Ángel Cajal

#MAKMAArte
‘Summa, la obra gráfica original en el libro de artista’, de VV.AA.
Comisario: Ángel Cajal
Museo de Obra Gráfica de San Clemente (MOG)
Plaza Mayor, Cuenca
Hasta el 12 de julio de 2026

Hace unos meses, Ángel Cajal (Infiesto, Asturias, 1957) presentaba su exposición ‘Revisión’ en Espacio Local (espacio-tiempo) de Gijón, donde mostraba las estampas de sus últimos viajes de exploración en los procesos, técnicas y conceptos del arte gráfico.

Desde hace más de tres décadas, sus pensamientos impregnan la matriz y se fijan sobre el papel para ordenarse en el espacio y el tiempo. Sus reflexiones no son solo individuales, sino que se graban en talleres como Tres en Raya con Manuel Ayllón, Óscar Manesi, Iván Araujo, Arteria Gráfica o El Mono de la Tinta. Se exponen en muestras individuales y colectivas y ferias y certámenes especializados como Estampa, Alma Gráfica Arteliburu o SINDOKMA, festival del libro organizado por MAKMA en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València.

Indaga, crea y enseña, como un buen maestro de taller de grabado, pero no se conforma con la multiplicación de las imágenes sobre el papel. Los libros de arte son su otro laboratorio de investigación y creación artística. Desde la feria de Madrid Masquelibros, el comisariado y el estudio, ha difundido estas obras en las que el artista edita, escribe y lee un objeto artístico que puede ser único o también seriado. Ángel Cajal es, así, un valedor de la gráfica española contemporánea.

Su obra está presente en las colecciones de la Biblioteca Nacional de España, el Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella, el Museo de La Rioja, el Museo de Artes do Gravado á Estampa Dixital de Ribeira (A Coruña) o el Museo de Obra Gráfica de San Clemente (MOG), en Cuenca.

Es precisamente el museo conquense de la Fundación Antonio Pérez donde Ángel Cajal comisaría, hasta el 12 de julio, la exposición ‘Summa, la obra gráfica original en el libro de artista‘, una muestra que reivindica el libro como obra integral.

El proyecto articula la relación entre imagen, formato y estructura a través de las propuestas de Carmen Isasi, Christian Granados, Concha Gay, David Arteagoitia, Iván Araujo, Javier Redondo, Manuel Ayllón, María Gambín, María Pujol, Ramón Freire, Sandra Sarasola y Saskia Moro. La exposición combina libros en vitrina y obra en pared para mostrar, de este modo, la vigencia de la gráfica actual.

¿Cómo nace la idea de ‘Summa’ y la selección de participantes? ¿Existe un nexo de unión entre los y las artistas y las propuestas que se exhiben?

La exposición nace con la intención de poner en valor el libro de artista de naturaleza gráfica. Los libros se presentan en vitrina y, en la pared, estampas e imágenes relacionadas con cada proyecto, que dialogan con el libro y permiten comprender mejor su proceso y su contexto de creación.

Los artistas seleccionados son excelentes grabadores del panorama español actual que, en distintos momentos de su trayectoria, se han vinculado al mundo de la edición. La selección responde tanto al conocimiento directo de su trabajo como al aprecio y la admiración que siento por su obra y por cada uno de ellos.

El nexo entre todos ellos es precisamente ese: la gráfica como territorio común. Desde ahí, cada artista desarrolla su propio lenguaje, lo que otorga a la exposición un carácter deliberadamente abierto y diverso.

La exposición se celebra en el Museo de Obra Gráfica de San Clemente, MOG (Fundación Antonio Pérez), en Cuenca, entre abril y julio de 2026, dentro de las actividades programadas con motivo del vigésimo aniversario de su creación.

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Tu última exposición en Gijón se titulaba ‘Revisión’, un término muy vinculado al arte gráfico. La revision es la última parte del proceso, pero es en realidad un borrador, un comienzo y, al mismo tiempo, una nueva mirada y descubrimiento. ¿Era éste el sentido de tu propuesta?

La exposición ‘Revisión’ no aludía tanto a la idea de corregir como a la de volver a mirar. Reunía obras realizadas a lo largo de unos cinco años y proponía una nueva lectura de ese conjunto.

Quienes nos dedicamos al arte gráfico sabemos que revisar forma parte del propio proceso. Volver sobre lo hecho permite tomar distancia, reconocer afinidades entre obras y comprender mejor cómo se va formando nuestro universo conceptual y técnico.

Es verdad que ese momento funciona casi como un borrador: la obra se vuelve a abrir y aparece ante nosotros de otra manera. Por eso la revisión no es un cierre, sino también un comienzo.

¿Crees que el proceso es más importante que el resultado? ¿Te consideras un investigador o explorador?

En cuanto a la relación entre proceso y resultado, no creo que puedan separarse. Durante el proceso se van produciendo resultados parciales que, a su vez, abren nuevas posibilidades y nuevas líneas de trabajo. Lo importante es sumergirse en el trabajo con libertad, sin miedo y con tenacidad.

Por eso el papel de investigador o explorador me parece fundamental. Mientras exista el asombro y el deseo de búsqueda, el trabajo artístico mantiene su vitalidad.

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En la exposición ‘Diluculum’, dialogabas con los grabados de la cueva prehistórica de La Peña, en San Román de Candamo (Asturias), y hacías alusión a la luz que nace de la oscuridad.

El título de la exposición realizada en la cueva de Candamo era ‘Diluculum’, un vocablo latino que hace referencia a la primera luz del día. Ese término me sirvió como punto de partida para investigar simbólicamente esa primera luz de la humanidad, ese momento en que el ser humano comienza a dejar su huella gráfica.

El proyecto se basaba en las imágenes de la Cueva de Candamo, en Asturias, y en la idea de la impronta como uno de los gestos originarios de la expresión humana. Fue una experiencia muy gratificante que además tuvo continuidad en otra muestra posterior dedicada a los libros de artista que surgieron a partir de aquella investigación.

Combinas la faceta de artista con la editor y comisario de proyectos. ¿Eres un maestro de taller que enseña y comparte la experiencia con otros y otras artistas trabajando en los diferentes procesos?

La palabra maestro siempre me ha merecido mucho respeto. Maestro es quien transmite su magisterio porque, realmente, sabe más, y yo sigo siendo un aprendiz en muchos aspectos; y además, encantado de serlo.

En lo que sí creo es en el aprendizaje compartido. Muchos de los proyectos que he desarrollado como editor o comisario nacen precisamente del trabajo en común y del diálogo sobre los procesos y resultados de cada obra. Se aprende trabajando juntos, colaborando, preguntando sin prejuicios y aceptando sugerencias. En ese intercambio es donde muchas veces aparecen los descubrimientos inesperados y donde el trabajo se enriquece

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¿Qué importancia le concedes a la fusión de lenguajes y al uso de la palabra en tu obra gráfica y en los libros de artista?

Siempre me ha interesado la relación entre signo y significado, es decir, cómo una forma –gráfica o verbal– puede conferir sentido dentro del discurso de la obra.

El libro de artista es un lugar de libertad que despliega ante el espectador la narrativa de su intimidad y se afirma como espacio de pensamiento, acción y experiencia. En este caso, la palabra no se limita al signo tipográfico: puede manifestarse como forma visual o ideograma, cuando una imagen adquiere valor de signo dentro del discurso de la obra.

En este ámbito convergen distintos lenguajes –verbal, gráfico, pictórico, simbólico y material–. Esa fusión de lenguajes no es solo importante, sino imprescindible, porque el sentido de la obra no reside en cada uno de ellos por separado, sino en el diálogo que se establece entre todos.