Carlos Aganzo

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‘Que no acabe este blues’, de Carlos Aganzo
Editorial Difácil, 2026
59ª Feria del Libro de Valladolid

Siempre ha tenido el poeta y periodista Carlos Aganzo querencia por el jazz y por el blues, y de hecho comenzó a escribir críticas hace ya más de cuarenta años. Ambos son una presencia recurrente en su labor creadora, pero más como telón de fondo, como banda sonora, que como protagonistas.

Hasta su último poemario, ‘Que no acabe este blues’ (Difácil), que presentó la semana pasada en la 59ª Feria del Libro de Valladolid, acompañado al piano por Naiel Ibarrola, que es también autor de las ilustraciones del libro. Naiel es nieto del escultor Agustín Ibarrola, al que dedicó una creación.

“Cuando suena este blues, un blues cualquiera / parece que la hora sea infinita. / Que el brillo de las luces / envuelva nuestros pasos como antes / de que perdiera el alma y los zapatos. /Que no se apague el pulso de este instante. / Que no acabe la noche / Que no acabe este blues”, clama el poema que da título al libro.

Ese blues que no debe tener fin es, ciertamente, la música, con su especial hondura y conexión con el corazón humano, pero también una idea del hombre que reconozca, de nuevo, la importancia del amor, incluso en su dimensión sufriente.

“Hemos perdido el amor, en beneficio de multitud de sucedáneos, y necesitamos recuperarlo. Un amor que no es el amor romántico, que tanto se critica, sino el amor entendido como una superación del yo, como un yo con otros”, explica Aganzo, quien lamenta en su libro que la palabra corazón esté prohibida en los poemas y que el amor “no esté de moda”.

Carlos Aganzo, al fondo, junto al pianista Naiel Ibarrola, durante la presentación del poemario ‘Que no acabe este blues’, en la Feria del Libro de Valladolid. Foto: Montse Álvarez.

El blues es también esa raíz humana, inquebrantable, con sus miserias y sus grandezas, con su dolor y su abandono y con su espíritu. El blues habla de esa interioridad que también parece estarse perdiendo en el mundo de las redes sociales, la apoteosis de la tecnología, la hipertrofia de la política y la sobreexposición. 

“El amor es la medicina. Ya lo decían los Beatles: ‘All You Need Is love’ [‘Todo lo que necesitas es amor’]. Si el ser humano no se identifica en relación con otros, está muerto. Eso es lo que nos enseña el amor. Si perdemos esa referencia a los otros y solo pensamos en el yo, estamos en la enfermedad mental, que no por casualidad se multiplica en nuestras sociedades cada vez más”. Y añade: “¿Por qué crece el suicidio entre nuestros jóvenes? Quizás porque han perdido el amor. Sin él, la soledad es abrasadora”.

“Hemos pasado de la sociedad líquida a la deshumanización, y de la deshumanización a la transhumanización. Y en ese proceso estamos, en la pérdida de la interioridad de la humanidad frente a la tecnología”, explica Aganzo.

“Al final, el dilema de nuestro tiempo es si optamos por ser personas o productos de consumo. Y el blues, como el jazz, no son productos de consumo, sino que llevan dentro la libertad del ser humano y sus aspiraciones”.

‘Que no acabe este blues’ es un poemario singular en el que parece que el escritor nos cuenta historias sobre grandes figuras de este arte musical, y, de hecho, por aquí desfilan Ben Webster, Lee Morgan, Roy Etzel, Sam Myers, el Smalls Jazz de Nueva York, Billie Holiday o incluso Amy Winehouse.

Pero en otras ocasiones los poemas se declaran inspirados por otros temas y artistas. Lo relevante, en todo caso, es que esas narraciones, que juegan con la anécdota, se elevan sobre ella y terminan siendo otra cosa distinta. “Es que de otro modo no sería poesía”, admite Aganzo.

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“Los periodistas contamos historias, pero los poetas, no. Los poetas buscamos una cierta verdad a través de las palabras, algo que podríamos denominar trascendencia. De los músicos de blues y jazz, como del flamenco, me interesa la mirada lírica con la que se enfrentaron a la vida”, explica el escritor madrileño, afincado en Valladolid.

“Las anécdotas narrativas son una peripecia que me permite hablar de la condición humana; del amor y el dolor del ser humano. Urge rescatar al ser humano. El papa está diciendo ese mismo mensaje estos días”.

En su última colección de poemas, Aganzo dialoga con las letras y las músicas de un puñado de canciones cuya referencia incluye al final como playlist, de modo que, si el lector lo desea, puede escuchar la música que inspiró los poemas mientras los lee.

“Converso con estas historias. Como he hecho siempre, porque toda mi poesía es un diálogo con otros poetas. En el blues nos encontramos con letras maravillosas, terribles y tremendas que son una referencia para mí desde niño, porque a mi padre le gustaba mucho esta música”.

De hecho, Aganzo le rinde homenaje en ‘El silencio de Roy Etzel’ como culpable de su afición. “Mi padre me enseñó la música. / Tumbado en el sofá, los pies descalzos; /no importaba dormirse. / El temblor de los bafles con los graves / era como una caricia / por dentro del corazón / (entonces existía el corazón / y no estaba prohibido en los poemas). Tenía sus razones. / Y un niño como yo las entendía”.

La visión del escritor es, pese a todo, optimista. Aganzo está convencido de que, a pesar de los pesares, y a pesar de tantas pérdidas y descalabros, el ser humano sobrevivirá. “Por mucho que vivamos en una sociedad de plástico, y del capital, nada puede con el ser humano”, y ahí están, destaca, todos los que buscan, y todos los que siguen escribiendo poemas en tiempos tan poco líricos como los actuales. En medio de la tormenta, no faltan los que se esfuerzan por poner a flote la barca. “Parece que vamos a convertirnos en un video de TikTok, pero no”.