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‘Entrelazamientos’, de Yuko Mohri
Organizada por Pirelli HangarBicocca y Centro Botín
Comisariado en Pirelli HangarBicocca: Fiammetta Griccioli y Vicente Todolí
Comisariado en el Centro Botín: Bárbara Rodríguez
Centro Botín
Muelle de Albareda s/n, Santander
Hasta el 6 de septiembre de 2026
El Centro Botín abre su año expositivo entre luces y sombras, con sonidos y movimientos, melodías átonas e imágenes del mar Cantábrico. La artista japonesa Yuko Mohri (1980) consigue mezclar e interrelacionar el sonido con el movimiento en su mayor exposición individual en Europa, titulada ‘Entrelazamientos’.
Con esta primera muestra en nuestro país, Mohri presenta ocho instalaciones cinéticas y dos pinturas realizadas durante el proceso de montaje. Una exposición que ha sido adaptada por la artista nipona al espacio que el Centro Botín posee en la segunda planta de su edificio. Mohri lo explicó de la siguiente manera: “Tengo una imagen de mi instalación como un espacio orgánico, retorcido y trenzado a través de las palabras clave: error, improvisación y retroalimentación”.
Pese a que las obras sean las mismas –a excepción de las dos pinturas antes mencionadas– que la artista expuso en la Pirelli HangarBicocca de Milán, la disposición de estas no es idéntica, pues las obras se readaptan al espacio que ocupan, como una exposición camaleónica lista para acomodarse al lugar. “Es la misma exposición, pero es completamente diferente”, precisó Mohri.
‘Entrelazamientos’ no solo cambia de un lugar a otro, sino que, dentro del propio Centro Botín, la artista decide jugar con las luces, dejando una parte de la sala expositiva en penumbra, dando un toque más enigmático a la estancia y permitiendo que los movimientos de las instalaciones ocurran escondidos en esa semioscuridad donde las fuerzas motrices son invisibles al ojo humano y, sin embargo, los sonidos que emanan de ellas se hacen más perceptibles al oído.

Por el contrario, en la parte opuesta del espacio expositivo, Mohri deja que sea la luz natural proveniente de la bahía santanderina la que irradie sus trabajos. De esta forma consigue que las mismas fuerzas invisibles que llevan el movimiento a las estructuras sigan escapando a ojos del público, sin abandonar las vibraciones y zumbidos que salen de esos trabajos.
Los nombres de Alexander Calder (1898-1976) y Marcel Duchamp (1887-1968) se encuentran muy ligados a la nipona y a su imaginario, pues con ellos en mente Mohri se ha inspirado para la realización de sus esculturas cinéticas site-specific, que incorporan objetos encontrados e instrumentos musicales reelaborados y conectados a circuitos electrónicos.
Unas esculturas que visualmente revelan una complejidad que dista bastante de los materiales utilizados, pues Mohri conecta entre sí elementos cotidianos –como una batería de cocina, guantes de fregar o un embudo de plástico– para otorgarles movimiento y que este produzca un sonido característico en el ambiente, interrelacionando el arte contemporáneo con el visitante.
Gracias a estos materiales visibles, la japonesa introduce desde filosofía hasta cultura pop, influencias iconográficas y sonoras que van desde el arte cinético, con distintos materiales, hasta la experimentación sonora que estos producen en su roce con el aire y las ondas ambientales.
Sin embargo, son los elementos invisibles los que más consiguen interaccionar con las propias instalaciones de la japonesa. La gravedad, el calor, la humedad e incluso el magnetismo terrestre son elementos invisibles que se encuentran en su trabajo.
Una de las obras más significativas que se encuentra en la exposición es la que se ubica en la parte oscura de la sala, ‘You locked me up in a grave, you owe me at least the peace of a grave’ (2018). Una experiencia inmersiva donde el sonido, el movimiento y la focalizada luz artificial hacia los elementos crean una atmósfera hipnótica.
El elemento central de esta obra es una escalera de caracol suspendida y giratoria. “Una espiral es una forma maravillosa de poner movimiento”, explicó Yuko Mohri durante la presentación. Con este elemento introduce un aspecto escultórico y dinámico a la vez, evocando el fenómeno astronómico y sociológico de un planeta que gira sobre su eje. Alrededor de ella, cuatro altavoces distorsionan y amplifican el sonido, haciendo que reverbere por la sala expositiva.
En dicha obra, Mohri consigue reunir en ese espacio, apenas iluminado, el aire y la vibración, el sonido y la rotación, la revolución y el anhelo de una nueva sociedad, todo ello coexistiendo con el movimiento cósmico en una sola imagen unificada a través de la espiral.
La japonesa deja constancia de su imaginario con estos trabajos, donde los elementos –tanto visibles como invisibles– son una parte fundamental de la muestra y sin los cuales la imaginación no podría volar hasta los cielos ni tocar las orillas de la creatividad. La directora del Centro Botín, Fátima Sánchez, subrayó que esta exposición era “creatividad en estado puro”.
Sin embargo, la artista no solo dejará sus trabajos en el espacio de la capital cántabra: durante la primera parte del mes de julio, dirigirá un taller inspirado en su serie ‘More More (Leaky)’, que también forma parte de la exposición. En dicho taller, un grupo de participantes nacionales e internacionales formará parte de una experiencia colaborativa y de intercambio creativo.
Con los sonidos en el aire, las luces a su alrededor y el movimiento dando vida como unos molinos de viento que, sin ser gigantes, impregnan los sentidos del espectador, esta exposición de Yuko Mohri ofrece tantas visiones como puntos de vista desde los que mirar las instalaciones y sus movimientos, ya sean erráticos o premeditados, pues, como citó el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, “en todo caos, hay un cosmos, en todo desorden, un orden secreto”.


