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Cultura necesaria: mirar, habitar, crear
MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’
MAKMA, Revista de Artes Visuales y Cultura Contemporánea, 2026

Vivimos en una paradoja llamativa: nunca ha habido tantos productos culturales accesibles y, sin embargo, nunca había sido tan frágil el vínculo cotidiano con la cultura en su dimensión exigente. Convivimos con una progresiva desafección hacia la experiencia profunda de la cultura; hoy predominan los contenidos rápidos, fragmentados y superficiales: vídeos virales, series consumidas a toda velocidad, música de un solo clic.

La cultura se ha hecho agresivamente funcional, diseñada para entretener sin exigir reflexión ni memoria, sin requerir tiempo ni atención sostenida. Lo que debería ser espacio de cuestionamiento se ha convertido en producto, prescindible o incluso incómodo para quienes lo consumen.

El consumidor cultural contemporáneo rehúye las cinco condiciones mínimas que una experiencia cultural profunda requiere: complejidad, memoria, lentitud, libertad y soledad. Lo complejo le resulta pesado; la memoria le es innecesaria gracias a los algoritmos y a las plataformas que almacenan todo; la lentitud le desespera; la libertad para elegir rutas interpretativas le intimida; y la soledad exigida por la contemplación crítica le incomoda. Ver, escuchar o experimentar de manera significativa se convierte en tarea imposible.

A menudo se argumenta que hemos sustituido la centralidad del texto o del pensamiento crítico por la del entretenimiento visual inmediato. Las nuevas tecnologías generan contenidos de manera extraordinaria, y el turismo cultural masivo ha multiplicado el acceso a museos y exposiciones en todo el mundo. Pero esta sustitución no asegura comprensión ni reflexión: ¿cuál es la calidad de nuestra mirada sobre la cultura?

Nodus
Representación final Nodus 2024 en Suera (Castelló). Foto: Laura Avinent-ULALAU.

La observación superficial, rápida y obsesionada por registrar o fotografiar domina la experiencia en espacios como el Museo del Prado, el Rijksmuseum o la Tate Modern. Obras maestras como ‘Las Meninas’, ‘Ronda de noche’, ‘Marilyn Diptych’ o el Partenón son vistas, sí, pero raramente contempladas: se consumen como productos, no como experiencias que interrogan y transforman. La velocidad del consumo parece inversamente proporcional a la captación del sentido. La mirada idolátrica devora lo que contempla sin integrarlo, repitiendo el mismo patrón de superficialidad que el consumo rápido.

Frente a esta tendencia, la residencia artística Nodus, organizada por la Fundació Caixa Castelló, emerge como un ejemplo concreto de cultura necesaria: un espacio donde crear, experimentar y habitar la cultura de manera intensa, colaborativa y reflexiva.

Celebrada en comunidades del interior de Castellón en riesgo de despoblación, donde este tipo de propuestas culturales son poco frecuentes y, en muchos casos, ocurren por primera vez, Nodus permite que los artistas convivan durante la residencia con la comunidad, generando un diálogo directo entre creador y territorio.

Portada de MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’, realizada por el diseñador José Antonio Campoy.
Portada de MAKMA ISSUE #09 | ‘La cultura como necesidad’, realizada por el diseñador José Antonio Campoy.

El proyecto busca desarrollar nuevo repertorio para bailarines de todo el mundo, independientemente de su edad o procedencia. La residencia no solo produce piezas coreográficas, sino que genera un ecosistema de pensamiento, interacción y exploración artística, donde los participantes comparten y enfrentan sus procesos creativos. Así, participantes de ediciones anteriores, como la bailarina austriaca Carmen Pratzner, residente en Viena, destacaban la oportunidad que supuso para ellas la residencia. 

Pratzner comentaba, emocionada, que antes de venir a España se estaba planteando abandonar la danza, pero que la experiencia le recordó lo mucho que significaba para ella seguir explorando el arte del movimiento. Lula Amir, bailarina uruguaya residente en Málaga, señalaba que en estos entornos creativos el cerebro analiza y procesa la experiencia de manera distinta: la convivencia con artistas de distintos orígenes genera apertura, deseo de intercambio y puntos de encuentro donde previamente solo habría distancia o prejuicio.

Este tipo de prácticas artísticas generan nodos de trabajo que, acumulativamente, configuran constelaciones culturales. Permiten que los artistas exploren nuevos contextos, amplíen su práctica y enriquezcan los lugares en los que se desarrollan, creando un diálogo constante entre creador y territorio.

Representación final Nodus 2024 en Suera (Castelló). Foto: Laura Avinent-ULALAU.

Es un intercambio bidireccional: los artistas construyen y, al mismo tiempo, se nutren de las redes culturales y de la infraestructura creativa existente, mientras que las comunidades locales reciben la energía, la creatividad y la mirada internacional de los participantes.

La participación de artistas de todo el mundo ha convertido la residencia en un laboratorio creativo global, donde la interacción con la comunidad local y con creadores de distintas tradiciones refuerza la dimensión social, territorial y artística de Nodus.

Entre los participantes se ha contado con artistas de Canadá, con formación en programas vanguardistas como GibneyPRO en Nueva York y experiencia en espacios como el Conservatory of Dance en Purchase College; de Estados Unidos, de Texas y Los Ángeles, vinculados a compañías innovadoras como Avant Garde y The Movement Theatre Company. 

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De Brasil, con propuestas que combinaban danza contemporánea con la tradición afrobrasileña; del Reino Unido, con trayectoria en Londres fusionando danza contemporánea con performance y teatro físico; de España, explorando contextos urbanos, rurales y no convencionales; de Sudáfrica, interesados en cómo la danza se articula en contextos de transformación social y política; de Marruecos, que integraban elementos culturales del Magreb abordando migración y mestizaje; y de India, que combinaban danza clásica con enfoques contemporáneos explorando identidad, política y espiritualidad.

Este tipo de residencias permiten que la cultura no sea un producto pasivo ni de consumo rápido, sino una práctica que reivindica tiempo, atención, complejidad y comunidad. Los participantes crean, habitan y dialogan con la cultura, mientras el territorio se enriquece y conecta con redes culturales internacionales. Nodus demuestra que la cultura sigue siendo necesaria como espacio de sentido compartido, riesgo creativo y aprendizaje profundo, en contraposición a la superficialidad dominante. Allí se mira, se habita, se dialoga y, sobre todo, se crea.