#MAKMAArte
El Palacio. Residencias Artísticas y Acción Cultural
Proyectos en residencia de la convocatoria 2025-2026
Organiza: Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón/Xixón
Colabora: Caja Rural de Asturias
La arquitectura de la creación
“Importa mucho el paisaje. Importa evitar el contraste desaforado, la imposición violenta, la destrucción. No herir una planta, ni remover una brizna. Trepar de puntillas por la tierra, permanecer en el aire sobre las jaras, sin sobresalir entre las encinas. Estar callado y solo en silencio en medio de la luz; ante un mundo inmóvil y sereno”.
Fernando Higueras
El arquitecto Fernando Higueras Díaz presentó un proyecto al Premio Nacional de Arquitectura de 1960 para la construcción de diez residencias para artistas en el Monte del Pardo en Madrid que recibió el segundo premio y su accésit correspondiente. Durante una conferencia impartida en 1976 en la Universidad Menéndez y Pelayo de Santander, reconocía que se había alejado de un modo deliberado de las tendencias arquitectónicas del momento, cercanas al racionalismo geométrico de Mies van der Rohe, buscando la libertad creativa en las formas de la naturaleza.
Higueras, que siempre partía de la escucha atenta del lugar, diseñó diez edificios con personalidad propia, pero unidos entre si de una forma orgánica. Fluidos, expresivos y elásticos; como si quisiera reflejar en la arquitectura las características de la personalidad y el trabajo artístico. También contaba que la arquitectura proyectada y no construida era siempre la más interesante.
La convocatoria 2025-2026 de El Palacio. Residencias Artísticas y Acción Cultural atrajo a diez proyectos en residencia que han finalizado casi al tiempo de un curso académico. Algunos ya se han materializado en exposiciones, otros inician su recorrido fuera de los muros del palacio. Quizás no lleguen a desarrollarse en su totalidad o se transformen en algo muy diferente a lo pensado; pero durante estos meses, los y las artistas han tenido una arquitectura teórica y emocional que les ha permitido detenerse en un tiempo de creación para la siembra del jardín de las ideas.

Se considera que las residencias artísticas son un hito fundamental en el cursus honorum artístico, aunque no son un fenómeno actual. Podemos encontrar su origen en el siglo XVI, cuando Cosme de Medici y Giorgio Vasari fundaron la Accademia delle Arti del Disegno en Florencia con la consciencia de la necesidad de ofrecer un hábitat favorable para el desarrollo de las carreras artísticas.
Durante siglos, desde otros países de Europa, la estancia académica en Italia se convirtió en indispensable. Desde finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, los artistas comenzarán a reunirse de forma independiente en colonias y comunidades que buscaban una formación colectiva en la naturaleza o en la ciudad, pero sin aislarse del mundo que les tocó vivir.
A menudo escuchamos las mismas preguntas: ¿qué son las residencias artísticas?, ¿para qué sirven? Demandas que transmiten no solo un desconocimiento en la materia, sino un cierto cuestionamiento acerca de su pertinencia o necesidad.
Durante las jornadas técnicas, los y las artistas que convivieron en El Palacio expusieron de forma presencial y virtual sus procesos, desarrollos y anhelos para el futuro y mostraron sus espacios de creación durante estos meses; demostrando de forma empírica que esta simbiosis de energía creativa ofrece los nutrientes fundamentales para el crecimiento de toda la sociedad.
En esta segunda convocatoria de las residencias de El Palacio, dos comisarias, Natalia Alonso Arduengo y Cristina Ramos González, acompañaron en los procesos teóricos, creativos y en ocasiones emocionales porque, como explicaron, “la vida a veces irrumpe en los procesos creativos”.
Natalia Alonso fue la responsable de la primera promoción, formada por Adrián Vega, Alba Matilla, Javier Bejarano y Sara Muñiz, que finalizaron su estancia a inicios del año 2026. Su papel fue de guía, pero también caminante: “¿De qué hablamos cuando hablamos de acompañamiento curatorial? Hablamos de cuidar el talento ajeno, de acompañar y de transitar los procesos creativos. Hablamos de un hacer teórico que conceptualiza y de un hacer emocional que sostiene.”
Cristina Ramos construyó un invernadero para dar cobijo y sustento a las simientes que brotarían en la primavera. Su tarea fue la de una jardinera que prepara con mimo la tierra y el sustrato para el crecimiento de las especies de diversas procedencias. La convivencia en un espacio fértil da lugar a intercambios y transformaciones: “Es tarea de lo curatorial el propiciar este humus de hibridación, acompañando el caos fértil y ofreciendo estructura, como una guía de madera ofrece apoyo a una enredadera”.
Los proyectos del Colectivo Glovo, Lucas Souza, Maï Diallo, María Rosa Aranega, Noemi Iglesias Barrios y Pabló Dávila comparten inquietudes, reflexiones y rebeldía frente a la imposición de cánones en la identidad, los cuerpos y la memoria desde lo político, lo social o desde las nuevas tecnologías y las relaciones de poder que se establecen.
Tanto el Colectivo Glovo, con ‘Alén’, como Pablo Dávila, con ‘Foguera’, exploran desde la danza contemporánea las posibilidades del movimiento como ritual, como flujo de energía que transformada sobrevive al devenir del tiempo.
‘Sutura’, de Maï Diallo es un experimento de hibridación ficticia entre lo animal y lo vegetal. Un desafío que busca revelar la deshumanización científica y mostrar un nuevo canon corporal donde la libertad de la diferencia es la norma.
María Rosa Aranega se adentra en la memoria de las revoluciones obreras anteriores a la guerra civil para mostrar también las violencias sobre los cuerpos y la manipulación de la identidad a través de las imágenes y los relatos oficiales. Los dibujos secuenciales de ‘El ojo de su amo’ quieren devolver la representación a quienes no tuvieron voz.
El punto de partida de Lucas Souza en ‘Suaves peligros’ son los esfuerzos vanos o eternos que representa el ouroboros, la serpiente que cierra el círculo mordiendo su propia cola, son. Desde esa tradición esquizoanalítica y antropofágica brasileña, Souza convirtió su estudio en El Palacio en una especie de laboratorio científico donde las piezas textiles son sometidas a un proceso de hibridación mediante la aplicación de diferentes técnicas de cosido o bordado que enmascaran su sencillez y las convierten en únicas. Una crítica sutil que muestra la rebeldía contra la uniformidad social que destruye la identidad.
El ‘Consultorio de datos’ de la artista Noemí Iglesias Barrios nos invita a jugar las cartas de nuestro futuro alterando al algoritmo que pretende leer nuestro pensamiento y dictar nuestro destino. Una reflexión desde el humor sobre la cultura digital y los hábitos tecnológicos que doblegan las voluntades individuales.
Las residencias El Palacio son arquitectura que se proyecta y se construye, con muros orgánicos como los que soñaba Fernando Higueras sobre un terreno abonado para que las especies autóctonas y alóctonas se unan dando los frutos inesperados del paraíso de la creación artística a las personas cercanas y lejanas.
A finales de julio, la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón/Xixón, anunciará la llegada de diez artistas que habitarán El Palacio entre lo que resta del año 2026 y el 2027.
La comisión está formada por el director de la FMCE y UP, Aitor Martínez Valdajos; la directora de programas Jimena Rodriguez Fernández y la técnico de programas Camino Balbín Alberdi; Semiramis González, directora de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial; Ane Rodríguez Arméndariz, responsable del programa Arte por Venir de Fundación Daniel y Nina Carasso; y Pablo Molero Navajas, Profesor de Didáctica de Expresión Corporal y Danza de la Universidad de Extremadura y Director del Festival DZM.
Sus responsables harán una selección entre más de 300 propuestas que proceden del territorio nacional, de Francia, Alemania, Portugal y de allende los mares: México, Chile, Argentina o Uruguay.
Parafraseando los versos de la canción de Julio Numhauser: cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia todo en este mundo menos la precariedad de las vidas artísticas. A pesar de esta realidad, el apoyo a la creación no debe ser considerado como una acción benéfica o de tutelaje, sino de auténtica supervivencia social.
En un mundo trastocado y fracturado por diferentes crisis y conflictos a escala global, las expresiones artísticas son nuestros espejos cóncavos y convexos que no solo nos confrontan, sino que pueden aportar soluciones o al menos una luz en el camino.
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