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‘Esperando a Sempere’, de Soledad Sevilla
Comisaria: Rosa Castells
Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA)
Plaza de Santa María 3, Alicante
Hasta el 17 de mayo de 2025
Es indiscutible que el MACA sabe contarnos historias, hacer de las obras expuestas motivos para establecer conexiones con lo personal y con nuestro entorno. El museo se convierte así en el lugar que queremos visitar con frecuencia, ese sitio que necesitamos para descubrir cosas nuevas. Ahora, Soledad Sevilla (València, 1944) ocupa la planta baja del MACA, hasta el 17 de mayo, para transmitir, precisamente, un proyecto íntimo y especial: ‘Esperando a Sempere‘.
Aunque esta exposición recoge trabajos recientes de la artista, se puede entender su trayectoria a lo largo del tiempo. La muestra nos relata que Soledad Sevilla comienza su carrera artística muy vinculada al Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid. Un lugar donde, en 1968, arte y tecnología se dieron la mano gracias a la instalación del primer ordenador electrónico de uso público en España. Allí se encontrará con nombres tan reconocibles como Lugán, Barbadillo, Abel Martín, Yturralde, Elena Asins o, quizá el que más le marcó, Eusebio Sempere.
Será más tarde en Boston, durante los 80, cuando crea una serie de dibujos de líneas finas que serán muy importantes y marcarán un antes y un después en su desarrollo artístico. De vuelta en España, a mediados de esa misma década, creó dos series basadas en la trama y la línea. Una de ellas, se fundamentaba en la arquitectura de La Alhambra, un lugar que también fue importante en Sempere.
Así, Soledad Sevilla experimenta con la luz y el espacio. Las líneas que observamos son todas paralelas y crean un sensación de hipnotismo. Los grandes formatos envuelven al espectador, que se deja abrazar por los ritmos que la artista propone. Su obra no es solo algo formal o estético, sino que siempre hay algo detrás. En este caso, es una de las grandes sorpresas: la serie ‘Esperando a Sempere’ que da título a la muestra y recoge un homenaje genuino que se expone por primera vez aquí.

La misma Sevilla explica que “en un cuadro solo no digo todo lo que quiero decir; necesito más cuadros, más momentos. Las ideas cuesta desarrollarlas, son casi como un libro, como una novela que se estructura por capítulos, por etapas; allí hay algo que contar y tienes que ir haciéndolo por pasos”.
“Una vez que esa imagen se acerca o se parece a lo que quiero conseguir hay también todo un trabajo para desarrollarla y perfeccionarla, para agotarla”, incide la artista, y eso demuestra que una primera serie puede quedar acabada y luego retomarse. Igualmente, se contemplan en esta exposición las series ‘Horizontes blancos’ y ‘Horizontes azules’, que tuvieron su origen en un pequeño gouache de Eusebio Sempere de la colección personal de Sevilla. Un detalle, por cierto, es que ese gouache también puede verse en la sala.
Y así es como nacen los lienzos de gran formato que ocupan una gran pared. Queda claro que la línea es el motivo que interesa a ambos, y Sevilla lleva su máxima expresión. Los lienzos están previamente realizados con ayuda de un paralex, una técnica de dibujo que debía desplazar el aparato por toda la superficie y que ayuda a crear la línea lo más apurada posible. El toque determinante es finalizar la obra a mano, con acrílico, lo que supone una gran hazaña con la que nos sitúa en la importancia del gesto. La obra de Sevilla tiene inherente una particular –y casi performática– manera de entender la pintura.
La acumulación y la repetición nos hace plantearnos la minuciosidad con la que Soledad Sevilla trabaja. El tiempo es también importante, así como la elección del color o la dirección de las líneas. Nada es arbitrario, aunque lo parezca. Esto también puede verse en el homenaje a Agnes Martín, pintora canadiense y donde, a través de una serie de lienzos realizados en 2023, Soledad Sevilla recoge colores de líneas específicos y crea unas composiciones que son también la primera vez que pueden verse.

Interesante e imprescindible –algo que no falta últimamente en casi ninguna temporal del museo– es un espacio para la documentación. Una gran vitrina recoge libros, catálogos, bocetos, cartas…, que se acompaña de un pared con una pequeña serie de lienzos con retículas y motivos geométricos.
Estos son unas tramas en acetato que la artista realiza entre los años 60 y 70, y que le sirven como motivo de investigación. Recoge unas formas modulares simples (cuadrado, pentágono y hexágono) y recrea estructuras infinitas que se mueven y se expanden.
Sobre estos acetatos escribe Sempere, ya que se mostraron en una exposición en 1979. En la actual muestra del MACA, Soledad escribe a Sempere y Sempere a Soledad. Sobre este último y sobre los acetatos, cabe destacar una última frase: “¿Para qué hablar de pintura si ustedes la están viendo? La pintura no es para charlar. ¡Pero hay que mirar!”.
En definitiva, nos hallamos ante una exposición de homenajes, de agradecimientos y de lecciones sobre todo tipo de arte. Poder retomar la figura de Sempere en el MACA, un lugar que gracias a él mismo es hoy una realidad, resulta ser un auténtico lujo. Además, ‘Esperando a Sempere’ nos lleva a poder visualizar las distintas concepciones de la pintura que cada artista puede llegar a tener.
En ese “esperar” que recalca el título de la muestra, podemos creer que Sevilla todavía observa atenta, todavía busca a su amigo y continúa desarrollando su trabajo sin perderlo de vista. Poder contemplar ese proceso íntimo es algo mágico, algo que normalmente no se enseña, y que aquí podemos rastrear, como bien decía Sempere, solo mirando…


