#MAKMAEscena
‘Saudade’, de Roseta Plasencia y Sebastián Rowinsky
Certamen Coreográfico Bucles & Carme’n’Dansa 2026 (Modalidad Espacio no Convencional)
XIV Festival Bucles
Museu 2-4, València
3 de octubre de 2026
La obra de Roseta Plasencia nos propone una reflexión en movimiento sobre los espacios y la memoria, sobre la ausencia y el anhelo, sobre la tristeza de aquello que ya no está y la felicidad del recuerdo.
‘Saudade’ nos permite adentrarnos en un espacio paralelo que se construye allí mismo, ante los ojos del público, utilizando como medio el movimiento. Un espacio casi mágico y seguro donde la intimidad de dos cuerpos en diálogo resiste contra todo tiempo y neurosis del mundo externo. Este mundo, del que por quince minutos se hacen poseedores Roseta y Sebastián, los intérpretes y creadores de la pieza, se presenta como una resistencia a la velocidad de la vida actual y como un remanso de paz, una oportunidad para parar.
Es la reivindicación de un espacio propio, cuya materialidad es creada por estos cuerpos a su antojo, construyendo arquitecturas efímeras, corporales y llenas de intención, donde no solo el tiempo se pliega sobre sí mismo, sino que se crea uno nuevo, un momento y un recuerdo que les pertenece solo a ellos, en el que, de manera recíproca, cuerpo, memoria, espacio y tiempo se retroalimentan y sustentan.
El título de la pieza es una palabra proveniente de las lenguas portuguesa y gallega, cuyo significado es intraducible al español o a otros idiomas. Su definición encierra emociones enfrentadas, hasta contrarias la una de la otra, pero no por ello imposibles de coexistir. Saudade alude a la tristeza del anhelo por un lugar, alguien o algo amado que ya no está, y al mismo tiempo a la felicidad que encierra ese recuerdo querido. Es el encuentro entre la ausencia y la presencia, entre la pérdida y lo eterno.
Como Roseta misma comentó tras su representación en el Centre del Carme de València, el título vino después, pues “el concepto estaba claro”. Esto pone de manifiesto la importancia para la artista del lenguaje corporal sobre el lenguaje hablado que, como expresa esta obra y la dificultad de la traducción de su título, a veces es insuficiente para nombrar aquello que queremos expresar.
Saudade, como palabra, representa estas dificultades presentes fuera y dentro del lenguaje. ‘Saudade’, como pieza, desplaza esta dificultad al movimiento corporal, abriendo el camino al lenguaje no hablado entre dos cuerpos en diálogo presentes en esta obra. Como la definió el escritor Francisco Manuel de Melo, en 1660, saudade es “un bien que se padece y un mal de que se disfruta”.
Volviendo a la breve conversación que tuve con Roseta tras su paso por el Festival Bucles, pude preguntarle también por sus motivaciones (internas y externas) para concebir esta obra, cosa que me resulta gravemente interesante si analizo la actualidad más reciente, pues en el proceso artístico, aunque todo nazca de una necesidad de expresar o de nuestra experiencia personal, somos incapaces de separarnos del tiempo en el que vivimos y sus influencias. Roseta contestó que, en efecto, lo que le movió a crear esta pieza fueron una serie de motivos y necesidades personales, dados por el momento que atraviesa en su vida.
Sin embargo, también recalcó el nacimiento de esta obra como la búsqueda de un oasis personal y del deseo de un momento de quietud. Quería crear un lugar donde transmitir la conexión entre dos cuerpos y construir el espacio, pues no siempre se construyen de ladrillo los muros de una casa, sino con nuestros propios recuerdos.
El Certamen Coreográfico Bucles & Carme’n’Dansa 2026 (Modalidad Espacio no Convencional), que tuvo lugar el pasado 3 de octubre, acogió esta propuesta y la de otras cuatro compañías –Cia. Rolando Salamé, Colectivo D’Elas, Marilisa Gallicchio y Valeria Polorena –, cuyas piezas ofrecían una visión y reflexión propias en sintonía con el lema del festival de este año: ‘Balla fins al final’. Un lema que se cristalizó en la amplia programación del Festival Bucles 2026, finalizado el pasado 17 de octubre, y que quiso rendir homenaje a la intergeneracionalidad, a las personas mayores y a la práctica artística que no está atada a ninguna edad o tiempo.
Además de este homenaje, el evento fue presentado por un divertido e histórico personaje, que acercó con entusiasmo y mucho humor estas propuestas contemporáneas al público –muchas veces difíciles de comprender para una sociedad acostumbrada cada vez más a la inmediatez y la simplicidad del lenguaje–. Clotilde García del Castillo, pareja de Joaquín Sorolla, decidió dejar los límites de su marco en esta especial ocasión para embarcarse en una aventura hacia un nuevo mundo, nuestro presente, donde nuevas formas de danza han aflorado.
Ella y sus pequeños ayudantes no solo presentaron este certamen, también mostraron el espíritu del festival proponiendo al jurado un divertido juego que no podía haber sido más intergeneracional –¡con una Clotilde de 107 años ayudada por pequeños de no más de 10!– y más claro: repartieron entre el jurado unos carteles para que este votara, tras cada propuesta, si el arte puede o no caducar. El resultado: mayores y pequeños, contemporáneos e históricos, artistas y público, todos y todas fuimos partícipes no solo de un arte que trasciende y va más allá de cada tiempo, forma y lugar, sino que nos convertimos en prueba viviente y en recipiente de ello.
La fuerza con la que el público se sintió atraído a lo que pasaba en ese escenario poco convencional fue palpable en el aire. Cada una de las cinco compañías y creadoras nacionales e internacionales que presentaron sus propuestas dejaron un cachito de su esencia en el público, y compartieron las emociones que expresaron en cada interpretación de una manera única y personal.
De festividad con Valeria Polorena y su propuesta ‘El cuerpo tartamudeando en la proximidad de un signo futuro’; de saudade con Roseta Plasencia; de momentos reflexivos sobre el desarraigo con Cia. Rolando Salamé y su pieza ‘El mundo atrás’; de exploración y desapego con Marilisa Gallicchio y su ‘Pack Back’; o de hiperconexión con el aquí y el ahora de la Compañía D’Elas y su ‘Velaiquich, Amoorch!’.
Finalmente, y tras las propuestas y el divertido juego de Clotilde, los artistas se reunieron en el centro del claustro para despedir el evento y afirmar, una vez más y por todas, que el arte no tiene fecha de caducidad.
El festival se hizo así testigo de un arte que a través del movimiento se comunica no solo con su presente, sino también con su pasado y su futuro, trazando una línea que recorre el tiempo de manera transversal, conectando a artistas y espectadores de todas las edades (y épocas), y haciendo del arte un símbolo de resistencia y de eternidad. Pues se tenga la edad que se tenga, nadie nunca podrá afirmar con certeza que se es demasiado mayor para seguir creando. “¡Balla fins al final!”.
- ‘Saudade’: entre el recuerdo y la añoranza - 21 octubre, 2026


