La cultura como conversación


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La cultura como conversación
MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2026

Tratar de responder a la pregunta ¿por qué necesitamos la cultura? es uno de los mayores desafíos al que hoy se enfrentan, por un lado, el mundo de la cultura y, por otro, nuestra sociedad. Y enfrento ambos estamentos –mundo de la cultura y sociedad– porque creo que están relacionados, al menos, de acuerdo a una de las tantas posibles maneras de abordar una cuestión tan peliaguda como esta.

De un lado, hay que involucrar al mundo de la cultura porque es desde ahí desde donde partirán, generalmente, las respuestas a esa pregunta. Por otro, apunto a la sociedad porque será ese cuerpo social el que acabará aceptando o rechazando esas respuestas, dependiendo de hasta qué punto le resulten convincentes. Para llegar a algún sitio, será mejor partir nuestra ruta en varias etapas:

1. Cuando hablamos de cultura, ¿a qué nos estamos refiriendo? Definiciones de cultura hay infinitas. En lo que respecta a lo que aquí me interesa, cuando hablamos de cultura podríamos referirnos a ese conjunto de obras artísticas que sirven y han servido de vehículo de expresión plástica a uAna serie de voces que, de una manera o de otra, se dirigen, a través de ellas, al mundo. No hay arte o cultura sin un público al que dirigirse.

Hablar de cultura como un ente desgajado de la sociedad no tiene, a mi entender, mucho sentido. Esto es algo que descubrí la primera vez que hice algo que comprendí que podría (modestamente) participar de ese intercambio: la necesidad que tiene la propia obra de arte (buena o mala), de compartirse con otros.

2. Un artista no es un artesano, aunque innove, pues creo que no hay artista sin la búsqueda de una forma propia de expresarse. Luego, hay buenos artesanos que son, en el fondo, artistas (John Ford), y hay malos artistas, aunque en su trabajo haya cierta búsqueda.

3. La relación entre la cultura o el arte y la sociedad debe ser, en mi opinión, conflictiva. Y eso es así por la propia naturaleza del arte o la cultura. Tampoco se tratará de provocar por el gusto de incomodar a nadie. Ahora bien, el artista, la cultura, se hará preguntas sobre ese mundo al que se dirige y, al formularlas, acabará interrogando, a su vez, a la sociedad. Esto es algo que va con la propia condición del artista que genera cultura. Y el público o la sociedad debe entenderlo y, sobre todo, asumirlo.

4. Asumirlo, pero también cuestionarlo, si hace falta. Y es que el artista no siempre tiene la razón.

Portada de MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’, realizada por el diseñador José Antonio Campoy.
Portada de MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’, realizada por el diseñador José Antonio Campoy.

5. La cultura nos propone, de esta forma –y aquí está la clave– una conversación. Un diálogo entre quienes plantean preguntas y quienes quizá se las hagan y no encuentren su respuesta o, teniendo algunas respuestas, hallen en la obra de arte, en la cultura, un vehículo para tamizarlas, contrastarlas, siquiera, para sí mismos.

La conversación sería, así, como una autopista de doble sentido que partiría del artista o la cultura hacia la sociedad para, luego, recorrer el camino inverso. Si la cultura o la obra de arte se mueve en un solo sentido, entonces es propaganda y, aunque hay propaganda artísticamente elocuente o innovadora, en ella no hay (intención de) conversación. En la propaganda, una de las partes habla y la otra solo escucha o asiente, aunque a veces parezca que estén dialogando. Hoy hay más (mala) propaganda que cultura.

6. Entendida como franca conversación, la cultura se convierte, así, en un buen amigo que nos acompañará toda la vida. Tampoco es que esta sea la única manera de hacer grandes amigos, por eso hay gente que dice que no necesita a la cultura (y quizá no la necesite, quién sabe, no hay que descartar ninguna opción). Para mí, ese acompañamiento sería, si no su única función, quizá una de las más relevantes.

7. Uno de los hándicaps a los que se enfrenta la cultura es la mirada netamente materialista que se ha impuesto en nuestra sociedad y a la que también se encuentra sometida. Pero esperar ganar algo en estos términos es reducir al arte o la cultura a un simple objeto de compraventa y eliminar la conversación. Una conversación rica es el premio que recibe la sociedad por consumir buena cultura. Y, con frecuencia, eso también da su dinero, pues empuja hacia adelante a dicha sociedad.

8. Por otro lado, conviene señalar que el arte requiere más esfuerzo y sacrificio del que se suele reconocer. Esfuerzo y sacrificio para alimentar esa conversación que necesitamos. El artista, así entendido, es como el chamán en las civilizaciones primitivas. El chamán y el artista bajan a los infiernos a luchar contra los monstruos que perturban el sueño de una comunidad.

En las culturas antiguas, el sacrificio del chamán era reconocido por la tribu. Hoy, el trabajo del artista recibe, en buena parte, el rechazo de la comunidad y, aunque no se dé cuenta, esta se resiente. La enfermedad de la sociedad contemporánea yo la llamo cinismo. ¿Quién se atreverá a molestar a la sociedad para tratar de sanarla?

9. En una sociedad donde los lazos sociales están cada vez más desgarrados, la amistad que nos ofrece la cultura se vuelve, si no imprescindible, muy útil. No es que sea la única solución, pero al menos funciona como un dulce o, según el caso, amargo paliativo.

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10. Ahora bien, como toda relación de amistad, en ella también cabe la traición. Como en la vida, en el mundo de la cultura existen los falsos amigos, aquellos que nos adulan, que dicen que nos comprenden, que quieren mantener con nosotros una conversación, cuando su relación es, en el fondo, de mero interés. Un falso amigo que nos habla, pero que solo nos está vendiendo su propaganda. Hoy, incluso el mundo del entretenimiento vende más mensajes precocinados que verdadera conversación.

11. El arte, la cultura, es arte o cultura si te lleva por caminos no esperados. O lo que es lo mismo: un buen amigo es el que te dirá que puede que te estés equivocando. Cada vez es más frecuente, sin embargo, que la gente le reclame a la cultura que la adule (ideológicamente). Pero, entonces, volvemos a ese uno que habla y a un otro que solo escucha o asiente, y eso, dijimos, no es cultura.

12. No puede haber cultura sin curiosidad. Sin una sociedad curiosa, la cultura se (auto)limita, pues tiene las vías cerradas a su posible distribución, es decir, a acceder a participar de esa conversación de la que hablamos.

13. Hoy, el mundo de la cultura parece haberse empeñado en liquidar ese sano sentido de la curiosidad, traicionando, así, a la cultura. Pero la gente se ha dado cuenta, por eso el arte, la cultura, está en crisis. Y el mundo de la cultura, también. 

Y así estamos.