Javier Giner. Esta soledad

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‘Esta soledad’, de Javier Giner
Reparto: Oriol Pla, Marina Salas, Gemma Martínez, Kai Etxaniz y Itziar Lazkano
Música: Claudia Torrente
Fotografía: Lali Rubio
110′, España, 2026

Leo y Lorea acaban de separarse después de un tiempo juntos. Ella aspira a ser escritora. Él combina su trabajo en un supermercado con su verdadera vocación de actor. Pero ni ella parece encontrar las palabras ni él parece tampoco encontrarse cuando sale al escenario. A ambos les pesa la ausencia del otro. No sabemos por qué se han separado.

Habrá, seguro, una o mil razones. No importa. Lo que importa es que ella ya no está. Lo que importa es que él se ha ido. Pero esta historia no ha acabado, realmente. Al contrario, termina de empezar, pues, aunque ya no se vean, entre Leo y Lorea todavía queda una presencia invisible, pero tangible: la presencia y ausencia del otro. ¿Podrán superarlo?

Este es el argumento de ‘Esta soledad’, último trabajo largo del realizador Javier Giner tras el éxito de la serie ‘Yo adicto’. Aquí, Oriol Pla y Marina Salas repiten protagonismo como Leo y Lorena, dos personas que se buscan a sí mismas tras una relación sentimental que, como cuenta Giner en esta entrevista, lo ha sido todo para ellos.

El reto será cómo expresar en imágenes la catarata de emociones por la que van a transitar ambos personajes. ¿Cómo se muestra ese ruido interior que a veces nos corroe por dentro?

De fondo, una fotografía, un libro, una dedicatoria, un perfil de Instagram, dos familias rotas y una ciudad. En definitiva, todo aquello que nos configura como sujetos modernos, tan conectados, tan solos, tan necesitados del otro, de los demás.

¿El amor se acaba cuando se acaba el amor o no se acaba nunca?

Yo creo que no se acaba nunca. Hay muchos tipos de amor y también depende de las etapas de la vida. En el caso de esta peli, yo creo que hay muchas rupturas amorosas en donde el amor también se termina transformando en otro tipo de sentimiento.

Por ser más concreto: yo he tenido relaciones amorosas donde mis exparejas se han transformado en íntimos amigos. En esa relación de amistad, si hay un gran componente de amor, digamos que lo que pasa es que ese amor ya ha tomado otra forma.

Los protagonistas de ‘Esta soledad’ se llaman Leo y Lorea. ¿Estos nombres tienen un porqué particular? ¿Hay ahí algún tipo de juego de espejos?

Sí, literalmente hay un juego de espejos. Es una especie de juego metanarrativo que no tiene que ser explícito para que la película se entienda. Si te fijas, la estructura de la peli descansa sobre las vidas de ellos dos dialogando en paralelo. Y ahí me hacía mucha gracia que, para hacer un juego con esa estructura, los nombres de ellos empezasen por la misma letra. Son dos nombres distintos que están unidos por algo.

Marina Salas en un instante de 'Esta soledad', de Javier Giner.
Marina Salas en un instante de ‘Esta soledad’, de Javier Giner.

Ella es escritora, él es actor, dos profesiones relacionadas con el arte. ¿El arte es una máscara o es una forma de terapia?

Para mí, no es una forma de terapia, pero aquí te estoy dando una opinión eminentemente personal. La terapia yo la hago con mi psicóloga en un contexto terapéutico. Pero sí creo que hay algo en el arte o en las profesiones artísticas –no solo en el cine, sucede también en la música, en la literatura, incluso en la pintura– que creo que tiene mucho de expresión, de eso de contar cosas que ni tú mismo entiendes al inicio, por qué las estás contando, pero que son como canales de comunicación que expresan cosas que te hacen estar en contacto con otras personas, en este caso, el público.

Pero yo no concibo las películas como una forma de hacer terapia frente al mundo. Creo que las películas pueden acompañar, pero no creo que solucionen vidas.

Y en el caso de los personajes, ¿qué papel juega el arte? Diría que, para ellos, es una forma de sacar hacia afuera sus sentimientos.

Sí, lo has expresado súper bien. En el caso de los personajes de ‘Esta soledad’, cuando los conocemos, están en una crisis personal y de identidad. Para ellos, esa vocación artística, en el caso de él, le permite expresar muchas cosas que en su día a día no es capaz de poner en palabras, y en el caso de ella, exactamente igual.

La forma que tienen los personajes de ‘Esta soledad’ de entender esas vocaciones artísticas es como una especie de válvula de escape. Son espacios donde ellos se dan permiso para decir y hacer cosas que igual en la realidad todavía no han conseguido hacer ni decir.

Como has comentado, la estructura de la película se desarrolla sobre dos relatos paralelos que, de alguna manera, conviven. ¿Por qué elegiste esta estructura? ¿Cuántas veces te has resistido a hacer un flashback?

Pues mira, al flashback no me he resistido porque, desde el principio, sabía que no iba a hacer ninguno. Esa era una regla que nos autoimpusimos Luisa Matienzo, la coguionista, y yo. Pero te voy a ser súper sincero: en guion existía una secuencia donde ambos personajes se encuentran a la mitad de la película y en la que se explican cosas que ahora ya no se explican porque esa secuencia, aunque se rodó, la quitamos del montaje. Y la quitamos porque la sensación que tuve al verla era que teníamos que apostar al todo o nada.

Al ver esa secuencia ahí en medio (que, por otro lado, era una secuencia preciosa en la que Oriol y Marina estaba espectaculares), me daba la sensación de que me había cagado de miedo y había dicho, «espera, espera, te lo voy a explicar» Y me dije, «no, es que, si hacemos la apuesta, la hacemos». Esa estructura paralela nace de la idea de que, cuando tú estás en pareja, se están sumando las vidas de dos personas.

Entonces, aparece una nueva vida que es la vida de la pareja. Pero cuando esa pareja se desmiembra vuelven a aparecer las vidas de dos personas. Y son vidas separadas. Es como que esa estructura, que era la suma de dos personas, vuelve a ser las vidas individuales de cada uno de ellos. Es decir, que nacen dos nuevas vidas. En ese sentido, me interesaba mucho ver cómo el dolor o la reconstrucción atraviesa, en paralelo, la vida de estas dos nuevas personas, sin tocarse.

¿Las emociones se entienden mejor si no se explican?

Depende. No hay una regla de oro, o creo que no la hay. Sí es verdad que, en este caso, en ‘Esta soledad’, he intentado ser emocional, pero sin utilizar –cómo te diría– ninguna de las herramientas cinematográficas que yo sé que pueden funcionar para provocar la emoción. Quería que la emoción fuese una cosa más cotidiana, más antiépica.

Es un ejemplo muy absurdo, pero entiéndeme. Es como cuando dos personajes se encuentran en pantalla, se enamoran, se dan un beso y, de repente, empiezan a sonar violines. Yo, como director, sé que, si pongo ahí un pedazo de sinfonía, el público se va a emocionar.

Digamos que sé cómo manipular eso, entre comillas. Pero yo quería irme justamente al lado contrario: a tratar de reflejar la vida en toda su aspereza y en toda su cotidianidad e intentar lograr la emoción a través de eso. Pero, sobre todo, porque creo que la vida en sí misma también tiene mucha acción.

Oriol Pla en un instante de 'Esta soledad', de Javier Giner.
Oriol Pla en un instante de ‘Esta soledad’, de Javier Giner.

En un momento dado, Lorea conoce a otra persona, que es esta presidiaria con la que va a convivir durante un tiempo. En paralelo, Leo parece que, de alguna manera, está enganchado al recuerdo o a la relación que tiene con su padre. ¿Necesitamos, aunque sea de vez en cuando, un salvavidas o los salvavidas son también una trampa?

Para mí hay dos respuestas a tu pregunta. La primera es que creo que uno de los grandes aprendizajes del ser humano es aprender a estar solo. Por lo menos en mi vida, hacer las paces con la soledad me ha ayudado mucho, me ha brindado una especie de paz tranquila.

Luego, cuando te aceptas, con todo lo bueno y todo lo malo que tenemos las personas, a partir de ahí vincularnos con el otro es importantísimo y, como bien dices, es un salvavidas.

Creo que el ser humano es social por naturaleza y el individualismo atroz, para que me entiendas, como solución a mí no me parece un modo de vida, sino todo lo contrario. Creo que brillamos y que, de alguna manera, exprimimos la vida de la mejor manera posible justo cuando entramos en relación con otros.

Los problemas que tienen los dos personajes les acaban devolviendo a su relación con sus padres, a sus familias. ¿Qué papel juega para ti la familia en las relaciones?

Yo creo que la familia es uno de los grandes temazos de la vida de todas las personas. Creo que es una estructura que, para lo bueno y para lo malo, nos educa, nos condiciona, nos sostiene y nos lanza al mundo. En el momento en el que entras a hacer terapia, estás todo el rato revisando muchas cosas que tienen relación con la familia.

¿Qué es lo que ocurre? En el caso de ‘Esta soledad’, y sin hacer spoilers, parte de la reconstrucción individual que hacemos los seres humanos tiene que ver con hacer las paces con esas primeras heridas que, muchas veces, no tienen que ver con la herida que estás sufriendo en ese momento.

Por ejemplo, en este caso de una ruptura sentimental, la herida es con esa expareja, pero, para poder avanzar, muchas veces creo que tenemos que mirar más atrás. Por eso era tan importante que la forma que ellos tienen de sanar sea a través de un abrazo, pero no de la persona que tú esperarías que te va a dar ese abrazo.

Yo creo que, en este viaje vital, sobre todo cuando una estructura que para ti es muy importante, como puede ser una pareja, se derrumba y todo se tambalea, hay algo de volver al origen a curar esas heridas que llevamos encima de manera inconsciente. Eso es lo que, luego, nos permite avanzar.

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Me interesa lo que has dicho porque mi siguiente pregunta era precisamente sobre el afecto. ¿Estamos faltos de abrazos?

Pues, fíjate, como toda generalidad, quizá sea una tontería de respuesta, pero te diría que sí. Para mí era muy importante reflejar que la reconstrucción de los dos personajes acabase en ese gesto de un abrazo porque, en un abrazo, no se habla.

Es como que abrazas a la otra persona y estás ahí, ¿no? Fíjate en la forma que tiene Marina de abrazar al personaje de Itziar [Lazkano, su madre en la ficción]. Es casi como apoyándose en ella, como un sostén, por así decirlo. Para mí era muy importante terminar así.

Hay otro elemento que está jugando alrededor de esta relación, que es el valor que tienen los objetos en la vida. ¿Cuánto hay de nosotros en los objetos?

Yo es que soy muy fetichista, aunque fetichista no es la palabra, entiéndeme. Yo soy muy de dar importancia a los objetos, pero el objeto como representación de algo emocional. Lo puede entender cualquiera. Una foto no es solo un objeto físico, sino que es todo lo que representa esa foto. Es cierto que yo soy una persona que le da mucha importancia a los objetos o a las cosas, pero como conexión a un aspecto mucho más emocional.

A pesar de la separación, Leo y Lorena se siguen, se miran, sin mirarse, a través de las redes sociales. Las fotos son objetos físicos, pero ¿qué quedará de ese nosotros en este mundo virtual?

Pues eso es algo para lo que, desde luego, no tengo respuesta. Y te lo digo con toda la humildad del mundo porque es un diálogo continuo conmigo mismo, también. Creo que nos ha caído todo este mundo digital y, al menos yo, todavía estoy intentando encontrar las respuestas a cómo relacionarme desde ahí. Porque es verdad que, como supongo que le ocurre a todo el mundo, paso rachas solo en casa en las que estoy escroleando y, de repente, me digo que se me ha ido el tiempo, y que debería estar sustituyendo ese tiempo con algo físico, como tomarme un café con un amigo.

Creo que estamos ante un mundo que es nuevo en muchos aspectos, y que todos nos estamos intentando adaptar a él. Yo te tengo que decir que reflexiono mucho acerca de ello y todavía no tengo las respuestas, la verdad.

‘Esta soledad’ tiene algunos elementos comunes con la serie ‘Yo, adicto’. Me refiero a esa expresividad de los personajes, a esos sujetos que se encuentran perdidos en sí mismos. ¿Qué diferencias encontrarías tú entre la serie y esta película?

Yo creo que a ambas les une un cordón umbilical muy fuerte. Creo que ambas tratan de lo que significa reconstruirse, de personas que están rotas, que no tienen respuestas, de personas que están desorientadas o perdidas. Pero creo que la mayor diferencia entre ellas es de tono.

Mientras ‘Yo, adicto’ podía ser explosiva, verborreica, incluso muy luminosa por momentos, aunque lo que contaba era duro, ‘Esta soledad’ es muchísimo más bilbaína, es mi cara más melancólica, más lúgubre, más reflexiva; también, más silenciosa.

Creo que, de alguna manera, hemos intentado buscar una nueva forma de expresión que no habíamos hecho en ‘Yo, adicto’. Cuando hablo en plural me refiero también a Oriol y a Marina, a los tres.

La ciudad es importante en la película. Es el contexto, pero también es un elemento sentimental.

Cien por cien. Fíjate, durante la preparación y en el rodaje, muchas veces yo hablaba de la película, no tanto en el sentido narrativo, de las cosas que pasan, sino que hablaba mucho del estado emocional, de intentar conseguir capturar un estado emocional un poco indefinible, pero que fuese una especie de filtro que lo empapase todo.

Están las actuaciones, los objetos, pero, sobre todo, una de las herramientas que yo tenía para conseguir eso eran los escenarios y los espacios de la propia ciudad, y esa luz que es muy específica de la cornisa cantábrica, esa especie de cielo encapotado, triste, pero que tampoco es triste, triste. Yo creo que todos esos elementos acompañan muy bien a lo que la propia película cuenta, sí.

Para terminar, te iba a preguntar qué es para ti la soledad o por qué estamos tan solos, pero no estoy seguro de que, al final, estos personajes lo estén realmente.

Para mí, la soledad es un estado que todos los seres humanos atravesamos. Es un estado que me ha dado mucho miedo y con el que he tenido que aprender a convivir. Creo que la soledad es algo que llevamos encima porque nacemos solos y morimos solos.

Al final, es ese aprendizaje perpetuo que está siempre presente en la vida de todos nosotros. Desde que hice las paces con ella, en muchos momentos yo disfruto de mi vida estando solo. Creo que puede ser una fuente de mucho dolor, pero, una vez que la transitas, la entiendes y la aceptas, también puede ser una fuente de muchísimo placer.