#MAKMAEscena
‘Carmen, nada de nadie’
Dirección: Fernando Soto
Intérpretes: Beatriz Argüello, Oriol Tarrasón, Ana Fernández y Víctor Massan
Teatre Talia
Caballeros 31, Vaència
Hasta el 8 de noviembre de 2026
Para unos, la hija de los marqueses de Llanzol; para otros, una rubia con mucho carácter, la amiga personal del ahora rey emérito Juan Carlos o la jefa del Gabinete de la Presidencia del Gobierno de Adolfo Suárez. ¿Quién era realmente Carmen Díez de Rivera? Esa es una incógnita a la que ‘Carmen, nada de nadie’ ofrecerá respuesta en el Teatre Talia, hasta el 8 de noviembre.
Con cuatro años de funciones a sus espaldas, Beatriz Argüello, Oriol Tarrasón, Ana Fernández y Víctor Massan continúan explorando, bajo la dirección de Fernando Soto, “los meses tan confusos de la Transición española” y “las grandes situaciones y acontecimientos que han cambiado la historia de nuestro país” a través de la figura de una mujer que no se amedrentó frente a nada ni nadie.
Carmen Díez de Rivera, “la musa de la Transición”, destacaba por su dedicación política, por su propósito de “guiar a su país hacia la democracia”. Lo hizo haciendo uso de su ingenio, de su vehemencia y de sus principios, que le impulsaban siempre a pelear por causas perdidas. Fue, como mucha gente suele denominar, “una adelantada a su tiempo” que, en palabras de la actriz Ana Fernández, “se nutría de todo lo que pasaba en la calle”.
Desgraciadamente, tuvo que pagar un alto precio: verse orillada del relato histórico. Por eso, Beatriz Argüello señala la importancia de “poner sobre la escena y en valor a aquellas personas que han abierto puertas hacia cosas de las que luego nos hemos beneficiado los demás. Esas mujeres que han estado a la sombra, a la retaguardia y a las que no se les ha dado toda la visibilidad que merecían. Yo creo que el teatro y el arte son responsables de saldar esa deuda”.
Esta es una producción que pretende que el espectador tenga en su memoria la realidad de entonces: las manifestaciones, el Consejo de Ministros y la legalización del resto de partidos políticos, especialmente del comunista. Uno de los motivos es, según Fernández, “contar a la gente joven nuestra historia real” para, así, no llevar a “la desinformación y la ignorancia que provocan que la gente diga barbaridades como aquello de que con Franco se vivía mejor”.
En ese sentido, Victor Massan declara que “la historia siempre la ha contado alguien. Si con las redes sociales cualquiera puede dar una opinión sin ser periodista y hay una gran desinformación, hay que imaginar el nivel de desinformación que hemos tenido en toda nuestra historia”.
Huyendo de dogmatismos, la obra “habla de un momento político desde la humanidad de los personajes y de lo que vivieron, no desde las ideas”, señala Oriol Tarrasón. Es, por tanto, un espectáculo cuya fuerza reside en lo que se ha vivido y en la reflexión de que todo se puede desplomar en cualquier momento.
De este modo, ‘Carmen, nada de nadie’ se estructura a través de dos recursos con los que cumplir sus objetivos. Por un lado, se produce un equilibrio entre la realidad y la ficción, ya que los diálogos son inventados, pero los acontecimientos que se relatan son verídicos. En ese sentido, Tarrasón describe que “hay mucha información que el espectador de la calle no sabe”.
A esta cuestión se añaden fotografías de los líderes comunistas alemanes, de Santiago Carrillo, de recortes de prensa, de manifestaciones e, incluso, unas instantáneas en las que Suárez aparece en bañador. De modo que se puede afirmar que “la obra tiene un halo documental” y que, “para quien no conoce la historia, es un thriller”, describen Argüello y de Massan.
Por otra parte, los saltos temporales aportan un gran dramatismo a la mezcla de historia política y tragedia personal que obligó a Díez de Rivera a “catapultarse fuera de su zona de confort”. La obra se desarrolla en múltiples planos y llega a romper la cuarta pared para dirigirse directamente al público. A lo largo de noventa minutos, la función retrata a la protagonista en tres momentos clave de su vida: en su adolescencia, juventud y a los 57 años, edad a la que falleció a causa de un cáncer.
Asimismo, ‘Carmen, nada de nadie’ destaca por su propuesta escenográfica, que huye de la simple recreación histórica para apostar por un diseño despojado y sobrio. Esta semidesnudez espacial otorga todo el protagonismo a la acción dramática. A ello se suma la iluminación, de modo que ambos elementos cobran vida como dos personajes más que estimulan la imaginación del espectador y potencian la interacción entre los actores.
Definitivamente, hay algo de Carmen y de su historia que atrapa y sorprende. Como señala Argüello, “es un drama que tiene muchos elementos que hacen que sea un espectáculo muy atractivo y trepidante”. Incluso “puede llegar a producir nostalgia”, afirma Fernández, quien recuerda que, “una vez, el teatro entero se puso a cantar ‘La Intencional’”.
En definitiva, ‘Carmen, nada de nadie’ es un “texto que nace de la pasión y del enamoramiento”, aprecia Fernando Soto, para quien la obra “recoge con dignidad la tradición de aquellas personas que invocan los principios más nobles de lo humano”.
- Carmen Díez de Rivera, “la musa de la Transición”, ajusta cuentas con la historia en el Teatre Talia - 7 noviembre, 2026
- ‘Contra Ana’, una batalla abierta sobre los Trastornos de la Conducta Alimentaria - 22 octubre, 2026
- ‘Cartografías del futuro’: cuando la creación artística quiebra el estigma penitenciario - 5 octubre, 2026


