Ana Prada

#MAKMAArte
‘El sueño de la imagen’ Ana Prada
Galería Luis Adelantado
Bonaire 6, València
Hasta el 9 de noviembre de 2026

Con su exposición ‘El sueño de la imagen’, acogida en la Galería Luis Adelantado, Ana Prada nos invita a soñar despiertos. La muestra nos propone entrar en un mundo de vidas paralelas donde objetos cotidianos, como cepillos de dientes, tenedores o carretes de hilo, experimentan una metamorfosis: una transformación que suspende su función y apariencia originales para abrirse a nuevas posibilidades de existencia.

La reconocida por el jurado de Abierto València 2026 como artista destacada presenta en esta ocasión su primera exposición individual en la galería. El proyecto ocupa las cuatro salas del espacio y reúne desde obras en papel hasta esculturas que juegan con ese lenguaje propio de Prada a partir de la manipulación de objetos domésticos. Mediante la repetición, la alteración o el ensamblaje consigue despojar a estos elementos de su identidad primera para otorgarles una nueva naturaleza.

El título de la exposición resulta especialmente sugerente. ¿Por qué hablar de un sueño? Quizá porque, al igual que sucede en el plano onírico, en las obras de Prada se abren mundos paralelos en los que las cosas pueden ser algo distinto de lo que conocemos.

No se trata de abandonar por completo su existencia anterior —que como un fantasma persiste de alguna manera—, sino de imaginar otras posibilidades a partir de ella. La transformación sucede en un instante de tránsito: aquello que reconocemos deja de ser exactamente lo que era sin llegar a fijarse del todo en una nueva definición. Es precisamente en ese intervalo donde aparece la imagen de este sueño.

Ana Prada, con una de las piezas de la exposición ‘El sueño de la imagen’, en la Galería Luis Adelantado de València. Foto: Nacho López Ortiz, por cortesía de LAVAC.

A lo largo del espacio, este pensamiento se despliega como un recorrido por las diferentes posibilidades de transformación de la materia. Las esculturas y ensamblajes de Prada construyen estructuras que parecen oscilar entre lo orgánico y lo artificial, en ocasiones hasta desafiando nuestra capacidad de juzgar solo con la vista.

Sus formas crecen, se expanden y hasta parecen ramificarse con una vida propia; otras parecen replegarse sobre sí mismas, desafiando las posibilidades físicas de los materiales que las componen. La artista trabaja con una sencillez casi desconcertante, capaz de convertir combinaciones aparentemente imposibles en nuevas formas escultóricas, como su obra ‘Coser un cubo’, hecha a partir de lana acrílica y agujas de tejer.

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En este recorrido, esta existencia paralela de los objetos, este sueño, está presente en materia, pero su imagen trasciende esta vida nuestra ordinaria y cotidiana, y nos muestra otras posibilidades, otras maneras de existir.

Entre la presencia de la materia o de estos objetos en metamorfosis se encuentra la ausencia de una vida pasada, donde su antigua utilidad persiste como una huella. Así, cada pieza parece encontrarse suspendida entre dos existencias: la anterior, que todavía podemos reconocer, y la nueva, que se despliega ante nuestros ojos.

¿Cómo afecta esta ambigüedad a nuestra visión de los objetos cotidianos? De manera casi sublime, nunca podremos volver a mirarlos con los mismos ojos. Esta exposición es un antes y un después tanto para el objeto como para quien los observa.

Vista de la exposición ‘El sueño de la imagen’, de Ana Prada. Imagen cortesía de la Galería Luis Adelantado.

Y aun así, el hechizo no se rompe con el reconocimiento; al contrario, se intensifica. Es precisamente porque reconocemos los objetos que estamos mirando que podemos imaginar todo aquello en lo que podrían convertirse.

Después de recorrer las cuatro salas de la exposición, resulta difícil volver a casa sin pararnos a observar aquello que creíamos tan banal como los utensilios de la cocina, la apariencia de una rebanada de pan o, incluso, la apariencia de nuestros ojos o de nuestra sonrisa ante el espejo. Quizás entonces los objetos que nos rodean sigan siendo los mismos; nosotros, sin embargo, ya no seremos capaces de mirarlos igual.

Prada nos recuerda que incluso lo más banal contiene posibilidades que permanecen invisibles hasta que el arte las toca. Quizá sea esta una de las mayores virtudes de ‘El sueño de la imagen’: alterar nuestra manera de mirar aquello que creíamos conocer para recordarnos la importancia, o más bien la necesidad, de transformar nuestro criterio para juzgar la realidad ante nuestros ojos, e incluso a nosotros mismos.