44ª edición de Ertibil Bizkaia

#MAKMAArte
44ª edición de Ertibil Bizkaia
Pieza ganadora: ‘Hala bazan, ala ez bazan’, de Estela Miguel y Markel González Elezkano
Sala Rekalde
Iparraguirre 21, Bilbao
Hasta el 18 de octubre de 2026

Las obras empiezan a hablar cuando los artistas dejan de hacerlo. Terminadas las intervenciones de la diputada general, Elixabete Etxanobe, de la directora de Cultura, Begoña de Ibarra, y de los propios creadores, el verdadero discurso de la 44ª edición de Ertibil Bizkaia comenzaba unos metros más allá, en las dependencias de la Sala Rekalde.

Allí, lejos del atril y de los micrófonos, 18 propuestas muy distintas entre sí acababan componiendo una conversación sorprendentemente coherente sobre algunas de las preocupaciones que atraviesan hoy el arte contemporáneo: el cuerpo, la memoria, los materiales, el paisaje y la posibilidad de que una obra permanezca abierta incluso después de haber sido terminada.

La muestra, organizada por la Diputación Foral de Bizkaia desde 1983, regresa este año a la Sala Rekalde tras la renovación del espacio. No es un detalle menor. Durante más de cuatro décadas, Ertibil se ha consolidado como uno de los principales espacios de visibilidad para los artistas emergentes vinculados al territorio.

Más que un certamen, ha sido una plataforma desde la que varias generaciones de creadores han encontrado un primer reconocimiento público y una oportunidad para mostrar su trabajo fuera del ámbito académico o del taller.

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Pero quizá la idea más importante que sobrevoló la presentación fue otra. Tanto la diputada general, Elixabete Etxanobe, como la directora de Cultura, Begoña de Ibarra, insistieron en que Ertibil no debe entenderse únicamente como un concurso de artes visuales ni como una convocatoria anual de premios.

Su verdadero sentido reside en formar parte de una política cultural que apuesta por acompañar a los artistas en los primeros momentos de su trayectoria, cuando el respaldo institucional puede convertirse en un impulso decisivo para seguir investigando, asumir riesgos y consolidar una voz propia.

En ese contexto, Ertibil aparece como la primera etapa de un recorrido más amplio. La Diputación Foral de Bizkaia ha ido construyendo, con el paso de los años, un modelo de apoyo que no concluye con la inauguración de una exposición.

Programas como Barriek, destinados a favorecer la continuidad de los procesos creativos, o las residencias artísticas en Japón que disfrutarán los artistas premiados en 2027, responden a una misma filosofía: detectar el talento, ofrecerle una primera oportunidad, acompañar su desarrollo y favorecer su proyección internacional.

En un momento en el que la precariedad continúa siendo una realidad para buena parte de los jóvenes creadores, esa voluntad de continuidad constituye, probablemente, uno de los aspectos más valiosos del programa.

Esa idea encuentra un eco inesperado en la propia exposición. Muchas de las obras parecen rechazar la noción de pieza cerrada para reivindicar el proceso, la transformación y la experiencia compartida. Como si la creación contemporánea hubiera dejado de entender el arte como un objeto definitivo para convertirlo en un espacio donde todavía pueden suceder cosas.

Ertibil
Estela Miguel y Markel González Elezkano, ganadores de la 44ª edición de Ertibil Bizkaia, en el escaparate de su estudio.

No resulta casual que el primer premio haya recaído en Estela Miguel y Markel González Elezkano, integrantes del Proyecto Hemen. Su instalación, ‘Hala bazan, ala ez bazan’, toma prestada la expresión con la que comienzan los cuentos tradicionales vascos para invitarnos a cruzar el umbral entre la realidad y la ficción. Pero lo hace desde un lugar inesperado: el interior de las prendas de vestir.

La investigación de Hemen nace de los bolsillos, las costuras, los pliegues, las bolsas y esos pequeños espacios donde guardamos objetos cotidianos, pero también recuerdos, afectos o secretos. A partir de esa observación construyen grandes estructuras textiles que pueden desplegarse, recogerse y transformarse. No son esculturas concebidas para permanecer inmóviles, sino dispositivos abiertos que cambian con el espacio y con las personas que los habitan.

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Durante su intervención, Estela y Markel evitaron explicar la pieza desde un simbolismo cerrado. Prefirieron hablar de procesos, de colaboración y de imaginación compartida. La referencia a ‘La teoría de la bolsa de la ficción’, de Ursula K. Le Guin, resultó especialmente esclarecedora.

Frente al relato heroico, la escritora proponía pensar la bolsa como el primer recipiente capaz de contener semillas, alimentos o historias. Hemen traslada esa idea al terreno del arte contemporáneo para construir una obra que funciona como refugio, como lugar de encuentro y como una invitación permanente a imaginar otros usos y otras posibilidades.

Quizá fue esa la idea más sugerente que dejaron sus autores. Les gustaría que la instalación continuara viviendo fuera del museo, activándose en otros lugares y en otros contextos. Que dejara de ser únicamente una obra para convertirse en una experiencia compartida. En un tiempo en el que tantas exposiciones parecen reclamar la atención inmediata del visitante, ‘Hala bazan, ala ez bazan’propone exactamente lo contrario: detenerse, explorar y permitir que la imaginación complete aquello que la pieza apenas insinúa.

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Conocemos el trabajo de Estela Miguel y Markel González Elezkano prácticamente desde sus comienzos. La cercanía de sus talleres nos ha ha permitido observar durante años esa parte de la creación que rara vez llega a las salas: la investigación paciente, las pruebas, las dudas y la perseverancia de quienes han convertido el arte en una forma de vida.

Este primer premio no responde a un éxito repentino. Reconoce una trayectoria construida desde la constancia, la experimentación y una búsqueda permanente de nuevos lenguajes entre el arte contemporáneo y la neoartesanía.

Sin embargo, uno de los mayores aciertos de esta edición de Ertibil es que esa sensibilidad no pertenece únicamente a la obra ganadora. La exposición funciona precisamente porque las piezas dialogan entre sí sin necesidad de parecerse.

‘La pintura 6356’, de Natalia Suárez, segundo premio de esta edición, parte de pequeños dibujos que cambian de naturaleza durante su traslado al lienzo. El óleo, el acrílico y el espray generan una imagen que nunca termina de fijarse del todo. Una figura emerge entre capas de pintura mientras la escritura acompaña el proceso como si tratara de nombrar aquello que siempre termina escapándose. La artista sitúa su trabajo en ese territorio donde la palabra ya no basta y es la imagen la que comienza a pensar.

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También la escultura ‘Contenida’, de Jone Elorriaga, establece una reflexión sobre el equilibrio y la fragilidad. El aire insuflado mantiene vivo el volumen de una estructura de PVC sometida a la tensión de un armazón metálico. La pieza recuerda inevitablemente algunas investigaciones escultóricas desarrolladas por Sergio Prego, donde el aire deja de ser invisible para convertirse en materia. Pero aquí ese equilibrio precario adquiere también una lectura más íntima: la negociación constante entre aquello que somos y las estructuras que nos contienen.

Entre las propuestas que más invitan a detenerse destaca el vídeo ‘Errariak’, de Izaro Mazo. Mientras una voz femenina versiona una canción de Mikel Laboa, la cámara recorre el paisaje que une la tercera playa de Mutriku con las piscinas de Areatza. El texto en euskera no describe las imágenes ni las explica. Ambas narraciones avanzan por caminos distintos hasta encontrarse en la memoria del espectador. El resultado posee una cadencia cercana al bertsolarismo, donde la palabra y el paisaje terminan construyendo una misma emoción.

La pintura velada de Raimo Galí i Munt, que investiga la relación entre fotografía y pintura; la delicadeza con la que Clara Letón obliga a detener la mirada sobre lo aparentemente insignificante; la investigación material de Argiñe Ceballos o Ibon Landa; la reflexión sobre la identidad que plantea Kathy Udaondo en su pieza audiovisual ‘Inseparables’; o las propuestas de Jorge Isla, Solonur, Julen Sainz de Rozas, Javier Ozcoidi, Martzel do Nascimento, Carmen Valero, Judith Voet y Andoni Zamora completan una exposición donde importa menos la diversidad de disciplinas que la coincidencia de ciertas inquietudes.

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Al recorrer la muestra resulta evidente que esta generación de artistas trabaja desde un lugar distinto al de hace apenas dos décadas. La espectacularidad ha dejado paso a la investigación. Los materiales ya no son un simple soporte, sino parte del pensamiento de la obra. El cuerpo, el textil, el paisaje, el vídeo o los objetos encontrados dejan de funcionar como categorías aisladas para convertirse en herramientas con las que pensar el presente.

Cuando Ertibil abandone la Sala Rekalde para continuar su itinerancia por Barakaldo, Basauri e Igorre, las obras encontrarán nuevos espacios y nuevos espectadores. Y quizá ese desplazamiento forme parte de su propio sentido. Muchas de ellas parecen haber sido concebidas para seguir transformándose con cada mirada.

Al salir de la exposición resulta difícil recordar el orden exacto de las piezas o incluso el nombre de todos sus autores. Lo que permanece es otra cosa: la sensación de haber asistido a una conversación abierta sobre cómo habitamos el mundo y sobre la capacidad del arte para seguir imaginando futuros posibles.

Quizá esa sea la mayor virtud de esta edición de Ertibil. Recordarnos que las mejores obras no concluyen cuando el artista las da por terminadas, sino cuando encuentran a alguien dispuesto a continuar el relato.