Arte belga

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Arte belga. Del impresionismo a Magritte
Comisariado: Claire Leblanc, directora del Musée d’Ixelles de Bruselas
Fundación Bancaja
Plaza Tetuán 23, València
Del 5 de abril al 30 de julio de 2023

Paul Delvaux, según cuenta Estrella de Diego en el catálogo de la exposición que el MuVIM dedicó al artista belga en 2008, pidió, cuando superaba los 90 años, que le releyeran ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’ (Julio Verne), sintiéndose de nuevo preso por el capitán Nemo: “La descripción de las profundidades del mar por el Profesor Arronax arrancaron un grito: ‘¡Qué maravilloso!’”.

Fundación Bancaja se hace eco de esas maravillas que anidan en las profundidades de la realidad y de la mente humana, en la exposición ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’. La muestra, en colaboración con el Musée d’Ixelles de Bruselas y el Museo Carmen Thyssen de Málaga, reúne 77 obras de 53 artistas, poniendo el acento en el “amor por la realidad”, siguiendo cierto “hilo figurativo”, según precisó la comisaria Claire Leblanc, para indagar en lo maravilloso que pasmó a Delvaux cuando descubrió el universo de Julio Verne.

Vista de la exposición ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’, en Fundación Bancaja. Foto: Tato Baeza.

Ese “amor profundo por la realidad”, al que aludió Leblanc, y que entronca con el surrealismo -en tanto experiencia artística que amplía los límites del realismo-, no provocó en los artistas belgas el mismo grado de inmersión en esas profundidades, que el que produjo a los surrealistas franceses. “No hacen explotar las formas”, ni tampoco “deconstruyen la realidad” como hicieron sus homólogos parisinos, según explicó la comisaria de la exposición y directora del Musée d’Ixelles.

Diríase que a los artistas belgas les interesó de esas profundidades el lirismo que emanan; la extrañeza que les provoca, como al capitán Nemo, todo aquello que escapa a lo visible por hallarse escondido en lo más hondo del cosmos y de la propia mente humana. Estrella de Diego se refiere a ello cuando dice, en el mencionado escrito, que los surrealistas parisinos pintaban “lo que encuentran”, mientras los belgas se centraban en “lo que buscan”.

Vista de la exposición ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’, en Fundación Bancaja.

A esta búsqueda -en opinión de la profesora e investigadora del arte- los creadores belgas lo llamaron poesía, alejada del “automatismo” de los surrealistas franceses. De manera que lo maravilloso, en el caso que nos ocupa, si bien aflora de las mismas profundidades, emerge como depurado por ese carácter poético, para que lo siniestro de la pesadilla posea un lirismo asociado a lo onírico menos desgarrado y más místico.

‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’ ofrece un panorama de las tendencias artísticas que, desde finales del siglo XIX a mediados del XX, fueron desarrollando esa mirada poética en torno a una realidad primero captada con esos ojos impresionistas -desde las más fogosas de James Ensor a las más delicadas o vibrantes de Gillaume Van Strydonck y Theo Van Rysselberghe- a los más surrealistas -con Magritte y Delvaux a la cabeza-, pasando por el fauvismo, el simbolismo o el expresionismo.

Etiquetas todas ellas puestas en entredicho, muchas veces, por los propios artistas que no se veían afines a las mismas. Delvaux, sin ir más lejos, dirá que, aunque la poesía lo acercaba a los surrealistas, la teoría le echaba para atrás. En cualquiera de los casos, valga la aproximación categorial para seguir insistiendo en esa diferente forma de entender el surrealismo por parte de los artistas belgas.

Vista de la exposición ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’, en Fundación Bancaja.

Como recoge Leblanc, en uno de los vinilos de sala, “a diferencia de los surrealistas de otros países, que daban preeminencia a una trasposición libre del inconsciente, los belgas siguieron apegados a la realidad. La capacidad y la magia del universo creado por Magritte o Delvaux no se basaba tanto en investigaciones plásticas como en la extrañeza de un sistema figurativo ilusionista cuyas claves de descodificación e interpretación se nos escapan”.

El propio René Magritte, en una cita inscrita en la exposición, señala que el arte “no es un espejo para reflejar el mundo, sino un martillo con el que darle forma”, a pesar de que en su obra los espejos, y cuantos reflejos puedan derivarse de su inserción mediante otros registros, sean los martillos que dislocan nuestra percepción más lógica. “Todo lo que vemos esconde otra cosa”, subrayó Magritte.

En este mismo sentido, el ensayista belga Maurice Maeterlinck, con relación al simbolismo y en otra cita de la muestra, apunta que el símbolo “es la llave que abre todas las puertas del mundo invisible, el símbolo es el camino que conduce hacia la eternidad y la verdad”. Todo el conjunto expositivo está dispuesto de forma que vayamos entrando por esas puertas que conducen a lo invisible, empezando por el impresionismo “y sus derivas”, hasta alcanzar ese surrealismo próximo a lo onírico freudiano.

Un hombre observa algunas de las obras de la exposición ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’, en Fundación Bancaja. Foto: Tato Baeza.

De hecho, el psicoanalista Sigmund Freud acuñó a principios del siglo XX el término de lo siniestro para referirse a la extrañeza que provoca, paradójicamente, lo más próximo o familiar. Allí donde parece reinar la calma y la seguridad puede surgir, de pronto, la inquietud de lo reconocible que se transforma en algo turbio.

Los universos de Magritte y Delvaux se configuran con elementos fácilmente identificables, dispuestos en atmósferas que los transforman en figuras insólitas, chocantes y como intrusas. “Si el sueño es traducción de la vigilia, la vigilia es también traducción del sueño”, aseguró Magritte, cuyos hombres con bombín, al igual que las enigmáticas mujeres de Delvaux, representan esa extrañeza del sujeto incapaz de dotar de sentido al mundo que lo envuelve.

“Es un arte entre el sueño y la realidad”, subrayó Leblanc, para quien estas prácticas artísticas apuestan “por la realidad, la tierra y lo humano”, pero dejando “puertas abiertas al sueño, el humor y el absurdo”. ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’ es un recorrido por aquellas tendencias pictóricas que, colindantes con las vanguardias, desvelaron los fantasmas que anidan en nuestro inconsciente.

Arte belga
Vista de la exposición ‘Arte belga. Del impresionismo a Magritte’, en Fundación Bancaja.