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XXV edición de El Primer Corte de la Miel
Ayora (València)
Del 8 al 12 de octubre de 2026
“Quien no probó la miel, no sabe lo que es bien”, afirma la sabiduría popular. En Ayora, este refrán adquiere una dimensión histórica, cultural y económica. No en vano, en este municipio del suroeste de la provincia de València, la miel se instituye en seña de identidad colectiva y una práctica etnográfica transmitida entre generaciones.
Con motivo de su XXV edición, El Primer Corte de la Miel celebra, del 8 al 12 de octubre, un cuarto de siglo dedicado a divulgar la apicultura, la gastronomía, la artesanía y el patrimonio cultural del Valle de Ayora. Una iniciativa nacida del impulso comunal entre el consistorio y el colectivo apícola local con el propósito de dar visibilidad a la producción de miel. Con el paso de los años y la gestión de las sucesivas corporaciones municipales, la cita fue ganando concurrencia.
Sobre los orígenes y la trayectoria del evento, el alcalde de Ayora, José Vicente Anaya, echa la vista atrás para recordar cómo germinó la iniciativa. “Esto comenzó hace 25 años como una manera de poner en valor los productos apícolas y toda la apicultura de nuestro municipio”, señala el primer edil, quien detalla que la idea “partió de Pascual Ortiz, alcalde en aquel momento, en los años anteriores al 2001, cuando comenzó”. En aquellos primeros compases, relata Anaya, “se mantuvieron conversaciones con todos los apicultores para que formaran parte del nacimiento de esta feria que en ningún momento pensábamos que podía llegar a tener este alcance”.
Con el transcurso de las ediciones, el certamen fue consolidándose, aunque hubo un claro punto de inflexión. Tal y como explica el alcalde, “a lo largo de los años se ha ido trabajando desde las diferentes corporaciones municipales para impulsarla, pero el empuje principal vino a partir de 2012”. Fue entonces cuando, “junto a Mercedes Sáez, apicultora y concejala de Turismo, se le dio una proyección relevante en cuanto a publicidad y participación, tomando conciencia del potencial del evento”.
Pese a este crecimiento, la esencia de la cita permanece intacta. “A lo largo de estos 25 años hemos mantenido el espíritu fundacional y en la etapa reciente, con Sandra Patiño al frente de la Concejalía de Turismo, la feria ha alcanzado su punto más alto”, afirma Anaya, para quien la clave de esta consolidación resulta evidente: “El auténtico secreto reside en hacer las cosas con dedicación, interés y la pausa que requiere la gestión turística”.
Incluso las adversidades de los últimos tiempos han servido para mejorar la experiencia del visitante. El edil reconoce que “la pandemia nos sirvió para reorganizar el formato: dividimos la feria entre la vertiente gastronómica y la apícola, lo que permitió que el público disfrutara con mayor tranquilidad y espacio”.
El resultado de todas estas decisiones se refleja en las cifras actuales. “El impacto promocional del boca a boca es amplio: recibir 50.000 personas durante varios días en un municipio que no llega a los 5.000 habitantes representa una satisfacción y confirma el trabajo realizado durante este cuarto de siglo”.
La apicultura como identidad, memoria y conservación ambiental
La relación entre el ser humano y las abejas en estas tierras cuenta con antecedentes prehistóricos. En la cercana comarca de la Canal de Navarrés se localiza el abrigo de la cueva de la Araña (Bicorp), cuyas pinturas rupestres representan a una figura humana recolectando miel con panales en altura, testimonio directo de la antigüedad de este oficio en el territorio.
De hecho, en los debates contemporáneos sobre la preservación de los ecosistemas suele mencionarse que, “si las abejas desaparecen, al hombre le quedan cuatro años de vida”. Una cita atribuida erróneamente al físico Albert Einstein promulgada, en realidad, por colectivos apícolas belgas, a mediados de los años 90, para alertar sobre el colapso de las colmenas y el impacto ecológico de su desaparición.

En el contexto específico de Ayora, entre un 35 % y un 40 % de la población activa guarda relación directa con este sector. Las tareas comprenden desde el cuidado invernal de las colmenas hasta la recolección estival bajo temperaturas elevadas y la práctica habitual de la trashumancia hacia diversas provincias españolas.
José Vicente Anaya remarca el valor antropológico y vertebrador de este oficio, apuntando que “la apicultura ha marcado profundamente el territorio del Valle de Ayora y de comarcas limítrofes como la Canal de Navarrés”. En este sentido, destaca cómo el arraigo de esta práctica va mucho más allá de lo puramente económico, ya que “este patrimonio natural ha permitido a múltiples generaciones vivir de la apicultura y mantener esta tradición”.
Toda esta actividad incesante termina modelando el entorno natural. Como bien subraya Anaya, “este trabajo confiere una identidad propia a la comarca”, donde la estampa visual de los montes está ligada indisolublemente a la producción local. Por ello, relata que “es habitual encontrar hileras de colmenas en los campos para obtener la miel de romero y tomillo”.
Igualmente, su dimensión social traza un nexo de unión indispensable en los hogares del municipio. “Las colmenas han servido para reunir a las familias en las labores de mantenimiento y en los viajes hacia zonas de pecoreo en Soria, Toledo o Sevilla”, detalla. Este tejido productivo se traduce, a su vez, en una continuidad natural con carácter hereditario. En este sentido, Anaya destaca que “el relevo generacional en estas familias se produce de forma espontánea, ya que quien conoce de cerca este oficio valora el contacto directo con la naturaleza y el resultado de la producción”.
De lo etnográfico a lo gastronómico

Del 8 al 12 de octubre, El Primer Corte de la Miel de Ayora estructura su programa combinando divulgación apícola, gastronomía y patrimonio monumental. Entre las actividades centrales destacan las demostraciones en directo de extracción de miel, donde los apicultores explican al público la estructura de los panales y la metodología de trabajo, concluyendo con degustaciones de miel recién cortada.
La oferta se complementa con catas de miel, aceite y cerveza artesana, concursos de mieles y recetas elaboradas con este ingrediente, además de estands dedicados a productos locales como embutidos, quesos, vinos y la cocina tradicional ayorina –con el gazpacho a la cabeza–.

A la par, la feria despliega una zona de artesanía en el antiguo barrio medieval de Los Altos –en las faldas del Castillo de Ayora, fortaleza del siglo XIII–, donde los visitantes pueden adquirir productos como los jabones naturales de miel y aceites esenciales que ofrece Pepita Soaps.
En paralelo, la programación incluye una exposición de escultura, pintura y fotografía en la Casa de la Cultura de Ayora, de la mano de una decena de artistas locales, así como rutas guiadas a diversos enclaves históricos del municipio: el poblado íbero del Castellar de Meca, el Abrigo de Tortosilla –cuyas pinturas rupestres fueron restauradas tras cumplirse en 2011 un siglo de su descubrimiento–, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y el Castillo de Ayora.
Un cronograma concebido “para que los visitantes dispongan de actividades continuadas”, indica Anaya, quien detalla que “las mañanas se aprovechan para ofrecer visitas culturales antes de que comiencen las demostraciones del corte de la miel en la plaza” o las citadas actividades apícolas y gastronómicas.
Entre lo más destacado de estos recorridos, José Vicente Anaya hace especial hincapié en que “la visita al poblado íbero del Castellar de Meca resulta imprescindible por su emplazamiento en una meseta y el camino de carros tallado en la roca”.
Igualmente, la oferta abarca otros tesoros locales, ya que “el abrigo de Tortosilla ofrece pinturas rupestres restauradas, y el Castillo de Ayora se ha recuperado tras una inversión de seis millones de euros procedentes de diversas administraciones”.
En definitiva, el objetivo de la organización es fusionar la tradición apícola con la monumentalidad del Valle. Gracias a este enfoque, refrenda Anaya, “ofrecemos al visitante una propuesta integral para que conozca nuestra historia y nuestro entorno natural a través de las rutas guiadas, garantizando una experiencia cultural completa que va más allá de la oferta gastronómica”.
La miel de Ayora en el mercado internacional
Ayora se sitúa como uno de los centros de producción y distribución de miel de relevancia en el ámbito europeo. El entramado productivo se apoya en la Sociedad Cooperativa Apícola de Ayora –que presta servicios a apicultores de ámbito nacional– y en empresas locales como Apicultura Cerdá, Rosamiel, Hermanos Abarca, Hermanos Navarro o la familia Guzmán, junto a pequeños productores independientes.
El primer edil subraya que “la proyección de Ayora como exportador de miel es firme, con un volumen significativo destinado al mercado alemán”. No obstante, este éxito comercial va ligado a una defensa rigurosa de la autenticidad frente a la competencia desleal: “Mantenemos una postura crítica hacia las importaciones de mieles de terceros países que no respetan el proceso natural ni la calidad de la colmena. La miel que ofrecemos procede directamente del trabajo de las abejas, manteniendo un nivel de calidad que asegura la viabilidad económica y el relevo de las futuras generaciones”.
Bajo esta premisa de defensa del entorno y sus frutos, la XXV edición de El Primer Corte de la Miel de Ayora invita al visitante a adentrarse, del 8 al 12 de octubre, en un modo de vida donde el respeto por los ciclos de la naturaleza dicta el ritmo de las jornadas. Una ocasión inmejorable para recorrer su patrimonio, saborear el resultado de un esfuerzo sostenido en el tiempo y comprobar, de primera mano, por qué el cuidado de las colmenas sigue marcando el pulso de toda la comarca.
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