#MAKMAArte
‘Una chula’, de Chelo Matesanz
Comisaria: Marta Mantecón
Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS)
Rubio 6, Santander
Hasta el 11 de octubre de 2026
“La moda es arte”, defendía el diseñador italiano Giorgio Armani, para quien “ambos son medios de expresión de gran potencia que crean objetos no solo bellos, sino también capaces de emocionar”.
Bajo esta premisa, la artista cántabra Chelo Matesanz (Reinosa, 1964) desembarca en el MAS (Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria) con la exposición ‘Una chula‘, en la que, a través del elemento textil como hilo conductor, reúne una treintena de piezas —entre pinturas, esculturas y obras de técnica mixta— que exploran las fronteras de esta disciplina.
Pese al protagonismo de estas piezas y materiales textiles repartidos por la sala, Matesanz no se describe como una artista textil. Incluso llevando varios años presentes los tejidos y prendas en sus obras, ella misma remarcó durante el acto de presentación de ‘Una chula’ que “yo no coso: creo, dibujo y pinto a través de tejidos”.
De este modo, tejidos, bordados y técnicas como el modelado de cerámica se fusionan con los trabajos presentados por la artista para, de esta forma, reinterpretar composiciones vinculadas habitualmente al expresionismo abstracto o al informalismo.

La comisaria de la exposición, Marta Mantecón, describe en el texto que acompaña a la muestra la intención de Matesanz, quien “consigue expresar su disidencia respecto al canon y la solemnidad de determinados discursos artísticos”.
En ‘Una chula’, las obras de gran formato se mezclan con las de menor tamaño, otorgando una cordialidad visual a la muestra, de forma que el visitante puede acercarse a las obras y contemplar esos pequeños detalles imperceptibles que la distancia esconde en los trabajos de la artista cántabra.
Con la obra ‘Unamujerentreotrasenunaserie’ (2017), Matesanz es capaz de llamar la atención hacia una pieza de pequeño formato en la que la tela y el óleo, junto con el marco que los envuelve, parecen fusionarse al fondo azul añil del tejido que cae del techo como una cascada. Con este reclamo, la artista consigue que el público se acerque a la pintura y contemple desde cerca la unión de los diferentes materiales empleados.
Obras de gran formato como ‘En noche lóbrega-galán intrépido-las calles céntricas atravesó’ (2021) —título con el que Matesanz parodia la popular canción estudiantil de las tunas ‘Noche lóbrega’— destacan en la sala.
En esta pieza, que se despliega a lo largo de toda la pared, la combinación de telas cosidas en tonos rojizos y un sujetador superpuesto sobre fondo negro capta de inmediato la atención. Su potente presencia magnética invita al espectador a aproximarse y reparar en el detalle de las puntadas que ensamblan los retales.
Asimismo, resulta indispensable atender al modo en que Matesanz explora las posibilidades de los materiales. Mediante un proceso continuo de hibridación, ensamble y yuxtaposición, la artista desdibuja sus límites convencionales para dar lugar a formas y soluciones plásticas inéditas.
Pese a que los tejidos y bordados son predominantes en ‘Una chula’, la artista se sirve, igualmente, de otros materiales para crear las obras escultóricas que visten el resto de la sala expositiva: madera —ya sea como soporte o pintada al óleo—, barro —cocido o esmaltado—, yeso encolado, cerámica, poliuretano pintado al óleo, pelo y cartón son solo algunos de los que utiliza la creadora cántabra para dar vida a esas piezas que, vestidas con prendas o cubiertas por telas, crean una atmósfera envolvente.

Ejemplo de este imaginario es el collage ‘Huele a néctar donde no lo hay’ (2026), un díptico en el que la artista juega con el óleo, mezclándolo con diferentes retales para ponerlo sobre un bastidor de madera. En esta pieza, dibujos de flores rellenan los espacios oscuros de la tela, otorgando un toque colorido a esa oscuridad que Matesanz ha dejado de fondo.
Sin embargo, las piezas que componen la muestra en el MAS sostienen una presencia autónoma y rotunda. La disposición espacial, condicionada por las particiones naturales de la sala, genera un ritmo expositivo donde cada obra dialoga con las demás sin perder su fuerza individual. Esta interacción potencia el relato conceptual de Matesanz, logrando una conexión significativamente más intensa con el público.
Como subraya la comisaria Marta Mantecón, “sus trabajos se articulan como recursos afectivo-constructivos cuya presencia plástica y formal propicia un espacio de intercambio estético y emocional con los demás”.
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