#MAKMAArte
‘Aeolia’, de Solimán López
Comisaria: Roberta Bosco
Ciclo de exposiciones ‘Paisaje intangibles’
Instituto Cervantes
Alcalá 49, Madrid
Hasta el 8 de marzo de 2026
La inauguración de ‘Aeolia’ en la sede central del Instituto Cervantes de Madrid sitúa el legado cervantino en un territorio de fricción productiva entre literatura, arte contemporáneo y tecnologías algorítmicas.
Concebida por Solimán López y comisariada por Roberta Bosco, la instalación no propone una interpretación del clásico, sino una operación más incisiva: ‘Aeolia’ no interpreta el ‘Quijote’; lo instrumentaliza críticamente. El texto cervantino se convierte aquí en interfaz, en materia activa dentro de un sistema técnico que problematiza la escritura, la autoría y la memoria en el contexto del posthumanismo.
Lejos de cualquier tentación ilustrativa o celebratoria de la tecnología, la obra se articula como un dispositivo curatorial complejo que desplaza la noción de obra cerrada hacia la de proceso distribuido. El ‘Quijote’ ya no aparece como monumento literario, sino como archivo inestable, susceptible de ser reconfigurado por una inteligencia artificial entrenada no solo en el corpus cervantino, sino en una constelación de saberes contemporáneos –filosofía, ecología política, cibernética, pensamiento crítico y perspectivas de género– que introducen fricción ideológica y temporal en cada fragmento generado.
El punto de partida territorial del proyecto, Campo de Criptana, opera menos como localización simbólica que como infraestructura conceptual. Los molinos, emblema del delirio quijotesco, se reformulan como aerogeneradores: máquinas que convierten un bien común –el aire– en energía, datos y texto. En este desplazamiento, ‘Aeolia’ activa una lectura contemporánea del mito: del enfrentamiento entre imaginación y realidad a la confrontación entre subjetividad humana y sistemas técnicos que gestionan lo invisible.
En el centro del espacio expositivo, una escultura interactiva funciona como aerogenerador de escritura algorítmica. El gesto del público –soplar sobre un conjunto de plumas suspendidas– pone en circulación el aire capturado en La Mancha y activa el sistema de inteligencia artificial. Esta interacción se sitúa deliberadamente lejos de la lógica del espectáculo participativo. El espectador no crea ni controla el resultado: se convierte en agente involuntario de una cadena de mediaciones técnicas que exceden su intención.
Esta lectura curatorial de la participación resulta especialmente pertinente en el contexto actual. ‘Aeolia’ no ofrece una experiencia emancipadora, sino un modelo de responsabilidad distribuida, donde una acción mínima del cuerpo activa procesos complejos y opacos. La obra coreografía la atención del visitante y lo confronta con una constatación incómoda: intervenir ya no significa decidir.
En este sentido, la instalación establece un paralelismo implícito con el comisariado contemporáneo, entendido no como productor de discursos cerrados, sino como diseñador de condiciones de agencia, de marcos donde la acción está siempre mediada por sistemas técnicos, institucionales y políticos.

Uno de los ejes más sólidos del proyecto es la reflexión sobre la materialidad y el archivo. Los fragmentos generados por la IA se manifiestan como proyecciones láser efímeras, mientras que su conservación se articula a través de libros digitales y un libro de artista codificado en ADN sintético. Este tránsito entre soportes –del aire al dato, del dato al código biológico– no se presenta como una solución tecnológica al problema de la preservación, sino como su desplazamiento crítico.
‘Aeolia’ no propone un archivo definitivo, sino una arqueología anticipada del presente. La obra asume que todo sistema de conservación implica también pérdida, y que la promesa de permanencia tecnológica genera nuevas formas de opacidad y dependencia. Frente al tecnosolucionismo, Solimán López plantea el archivo como un campo de conflicto, donde memoria, energía y poder se entrelazan.
La inclusión de una entrevista ficticia con Miguel de Cervantes, generada por inteligencia artificial, introduce un riesgo que la exposición asume con lucidez. Leída desde una distancia crítica, la pieza opera como dispositivo espectral: no resucita al autor, sino que expone su ausencia. La pregunta que plantea no es si la simulación es verosímil, sino qué significa dar voz al pasado mediante tecnologías que producen discurso sin experiencia, sin cuerpo y sin memoria.
▶️ @solimanlopez explica en qué consiste #Aeolia, una escultura interactiva en la que el viento de #LaMancha activa una #IA para transformar energía natural en reflexión literaria.
— Instituto Cervantes (@InstCervantes) December 30, 2025
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Este gesto metaliterario no busca humanizar la máquina, sino deshumanizar la noción tradicional de autoría, llevándola hasta su límite. La figura de Cervantes aparece aquí como eco, como función, como problema, alineando el proyecto con debates contemporáneos sobre autenticidad, simulación y escritura algorítmica.
En su conjunto, ‘Aeolia’ propone una lectura expandida del ‘Quijote’ desde una sensibilidad claramente posthumanista. Los molinos ya no son gigantes imaginarios, sino infraestructuras energéticas; el aire deja de ser metáfora para convertirse en recurso político y técnico; la locura quijotesca se reconfigura como lucidez crítica ante un mundo gobernado por sistemas automatizados que operan más allá de nuestra percepción.
Pero ‘Aeolia’ no interpela únicamente al espectador. Interpela también –y de forma incisiva– a las instituciones culturales que la acogen. Al situar la obra en el Instituto Cervantes, el proyecto pone en tensión las políticas de patrimonio, canon y memoria nacional, obligando a repensar cómo se gestionan hoy los clásicos en un ecosistema cultural atravesado por la inteligencia artificial.
Como lectores, como críticos y como comisarios, ‘Aeolia’ nos confronta con una pregunta que ya no puede ser aplazada: qué significa custodiar el pasado cuando los sistemas que lo reescriben operan en tiempo real y sin autor.

