Futuros en Libertad. Fundación por la Justicia

#MAKMAEscena
‘Futuros en Libertad. Emociones a escena para integr-Arte’
Mediación cultural: Paula Sánchez y Lidia Hervás
Fundación por la Justicia
Centro Penitenciario de València “Antoni Asunción Hernández” (Picassent)

Si tuvieras que reconstruir tu vida de cero, ¿qué cambiarías? ¿Qué dejarías atrás? ¿Con qué te quedarías? Esta situación hipotética es el dilema al que se enfrenta la población penitenciaria de cara a la reinserción.

Un dilema tan complejo como lo es para cualquier persona tener que reconfigurar su identidad. Diseccionar la historia de vida, cortar ahí donde algo se obstruye, sanar, remendar. La mayoría no somos capaces de hacer esta operación, pero a algunas personas no les queda otra si quieren recuperar su libertad.

Futuros en Libertad es el proyecto de Fundación por la Justicia dedicado a fortalecer la salud mental y las oportunidades de reinserción de la población penitenciaria. Desde 2022, han realizado distintas ediciones en el Centro Penitenciario de València “Antoni Asunción Hernández” (Picassent), utilizando como herramienta principal la mediación artística, primero desde las artes plásticas, el audiovisual y, más recientemente, desde el teatro.

En 2024, identificaron una gran desatención de la salud mental femenina en los centros penitenciarios y, desde entonces, han orientado sus talleres a grupos de mujeres privadas de libertad.

Este 2026, bajo el título ‘Futuros en Libertad. Emociones a escena para integr-Arte’, las mediadoras culturales Paula Sánchez y Lídia Hervàs han trabajado, durante seis meses, con veinte mujeres del centro penitenciario de Picassent con el objetivo de acompañarlas en sus procesos de reconstrucción, tratando cuestiones como la inteligencia emocional, la comunicación y la confianza propia y mutua.

Un proyecto, tal y como detalla Paula Sánchez en esta entrevista, que tiene como objetivo mejorar la salud mental, el bienestar emocional y las oportunidades de reinserción de estas mujeres privadas de libertad.

Paula Sánchez durante el taller de Futuros en Libertad en el Centro Penitenciario de València (Picassent). Imagen cortesía de Fundación por la Justicia.
Paula Sánchez durante el taller de Futuros en Libertad en el Centro Penitenciario de València (Picassent). Imagen cortesía de Fundación por la Justicia.

¿De qué manera puede el teatro o las artes escénicas servir con estos propósitos?

Hay una parte muy importante que es crear un espacio donde las personas se pueden relacionar de otra manera. Un espacio-tiempo en el que pueden abandonar el estado de alerta, se pueden expresar, desahogar, equivocar. Les invitamos a no juzgar y no ser juzgadas. Dentro de ellas se amplía un espacio de posibilidades, tanto para la convivencia allí como de cara a la reinserción.

Cuando llevas una experiencia al cuerpo a través de la escena, se crea un registro en la memoria. No es lo mismo contarlo que ponerlo en el cuerpo o verlo en el cuerpo de una compañera. Pongo un ejemplo. Un día, hicimos un trabajo con cuerdas porque queríamos expresar la tensión. Ese juego de contrapesos representaba el juicio y la crítica que tienen entre ellas, pero después les dijimos que pensaran qué más podía ser esa cuerda. Una de ellas cogió el elemento y lo vio claro: “Para mí, esto es la droga”. Espontáneamente, le salió un relato y esa escena se convirtió en un ritual para resignificar su historia.

La escena nos ha servido mucho para ver, decir y deconstruir el estigma que sufren, el de la droga, la salud mental, el hecho de estar presas. Reclaman su dignidad. Utilizan el teatro para conectar con su fuerza, para ponerle voz, darle cuerpo y sentirlo juntas.

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¿Hay algún prejuicio que tuvierais y que se os haya desmontado con el proyecto?

Claro que vamos también con nuestros prejuicios, porque entras a un contexto que no conoces. Y es superimportante ser conscientes de que los tenemos y de que condicionan nuestra manera de intervenir.

No diría que los prejuicios se han ido, pero hemos trabajado sobre ellos. Por ejemplo, sobre la manera de expresar sus necesidades. De primeras, parece que, por el sitio en el que están, se tendrían que callar y acatar las órdenes, pero también tienen derecho a expresar sus límites. Juntas vemos qué otras vías y estrategias tenemos para denunciar una situación que entendemos que está vulnerando nuestros derechos o que está vulnerando nuestra intimidad, específicamente. También trabajamos mucho sobre el sentimiento de culpa, cómo vivirla con mayor resiliencia.

Pero lo más costoso es el tema de la confianza. Existe el prejuicio de que ahí dentro no puedes confiar en nadie. Nosotras planteamos los talleres como un espacio seguro y de confidencialidad, pero eso depende de que el grupo lo lleve a cabo, que puedan construir una realidad alternativa. La confianza es algo que se construye, y se construye dándola.

En vuestros talleres utilizáis la metodología del Teatro del Oprimido ¿En qué consisten estos ejercicios?

En los talleres hay una mezcla de metodologías, del Teatro del Oprimido, el Teatro Social, el Teatro Foro. Un ejercicio que hacemos es crear imágenes estáticas con el cuerpo que expresen determinadas situaciones y el grupo las interpreta. Esto nos ayuda a trabajar los puntos de vista, porque cada una, de la misma imagen, percibe cosas distintas, así detectamos cuál es el imaginario colectivo del grupo.

Al poner el cuerpo se desvelan algunas estructuras que no pasan por la mente. Por ejemplo, ¿cómo se sienten frente a la reinserción? ¿Qué imagen tienen de la salud mental? Cuando creas una imagen corporal y la empiezas a repetir, aprendes a nombrarla. La imagen y el cuerpo son detonadores del diálogo que viene después.

También hemos trabajado con el Teatro Sistémico. Por ejemplo, con la figura del triángulo ponemos en escena la relación víctima-agresor-salvadora. Así vemos con qué parte se identifican. Este es un trabajo previo para para luego entrar en las temáticas que abordamos.

El Teatro Foro no hemos conseguido llevarlo a las muestras porque sería muy complicado hacer subir al público al escenario, pero sí que lo utilizamos en las sesiones. A través del teatro representamos una situación de conflicto y se lanza la pregunta: “¿Cómo podemos responder a esta situación de otra manera?”. Ahí se abre la posibilidad de que entre otra persona y cambie la escena

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¿Cómo te gustaría que evolucionara el proyecto de Futuros en Libertad para que fuera aún más eficiente?

Necesitaríamos que las sesiones de trabajo fueran más largas –mínimo de tres horas– y que pudiéramos trabajar otros aspectos en paralelo, con equipos coordinados, como la gestión de conflictos o la comunicación no violenta. Si se hiciera ese trabajo por un lado, luego en los talleres podríamos profundizar más en la expresión corporal y emocional, porque ahora mismo estamos abarcándolo todo en los talleres de teatro.

También nos gustaría dar continuidad a las participantes que salen. Que hubiera algún espacio de encuentro.

La muestra de la última edición de ‘Futuros en Libertad’ fue hace unos meses. ¿Qué conclusiones o qué nuevos futuros imaginaron las participantes?

Ellas lo que desean es recuperar su fortaleza interna, su lugar de reconocimiento. Hubo una escena en esta última muestra donde hacíamos un pasillo que iba desde el pasado hacia el futuro. El mensaje venía a decir: “Vengo de donde vengo, pero ya estoy dando pasos hacia mi nueva vida. Y en mi nueva vida, camino con todos estos aprendizajes. Camino dándome valor a mí misma”.

Era un ritual de reparación interna. Un aliento para recuperar la fuerza y dar un paso al mundo diciendo: “Soy yo”. Pero para conseguir todo esto tienen que dejar muchas cosas atrás. Atrás quedan las drogas y ciertas formas de vivir. A cambio, recupero mis vínculos, mis relaciones pendientes, muchas con sus hijas, hijos, nietas, nietos.