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‘Memorias del suelo’
Artistas: Juana Francés, Esther Gatón, Elena Lavellés, Menhir, Daniel Ortega, Miguel Sbastida, Julia Varela y Laia Ventayol
Comisaria: Núria Montclús
Centre del Carme de Cultura Contemporània (CCCC)
Museu 2-4, València
Hasta el 4 de octubre de 2026
La tierra tiene memoria. Y el arte también: conserva las inquietudes de cada época, permitiendo así que volvamos a visitarlas desde el presente. El propio manifiesto del Grupo El Paso, colectivo que Juana Francés cofundó en 1957, defendía que su arte no era válido mientras no contuviese una inquietud coincidente con los signos de la época.
Hoy, medio siglo después, esa materia que la artista alicantina llevó a sus lienzos adquiere nuevas lecturas y vuelve a interrogarnos sobre nuestra relación con la tierra. Es desde ahí desde donde ‘Memorias del suelo’ propone volver a mirar su obra.
Esta conversación entre generaciones es la que propone la muestra en la Sala 2 del Centre del Carme de València, comisariada por Núria Montclús. La muestra reúne cuatro obras de Juana Francés con trabajos de artistas contemporáneos que exploran cómo el suelo no solo se ha convertido en una fuente de creación, sino también en un espacio donde quedan inscritas las secuelas de la actividad humana.
Francés fue una figura fundamental de la vanguardia española de la posguerra y, como recuerda la secretaria autonómica de Cultura, Marta Alonso, reducirla a su condición de única mujer de El Paso sería insuficiente: fue “una de las artistas españolas más importantes del siglo XX” y participó en algunas de las citas artísticas internacionales más relevantes de su tiempo, con obra presente en Nueva York, Venecia y Londres.
Desde el informalismo matérico, desarrolló una obra en la que abstracción y figuración no funcionaban como lenguajes enfrentados, sino complementarios. Una de las claves de su producción está en la propia materia. Arena, tierra y fragmentos de materiales de construcción fueron incorporándose a sus obras hasta dejar de ser simples elementos para convertirse en parte de la propia obra. Una dimensión de su práctica que, más de medio siglo después, permite establecer el diálogo que propone la muestra con la creación contemporánea de este movimiento.
El informalismo convirtió materiales humildes, cotidianos e incluso recuperados o de desecho en elementos protagonistas de la obra. Francés explora esta práctica al introducir arena en piezas como ‘Composición n∞2’ (1960) y ‘Sin título’ (1960), dos de las obras que abren el recorrido de la exposición. Más adelante, en ‘Tierra de Campos’ (1962), incorpora materiales de construcción sobre el lienzo, como vidrios y losas. En 1971 la artista crea ‘Ser y ecología’ y lleva esta exploración hacia otro territorio: la preocupación por la incomunicación humana y el avance de la tecnología moderna.
La comisaria define estas nuevas prácticas como un “informalismo revisitado, expandido”: explica que si en la época de Francés la materia estaba vinculada a una experiencia existencial e inquietudes sociales después de la posguerra, las prácticas actuales la abordan como agente no solo político, sino también ecológico.
Lo primero que llama la atención al entrar en la sala es precisamente la presencia de ‘La terrassa’ (2016-2026), de Laia Ventayol. La artista mallorquina parte de piedras manufacturadas utilizadas en la construcción y el valor que adquieren en la creación de nuevos lugares de pertenencia. Dispuestas directamente sobre el suelo expositivo, las rocas interrumpen la mirada y provocan una extrañeza inmediata. Obliga a reparar en aquello que normalmente pisamos sin mirar y devuelve al suelo el protagonismo que la propia muestra reivindica.
El suelo que aparece en estas obras, contaminado o erosionado, ya no es solo una superficie, sino una consecuencia. Elena Lavellés se adentra en las actividades humanas ocultas tras las grandes zonas de extracción de petróleo, oro y carbón a través de ‘Forthcoming Topographies – Gold I, Coal II, Oil II’ (2018). La artista madrileña incorpora sus lienzos a las propias materias vinculadas a estos procesos, como el petróleo procedente del Golfo de México, para hacer visibles las huellas de una actividad que normalmente permanece fuera de nuestra mirada.
Otros artistas se fijan en la basura que dejamos atrás. Esther Gatón trabaja con residuos plásticos y demuestra su capacidad para transformar un paisaje: colgados del techo de la sala, los materiales parte de ‘Eu tinha poucos anhos e jà era rigorosamente anciã’ (2021) abandonan su condición de deshecho y adquieren una nueva presencia. Artistas como Daniel Ortega también parte de restos de teléfonos móviles, o Julia Varela, que dirige la mirada hacia pantallas de plasma.
Así, ‘Memorias del suelo’ no solo presenta la obra de Juana Francés como una pieza aislada de un pasado lejano, sino como una memoria desde la que cuestionarse el presente. La materia que Francés llevó al lienzo aparece ahora bajo otras formas, atravesada por el plástico, los residuos tecnológicos y la extracción de recursos industriales. El suelo, como señala Montclús, es un “espacio de constante mutación” y un “contenedor de futuras memorias del ahora”.
Para Francés y El Paso, el arte debía contener las inquietudes de su tiempo y tomar posición ante ellas. Hoy, las obras reunidas en el Centre del Carme continúan ese gesto desde nuevos paisajes y nuevas urgencias de la Tierra. Porque el arte también consiste en dejar huellas que, cuando ya no estemos, puedan contar qué hicimos con los suelos que nos tocó habitar.

