Contra Ana. La Contraria. Sala Off

#MAKMAEscena
‘Contra Ana’, de La Contraria
Dirección: Paco Montes
Dramaturgia: Alma García
Intérpretes Alma García, Carmen Climent, Jone Laspiur y León Molina
Sala Off
Túria 45 , Valencia
Del 16 al 18 de octubre de 2026

“Quiero sentir que cada vez que corro una zancada bajo un kilo. Quiero ser tan ligera como para desaparecer”. Esta es una de las muchas reclamas que Alma García y la compañía La Contraria presentan en ‘Contra Ana’, la obra con la que la actriz ganó el pasado año el Premio Max 2025 a mejor espectáculo revelación y que subió a escena el pasado fin de semana en la Sala Off de València.

Con música de Javier Porras y Cristian Olarte, que sirve para separar y acompañar las diferentes escenas, y una iluminación que es un espejo de las emociones de los personajes, esta producción recurre a la autoficción y al testimonio individual para reflexionar acerca de los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) y los diversos efectos que pueden acarrear a las personas que los padecen.

Interpretada por Alma García, Carmen Climent, Jone Laspiur y León Molina, la obra nos presenta a tres personajes principales con realidades distintas, pero con un destino similar: ITA, un centro de salud mental especializado en este tipo de enfermedades. Estos testimonios son una prueba viviente del dolor que las personas esconden. Son un grito de socorro, a la vez que un lamento que se pregunta: “¿Por qué esta enfermedad nos hace odiarnos tanto?”.

Carmen Climent se pone en la piel de la autora durante su adolescencia, cuando era Ana Martínez García. Un caso de una persona con una familia que la ama profundamente, con una vida aparentemente perfecta, pero que oculta una repugnancia hacia sí misma que nadie ve. Mientras todo el mundo ríe, intenta sobrevivir a la falta de amor propio y al sentimiento de no ser suficiente, ni para ella misma ni para el resto.

‘Contra Ana’. La Contraria

Por su parte, Beatriz Justamente y Jone Laspiur dan vida a Marta, una joven que tras el divorcio de sus padres comienza a sentirse culpable por el hecho de que su familia se haya roto. De modo que, mientras el mundo le da la espalda, empieza a vomitar y a cortarse las venas. Su personaje es una clara muestra de que el proceso no es lineal y que las recaídas están ocasionadas, en gran parte, por cómo la sociedad trata este tipo de realidades.

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En cuanto a León Molina, su personaje se encarga de demostrar que, al contrario de lo que mucha gente cree, los hombres también pueden padecer un TCA. En su caso, ni su familia está dispuesta a hablar con él porque no son capaces de entender ni asimilar su sexualidad.

Por último, Alma García se interpreta también a sí misma mirando a un pasado que no ha desaparecido del todo por mucho que intente ocultarlo bajo un nuevo nombre, porque ¿quién es Alma sin Ana? Esta pregunta arrastra al espectador a otras tantas: ¿el proceso de curación se termina alguna vez? ¿La enfermedad siempre va a estar al acecho, lista para atacar cuando el ser humano se vuelva a sentir vulnerable, diferente al resto?

En este sentido, ‘Contra Ana’ abre la puerta a otra de las consecuencias de los TCA: las crisis de identidad. En una representación de debate interno público, la autora se pregunta quién es ella: si es la persona que ha conseguido sobrellevar la anorexia nerviosa, la adolescente que estuvo internada o la que era antes de la enfermedad.

Al igual que Penélope se dedicaba a tejer en su telar en la ‘Odisea’, Alma García hila diferentes focos de diálogos y une la anterior cuestión con la búsqueda de un lugar seguro y del peso mental que acarrea el tener que construir un hogar constamente, una Ítaca para no volver a ahogarse en un mar de desesperación y angustia. “Estoy cansada de inventarme islas para ser feliz”, declara.

Lo que definitivamente no es un refugio es ITA. Dejando de lado el que se trate de un centro privado y que, por tanto, las personas con menos recursos no puedan acudir, más que ser un centro de rehabilitación en el que los pacientes deben olvidar su peso, es una cárcel. Incluso se muestra cómo existen varios roles como el de los fileros, los ducheros o los despertadores, que lo único que hacen es potenciar esa sensación de encierro y control sobre los cuerpos: “La libertad sigue supeditada a lo que diga la báscula”.

‘Contra Ana’ no pretende ser un “teatro pacífico”, sino “una declaración de guerra a todos los que piensan que lo diferente es malo”. Ciertamente, es presenciar cómo alguien se desnuda para mostrar unas heridas y un dolor que sale de las entrañas para evitar la muerte del silencio, aunque “nombrar el dolor en voz alta apesta”.