares. La mayoría de mi público van a ser hombres, de hecho en Instagram podría decir que el 85% que compra mi obra son hombres del colectivo LGBTI. Con mi obra pretendo dar visibilidad al mundo no normativo. Es una lucha que llevo conmigo, pues considero que por ser hombre no he de vestir de una manera concreta. A la hora de realizar algunos de los dioses he consultado a personas de colectivos queer, para ver si podría ofenderles la manera de representar algunos personajes.

¿De dónde sacas los modelos para tus personajes?

De mi cabeza, aunque en algunas ocasiones he recurrido a alguna cuenta en Instagram para inspirarme con las anatomías y las poses que beben mucho del mundo de la moda. Cuando dibujaba en mi escritorio habían dos libros: uno de mitología dirigido a publico adolescente que recopilaba divinidades de diversas mitologías, y otro que recogía las obras del artista Alphonse Mucha. Considero que su elegancia a la hora de transmitir las formas del cuerpo femenino, su estética silueteada en rostros, manos y pelo han sido de gran inspiración para mis obras.

Detalle de la ilustración "Helios" de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle de la ilustración “Helios” de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

¿Qué hay de ti en estas ilustraciones?

Soy tan visceral que todo lo que hago lo saco de mí. Cuando decidí marcarme un “Frida Kahlo” haciéndome autorretratos continuamente o poniendo a todos los personajes que diseñaba el lunar, me di cuenta que era algo de lo que pequeño renegaba y ahora es parte de mi identidad.

¿Por qué elegiste Mamut Concept Store para exponer God is Queer?

En realidad me eligieron ellos a mí. Es una tienda que nació hace unos meses, en la que se vende, ropa y productos de decoración realizados por diseñadores emergentes. Los dueños de la concept store llevan también Ediciones Hidroavión, una editorial así mas “indie”, en la que publican a escritores e ilustradores emergentes. El pasado verano a través de Instagram me escribieron desde Mamut y me ofrecieron exponer en su tienda. Fijamos fecha y programamos la exposición God is Queer.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

Ilustraciones de TheHugo expuestas en Mamut Concept Store. Fotografía cortesía del artista.

¿Para cuándo el próximo proyecto? ¿Qué ideas tienes en mente?

Me quiero centrar, por temas de trabajo, en la ilustración editorial y de moda. Tengo varias ideas para ilustrar algunas de las colecciones de diseñadores como Versace o Moschino, con colores muy “pop”. Por lo que respecta a esta exposición sí que me gustaría crear un libro con esta misma estética de ilustración, con diferentes historias, mitos y leyendas con temática queer.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Detalle del escritorio de TheHugo. Fotografía cortesía del artista.

Andrés Herraiz Llavador

Metro cuadrado. La fuerza gravitacional del movimiento

Metro Cuadrado
Grupo de danza 33 Volts
Teatre Carme
Carrer de Gregori Gea, 6. València

El Carme Teatre acoge en sus residencias las distintas investigaciones y actuaciones en torno a la danza y el movimiento. En este marco, entre los días 18 y 21 de octubre pudimos disfrutar de ‘Metro Cuadrado’. Una incisiva pieza que interpela al espectador para desplazarlo de los límites de su zona de confort y confrontarlo con la incomodidad de la realidad misma.

 Iván Colom ataviado con escafandra espacial representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

Iván Colom ataviado con escafandra espacial representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

El grupo de danza 33 Volts consiguió llenar la sala del Carme Teatre de luces y sombras, de cacofonías y sonidos melódicos que llevaban al espectador a una realidad paralela en la cual todo se regía por las delgadas líneas que componen un metro cuadrado. De tela o de fieltro, iluminado o bruno, el cuadrado se convirtió en el regente del espacio y del tiempo de la obra teatral.

Detalle del centro del escenario de la sala Carme Teatre. Fotografía de Alain Dacheux.

Detalle del centro del escenario de la sala Carme Teatre. Fotografía de Alain Dacheux.

Imbuidos por una atmósfera oscura y confusa el espectáculo comenzó desde la calma para pasar a estados de extremo dinamismo en el que los cuatro bailarines conjugaban sus desplazamientos al unísono, generando pulsaciones que fluctuaban entre la bradicardia y la arritmia más absoluta.

Los cuerpos combinados de sugerentes maneras, jugaban con la mente del espectador, quien en las construcciones corpóreas podía vislumbrar las anatomías de un ser monstruoso que avanzaba con ritmo severo hacia el cuadrado, epicentro del cosmos creado por 33 Volts para esta pieza. En torno a esta zona orbitaban los movimientos y desplazamientos de los bailarines, atraídos y a la vez repelidos por la gravedad que ejercía el cuadrilátero.

Iván Colom, Cristina Martí y Edwin Valentín representado Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

Iván Colom, Cristina Martí y Edwin Valentín representado Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

La apoteosis final llegó de la mano de la imagen proyectada que ponía el acento en el marcado carácter ecológico de la obra. ‘El lamento de Dido’ de Henry Purcell, impelía al espectador a transitar por sus emociones, mientras contemplaba los estragos del ser humano sobre La Tierra.

Bailarines del grupo de danza 33 Volts representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

Bailarines del grupo de danza 33 Volts representando Metro cuadrado. Fotografía de Alain Dacheux.

“Metro Cuadrado”, transforma danza y movimiento en el catalizador idóneo para experimentar con las emociones del individuo en su paso por  el espacio. La obra en definitiva, permite el deleite de la belleza ecléctica de un espectáculo en el que las Bellas Artes se funden para conformar una crítica reflexiva del espacio, el yo y el nosotros.

Cristina Martí bailarina de 33 Volts. Fotografía de Manu Ramírez.

Cristina Martí bailarina de 33 Volts. Fotografía de Manu Ramírez.

Andrés Herraiz Llavador

Metro cuadrado. Danza, espacio y reflexión

Entrevista a Edwin Valentín, director de Metro cuadrado
Grupo de danza 33 Volts
Teatre Carme, Carrer de Gregori Gea, 6, Valencia
Del 18 al 21 de octubre de 2018

¿Somos conscientes del espacio que ocupamos?
La velocidad con la que transitamos los lugares apenas deja tiempo para una toma de conciencia real del espacio que habitamos. En el mundo en que vivimos, se impone más que nunca repensar la forma en la que consumimos tiempo y espacio, conocedores de que ambos son compartidos y en muchas ocasiones efímeros. El arte, y más concretamente la danza, siempre interesada en el movimiento, ha investigado y conformado la manera en que vemos el cuerpo. Ahora, la concepción de este ha cambiado para terminar fundiéndose en un todo. Fagocitados por una rutina opresora que vacía de sentido nuestros trayectos, sumergiéndonos en dinámicas donde se desdibujan los límites de nuestra frontera de contacto.

Sin duda, la danza es el mejor catalizador a través de la cual el ser humano puede expresar sus ansiedades y miedos, experimentar con sus emociones y dirigir su fuerza, tanto hacia lo individual como a lo colectivo. Las residencias del Carme Teatre acogerán en este mes octubre la práctica e investigación en torno al movimiento hecho danza. Gracias al grupo 33 Volts, dirigido por Edwin Valentín, podremos disfrutar de la belleza ecléctica de un espectáculo en el que las Bellas Artes se funden para conformar una crítica reflexiva del espacio, el yo y el nosotros.

Edwin Valentín estudió en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México, su país de origen, de donde parte la inspiración de sus obras. Licenciado y especializado en Antropología Física, sus proyectos ahondan en los fenómenos sociales y culturales que tienen como punto de referencia el cuerpo y su relación con el entorno. Su formación artística comenzó en un Bachillerato de Artes y Humanidades, ligado al Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), en el que se especializó en danza.

En 2014 quedó en 4º lugar en la primera edición del concurso “Encuentro Creadores de Danza, Premio Movimiento Original”, de la Ciudad de México, en la cual presentó por primera vez el proyecto Metro cuadrado, que estrena en Valencia el próximo jueves 18 de octubre.

Fotografía de Edwin Valentín, cortesía del director.

Fotografía de Edwin Valentín, cortesía del director.

 ¿De dónde surge Metro cuadrado?

El contexto de la ciudad de México es el de vivir en una ciudad enorme en la cual las dinámicas que tu generas o que la propia ciudad te genera, te ponen en un estado de alerta. Más allá de la situación del país, el hecho de cómo convivir con tanta gente, es lo que me inspiró. Cuando has de ocupar el transporte público para moverte a cualquier lado, entras en relación con un todo, en un estado en el cual ves a las personas y no te queda otra opción que estar cuerpo a cuerpo, en una ciudad en la que todas las horas se han vuelto “hora pico”, en algunas líneas de metro. Por mucho que trates de evitarlo el espacio personal se pierde y termina por generarse una masa. El hecho de cruzarme la ciudad de México, de norte a sur para trabajar me hizo pensar en esas personas que hacen todos esos tránsitos constantemente.

Un día que estuve en un paradero de autobús esperando el trasporte, empecé a agobiarme por el ruido de los puestos ambulantes, el tráfico, la gente, el cansancio etc. y traté de voltear la cabeza hacia arriba para respirar y ver hacia el cielo. Me encontré con una enredadera de cables y me di cuenta de que no había espacio por ningún sitio. De ahí sale Metro cuadrado, de esa sensación en la que te preguntas ¿estamos viviendo esto?, ¿de dónde viene? y ¿para dónde vamos? En ese momento, mi punto de apoyo fue el metro de la ciudad que sirvió para la primera exploración de la obra.

Al momento de mudarme a Valencia, me encuentro con una ciudad en la que se siente totalmente lo contrario, en la cual yo tengo espacio, mi cuerpo lo vive distinto, se llega a relajar de otra manera. Descubro esta ciudad, nueva para mi y la siento totalmente contraria, los mismos traslados se hacen sin tanta gente, y no siento la misma sensación que en México. Entonces fue cuando me planteé ¿cómo estas personas viven  la relación con la sobrepoblación mundial?, ¿cómo se vive la sobrepoblación mundial en una ciudad como Valencia? y ¿qué pasa con este concepto?, ¿se piensa? De ahí, decido retomar Metro cuadrado aprovechando la oportunidad que generan las residencias del Carme Teatre. Estas me permiten generar un proyecto para trabajar las visiones de cómo los habitantes de una ciudad más pequeña sienten la sobrepoblación aunque, tal vez, pueda parecer que no está tan presente ese concepto o imagen. Tenia todavía esa sensación de que se podía indagar más en Metro cuadrado, explorando los distintos ángulos de donde tratar este tema. Desde un principio me interesó tener bailarines de aquí para que ellos me hablaran de sus vivencias y ver cómo sus cuerpos las expresan.

 Háblanos de la obra ¿en que consiste?

La obra parte de la danza contemporánea y podría definirse como tal porque el principal elemento del cual comunicamos es el cuerpo y el movimiento. Nos apoyamos de video, de artes plásticas, etc. La música es esencial ya que el espectáculo es mudo. La piezas sonoras no son del todo melódicas y hay algunas que transmiten sonidos ambientales con el fin de generar una sensación concreta. El sentido del oído está muy presente dentro de la pieza, por lo tanto, hablamos de danza contemporánea apoyada en otras artes.

¿Metro cuadrado tiene un punto experimental?

Si, los bailarines van a ser quienes a través de su cuerpo trasladen una serie de sensaciones al público. Siempre les pido que hablen y que conozcan el concepto que trabajamos en la obra, con el fin de que ellos lo reflexionen e investiguen y me vayan contando a través de sus experiencias y su vida cómo sienten esta relación entre ellos y la reducción de espacio. A partir de esta reflexión previa, comienzan a investigar el movimiento que posteriormente integrarán dentro del discurso. Este proceso a mi me enriquece tanto a nivel personal como profesional, nutriendo también el trabajo y la obra en sí, en la que se pueden ver un conjunto de emociones diversas.

Detalle de los bailarines ensayando Metro cuadrado. Fotografía cortesía de Edwin Valentín

Detalle de los bailarines ensayando Metro cuadrado. Fotografía cortesía de Edwin Valentín

¿Cómo fue el proceso de selección del equipo de Metro cuadrado?

El proceso de selección de bailarines fue un poco largo, porque al principio tuve que buscar personas que quisieran integrarse dentro del proyecto. Buscaba en primer lugar, que más allá de que fueran bailarines tuvieran una buena condición física, porque la propuesta tiene varios momentos de mucha fisicalidad, en la cual el cuerpo se pone muy al límite. El equipo lo conformamos Cristina Martí (Conservatorio Superior de Danza del Institut de Teatre Barcelona), Ivan Colom (Conservatorio Superior de Danza de Valencia), Pablo Caracol (Ilustrador y bailarín), Natalyd Altamirano (Asistente de dirección, actriz y bailarina y yo mismo como antropólogo físico, director, coreógrafo y bailarín.

¿Qué te pareció el espacio del Carme Teatre?

Tenía mucha ilusión de representar en el Carme Teatre. La primera vez que conocí la sala, en su sede actual, me provocó bastante. Es una sala no muy grande en la cual el público está muy cerca de lo que está sucediendo. Cuando entré inmediatamente lo pensé, “aquí yo podría representar Metro cuadrado”. Desde un primer momento, la sala en mi mente se prestaba para realizar esta obra en la que quería que la gente estuviera cercana a lo que hiciéramos en escena. El Carme Teatre es el espacio perfecto.

¿Podríamos afirmar que hay un tono crítico en la obra?

Mi intención es que el público reflexione sobre la sobrepoblación y llegue a pensarlo como algo que no está tan lejano, que se vea como un espejo que refleja una sociedad. En nuestro planteamiento, confluyen muchos elementos que sirven para hablar de este tema y hacer pensar al público que somos distintos elementos. Existe una complejidad mayor, no por estar separados unos de los otros y que aquí en Valencia no se viva esta situación de sobrepoblación, no significa que en otro lado no esté pasando.

El fin último es que el arte comunique alguna emoción, sentimiento o imagen, que mueva al público hacia esta reflexión. Nosotros a partir de las emociones, el movimiento y las imágenes pretendemos que al público se le genere algo en su ser que lo haga reflexionar. Para mi es muy importante este tema y considero que es algo relevante de que hablar. La población mundial va en aumento. No está mal que vaya en aumento, pero hemos de darnos cuenta que no somos los únicos, la humanidad no es lo único que habita en este espacio.

¿Crees que Metro cuadrado se podría lanzar a la calle?

Sí, es una buena manera de acercar la danza al público en general. Yo creo que el arte debe ser más accesible, con apoyo del gobierno y de las instituciones, y tiene que haber un hábito y una educación por consumir arte en la sociedad. Creo que ahora más que nunca la gente necesita ser muy empática, sentir y saber qué es lo que están sintiendo los demás. En estos tiempos todo es tan rápido que la gente necesita tomarse un tiempo para reflexionar eso que está sintiendo, y el arte ayuda en este proceso.

¿Si te dieran la oportunidad de lanzar Metro cuadrado a la calle lo harías?

Sí, sin pensarlo, lo haría.

¿Para cuándo la próxima obra? ¿Alguna idea de futuro en mente?

Tengo varias ideas en mente, pero hay una en especial que me está moviendo mucho desde hace unos meses atrás. Primero habría que terminar Metro cuadrado, seguir representando la obra hasta donde se pueda y una vez asentada, empezar otra investigación. Yo que veo México en la distancia y me genera muchas emociones y pensamientos, hay algo sobre mi país de lo que quiero hablar, quizás no sobre él, pero sí partiendo del mismo. Creo que en el próximo proyecto México estará más explícito que en Metro cuadrado, que ya está más globalizado. Considero que la obra debería estar abierta y continuar. Se puede adaptar a otras circunstancias, espacios y bailarines.

Logotipo del grupo de danza 33 Volts. Imagen cortesía de Edwin Valentín

Logotipo del grupo de danza 33 Volts. Imagen cortesía de Edwin Valentín

Andrés Herraiz Llavador

Paquita Salas, la serie que arrasa entre los millennials

Quizás no conozcas a Paquita Salas o puede que hayas oído hablar de ella. El porqué de su éxito sin duda radica en la confluencia de una política de marketing incisiva y cercana, que ahonda en las emociones más primarias del individuo y en la comicidad que, de manera generalizada, emerge de aquellas personas que, en los limites de la obsolescencia tecnológica, aspiran a subirse al carro de las relaciones 2.0.

Paquita, la protagonista de una de las últimas apuestas de Nettflix es un constructo nacido de las mentes de los guionistas y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi, hoy conocidos como los Javis. Un personaje esperpéntico e histriónico encarnado por el “new talent” español Brays Fernández Vidal, hecho que convierte a Paquita en un adalid de la modernidad líquida en el cual pasado y presente se funden para conformar un personaje atractivo tanto para los millennials que crecieron viendo A las 11 en casa, como para los que conocieron el vinilo, no hace mucho.

La webserie, a modo de crónica grotesca de nuestra realidad ha sido premiada en cuatro ocasiones, encontrándose entre los galardones el premio Cosmopolitan 2016 a Mejor serie, junto con las distinciones obtenidas en los premios Feroz a mejor actriz de reparto, mejor actor protagonista y mejor serie de comedia.

La última temporada, salió el pasado 29 junio para invadir tablets y portátiles, tanto dentro como fuera de nuestro país, pero ¿por qué Paquita Salas se ha convertido en un éxito transoceánico? Superando el millón de visualizaciones algunos de sus vídeos promocionales lanzados a través de la plataforma YouTube atestiguan la adhesión masiva a este serial, destinado a los miles de espectadores que ya cosecha la plataforma Nettflix.

A la hora de adentrarnos en el audiovisual contemporáneo, con el fin de vislumbrar el porqué del éxito de Paquita, hemos de concebir esta webserie como un producto nacido de la contemporaneidad más absoluta destinado al público millennial, aquel perteneciente a una generación en la que confluyeron los disquetes y los USB, y en la cual pasamos de rebobinar las cintas VHS, a la selección de escenas con comentarios del director que nos permiten los DVDs.
Paquita Salas por tanto es una serie creada por y para estos milleninals. En ella, bajo la idea de “Todo pasado fue mejor” habitan los ecos de un ayer glorioso regido por lo solido e inmutable frente a la realidad cambiante, y en algunas ocasiones confusa del hoy. Todo ello orquestado por un electo de actores y actrices que hacen del serial una apuesta confiable.

"Vinilos de Dolly Parton y Teresa Rabal, dos disquetes, cuatro cintas y un cassette". Fotografía de Andrés Herraiz.

“Vinilos de Dolly Parton y Teresa Rabal, dos disquetes, cuatro cintas y un cassette”. Fotografía de Andrés Herraiz.

Si bien la serie está realizada para aquellos nacidos entre 1982 y 2002, siguiendo las teorías generacionales de William Strauss y Neil Howe, muchos de los nacidos a mediados del siglo pasado verán en la vida de Paquita un espejo en el que mirarse. Si bien el argumento de la serie nos habla de una representante de actores, más concretamente de actrices, venida a menos, bajo el entramado tragicómico del serial se esconde la atávica lucha entre modernidad y tradición. Todo ello recubierto de una patina de estilo remember que combina canciones de Rosalia, una de las cantantes más escuchadas por los millennials del 2000, junto con grandes éxitos de Rocío Jurado, versionados para la serie. En ocasiones melancólico, el argumento profundiza en las situaciones cotidianas en las que nos vemos inmersos día a día, abogando por una crítica al ferviente capitalismo que fagocita nuestros locales y tiendas de barrio para sustituirlos por Tigers o Panarias.

Realizada con acierto para los biorritmos de los nativos digitales, los capítulos no duran más de 25 minutos y presentan numerosos planos, cambios bruscos entre las escenas y un movimiento continuado que invita a pensar que formamos parte de una serie en la cual abundan los planos subjetivos. Las interacciones de los y las protagonistas directamente con la cámara son un ya ajado recurso por parte de seriales estadounidenses de gran éxito como Modern Family, que transforman aquello que vemos en una sátira de la vida real a través del Mockumentari o falso documental. La dosis perfecta para satisfacer la pulsión escópica del individuo posmoderno, ávido por mirar sin ser visto, configurando este en la visión su condición de estar, y por ende de ser. Por todo ello Paquita Salas se erige como paradigma de webserie atractiva para la conocida como “Generación Y”, interesada por los cambios tecnológicos acontecidos en las últimas décadas, hiperconectada a una realidad en la cual las fronteras y las identidades se han disuelto en la liquidez más absoluta.

Paquita Salas comiéndose un torrezno en Chueca, Madrid.

Paquita Salas comiéndose un torrezno en Chueca, Madrid.

Posiblemente la participación de Brays Efe, sea clave para comprender la fluidez que invade todo el argumento del serial y que comienza presentándonos a un actor con las tablas suficientes para hacer de señora cincuentona, aficionada al Larios y como no, a los torreznos. Un personaje carismático y cercano que ha accedido a nuestros hogares a través de la web, concretamente a través de los numerosos videos promocionales en los que Paquita interactua con personajes del panorama televisivo español, como Amaia y Alfred, nuestros representantes en Eurovsión 2018, y de ámbito internacional como los actores protagonistas de la afamada serie Stranger Things.

Con todo, la webserie no deja indiferente al espectador ya que lo interpela desde su realidad, ridiculizando el mundo del cine, del teatro y del arte en general. Una sátira constante en la que nos sentimos inmersos y nos dejamos llevar por un humor incisivo y ácido que tiene por objetivo lo minimal, las reducciones de paella y los coaches New age. Un mundo en el que espectáculo y arte se hermanan para conformar una realidad en la cual los selfies, el Instagram y los followers dan fe de nuestra existencia misma, en la que anteponemos el estar por encima del ser.

Brays Efe como Paquita Salas

Brays Efe como Paquita Salas

Una mirada a les ombres, la narrativa d’Antoni Rubio

Black Friday, de Antoni Rubio
I·lustració de coberta de David Buisán
Sembra Libres

Vivim en un embolcall de color de rosa, som preses de les tecnologies i habitem els espais des de la distància que ens proporciona el nostre smartphone, aliens a les ombres que conviuen amb nosaltres. Parle d’un món enfosquit on, al lluny, encara es senten els brogits de les rebaixes, una dimensió a la qual no tots volem mirar però, que està més prop de nosaltres del que potser voldríem. És en aquest àmbit en el qual els relats, abans amagats en la penobra de la societat, ocupen l’espai literari de la mà de l’esciptor Antoni Rubio.

Antoni Rubio i Reverter (Esplugues de Llobregat, 1978) és professor de Llengua i Literatura a les Escoles Sant Josep de València, professió que compagina amb la redacció de la sèrie d’articles ‘Lletra de dona’ sobre la presència femenina a la literatura, publicada cada dos setmanes al suplement cultural ARTS de l’edició valenciana d’El Mundo. Donen fe de la seua passió pel periodisme els diversos mitjans en els quals ha col·laborat durant els últims vint anys, entre els quals es troben El Mundo, El Temps, La Veu, L’Informatiu, Las Provincias, Radio 9 i Cadena SER, entre d’altres. És coautor del llibre ‘Del Sud. El País Valencià al ritme dels Obrint Pas’ i autor de la sèrie de narracions breus ‘Mala lluna’, escrita per al suplement abans citat del diari El Mundo.

El seu últim llibre ‘Black Friday’ ens porta de la mà a conéixer aquests relats d’oblit on la fal·làcia deixa pas a la realitat genuïna a través d’històries que t’obliguen a empatitzar amb els personatges i mirar al revers del món. Contes breus carregats d’emocions que es fonen amb el lector i conviuen amb ell, encara després d’haver tancat les pàgines d’un llibre que té molt més de ‘Black’ que de ‘Friday’.

Antoni Rubio. Fotografia de José Cuéllar

Antoni Rubio. Fotografia de José Cuéllar

Per qué en relat curt?

Perquè és un gènere que m’ agrada molt, com a lector m’agraden els relats de Quim Monzó, els de Rodoreda, és a dir és un génere que crec que està molt treballat des de la literatura catalana. Quan vaig començar a escriure, vaig vore que era un gènere el qual, com a escriptor, em sentia molt còmode. També perquè l’origen o un dels origens del llibre són la sèrie de relats curts ‘Mala lluna’ que feia en el suplement ARTS del diari El Mundo, i ahí estàs condicionat per l’espai. Ja ha- via escrit relat curt abans, per exemple el de ‘Grossa’, que va guanyar el premi de relat curt del Sambori quan estava en la Universitat, que és un format que sempre m’ha agradat. Pense que té la seua dificultat perquè no ha de sobrar res, però al mateix temps diguem-ne que una novel·la seria una carrera de fons i el relat curt és com uns cent metres llisos. De moment a mi este sprint m’agrada més com a lector, i com a escriptor m’he sentit molt còmode. Volia fer una visió global de la societat i aleshores el format del relat curt em permet abordar moltes històries diferents des de molts punts de vista.

Qué et va motivar a escriure?

Va arribar un moment e el qual tenia escrits el conte ‘Grossa’ i els contes de ‘Mala lluna’ i vaig vore que d’alguna manera encara que parlaven d’històries molt diferents tots tenien un nexe comú, d’eixos personatges que estan un poc en el marge de la societat, en les ombres. Hi ha un dels contes, ‘Ombres’, que va ser un dels títols que vaig barallar per a tot el llibre. Eixos personatges que estan al nostre costat de nosaltres i que sembla que no veiem,  en la  part fosca de la societat i vaig vore que podria ser un fil conductor o un nexe dels contes i que podria continuar explotant eixa via. Així, els contes que són  inèdits, escrits expressament per al llibre, els vaig fer  conscientment explorant aquesta via, un poc com una casualitat, jo tenia relats breus esparsos, en principi sense cap conexió, però vaig vore que tenien eixe fil comú i vaig pensar que es podia explotar.

A qui van dirigits aquests contes? Quin és el lector en el qui pensaves quan escrivies?

Jo, si pensava en algú, pensava en qualsevol de nosaltres, qualsevol membre d’esta societat que s’informa, que llig la premsa, que veu el que passa i que sempre ho veu com coses que els passen als altres. Al llibre són tot històries que tenim al costat inclús dins de la nostra família, fins i tot podem ser nosaltres mateixos. D’alguna manera, volia despertar un poc la idea que això son fets que estan ahí i que passen moltes vegades desapercebuts, com la soledat de la gent gran, les persones amb trastorns d’alimentació, la drogadicció etc, i que moltes vegades, no volem mirar. La idea era fer mirar alló que de normal preferim no vore.

Sí que hi ha algun conte que potser  que estiga dirigit a un públic més jove. És inevitable, ja que treballe amb adolescents que hi haja algun conte que l’he fet pensant en este públic, parle de ‘H99: Inadaptació escolar’. Encara que continue pensant que, per exemple, el que relata eixe conte també ho haurien de llegir els adults.

És simplement això, el llibre va dirigit a eixes persones que poden ser qualsevol de nosaltres, jo el primer, que de vegades anem per la societat aliens al que passa.

Com van arribar els teus relats a Sembra Llibres? Per qué eixa editorial?

Sembra llibres és una editorial que, m’agrada per la sua manera de treballar i per com edita els llibres. Des del primer moment vaig pensar en ells, volia una editorial que fora menuda, però professional i potent, per tant van ser els primeres a qui vaig fer la proposta de publicar els contes i, mira la sorpresa, la van acceptar a la primera i, per tant, doncs jo, encantat. Va ser una tria conscient perquè el model d’editorial i la manera de treballar és el que m’agrada.

Exemplars de "Del Sud" i "Black Friday". Fotografia corstesia de l'autor

Exemplars de “Del Sud” i “Black Friday”. Fotografia corstesia de l’autor

Per què triares ‘Black Friday’ com a títol de tot el llibre, que té eixa història de particular per a tu?

No és tant per la història com pel títol. En primer lloc, el conte anomenat ‘Black Friday’ és una de les històries que em representa un poc, el personatge s’anomena Antoni i té unes certes característiques físiques que podrien recordar la meua persona. És ficció, jo mai he entrar a rebentar cap botiga a cops d’un bat de beisbol, però si que ets un personatge que està un poc angoixat pel ritme de la societat, els whatshapss, els problemes amb la tecnologia, amb els bancs, quan toques i et trobes amb una màquina, etc. D’alguna manera em sent molt identificat amb això i per aquest motiu era un dels títols que volia posar.

El llibre té molt a vore amb esta societat de consum ràpida, i, per tant, des d’este punt de vista pense que era adient. ‘Black Friday’ és un nom que té una doble lectura, significa divendres negre com tot el món sap, inclou la paraula negre, una paraula amb molt potencial perquè d’una banda té eixa relació amb el component consumista, de velocitat i societat lowcost, però al mateix temps també té una relació simplement amb la negror i tot alló que implica, és a dir són històries negres, són històries fosques, amagades en la penombra de la societat.

La portada de David Buisán representa molt bé la idea del llibre, un embolcall  de color de rosa amb les rebaixes, etc; on tot sembla que és meravellós i fantàstic com en el món de la publicitat, que t’ho pinta tot perfecte. Enmig, un personatge ennegrit, enfosquit, que sembla perdre’s en aquest embolcall rosa que encaixaria a la perfecció amb el black del Black Friday.

En aquest relat en particular hi ha res personal?

Jo vaig dir en un altra entrevista que sóc un tio normal, amb un treball normal, normal, amb allò que vulga dir “normal”. Allò que potser t’agradaria fer en la vida i no pots fer-ho, ho fas literariament. És una manera de traure els teus… a vore és metafóric, és un trencament amb tot este món… De fet jo sóc el primer que tinc un smartphone a la butxaca, que el miraré quan acabem i tindré vint-i-cinc whatshaps. El primer que estic pendent del rellotge, etc. És una manera molt ligth de rebel·lar-se, hi ha un moment en el qual hem de parar, que hem de trencar amb tot aixó, i pensar que estan les persones primer, abans que els calendars, els whatshaps i els correus sincronitzats. La idea era trencar eixa angoixa, de fet ‘Black Friday’ està contat des del punt de vista de les càmeres de seguretat que et van gravant, precisament per aixó, pel control de tots els punts de vista. Ara mateix si algú vol investigar, mira els moviments que has fet amb la targeta, sap per on has passat gràcies a les càmeres de seguretat, la teua correspondència amb el correu electrònic, els whatshaps, etc. Vull dir una autèntica angoixa.

Està escrit en un to de narració-realitat o més en un to satíric?

És narració seriosa, real, versemblant és més et diré que no tot, però gran part dels contes estan basats en fets reals, absolutament reals. A partir d’ahí, no només en el conte de ‘Black Friday’ sinó en algun altre va haver un moment que sí que vaig vore que el to del llibre, per la temàtica que tracta i per com acaben els contes, estava agafant un to molt negre i vaig pensar que es podia produir l’efecte rebot en el lector. Així sorgí la broma de la meta-realitat de l’últim conte, ‘Final Feliç’, la idea de “no serà per a tant”. Vaig pensar que en algun moment sí que caldria prendre-s’ho amb eixe humor tragicòmic. Per experiència quan a una persona li passen coses roïnes a la vida hi ha dues maneres d’encaixar-ho, el camí de la depressió, o tirar un poc de l´humor com a mecanisme de defensa quan et passen coses que poden ser quasi berlanguianes.Hi ha una expressió al llibre en un moment que diu: “és un monument al despropòsit”, és una expressió que parteix d’un fet real d’una persona que conec, que està en un centre de toxicòmans  en meitat de la Castella profunda a qui li va tocar una barca en un concurs. Li van enviar la barca i, aleshores, la barca estava ahi enmig de la planura de Castella. Un dels que seguia fent el Proyecto Hombre per segona vegada, mirant-la va dir: “és un monument al despropòsit”.

Antoni Rubio. Fotografia de José Cuéllar

Antoni Rubio. Fotografia de José Cuéllar

‘Valhalla’ és un relat que em va costar tancar, sembla que l’angoixa d’aquesta història s’adhereix al lector d’una manera inconscient i empàtica

La idea de ‘Valhalla’, encara que no és una història especialment original, el que volia era explicar els fets en paral·lel i trencar així el discurs entre víctima i botxí, que crec que això pot ser l’angoixant del relat. Si això passara en la vida real, ens ho vomitarén com una informació de neonazis, etc. Tindríem una resposta molt senzilla, m’imagine que la immensa majoria de la gent, tret del “animals” que hi ha pel món, empatitzarien amb la víctima i focalitzarien tot el seu odi contra el botxí. El que volia dir en aquest conte era que el que de veades identifiquem com a botxí també és una víctima, amb això no l’estic exculpant, evidentment, però moltes vegades hem de rascar un poc darrere de les persones que identifiquem com a botxins, que ho són, i que han fet coses per les quals han de pagar, però la societat no és tampoc innocent a eixe respecte. Jo no crec que la gent siga bona per se, però si que moltes vegades és una qüestió d’oportunitats i de situacions vitals. Per exemple, explique als meus alumnes que el meu besavi era analfabet i jo soc llicenciat, però que l’unica diferència que hi ha  entre el meu besavi i jo és una difència d’oportunitats. Probablement la difència que hi ha entre Mika i Omar és una diferència de recorregut vital. El que angoixa del conte és que et veus obligat, a empatitzar amb qui tu directament odiaries.

Qué hi ha d’Antoni Rubio en tots aquests relats? 

El que hi ha de mi en el llibre és que, encara que hi han històries que són ficció pura i dura, la immensa majoria d’alguna manera té una inspiració que parteix de la realitat. Abans de ser docent, vaig estar traballant de periodista encara que no ho he deixat del tot. Diguem-ne que estant en una redacció pura i dura, com activitat principal durant dotze anys  vaig trobar-me amb moltes històries que per unes coses o per altres, no es podien contar o no es podien contar bé als diaris; estes històries potser no resultaven rellevants, o feien referència a personatges que no tenen interés per a la societat. Diuen que este és el meu primer llibre de ficció, jo sempre dic que qualsevol paregut amb la realitat és pura coincidència, o no…

Va ser una manera de parlar de temes que malgrat haver estat dotze anys publicant pràcticament a diari, no havia trobat espai per a tractar-los. El llibre té un altíssim component periodístic, crec que d’alguna manera intenta adoptar una mirada que s’hauria de fer desde els mitjans de comunicació, però no es fa. La història ‘Ombres’, encara que té una gran part de ficció, presenta alguna part basada en fets reals i quan vaig intentar plantejar-la en el diari, la resposta va ser: “Això no l’intersa a ningú”, va ser una frase que va suposar un del meus primers moments de decepció amb el periodisme. D’alguna manera aquest buits del periodisme eren el que jo volia omplir, encara que fora des de la literatura.

Jo crec que més que “Això no interessa a ningú” la resposta hauria d’haver sigut: “Ningú vol llegir açò”, és a dir, no volem sortir del nostre embolcall rosa.

Clar, la història que es titula ‘Ombres’ és per aixó, pereferim que eixes històries romaguen en la penombra.

Aleshores, és un risc fer un llibre que parla de coses que ningú vol mirar o saber, no?

És un risc, efectivamente, però al final és com tot, si haguera volgut fer un bestseller el més fàcil haguera sigut escriure en anglés o castellà al voltant d’algún tema estil “Illuminati”, però la meua idea sempre ha sigut escriure d’allò que jo volia escriure. Al fnal la literatuta com el periodisme té un deute que és el de posar en el focus allò que queda fora, i és un poc el que he volgut fer en aquest llibre.

Per a quan la novel·la?

Tinc en ment fer una novel·la, però reconec que és una cosa que em produeix vertigen. Tinc dos projectes en ment que estan en una fase molt inicial, he de vore quin dels dos arranca primer, però el format que tinc al cap de moment és novel·la. No em marque terminis, vaig escriure “Del Sud” en 2007, ‘Black Friday’ ha eixit en 2017, però no m’agradaria publicar dins de deu anys. D’aquest últim llibre he acabat molt satisfet amb el resultat, no em vaig marcar més terminis que tindre’l quan jo considerara que estava com jo volía, siga encertat o no. I en el seguent vull fer el mateix.

Andrés Herráiz

“La gente no busca lo bueno, busca un libro de Tweets”

Del Silencio, Lara Peiró Agüera
Ilustraciones de Mebekha
Ediciones En Huida

El mundo de la poesía está en constante cambio, lejos quedan ya los enmudecidos ecos de la obra de Rosalía de Castro o de Zenobia Camprubí poetisas hoy olvidadas por una sociedad que ansía la inmediatez y opta por las frases breves y los mensajes claros. Hoy por hoy, todo lo que ha de ser dicho parece caber en un Tweet. En las antípodas de estas realidades, jóvenes poetisas como la valenciana Lara Peiró Agüera (Valencia, España 1994) son paradigma de una poesía intimista, y en muchas ocasiones desgarradora que ahonda en las complejidades del estar, el vivir y el callar.

Redactora Jefa de Le Miau Noire, Lara es autora de “Los días no vividos” su primer poemario y termina de publicar “Del Silencio”, su segunda obra que ya ha presentado en Valencia y que pasará por Málaga y Madrid en los próximos meses. Poetisa y traductora literaria asentada en Valencia con la mitad de su corazón en Berlín, atesora una prometedora trayectoria en la que destacan diversas publicaciones en revistas digitales y portales web.

Lara Peiró. Fotografía de Javier Gincas

Lara Peiró. Fotografía de Javier Gincas

¿Por qué en poema ?

La poesía es personal, para mi es un modo de alivio. La poesía me viene puede que sea porque leo más poesía que narrativa, aunque estoy intentando cambiarlo. Yo desde muy pequeña he leído poesía, en especial la del siglo de oro. Cuando vivía en Berlín conocí a Fany Rubio que cogió esa “libretita” que yo no enseñaba a nadie, leyó mis poemas y me motivó a seguir redactando, ahí pensé que aquello que escribía era poesía.

¿Podríamos admitir entonces que la poesía es tu medio?

Si, estoy más a gusto en poesía que en narrativa por supuesto. Escribo mucho de noche, a veces me levanto, comienzo el verso y no me voy a dormir hasta que no acabo el poema. Hay poesía y “poesía”, la gente cree que lo que se vende hoy es “poesía” y cultura, pero no se vende poesía. No es que sea crítica sino que en muchas ocasiones los libros no tienen poemas, sino frases, tweets, si cuentas los caracteres son los mismos de un tweet. La poesía la estamos matando nosotros. Me considero una afortunada de tener dos libros publicados.

¿En qué se distingue “Del silencio” de tu primer poemario?

Con “Los días no vividos” yo estaba viviendo en Berlín, vine lo presenté y todo se tramitó desde Berlín, era algo nuevo y yo no era consciente de lo que estaba pasando. Ediciones En Huida fue la única editora a la que le presenté el manuscrito y no se planteó si tenía un numero determinado de seguidores en Instagram. “Los días no vividos” fue algo más espontáneo, “Del silencio” ha sido todo lo contrario, son poemas que he dejado reposar, los he leído y vuelto a leer, los he reescrito en muchas ocasiones.

Los días no vividos hacen referencia a Berlin, yo allí era feliz pero me comía mucho la cabeza en plan: yo estoy aquí soy feliz pero siento que me estoy perdiendo un montón de cosas en Valencia. Pensaba: “me estoy perdiendo un montón de cosas por estar haciendo aquí lo que yo quiero en realidad”.

La diferencia entre ambos poemarios radica en la madurez, en “Los días no vividos” yo no era consciente de que estaba haciendo un libro. “Del silencio” es un libro maduro producto de muchas lecturas e influencias, los poemas están mucho mejor estructurados, guardan un lenguaje más cuidado, aunque convino partes con un lenguaje más vulgar que pretenden despertar al lector. En sí es un libro para el que he trabajado mucho, ha sido el producto de un año entero en el cual algunas partes del libro han permanecido en un cajón, sin que las leyera nadie.

Yo he cambiado mucho, si lees los dos libros te das cuenta de que son dos poetisas totalmente distintas. El primero es una poesía más adolescente, son voces distintas, una más infantil y otra más madura, supongo que eso es lo bonito de seguir escribiendo.

“Del silencio” y “Los días no vividos”. Fotografía cortesía del autora.

“Del silencio” y “Los días no vividos”. Fotografía cortesía del autora.

¿A quién van dirigidos los poemarios?

Hoy por hoy, considero que los poemas de “Los días no vividos” pueden agradar a los más jóvenes que se pueden sentir identificados con algunos poemas. Mi poesía no es difícil de leer, “Del silencio” va dirigido tanto a jóvenes como adultos pero no a un nivel adolescente, de hecho casi nunca escribo del amor, si escribo del amor hablo de un amor maduro.

¿Qué motivó la redacción de este segundo libro de poemas?

Empecé a escribir muchos poemas hasta que me di cuenta de que sí que había como una temática en torno a la casa y el silencio. Estaban muy estructurados aunque no me considero metódica para escribir poesía. Los poemas guardaban una temática parecida, dentro de una estructura que parecía seguir una historia. Al juntarlos me salieron las tres partes del libro en torno a la casa, la habitación y el silencio. Aun así yo no era consciente de que tenía un libro para mi, yo tengo poemas. Cuando envié el manuscrito a Ediciones En Huida les encantó y decidieron publicarlo ese mismo año.

¿Las redes sociales definen la publicación de libros?

Desgraciadamente si, osea da igual lo que escribas, si tienen 10.000 seguidores en Instagram te publican en muchos sitios y en algunas ocasiones sin haber leído el manuscrito. Yo no me muevo por decir: “voy a vender libros o quiero ser famosa”, yo sencillamente escribo. Creo que el 60% del éxito en este mundo es lo que nosotros llamamos el postureo, es muy triste pero es así, prima más el poder que tengas en las redes que la calidad de tu texto como escritora. Cuando anuncié por Instragam “Del silencio” unas chicas me preguntaron si mi libro era de frases y al decirles que era de poesía dejó de interesarles. La gente no busca lo bueno, la gente busca un libro de Tweets. Yo hablo de poesía no de poetweets.

¿Por qué “Del silencio”?, ¿Por qué esos lugares? ¿Qué son “Casa” y “Habitación” para ti?

El libro en un principio se iba a llamar la casa del silencio, pero no terminó de convencerme y se quedo en “Del silencio” ya que todos los poemas giran en torno a esa palabra. La temática del libro gira en torno a esas cosas que no dices, que te callas ya sea porque no te atreves o por las posibles consecuencias que puedan tener lo que vas a decir, al final he dicho lo que tenía que decir, quizás sabiendo que esas personas no se van a leer el libro en la vida.

El libro esta muy relacionado con la familia, la amistad y en cierta medida con el futuro. La casa remite a la familia, habitación es como mi espacio, el espacio abstracto en el que yo estoy a gusto y en el que me puedo expresar sin miedo a ninguna represalia, en donde digo aquello que siento. No es un espacio físico ni la proyección de mi misma sobre un espacio concreto.

En el apartado de “Casa” los poemas tienen titulo; en el apartado de “Habitación” tienen números; en el apartado “Del silencio” es como un poema muy largo, una sucesión de versos que cobran sentido a modo de historia. Casa y silencio guardan una carga más dramática mientras que habitación es más relajado y positivo ya que habla de donde estoy a gusto, lo que me gustaría ser. En casa se plasman muchas añoranzas de la infancia, aquellas cosas que no van a volver, como la voz de un ser querido que ya no está.

“Del silencio”, es un libro que hace daño, algunas personas que vienen a los recitales terminan llorando. La gente cuando coge el libro se piensa que es una poesía muy happy porque yo soy una persona muy risueña, pero “Del silencio” es todo lo que no digo, aquello que no se ve. Es muy autobiográfico y está escrito desde la tristeza. Yo no era consciente de que este libro hacia daño hasta que lo presenté al público.

¿Háblanos de las Ilustraciones?

En “Los días no vividos”, la imagen de la portada remite a las flores de los cerezos que en Berlín florecían en primavera por una calle concreta cercana a donde vivía. Esa imagen a mi me impactó.

En “Del silencio”, yo quería que fuera una revolución para mi “yo” escritora, quería que fuera un libro cuidado que se notara que llevaba trabajo detrás. Yo seguía en Instagram a una ilustradora conocida en redes sociales por Mebekha, hablaba con ella porque me encantaban sus ilustraciones y le pedí que realizara la ilustración de la portada y de una pasamos a 5 más. Ella leyó el manuscrito, le encantó y realizó unas ilustraciones de algunos de los poemas, el proceso duró unos 6 meses y hoy por hoy somos amigas.

Por último ¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Voy por el capítulo décimo de mi primera novela, llevaba tiempo que necesitaba dar un paso más allá de la poesía. Tenía una idea en la cabeza basada en una historia real, una estructura planteada que huye de las novelas al uso. He hecho lo que me ha dado la gana, escribo y decido el modo en que quiero contar la historia, necesito sentirme a gusto. Estoy muy contenta con lo que llevo escrito.

Ejemplares de “Del silencio”. Fotografía cortesía de la autora.

Ejemplares de “Del silencio”. Fotografía cortesía de la autora.

Andrés Herraiz Llavador

Punto quebrado, las huellas del éxodo

Punto quebrado, las huellas del éxodo
Museum Jorge Rando
C/Cruz del Molinillo, 12-14, Málaga
Desde el 4 de abril, hasta el 4 de junio de 2016

El Museum Jorge Rando alberga desde el 4 de abril la exposición Punto Quebrado. Los más destacados representantes en el Arte de la Fibra de España convergen en la Sala 4 del museo con el arte textil como medio de expresión artística.

La exposición organizada por la World Textile Art, la asociación de gestión cultural ID arte en un trabajo conjunto con el Museum Jorge Rando ha sido comisariada por Carmen Pallarés y María Ortega, coordinada por Amalia Campos y con la colaboración de Antonio Jurado, Publicitarios Implicados y Proactiva Open Arms.

El arte textil contemporáneo español destaca en la escena artística actual por su capacidad de aunar la tradición que reside en la elaboración artesanal y una búsqueda conceptual. En palabras de la comisaria Carmen Pallarés, « punto quebrado, sujeto y adjetivo, no designa aquí procedimiento de costura alguno. Ni una puntada de tal modalidad aparece en ninguna de estas obras, pero sí está en ellas su sentido, rastro tocado por un anhelo de cobijo, amparo, dignidad y altruismo frente a la destrucción y las desgarraduras que provocan las crisis inhumanas».

Detalle de la exposición.  “Triada” de Cristina Gaméz 167 x 130 cm 2014. Cortesía del Museum.

Detalle de la exposición. “Triada” de Cristina Gaméz 167 x 130 cm
2014. Cortesía del Museum.

El resultado es una muestra de diez artistas con gran fuerza expresiva en el que la potencia estética de las fibras y el tramado crean nuevos lenguajes y sinergias con otras técnicas artísticas coetáneas como el video-arte, fotografía, instalaciones, collage, esculto-pintura, escritura o impresión digital. En la presente exposición la poética personal nos permite recorrer el ‘grito ahogado’ de los chalecos falsos de la Isla de Lesbos como testimonios mudos de la tragedia del éxodo, de abrazos metálicos, de vidas que se tejen sobre la propia piel, de apariencias errantes, de invitaciones a perdernos entre bosques de lino y algodón.

Esta exposición de obras firmadas por creadores del arte de la fibra, artistas tan singulares como variados, experimentan una misma vivencia sustancial que puede definirse de esta forma: sus mimbres creadores, sus dones y recursos, se hermanan con la esencia del acto de tejer. En sus manos, se reúnen y encuentran, se acercan y se anudan materiales, materias y texturas que en muchos de los casos no son únicamente los de fibras y telas habituales: imbricados en el arte contemporáneo y actual. Hilos, papeles, fotos y palabras, objetos, luces, lienzos y tejidos naturales, ramas, raíces y mallas metálicas son urdimbre y son trama, son diseños, son hebras de este tiempo.

Punto quebrado es, como demandaba la Bauhaus, un retorno a la unidad perdida entre artesanía y arte, tanto desde los ámbitos teóricos como de sus implicaciones sociales. Una exposición que nos permite recorrer las emociones coetáneas, las realidades del siglo XXI, a través de una las manifestaciones artísticas mas ancestrales, el tejido. 

Detalle de la exposición. "Apariencias Errantes" de Román Iglesias. 75 x 100 cm 2016. Cortesía del Museum

Detalle de la exposición. “Apariencias Errantes” de Román Iglesias.
75 x 100 cm
2016. Cortesía del Museum

Originals/ Inèdits: Les dues cares de la il·lustració

Originals / Inèdits. Il·lustradors D’Osona
Comissariat de l’exposició a càrrec de Ramon Ricart
ACVIC Centre d’Arts Contemporànies
C/ Sant Francesc, 1. Vic
Fins al 30 d´abril de 2016

ACVic Centre d’Arts Contemporànies és un equipament cultural públic per a la promoció de la creació, la investigació, la producció i la difusió de propostes vinculades a les pràctiques artístiques contemporànies. És un centre compromès amb el seu entorn immediat que treballa amb el context nacional i internacional, per difondre la seva pròpia activitat, per acollir i interactuar amb experiències, artistes i actors culturals externs, en una lògica de coparticipació en l’esdevenir global de les pràctiques artístiques contemporànies.

ACVic Centre d’Arts Contemporànies es posiciona amb una línia d’acció centrada en la relació entre l’activitat educativa, el territori i la interacció social. L’art creuat amb l’educació faciliten espais de producció que s’obren a l’experimentació. S’entén la pràctica artística com una pràctica que incideix, interactua i transforma l’espai social. Des d’aquest plantejament es persegueix generar una àmbit de confluència entre la producció artística i l’acció educativa, de manera que el fet educatiu esdevé una activitat emprenedora que incorpora elements de recerca, dinamitza aspectes de producció, incentiva la participació i necessita desplegar mecanismes de visibilitat i comunicació.

Exterior del ACVic Centre d'arts contemporànies. Cortesia del ACVic.

Exterior del ACVic Centre d’arts contemporànies. Cortesia del ACVic.

Tal com indica el seu nom, ‘Originals / Inèdits’ és una exposició, en dos espais, d’il·lustradors d’Osona, que mostra dues cares de la pràctica professional de la il·lustració.

D’una banda, s’han seleccionat il·lustracions originals que s’han reproduït en llibres o revistes (que s’exposen al costat de la Biblioteca Joan Triadú, a l’Espai Romeu). Els suports i les tècniques que utilitzen els il·lustradors per realitzar aquestes obres són diversos; sempre ha estat així, però actualment es poden establir dues categories molt evidents que es defineixen pel suport final de l’original en paper (en la seva rica i estimulant varietat) o en versió digital.

Encara que sembli que el concepte d’original, a primera pensada, només tingui sentit en les il·lustracions acabades sobre paper i que en les il·lustracions digitals aquest concepte perdi sentit, en la reproducció d’aquestes darreres il·lustracions també es produeixen unes transformacions que ens permeten mantenir vigent d’alguna manera la idea de l’original: la il·lustració feta o acabada a l’ordinador, en ser reproduïda també –igual que la finalitzada sobre paper– canvia de context, d’escala i sovint de color (per la mateixa impressió i el tipus de paper on s’imprimeix).L’il·lustrador –en molts casos– manté intacta l’estima per aquesta peça anomenada original (encara que a vegades “només” sigui el dibuix a llapis que escaneja per pintar a l’ordinador).

Tot això sempre amb el benentès que mantenim una certa fidelitat a la tradició parlant dels conceptes d’original i de la seva reproducció. A més de mostrar aquestes il·lustracions tal com van sortir de l’estudi del seu autor (que ja seria suficient), aquesta part de l’exposició també vol posar en evidència que els dibuixos dels contes, abans d’arribar a les mans del lector, viuen un procés que normalment no es fa evident als ulls del receptor final.

L’altra part de l’exposició Originals / Inèdits recull una tria d’il·lustracions que, per una raó o altra, no s’han publicat i que ara podem treure a la llum a ACVic Centre d’Arts Contemporànies. No hi ha cap més pretensió que conèixer obra desconeguda, il·lustracions que s’han quedat al calaix o a la carpeta, de projectes estroncats, inacabats, personals…, en definitiva, inèdits dels quals ara podrem gaudir. Cal destacar que, en conjunció amb una tendència que també es dóna a la resta del nostre país, a Osona hi ha una gran efervescència en el món de la il·lustració: als noms històrics de referència hi podem sumar un bon grapat d’il·lustradors en actiu de gran qualitat i un gruix considerable de dibuixants que cobreixen amb riquesa la diversitat estilística i de gèneres pròpia de la il·lustració.

Feraz reivindicación de la armonía esencial

Secret Garden. Perceval Graell y Hans Some
Casa del Cable
Av. Marina Española. Xàbia, Alacant
Hasta el 8 de mayo de 2016

En consecuencia la influencia de otras disciplinas en el proceso de creación es fundamental desde el inicio para establecer la relación entre la emoción y la técnica, entre la estructura y lo poético”

José Manuel López López

Cuando contemplamos dos obras de arte relacionadas por un marco de contigüidad espacio-temporal, inmediatamente no deslizamos hacia convenciones argumentales. ¿Existe una influencia recíproca? ¿Cabe desentrañar una intención dialógica? Parece que la tarea del espectador consiste en construir algún tipo de sentido al binomio y por ello recurre a las estructuras de pensamiento que tenga más a mano. Un poco de analogía de la forma, pequeñas gotas de conceptualismo curatorial, una dosis de posicionamiento artístico, de dialéctica y exploración de la materia. Fuegos de artificio, tan banales como irrelevantes. Casi tanto como las rocambolescas explicaciones que el galerista despliega ante el coleccionista en una feria de arte. Allí se legitiman transacciones financieras, aquí discursos para engrasar el sistema del arte.

Y sin embargo, algo en las tripas nos dice que estamos ante una manifestación veraz cuando dos artistas, desde estructuras de lenguaje diferentes, se entienden. Hans Some y Perceval Graells lo hacen. Su acorde suena. Da igual que el humus del jardín secreto tenga una composición esencialmente distinta. Tampoco importa que los procesos artísticos transcurran por rutas paralelas. El resultado rima porque el receptor reconstruye lo que no existe o lo que existiendo no puede trascender, pues es efímero y contingente.

La poesía reverbera, dibuja ecos en el tiempo y coloniza los espacios. Esa poesía polifónica puede nacer del microtiempo o del macroespacio, componer un valor tímbrico o melódico, estallar en la forma o negarla. Pero cada jardín tiene sus flores y el polen vuela como los sueños hasta la vigilia del que mira. Sencillamente, dos artistas y sus obras titilando en el firmamento escrutado por la mirada estereoscópica.

Uno de ellos, Hans Some, trabaja la escultura y, por tanto, el combate entre la materia y la forma, la energía resultante y las consecuencias expresivas de todo ello: tiempo, espacio, volumen, velocidad, vacío, calor, frío, etc. Nuestra mirada resbala por las piezas como una mano acariciadora. La percepción visual y háptica marcan itinerarios para recorrer todas las tensiones que estallan en cada obra, salpicando al que observa y dejándolo impregnado de placenta primigenia.

Empezando por la forma anguloesférica o cudrancircular, siguiendo por las secuencias disruptivas, la organicidad entrópica o la arqueología del futuro. Toda divergencia es conciliable cuando el fuego alcanza la temperatura necesaria. Otra más: la anulación del tiempo que congela la forma es también supresión del espacio. El magma interior coloniza la superficie, la transfiguración de la materia crea nuevos paisajes tras el vómito y el desvelamiento de la carne.

La belleza en sus sphids y otras series y piezas está más allá del sujeto, porque éste renuncia al control y admite la genialidad del caos. Reside más bien en la libertad con que se desafían los límites. Es de otro orden. Estriba en el coraje del mensajero y en la valentía del que mira. Un juego mágico, que reconoce la cualidad de lo ancestral y la mediación del artista.

Pero esta mediación no se fundamenta en la inspiración sino en la desfiguración. El poder de lo arcaico cobra carta de naturaleza a través de la experiencia volitiva que compromete la corporeidad misma del objeto y del sujeto. Verdades a martillazos, entender a golpes, experimentar el dolor. Lugares del lenguaje, pero también ideas-fuerza a las que asirnos.

Tal vez por ese radical ensimismamiento antrópico, las esculturas de Hans Some tienen algo de ingenioso, aletean como aves fénix despidiendo y atrayendo fuerzas telúricas. Una gravitación que las modula sobre el plano terrestre y las plasma a modo de amebas de hielo o las proyecta hacia el espacio, desintegradas en mil formas punzantes o arborescentes. A veces la tensión se resuelve en fractura y la fractura se restaña, como la vida misma cura las heridas.

Esta desconcertante sinfonía se macera en crudo, a través de las recetas del inconsciente y por eso alimentan el alma mejor que los platos racionales, aliñados con certezas y servidos al punto de consciencia. Paradojas del arte, nada puede ser si parece.

Serenamente disonantes, las pinturas de Percevall Graells lanzan sus mensajes emotivos a través del color y la forma. Indiferentes y coherentes al mismo tiempo, interpelan al ojo atento desde su aparente ensimismamiento. La atonalidad de la forma escultórica encuentra la réplica tímbrica de la pintura. El lienzo es un puro aliento expresivo que conecta el gesto con la emoción y trabaja desde el color y la forma, a veces apropiándose del signo, una dimensión poética.

Detalle de la exposición "Secret Garden" 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “Secret Garden” 2016. Cortesía de la galería.

Tampoco aquí hay treguas significantes, ni la certidumbre de una conexión con el sujeto. Es pintura y dejaría de serlo si buscara referentes. Funciona como invitación a observar el fruto sensible de lo vivido. Es la antítesis del mapa, una no-cartografía. Inextricable e in-significante, su falta de pretensión la dota de fuerza.

Como la poesía o la música, hay distintos elementos a considerar. Pero no se atienen a las reglas perceptivas ni buscan el aplauso desde los palcos o el patio de butacas. Su razón de ser reside en la capacidad de revelar nuevas combinaciones de la forma, el color y la materia, no por azarosas menos concluyentes. Resulta normal que lo intangible solo pueda encontrar su cauce expresivo a través de lo ininteligible. El ritmo y la seriación se alternan con el apunte o la deriva. El estallido de la forma puede resultar equivalente a una implosión afectiva. No hay itinerarios ni rutas, porque cada obra es la hoja del diario íntimo del artista que el aire vuela y modela hasta depositarla sobre la piel desnuda del que yace en la mirada.

¿Y todo esto cómo combina? Muy sencillo: La energía es trabajo, el trabajo se expresa por el movimiento y la variación solo se entiende de modo relacional. A fin de cuentas, armonía

Jordi Navas

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas en JosédelaFuente

The stuff that surrounds us. Ángela Cuadra y Eva Fàbregas
Galeria JosédelaFuente
C/ Daoiz y Velarde, 26 Santander
Hasta el 7 mayo de 2016

Ángela Cuadra y Eva Fàbregas con The stuff that surrounds us, nos presentan una exposición flotante como un barco lanzado a la aventura, donde desprenderse de lo estancado para ahondar en una aporía organizada alrededor de obras esparcidas, como si de restos de una deflagración controlada se tratara.

Las pequeñas tablas que Ángela Cuadra instala presentan franjas de color, negras y amarillas, yuxtapuestas a una acumulación de gotas diminutas y errantes de colores vivos. Manchas erráticas que en su elogio al anacronismo, Didi-Huberman individuaba en los frescos que Fra Angélico pintó en el Convento de San Marcos en Florencia en el siglo XV, y que al acercarlos con el drippingde Pollock, inesperadamente, se iluminan de otros posibles relatos y percepciones. El anacronismo fructuoso aflora justamente en la experiencia del desfase.

Una vez superada la aparente confusión del primer vistazo, observando la heterogeneidad azarosa que nos rodea, quizás aflore la experiencia del distanciamiento, a través de una mirada caleidoscópica adulterada.

A través de A shell, many shells, Eva Fàbregas muestra una serie de imágenes del hueco de una concha que, escaneado periódicamente, alterna situaciones de estasis con ligeros movimientos del escáner. A las imágenes así obtenidas, la artista añade capas flotantes de vinilo coloreado que, como un relámpago caído sobre el objeto representado, incrementa el desplazamiento de la luz. El hueco de la concha detuvo en su interior todos los tiempos de su lento desarrollo orgánico y ahora se abre frente al espectador bajo la semblanza de una acumulación de estratos de luces, aire, distancias y cercanías.

Algo pasó y sucesivos movimientos de asentamiento incumben ahora en la sala. Las imágenes dialécticas producen un destello de tiempos heterogéneos que revividos entre pliegues no se dejan reducir a una coherencia domesticada. Las obras de Ángela Cuadra y Eva Fàbregas funcionan como mundos en miniatura, su exposición como una aldea de singularidades donde la vida en común es organizada según rituales que ensalzan el trance procesual. Este proyecto expositivo desplaza nuestro punto de vista increpándonos a re-plantearnos aquello que nos rodea.

Detalle de la exposición "The stuff that surrounds us", 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “The stuff that surrounds us”, 2016. Cortesía de la galería.

En los nuevos lienzos de Ángela Cuadra, emerge un verde que poco tiene de naturaleza y que apunta decididamente hacia el mundo del diseño, posicionandose con cierta aparente vehemencia en el centro de la composición, sin embargo sólo aguarda abdicar en favor de unos elementos decorativos que ya lo rodean y, calladamente belicosos, se acercan para destronarlo. La artista organiza sus pinturas desde los bordes; sin apresurarse tras un esquema compositivo previo, se entrega gozosamente a una parte del cuadro para luego alejarse y volver a dedicarse enteramente a otro fragmento. Aparecen detalles que bien podrían pertenecer a trozos de paredes o suelos, fragmentos de un grutesco en ruinas medio oculto bajo la vegetación. Restos que, juntos al verde artificial, configuran una especie de columpio para el espectador, un montaje de singularidades que nos lleva hacia delante y hacia atrás.

Las malas hierbas, también errantes, que Eva Fàbregas dispone en el espacio de la galería se esparcen bajo la semblanza de una ‘ecología entrópica’ transformando el terreno por el que transitan. La artista instala en los intersticios del suelo unos diminutos ensamblajes de material heterogéneo con un componente táctil que parece contagiar sus alrededores.

Detalle de la exposición "The stuff that surrounds us" 2016. Cortesía de la galería.

Detalle de la exposición “The stuff that surrounds us” 2016. Cortesía de la galería.

 Las dos artistas de The stuff that surrounds us organizan sus obras desde los rincones, se aventuran por andamios formales y conceptuales que remiten al grutesco, como hierbas salvajes que por medio del ornamento acaban dominando el espacio. Y por medio de estrategias de suspensión temporal, rodean y cautivan aquel espectador que se asome a la exposición.