Merz

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La cultura como trinchera y refugio
MAKMA ISSUE 09 | ‘La cultura como necesidad’
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2026

Avanzan los acontecimientos en el calendario y su eco parece haberse convertido en una sucesión de ráfagas distópicas que golpean nuestras mañanas. Sentimos que el orden establecido se resquebraja sin remedio. La realidad se nos ofrece como un espectáculo frenético de noticias que se multiplican, anticipando una ansiedad crónica y un ruido ensordecedor que desvanece cualquier intento de pensamiento pausado. 

Cuando los principios se diluyen y la insolencia anula compasión, juicio y empatía, el alma se debate ante pulsiones desesperadas y algunos artistas eligen abandonar el centro de la escena para buscar sus propios márgenes y crear espacios íntimos y espirituales.

Mario Merz, Mathias Goeritz, Henry David Thoreau o Emily Dickinson representan formas distintas de construir un refugio para proteger la integridad del pensamiento frente a turbulencias del exterior, de ensalzar la cultura como trinchera de resistencia ante un proceso acelerado de deshumanización.

Merz (Milán, 1925-Turín, 2003), creador comprometido políticamente y figura central del arte povera, nos enseñó, durante los convulsos años 60, que la fragilidad de los materiales sencillos –el cristal, el barro, el metal, las ramas– podían constituir el refugio más sólido. Acurrucarse en esos iglús nómadas, esenciales y simbólicos que él creó, hibernar y esperar con entereza que escampe la tormenta, se reinventa hoy como una reacción necesaria, una vuelta a lo esencial, a aquello que no puede ser digitalizado ni mercantilizado.

Como huida mental, la cabaña de Thoreau, de 1845, se erige en nuestro imaginario colectivo como referencia de amparo y abrigo ante la amenaza de un flujo constante de estímulos y algoritmos asfixiantes. El sentimiento estoico de enraizarse en la tierra, absorber su sabiduría, sincronizar ritmos, rodearse de naturaleza para apagar ruidos artificiales, es una manera de redimirse en el arte.

El retiro del escritor, poeta y filósofo a la laguna Walden en Concord, cerca de Boston, fue un acto profundamente político: una crítica a la esclavitud, a la guerra y a una sociedad que “vivía vidas de silenciosa desesperación”.

Tras el trauma de la Segunda Guerra Mundial y el auge del racionalismo frío, Goeritz (Danzig, hoy Gdansk, 1915-Ciudad de México, 1990) buscó cobijo en lo sagrado y lo emocional en recintos de oración laica, espacios colectivos de silencio, asombro y emoción pura alejándose del ruido de la modernidad industrial. 

Portada de MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’, realizada por el diseñador José Antonio Campoy.
Portada de MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’, realizada por el diseñador José Antonio Campoy.

Su emblemático proyecto, el Museo Experimental El Eco, fue concebido como una “escultura habitable” que integró disciplinas como la pintura, la escultura, la poesía y la danza de una manera orgánica y natural. Su resonancia elevaba lo espiritual frente a lo utilitario y supuso una respuesta valiente al desmantelamiento de valores sociales que se percibía en la política, en la arquitectura funcional y en el urbanismo moderno de aquellos años.

Sufrir los embates de la incomprensión y la encarnización de un entorno agresivo requiere un enfoque profundo en la resiliencia emocional. Emily Dickinson (Amherst, Massachusetts, 1830-1886) escribe en uno de sus versos: “Podría estar más sola sin mi soledad”.

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Para ella, icono de la literatura estadounidense moderna, el aislamiento no era una huida del mundo, sino una expansión del mismo hacia adentro, un espacio donde la integridad del yo no pudiera ser colonizada.

Mientras Estados Unidos se desgarraba en una guerra civil, Dickinson, sin salir apenas de su habitación, compuso un universo poético original y profundo que traspasó geografía y tiempo. 

Para Arthur Schopenhauer, la soledad constituye un espacio de libertad, creatividad y autenticidad donde uno puede ser verdaderamente uno mismo, convirtiéndola en un resguardo para el espíritu. Compara el filósofo alemán las mentes brillantes con las águilas, que vuelan alto y en solitario, lejos de las masas conformistas.

‘Mind your step’, de Monique Bastiaans. Imagen cortesía de la autora.

Sobrevolar, relativizar desde la distancia. Entre las últimas obras expuestas de la artista Monique Bastiaans (Mons, Bélgica,1954), que abordan conceptos sobre la confusión e inestabilidad de la sociedad contemporánea y la tensión generada entre lo verdadero y lo falso, una alfombra voladora –titulada ‘Mind your step’–, se alza tejida de fuera hacia dentro a modo de mandala, con el dibujo de una puerta en el centro figurando el paso a otro nivel de conciencia.

Evocadora de tradición, antiguas religiones e historias de las mil y una noches, alentada por la luz de la verdad, levita mágica, sobre la tribulación social, esquivando en silencio las nubes del desconcierto.