Palacio de San Nicolás

#MAKMAArte
‘La posibilidad de un mundo. Visiones de la naturaleza en la Colección BBVA’
Comisariado: Alfonso de la Torre
Palacio de San Nicolás
Plazuela de San Nicolás s/n, Bilbao
Del 9 de julio al 12 de octubre de 2026

La luz recibe al visitante antes que las obras. Desciende desde la gran vidriera que cubre el patio central del Palacio de San Nicolás y convierte ese primer espacio en una antesala donde la naturaleza ya está presente, aunque todavía no haya aparecido ninguna pintura, ninguna escultura, ninguna imagen.

La arquitectura neoclásica del histórico edificio, inspirada en la tradición Beaux-Arts y enriquecida con una delicada ornamentación vegetal, parece abrazar al visitante y predisponerlo para una experiencia que comienza mucho antes de atravesar la primera sala. No es una casualidad.

La posibilidad de un mundo. Visiones de la naturaleza en la Colección BBVA’, comisariada por Alfonso de la Torre, está concebida como un recorrido en el que la arquitectura, la museografía y las obras participan de un mismo discurso. Ese primer espacio abierto a la luz encuentra su contrapunto en las salas que se despliegan a ambos lados del edificio.

Allí desaparece la claridad natural y la penumbra envuelve al visitante. Solo las obras permanecen iluminadas, como si el recorrido invitara a abandonar el ritmo acelerado del exterior para entrar en un tiempo distinto, más pausado y reflexivo.

Esa transición espacial traduce con acierto una de las ideas que articulan toda la exposición. Durante la presentación, Alfonso de la Torre insistió en diferenciar dos verbos que habitualmente utilizamos como sinónimos: ver y contemplar. Ver implica reconocer aquello que tenemos delante; contemplar exige permanecer, demorarse, aceptar que la mirada necesita tiempo para construir significado.

Vista de la exposición ‘La posibilidad de un mundo. Visiones de la naturaleza en la Colección BBVA’, en el Palacio de San Nicolás de Bilbao.

Más que una exposición sobre la naturaleza, ‘La posibilidad de un mundo’ es una exposición sobre nuestra manera de relacionarnos con ella. Y esa diferencia no es menor. La muestra no reúne una sucesión de paisajes, árboles, mares o montañas por el simple hecho de representar el mundo natural. La naturaleza no actúa aquí como un tema iconográfico. Es el verdadero sujeto de la exposición.

A través de cerca de medio centenar de obras el visitante descubre cómo cada época ha pensado, sentido y representado aquello que entendemos por naturaleza. Lo que cambia no son únicamente las formas de pintar un bosque o un horizonte, sino la posición que el ser humano ocupa frente a ellos.

Durante la rueda de prensa, el comisario recuperó una idea especialmente sugerente: la del paseo como origen de la contemplación moderna del paisaje. Caminar, detenerse y observar no constituyen únicamente un desplazamiento físico; forman parte de una tradición cultural que ha permitido comprender la naturaleza de otra manera. Filósofos, escritores y artistas descubrieron que el paisaje no era solo aquello que se veía desde la distancia, sino un espacio que debía recorrerse para poder ser comprendido.

Esa idea atraviesa silenciosamente toda la exposición. El visitante deja de comportarse como un espectador que acumula imágenes para convertirse en un paseante. El recorrido invita a reducir la velocidad, a aceptar los silencios de las salas y a permitir que las obras construyan relaciones entre sí sin necesidad de seguir un orden lineal. Contemplar se convierte así en una forma de conocimiento.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Ruth Gómez (@_ruthgomez)

El propio título de la muestra, tomado del pensamiento del filósofo Jean-Luc Nancy, refuerza esa lectura. Hablar hoy de «la posibilidad de un mundo» supone asumir que la naturaleza ya no puede entenderse como un escenario inmutable. La fragilidad medioambiental ha transformado profundamente nuestra percepción del paisaje.

Sin embargo, la exposición evita cualquier discurso moralizante. Alfonso de la Torre insistió durante la presentación en que el arte no resuelve los problemas del mundo, pero sí posee la capacidad de despertar una conciencia distinta sobre ellos.

Quizá sea precisamente ahí donde reside el principal acierto del proyecto. La naturaleza deja de ser un motivo artístico para convertirse en un interlocutor. Las obras ya no hablan únicamente de árboles, ríos o montañas; hablan desde ellos. Invitan a pensar qué lugar ocupamos dentro de ese paisaje y cómo nuestra forma de observarlo condiciona también nuestra forma de habitarlo.

Esa manera de entender la contemplación se materializa también en la propia estructura de la exposición. El recorrido no se limita a establecer un diálogo entre pinturas, esculturas o instalaciones. Alfonso de la Torre la definió durante la presentación como una «exposición total», una propuesta en la que la experiencia visual se amplía mediante otros lenguajes.

Los textos literarios que acompañan algunas salas, el cuidado programa de mano —concebido casi como una pequeña publicación— y la selección musical accesible a través de un código QR convierten la visita en una experiencia expandida. Literatura, música y artes visuales se entrelazan para prolongar la contemplación más allá de la sala expositiva.

Vista de la exposición ‘La posibilidad de un mundo. Visiones de la naturaleza en la Colección BBVA’, en el Palacio de San Nicolás de Bilbao.

No se trata de recursos accesorios, sino de una manera de reforzar una idea que atraviesa todo el proyecto: la naturaleza nunca ha pertenecido exclusivamente a la pintura. Ha sido materia de reflexión para la filosofía, la poesía, la música o la literatura, y la exposición recupera esa condición transversal sin caer en un discurso excesivamente didáctico. El visitante puede decidir hasta dónde quiere profundizar, pero percibe desde el primer momento que las obras forman parte de un relato mucho más amplio.

Otro de los aspectos más interesantes que surgieron durante la rueda de prensa fue la reflexión sobre la propia Colección BBVA. Alfonso de la Torre la describió con una expresión especialmente sugerente: un «museo de museos». La definición resume bien la naturaleza de un fondo artístico que, lejos de permanecer oculto en almacenes o reservado para espacios corporativos, mantiene una intensa actividad de conservación, investigación y préstamo.

Muchas de sus obras dialogan habitualmente con otras colecciones públicas y privadas, participan en proyectos expositivos y continúan generando nuevas lecturas. La muestra del Palacio de San Nicolás constituye un nuevo capítulo de esa vocación de hacer visible un patrimonio que forma parte de la historia del arte contemporáneo español.

Vista de la exposición ‘La posibilidad de un mundo. Visiones de la naturaleza en la Colección BBVA’, en el Palacio de San Nicolás de Bilbao.

Lejos de plantear un recorrido enciclopédico, la exposición propone asociaciones abiertas entre artistas de generaciones muy distintas. Conviven nombres fundamentales como Darío de Regoyos, Santiago Rusiñol, Fernando Zóbel, Pablo Palazuelo, Martín Chirino, Vicente Ameztoy, Juan Luis Goenaga, Miquel Barceló, Marta Cárdenas, Robert Mangold o Ruth Gómez.

Sin embargo, el peso de la exposición no recae en la suma de nombres, sino en las relaciones que se establecen entre sus obras. El paisaje aparece unas veces como memoria, otras como materia, otras como emoción y, en ocasiones, como una advertencia silenciosa sobre la fragilidad del mundo que habitamos.

La inauguración aportó además un valor añadido poco habitual: la presencia de varios de los artistas representados en la muestra. Entre ellos se encontraba Mari Puri Herrero, cuya asistencia fue recibida con un reconocimiento que trasciende el ámbito estrictamente artístico.

Figura esencial para comprender la creación vasca de las últimas décadas, Mari Puri Herrero representa una manera profundamente personal de entender la pintura, vinculada a la memoria, al paisaje y a lo cotidiano. Su presencia recordaba que la historia del arte no se construye únicamente a través de las obras,